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Religión y política en los años setenta.
Católicos anti-seculares, institucionales y
comprometidos.
Comentario a Dónde estaba Dios. Católicos y terrorismo de Estado en la Argentina de
los setenta de Gustavo MORELLO S. J. Buenos Aires: Ediciones B, 2014, 352 págs.,
ISBN 978-950-15-2604-2.
Gabriel Tosto
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Política y religión en los setenta
“El martes 3 de agosto de 1976 fueron secuestrados en la ciudad de Córdoba el sacerdo-
te norteamericano James Weeks y cinco seminaristas: el chileno Humberto Pantoja y los
argentinos Alfredo Velarde, Daniel García Carranza, Alejandro Dausá y José Luis Des-
téfani. Todos eran miembros de la Congregación de La Salette (conocidos como «sale-
tenses»). Se los llevó un grupo de los Servicios de Inteligencia de la Policía provincial
(D2), que los alojó en el destacamento policial que funcionaba en el edificio del Cabil-
do histórica de la Ciudad”.
Así comienza el muy interesante texto de Gustavo Morello S. J. Describe el “caso” La
Salette, que involucra la vida de las personas secuestradas y sus secuestradores, vícti-
mas y victimarios católicos, sintetizando la estructura social con sus múltiples mediacio-
nes. Como historia particular condensa una realidad histórica mayor para descubrir
prácticas ignoradas por las miradas de los poderosos.
La violencia política y la posición de los católicos ante el Estado terrorista
La muestra trata de la violencia política sobre los católicos, quienes movidos por su fe
iban a la práctica política o desde la práctica política abrazaron la fe, para así el libro
son: ¿Por qué hubo católicos torturados y torturadores? ¿Por qué unos ayudaron y otros
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Abogado (Universidad Católica de Córdoba). Magister en Derecho y Argumentación
(Universidad Nacional de Córdoba). Maestrando en Filosofía, Religión y Cultura Con-
temporánea de la Facultad de Filosofía e investigador en la Unidad Asociada al Conicet
de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Católica de Córdoba.
Correo electrónico: gabrieltosto@arnet.com.ar
Reseñas
35 - otoño 2015
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STUDIA POLITICÆ
no se preocuparon? ¿Por qué algunos, incluso, acusaron a otros miembros de la feligre-
sía de “subversivos”? ¿Cuál fue el lugar de los católicos frente a los terrorismos de Es-
tado? ¿Por qué ocuparon ese lugar? ¿Por qué la institución no se consideró perseguida?
Modos de prácticas católicas: anti-seculares, institucionales y comprometidos
El autor, en un lenguaje claro, sin eufemismos, comprometido desde su fe, con una
posición no neutral como investigador de la sociología de la religión y sin renunciar
a la cientificidad de su estudio, muestra que los referentes sociales católicos reac-
cionaron de un modo diverso ante el Estado terrorista porque sus concepciones de
lo católico y las formas de relacionarse con la sociedad eran diferentes. Es que
una característica de la religiosidad contemporánea es que se cree autónomamente,
se elige, se interpreta qué se quiere creer y ello condiciona la práctica. Lo inverso
también vale.
Así el libro, desde la sociología, muestra, explica y ayuda a comprender cómo algunos
creyentes asumieron la militancia política desde la fe (o la práctica política los llevó a la
fe católica) y sufrieron la persecución, la tortura y la muerte organizada, sistemática-
mente, desde el Estado terrorista. Otros creyentes formaron parte activa del Estado te-
rrorista o fueron indiferentes a lo que ocurría. El autor, con la mirada desde las víctimas
que son el centro de su trabajo, exhibe la complejidad del tejido social, que dio lugar a
que creyentes católicos fueran victimizados. Ello evidencia, también, que la práctica re-
ligiosa no deriva exclusivamente de la tradición católica sino del compromiso personal
de los sujetos. La diversidad de catolicismos reflejaba la complejidad social.
Los que concebían al catolicismo en fusión con el Estado para luchar contra la se-
cularización y la modernidad creían que solo un Estado católico garantizaba una
sociedad católica. Razón de Estado e intereses eclesiales eran lo mismo. Las reglas
de la fe debían regular las reglas sociales. Pecado y delito estaban mezclados. Lo
religioso se identificó con lo político. Sus prácticas estuvieron direccionadas a des-
confiar en los creyentes y buscar alianzas con el poder para conservar el monopolio
religioso.
Los católicos institucionales concebían a la Iglesia como una institución distinta del
Estado, con relativa autonomía y con el cargo de un rol privilegiado frente a la socie-
dad. Creían que la institución era más importante que los individuos y obraban en
consecuencia. Así solo una fluida “relación institucional” con el Estado garantizaba la
autonomía de la Iglesia para hacer su tarea, por ello la práctica fue “neutral” en las
disputas políticas. Ignoraron la sociedad civil y con ello la pluralidad social, la auto-
nomía de las personas y la defensa de la vida.
Los católicos comprometidos (las víctimas) sostuvieron una concepción y una prácti-
ca del catolicismo que mostraba que la religión inspira la conciencia de los sujetos y
sus opciones de vida. El Estado y la sociedad debían respetarlas y no lo hicieron.
Asumieron un catolicismo en defensa de la vida histórica. Su Dios era un Dios de la
vida, no de la muerte. Sin embargo, ni el Estado ni su propia Iglesia los reconoció.
Sus creencias en la laicidad del Estado, la pluralidad social, la autonomía de las per-
sonas y la defensa de la vida, que justificaban sus prácticas, recibieron de los católi-
cos anti-seculares la respuesta de la tortura, la desaparición y la muerte en manos del
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Estado terrorista y la indiferencia de los católicos institucionales, que con su concep-
ción “neutral” y su ignorancia de la sociedad civil no lograron mirar las prácticas te-
rroristas del Estado.
Esta apretada síntesis es una calurosa invitación a recorrer las páginas a través de las
que Gustavo Morello S. J. nos estimula a pensar la relación entre religión y política en
los setenta.
RESEÑAS