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cía vívida en la aurora”, en alabanza de las escasas barricadas apostadas en
París como rechazo al golpe. De esta manera, su marcha hacia el poder im-
perial fue apenas turbada por una Asamblea cuyos miembros estaban irre-
ductiblemente separados entre sí. Tras ese golpe, que encarcela brevemente
a los diputados que se le oponen, y entre ellos a Tocqueville, nuestro pen-
sador se apartó definitivamente de la vida pública. Con una tuberculosis
progresiva y desde un exilio autoimpuesto redactó El Antiguo Régimen y la
Revolución, publicado en 1856. La pregunta sobre lo que una nación puede
aprender de su propio pasado guió la escritura de su segundo libro más co-
nocido. Tocqueville muere en Cannes a los 54 años, el 16 de abril de 1859.
En síntesis, durante toda su vida Tocqueville fue ese pensador inquieto que
hizo de su preocupación por Francia el leit motiv de sus escritos. No le in-
teresaba volver a los tiempos idos, sabía que el retorno era imposible, por
lo cual asumió el desafío de mirar hacia el futuro. La revolución de 1789
había puesto en escena una lucha de tendencias que no encontraban ni en-
contraron durante su vida posibilidad de síntesis alguna. La vida política
era puro movimiento, una especie de tierra de nadie para la consolidación
de cualquier ideal, máximo cuando esos ideales se referían a libertad e
igualdad y se expresaban en términos de contrapuntos. De ahí que enjuicia-
ra permanentemente los acontecimientos del pasado para entender el pre-
sente y no le interesara nunca relatar hechos sino pensar en ellos.
Toda su vida fue, en definitiva, un denodado intento por entender los moti-
vos que condujeron al fin de una época, comprender un presente incierto y
por pensar un futuro con algún grado de certeza prospectiva. Consciente de
que vive en el umbral de una nueva era, Tocqueville asigna a la inteligencia
la misión de ordenar el caos de los acontecimientos que se suceden ante
sus ojos. No por ello deja de exponer sus propios juicios valorativos cuan-
do, por ejemplo, se refiere a la necesidad de defender la libertad política
por encima de la igualdad, a pesar de la preferencia por esta última, que,
según él, se había apoderado de los corazones de los hombres.
En las siguientes páginas abordaremos el estudio de la obra de Tocqueville
desde una doble perspectiva: primeramente, intentaremos enmarcarla en el
contexto epistemológico de la primera mitad del siglo XIX. Para esto, ini-
cialmente se hará una lectura comparada de las preocupaciones y enfoques
de Comte, Tocqueville y Marx con el objeto de encontrar similitudes y di-
ferencias en sus planteos, para luego presentar la propuesta tocquevilleana
sobre una “nueva ciencia” para comprender el nuevo mundo. Seguimos
luego con la inclusión de algunas acotaciones en torno al principal tema
que hace a la preocupación de nuestro autor, a saber: la democracia. Los
conceptos de libertad, igualdad, individualismo y revolución se analizan en
relación con nociones tales como estado social, centralización guberna-
MERCEDES KERZ