
35 - otoño 2015
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STUDIA POLITICÆ
de los diez minerales estratégicos más importantes para la industria de la
defensa de los Estados Unidos; que tiene la mayor reserva de agua dulce
del planeta tierra (entre el 42 y 45 %, las cifras varían porque hay algunas
dudas sobre el cálculo del Acuífero Guaraní), con apenas el 7 % de la po-
blación mundial. Hay legiones de científicos norteamericanos, canadienses,
japoneses, estudiando las plantas y los animales en la gran cuenca amazó-
nica y subamazónica, descubriendo y patentando el código genético, esos
genes que al ser modificados tecnológicamente dejan de ser bienes comu-
nes y pasan a ser propiedad privada. Cuando se suman todos estos temas,
seguridad estratégica, petróleo (con la mayor reserva probada del mundo
en Venezuela), agua, biodiversidad, minerales estratégicos, el pulmón del
planeta, América Latina emerge en toda su enorme importancia y esto ex-
plica por qué Washington estuvo siempre tan presente en la historia de
América Latina. Si se observa la larga duración de la política de Estados
Unidos en América Latina se comprueba una notable continuidad. Más allá
de que sean demócratas, republicanos, blancos o negros, la política básica-
mente hacia nuestra región tiene una línea ininterrumpida, con dos vecto-
res: desalentar la presencia de potencias extracontinentales en la región y
frustrar sistemáticamente cualquier proceso de integración latinoamericana,
llámese Pacto Andino, Aladi, Mercosur, Unasur, Celac o como se llame.
A partir de esas realidades se entiende por qué en un mundo como el actual
se han comenzado a apretar las clavijas en nuestro continente y por qué
aquellos países que iniciaron un proceso de emancipación como Venezuela,
Bolivia, Ecuador, tropiezan hoy con tantos obstáculos. Y por qué países
que de alguna manera acompañaron ese proceso, aunque de una forma más
moderada como Argentina, Brasil y Uruguay, también están pasando por
momentos muy delicados. Esto se debe a que la teoría oficial de Washing-
ton, que por supuesto no se la formula explícitamente, es que el 1° de ene-
ro de 1959, cuando triunfa la Revolución Cubana, se abre un conflictivo
paréntesis en las relaciones hemisféricas y que ese paréntesis debe ser ce-
rrado ahora, poniendo fin a ese período de relaciones “anómalas” en el he-
misferio.
¿Por qué es ahora que hay que ponerle fin? Porque el deterioro en el cua-
dro internacional (graves crisis en Oriente Medio por el Estado Islámico,
cuasi guerra en Ucrania, gran tensión en el Mar del Sur de la China) hace
que Estados Unidos procure disciplinar a los díscolos países al sur del Río
Bravo para así facilitar su actuación en aquellos lejanos escenarios de
guerra. Un dato fundamental del mismo es el derrumbe del sueño del siglo
americano tal como se expresara a mediados de la década de 1990 con la
caída de la Unión Soviética. Se cayó el muro, parecía que el mundo cam-
biaba de manera irreversible. Apareció la teoría de que estábamos en vís-