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llo de las propias políticas públicas, al amparo de la consolidación de los
Estados de Bienestar en las economías más avanzadas, la llamada cuarta
generación, la del profesionalismo (Vélez, 2007). La evaluación pluralista
adquiere una gran relevancia en este último periodo, Izquierdo destacaría,
entre otros a Stake; Scriven; House, Eisner, Patton, Kushner, y por su-
puesto, a Guba y Lincoln a los que califica como los padres de la evalua-
ción constructivista (Izquierdo, 2008: 122).
La cada vez más aceptada concepción holística de la evaluación ha ido re-
quiriendo introducir múltiples y diversos elementos analíticos en las herra-
mientas, en tanto que objetos de estudio diferentes requerirían de modelos
diferentes (la evaluación de diseño [racionalidad, coherencia...], de resulta-
dos, de impactos, de gestión...) Explícita se hace también esta cuestión en
Subirats, cuando afirmaba, ante la multiplicidad y diversidad de ámbitos y
fórmulas de intervención, que las políticas complejas requerirían de evalua-
ciones complejas (Subirtas, 2006).
Cierto es, también, que la implantación de determinados enfoques metodo-
lógicos ha estado acompañada, en determinadas ocasiones, por la impronta
de algunos organismos o instituciones tanto de carácter internacional como
nacional, regional o local, que otorgaban a esta herramienta un papel rele-
vante. De igual modo, la diversidad metodológica ha respondido a la nece-
sidad de respuestas específicas ajustadas a sus criterios de decisión; la ca-
racterización de sus propios recursos humanos, o por qué no decirlo,
incluso la orientación de evaluadores de reconocido prestigio y experiencia
que tuvieron capacidad de generar ciertas influencias respecto al uso de la
evaluación, y que han ido inculcando e implantando unas u otras pautas en
su aplicación.
En el ámbito internacional y en el marco de los procesos de relaciones y/o
integraciones bilaterales, más allá de abrir el debate sobre evaluación “para
el control” o evaluación “para la participación” que con acierto destaca
Myriam Cardozo —recogiendo los trabajos de Baker (2000), Brown
(2001), Spitz (2002), Booth y Lucas (2002), Foresti et al. (2002)—, la he-
rramienta es incorporada a su práctica de manera general y sistemática,
pero con sus correspondientes especificidades, tanto por los organismos de
Naciones Unidas (principalmente, a través del Banco Mundial y del Banco
Interamericano de Desarrollo), como por la OCDE en sus diversos manua-
les, recomendaciones e informes relativos a la modernización de las admi-
nistraciones públicas, y por la propia unión europea en su proceso de cons-
trucción de una unión económica y monetaria.
En este sentido, por ejemplo, en la actualidad, el BID, por estos motivos
referidos, ha mostrado un claro posicionamiento, en favor de modelos ex-
CARLOS BUENO SUÁREZ - JOSÉ LUIS OSUNA LLANEZA