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Estos avances son, sin embargo, incompletos y su concreción sigue siendo
un desafío. Las leyes sobre violencia contra las mujeres han avanzado más
que su implementación; la agenda del cuidado está presente en algunos paí-
ses pero no en otros; las políticas sociales —en particular los programas de
transferencias condicionadas (CEPAL, 2015), extendidos en la región—,
refuerzan las más de las veces los estereotipos de género; el acceso a la sa-
lud y a los derechos sexuales y reproductivos sigue siendo limitado y des-
igual, y la mortalidad materna ha crecido por la práctica ilegal de abortos
(PNUD, 2015).
También en la región se ha producido una aplicación selectiva de los dere-
chos humanos, y ha habido retrocesos en algunas normas legales, que han
hecho visible el avance de fuerzas conservadoras. Y, como en otras áreas,
los mismos estados que firman acuerdos internacionales no los cumplen ni
destinan fondos a su implementación (PNUD, 2015).
Entre los desafíos pendientes se encuentran, además, el cambio en los mo-
dos en que las mujeres se insertan en el mercado de trabajo, en el que si-
guen sufriendo de discriminación en las condiciones de trabajo y en los sa-
larios, y la redistribución de los tiempos de trabajo, tanto remunerados
como no remunerados, no sólo entre hombres y mujeres, sino también en-
tre los hogares, el estado y la comunidad (CEPAL, (2015).
Avances lentos, retrocesos peligrosos y desafíos pendientes
Las autoras de los artículos identifican tres grandes impedimentos que aún
resta superar para lograr la igualdad de género: la misoginia generalizada en
todos los niveles (Donna Pankhurst, 2015; Anne Marie Goetz, 2015); las
definiciones de género contradictorias y la persistente estereotipación de las
mujeres (Fareda Banda, 2015); y el avance de fuerzas conservadoras (An-
drea Cornwall y Jenny Edwards, 2015; Anne Marie Goetz, 2015). La expan-
sión de fuertes tendencias regresivas se refleja incluso en las y los políticos
progresistas, que se muestran reacios a fomentar los derechos de las
mujeres, dudando en arriesgar capital político por involucrarse con estas te-
máticas. Más aún, como lo señala Anne Marie Goetz (2015) la agenda de
los derechos de las mujeres ha sido “condenada como extraña y cultural-
mente destructiva” por sectores conservadores, que van desde el ex socialis-
mo a los estados teocráticos, haciendo peligrar los logros pasados.
Un cuarto impedimento se relaciona con la inserción de las mujeres en la
economía y la falta de autonomía económica de las mujeres, que no se so-
luciona sólo con intervenciones específicas y microeconómicas, sino lle-
vando adelante políticas económicas que contribuyan a la igualdad en to-
VALERIA ESQUIVEL - ANDREA KAUFMANN