Una mirada histórica a las relaciones sino-argentinas desde Lanusse a Milei (1972-2024)

A Historical Overview of Sino- Argentine Relations from Lanusse to Milei (1972–2024)

Gonzalo Fiore Viani *

Mariano Mosquera **

Resumen

El artículo analiza la evolución de las relaciones entre la República Popu - lar China (RPCh) y la República Argentina desde la normalización de sus lazos diplomáticos en 1972 hasta la presidencia de Javier Milei en 2023. Se destacan hitos fundamentales, como la firma del Tratado de Amistad,

* Becario posdoctoral centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad (CIECS) | CONICET y UNC. Doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad Ca - tólica de Córdoba. Es profesor de la Universidad Blas Pascal y del Centro de Estudios Avan - zados de la Universidad Nacional de Córdoba. Autor de libros y de numerosos artículos cien - tíficos. Mail: gonzalofioreviani@gmail.com Orcid: https://orcid.o rg/0000-0002-0017-0435

** Universidad Católica de Córdoba, Escuela de Posgrado, Argentina, Córdoba. Doctor en Ciencia Política por la Universidad Nacional de Córdoba. Fue profesor e investigador en la Universidad Sun Yat-sen y conferencista en la Universidad Tsinghua en la República Po - pular China. Autor de un libro y de numerosos artículos científicos sobre cooperación con China. Mail: mariano.mosquera@ucc.edu.ar Orcid: http://orcid.o rg/0000-0002-9037-545X

http://dx.doi.org/10.22529/sp.2025.64.01


STUDIA POLITICÆ Número 64 primavera–verano 2025 pág. 8–41 Recibido: 10/03/2025 | Aceptado: 10/05/2025

Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.

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Comercio y Navegación en 1973, y se evalúa el impacto de contextos inter - nacionales y nacionales en esta relación bilateral. Se enfatiza el crecimiento económico de China desde finales de los años 70, las reformas de Deng Xiaoping y su transformación en una potencia global con alta demanda de recursos naturales. Asimismo, se examinan las estrategias de inversión y cooperación de China en América del Sur, incluyendo su papel en proyectos de infraestructura y financiamiento. El análisis concluye con una reflexión sobre cómo la llegada de Milei al poder puede influir en el futuro de las relaciones entre ambos países.

Palabras clave: relaciones sino-argentinas – diplomacia económica – re - forma y apertura; crisis financiera global – inversión en infraestructura – cooperación bilateral – ascenso económico de China.

Abstract

The article examines the evolution of relations between the People’s Repu - blic of China (PRC) andArgentina from the normalization of diplomatic ties in 1972 to Javier Milei’s presidency in 2023. It highlights key milestones, such as the signing of the Treaty of Friendship, Commerce, and Navigation in 1973, and assesses the impact of international and national contexts on this bilateral relationship. The emphasis is on China’s economic growth since the late 1970s, Deng Xiaoping’s reforms, and its transformation into a global power with a high demand for natural resources. The article also explores China’s investment and cooperation strategies in South America, including its role in infrastructure projects and financing. The analysis con - cludes with a reflection on how Milei’s administration may influence the future of relations between the two countries.

Keywords: Sino-Argentine relations; economic diplomacy; Reform and Opening; global financial crisis; infrastructure investment; bilateral coope - ration; China’s economic rise.

Introducción

En el presente artículo se realiza una breve aproximación histórica a las relaciones entre la RPCh y la República Argentina con el propó - sito de examinar la trayectoria de los vínculos sino-argentinos desde

la normalización de las relaciones diplomáticas en 1972 hasta 2023, con el objetivo de comprender tanto la evolución como los principales desafíos de la relación bilateral. Este análisis sienta las bases necesarias para, en futuras publicaciones, estudiar los vínculos y la diplomacia económica china hacia Argentina en cuestiones más específicas y en cada año en particular.

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En primer lugar, se analiza el contexto internacional y nacional en el que se desarrollaron las relaciones sino-argentinas durante este período. Se inicia el recorrido histórico examinando el contexto internacional y nacional en el que se desarrollaron las relaciones sino-argentinas desde la normalización de los lazos diplomáticos en 1972, luego, se examinan los hitos más relevantes en la relación bilateral, tales como la firma del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación en 1973. Se exploran los motivos que llevaron a ambos países a normalizar sus relaciones y los primeros pasos que dieron forma a este víncu - lo. El escrito se enfoca en el período inicial de las relaciones sino-argentinas y destaca los hitos y desafíos que surgieron durante estos años. Se examina cómo evolucionaron las interacciones bilaterales en el contexto de eventos internacionales y los cambios políticos en Argentina.

El ascenso económico de la República Popular China (RPCh) desde finales de la década de 1970 ha sido un fenómeno de trascendental importancia que redefinió el equilibrio económico global. Tras décadas de políticas cerradas y orientadas a la autosuficiencia, la RPCh emprendió reformas fundamenta - les bajo el liderazgo de Deng Xiaoping, lo que marcó el inicio de una era de apertura económica y modernización (McMillan y Naughton, 1992). Este cambio drástico posicionó a China como una de las principales potencias económicas del mundo, con impactos significativos en la dinámica económi - ca y geopolítica internacional (Yan, 2021).

Apartir de 1977, China inició una serie de reformas estructurales destinadas a transformar su economía planificada. La implementación de políticas como la “Reforma y Apertura” abrió el país al comercio internacional y la inver - sión extranjera. Es famosa la frase de Deng respecto de que que no importa necesariamente el color del gato, siempre y cuando este atrape ratones, es decir, que el sistema implementado funcione más allá de ideologías o dog - matismos (Antic, 2023). Este enfoque pragmático contribuyó a la creación de cuatro Zonas Económicas Especiales (ZEE) en la región sureste del país, tres en Guangdong y una en Xiamen (Fujian), al mismo tiempo que se buscó promover la atracción de inversión extranjera, lo que dio lugar un crecimiento económico sin precedentes (Yan, 2001).

Desde entonces, China mantuvo un crecimiento económico sostenido, des - empeñando un papel crucial en las cadenas de suministro globales, a tal punto de que hasta el momento previo de la pandemia de COVID-19, en el período comprendido entre 1981 y 2020, el gigante asiático experimentó un crecimiento anual promedio del 9.3%, posicionándose como la segunda eco - nomía mundial, superada únicamente por los Estados Unidos (FMI, 2023).

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Este ascenso también trajo consigo desafíos, como tensiones comerciales internacionales, desequilibrios internos y cuestionamientos sobre prácticas comerciales y derechos de propiedad intelectual. El ascenso económico de la RPCh es, sin duda, un fenómeno complejo que continúa moldeando la dinámica global en el siglo XXI (Dunford y Liu, 2023).

El continuo crecimiento económico resultó en un aumento de la demanda de recursos naturales y materias primas por parte de China. El país se convirtió en el principal consumidor mundial de mineral de hierro, cobre refinado y porotos de soja, además de posicionarse como el segundo mayor consumidor mundial de petróleo, según informes del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA, 2022) y del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS, 2019).

Esta política se reflejó en el aumento del número de tratados comerciales bilaterales y en la creciente participación china en organizaciones interna - cionales (Luo y Zhang, 2015). Su incorporación a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001 fue un hito importante en este proceso, ya que permitió al país integrarse aún más en la economía global y aumentar su in - fluencia en el ámbito internacional. La adhesión a la OMCtambién le facilitó obtener acceso a los mercados internacionales, lo que impulsó el crecimiento económico y la modernización del país (Garzón et al., 2021).

Desde los albores del siglo XXI, el nivel de internacionalización operativa de las empresas chinas aumentó de manera exponencial, acelerándose especial - mente luego de la aplicación de la estrategia china de Go Global o “salir al exterior” (Cui y Zhang, 2018). La iniciativa Go Out, implementada por China a partir del año 2000, tiene como objetivo promover inversiones directas chi - nas en el ámbito internacional con la finalidad de establecer empresas líderes a nivel nacional capaces de alcanzar niveles de competitividad internacional y liderar las futuras cadenas productivas globales. Como parte integral de esta estrategia, se observó un proceso acelerado de adquisición de empresas en el extranjero y se han realizado inversiones significativas en sectores crí - ticos, como energía, alimentos e infraestructura, para satisfacer las necesida - des de desarrollo nacional (Merino y Trivi, 2019).

La crisis financiera de 2008 desencadenó transformaciones significativas en el rol internacional de China, lo que marcó un punto de inflexión en su as - censo como potencia global. En medio de la recesión económica global, el país emergió como un actor clave en la estabilidad financiera mundial al desempeñar un papel activo en la mitigación de los impactos adversos (Sti -

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glitz, 2010). Su capacidad para mantener un crecimiento económico robusto en medio de la recesión, impulsado en parte por su vasto mercado interno y medidas políticas efectivas, consolidó su estatus como motor de la economía mundial. Asimismo, la crisis reveló las debilidades del sistema financiero internacional existente y llevó al país a abogar por reformas y a aumentar su participación en instituciones financieras internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (Han, 2013). Este cam - bio estratégico contribuyó a reconfigurar la dinámica de poder global y otorgó a China una mayor influencia y protagonismo en el escenario económico internacional, lo que consolidó su posición como un actor fundamental en la toma de decisiones económicas a nivel mundial (Xu y Gui, 2019).

La política exterior de Beijing hacia América del Sur fue adquiriendo un nue - vo rol internacional en las décadas posteriores a las reformas de Deng (Teru - ggi, 2022). La estrategia china en las décadas de 1980 y 1990 se centraba en el fortalecimiento de relaciones con países del Tercer Mundo y en la conso - lidación de su propia economía (Cesarin, 2010). Sin embargo, a partir del cambio de siglo, el país comenzó a desplegar una política exterior más activa y diversificada hacia la región, con un enfoque en la cooperación económica y comercial, la inversión y la creación de lazos culturales (Vadell, 2018). Tras la implementación de la política de Go Global, sumado a la mencionada crisis financiera de 2008, China se convirtió en el principal socio comercial y la tercera fuente de inversión para los países de América del Sur (Oviedo, 2017). Esto constituye un fenómeno complejo y multifacético, no resultado de un proceso automático, sino de una serie de estrategias y políticas imple - mentadas por el gobierno chino. En el marco de las reformas económicas mencionadas al comienzo, el país profundizó medidas proactivas de apertura económica, que facilitaron la expansión global de sus empresas y la búsqueda de oportunidades de inversión en diversas regiones, incluso en América del Sur (Malena, 2013).

Uno de los aspectos destacados de esta transformación radica en el interés estratégico de China por asegurar el acceso a recursos naturales fundamenta - les, tales como petróleo, gas, minerales y productos agrícolas (Laufer, 2019). Esta orientación condujo a inversiones sustanciales en países sudamericanos que poseen abundancia de tales recursos, a la vez que consolidó los lazos eco - nómicos entre ambas regiones.

La construcción de infraestructura, como puertos, carreteras y ferrocarriles, mejoró significativamente la conectividad y facilitó el transporte eficiente de

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mercancías, todo lo cual impulsó así el comercio bilateral. La cooperación financiera desempeñó un papel crucial en este proceso, donde China propor - cionó préstamos y líneas de crédito a varias naciones sudamericanas. Estos recursos financieros han sido destinados a financiar proyectos de desarrollo, fortalecieron las economías locales y generaron una interdependencia econó - mica mutua (Miguez, 2016).

La diplomacia económica activa de China se manifiesta en su participación en foros bilaterales y multilaterales, así como en la promoción de acuerdos comerciales y la inserción en organizaciones internacionales, lo que consolida su posición como un actor clave en la región. Es esencial destacar la adapta - bilidad de China a las necesidades locales, evidenciada en la personalización de acuerdos comerciales y la consideración de las particularidades de cada país sudamericano. Este enfoque contribuyó a fortalecer las relaciones bila - terales y a cimentar la presencia china en la región. La región representa para Beijing un actor clave en su crecimiento sostenible, y es, además, un factor importante en su diplomacia económica (Cui y Zhang, 2018).

1. Normalización de vínculos diplomáticos

El 19 de febrero de 1972 Argentina y la RPCh normalizaron formalmente relaciones diplomáticas. El crecimiento de los vínculos comerciales, políti - cos, culturales, etc., se dio de manera exponencial. Con el transcurrir de las décadas, la relación se fue desarrollando y presentando avances significati - vos, hasta llegar al período de estudio que se investiga. Las relaciones entre ambos países se remontan a la China pre-revolucionaria, sin embargo, tras el final de la guerra civil china con la llegada al poder de Mao Tse Tung y la consecuente proclamación de la República Popular el 1 de octubre de 1949, los vínculos diplomáticos con Argentina en particular, y con América Latina en general, adoptaron un nuevo carácter.

Es pertinente tener presente el contexto en el que se estaba desenvolviendo la región latinoamericana al momento de la normalización de relaciones diplo - máticas. Los principales gobiernos de América Latina mantenían un tipo de relaciones diplomáticas con la República de China. Ante esto, Beijing adoptó como medida la implementación de la diplomacia civil. Durante las primeras dos décadas de la Revolución, la RPCh adoptó un estilo de diplomacia “entre pueblos” (Xu, 2010: 6) que, no necesariamente, implicaba relaciones diplo - máticas formales entre los Estados que, en el caso de América Latina, en su mayoría todavía reconocían a la República de China.

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Durante las décadas de los sesenta y setenta, los países latinoamericanos que rompieron relaciones diplomáticas con Taipei para establecerlas con la RPCh fueron: Cuba (1960), Chile (1970), Perú (1971), México (1972), Argentina (1972), Guyana (1972), Jamaica (1973), Trinidad y Tobago (1974), Brasil (1974), Venezuela (1974), Surinam (1976) y Barbados (1977). El cambio en la política diplomática argentina no puede verse como algo aislado, sino, más bien, como un producto del contexto en el que se desarrollaba la política ex - terior regional latinoamericana de aquel momento (Delgado Mamani, 2020). En 1912, tras la abolición del sistema imperial, China adoptó oficialmente el nombre de República de China. Después de la conclusión de la guerra civil en 1949, el Partido Comunista asumió el control de la mayor parte del territorio chino y desplazó al Partido Nacionalista. Este último se replegó al archipiélago de Taiwán, donde mantuvo el nombre de República de China. Mientras tanto, el resto del país se denominó República Popular China. Am - bos gobiernos afirmaron representar a la totalidad de China, cada uno man - teniendo su propia narrativa respecto a la unidad del país (Spence, 1982). La “cuestión china” ha sido un elemento central a lo largo de la historia de las relaciones diplomáticas bilaterales. Inicialmente, Argentina estableció víncu - los diplomáticos con la República de China en 1945 y tácitamente aceptó el “principio de una sola China”. Este fue reconocido públicamente en 2002 y respaldado de manera más amplia con la adopción de la “política de una sola China” en 2010. Hasta 1991, el reconocimiento de este principio implicaba que Argentina adoptara una posición neutral entre las partes en conflicto, permitiéndole decidir discrecionalmente qué gobierno representaba a China y con cuál mantendría relaciones diplomáticas. Sin embargo, con la promul - gación de la “teoría de los dos Estados” en la Taipei, Argentina se posicionó a favor de Beijing (Oliva, 2017).

En el marco de la Guerra Fría, la presión de los Estados Unidos sobre la región latinoamericana aún no permitía vínculos diplomáticos formales con Beijing. Por ello, no es casual que los únicos Estados que reconocían a la RPCh a comienzos de 1970 eran Cuba y el Chile socialista, ambos eran paí - ses que confrontaban abiertamente con la política de Washington. Sin embar - go, el escenario cambió luego de que se produjeran dos hechos importantes para la RPCh: el ya mencionado cambio de estatus de Beijing en Naciones Unidas de 1971 y la visita del presidente estadounidense Richard Nixon a Beijing en 1972 (De Diego, 2019). Esto significó el comienzo de una trans - formación profunda en el estatus internacional chino que le permitió a los países latinoamericanos comenzar a normalizar sus relaciones con la RPCh.

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En este contexto, Luis María de Pablo Pardo, el canciller argentino del go - bierno de facto autodenominado “Revolución Argentina” encabezado por el general Alejandro Agustín Lanusse (1971-1973), propuso la idea de la “nor - malización” de las relaciones con China (Oviedo, 2010). De Pablo Pardo promovió la idea de establecer una diplomacia “sin fronteras ideológicas”, con apoyo a las relaciones diplomáticas y comerciales con Estados como el Chile de Salvador Allende, los países del denominado bloque socialista del Este de Europa, o la misma China (Delgado Mamani, 2020). Cabe destacar que, como señalan algunos autores, la normalización diplomática no se trata de un “nuevo establecimiento” de relaciones diplomáticas, ya que, desde un punto de vista del derecho internacional, Argentina “normaliza” sus vínculos con China en 1972, reconociendo al Gobierno Popular de China (GPCh) a cargo del Partido Comunista de China (PCCh) como el gobierno legal de China.

Debido a que, entre 1945 y 1972, Argentina ya había mantenido vínculos di - plomáticos con la República de China y relaciones comerciales con la RPCh, se argumenta que la normalización no implicó el reconocimiento de un nue - vo Estado (Oviedo, 2010). Esta normalización se hizo “sobre la base de los principios de soberanía, integridad territorial, no intervención en los asuntos internos y externos, igualdad y beneficio mutuo” (Oviedo, 2007, p. 23) de acuerdo a lo establecido por el acuerdo firmado en Budapest entre Argentina y la RPCh el 16 de febrero de 1972. Si bien el gobierno de Lanusse intentó sostener su representación diplomática tanto en Beijing como en Taipei, esto se demostró inviable debido a la postura irrenunciable de Beijing de “una sola China”; tras esto, la embajada de la República de China en Buenos Aires cerró sus puertas (Oviedo, 2000).

En el “Comunicado Conjunto sobre el Establecimiento de Relaciones Diplo - máticas entre la República Argentina y la República Popular China”, Argen - tina respalda la postura de “una sola China”, lo que implica que la República de China (Taiwán) es considerada parte integral de la RPCh. Este comuni - cado, fechado el 19 de febrero de 1972, establece la normalización de las relaciones diplomáticas entre ambos países basándose en principios como el respeto mutuo, la soberanía, la integridad territorial, la no intervención en asuntos internos o externos, la igualdad y el beneficio mutuo. En este con - texto, el Gobierno argentino reconoce a la República Popular China como el único gobierno legal de China, mientras que el Gobierno chino reafirma que Taiwán forma parte inalienable de su territorio. Asimismo, el comunicado menciona que el Gobierno chino reconoce los derechos de jurisdicción de

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la República Argentina sobre la zona marítima adyacente a sus costas hasta el límite de doscientas millas náuticas (Comunicado Conjunto sobre el Esta - blecimiento de Relaciones Diplomáticas entre la República Argentina y La República Popular China, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto Repú - blica Argentina, 16 de febrero de 1972, citado en Malena, 2010).

2. Las relaciones bilaterales entre 1972 y 1983

A partir de su establecimiento, las relaciones entre la RPCh y la Argentina, se basaron en los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica establecidos por Zhou Enlai: respeto mutuo por la soberanía e integridad territorial, la no agresión mutua, la no intervención en asuntos internos, coexistencia pacífica y el beneficio mutuo (Lechini, 2013). Cabe destacar que Argentina no aceptó expresamente la coexistencia pacífica como principio rector de la relación en el Comunicado de Bucarest (Oviedo, 2012). En ese marco, China mantuvo una posición de apoyo al gobierno argentino respecto de la soberanía sobre las Islas Malvinas (Cesarin, 2008). La embajada china en Buenos Aires se inauguró el 1 de septiembre de 1972, Zhang Wei Zhi fue el primer embajador chino en Argentina, mientras que, un año más tarde, el 5 de enero de 1973, Eduardo Bradley fue nombrado embajador argentino en Beijing (Zhu, 2012). Las relaciones diplomáticas entre los dos países y ambas sedes diplomáticas se mantuvieron a pesar de los cambios políticos que experimentaron tanto Argentina como la RPCh durante los años siguientes, con la excepción de un hecho que se verá más adelante. En Argentina, durante el período 1973-1976 se sucedieron los siguientes gobiernos constitucionales: Héctor José Cám - pora (25 de mayo al 13 de julio de 1973), Raúl Lastiri (13 de julio al 12 de octubre de 1973), Juan Domingo Perón (12 de octubre de 1973 al 1 de julio de 1974), María Estela Martínez de Perón (1 de julio de 1974 al 24 de marzo de 1976). Durante estos gobiernos, en materia de política exterior, se man - tuvieron algunas continuidades y se produjeron algunos cambios (Russell y Tokatlián, 2001).

La izquierda peronista proponía profundizar la cooperación y los vínculos tanto políticos y culturales como comerciales y económicos con la RPCh, pero por diversos motivos tanto de índole interna como externa, este no fue el camino que se siguió durante los gobiernos peronistas del período 73-76 (Moneta, 1979). Mientras que para Perón la importancia de establecer rela - ciones con China no se basaba en motivos ideológicos, sino en beneficios económicos como el acceso a un mercado para los productos argentinos, para

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Montoneros la conexión con la China comunista tenía una significativa carga ideológica. Para este grupo, al igual que con Cuba y otros regímenes socia - listas, esta relación tenía un peso fundamental en la lucha antiimperialista (Escudé y Cisneros, 2000).

Durante los primeros dos gobiernos de Perón, no existió lo que se conoce como la Tercera Posición en relación con China. Perón se alineó con la so - lidaridad hemisférica solicitada por Estados Unidos contra el comunismo internacional y retiró, incluso, a su embajador de China durante la revolución. Al mismo tiempo, mantuvo relaciones diplomáticas con la República de Chi - na, y reconoció la acreditación de su embajador en Argentina, el doctor Chen Jie, y posteriormente a su sucesor. Es importante destacar que el gobierno de Perón estuvo cerca de enviar tropas al conflicto armado en Corea, lo que lo habría enfrentado directamente con la RPCh. Además, votó en abstención en la cuestión de la representación de China en la ONUen 1950 (Oviedo, 2000). Durante el tercer gobierno de Perón, la relación con China no logró avanzar debido a la influencia del ministro de Economía, José Ber Gelbard, identificado como pro-soviético, quien favoreció el fortalecimiento de los lazos comercia - les con la Unión Soviética y con Vietnam en detrimento de la RPCh. Durante esta etapa, sin embargo, se llevó adelante la apertura de la Embajada Argentina en Beijing, la creación de agregadurías militares y la inauguración en 1974 de la agencia de noticias “Nueva China” en Buenos Aires (Oviedo, 2000).

En esta etapa, la política exterior fue variando gradualmente, especialmente hacia el mandato de María Estela Martínez. El ex canciller de Cámpora, Juan Carlos Puig, habla de un cambio gradual que define como “desmonetización” de la política exterior peronista de esta etapa a partir del gobierno de Martí - nez (Moneta, 1979). La política exterior de esta época fue una combinación peculiar de nacionalismo de extrema derecha junto con una dosis de liberalismo ortodoxo en la política interna, y un enfoque tercermundista proárabe (o con con - notaciones antisemitas) en la política exterior (Escudé y Cisneros, 2000). Esto significó un enfriamiento en los vínculos con los países de la región de ten - dencia reformista o progresista (Cuba, México, Perú y Venezuela), los Esta - dos del denominado bloque socialista de Europa del Este, la Unión Soviética y la RPCh, lo que conllevó, al mismo tiempo, un mayor alineamiento con los Estados Unidos (Corigliano, 2002).

Este giro gradual de la política exterior del tercer peronismo puede verse, también, en las cifras de intercambio comercial. En 1973, las exportaciones argentinas hacia China habían representado 16.28 millones de US$, 90.70 millones US$ en 1974 y 21.44 millones de U$S en 1975, mientras que las

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importaciones mostraron una inclinación similar. Experimentaron un aumen - to entre 1973 y el año siguiente: 227.000 de US$ en 1973, 815.000 de US$ en 1974, pero entraron en declive a partir de 1975, con 691.000 de US$ (IN - DEC, 1977). Entre ambas partes existían diferencias técnicas en lo referido a calidades de los granos vendidos debido a los contratos firmados en abril y mayo de 1974 (Moneta, 1979). Durante este período se produjo una escalada de cruces diplomáticos a partir de que el vicerrector general de la empre - sa China National Céreas, Oils and Foodstuffs Import and Export Corporation, Wang Ping Chin, planteara en su visita a Buenos Aires en junio de 1975 las diferencias anteriormente referidas (Corigliano, 2002). La Junta Nacional de Granos planteó la imposibilidad de entregar productos durante 1975, por lo que China recién acordó un nuevo contrato después del derrocamiento de Isabel (Corigliano, 2002).

El enfriamiento de los vínculos comerciales durante este período se replicó en la esfera diplomática a tal punto de que el gobierno chino retiró a su emba - jador en Buenos Aires como respuesta a la ausencia de un embajador titular argentino en Beijing desde mayo de 1973 –cuando se retiró Eduardo Brad - ley– hasta noviembre de 1975, cuando presentó sus cartas credenciales Juan Carlos Katzenstein (Kahn, 1975). Durante ese período, tampoco se produje - ron visitas ni se registraron contactos de ningún tipo entre los jefes de Estado de ambos países. El contacto de mayor importancia a nivel gubernamental fue la visita de una delegación parlamentaria encabezada por el senador na - cional Ítalo Luder, el 11 de octubre de 1974 (Moneta, 1979).

El gobierno de María Estela Martínez de Perón fue derrocado por un golpe de Estado que instauró el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional el 24 de marzo de 1976, una dictadura-cívico militar de marcada tendencia anticomunista integrada por el Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea. Sin em - bargo, como se verá a continuación, no necesariamente significó un mayor enfriamiento en las relaciones sino-argentinas. Tras el fallecimiento de Mao Zedong, y bajo el mandato de Deng, China comenzó un proceso de apertura externa y reforma interna que resultarían en una transformación profunda de su economía (Zhang, 1996) que la llevaría a insertarse en el orden global y en la economía internacional. En ese contexto, las relaciones y los intercambios con los países latinoamericanos se profundizaron, especialmente con Brasil, México y Argentina (Xu, 2010).

En 1978, el ministro de Economía del autodenominado Proceso de Reorga - nización Nacional, José Alfredo Martínez de Hoz, realizó una visita oficial a Beijing, lo que fue calificado como “una neta división entre todo lo que

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puede ser político y lo económico y comercial” (La Nación, 1978, citado en Corigliano, 2002). La política económica de la dictadura implicaba un regreso al modelo agro-exportador, lo que se complementaba con la apertura china hacia el comercio internacional (Oviedo, 2000). Desde 1980, se produjeron visitas de alto nivel entre Argentina y China, lo que le otorgó mayor volumen a los intercambios económicos y a las capacidades de inserción externa para ambos países (Cesarin, 2010). La más importante de las visitas oficiales se produjo en junio de 1980, cuando el dictador Jorge Rafael Videla realizó un viaje oficial a China. Se trató de la primera visita de la historia de un manda - tario argentino –y también de América Latina– en ejercicio de sus funciones a Beijing, donde el 7 de junio se firmaron una serie de acuerdos de cooperación bilateral, entre ellos: un Convenio de cooperación en las áreas científica y técnica, y la nota reversal cuyo objetivo era implementar mecanismos para la cooperación e intercambio en el ámbito cultural (Cesarin, 2010). Esto se dio en un contexto extremadamente particular para la Argentina, donde el régi - men dictatorial, desprestigiado internacionalmente a causa de las violaciones sistemáticas a los derechos humanos, buscaba abrirse al mundo y profundizar vínculos comerciales con países como la Unión Soviética o la misma China. Durante los años 80, las relaciones diplomáticas entre China y América Lati - na continuaron en una senda de crecimiento, a tal punto de que a lo largo de la década se sumaron más países latinoamericanos al reconocimiento de “una sola china”: Ecuador (1980), Colombia (1980), Antigua y Barbuda (1983), Bolivia (1985), Granada (1985), Uruguay (1988), Bahamas (1997) y, final - mente, Santa Lucía en 1997 (Xu, 2010).

3. Relaciones bilaterales a partir del retorno de la democracia en Argen - tina (1983-2008)

En 1983 regresó la democracia a Argentina, con la asunción de Raúl Alfonsín el 10 de diciembre de ese año. Los vínculos entre Argentina y China conti - nuaron desarrollándose cada vez con mayor intercambio. Al año siguiente, el canciller Wu Xueqian realizó una visita oficial a Argentina, mientas que en 1985 lo hizo el primer ministro chino Zhao Ziyang, ambas retribuidas por el canciller Dante Caputo y el presidente Alfonsín, en 1985 y 1988 respecti - vamente; en este período se duplicaron los convenios firmados desde 1972 (Malena, 2010).

Tras el aislamiento internacional de la dictadura producto de las sistemáticas violaciones a los derechos humanos y de la guerra de Malvinas en 1982, la

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política exterior del gobierno de la Unión Cívica Radical tenía como prin - cipal objetivo reinsertar a la Argentina en el escenario internacional. En ese sentido, el presidente calificó a Argentina como una “Nación democrática, en desarrollo y no alineada” (Tulchin, 1990, p. 289). Alfonsín fue el primer presidente democrático de Argentina en visitar Beijing durante su mandato, entre el 13 y el 16 de mayo de 1988 (Jinglun, 1989), allí se reunió con su ho - mólogo Yang Shangkun y con Deng Xiapoing, quien se desempeñaba como presidente de la Comisión Militar Central y declaró que tanto China como Argentina pertenecían al Tercer Mundo y eran parte de la mayor fuerza para la paz global (Zhu, 2012).

El gobierno radical implementó una política socialdemócrata, lo que con - tribuyó a insertar las relaciones entre Argentina y China en el marco de la cooperación sur-sur entre países en vías de desarrollo. Además de lo guber - namental, la UCR y el PCCh también establecieron relaciones oficiales y se crearon grupos de amistad sino-argentinos (Oviedo, 2000). De acuerdo con Oviedo (2000), durante este período, las coincidencias entre las posicio - nes de ambos gobiernos sobre cuestiones internacionales superaban el 80% de las votaciones en los organismos internacionales. El gobierno argentino, además, apoyó a China en su ingreso al Sistema del Tratado Antártico y el establecimiento de dos bases destinadas a investigaciones en la Antártida. También apoyó la demanda de soberanía china sobre las islas Nansha y el Mar del Sur de China, mientras que en lo referido a la cuestión del Tibet o a las violaciones de derechos humanos tras los acontecimientos de la Plaza de Tiananmen, el gobierno argentino sostuvo una política de no intervención, mientras que China se manifestó a favor de la Argentina en su reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas (Oviedo, 2000).

Durante la década de los 90, la relación entre los países latinoamericanos y China evolucionó significativamente, con el logro de un desarrollo integral y sostenible. El número de países de la región que mantenían relaciones diplo - máticas con China ascendió a diecinueve (Xu, 2010). Durante estos años se aprecia una profundización en los vínculos bilaterales en lo que respecta a las relaciones políticas, económicas y culturales. Estas mostraron un particular dinamismo durante el período, alentado por el contexto de globalización y estrategias convergentes referidas a tanto a la apertura económica como a la liberación comercial a nivel internacional (Cesarín, 2010).

En consonancia con la expansión comercial, también hubo diversas reformas en el sector industrial chino coincidentes con procesos sobre reformulación del Estado, así como de la apertura externa en sintonía con los postulados del

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Consenso de Washington y con el Consenso de Beijing (Zhang, 1996). Tan - to la expansión comercial como la diversificación de la agenda bilateral en materia cultural, científica-tecnológica y financiera fueron los factores que impusieron una dinámica en la relación sostenida por las periódicas visitas de representantes gubernamentales. Durante esta época, además, el apoyo brindado por China fue un factor de importancia durante las negociaciones entre Argentina y Gran Bretaña, cuyo fin era reconstruir los vínculos diplo - máticos, tras el conflicto de 1982 (Oviedo, 2000).

Entre los días 26 y 29 de mayo de 1990, Yang Shangkun realizó una visita a Argentina, allí se firmó un “Canje de Notas”, en el que se otorgaron visas di - plomáticas y oficiales a diversos funcionarios destinados a la representación diplomática y consular, el cual fue firmado el 28 de mayo de 1990 (Malena, 2010). La relación bilateral durante la década de los 90 estuvo marcada por el desempeño de los sectores empresariales, tanto estatales como privados, en atención a las nuevas oportunidades en las áreas comerciales, financieras y de inversión, provistas por procesos de apertura económica tanto en China como en Argentina. De igual manera destacó el papel de actores no estatales como algunos partidos políticos, asociaciones culturales, institutos de ense - ñanza y universidades, que empezaron a entretejer los vínculos bilaterales.

4. Ingreso de la RPCh a la Organización Mundial del Comercio

El gobierno argentino apoyó el ingreso de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 1995 en el segundo viaje del presidente Carlos Me - nem a Beijing; posteriormente, se alcanzó un compromiso en marzo de 2000 durante el mandato del presidente Fernando De La Rúa, cuando se suscribió el acuerdo bilateral para su admisión a dicho organismo internacional (Oliva, 2002). En 2001, la incorporación de China a la OMC representó un gran hito para la economía mundial ya que, a partir de ese momento, China comenzó a adquirir un nuevo rol internacional (Oviedo, 2005). Previamente, en las décadas de 1980 y 1990, la estrategia de la diplomacia china comenzó a cam - biar, en busca de desarrollar lazos comerciales y políticos con otros Estados emergentes, más allá de las diferencias ideológicas. En este contexto, fue importante el diálogo con las mayores economías latinoamericanas: Brasil, México y Argentina.

Entre mediados de la década de 1990 y principios de la de los 2000, tanto las relaciones políticas cómo los vínculos económicos y culturales reflejan un particular dinamismo alentado por el contexto de globalización y estrategias

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convergentes sobre apertura económica y liberalización comercial que se es - taba atravesando a nivel global (Oviedo, 2007). Durante el mismo período, los países de América Latina plantearon una relación con China con un claro perfil comercial, y en ese marco hubo un incremento del comercio bilateral durante toda la década. Hacia fines de la década de 1990, los Estados de la región implementaron ajustes en su política exterior, se propuso la liberaliza - ción y apertura pragmática centrada en la atracción de inversión extranjera y el desarrollo de relaciones con potencias emergentes como la RPCh. En esta época, a su vez, China estaba fortaleciendo la reforma y apertura que conso - lidaría a principios de la década de los 2000 (Cui y Zhng, 2018).

La incorporación de China a la OMC, al mismo tiempo que se producía la crisis política, económica y financiera que atravesó la Argentina en el año 2001, contribuyó a acelerar la profundización de las relaciones bilaterales al mismo tiempo que dejó sentadas las bases para una mayor relación bilateral en el corto plazo. La devaluación argentina de febrero de 2002, posterior a la crisis, alteró la balanza comercial argentina y, en ese contexto, China – que no poseía bonos de la deuda externa argentina– apoyó al país en las negocia - ciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Amediados del 2002, el canciller chino Tang Jiaxuan efectuó una visita oficial a Argentina, momento en el que se reunió con el entonces presidente Eduardo Duhalde y su canciller Carlos Ruckauf (Oviedo, 2007).

5. Reconocimiento de la RPCh como economía de mercado por parte de Argentina

En el marco planteado anteriormente, la relación comercial de China con América Latina en general, y con Argentina en particular, dio un paso más en 2004, cuando el gigante asiático fue reconocido como economía de mercado por los países de la región. Esto se produjo luego de la gira por la región del mandatario chino Hu Jintao en ocasión de la Cumbre del Foro de Coopera - ción Asía-Pacifico (APEC); con el objetivo de lograr ese reconocimiento, allí, Hu confirmó el interés inversor chino a nivel local en sectores estraté - gicos como lo son los ferrocarriles, telecomunicaciones, puertos, carreteras, hidrocarburos y minería (Oviedo, 2005).

Néstor Kirchner visitó China ese mismo año y fue el único país al que viajó durante sus primeros tres años de mandato (Oliva, 2017). La relación bilate - ral adquirió un estatus de cada vez mayor importancia debido a que la sinto - nía político-ideológica entre los gobiernos de centroizquierda predominantes

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en la región, contribuían a la inserción de China en América Latina, al haber una interferencia menor de los Estados Unidos ante su creciente influencia en la región (Cesarín, 2022)

Durante este período, las relaciones entre China y Argentina no fueron ajenas a los cambios producidos en el escenario de poder internacional, a las diná - micas políticas internas, al establecimiento de alianzas regionales-subregio - nales y, particularmente, a los intereses económicos como consecuencia de la apertura de China al mundo y a su posición de potencia emergente, así como también al interés argentino en acceder al mercado chino (Cesarin, 2015). En 2004, ambos países establecieron una Asociación Estratégica Integral. La re - lación comenzó un proceso de fortalecimiento, no solo por esto y por las sen - das visitas protocolares de sus mandatarios, sino también por el incremento en las exportaciones argentinas de soja hacia China al mismo tiempo que se producía un importante aumento en las importaciones desde el país asiático y un flujo de inversiones orientadas a los sectores de los ferrocarriles, hierro, petróleo y soja (Laufer, 2009).

Con la llegada del nuevo siglo, los flujos de comercio bilateral se multiplica - ron por cuatro y pasaron de ser 2.000 millones de US$ en el año 2000 a casi 9.000 millones de US$ en tan solo siete años; las exportaciones se expandie - ron a un ritmo mayor que las importaciones. En 2006, el papel de China en las exportaciones argentinas totales alcanzó la cifra de 7.5%, lo que convirtió al gigante asiático en el cuarto mercado de destino para las exportaciones argentinas (Bouzas, 2010). Por otro lado, en lo que respecta a las importa - ciones, China se transformó en el tercer principal proveedor de bienes de Argentina, lo que lo llevó a posicionarse con un 9% en las importaciones totales del país sudamericano. Como contraste de las cifras anteriormente mencionadas, se tienen los valores que había a principios de la década: en el campo de exportaciones China representaba tan solo el 3% del mercado para los productos argentinos, mientras que en importaciones era una cifra de 4.6% del total de importaciones argentinas (Bouzas, 2010).

El aumento de la participación de China como mercado de destino para las exportaciones argentinas se logró a expensas de las ventas alcanzadas por el Mercosur, cuyo papel en las exportaciones totales argentinas disminuyó en 10 puntos porcentuales. En lo que a las importaciones respecta, el crecimien - to en la participación de China tuvo lugar a expensas de los países desarrolla - dos, puesto que el Mercosur, principalmente Brasil, también aumentó expo - nencialmente su participación en el mercado argentino de importaciones. El creciente desarrollo de las exportaciones de Argentina a China se concentró

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en una buena cantidad de productos dentro de los cuales destacaron los pro - ductos pertenecientes al complejo oleaginoso (60%), petróleo (25%) y cue - ros (4%). Es pertinente mencionar que solamente los porotos de soja consti - tuyen el 41% de las exportaciones argentinas a China (Paolini et al., 2022). El punto de quiebre con el que el gobierno chino desplegó la política de acer - camiento hacia la región se encuentra desarrollado en el primer Libro Blanco de la política exterior para América Latina, publicado por Beijing a finales de 2008. La base de este reside en la cooperación que la RPCh decide tener hacia América Latina (Malena, 2013). En él se resaltan los cinco principios funda - mentales que busca China en su relación con América Latina: la coexistencia pacífica, la igualdad, el beneficio recíproco –un ganar-ganar– el desarrollo compartido, la confianza, el aprendizaje mutuo y la amistad. En este sentido, privilegia cuatro áreas para la cooperación: la esfera política, la cultural-so - cial, la seguridad-justicia y, particularmente, la económica (Giusto, 2016). En 2008, a su vez, se produjo la crisis financiera global, que representó para China un punto de inflexión respecto de su rol a nivel mundial. Esto no afectó las relaciones con los países latinoamericanos, sino que las profundizó: en 2009, el año donde la crisis tuvo su mayor impacto (Baroni y Barzola, 2018), las exportaciones desde América Latina con destino a Estados Unidos dismi - nuyeron un 26%, a Europa un 29%, mientras que a Asia lo hicieron apenas un 4%. Sin embargo, hacia China, crecieron un 11% (CEPAL, 2011).

6. Los gobiernos de Cristina Kirchner (2007-2015)

En 2006-2007, la tasa de ganancia experimentó un aumento del 16.6% en la región sobre el capital circulante, mientras que la inversión interna creció anualmente un 35%. Sin embargo, en julio de 2008, la producción industrial comenzó a estancarse debido a la disminución de las exportaciones netas y la desaceleración de la inversión extranjera. Uno de los sectores industriales más afectados fue la industria automotriz (Féliz, 2011). Las exportaciones netas disminuyeron un 1.3% en ese año y a principios de 2009, lo que tuvo un impacto negativo en la rentabilidad global del capital. Para julio de 2009, la disminución alcanzó el 30.2% en comparación con julio de 2008. Es relevan - te señalar que las importaciones también experimentaron una fuerte caída en 2009, con una disminución del 40.8%, lo que coincidió con la disminución de las ventas externas, los precios y las cantidades. Además, la inversión bru - ta fija cayó alrededor del 17.8% en el primer trimestre de 2009 (Féliz, 2011).

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En este contexto, China desempeñó un papel crucial como “economía-mer - cado sostén” (Cesarín, 2010), especialmente en lo que respecta a la creciente demanda de materias primas. Durante la crisis financiera internacional de 2008, China actuó como moderador ante la caída de la demanda global de productos básicos, lo que benefició a Argentina. La cooperación financiera adquirió un papel fundamental con la firma del Acuerdo de swap entre el Banco Central de Argentina (BCRA) y el Banco Popular de China por un monto de 10.000 millones de US$. Esto contribuyó a la reconfiguración de la arquitectura financiera internacional, especialmente en el marco del G-20, y planteó la posibilidad de desplazar al dólar estadounidense como unidad de cuenta en el comercio internacional (Cesarín, 2010).

En el ámbito de las exportaciones, los productos que siguieron siendo comer - cializados en el mercado internacional estaban principalmente dirigidos a China. Los principales productos incluían aquellos del complejo oleaginoso, con énfasis en los derivados de la soja, como los porotos en bruto. A conti - nuación, se encontraban los complejos petroquímicos, el sector cerealero, los complejos animales, como los bovinos, y finalmente, el sector automotriz (TradeMap, 2024). Como se mencionó anteriormente, el sector automotriz fue el más afectado durante la crisis de estos añ os.

En 2009, la relación comercial entre Argentina y la RPCh experimentó una ligera disminución en el intercambio comercial, con Chile y Estados Unidos como los principales destinos de las exportaciones argentinas. Las exporta - ciones a China en 2009 estuvieron dominadas por los productos del complejo oleaginoso, con la soja como líder, seguida por el complejo cerealero que incluye productos derivados del maíz, trigo y arroz, el sector automotriz, el petrolero-petroquímico y el sector ganadero (TradeMap, 2024). Además, varias empresas chinas realizaron inversiones significativas en diversos sec - tores, como pesca, electrónica, telecomunicaciones, servicios y minería. Un ejemplo es la empresa China Metallurgical Group Corporation (MCC), que invirtió en la recuperación del complejo de hierro en Sierra Grande. También hay empresas como Huawei, TLC y ZTE, que operan plantas de ensamblaje en el sur de Argentina (Cesarin, 2010).

Después de la crisis de 2008 y 2009, el gobierno argentino tuvo que imple - mentar una serie de medidas para el autofinanciamiento, centrándose en el consumo y la inversión interna. Estas políticas llevaron a un crecimiento anual del PBI del 8% al 9%. En 2010, el crecimiento del PBI alcanzó un impresionante 9.2%, superando el promedio regional (Aysen, 2014). Durante este período, el valor nominal de las exportaciones en sectores como la agri -

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cultura continuó representando el 3.7% del PBI, lo que coincidió con el auge de los productos básicos. Según las cifras de este período, la industria manu - facturera, especialmente la de alimentos, bebidas y productos derivados del tabaco, así como la fabricación industrial, constituyeron la mayor parte del PBI (TradeMap, 2024).

En cuanto a la relación comercial con China, desde la crisis de 2009 se ob - servó un desequilibrio en el que las importaciones seguían una tendencia creciente, mientras que las exportaciones permanecían estancadas, lo que resultó en un déficit comercial bilateral argentino con la RPCh. Entre las exportaciones a China durante este período, destacaron los productos de soja, mientras que otras exportaciones experimentaron variaciones significativas en sus niveles de participación (INDEC, 2024).

Para 2010 las principales exportaciones argentinas el complejo oleaginoso fue el mayor, seguido del complejo automotriz, el complejo petroquímico y petrolero, el complejo cerealero y por último el complejo del origen bovino. La economía creció a una tasa anual de 8.6% hasta el segundo trimestre de 2011, en línea con lo que el Fondo Monetario Internacional predijo para todo ese año (FMI, 2011). Argentina logró alcanzar las cifras económicas que te - nía antes de la crisis de 2008. Es importante mencionar que esta recupera - ción y crecimiento acelerado fue posible sin la intervención de instituciones acreedoras internacionales, contrario a lo que había sucedido en recesiones como la del año 2002, en la que FMI presionó al gobierno argentino para que le pagara más a los acreedores internacionales a los que se había negado pagar (Brenta y Larralde, 2018).

El rápido crecimiento de Argentina después de la recesión de 2008 y 2009 fue catalogado por diversos expertos como el resultado de un nuevo boom de commodities, impulsado por los altos precios de las exportaciones agrícolas como la soja; sin embargo, ante este crecimiento hubo otros factores que también fueron muy importantes como lo fue el consumo e inversión (Miran - da, 2015). Se llevaron a cabo una serie de políticas del tipo Crecimiento Ha - cia Adentro, lo que representó un 45.4 de puntos porcentuales de crecimiento respectivamente (CEPAL, 2011).

Las exportaciones disminuyeron durante la recuperación económica poste - rior a la recesión de 2008 (Miranda, 2015). No obstante, durante este añ o, China siguió posicionado en el segundo lugar de los socios comerciales de Argentina, con un aporte de 6.000 millones de US$ en el consumo de exporta - ciones (INDEC, 2024). Dentro de estas se encontraban productos proceden -

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tes del complejo oleaginoso, encabezados por aquellos derivados de la soja; después de este se encuentra el complejo automotriz, ya que se importaron una gran cantidad de partes de automóviles. El complejo cerealero también fue de los principales bienes consumidos, principalmente aquellos productos hechos y derivados del maíz, del trigo y de otro tipo de cereales. Del mis - mo modo el complejo petroquímico se posicionó dentro de los principales productos exportados, con el petróleo en primer lugar seguido del gas natural (TradeMap, 2024).

Aunque en los años anteriores, el crecimiento real del PIB fue de 5% en el primer trimestre de 2012, el PIB se estancó y alcanzó una tasa del crecimiento solo del 2.4% con respecto del año anterior (INDEC, 2024).Apesar de que las finanzas públicas habían mostrado un superávit en los años consiguientes de la crisis, este se deterioró entre 2011 y 2012.Argentina logró mantenerse en un sistema de tipo de cambio flotante administrado, no obstante, la aceleración del crecimiento de la inflación se tornó en motivo de preocupación, aunque esto no pareció reflejarse plenamente en los datos oficiales (Bejarano, 2024). Mientras las políticas destinadas a estabilizar el precio de los productos ex - portables en el mercado interno aplicaban derechos para moderar su valor, la política de importaciones buscaba desincentivar estas últimas, encareciendo así los bienes importados y contribuyendo a una mayor presión inflaciona - ria (WTO, 2012). En cuanto a las exportaciones argentinas con destino al gigante asiático, destacan principalmente los sectores oleaginoso, cerealero, automotriz y petroquímico (TradeMap, 2024).En lo referido a otros aspec - tos de la relación con China, en septiembre de 2013 tuvo lugar uno de los acontecimientos más importantes para la relación sino-argentina. Durante la Cumbre del G-20, que fue llevada a cabo en San Petersburgo, los presidentes de ambos países aprovecharon la ocasión para suscribir tres documentos di - rigidos a la profundización de la Asociación Estratégica Integral entre ambas naciones (Schulz, 2022). Es entonces cuando se materializa la instauración de la Comisión Binacional Permanente y la elaboración del Plan de Acción Conjunta para el periodo de 2014-2018, así como el establecimiento del Me - canismo de Diálogo Económico (Busilli, 2020). Aunado a este suceso, se concretó la firma de una serie de convenios bilaterales de gran importancia para los países, así como para la opinión pública (Schulz, 2022).

Dentro de los temas expuestos por el presidente chino, Xi Jinping, para el año 2014 se encontraban convenios de cooperación en materia económi - ca, comercial, financiera, nuclear y cultural. De igual manera se incluyó el financiamiento por parte de la RPCh por una cantidad de 4.714 millo -

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nes de US$ para la construcción de represas, así como también hubo una consolidación de un entendimiento entre los bancos centrales de ambos países para acordar un swap de monedas locales por un monto equiva - lente a 11 millones de US$ y con un plazo de vigencia de 3 años (Schulz, 2022). Estos cambios se hicieron con el objetivo de fortalecer el nivel de reservas argentinas y potenciar el intercambio bilateral (Teruggi, 2022). Ese año, las exportaciones argentinas hacia China representaron el 59,4 % de las ventas totales dirigidas a Asia y el 28,8 % de las compras realizadas por dicho continente. De esta manera, China se consolidó como un socio clave para el comercio exterior argentino. En este período, las ventas estuvieron lideradas por el complejo oleaginoso —incluyendo todos los productos deri - vados de la soja y aceites—, seguido por el complejo automotriz —vehículos particulares, de carga y autopartes—, y en tercer lugar por el complejo cerea - lero —principalmente maíz, trigo y arroz—. Se estima que las exportaciones argentinas hacia el gigante asiático alcanzaron los 5.512 millones de dólares estadounidenses, equivalentes al 7,26 % del total de los países asociados (Banco Mundial, 2015). En cuanto a las importaciones procedentes de China, su valor ascendió a 11.312 millones de dólares, lo que representó el 15,20 % del total de las compras a los países asociados.

En 2014, durante la administración de Cristina Fernández de Kirchner, se registró un pico en la inversión china. Este fenómeno se encuentra relacio - nado con la renovación de un préstamo significativo destinado a fomentar el crecimiento del sector exportador argentino, lo que pone en evidencia la prioridad de China en apoyar áreas estratégicas para el desarrollo económico del país sudamericano (Treacy, 2021). De manera similar, el año 2018, bajo el gobierno de Macri, se destaca como otro período de alta inversión china. Este hecho desafía la noción de que las inversiones extranjeras pueden estar sesgadas por afinidades políticas, ya que ocurrió durante una administración de signo político diferente (Bejarano, 2024). Estos hallazgos sugieren que la RPCh mantiene una estrategia de inversión consistente y basada en conside - raciones económicas y estratégicas más que en preferencias polí ticas.

7. Relaciones durante el gobierno de Mauricio Macri (2015-2019)

En 2015 con la llegada de Mauricio Macri a la presidencia hubo un conse - cuente cambio de signo político e ideológico. El nuevo gobierno partía de la premisa de que el kirchnerismo había “aislado del mundo” al país y que había llevado adelante una política exterior de “confrontación” (Lin, 2017).

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En el ámbito de las relaciones exteriores las propuestas del gobierno sobre política exterior, inserción internacional y modelo de desarrollo se enmarcan dentro de una lectura “optimista” sobre la globalización. En ese contexto, se reorientaron las políticas de “inserción internacional” y hubo un cambio drástico en el modelo de desarrollo (Busso y Barreto, 2020). Sin embargo, la relación con China continuó siendo prioritaria como un socio estratégico, posteriormente esto se evidenció en la diversidad de acuerdos firmados entre ambos países (Corigliano, 2018).

Ante la creación y ratificación de estos acuerdos bilaterales considerados “sensibles”, se inició un debate encabezado por la necesidad de “revisar y acotar” los pactos firmados por el gobierno, con esto se llegó a poner en duda la continuidad de dichos acuerdos. Sin embargo, ante la creciente iniciativa del gobierno por diversificar las relaciones exteriores, que se encontraban estancadas debido a los pocos socios, también se hacía cierta alusión al caso chino. A lo ya mencionado se sumó el hundimiento de un barco pesquero chino que se encontraba en aguas territoriales pertenecientes a Argentina, lo que generó tensiones entre los países (Oliva, 2017).

En cuanto a los recursos, en los últimos años la política exterior del gigante asiático orientó su mirada a los países ricos en recursos para lograr la ex - ploración y suministros. El primer encuentro presidencial entre Macri y Xi se llevó a cabo dentro del marco de la Cumbre de Seguridad Nuclear que tuvo lugar en Washington en abril de 2016. Fue entonces cuando se lleva - ron a cabo conversaciones referidas al área de energía, a pesar de que el gobierno argentino sostuvo que veía los acuerdos razonablemente bien, se acordó la reducción de las turbinas de las represas con el fin de disminuir el impacto ambiental, así como la reducción del presupuesto asignado para la construcción de estas. Sumado a esto, Argentina aseguró la continuidad de la construcción del proyecto de centrales nucleares. A su vez, se establecieron pautas para revisar los acuerdos y mantener una hoja de ruta con vistas al encuentro bilateral que se llevaría a cabo dentro del marco de la reunión del G20 que tendría lugar en China (Oliva, 2017).

En mayo de 2017 los presidentes de ambos países se reunieron en diferentes oportunidades en el marco del foro Una Franja y Una Ruta para la Coopera - ción Internacional, en el que Argentina fue invitada a participar, aunque aún no como Estado miembro. Como resultado de dicha reunión, las partes sus - cribieron 21 acuerdos bilaterales sobre temas pertinentes como la educación, transporte, fútbol, cultura, infraestructura, agricultura, agroindustria y ener - gías renovables. Parte de los convenios más importantes fueron el acuerdo

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de facilitación de visas, con la finalidad de incrementar el turismo chino y el contrato general para las plantas nucleares Atucha IV y V, con la incorporación de una nueva planta nuclear a las dos previamente pactadas con el gigante asiático (Miguez, 2016). El gobierno de ese momento realizó un reconoci - miento implícito a China por su desenvolvimiento como economía de mer - cado. Dicho reconocimiento fue posterior a la visita presidencial de mayo de 2017 y fue otorgado por la Secretaría de Comercio que comenzó a utilizar los precios internos de China como referente para corroborar algunos supuestos casos de dumping. Posteriormente el canciller confirmó la posición argentina al llamar a China una economía de mercado (Oliva, 2017).

En diciembre de 2018, la RPCh recibió una invitación por parte del presi - dente Macri para participar en la Cumbre del G20 que se llevó a cabo en Buenos Aires. Se aprovechó la ocasión para realizar una Visita de Estado a la República Argentina, durante la cual los mandatarios sostuvieron un diá - logo referido a la agenda bilateral y sobre temas de importancia regional e internacional. Se acordó continuar trabajando en la Asociación Estratégica Integral, cuyo buen funcionamiento está basado en principios de igualdad, mutuo beneficio y ganancias compartidas (Ministerio de Relaciones Exterio - res, Comercio Internacional y Culto Argentina, 2018c). Asimismo, la parte argentina expresó su agradecimiento por el constante apoyo de China a los esfuerzos argentinos en respaldo de la estabilidad financiera y económica del país.

Se llegó al acuerdo de que ambos países seguirán profundizando en la coo - peración fiscal y financiera, con la ampliación de la liquidación en moneda nacional en el comercio y las inversiones bilaterales, con tal de animar a dis - tintas instituciones financieras a establecer sucursales en la otra parte, brin - dando apoyo y servicios financieros a los proyectos en común (Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina, 2018a). Del mismo modo, ambas partes acordaron evaluar positivamente el papel de la Comi - sión Binacional Permanente y el Mecanismo de Diálogo Estratégico para Cooperación y la Coordinación Económica, DECCE, y en la promoción de cooperación bilateral. También se firmó el Plan de Acción Conjunta entre el Gobierno de la RPCh y el Gobierno de la República Argentina (2019-2023), que se constituye en un programa de acción que guiará el intercambio y la cooperación bilateral en todas las áreas para dicho periodo de tiempo (Mi - nisterio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina, 2018c). Como conclusión de esta visita ambas Partes acordaron hacer esfuerzos para promover el crecimiento equilibrado del comercio bilateral, para que esto sea

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posible se aseguró la cooperación en materia de inspección de calidad, así como ampliar la cooperación en comercio electrónico y facilitación para el comercio. Se reafirmó lo ya pactado en cuanto al intercambio y cooperación en áreas como cultura, educación, turismo, ambiente, tecnología, ciencia, deportes y prensa. La parte china afirmó el incremento de becas ofrecidas a la parte argentina, promoviendo los intercambios estudiantiles entre am - bas partes, con el fin de aumentar constantemente el conocimiento mutuo, incluso se analizará la factibilidad de llevar a cabo Años Culturales entre dichos países (Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina, 2018). La estrecha vinculación entre Argentina y China quedó reflejada en el in - tercambio constante entre ambas naciones. A fines de abril de 2019, el en - tonces ministro de Relaciones Exteriores argentino visitó China y destacó la amplitud de la Asociación Estratégica Integral, que comprende múltiples áreas de cooperación. Durante su estadía, remarcó la importancia de impul - sar iniciativas que fortalezcan los vínculos políticos y económicos bilatera - les. Asimismo, participó en encuentros con representantes del II Foro de la Franja y la Ruta (OBOR), iniciativa orientada a promover la cooperación y la conectividad a escala global (Ministerio de Relaciones Exteriores, 2019). La participación de Argentina en este foro representa una oportunidad de gran importancia, si se considera el papel significativo que desempeña China en el escenario mundial actual y la envergadura de este proyecto que invo - lucra a numerosos países y obras de infraestructura destinadas a facilitar los flujos comerciales. El canciller argentino expresó la creencia en la capacidad de Argentina para aportar de manera significativa a este proyecto, basándose en su experiencia en integración y recursos humanos altamente capacitados. El enfoque de Argentina en estos proyectos de cooperación incluye la trans - ferencia de tecnología y esfuerzos destinados a reducir costos y burocracia para aumentar la competitividad. El canciller enfatizó la importancia de equi - librar el comercio, especialmente con China, dado el déficit en la balanza comercial. Estos esfuerzos reflejan el compromiso de Argentina en aprove - char las oportunidades que surgen de su relación estratégica con China en beneficio de su economía y desarrollo (Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina, 2019).

En esta reunión se destacó que la importancia de Una Franja y Una Ruta para la Cooperación Internacional refiere a que es un proyecto que comprende dos grandes rutas basadas en la antigua Ruta de la Seda: una por tierra y la otra por mar, y es una iniciativa del presidente chino en el año 2013. Se ratificaron las oportunidades brindadas a China por parte de Argentina en sectores de

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relevancia como el de la energía nuclear, sector espacial y de astrofísica, mi - nería, energías renovables, infraestructura ferroviaria, vial, entre otros rubros (Malagamba et al, 2019). El jefe diplomático argentino resaltó la importancia de la conectividad física del corredor bioceánico que permite el transporte eficiente de productos entre diversos países latinoamericanos como lo son Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay, así como la conectividad con Chile por medio de pasos y túneles; esto se mencionó con la intención de resaltar que el relieve permite conectar a las personas, así como promocionar las ense - ñanzas de la lengua y cultura argentina.

Durante el mes de septiembre, después del trabajo en conjunto entre los Mi - nisterios de Agricultura, Ganadería y Pesca, así como el de Relaciones Ex - teriores y Culto, de la mano de la embajada argentina en China, se anunció formalmente el acuerdo con la RPCh para la apertura del mercado de la ha - rina de soja (Malagamba et al., 2019). Durante ese año, todos los productos derivados de la soja presentaron un incremento exponencial. Por su parte, la exportación de productos provenientes de sectores como el cerealero, que en este año presentó un aporte al PBI del país con una cantidad de 10.076 millo - nes de US$. Seguido de este se encuentra el sector automotriz, con una gran demanda externa de productos como vehículos de uso individual, así como de transporte y autopartes (TradeMap, 2024).

8. El período Fernández: entre la pandemia y el ingreso a la Franja y la Ruta (2019-2023)

Tras el regreso del peronismo al poder, con el presidente Alberto Fernández, las relaciones entre Argentina y China se continuaron profundizando, con las particularidades del período. En enero de 2021, el Consejo de Estado de la RPCh publicó el documento Cooperación internacional para el desarrollo de China en la Nueva Era (Consejo de Estado RPCh, 2021).

Como resultado de los esfuerzos puestos por ambos gobiernos, en 2021, las exportaciones de las PyMEs a China registraron un total de 1.296 millones de US$, lo que representó un incremento interanual del 18%. Esto fue produ - cido por las 452 MiPyMEs que fungieron como empresas exportadoras para China (Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Argentina, 2022). Es importante mencionar que también hay diversas inversiones y aportaciones económicas de China en distintos sectores como lo son el sector turístico y el sector de transportes.

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El 19 de febrero de 2022 se conmemoraron los 50 años de la normalización de relaciones diplomáticas entre la RPCh y la República Argentina. Es así como se inauguró el Año de Amistad y Cooperación Argentina-China 2022, a lo largo del cual se llevaron a cabo diversas actividades conmemorativas para destacar el suceso. Como parte de la celebración, se hizo un intercambio de notas entre los jefes de Estado en las que se reafirmaron los consensos alcan - zados con respecto de cómo profundizar la Asociación Estratégica Integral, que es el instrumento que enmarcó las relaciones bilaterales desde el año 2014. En su misiva, el presidente chino Xi Jinping expresó su disposición para subir nuevos peldaños en la cooperación argentina-chino, en beneficio de ambos países y pueblos. Por su parte, el presidente Alberto Fernández expresó su expectativa en los resultados que arrojará la profundización de los diferentes mecanismos de cooperación entre los gobiernos y pueblos (Minis - terio de Relaciones Exteriores y Culto de Argentina, 2022).

Durante los últimos años la cooperación bilateral se incrementó en distin - tos ámbitos como la salud, comercio, inversiones, infraestructura, energía, agroindustria, finanzas, minería, ciencia, tecnología, cooperación espacial, cultura, educación y deportes. Del mismo modo China es actualmente socio comercial extra-MERCOSUR más importante y se espera que los vínculos bilaterales se expandan a nuevos sectores de interés a partir del gran poten - cial que existe (Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Argentina, 2022). En lo que respecta al sector exportador en 2022 se recuperó increíble - mente de la caída que había sufrido en 2020 y 2021 a causa de la emergencia sanitaria del COVID-19.

En febrero del 2022, Argentina firmó el ingreso a la Belt and Road Initati - ve (BRI), un ejemplo de la diplomacia económica china, conocida también como la Iniciativa de la Franja y la Ruta o Nueva Ruta de la Seda, lanzada en el año 2013 (Dussel Peters, 2023). La adhesión de Argentina a la BRI se produjo luego de una cumbre entre el canciller argentino Santiago Cafiero y el presidente de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de la RPCh He Lifeng (Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Ar - gentina, 2022). La adhesión a la BRI representa una mayor integración eco - nómica entre ambos países, con la potencialidad de abrir oportunidades en áreas como transporte, logística y desarrollo de infraestructura. Allí, en el marco de ese acuerdo, a su vez, se establecieron inversiones por parte de Beijing para obras de infraestructura estratégica en Argentina que superan los 23.000 millones de US$ (Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina, 2022).

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Previamente a la firma del acuerdo por la BRI, las inversiones chinas en infraestructura energética contribuyeron significativamente al sector energé - tico. La inversión china en proyectos de infraestructura también mejoraron la conectividad y eficiencia logística en Argentina, lo que marcó un avance importante en términos de desarrollo (López, 2022). Desde una perspecti - va más amplia, se observan iniciativas sino-argentinas focalizadas en áreas como la astronomía, la tecnología aeroespacial, las energías renovables, la tecnología nuclear y las tecnologías de la información y la comunicación, todo lo cual contribuye a la expansión de los ámbitos de cooperación de I+D (Teruggi, 2022).

9. Milei: ¿y ahora, qué?

Argentina fue invitada a unirse al bloque de BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en 2023 bajo el gobierno de Fernández, pero decidió no hacerlo tras el cambio de gobierno con Javier Milei, en lo que fue la primera decisión concreta en materia de política exterior por parte del gobierno liber - tario. Esto puede ser considerado como un error por varias razones: el 30% de las exportaciones argentinas se dirigen a países BRICS+. Brasil y China son sus dos principales socios, e India es el quinto. El gran problema de la política comercial argentina es el saldo deficitario, pero debido a la estructu - ra productiva, los lazos argentinos con los países BRICS+ son naturales, no ideológicos. Por ejemplo, Brasil, China e India en conjunto representan el 36% del comercio argentino, mientras que Estados Unidos y la Unión Euro - pea representan el 23% (TradeMap, 2024).

Esta decisión se alinea con las promesas de campaña de Milei, pero marca un notable cambio respecto a las políticas de la administración anterior. A pesar de las preocupaciones de que este movimiento podría obstaculizar la expansión de BRICS+, el grupo sigue prosperando con nuevos miembros como Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, y con un creciente interés de otras naciones del sur global. Sin embargo, la ausencia de Argentina representa una oportunidad perdida, especialmente dado sus graves problemas económicos, que incluyen una tasa de inflación cercana al 150% y el 40% de su población viviendo en la pobreza. BRICS+, que representa aproximadamente el 27% del PIB mundial y más del 60% de las reservas globales de petróleo y gas, ofrece oportunidades sustanciales de crecimiento económico y asociaciones estratégicas que Argentina podría haber aprovechado (Li & Steenhagen, 2024).

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Este cambio significativo en la política exterior de Argentina bajo el pre - sidente Milei podría tensar sus relaciones internacionales y la estabilidad interna, especialmente mientras el país lucha por equilibrar estrategias es - tatales a largo plazo con prioridades gubernamentales inmediatas. Si bien el presidente busca fortalecer los lazos con EE. UU., seguir el ejemplo de Brasil de mantener relaciones sólidas con EE. UU. mientras es miembro de BRICS podría haber sido ventajoso (Giaccaglia, 2024).

En septiembre de 2023 Milei cambió su posición respecto de Beijing; en una entrevista televisiva afirmó que “es un socio comercial muy interesante” porque “no piden nada a cambio, lo único que piden es que no los molesten” (Agencia EFE, 2024). Esto, junto al viaje de la canciller Diana Mondino en enero de 2025, podría destrabar los vínculos entre China y Argentina y vol - ver a retomar la senda de las relaciones como eran hasta el 10 de diciembre de 2023. Sin embargo, al momento de escribir este artículo, el mandato de Milei lleva apenas un año y es muy pronto para predecir cómo serán las rela - ciones bilaterales en el tiempo que venga.

Conclusiones

Este artículo ha examinado la evolución de las relaciones diplomáticas entre Argentina y la República Popular China (RPCh) desde 1972 hasta la actua - lidad, a la vez que ha destacado el papel de factores internos y externos que influyeron en su desarrollo. A lo largo de más de cinco décadas, la relación bilateral ha transitado por distintas etapas, marcadas por el contexto geopolí - tico global, la dinámica regional y los intereses estratégicos mutuos.

La normalización de los lazos diplomáticos en 1972 constituyó un hito fun - dacional. El reconocimiento argentino del principio de “una sola China” y la adhesión a los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica sentaron las bases para una relación estable, que fue consolidándose con el paso del tiempo. El vínculo bilateral se fortaleció especialmente en el terreno económico, donde el comercio desempeñó un papel central.

El crecimiento del comercio bilateral fue impulsado por varios factores, entre ellos, la adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, que facilitó el acceso de productos argentinos al mercado chino a través de la reducción de aranceles. Exportaciones clave como el aceite de soja, el maíz y la carne se beneficiaron de estas condiciones, lo que permitió a Argen - tina posicionarse como proveedor estratégico de alimentos y materias primas.

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Asimismo, la crisis económica argentina de 2001 y la posterior apertura de China hacia las economías emergentes ofrecieron una oportunidad para pro - fundizar los lazos. La visita del presidente Néstor Kirchner a China en 2004 y la declaración de una Asociación Estratégica bilateral marcaron el inicio de una etapa de mayor cooperación, y consolidaron a China como un socio comercial y financiero de creciente relevancia.

La crisis financiera global de 2008 fue otro punto de inflexión ya que llevó a ambas naciones a reforzar sus estrategias de diversificación y cooperación sur-sur. En ese contexto, la diplomacia económica china encontró en Argen - tina un terreno fértil para ampliar su influencia a través de inversiones, prés - tamos y proyectos de infraestructura.

En años recientes, sin embargo, se observa un giro en la política exterior argentina, especialmente bajo el gobierno de Javier Milei. La decisión de no adherir al bloque BRICS representa un cambio significativo en la orientación estratégica del país, al marcar un alejamiento del eje de cooperación con po - tencias emergentes como China. Esta elección, en lugar de abrir nuevas opor - tunidades, podría limitar el margen de maniobra internacional de Argentina y reducir su capacidad para equilibrar relaciones con actores globales clave. En contraste, modelos como el brasileño, que combinan vínculos sólidos con Estados Unidos y China al mismo tiempo que participan activamente en es - pacios como BRICS, ofrecen una alternativa más pragmática y beneficiosa. La continuidad de la relación sino-argentina dependerá, en gran medida, de la capacidad de ambos países para adaptarse a los cambios políticos y de mantener abiertos los canales de diálogo y cooperación, en un contexto inter - nacional cada vez más complejo.

En orden de proponer una reflexión crítica y prospectiva sobre la evolución de las relaciones sino-argentinas, es posible identificar tres elementos centra - les que surgen del análisis histórico. En primer lugar, persiste una asimetría estructural en el vínculo bilateral: a pesar de su fortalecimiento, la relación continúa basándose en un patrón centro-periferia, donde Argentina exporta bienes primarios y China bienes industriales o inversiones de alto valor estra - tégico. Esta dinámica plantea desafíos significativos para la diversificación de las exportaciones argentinas y para evitar una dependencia excesiva de sectores extractivos.

En segundo lugar, se observan oportunidades estratégicas desaprovechadas. La reciente decisión del gobierno de Javier Milei de no adherir al bloque

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BRICS puede interpretarse como una ocasión perdida para posicionar a Ar - gentina dentro de una arquitectura multipolar más equilibrada. En lugar de optar por un alineamiento rígido entre Washington y Beijing, una política exterior más pragmática, como la brasileña, permitiría maximizar beneficios manteniendo relaciones constructivas con ambos polos.

En tercer lugar, se destaca la necesidad urgente de definir una estrategia de largo plazo hacia China –y hacia Asia en general– que esté basada en inte - reses nacionales sostenidos y que incluya no solo comercio e inversiones, sino también cooperación tecnológica, educativa y científica. Una política exterior reactiva o ideologizada podría marginar al país de espacios claves para el desarrollo global.

En términos de agenda de investigación, resulta fundamental avanzar en es - tudios que analicen con mayor profundidad los mecanismos de influencia de China en América Latina, las respuestas institucionales de países como Ar - gentina y el impacto concreto de esta relación en el desarrollo nacional, más allá de los flujos comerciales. Asimismo, sería pertinente investigar compa - rativamente modelos alternativos de relacionamiento con China y evaluar su viabilidad en el caso argentino.

En suma, la historia reciente muestra que la relación sino-argentina ha sido funcional a los intereses de ambas partes, pero su sostenibilidad dependerá de la capacidad de Argentina para adoptar una visión estratégica, coherente y autónoma. Solo así podrá convertir el vínculo con China en una herramienta efectiva de desarrollo y no en una nueva forma de dependencia.

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