75
*
Doctora en Bioética y Profesora-Investigadora en la Cátedra UNESCO de la Facultad
de Jurisprudencia de la Università degli Studi di Camerino.
**
Doctora en Ciencias Sociales en la Università degli Studi di Camerino.
Código de referato: SP.177.XXXI/14
Hacia una definición de ‘complejo
coca-cocaína
Giovanna Ricci
*
María de los Ángeles Lasa
**
Resumen
El presente artículo se propone contribuir con una definición de comple-
jo coca-cocaína identificando sus notas características, a saber: su carác-
ter ilegal; la materia prima y sus productos finales (coca, clorhidrato de
cocaína y derivados); sus dimensiones fundamentales (producción, tráfi-
co y consumo); y los actores involucrados que intervienen, reactiva o
proactivamente, en la etapas de producción, tráfico y consumo de clorhi-
drato de cocaína, subproductos y derivados que contienen alcaloide de
cocaína. Con esta definición, hasta ahora ausente en la literatura especia-
lizada, este texto pretende subsanar una grave deficiencia teórica en los
estudios sobre drogas.
Palabras claves: Drogas – Coca – Cocaína – Complejo Coca-Cocaína –
América del Sur
Abstract
The purpose of this paper is to contribute with the concept of coca-
cocaine complex by identifying its main features, namely: its illicit
character; the raw material and its final products (coca, cocaine
STUDIA POLITICÆ Número 31 ~ primavera-verano 2013/2014
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
31 - primavera-verano 2013/2014
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STUDIA POLITICÆ
hydrochloride and derivatives); its fundamental dimensions (production,
traffic and consumption); and the actors that participate proactively or
reactively during the instances of production, trafficking and/or
consumption of the coca leaf, cocaine hydrochloride and derivatives
which contain cocaine alkaloid. By contributing with a concept absent in
the existing literature, this paper is intended to remedy a serious
deficiency in the theoretical studies of drugs.
Keywords: Drugs – Coca – Cocaine – Coca-Cocaine Complex – South
America
1. Introducción
I
ndustria y mercado son dos conceptos económicos recurrentemente
empleados en la literatura sobre la coca y el clorhidrato de cocaína
(Henkel, 1986; Lee, 1988; Andreas y Youngers, 1989; Dreyfus, 2002;
Thoumi, 2003; Mejía y Posada, 2010; Thoumi, 2012). A partir de ellos se
define a la producción y al tráfico de cocaína como dimensiones de una
elefantiásica industria ilegal, y al consumo de la misma como la curva de
demanda de un mercado que opera desde las sombras.
Si se analiza rápidamente, la perspectiva económica es insoslayable en la in-
dustria-mercado de la cocaína puesto que: (a) los grupos criminales organiza-
dos vinculados a su producción, tráfico y consumo buscan obtener —directa
o indirectamente— un beneficio financiero o material; (b) la industria de la
coca-cocaína genera puestos de trabajo (Lee, 1988: 89); (c) los narcotrafican-
tes blanquean sus capitales y los vuelcan en los circuitos económicos legales;
(d) el comercio internacional ilegal que genera el tráfico de cocaína asciende
a los miles de millones de dólares estadounidenses; y, entre otras cosas, (e) el
mercado de la cocaína ha generado una “burguesía económica ilegítima”
(Camacho Guizado, 1981: 98) —o ilegal— en países como Colombia y
Perú.
Sin embargo, si se examina el asunto con mayor detenimiento, se advierte
que el problema de la producción, tráfico y consumo de coca-cocaína no
solamente trae aparejados graves problemas políticos y sociales, sino que
también involucra a actores que no operan, necesariamente, guiados por
una lógica económica —los consumidores, por ejemplo, o los Estados—.
Por lo tanto, los conceptos de industria y mercado, en este sentido, resultan
deficientes.
Una excelente contribución para pensar en un concepto ampliado del asun-
to que nos ocupa fue la de Griffith (1997) en Drugs and Security in the
77
1
La traducción de la cita nos pertenece.
Caribbean: Sovereignty Under Siege. En dicho escrito, Griffith (1997: 2-3)
se refirió al “problema de las drogas” como “un dilema multidimensional
con cuatro áreas problemáticas: producción, consumo y abuso, tráfico y la-
vado de dinero”, y como un “dilema multifacético que posee ramificacio-
nes internas y externas, involucra a actores estatales y no estatales, y afecta
a todas las áreas de la existencia social”
1
. Esta definición sería óptima si
no fuese por el hecho de que la intención de este artículo no es pensar en
un concepto ampliado del problema de las drogas en general —sean éstas
de origen natural o sintético—, sino en un concepto ampliado de las di-
mensiones fundamentales de una droga en particular: el clorhidrato de co-
caína y sus derivados.
Con este propósito in mente, organizaremos el presente artículo como a
continuación se refiere. En primer lugar, aportaremos una definición de
complejo coca-cocaína; en segundo lugar, explicaremos su carácter ilegal y
distinguiremos la coca y el coqueo del clorhidrato de cocaína; finalmente, y
antes de las palabras de conclusión, desarrollaremos las dimensiones fun-
damentales de la definición (producción, tráfico, consumo y actores).
2. Complejo coca-cocaína
La historia sudamericana de las últimas décadas da cuenta de que el impac-
to socio-político y económico que ha tenido la producción, tráfico y consu-
mo de coca, clorhidrato de cocaína —CHCL de ahora en más— y sus deri-
vados, no es siquiera comparable a los problemas que pueden haber
generado otras drogas de origen natural (marihuana y adormidera-opio) o
sintético. Al respecto, atiéndanse las razones que siguen.
En primer lugar, el corazón productor del 100 % de coca y CHCL que se
comercia a nivel internacional está en Sudamérica —Colombia, Perú y Bo-
livia—. En segundo término, a diferencia de la marihuana —que puede ser
cultivada por su consumidor final—, la hoja de coca necesita un proceso
químico y numerosos intermediarios para convertirse en CHCL. En tercer
lugar, resulta evidente que los grupos criminales vinculados a la produc-
ción y tráfico de marihuana, por ejemplo, no han sido tan desestabilizantes
como aquellos ligados a la producción y tráfico de coca-cocaína. Finalmen-
te, ni los cultivos de marihuana, ni los de adormideras, han implicado la in-
tervención de actores extra-regionales como los Estados Unidos y su War
on Drugs.
GIOVANNA RICCI - MARÍA DE LOS ÁNGELES LASA
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STUDIA POLITICÆ
2
Originalmente en inglés. La traducción nos pertenece.
3
Idem.
4
Idem.
En función de lo referido hasta aquí, sería lógico y deseable poder aproxi-
marse al estudio del asunto que nos ocupa a partir de un concepto que no
agote el problema en la dimensión económica del mismo. En este sentido,
autores como Lovón Zavala (1993), Tovar Pinzoìn (1994), Mansilla
(1994), Mansilla y Blanes (1994), Thoumi (1995), Rossi (1996) y Osorio
Machado (2001), han hecho expresa mención a una idea que, aunque cla-
ve, han omitido desarrollar: complejo coca-cocaína. En virtud de esta bre-
cha teórica, y a partir de la identificación de sus dimensiones fundamenta-
les, actores involucrados e interacciones conflictivas y/o cooperativas que
se dan entre los mismos, definiremos al complejo coca-cocaína como el
conjunto de actores que, en un continuum de conflicto-cooperación, parti-
cipan proactiva o reactivamente en las instancias ilícitas de producción,
tráfico y/o consumo de cultivos de hoja de coca, pasta de coca, pasta base
de cocaína, clorhidrato de cocaína y subproductos y derivados que contie-
nen alcaloide de cocaína.
En función de esta definición, a lo largo de este artículo analizaremos con
mayor detalle los elementos que la componen; a saber: (a) el carácter ilíci-
to del complejo coca-cocaína; (b) su materia prima y productos finales
(hoja de coca, pasta de coca, pasta base de cocaína, clorhidrato de cocaína
y derivados); (c) sus tres dimensiones (producción, tráfico y consumo); (d)
sus actores y las posibles interacciones conflictivas y/o cooperativas entre
los mismos.
2.1. El régimen internacional de control de drogas (RICD):
la génesis de la prohibición
En 1994, la Organización Mundial de la Salud (OMS) desarrolló un léxi-
co con la intención de proveer un conjunto de definiciones sobre el alco-
hol, el tabaco y otras drogas. En él, la palabra drogas se define como un
“término de uso variado”
2
(OMS, 1994: 34). En Medicina, señala la
OMS (1994: 34), “se refiere a cualquier sustancia con el potencial de pre-
venir o curar una enfermedad, o mejorar el bienestar físico o mental”
3
.
En un sentido coloquial, sin embargo, “el término a menudo se refiere a
drogas psicoactivas y, específicamente, a drogas ilícitas que no tienen
ningún uso médico”
4
(OMS, 1994: 34). A los fines del presente trabajo,
no tendría objeto considerar la primera definición. La segunda, sin em-
79
5
Idem.
6
Idem.
7
Idem.
bargo, refiere el doble carácter de drogas como el CHCL: son psicoacti-
vas e ilícitas.
Se considera psicoactiva a toda “sustancia que, una vez ingerida, afecta los
procesos mentales, como por ejemplo, los cognitivos o afectivos”
5
(OMS,
1994: 53). Los cambios habituales que se registran suelen ser inhibición
del dolor, cambios en el estado anímico y alteración de las percepciones.
La característica más notoria de este tipo de sustancias es que, además, ge-
neran un alto nivel de dependencia que puede conducir al síndrome de abs-
tinencia en caso de prescindir de su consumo. El carácter de ilegalidad, por
su parte, está dado por el hecho de que estas drogas generan un enorme
daño en sus consumidores, razón que ha llevado a Estados y organizacio-
nes internacionales a crear un régimen internacional de control, o prohibi-
ción en algunos casos, de la producción, el tráfico, la venta y el consumo
de narcóticos.
Luego de repasar las definiciones de régimen que han aportado Keohane,
Nye, Hass y Hedley Bull, Stephen Krasner (1982: 186) define a los regíme-
nes como “un conjunto de principios, normas, reglas y procesos de toma de
decisiones implícitos o explícitos alrededor de los cuales las expectativas
de los actores convergen en un área específica de las relaciones internacio-
nales. Los principios son creencias de hecho, causalidad y rectitud. Las
normas son estándares de comportamiento definidas en términos de dere-
chos y obligaciones. Las reglas son prescripciones o proscripciones especí-
ficas para la acción. Los procesos de toma de decisiones son prácticas pre-
valecientes para la elaboración e implementación de las elecciones
colectivas”
6
.
Para Jack Donnelly (1992: 282), existe un régimen internacional cuando
los Estados y otros actores internacionales, para evitar los costos de una
acción descoordinada, “acuerdan (más o menos explícitamente) normati-
vas o procedimientos que constriñen su liberad soberana de acción en una
determinada área temática y, al menos en parte, ajustan su comportamien-
to a esas normas o procedimientos”
7
. La clave de la fuerza de un régimen
suele cifrarse en la extensión de sus poderes y en los procesos de toma de
decisiones, pero la mayoría de los regímenes internacionales tienen pro-
cedimientos relativamente débiles en este sentido. Esto último es aplica-
ble al régimen global de control de las drogas porque “las normas del ré-
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80
STUDIA POLITICÆ
8
Para DONNELLY, existen cinco tipos de regímenes internacionales: los de promoción,
que favorecen la aplicación de normas internacionales mediante mecanismos de infor-
mación pública y resoluciones optativas; los de ayuda, que se concentran en dar apoyo
para la aplicación nacional de normas internacionales, usualmente a través de ayuda eco-
nómica o técnica; los de puesta en vigor, que ponen en práctica las normas de un régi-
men (a través de sistemas de intercambio de información, consulta o coordinación públi-
ca, supervisión, etc.); los de aplicación, en los que el principal papel de los estados
consiste en dar fuerza de obligatoriedad a decisiones supranacionales; y los declarato-
rios, que incluyen normas internacionales pero que carecen de poder para tomar decisio-
nes (1992: 283).
9
Originalmente en inglés. La traducción de la cita nos pertenece.
10
La evolución legal del RICD se remonta a la Convención Internacional del Opio, fir-
mada en La Haya (Holanda) en 1912. Para ampliar sobre la extensa historia del RICD,
cf. KUŠEVIÆ, 1977; MCALLISTER, 2000; MUSTO, 1993; MUSTO, 2000; SINHA, 2001; VAN
DER KRUIT, 2007.
gimen internacional de control de drogas son coherentes, están bien desa-
rrolladas y son ampliamente elogiadas tanto por Estados como por actores
no estatales. Sin embargo, en la mayoría de los casos, la implementación
de estas normas descansa —casi completamente— en las manos de acto-
res no internacionales sino nacionales. El resultado es un régimen promo-
cional, excepto en el área de fabricación y comercio ilícitos, donde existe
un subrégimen internacional
8
de fuerte implementación”
9
(Donnelly,
1992: 283).
El régimen promocional que refiere Donnelly (1992) descansa actual-
mente en cuatro instrumentos legales internacionales
10
que los Estados
pueden elegir firmar y ratificar, o no hacerlo: (a) la Convención Única
sobre Estupefacientes de 1961; (b) el Convenio sobre Sustancias Psico-
trópicas de 1971; (c) el Protocolo de Modificación de la Convención
Única sobre Estupefacientes de 1972; y (d) la Convención contra el Trá-
fico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Psicotrópicas de 1988. Pro-
movidos por la Organización de las Naciones Unidas —a instancia de los
Estados Unidos (McAllister, 2000: 227-230)—, los cuatro acuerdos están
orientados a fiscalizar, controlar y/o prohibir, según sea el caso, la pro-
ducción, importación, exportación, comercio y posesión de hojas de
coca, marihuana, adormideras, sustancias derivadas de ellas y sustancias
psicotrópicas.
2.2. Coca y coqueo
Las hojas de coca han sido cultivadas en Sudamérica desde tiempos pre-
colombinos. Las primeras crónicas que las describen datan del siglo XVI
81
11
Según han remarcado especialistas, la expresión masticar no es exacta. La coca no
se mastica, sino que las hojas se colocan en la boca entre la parte interior de la mejilla y
la encía del mismo lado, formando un bolo o rumia que recibe el nombre de acullico (en
Bolivia), piccho o chaccha (en Perú), mambeo (en Colombia). Cf. al respecto NACIONES
UNIDAS, 1950: 23.
(Inciardi, 2008: 116), cuando los primeros colonizadores españoles llega-
ron a los Andes (Streatfeild, 2001: 19-35). Por entonces, la coca tenía sta-
tus sagrado para los incas que controlaban estrictamente su cultivo (Mu-
rra, 1986: 49) y la usaban para ofrendas religiosas, bodas, funerales,
sanaciones y el huaraca, un ritual de iniciación de los jóvenes nobles
(Grinspoon y Bakalar, 1976: 10). Este patrón de consumo y producción
de coca, sin embargo, se vio afectado por la conquista y colonización es-
pañola.
En un inicio, España intentó prohibir la coca. En efecto, en 1551 y 1567,
la Iglesia Católica denunció su uso como una forma de idolatría, y un
edicto real la declaró demoníaca. Sin embargo, en 1573, una nueva orden
real autorizó el cultivo de la hoja de coca para el pago de tributos, y fue
así como la coca se convirtió en una mercancía que llegó a representar la
segunda fuente de ingresos de la Corona después de los minerales (Quiro-
ga, 1990: 12). A partir de entonces, y ya libre de las restricciones religio-
sas de incas y españoles, el cultivo y el mascado de la hoja de coca se ex-
pandió considerablemente a extensas zonas de los Andes.
A mediados del siglo XX, la práctica de acullicar, picchar, chacchar o co-
quear (masticación de la hoja de coca)
11
comenzó a ser objeto de contro-
versia. El origen del problema se encuentra en la afirmación de que la
coca es una droga que quita la sensación de hambre a los acullicadores de
las zonas más pobres y marginadas de los Andes. Según esta hipótesis,
sustentada en una discutible base científica (Quiroga, 1990: 8-11) y pro-
mulgada principalmente por el médico peruano Carlos Gutiérrez Noriega
en la década de 1940, masticar hoja de coca anularía la sensación de ham-
bre porque “sería una forma de extraer cocaína de las hojas” (Quiroga,
1990: 10). En las propias palabras de Gutiérrez Noriega (y Zapata Ortiz,
1948: 77), “el masticador de coca la consume para suprimir la desagrada-
ble sensación que le produce la inanición crónica. Pero el consumo de la
droga ocasiona, después de algunos años, la pérdida del apetito. El masti-
cador habituado prefiere la droga a la comida, estableciéndose un círculo
vicioso; se empieza a mascar coca para suprimir el hambre, provocando la
pérdida del apetito, y se acaba comiendo todavía menos, debido al consu-
mo de coca”.
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12
Originalmente en inglés. La traducción de la cita nos pertenece.
13
Las investigaciones como las de Gutiérrez Noriega que dieron origen al paradigma
nutricional sugerido por el Dr. Burchard, se recogen antes de 1961 en el Informe de la
Comisión de Estudio de las Hojas de Coca de 1950. Allí puede leerse que “la mastica-
ción de la hoja de coca está más generalizada en medios [como el altiplano y la sierra]
que no ofrecen ninguna comodidad y sólo una limitadísima variedad de alimento” (Na-
ciones Unidas, 1950: 17). Asimismo, se afirma que en las zonas de Perú y Bolivia donde
más coca se mastica, “los niños se hallan menos desarrollados que los europeos. Natu-
ralmente, esto puede ser una característica racial, pero es mucho más probable que se
deba a la falta de Vitamina A y de proteína natural” (NACIONES UNIDAS, 1950: 19).
14
En junio de 2011, Bolivia se retiró de la Convención Única sobre Estupefacientes
de 1961. Se trató de un hecho histórico: después de más de cincuenta años de su apro-
bación, uno de los principales países andinos productores de coca y cocaína, se retira-
ba de la Convención y se atrevía a desafiar la tipificación del coqueo y la hoja de coca
como drogas. Sin embargo, hacia finales de 2011, Bolivia solicitó su readmisión a la
Convención con una reserva: no admitiría la tipificación del acullicu como una adic-
ción. La reincorporación de Bolivia, finalmente, fue admitida en enero de 2013, con
sólo 15 votos en contra de los 183 países que integran la Convención (184 incluyendo
a Bolivia).
15
Originalmente en inglés. La traducción de la cita nos pertenece.
El círculo vicioso, según Gutiérrez Noriega, generaría finalmente en los
masticadores malnutrición y debilidad física y mental. Fue este paradigma
(Figura 1), denominado “la interpretación nutricional”
12
por el Dr. Rode-
rick Burchard (1992: 4), el que aportó los elementos necesarios que lleva-
ron a las Naciones Unidas
13
a prohibir el cultivo de la hoja de coca y su
masticación en la Convención Única de 1961
14
.
La hipótesis nutricional que inspiró la base prohibicionista de las Nacio-
nes Unidas, fue rebatida por el propio Burchard (1975; 1992: 14) quien
sostuvo que, en base a una extensa investigación empírica in situ, la mas-
ticación de la hoja de coca debía considerarse una actividad complementa-
ria y no antagonista del consumo de alimentos. Igualmente, Burchard
(1975; 1972) descubrió que la hoja de coca es rica en calorías, proteínas,
carbohidratos, fibras, calcio, fósforo, hierro, y vitaminas A y B, informa-
ción que “contradijo las afirmaciones que indicaban que la masticación de
la coca supone malnutrición”
15
(Plowman, 1986: 7).
Cuando se coquea, un jugo amargo alto en proteínas y alcaloides como la
cocaína emana de la hoja de coca. Esta amargura se contrarresta con la
adición de una sustancia alcalina como la cal o cenizas, que ayuda tam-
bién a potenciar los efectos del alcaloide (Plowman, 1986: 6). El efecto
primario de la masticación de coca es una estimulación suave del sistema
nervioso central, producto de la asimilación de la cocaína que poseen las
hojas de coca.
83
La estimulación no sólo suprime la sensación de fatiga sino que también da
una sensación de incremento de energía y fuerza, buen humor o euforia,
sensación de bienestar y satisfacción. La coca también produce la supre-
sión temporaria del apetito, pero nunca suple la ingesta de alimento, ni
existe evidencia de que genere dependencia fisiológica o efectos crónicos
adversos (Plowman, 1986: 7-8).
Podemos afirmar, entonces, que no existen suficientes argumentos para ti-
pificar ni a los acullicadores de drogadictos, ni a la hoja de coca como
un estupefaciente. La hoja verde de coca no es el polvo blanco que cono-
cemos como cocaína; acerca de las diferencias entre ambas nos ocupare-
mos a continuación.
Figura 1. La interpretación nutricional de la hoja de coca
Fuente: elaboración propia.
2.3. Clorhidrato de Cocaína
El rol simbólico y cultural que la hoja de coca ha tenido durante siglos en
los Andes, se aparta abismalmente de los efectos desestabilizantes y dis-
GIOVANNA RICCI - MARÍA DE LOS ÁNGELES LASA
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STUDIA POLITICÆ
ruptivos que ha provocado el clorhidrato de cocaína una vez producido en
masa y sintetizado en laboratorios ilegales.
El clorhidrato de cocaína es un alcaloide psicoactivo procesado de las ho-
jas de coca (Tullis, 1991: 3). El proceso para convertir la hoja de coca en
cocaína, contrariamente a lo que podría pensarse, no es complejo; esto
permite producirla por los mismos cultivadores de coca en precarias coci-
nas ilegales o pequeños talleres domésticos (Lee, 1981: 35; Mejía y Posa-
da, 2010: 255).
El primer paso, que consiste en extraer el alcaloide de las hojas de coca,
es un proceso relativamente sencillo: se hacen pozos en la tierra y se de-
positan las hojas junto a algún solvente orgánico como el kerosene. El re-
sultado de esta primera etapa es el sulfato crudo de cocaína, llamado co-
múnmente pasta de coca, que debe ser convertido en pasta base de
cocaína.
Esta etapa es crucial en la fabricación del clorhidrato de cocaína porque
determinará las proporciones del alcaloide que estarán presentes en el pro-
ducto final (Lee, 1981: 36). La conversión de la pasta de coca en pasta
base de cocaína (PBC) se logra disolviendo la pasta de coca en agua y
agregando ácido sulfúrico a la solución. Luego se añade permanganato de
potasio: así se inicia un proceso de oxidación que no afecta inmediata-
mente a la cocaína sino a los aceites e impurezas que la pasta de coca pu-
diera tener.
A pesar de que no es el producto final en el proceso de extracción de cocaí-
na de las hojas de coca, la pasta base que no se transforma en clorhidrato
de cocaína también se consume. Habitualmente se inhala o se fuma mez-
clada con marihuana o tabaco: de este modo comenzó a ser consumida en
la década de 1980 en Venezuela, Perú y Colombia —donde se lo conoce
como bazuco—, y en Brasil —donde el recibe el nombre de merla— una
década más tarde. En los primeros años del nuevo milenio se constató un
considerable incremento del consumo de la droga en Uruguay, Chile y Ar-
gentina, país este último donde se la conoce como paco (acrónimo de Pas-
ta Base de Cocaína).
Finalmente, en la última etapa, la pasta base se convierte en clorhidrato de
cocaína a partir de la acción de un componente químico: el éter. El resul-
tado del proceso es un fuerte estimulante del sistema nervioso central que,
usualmente, es vendido en forma de polvo o pequeños cristales.
El consumo habitual, cuando se aspira esta sustancia, es de 10-35 mg. por
línea; cuando los cristales se disuelven e inyectan, el consumo puede ser
de 10-20 mg. Los efectos farmacológicos en el inmediato, corto y largo
85
16
Definiremos a la producción como el proceso de cultivo ilícito de la hoja de coca y
su transformación, elaboración y refinamiento en clorhidrato de cocaína, subproductos y
derivados que contienen alcaloide de cocaína. La Convención Única sobre Estupefacien-
tes de 1961, en su Artículo 1, distingue a la producción de la manufacturación. Mientras
define a la primera como “la separación del opio, de las hojas de coca, de la cannabis y
de la resina de cannabis, de las plantas de que se obtienen” (Naciones Unidas, 1961: Art.
1, inc. T), entiende que la manufacturación son “todos los procedimientos, distintos de
la producción, que permitan obtener estupefacientes, incluidas la refinación y la trans-
formación de unos estupefacientes en otros” (Naciones Unidas, 1961: Art. 1, inc. N). En
este artículo no haremos tal distinción, por lo que manufacturación y producción serán
empleadas como sinónimos.
plazo, varían desde la euforia, el incremento de la energía y la falta de
apetito, hasta la dependencia severa, desnutrición, problemas respiratorios,
desorientación, depresión, entre otros (UNODC, 2003: 17-18).
2.4. Producción, tráfico y consumo
A la hora de definir al complejo coca-cocaína, una parte esencial es identi-
ficar sus dimensiones fundamentales. Las discusiones al respecto no han
sido menores. Mientras Dreyfus (2002: 60), por ejemplo, excluyó de sus
formulaciones al consumo —puesto que lo consideró como una dimensión
colateral de la producción y el tráfico—, Griffith (1997: 2) incluyó en la
ecuación al lavado de dinero. Desde nuestro punto de vista, hay tres dimen-
siones estructurales sin las cuales sería imposible pensar el complejo coca-
cocaína: producción, tráfico y consumo.
Producción
Desde 1985 hasta la actualidad, Colombia, Perú y Bolivia han sido los mayo-
res productores
16
mundiales de hoja de coca y CHCL (Childress, Dombey-
Moore y Resetar: 1994: 10; Mejía y Posada, 2010: 258). Podríamos hacer
una referencia más extensa al respecto, pero el asunto ha sido ya ampliamen-
te explorado. En su lugar, queremos destacar que la labor que supone con-
vertir la materia prima en CHCL, implica una compleja división internacio-
nal de la producción que involucra a grupos criminales asentados no sólo en
Perú, Colombia y Bolivia, sino también en otros países sudamericanos.
En orden a evaluar el rol que cada país sudamericano cumple en la etapa
productora del complejo coca-cocaína, sería importante contar con catego-
rías analíticas que permitan aprehender el perfil general de un país para,
posteriormente, clasificarlo.
GIOVANNA RICCI - MARÍA DE LOS ÁNGELES LASA
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86
STUDIA POLITICÆ
17
En la literatura sobre drogas no existe un acuerdo sobre cómo tipificar el rol que los
países juegan en el complejo coca-cocaína. Lee (1988: 88), por ejemplo, hace referencia
a upstream producer countries y downstream producer countries. Dreyfus (2002: 72)
emplea cuatro de las categorías propuestas por nosotras —excluye la de países fuente de
precursores químicos—, pero añade una quinta: países de tránsito vecinos de producto-
res. El Bureau for International Narcotics and Law Enforcement Affairs del Departa-
mento de Estado de los Estados Unidos (INL, 1999), por su parte, clasifica a los países
de acuerdo a cuatro categorías: países productores de drogas ilícitas, países de tránsito,
países de origen de precursores químicos y países lava-dinero.
18
Esta categoría de análisis fue sugerida por DREYFUS (2001: 77) a partir de una entre-
vista que mantuvo con el analista argentino Rubén Heguilein en 1995.
En este artículo, proponemos cinco categorías de análisis
17
para identificar
el rol que cada país juega en el complejo coca-cocaína: países productores
upstream; países productores downstream; países fuente de precursores
químicos; países de tránsito; y países de ciclo completo
18
.
Países productores upstream
Upstream y downstream son términos que se aplican a los procesos pro-
ductivos de industrias como las del metal, el gas, el petróleo, la biotecno-
logía y la farmacéutica. En este caso, aplicaremos ambos términos a la in-
dustria ilegal de la coca-cocaína.
La etapa upstream del proceso productivo, involucra la búsqueda y la ex-
tracción de materias primas; los países productores upstream en el comple-
jo coca-cocaína, pues, son aquellos en los que se concentra la producción
de hoja de coca y el procesamiento de pasta de coca. La característica ge-
neral de estos países es que un alto porcentaje de la fuerza laboral campesi-
na está abocada no sólo a la producción, recolección y transporte de hojas
de coca, sino también a la producción de pasta de coca. En los territorios
de estos países, por lo tanto, se concentran las dos primeras etapas del pro-
ceso productivo —cuestión que no quita, claro está, que pueda producirse
también CHCL—. Bolivia sería un caso paradigmático de país upstream en
América del Sur.
Países productores downstream
La etapa productiva downstream involucra el procesamiento de la materia
prima recolectada durante la etapa upstream y su posterior transformación
en el producto final. En el caso de la industria de la cocaína, Colombia ha
87
sido históricamente el caso paradigmático, pero desde hace una década,
Perú debe ser también incluido en esta categoría.
Países fuente de precursores químicos
Esta categoría incluye a países que poseen una desarrollada industria quí-
mica y se encuentran próximos geográficamente —y/o tienen un significa-
tivo comercio químico— de países productores downstream. Clasificar a
un país dentro de esta categoría no implica necesariamente que el mismo
tenga una inadecuada legislación para controlar precursores químicos. El
Departamento de Estado de los Estados Unidos (INL, 2013: 51-52) ha cla-
sificado dentro de esta categoría a tres países sudamericanos: Argentina,
Brasil y Chile.
Países de ciclo completo
Los países de ciclo completo son aquellos en los que la materia prima es
producida y procesada completamente. Estos países, además, poseen orga-
nizaciones criminales locales o transnacionales que administran todas las
etapas de la producción y comercialización del producto. Usualmente, son
países que no dependen de la importación de precursores químicos y tienen
sus propios canales de lavado de dinero, como así también, sus propios
centros de distribución, comercialización y consumo del producto final.
El único país que reúne estas características es Brasil, dado que Colombia
y Perú no son los principales consumidores de su propia CHCL, y siempre
dependen de la importación de los químicos requeridos en las etapas de
producción.
Países de tránsito
La Convención de las Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Estupe-
facientes y Sustancias Sicotrópicas de 1988, define al país de tránsito como
“el Estado a través de cuyo territorio se hacen pasar estupefacientes, sus-
tancias sicotrópicas y sustancias que figuran en el Cuadro I y el Cuadro II,
de carácter ilícito, y que no es el punto de procedencia ni el de destino de-
finitivo de esas sustancias” (Naciones Unidas, 1988: Art. 1).
Los países de tránsito funcionan como base de operaciones para los trafi-
cantes, y pueden ser útiles para aterrizar y reabastecer de combustible a
avionetas, para negociar entregas de CHCL, o para reclutar a personal re-
GIOVANNA RICCI - MARÍA DE LOS ÁNGELES LASA
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19
Originalmente en francés. La traducción de la cita nos pertenece.
querido para las actividades de tráfico, comercialización, protección, etc.
(Dreyfus, 2002: 76). Alguno de estos países juegan también un rol desta-
cado como paraísos fiscales, donde se blanquea el dinero proveniente del
narcotráfico a través de depósitos en cuentas bancarias que no indagan el
origen de los fondos, o en inversiones comerciales, industriales o de ca-
pital.
Tráfico
Para la Convención Única de Estupefacientes de 1961, tráfico ilícito es “el
cultivo o cualquier tráfico de estupefacientes contrarios a las disposiciones
de la presente Convención” (Naciones Unidas, 1961: Art. 1).
No tomaremos tal definición para este escrito puesto que hemos identifica-
do al cultivo como parte de la etapa de la producción. Tráfico ilícito será
definido, entonces, como el transporte, traslado o tránsito de hojas de coca,
pasta de coca, pasta base, CHCL, crack y precursores químicos empleados
en la fabricación de CHCL, desde las zonas de producción hasta los merca-
dos finales de consumo.
El tráfico ilícito se vale esencialmente de rutas de transporte y distribución.
Al respecto, investigadores franceses han hecho importantes aportes para
comprender la real dimensión de las mismas. Chouvy (2002) ha destacado
que las rutas no solamente tienen una evidente dimensión geográfica sino,
también, un fuerte componente político. En primer lugar, las rutas de tráfi-
co ilícito son usualmente escenario de conflicto entre diversos actores (po-
licías, militares, campesinos, guerrilleros y criminales); y en segundo lugar,
la ruta es generadora y creadora de acceso, una faceta fundamental en paí-
ses con escaso desarrollo de infraestructura vial y con poblaciones aisladas
geográficamente. Al respecto, el geógrafo francés subraya: “la producción
y el transporte de la droga son posibles gracias a un equilibrio entre inacce-
sibilidad y accesibilidad, ya que si bien se requiere el aislamiento geográfi-
co de la región en términos productivos (por razones de seguridad y de via-
bilidad de una acción ilícita que busca ser disimulada), la accesibilidad es
también un imperativo”
19
(Ibíd.: 241).
Parte de la inaccesibilidad de una ruta está dada por obstáculos naturales
(montañas, ríos, selvas), políticos (fronteras) o coyunturales (poblaciones
hostiles, conflictos armados, peajes, etc.). Chouvy (idem) entiende que di-
chos accidentes convierten a las rutas en anti-rutas. Si aun así el traficante
89
decide tomar dichos riesgos, entonces podrá transformar los inconvenientes
en beneficios.
Desde los Andes, y a través de las rutas de tráfico hacia los dos mercados
principales (Estados Unidos y los países de Europa Occidental), los narco-
traficantes tienen que sortear múltiples obstáculos; los más evidentes son
los océanos. De acuerdo a la EUROPOL (2010: 20-21), tres narco-rutas
marítimas con destino a Europa han sido identificadas: (a) la ruta norte,
que se origina en el Caribe y tiene como destino final España y Portugal;
(b) la ruta central, que se extiende desde Sudamérica hacia Europa, e in-
gresa al viejo continente a través de las Islas Canarias; y (c) la ruta sur,
que se origina en Sudamérica y, a través de África Occidental, llega a Por-
tugal y España. A lo largo de estas rutas, narco-actores locales no sólo par-
ticipan en el tráfico sino también en la venta y distribución final en los
mercados de destino.
En el caso de Estados Unidos, la mayor parte de los cargamentos llegan
por vía marítima a través del Pacífico mexicano. Los países de América
Central, igualmente, han ganado notoriedad como países de tránsito en los
últimos años. Las rutas del Caribe, en contraste, han perdido su importan-
cia desde la década de 1980 (UNODC, 2011: 122).
Por las rutas donde se desplaza la droga suelen también transitar armas,
diamantes, piedras preciosas y personas. Labrousse (2011) ha denominado
a este fenómeno politráfico, el cual se caracteriza por la diversificación de
las actividades ilegales que aumenta la capacidad nociva de las organiza-
ciones criminales (Labrousse, 2011: 12).
En términos comparativos con otros productos, sin embargo, las drogas
presentan la particularidad de sufrir varias transformaciones en su cadena
de producción. Dado que las drogas son frecuentemente transportadas en
volúmenes considerables, los beneficios provenientes de los diferentes ni-
veles de elaboración se agregan a los que proporciona el franqueo de obs-
táculos físicos y políticos. En consecuencia, las drogas —contrariamente
a los diamantes que atraviesan fácilmente las fronteras debido a su peque-
ño volumen y no se tallan hasta llegar al comprador— pueden permitir fi-
nanciar a varias organizaciones, mafias o guerrillas a lo largo de la ruta
que conduce desde los productores hasta los consumidores (Labrousse,
2011: 13).
La etapa final del tráfico es la distribución en los mercados de destino. En
la literatura sobre drogas, la etapa de la distribución final no ha recibido
demasiada atención. La excepción en este sentido es, quizás, el Two-Step
Drug Diffusion Model de Rengert (1996). De acuerdo a este modelo, el
cual analiza la difusión ilegal de narcóticos a partir de un patrón geográfi-
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co-espacial, dos tipos de agentes son distribuidores activos: la delincuen-
cia organizada, que comercializa drogas con un fin económico, y el consu-
midor, que la propaga en sus círculos sociales y hace uso de ella porque le
produce algún tipo de gratificación. Como se advierte, dos motivaciones
independientes —la comercial y la psicológica—, pero que se refuerzan
mutuamente, son explicativas del proceso de difusión y distribución en los
mercados de destino (Rengert, 1996: 19).
En el primer paso del modelo, se espera que la distribución de drogas siga
un patrón geográfico-jerárquico: los distribuidores de drogas desembarcan
en las ciudades más pobladas de un país y, posteriormente, filtran sus ope-
raciones en centros urbanos de menor tamaño. La presunción detrás de este
modelo top-down de difusión es que las grandes ciudades tienen un merca-
do de consumidores potenciales más grande que centros urbanos de menor
tamaño. Cuando los mercados de las grandes ciudades están saturados, de
acuerdo a Rengert (1996: 20), se esperaría una extensión de la distribución
de drogas a ciudades más pequeñas.
En un segundo momento, el modelo de Rengert (1996: 33) asume que la
difusión de drogas sigue un patrón horizontal-local: desde el centro de las
ciudades se expande hacia las periferias, buscando extender su mercado lo-
cal y apartarse para ocultarse.
Consumo
El consumo de pasta base, CHCL o crack, daña al tejido social de múltiples
maneras, causando daño físico y/o problemas mentales en sus consumido-
res (Waldorf, Reinarman y Murphy, 1992; Saffer y Dave, 2005), propen-
diendo a la desintegración familiar (Somerts et al., 2011), y fomentando el
crimen y la violencia (Goldstein, 1985; Desimone, 2001). La UNODC
(2008: 84) estima que cerca de 16 millones de personas alrededor del mun-
do, en una franja etaria comprendida entre los 15-64 años, consume CHCL.
Los mayores mercados de consumo son Estados Unidos (7.1 millones de
consumidores), Europa Central y del Este (3.9 millones) y Sudamérica,
América Central y el Caribe (3.1 millones).
Rogers y Shoemaker (1971), tomando como base más de 50 entrevistas, es-
timaron que una persona se inicia en el consumo de drogas a partir de tres
etapas: (a) ensayo: el nuevo usuario se introduce en el consumo de una
nueva droga instado por amigos; (b) conocimiento: el consumidor aprende
a drogarse y lidiar con los efectos de la intoxicación; y (c) persuasión-con-
firmación: el iniciado adquiere una actitud favorable hacia el nuevo pro-
ducto, gana experiencia como usuario y se transforma en un adicto a partir
91
de la exposición frecuente a la droga. A la luz del modelo de Rengert
(1996), asimismo, podría señalarse una cuarta etapa: la de la difusión, en la
que el consumidor, a través del contacto interpersonal, induce a amigos o
conocidos a iniciarse en el consumo de la droga.
2.5. Actores
El complejo coca-cocaína, dado su carácter transnacional
20
, involucra a
una gran variedad de actores. Dado que nuestra definición hace expresa
mención a ellos, es preciso identificarlos y clasificarlos según algunos cri-
terios.
Griffith (1997: 13), en lo que define como “el medio geo-narcótico”
21
—esto es, las relaciones de conflicto y cooperación entre actores naciona-
les e internacionales que son desencadenadas por las drogas—, identificó a
los principales actores involucrados, entendiendo que:
(a) los actores pueden tener comportamientos proactivos o reacti-
vos, o activos y reactivos al mismo tiempo;
(b) pueden establecerse relaciones cooperativas o conflictivas en-
tre los mismos;
(c) las relaciones entre actores pueden ser bilaterales o multilate-
rales, simétricas o asimétricas, e implicar flujos de coopera-
ción verticales u horizontales.
En el presente artículo, nosotras entenderemos que:
(a) los actores dentro del complejo coca-cocaína pueden ser pro-
activos o reactivos en relación a las etapas de producción, trá-
fico y consumo. De un mismo actor son esperables comporta-
mientos activos o reactivos dependiendo de la etapa en
cuestión. Los cartels, por ejemplo, son proactivos en relación a
20
La calificación de transnacional es usada aquí para referirse al “movimiento de in-
formación, dinero, objetos físicos personas, y otros bienes tangibles o intangibles a tra-
vés de fronteras estatales, en el que participa al menos un actor que es no gubernamen-
tal” (WILLIAMS y SAVONA, 1996: 5). El complejo coca-cocaína tiene una dimensión
transnacional porque actores no estatales participan en él, y porque “actúan a través de
fronteras estatales y establecen relaciones con sus contrapartes en otros países sin con-
templar la soberanía de los Estados” (DREYFUS, 2001: 63). Nota: las traducciones de am-
bas citas nos pertenecen.
21
Originalmente en inglés. La traducción de la cita nos pertenece.
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la producción y el tráfico, pero reactivos contra las counter-
measures que pone en marcha el Estado (interdicción, sustitu-
ción de cultivos, erradicación, confiscación, etc.);
(b) la interacción entre actores puede ser cooperativa o conflictiva
(Griffith, 1997: 16), y todos los posibles niveles de conflicto y
cooperación en ese continuum. Las interacciones conflictivas
incluyen protestas, denuncias, quejas, amenazas, bloqueos,
ataques armados, asesinatos, secuestros, etc.
(c) conflicto y cooperación son tipos ideales de procesos de inte-
racción entre actores que pueden manifestarse en diversos gra-
dos y que pueden ir, en el caso del conflicto, desde una situa-
ción de discordia hasta un enfrentamiento armado y, en el caso
de cooperación, desde una coincidencia de intereses hasta el
desarrollo de una red de colaboración e integración para el co-
metido de objetivos comunes —los objetivos comunes pueden
ser lícitos o ilícitos, lo que implica que instancias de coopera-
ción se pueden dar entre guerrilleros, narcotraficantes o Esta-
dos— (Marrero Rocha, 2001: 130);
(d) los actores pueden ser regionales o extraregionales —nótese
que Griffith hace referencia a actores nacionales e internacio-
nales (Griffith, 1997: 17)—. El término regional en el contex-
to de este artículo, debe entenderse como Sudamérica; el tér-
mino extraregional, por su parte, alude a actores del resto del
mundo fuera de Sudamérica;
(e) los actores contemplados son sólo aquellos que intervienen
en las etapas de producción, tráfico y consumo de coca, pas-
ta de coca, pasta base, clorhidrato de cocaína y derivados. A
diferencia de Griffith (1997), excluimos en este mapeo de
actores a organizaciones intergubernamentales, corporacio-
nes multinacionales y organizaciones no gubernamentales
que pueden participar activamente en la etapa del lavado de
dinero; y
(f) los actores involucrados en el complejo de la coca-cocaína, de
acuerdo a su naturaleza, pueden ser actores estatales y actores
que pertenecen a la estructura estatal (Estados, fuerzas arma-
das y policiales); actores violentos no estatales (organizacio-
nes criminales, grupos paramilitares, guerrillas, cartels, gru-
pos terroristas y pandillas juveniles); y actores individuales
(traficantes, campesinos y consumidores).
93
GIOVANNA RICCI - MARÍA DE LOS ÁNGELES LASA
Fuente: Este esquema fue inspirado en el que desarrolla Ivelaw L. Griffith (1997: 17) para explicar las interacciones conflictivas en lo que él
denomina “el medio geo-narcótico”.
Figura 2. Actores regionales y extraregionales del complejo coca-cocaína
ACTORES EXTRAREGIONALES
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STUDIA POLITICÆ
3. Consideraciones finales
El principal aporte de este trabajo ha sido la definición de complejo coca-
cocaína —hasta ahora ausente en la literatura sobre drogas— que hemos
referido como el conjunto de actores que, en un continuum conflicto-co-
operación, participan proactiva o reactivamente en las instancias ilícitas
de producción, tráfico y/o consumo de cultivos de hoja de coca, pasta de
coca, pasta base de cocaína, clorhidrato de cocaína, así como subproduc-
tos y derivados que contienen alcaloide de cocaína.
Con ello, esperamos: (a) haber subsanado una grave deficiencia teórica en
los estudios sobre drogas que deberían ser más exhaustivos a la hora de
precisar qué complejo afecta a qué región, qué actores están involucrados y
qué dimensiones lo definen; (b) haber matizado la fuerte perspectiva eco-
nomicista que domina los estudios sobre la coca-cocaína desde los concep-
tos de industria y mercado; y (c) haber estimulado, a partir de una formula-
ción generada desde América del Sur, la necesidad de seguir pensando en
una definición que, estamos seguras, puede ser reformulada, enriquecida,
criticada o complementada.
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