95
*
Becaria posdoctoral CONICET en el Centro de Estudios de Población (CENEP,
Argentina).
Código de referato: SP.203.XXXVIII/16
La aceptación de la violencia
contra la mujer en la pareja en
Argentina: factores asociados y
diferencias de género
Ana Safranoff
*
Resumen
A partir del análisis de la Encuesta Mundial de Valores de Argentina
(2013), el artículo explora los factores asociados con la formación de las
actitudes individuales hacia la violencia contra la mujer, así como tam-
bién posibles diferencias de género. Por un lado, los resultados indican
que el género, la edad, la educación, la satisfacción con la propia vida, la
ideología patriarcal, las actitudes de rol de género y la utilización del
diario y la televisión como fuentes de información influyen en estas acti-
tudes. Por otro lado, no se detectan diferencias entre varones y mujeres
en el efecto de estos factores. En la medida que la aprobación de la vio-
lencia contra la mujer constituye uno de los factores de riesgo para su
ocurrencia, el artículo sugiere posibles estrategias de intervención para
desterrar este problema social. El sistema educativo y los medios de co-
municación se presentan como herramientas eficaces para concienciar a
los individuos. Mayores esfuerzos deben ser destinados en los varones y
los jóvenes ya que son los sujetos más proclives a mantener actitudes
que perpetúan la violencia.
Palabras clave: Violencia hacia las mujeres – Actitudes – Prevención
STUDIA POLITICÆ Número 39 ~ invierno 2016
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
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STUDIA POLITICÆ
Abstract
Using data from the Argentine sample of the World Values Survey
(2013), this article explores the factors associated with individual
attitudes towards violence against women as well as possible gender
differences in these factors. On the one hand, the results indicate that
gender, age, education, life satisfaction, patriarchal ideology, gender
role attitudes and the use of newspaper and television as sources of
information influence these attitudes. On the other hand, there are no
differences between men and women when it comes to these factors.
Given that acceptance of violence against women is one of the risk
factors for its occurrence, this article suggests possible intervention
strategies to eradicate this social problem. The educational system
and the media are presented as effective tools to raise awareness
among individuals. Greater efforts should be aimed at young people
and boys as they are the most likely to hold attitudes that perpetuate
violence.
Key words: Violence against woman – Attitudes – Prevention
Introducción
L
AS últimas décadas fueron testigo de grandes avances en relación a
la consideración del tema de la violencia contra las mujeres en Ar-
gentina. Se sancionó, por ejemplo, un marco normativo que facilitó
el acceso a medidas judiciales de protección a la vez que se avanzó en la
creación de espacios institucionales disponibles para la orientación y con-
tención de mujeres víctimas (Gherardi, 2012). La violencia hacia las muje-
res ha sido reconocida como una violencia de los derechos humanos bási-
cos y se ha demostrado que tiene consecuencias de largo alcance tanto para
la mujer como para sus hijos y la sociedad en su conjunto (Naciones Uni-
das, 2006).
Sin embargo, en Argentina, la investigación sobre la violencia de género es
limitada y existe un gran desconocimiento acerca del fenómeno en sí mis-
mo. Esto es especialmente inquietante si consideramos que los escasos da-
tos existentes revelan que nos encontramos ante un fenómeno de gran cali-
bre. La Encuesta Internacional de Violencia Contra las Mujeres
1
(IVAWS),
realizada en el año 2015, muestra que un 36,9 % de mujeres experimenta-
1
Encuesta internacional realizada con el apoyo de Naciones Unidas. Argentina, a nivel
regional, es el segundo país que realiza esta Encuesta después de Costa Rica (en donde
se realizó en el año 2003).
97
ron violencia física alguna vez en su vida desde los 16 años. Este porcenta-
je se reduce a 19,1 % si se pregunta sobre la experiencia en los últimos cin-
co años y a 5,7 % durante el último año (D´Angelo et al., 2015). Hay que
tener en cuenta, además, que la violencia hacia la mujer no es sólo física,
sino también psicológica, sexual, económica, patrimonial y/o simbólica, tal
como se conceptualiza en la Ley 26.485. En este sentido, por ejemplo, los
datos de la IVAWS muestran que un 23,7 % del total de mujeres que se en-
cuentran en pareja en el estudio sufrió algún tipo de violencia psicológica
(D´Angelo et al., 2015).
Este trabajo se propone contribuir al conocimiento sobre las actitudes de
varones y mujeres respecto a la violencia de género en Argentina. Más es-
pecíficamente se pretende, en primer lugar, identificar los factores asocia-
dos con la aceptación de la violencia hacia la mujer. Y, en segundo lugar,
evaluar en qué medida dichos factores influyen de manera diferencial en
las actitudes de varones y de mujeres. Se espera que los resultados de la in-
vestigación contribuyan a expandir el conocimiento sobre la violencia ha-
cia las mujeres en el país, así como también constituyan insumos relevantes
para la promoción de programas y políticas tendientes a la prevención de la
misma.
En este sentido, la literatura internacional muestra que las actitudes hacia la
violencia están asociadas a su ocurrencia (Flood y Pease, 2009; Uthman et
al., 2009; Vizcarra y Póo, 2011). Así, los individuos con actitudes más tole-
rantes son más proclives tanto a ser víctimas como perpetuadores. Además,
esta actitud aprobatoria influye no sólo en la ocurrencia y prevalencia del
comportamiento violento sino también, por ejemplo, en la voluntad de las
víctimas para buscar ayuda y reconocer la situación de maltrato que experi-
mentan (Simon et al., 2001). Por lo tanto, conocer quiénes son los sujetos
más proclives a mantener actitudes tolerantes hacia la violencia, facilitará
identificar dónde resulta necesario intervenir para diseñar estrategias de
prevención efectiva (Nayak et al., 2003; Rani et al., 2004; Uthman et al.,
2009).
La investigación en torno a las actitudes individuales hacia la violencia
contra la mujer es extensa y se ha hecho en distintos países incluyendo paí-
ses desarrollados y en vías de desarrollo (Nayak et al., 2003). Sin embargo,
las actitudes hacia la violencia en Argentina no han sido examinadas.
Como se ha explicado anteriormente, los estudios sobre violencia hacia las
mujeres en Argentina son escasos y, en su gran mayoría, cualitativos. Ade-
más, éstos se centran únicamente en las mujeres y su victimización y no
tienen en cuenta la perspectiva del varón (en tanto que posibles agresores),
lo cual también sucede en otros contextos (Dalal et al., 2012). Incluso
ANA SAFRANOFF
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STUDIA POLITICÆ
cuando se considera a los varones se hace a través de información indirec-
ta provista por las mujeres y no a través de información directa (Dalal et
al., 2012).
Este artículo resulta novedoso en la medida que explora un tema que no ha
sido estudiado anteriormente: la aceptación de la violencia contra la mujer
en la pareja en Argentina. Además, se estudiarán las dos caras del fenóme-
no (varones y mujeres) y, por tanto, se podrá conocer dónde es necesario
intervenir para prevenir la violencia no sólo desde la perspectiva de la víc-
tima, como tradicionalmente ha sido realizado, sino también, del agresor.
Finalmente, el abordaje cuantitativo del fenómeno resulta también un as-
pecto original.
En síntesis, este artículo pretende, por un lado, identificar los factores
asociados con la justificación de la violencia hacia la mujer en la pareja
y, por otro lado, explorar en qué medida el efecto de estos factores es di-
ferente para varones y mujeres. Estudiar las actitudes respecto a la vio-
lencia hacia las mujeres es esencial en la medida que el cambio en las
mismas resulta un paso fundamental para lograr desterrar este problema
social.
Factores asociados a la justificación de la violencia
La literatura existente da cuenta de diversos factores que influyen en la
formación de las actitudes individuales hacia la violencia contra la mujer.
Estos factores operan a distintos niveles: a nivel individual, se destaca el
papel de la ideología patriarcal o las actitudes de rol de género y los fac-
tores sociodemográficos; a nivel familiar, se subraya la importancia del
hecho de haber experimentado violencia previamente en el entorno íntimo
y, finalmente, a nivel social, se resalta el rol clave de los medios de comu-
nicación.
Nivel Individual
Por un lado, algunos autores plantean que aquéllos individuos que tienen
una ideología patriarcal y/o actitudes de rol de género tradicional —es de-
cir, quienes mantienen creencias sobre la subordinación de las mujeres a
los varones, sobre la restricción de los derechos de las mujeres y/o en apo-
yo a la dominación masculina— aceptan y justifican en mayor medida el
uso de la violencia contra la mujer en la pareja, en comparación con aque-
llos individuos con una actitud de género más igualitaria y/o una ideología
menos conservadora (Finn, 1986; Costin y Schwartz,1987; Haj Yahia,
99
2003; Berkel et al., 2004; Rani et al., 2004; Haj Yahia, 2005; Ferrer et al.,
2006).
Por otro lado, también a nivel individual, diversos factores sociodemográfi-
cos se señalan como predictores relevantes de las actitudes hacia la violen-
cia: educación, recursos económicos, satisfacción personal, estado civil, re-
ligión, lugar de residencia, edad y género. El efecto de la educación ha sido
ampliamente avalado por distintos estudios empíricos: los individuos con
mayor nivel educativo mantienen una actitud menos tolerante hacia la vio-
lencia contra las mujeres en relación a los individuos con menor educación
(Hindin, 2003; Rani et al., 2004; Nagel et al., 2005; Ferrer et al., 2006;
Lawoko, 2006; Stickley et al., 2008; Uthman et al., 2009; Dalal et al.,
2012). La misma conclusión es alcanzada para las personas con mayores
recursos económicos (Anderson et al., 1997; Simon et al., 2001; Rani et
al., 2004; Uthman et al., 2009; Dalal et al., 2012), los cuales pueden ser
considerados como indicadores “objetivos” de calidad de vida. Los indica-
dores “subjetivos” se refieren a la evaluación propia de los individuos de
su calidad de vida, tal como puede ser la satisfacción con la propia vida,
los amigos, la familia, la pareja, la escuela o el trabajo. En la misma línea,
algunos autores (MacDonald et al., 2005; Valois et al., 2006) dan cuenta de
una asociación negativa entre estos indicadores subjetivos de calidad de
vida y violencia. El estado civil también ha sido utilizado como indicador
de la posición socio-demográfica de los individuos, asociándoselo con las
actitudes hacia la violencia (Uthman et al., 2009). Por ejemplo, Stickley et
al. (2008), señalan que los individuos divorciados o viudos son más procli-
ves que los individuos casados a mantener actitudes de apoyo hacia la vio-
lencia contra la mujer.
Los resultados en torno a la influencia de la religión, el lugar de residen-
cia, la edad y el género en la formación de las actitudes hacia la violencia
contra la mujer son inconsistentes. Respecto a la religión, por un lado, se
señala que el énfasis religioso en la compasión, la justicia y la liberación,
común en una gran variedad de religiones, resulta opuesto a la aceptación
de la violencia contra las mujeres (Ellison y Anderson, 2001; Ware et al.,
2004; Vizcarra y Póo, 2011). Sin embargo, por otro lado, hay quienes de-
muestran que los individuos con creencias judeo-cristianas mantienen una
actitud aprobatoria hacia las relaciones sexuales forzadas en la pareja (Je-
ffords, 1984). Asimismo, Douki et al. (2003) plantean que, en algunos
países árabes e islámicos, se utilizan extractos seleccionados del Corán
para justificar que los varones que golpean a sus esposas están siguiendo
los mandamientos de Dios. El lugar de residencia también se presenta
como un factor relevante en la formación de las actitudes individuales
hacia la violencia: mayoritariamente, los estudios empíricos evidencian
ANA SAFRANOFF
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100
STUDIA POLITICÆ
que los individuos que residen en la ciudad justifican menos la violencia
en la medida que ésta los expone a estructuras sociales más igualitarias y
a una mayor cantidad de ideas diferentes (Hindin, 2003; Rani et al.,
2004; Uthman et al., 2009; Dalal et al., 2012). No obstante, los hallazgos
de Lawoko (2006) en Zambia apuntan en la dirección contraria, lo cual
considera que puede estar vinculado con el hecho de que, en las ciuda-
des, los individuos tienen más exposición a la violencia, favoreciendo una
actitud de mayor tolerancia hacia ella. Respecto a la edad, diversos auto-
res detectan que las personas jóvenes mantienen una actitud menos tole-
rante hacia la violencia en la pareja (Anderson et al., 1997; Carlson y
Worden, 2005; Nagel et al., 2005) lo cual, según Flood y Pease (2009),
refleja mejoras en el tiempo de las actitudes, así como la influencia de la
mayor exposición de las cohortes más jóvenes a la universidad y otras in-
fluencias positivas (por ejemplo, campañas de sensibilización). Pero, al
mismo tiempo, otras investigaciones dan cuenta del efecto contrario: las
personas mayores son más proclives a rechazar la violencia (Koenig et al,
2003; Rani et al., 2004; Uthman et al., 2009). Por último, el género es
presentado por algunos autores como uno de los predictores más impor-
tantes de las creencias y actitudes hacia la violencia (Ferrer et al., 2006).
Los resultados, nuevamente, apuntan en ambas direcciones: por un lado,
hay quienes revelan que el varón aprueba más la violencia hacia la mujer
en la pareja (Kalof y Wade, 1995; Anderson et al., 1997; Markowitz,
2001; Simon et al., 2001; Nayak et al., 2003; Ferrer et al., 2006; Stickley
et al., 2008) pero, por otro lado, hay quienes exponen el efecto contrario
(Koenig et al., 2003; Khawaja, 2004; Rani et al., 2004; Uthman et al.,
2009). En este último caso se considera que la mujer actúa en contra de
instinto básico de supervivencia en la medida que acepta y justifica la
violencia hacia ella misma más que los propios perpetuadores de la vio-
lencia (Rani et al., 2004). Khawaja et al. (2008) plantean que esta actitud
más tolerante de las mujeres respecto a la violencia se da mayormente en
las comunidades patriarcales, como Jordania, mientras que lo contrario
sucede en otro tipo de países.
Nivel Familiar
La literatura muestra cómo el hecho de haber experimentado violencia
previamente en el entorno íntimo influye en la formación de las actitudes
hacia la violencia contra la mujer. La experiencia es considerada desde
tres enfoques diferentes, todos ellos dentro del ámbito de la familia:
como víctima directa, como perpetuador o como miembro de un entorno
violento. Algunos autores (Lawoko 2006; Khawaja et al., 2008) señalan
101
que las mujeres que han sido víctimas de violencia son más proclives a
justificarla que aquéllas que no han sido víctimas, lo cual, nuevamente, se
presenta contrario al instinto de supervivencia. Sin embargo, los hallaz-
gos de Anderson et al. (1997) apuntan en la dirección opuesta en lo que
respecta al abuso sexual, lo cual indicaría que la experiencia previa favo-
rece el proceso de concientización de la mujer. Respecto a los perpetua-
dores de la violencia, Khawaja et al. (2008) revelan que los varones que
han ejercido violencia sobre su pareja son más proclives a justificarla.
Por último, se observa que los individuos que crecieron en un contexto
familiar violento, ya sea por haber presenciado episodios de violencia en-
tre los padres (testigo) o bien por haber experimentado violencia de los
padres hacia él/ella mismo/a (víctima), mantienen actitudes más favora-
bles hacia la violencia contra la mujer en la pareja (Markowitz, 2001;
Dalal et al., 2012), lo cual valida la teoría del aprendizaje social (Bandu-
ra, 1977).
Nivel Social
Finalmente, varios autores subrayan la importancia de los medios de co-
municación en generar estados de opinión y valoración en torno a la vio-
lencia contra la mujer. En Argentina este factor resulta especialmente in-
teresante si tenemos en cuenta que, en los últimos años, se han
promulgado normas para erradicar la violencia de género que, entre otras
cuestiones, penalizan el uso de determinados estereotipos de género en
los medios de comunicación. A este respecto se encuentra la Ley de Pro-
tección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra
las Mujeres (2009), la cual corresponsabiliza a la comunicación social al
considerar la violencia mediática como una modalidad de violencia con-
tra las mujeres (Martín Llaguno y Navarro Beltrá, 2012). Los hallazgos
previos sobre la influencia de los medios no apuntan en una única direc-
ción. Por un lado, se señala que, cuanto mayor es el acceso a los medios
de comunicación, menor es la probabilidad de justificar la violencia (Rani
et al., 2004; Lawoko, 2006; Uthman et al., 2009) en tanto que los indivi-
duos se exponen a un mayor número de ideas e información diferente. En
la misma línea, se sugiere que la cobertura mediática de los casos de vio-
lencia de género puede sensibilizar a los individuos, generando una acti-
tud de mayor reprobación. No obstante, al mismo tiempo, Anastasio y
Costa (2004) consideran que esta difusión mediática puede tener el efec-
to contrario en la medida que la despersonalización de las víctimas dismi-
nuye la empatía hacia ellas. En este sentido, Penalva (2002) destaca que
los medios de comunicación mantienen ciertos mecanismos de legitimiza-
ción de la violencia a través de estereotipos, desinformación y trivializa-
ANA SAFRANOFF
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102
STUDIA POLITICÆ
ción de la violencia. Específicamente, algunos autores muestran la forma
en la que la televisión, la música, la publicidad y determinadas películas
enseñan, de manera efectiva, estereotipos de género y favorecen el apoyo
hacia las agresiones contra la mujer (Lanis y Covell, 1995; Hogan, 2005;
Huessmann, 2007).
Factores asociados a la justificación de la violencia: diferencias
de género
Diversos estudios —anteriormente citados— analizan la influencia del gé-
nero sobre las actitudes individuales hacia la violencia, es decir, si existen
diferencias entre varones y mujeres en la aceptación de la misma. Sin em-
bargo, las investigaciones que exploran si los factores asociados con dicha
aceptación son diferentes entre varones y mujeres son más limitadas, aun-
que resulta posible encontrarlas en los tres niveles: individual, familiar y
social.
Algunos autores (Rani et al., 2004; Ferrer et al., 2006; Uthman et al.,
2009) revelan que los factores que operan en el nivel individual influyen
de manera diferencial en las actitudes de varones y de mujeres. Por un
lado, se evidencia que, para las mujeres, la educación y la urbanización
tienen un efecto negativo mayor en la aceptación de la violencia. Si bien
la educación o la ciudad pueden exponer a los individuos a estructuras
sociales más igualitarias y a ideas diferentes, los varones son más resis-
tentes a perder sus tradicionales privilegios y, por tanto, estos factores
tienen menos influencia en sus actitudes hacia la violencia (Rani et al.,
2004). Ferrer et al. (2006) muestra que, a las mujeres universitarias, la
formación específica sobre violencia las sensibiliza y les hace tomar con-
ciencia, tolerando menos las agresiones, lo cual no sucede entre los varo-
nes. Por otro lado, en cambio, la literatura identifica ciertos factores que
tienen mayor influencia en las actitudes de los varones que de las muje-
res: la edad (Khawaja et al., 2008) y el estado civil (Stickley et al.,
2008).
También se señalan diferencias de género en el efecto del entorno familiar:
el historial de violencia familiar tiene un efecto positivo mayor en la apro-
bación de la violencia entre los varones, es decir que, haber crecido en un
contexto familiar violento les afecta más que a las mujeres a la hora de jus-
tificar la violencia (Markowitz, 2001). Finalmente, a nivel social, Lanis y
Covell (1995) detectan diferencias en la influencia de los medios de comu-
nicación: la publicidad favorece el apoyo hacia las agresiones contra las
mujeres especialmente para los varones.
103
Datos, variables y técnicas de análisis
El artículo se basa en los últimos datos disponibles para Argentina de la
“Encuesta Mundial de Valores” (EMV), los cuales corresponden al año
2013. La EMV es reconocida internacionalmente para estudiar actitudes
políticas, económicas y de género (Inglehart et al., 2004). Existen escasas
encuestas con información sobre actitudes hacia la violencia de género. En
Argentina, por ejemplo, también resulta posible acceder a los datos de la
“Encuesta de Indicadores Múltiples por Conglomerados” (MICS) realizada
por UNICEF. Sin embargo, esta encuesta sólo se centra en las actitudes de
las mujeres. En este sentido, la EMV resulta una fuente de datos idónea en
la medida que contiene información tanto de varones como de mujeres. Di-
versos estudios internacionales la han utilizado para analizar cuestiones re-
feridas a la igualdad de género (Norris y Inglehart, 2002; Inglehart y No-
rris, 2003; Rizzo et al., 2007; Tesch-Römer et al., 2008; Brandt, 2011).
La muestra, con representación nacional, se compone de 1030 individuos
mayores de 17 años. Dada la existencia de valores perdidos en las variables
principales, la muestra utilizada en los análisis cuenta con 850 individuos
(453 mujeres y 397 varones). La técnica principal empleada es la regresión
logística. La variable dependiente es un indicador binario de la aceptación
de la violencia hacia la mujer en la pareja, el cual ha sido construido a par-
tir de una pregunta de la encuesta sobre en qué medida se justifica (en una
escala del 1 al 10, donde el 1 significa nunca se justifica y el 10 siempre)
que un varón golpee a su mujer. Este indicador alude a una concepción fí-
sica de la violencia ya que, desafortunadamente, no hay información dispo-
nible sobre actitudes hacia los otros tipos de violencia, tal como la psicoló-
gica o sexual. Dada la escasa variabilidad, esta variable ha sido
dicotomizada (sí/no). Los individuos que adquieren el valor 1 en esta varia-
ble binaria se considera que aceptan, en algún grado, la violencia hacia la
mujer en la pareja, lo cual significa que respondieron del 2 al 10 en la va-
riable original. Aquéllos que nunca justifican la violencia (1 en la variable
original) adquieren el valor 0 en la variable binaria. A partir del análisis
descriptivo (ver Anexo) se observa que, en Argentina, un 12,4 % de indivi-
duos aprueba la violencia en algún grado, porcentaje que asciende a
15,6 % en el caso de los varones y se reduce a 9,5 % entre las mujeres.
Las variables independientes se derivan de los distintos factores que la lite-
ratura ha señalado que influyen en las actitudes hacia la violencia contra la
mujer. Resulta esperable que, en Argentina, todos estos factores tengan rele-
vancia, así como también se espera encontrar diferencias de género en su
efecto, todo ello basado en la evidencia empírica, explicada anteriormente,
para otros contextos. Los factores no serán tratados como alternativos sino
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STUDIA POLITICÆ
como complementarios en la medida que se considera que todos ellos tienen
un rol significativo en la formación de las actitudes individuales. El nivel
familiar no podrá ser considerado ya que, lamentablemente, no hay informa-
ción disponible en la encuesta sobre la experiencia previa de violencia en el
entorno íntimo. Los factores que operan en el nivel individual (ideología pa-
triarcal o actitudes de rol de género y factores sociodemográficos) y el so-
cial (medios de comunicación) sí serán incorporados en el análisis.
Variables Independientes: Nivel Individual
El efecto de la ideología patriarcal y las actitudes de rol de género se inten-
ta captar a partir de dos variables disponibles en la encuesta. En primer lu-
gar, una pregunta sobre el grado de acuerdo o desacuerdo (totalmente de
acuerdo, de acuerdo, en desacuerdo o totalmente en desacuerdo) con la si-
guiente afirmación “una educación universitaria es más importante para un
varón que para una mujer”. Para facilitar la comprensión del análisis, esta
variable ha sido dicotomizada (de acuerdo/en desacuerdo). Los individuos
que están “totalmente de acuerdo” o “de acuerdo” con que la educación uni-
versitaria es más importante para un varón adquieren el valor 1 en esta nue-
va variable dicotómica y se considera que mantienen una actitud de género
más tradicional, mientras los individuos “en desacuerdo” o “totalmente en
desacuerdo” con dicha afirmación adquieren el valor 0 —actitud más iguali-
taria—. En segundo lugar, se incluye una variable sobre en qué medida se
justifica (en una escala del 1 al 10, donde el 1 significa nunca se justifica y
el 10 siempre) el sexo antes del matrimonio. Esta variable resulta un indica-
dor de “conservadurismo sexual”, el cual, en base a Haj-Yahia (2005), es
considerado como uno de los indicadores de una ideología patriarcal.
Con el objetivo de capturar el efecto de los distintos factores sociodemográ-
ficos, se incorporan al análisis una serie de variables derivadas de las teorías
explicadas anteriormente: género, edad, educación, calidad de vida subjeti-
va, estado civil, hijos, lugar de residencia y religión. La variable género es
una variable dicotómica en donde ser mujer resulta la categoría de referen-
cia. La edad es una variable de cuatro categorías: de 18 a 24 años; de 25 a
39; de 40 a 59; de 60 a 92 —categoría de referencia—. La variable educa-
ción también presenta cuatro categorías: la primera categoría —nivel infe-
rior— comprende a los individuos que alcanzaron, como máximo, a com-
pletar la primaria —categoría de referencia—; la segunda, a aquéllos que, si
bien iniciaron la secundaria, no la finalizaron; la tercera a quienes sí la com-
pletaron y, por último, la cuarta categoría corresponde a los individuos que
iniciaron un nivel superior —universitario— lo hayan terminado o no. El
indicador de calidad de vida subjetiva se deriva de una pregunta de la en-
105
cuesta sobre el grado de “satisfacción con su vida” en una escala del 1 al
10, donde el 1 es “completamente insatisfecho” —baja calidad de vida— y
el 10 “completamente satisfecho” —alta calidad—. Si bien la variable in-
gresos está disponible en la encuesta, se optó por no introducirla en el análi-
sis dado el debate en torno a su fiabilidad (Salvia y Donza, 1999). La educa-
ción puede ser considerada un proxy de la calidad de vida objetiva. El
estado civil, haber tenido hijos, el lugar de residencia y la religión se inclu-
yen como variables dicotómicas. El estado civil se divide en, por un lado,
estar casado/a o en una unión consensual y, por otro lado, estar divorciado/
a, separado/a, viudo/a o soltero/a, habiendo un claro predominio de los indi-
viduos solteros en esta categoría de referencia (conforman más del 60 % de
la misma). La variable hijos comprende a aquellos individuos que no tienen
hijos —categoría de referencia— y aquellos que tienen un hijo o más. El lu-
gar de residencia se divide entre quienes residen en ciudades de más de
500.000 habitantes y quienes habitan ciudades más pequeñas (categoría de
referencia). La variable religión ha sido construida a partir de una pregunta
de la encuesta sobre si la persona se considera “religiosa”, “no religiosa” o
“atea”. Considerando que la categoría “ateo/a” es casi insignificante, esta
variable ha sido recodificada en dos categorías: religioso/a y no religioso/a
—categoría de referencia que incluye también a los ateos—.
Variables Independientes: Nivel Social
Por último, en el modelo se incluyeron tres variables dicotómicas corres-
pondientes a los medios de comunicación (diario, TV, radio). Estas varia-
bles se derivan de tres preguntas de la encuesta sobre el nivel de uso (dia-
riamente, semanalmente, una vez al mes, menos de una vez al mes o
nunca) de las distintas fuentes de información: diarios, programas informa-
tivos de TV y programas informativos de radio. Los individuos que utilizan
un medio de comunicación “diariamente” o “semanalmente” adquieren el
valor 1 en esta nueva variable dicotómica según el medio que corresponda
(diario, tv y radio), mientras los individuos que lo utilizan con menos fre-
cuencia o, directamente, no lo utilizan, adquieren el valor 0.
Se realizan dos modelos de análisis. En primer lugar, una regresión logística
con la variable dependiente aprobación de la violencia y todas las variables
independientes anteriormente explicadas de forma tal de identificar los fac-
tores asociados con la justificación de la violencia (Modelo 1). En segundo
lugar, a este modelo inicial, se le añaden las interacciones entre cada una de
las variables independientes y la variable género de forma tal de explorar si
existen diferencias significativas entre varones y mujeres en el efecto de los
distintos factores asociados con las actitudes hacia la violencia (Modelo 2).
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STUDIA POLITICÆ
Tabla 1: Factores Individuales y Sociales asociados con la probabilidad de mantener actitudes
aprobatorias hacia la violencia contra la mujer. Efectos Principales y de Interacción.
Regresión Logística.
107
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Resultados
El Modelo 1 de la Tabla 1 permite identificar los factores asociados, para va-
rones y mujeres, con la aprobación de la violencia hacia la mujer en la pareja.
En el nivel individual, algunos factores sociodemográficos (género, edad,
educación, satisfacción con la vida) y las dos variables que captan el efecto de
la ideología patriarcal y las actitudes de rol de género tienen una influencia
estadísticamente significativa en la actitud aprobatoria hacia la violencia. Se
esperaba que, en Argentina, todos los factores analizados tengan un rol rele-
vante, lo cual no resulta corroborado. Contrariamente a los hallazgos previos
en otros contextos, algunos factores sociodemográficos tales como el estado
civil, el hecho de tener hijos, el lugar de residencia y la religión
2
no tienen un
efecto significativo. El nivel social, el diario y la televisión influyen en la for-
mación de las actitudes individuales hacia la violencia, no así la radio.
Nivel Individual
Los varones tienen actitudes más aprobatorias de la violencia que las muje-
res (odds ratio 1,569). Esto implicaría que, en Argentina, las mujeres poseen
un instinto básico de supervivencia, el cual no es común a todas las muje-
res, sino que hay diferencias según el país (Rani et al., 2004). Existen tam-
bién diferencias significativas en base al grupo etario: los individuos mayo-
res de 60 años son quienes menos justifican la violencia. Estos resultados,
en consonancia con los de otros autores, ponen de relieve los retos asocia-
dos con el cambio de las actitudes hacia la violencia (Koenig et al, 2003). El
hecho de que, en algunos países, los jóvenes rechacen más la violencia se
considera un reflejo de las mejoras en el tiempo de las actitudes, así como
de la posible influencia positiva de la universidad, las campañas de sensibi-
lización y las normas promulgadas recientemente para erradicar la violencia
de género. En Argentina no se observan estos progresos generacionales de
las actitudes sino, más bien, lo contrario, lo cual da cuenta de un desafío.
Las chances de aprobar la violencia entre los menores de 24 años son 3,2
veces la de los individuos mayores de 60. Esta diferencia, aunque significa-
2
Algunos autores señalan la relevancia de analizar la intensidad del vínculo religioso o
bien la implicación religiosa (ELLISON et al., 2007), en lugar de la auto identificación —
variable utilizada en el análisis—. De esta forma, también ha sido testeada en el modelo
una variable construida a partir de una pregunta de la encuesta sobre la frecuencia de
asistencia a servicios religiosos. Los resultados son similares, ratificándose los hallazgos
previos: la religión no tiene una influencia estadísticamente significativa en las actitudes
hacia la violencia contra la mujer.
109
tiva para todos los grupos, se reduce a medida que avanza la edad. Este ha-
llazgo parece sugerir que, tal como Flood y Pease (2009) indican, la edad
no es sólo un número, sino que trae aparejada consigo procesos de desarro-
llo y relaciones asociadas. Es posible que estos elementos asociados positi-
vamente con la edad, tal como puede ser tener mayor experiencia, confianza
en uno/a mismo/a, y/o mayor capital social, sean relevantes en la formación
de las actitudes reprobatorias hacia la violencia de la gente mayor. Otro fac-
tor que favorece el rechazo hacia la violencia es la educación: los indivi-
duos con mayor nivel educativo mantienen una actitud menos tolerante ha-
cia la violencia, lo cual evidencia que el sistema educativo argentino ayuda
a sensibilizar y concientizar a los individuos. Esta misma asociación negati-
va se detecta en lo que respecta al indicador subjetivo de calidad de vida:
mayor satisfacción con la propia vida, menor aprobación de la violencia.
Ambos hallazgos (educación y satisfacción personal) son consistentes con
la evidencia empírica hallada en otros contextos. Por último, a nivel indivi-
dual, la influencia de la ideología patriarcal y las actitudes de rol de género
también resulta de la forma esperada en base a las investigaciones previas:
los individuos más conservadores y con una actitud de género más tradicio-
nal son más proclives a aceptar la violencia contra la mujer. Por un lado, las
chances de aprobar la violencia entre quienes están de acuerdo con que la
educación universitaria es más importante para un varón que para una mujer
(actitud de género más tradicional) son 3,5 veces más altas que las de quie-
nes no están de acuerdo con dicha afirmación (actitud más igualitaria). Por
otro lado, se observa que, aquellos individuos que aprueban más el sexo an-
tes del matrimonio (es decir, son menos conservadores) mantienen una acti-
tud menos tolerante hacia la violencia en la pareja (odds ratio 0,847).
Nivel Social
Finalmente, se detectan diferencias estadísticamente significativas según el
medio de comunicación que se utiliza como fuente de información. La ra-
dio no influye en la formación de las actitudes hacia la violencia, mientras
sí lo hacen el diario y la televisión, aunque en dirección opuesta. Mientras
el diario favorece una actitud de mayor tolerancia hacia las agresiones con-
tra la mujer, la televisión fomenta el rechazo. Algunos autores consideran
que el acceso a los medios de comunicación favorece el repudio a la vio-
lencia en tanto que expone a los individuos a un mayor número de ideas e
información diferente (Rani et al., 2004; Lawoko 2006; Uthman et al.,
2009). En esta línea, resulta posible considerar que la televisión facilita
este acceso a contenidos diversos gracias a, por ejemplo, la posibilidad de
hacer zapping. Además, el estímulo visual y auditivo de la televisión, segu-
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ramente posibilita, en los casos de violencia, una mayor identificación y
empatía con las víctimas, sensibilizando a los individuos y fomentando su
actitud de rechazo (Anastasio y Costa, 2004). El diario, en cambio, expone
al individuo a contenidos más delimitados, lo cual, en el caso de Argentina,
parece favorecer el apoyo hacia las agresiones contra la mujer. De todos
modos, estas diferencias detectadas entre el diario y la televisión son difíci-
les de explicar con los datos existentes ya que no se conoce el contenido
preciso de los programas informativos. No se puede discernir si las diferen-
cias observadas son fruto del propio formato de cada medio de comunica-
ción (por ejemplo, la existencia —o no— de la posibilidad de hacer zap-
ping) o bien de la forma en que se tratan los contenidos en cada uno de
ellos (si, por ejemplo, se presentan —o no— casos de violencia contra la
mujer y/o la manera en que se exponen). Enríquez et al. (2009) concluyen
que el modo de presentación de las noticias en los medios es uno de los
factores más influyentes en la percepción individual de la violencia de gé-
nero y en la aceptación de la misma. Esto significaría que, en Argentina, la
televisión está realizando un tratamiento adecuado de los casos de violen-
cia, fomentando el repudio a la misma, no así el diario. Esta cuestión po-
dría variar según el programa de televisión que se visualiza o el diario que
se lee, pero esta información específica no está disponible en la encuesta.
Diferencias de Género
El Modelo 2 de la Tabla 1 incluye las interacciones entre cada una de las
variables independientes y la variable género. En base a la evidencia hallada
en otros contextos, se esperaban encontrar diferencias de género en el efec-
to de los factores asociados con las actitudes hacia la violencia. Sin embar-
go, esto no se corrobora para el caso argentino en la medida que ninguna de
las variables de interacción es estadísticamente significativa. Resulta difícil
dar una explicación concluyente para este hallazgo y, sobre todo, para cada
uno de los aspectos considerados. Por ejemplo, en relación a la educación,
algunos autores plantean que su influencia es menor entre los varones ya
que éstos son más resistentes a perder sus tradicionales privilegios. En cam-
bio, entre las mujeres, la educación las sensibiliza y les hace tomar concien-
cia, favoreciendo su rechazo a la violencia (Rani et al., 2004; Ferrer et al.,
2006). En esta línea, una hipótesis plausible es que los esfuerzos recientes
de concientización en torno a la violencia hacia las mujeres en el país actua-
ron de modo tal que los varones se encuentran igualmente sensibilizados
que las mujeres a la influencia de factores como la educación; es decir que,
ahora, los varones se encuentran más receptivos (y/o menos resistentes) a
los cambios en favor de la igualdad de género. Indudablemente, esta posible
interpretación requiere mayor exploración, así como es necesario dilucidar
111
si la ausencia de diferencias de género es o no un fenómeno reciente. Ade-
más, es necesario seguir examinando más este punto con una muestra po-
blacional más grande y añadiendo otro tipo de factores. Las diferencias de
género en el efecto del entorno familiar no han podido ser estudiadas dada
la ausencia de información al respecto, pero es un factor que merece mayor
atención en la investigación futura teniendo en cuenta los hallazgos previos
(Markowitz, 2001). En esta primera aproximación, se puede concluir que,
en Argentina, los factores que influyen en la formación de las actitudes ha-
cia la violencia son similares para varones y mujeres.
Conclusión
El artículo identifica los factores que influyen en la formación de las actitu-
des individuales de aceptación de la violencia contra la mujer: el género, la
edad, la educación, la satisfacción con la propia vida, la ideología patriar-
cal, las actitudes de rol de género y, por último, la utilización del diario y la
televisión como fuentes de información.
Conocer los factores asociados con la actitud aprobatoria hacia la violencia
contra las mujeres permite determinar dónde resulta necesario intervenir para
poder modificarla, con el objetivo final de reducir este tipo de violencia. No
hay que olvidar que, tal como Uthman et al. (2009) plantean, el cambio en las
actitudes que aprueban, fomentan y perpetúan la violencia es fundamental
para responder efectivamente a este problema. Considerando la amplitud de
factores que dan forma a las actitudes, hay una amplia gama de posibles esce-
narios de intervención. Los hallazgos del artículo revelan que las estrategías
de actuación pueden ser similares para varones y mujeres ya que no existen
diferencias de género en los factores relevantes en la formación de las actitu-
des. Sin embargo, sí resulta necesario destinar mayores esfuerzos en la pobla-
ción masculina en la medida que los varones aprueban la violencia más que
las mujeres. En la misma línea, los jóvenes también requieren una atención
especial en tanto que su tolerancia a la violencia es superior a la de los mayo-
res. Esto pareciera indicar que, en Argentina, no está habiendo mejoras en el
tiempo de las actitudes sino, más bien, lo contrario, lo cual acarrea un desafío.
En síntesis, es fundamental contar con estrategias de intervención dirigidas,
específicamente, para los varones y los jóvenes en la medida que son los suje-
tos más proclives a mantener actitudes que perpetúan la violencia.
Una estrategia que podría resultar efectiva para reducir la violencia es
promover la educación y la calidad de vida en general en tanto que am-
bas favorecen actitudes reprobatorias hacia la violencia. Además, se su-
braya el rol esencial de los medios de comunicación, los cuales contribu-
yen a generar estados de opinión y valoración al respecto. Si el
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STUDIA POLITICÆ
tratamiento de la violencia de género en los medios es adecuado, nos en-
contramos ante una buena herramienta para concienciar a los individuos.
En Argentina, mientras la televisión favorece este proceso de concientiza-
ción, el diario actúa en la dirección contraria, promoviendo la aceptación
de la violencia. De esta forma, hay que destinar esfuerzos a revisar los
contenidos y el modo de presentación de los mismos en los medios.
Finalmente, se destaca que se debe actuar no sólo sobre las actitudes indi-
viduales hacia la violencia sino también sobre la ideología patriarcal y las
actitudes de rol de género. Todas ellas están estrechamente vinculadas y,
por tanto, es preciso diseñar estrategias de prevención que permitan erradi-
carlas de forma conjunta. Hay que fomentar no sólo el rechazo a la violen-
cia sino también promover actitudes de género más igualitarias y menos
conservadoras. Incorporar materias específicas en los planes de estudio, no
sólo sobre violencia contra las mujeres sino también sobre igualdad de gé-
nero, podría resultar una medida adecuada para reducir y desterrar este pro-
blema social. Los medios de comunicación pueden colaborar también con
la difusión de estos contenidos, considerando su alto poder de impacto. De
todos modos, es fundamental ahondar aún más en esta implementación, so-
bre todo para enfocarla en los varones y los jóvenes.
Para concluir, es necesario reconocer que este estudio tiene una serie de limita-
ciones. Por un lado, los resultados del análisis se circunscriben, principalmente,
a una concepción física de la violencia, lo cual resulta reduccionista. No hay que
olvidar que la violencia hacia la mujer también puede ser psicológica, sexual,
económica, patrimonial y/o simbólica. Por otro lado, para comprender más aca-
badamente las actitudes hacia la violencia, futuras investigaciones deberán ex-
plorar otros factores que no han sido considerados aquí dada la ausencia de in-
formación al respecto, tal como la influencia de la experiencia previa de
violencia en el entorno familiar. Las diferencias de género requieren también
mayor consideración, así como el estudio de otras posibles interacciones. Por
ejemplo, la influencia de la educación o de los medios de comunicación en la
formación de las actitudes hacia la violencia puede ser diferente en base a la
edad. Analizar esta cuestión permitirá orientar mejor las intervenciones dirigidas
específicamente a la población joven. Este artículo ha sido una primera aproxi-
mación a las actitudes hacia la violencia contra la mujer en Argentina, lo cual
deja lugar a muchos temas para profundizar en un futuro.
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Fecha de recepción: 28/03/2016
Fecha de aceptación: 27/05/2016
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ANEXO
Variables Categóricas
Aprueba la Violencia
Edad
Nivel Educativo
Casada/o-Unión
Consensual
Hijos
Gran Ciudad
Religioso/a
Fuente Info.: Radio
Porcentajes Verticales –
No (Ref.)
18 a 24 años
25 a 39 años
40 a 59 años
60 a 92 años (Ref.)
Hasta Primaria Completa (Ref.)
Secundaria Incompleta
Secundaria Completa
Universitario (Completo e Incompleto)
No (Ref.)
No (Ref.)
No (Ref.)
No (Ref.)
No (Ref.)
Mujer (53,3)
90,5
9,5
15,5
31,8
32,0
20,8
21,9
23,0
39,5
15,7
47,9
52,1
24,3
75,7
35,8
64,2
26,7
73,3
35,5
64,5
Varón (46,7)
84,4
15,6
18,9
32,7
28,0
20,4
22,9
29,0
31,2
16,9
45,1
54,9
36,8
63,2
34,5
65,5
40,8
59,2
27,7
72,3
Total
87,6
12,4
17,1
32,2
30,1
20,6
22,4
25,8
35,6
16,2
46,6
53,4
30,1
69,9
35,2
64,8
33,3
66,7
31,9
68,1
Distribución de las Variables Incluidas en el Análisis según Género
117
Fuente Info.: TV
Fuente Info.: Diario
Educación Univ. más
importante para varones
No (Ref.)
No (Ref.)
No (Ref.)
8,2
91,8
46,6
53,4
87,9
12,1
6,8
93,2
36,0
64,0
79,1
20,9
7,5
92,5
41,6
58,4
83,8
16,2
Variables continuas
Satisfacción con su vida
Justificación: Sexo antes del matrimonio
Mujer
Media (desv. típica)
7,46 (1,63)
7,28 (2,77)
Varón
Media (desv. típica)
7,51 (1,66)
7,43 (2,73)
Total
Media (desv. típica)
7,48 (1,64)
7,35 (2,75)
ANA SAFRANOFF