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*
Doctorando en Ciencias Políticas en el Centro de Estudios Avanzados de la Universi-
dad Nacional de Córdoba.
Código de referato: SP.176.XXXI/14
Participación política y acción
colectiva. Conflictos entre clases y
grupos de interés en torno a la
representación y el sistema político.
Emilio Lipinski
*
Resumen
Las alternativas respecto a la manera de llevar a cabo la participación po-
lítica, tanto en las organizaciones estatales y las públicas no estatales,
como así también en las privadas, han presentado nuevos desafíos a la
Ciencia Política. A partir de la diferenciación entre las categorías de cla-
se y grupos de interés, el presente trabajo tiene por objetivo realizar un
análisis sobre las transformaciones que ha sufrido la relación Estado y
sociedad civil desde de las acciones colectivas que realizan las organiza-
ciones, los grupos y los movimientos sociales. Desde mediados del S.
XX las distintas reorientaciones en Ciencia Política implicaron, primero,
una aceptación y, luego, un rechazo a las teorías conductistas y de la ra-
tional choice privilegiando los estudios sobre acción colectiva. Sin em-
bargo, lo que finalmente sucedió fue que estos nuevos estudios incorpo-
raron metodologías de las teorías anteriores. La acción colectiva
comprendida desde la rational choice denomina agentes a quienes, ya
sean individuos o grupos, actúan estratégicamente con lógicas mercanti-
les de maximización de utilidad. En este marco, la participación política
se presenta como un conjunto de acciones tendientes a influir sobre
STUDIA POLITICÆ Número 31 ~ primavera-verano 2013/2014
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
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STUDIA POLITICÆ
quienes poseen el poder. El gran desafío de la sociología política es estu-
diar las relaciones que se producen entre la sociedad y el sistema políti-
co, en este caso a través de las acciones colectivas y los movimientos so-
ciales que son un tipo específico de aquellas. Un caso especial es
también el de los grupos de presión cuyo objetivo radica en actuar sobre
el sistema político independientemente de los mecanismos legales e ins-
titucionales del Estado democrático de derecho. Son justamente las defi-
ciencias en el sistema de representación las que fomentan la intervención
de estos grupos. Como contrapartida a esta forma de explicar la acción
colectiva se encuentran los estudios sobre los Nuevos Movimientos So-
ciales. Estos no se limitan a construir sus identidades a partir del lugar
de sus miembros en el sistema productivo, tampoco establecen como pa-
rámetros de acción racional modalidades mercantilizadas sino que, por el
contrario, pretenden generar contracultura(s) resignificando al ciudadano
y cuestionando la democracia del Estado liberal. Aquí surgen al menos
dos problemas, uno referido a si las formas de participación pueden
prescindir de una estructura de clase y otro respecto de cómo influye di-
cha estructura en las modalidades de constitución y participación tanto
de las organizaciones obreras como de las empresariales. Ante esta situa-
ción dilemática quizás un planteo normativo pueda abordar críticamente
la racionalidad de las acciones colectivas a fin de poder regularlas a tra-
vés de sistemas de cooperación y no solo de coordinación de intereses.
Palabras clave: Participación – Acción colectiva – Movimientos socia-
les – Estado – Agente
Abstract
The alternatives regarding the way of conducting political participation,
both state and non-state public organizations as well as private, have
presented new challenges to political science. Trough the differentiation
between the categories of class and interest groups, this study aims to
perform an analysis of the transformations undergone by the State and
Civil Society from the perspective of relationship collective actions ca-
rried out by the organizations, groups and social movements. Since the
mid - twentieh century different reorientations involved in Political
Science, first, an acceptance and then a rejection of behavioral theories
and rational choice studies favoring collective action. However, what fi-
nally happened was that these new studies incorporated methodologies
of previous theories. Collective action from a rational choice viewpoint
called agents those who, whether individuals or groups, act strategically
with commercial logic of utility maximization. In this context, the politi-
cal participation is presented as a set of actions to influence those in
power. The great challenge of political sociology is to study the relatio-
nships that occur between society and the political system, in this case
through collective action and social movements which are a specific type
of those. A special case is also the pressure group whose objective is to
act on the political system regardless of the legal and institutional me-
chanisms of democratic rule of law. They are precisely the shortcomings
55
in the system of representation which promote the involvement of these
groups. As a counterpart of this way of explaining collective action, we
are studies on the New Social Movements. These are not limited to build
their identities considering the place of its members in the productive
system, seither they establish as parameters of rational action conmodi-
fied modalities but, on the contrary, they pretend to generate counter
culture(s) resignifying the citizen and questioning the liberal democratic
state. Here at least two problems arise, one is if the forms of participa-
tion can do without a class structure and another is how this structure in-
fluences the modalities of incorporation and participation of both the
workers’ and business organization. In view of this dilemmatic situation,
perhaps a normative approach could critically address the rationality of
colective actions in order to regulare ten through systems of cooperation
and not only of interests.
Keywords: Participation – Collective action – Social movements – State
Agent
“Solo con determinadas condiciones organizativas, la parti-
cipación política conduce a mayor igualdad o por lo menos
impide el crecimiento de desigualdades en la distribución de
los recursos o de los desequilibrios de estatus. (...) Quizás ni
si quiera el que participa logrará alcanzar sus objetivos, ejer-
cer una real influencia política. Pero desde luego es cierto
que los intereses del que no participa no se los van a defen-
der los participantes. Y las desigualdades en el sistema polí-
tico no se reducirán, sino que aumentarán aun más” (Gian-
franco Pasquino).
Introducción
E
L
pluralismo y el neomarxismo surgen en la segunda mitad del S. XX
en contextos geográficos distintos —el pluralismo en el ámbito fun-
damentalmente norteamericano y el neomarxismo en el ámbito euro-
peo— y ambos poseen diversas líneas internas de desarrollo. No obstante,
las dos corrientes poseen como uno de sus ejes centrales el problema de la
democracia y la interacción entre sociedad civil y Estado. Quizás lo que
más diferencia al pluralismo del neomarxismo es el análisis respecto de la
categoría de clase ya que para el pluralismo la política es fundamentalmen-
te conflictos entre grupos de interés.
Según el pluralismo la sociedad está compuesta de múltiples centros de po-
der, algunos de los cuales se encuentran en conflicto entre sí. El objetivo
de estos grupos de poder es establecer límites y controles sobre el Estado
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como centro de poder dominante, por ello es que el pluralismo se presenta
como algo contrario a la centralización. Al mismo tiempo, el pluralismo es
crítico con las perspectivas individualistas en ciencia política dado que la
centralidad del análisis debe estar marcada por las entidades sociales inter-
medias. Podría decirse que el pluralismo al concentrase en las formaciones
sociales intermedias busca, por un lado, establecer garantías al individuo
frente al Estado pero, por otro lado, pensar al Estado de cara a la “fragmen-
tación individualista” (Bobbio, 2005: 1184).
Si bien existen distintos tipos de pluralismo, como formulación teórica po-
see fuertes raíces norteamericanas. Robert Dahl creía que el pluralismo es
una forma de balance de poder ante la amenaza de grupos con ambiciones
desmedidas donde la multiplicidad de centros no sólo ayuda a regular al
poder, sino también a resolver conflictos pacíficamente y generar consen-
sos (Ibíd.: 1188). Otros reconocidos pensadores del pluralismo como Bent-
ley y Truman centran su atención sobre la categoría de “grupo” como “con-
junto de individuos que desarrollan una actividad común”. Los grupos
permitirían a los individuos satisfacer sus intereses:
(...) (por lo cual cada individuo puede pertenecer y habitualmente perte-
nece a grupos diferentes) y que los grupos constituidos de esa manera,
cruzándose, permiten a los distintos intereses manifestarse y contraponer-
se sin producir conflictos destructivos de la sociedad en su conjunto,
siempre que sobre los grupos parciales exista y se mantenga un grupo
universal potencial cuyo interés es el de no dejar alterar las reglas del
juego. Como entidad social, el grupo se contrapone a la clase (en el sen-
tido marxiano de la palabra); mientras que un individuo pertenece a va-
rios grupos, el mismo individuo no puede pertenecer más que a una clase,
con la consecuencia de que una sociedad dividida en grupos tiende a la
solución de los conflictos mediante transacciones intergrupo y una socie-
dad dividida en clase no puede controlar el antagonismo frontal de clase
contra clase sin recurrir a la coerción (Idem).
Aunque estos elementos conforman las condiciones de al menos un tipo de
democracia, el pluralismo no se limita a analizar las dinámicas sociales en
torno a derechos liberales tales como la libertad de asociación o la libertad
de opinión, tampoco se restringe al problema de la interacción entre los
distintos grupos de interés. Ello es debido a que durante el S. XX los go-
biernos democráticos se extendieron a lo largo del mundo y muchos de
ellos permanecieron o permanecen estables desde hace varias décadas.
Según Guy Peters (2003: 13) el origen de la Ciencia Política está en el es-
tudio de las instituciones. Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial la
57
1
La denominación opuesta es la de actores, desde una perspectiva interpretativa o
comprensiva, holista y vinculada al concepto de juegos del lenguaje de Ludwing Witt-
genstein.
disciplina decidió adoptar una nueva orientación a través del conductismo
y la elección racional. Tanto en el conductismo como en la elección racio-
nal los hombres actúan “autónomamente como individuos” (Idem) a través
de cálculos para lograr el beneficio personal. De este modo el individuo no
se ve limitado por las instituciones. Esta reorientación de la Ciencia Políti-
ca tuvo entre sus principales preocupaciones la cuestión metodológica en la
disciplina —fueron quienes incentivaron el uso de técnicas estadísticas y
matemáticas—, fuertemente influenciadas por el individualismo metodoló-
gico, en pos de lograr construir teorías con alto contenido empírico.
Sin desmerecer algunos aportes que realizaron tanto el conductismo como
la elección racional, a comienzos de 1980 surgen una serie de críticas hacia
estos dos enfoques. Autores como James March y Johan Olsen —quienes
acuñaron el nombre nuevo institucionalismo— veían como negativo el ex-
cesivo grado de “contextualismo, reduccionismo, utilitarismo, funcionalis-
mo e instrumentalismo” (Ibíd.: 33) que había adquirido la Ciencia Política.
Este nuevo institucionalismo reemplazaría algunas de las características
hasta el momento consideradas como propias de la Ciencia Política:
(...) por una concepción que colocara la acción colectiva en el centro del
análisis. La acción colectiva, en vez de seguir siendo un acertijo, como lo
es para los economistas, se convertiría en el enfoque fundamental para
entender la vida política. Además, la relación entre colectividades políti-
cas y su entorno socioeconómico debe ser una relación recíproca, en la
que la política tenga la opción de moldear la sociedad, y la sociedad mol-
dear la política (Ibíd.: 35).
El debate entre explicación y comprensión e individualismo y holismo se
encuentra como trasfondo de las teorías sobre la acción colectiva. La ac-
ción colectiva comprendida desde la rational choice denomina a los indivi-
duos (personas o grupos) agentes racionales, con base en una perspectiva
individualista, explicativa y sistémica
1
. Estos agentes actúan con deseos,
creencias y dan cuenta de lo que sucede desarrollando sus actividades con
lógicas de mercado. “La teoría económica de la elección racional nos trata
a modo de individuos racionales y egoístas, cada uno de los cuales intenta
maximizar su propia utilidad” (Hollis, 1998: 128). Este individuo o agente
se caracteriza por tener preferencias totalmente ordenadas, información
completa y un perfecto ordenador interno. Puede decirse que dicho agente
“actúa racionalmente, en la medida en que escoge la acción que él mismo
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calcula de un modo racional y que instrumentalmente es la mejor para sa-
tisfacer sus preferencias” (Ibíd.: 129), es decir, puede realizar un cálculo
sobre la utilidad esperada definida como “la suma de la utilidad de cada
posible resultado que se deja de lado, descontada la probabilidad de que no
ocurra en efecto” (Idem).
Cuando los individuos toman sus decisiones en un medio independiente se
denominan acciones paramétricas, en cambio las elecciones y acciones que
tienen en cuenta la interdependencia de los agentes se denominan estraté-
gicas. Este último tipo de elecciones y acciones son propias de la teorías de
la elección racional. En las acciones estratégicas podemos distinguir diver-
sos tipos de resultados de los cuales han de destacarse dos soluciones: el
equilibro de Nash (en honor al economista John Nash) en el cual un par de
estrategias, suponiendo que son dos los agentes, son la mejor respuesta a
las preferencias del otro. Y el Pareto-superior u óptimo de Pareto (en re-
cuerdo del economista Wilfredo Pareto) cuando al menos a uno de los ju-
gadores le va mejor y a ninguno le va peor.
1.– Desde una mirada general e introductoria la participación política abar-
ca a todas aquellas relaciones fruto de la actividad política. Sin embargo, el
análisis de la participación se presenta de manera muy compleja debido a
que la historia contemporánea está marcada por las sociedades de masas y
las demandas de democratización. ¿Qué es la participación política? Gian-
franco Pasquino la define como:
aquel conjunto de actos y actitudes dirigidos a influir de manera más o
menos directa y más o menos legal sobre las decisiones de los detentado-
res del poder en el sistema político o en cada una de las organizaciones
políticas, así como en su misma selección, con vistas a conservar o modi-
ficar la estructura (y por lo tanto los valores) del sistema de intereses do-
minante (1995: 180).
También Pasquino hace una distinción entre la participación visible, expre-
sada en comportamientos, y la participación invisible, ligada a una opinión
pública interesada e informada sobre política pero que no lo expresa activa-
mente. Se puede influir en la toma de decisiones de diversas maneras, las
principales son: las reconocidas legalmente y procedimentalmente, las no
reconocidas pero aceptadas y aceptables y las no reconocidas que desafían
las bases mismas del sistema y de su organización con diversos grados de
ilegalidad. Es importante destacar que así como los fenómenos políticos
pueden analizarse en base a las actitudes y actividades de los grupos y sus
solidaridades internas y externas, también es elemental tener en cuenta,
59
2
Según Robert Dahl existen cinco requisitos o instituciones para que un Estado pue-
da ser considerado democrático: “(...) [1] los miembros deben poseer iguales y efecti-
vas oportunidades de participar de las decisiones; [2] sus votos deben tener el mismo
peso; [3] deben tener adecuadas oportunidades para obtener cualquier información
que necesiten a fin de comprender las políticas en cuestión y sus probables consecuen-
cias; [4] deben estar en condiciones de ejercer el control final de la orden del día. (...)
[5] A todos los adultos que están directamente sujetos al gobierno de un Estado se les
debe reconocer igualmente el derecho a participar, vale decir que deben tener los mis-
mos derechos, las mismas libertades, oportunidades y recursos que implican los cuatro
primeros requisitos” (2003: 17 ss.).
para algunos autores, a los individuos como factores de explicación de los
grupos y sus actividades.
Históricamente hablando, la participación política puede ser caracterizada
como un fenómeno antiguo (si pensamos en la polis griega) pero también
nuevo con la aparición del Estado moderno, los procesos de democratiza-
ción interna y los cambios socioeconómicos. La democratización está ca-
racterizada por la ampliación de las oportunidades, los niveles de participa-
ción, el número de participantes y la influencia sobre los detentadores del
poder y sus decisiones
2
. Por otra parte, el contacto producido entre la esfe-
ra política y la esfera socioeconómica posibilitó importantes procesos de
movilización social: migraciones del campo a la ciudad y de lo agrícola a
lo industrial, aumento de la población y su diversificación, mayor acceso a
la educación y la exposición a los medios de comunicación masivos. Esto
implicó un traslado físico y psíquico pero, por sobre todo, repercutió en las
formas de participación política, incluso como condición de posibilidad de
estas. Si la relación entre los cambios sociales, la reivindicación de deter-
minados derechos, la expansión de la esfera pública y si los individuos
consiguen los recursos económicos, jurídicos y políticos —sumado a la
participación del Estado— hay grandes probabilidades de que la participa-
ción política surja y se fortalezca.
No obstante lo dicho, la participación posee importantes condicionamien-
tos. Así, para M. Olson, en los estudios sobre las conductas de los grupos
se presenta una suposición falsa: si todos los miembros de un grupo, ya
sean individuos o empresas, poseen intereses comunes determinados el
grupo buscará el modo de satisfacerlos. La acción y el trabajo de un indivi-
duo o un grupo en pos de un objetivo o interés demanda tiempo y recursos
económico-materiales y los resultados pueden ser mínimos (o incluso peo-
res que eso...) debido a que las ganancias son repartidas por todos los inte-
grantes de la organización. Esta situación no motiva a realizar un esfuerzo
determinado en aras de lograr un objetivo sino más bien a esperar que el
trabajo sea realizado por otro/s. De estas circunstancias, que Olson consi-
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dera “normales”, surge una paradoja: los grandes grupos, si están compues-
tos por individuos racionales, no actúan a favor de los intereses del grupo
3
.
¿Cómo hacen las organizaciones para salir de esta situación? Aplican in-
centivos selectivos negativos o positivos, es decir, incentivos que se aplican
selectivamente según contribuyan o no a promover el bien colectivo o bien
público. Los incentivos selectivos sociales pueden ser poderosos pero nada
claros y no se debe abusar de ellos en grupos numerosos, por más que es-
tén compuestos por subgrupos, ya que los agentes no poseen el suficiente
tiempo como para ampliar excesivamente sus relaciones públicas. Por otra
parte, la heterogeneidad social limita también a los incentivos sociales pues
las personas valoran e interactúan con sus semejantes pero fundamental-
mente porque los miembros de esos conglomerados no suelen ponerse de
acuerdo sobre el o los bienes colectivos, lo que condiciona casi en su tota-
lidad cualquier acción colectiva. En palabras de Olson:
(...) Los animadores políticos que tratan de organizar la acción colectiva
tendrán más posibilidades de éxito si se esfuerzan por reunir grupos rela-
tivamente homogéneos. Los dirigentes políticos cuya tarea consista en
conservar la acción organizada o concertada también habrán de apelar al
adoctrinamiento y a reclutar con criterio selectivo para aumentar la ho-
mogeneidad de sus grupos de clientes. Esto es así, en parte, porque los
incentivos selectivos sociales suelen estar más disponibles en los grupos
que disfrutan de una mayor homogeneidad, y en parte, porque la homo-
geneidad ayudará a lograr la coincidencia de opiniones (1990: 210).
En el caso de un “votante típico” el beneficio de estudiar a los candidatos y
sus plataformas hasta lograr claridad sobre a quién debe votar estará dado
por el valor que represente para el agente un resultado electoral “correcto”
de uno “erróneo”, “multiplicado por la probabilidad de que un cambio en
el voto de dicho individuo modifique el resultado de la elección” (Ibíd.:
211). Esto hace que los ciudadanos prefieran la ignorancia en los asuntos
públicos debido a que ella es racional. Solamente algunos especialistas,
como por ejemplo los científicos sociales, pueden recibir beneficios por te-
ner un alto grado de conocimiento sobre “la cosa pública”, no es casuali-
dad que muchos de ellos terminen siendo asesores ya que la información
sobre los bienes colectivos es también un bien colectivo en sí mismo. La
contrapartida de esto es que la ignorancia en los asuntos públicos favorece
a los grupos de presión y su funcionamiento, esta es una de las tantas con-
tradicciones de las democracias modernas.
3
A estos tipos de agentes se los suele denominar polizones, free-riders, gorrones, etc.
61
Pero cuando en un grupo pequeño sus miembros logran un consenso y reali-
zan una determinada acción colectiva, cada uno de ellos logra un efecto per-
ceptible en los intereses de los demás y sobre el curso de la acción, por lo
cual todos actúan estratégicamente. Si los costos de la negociación son es-
casos se deberá maximizar las ganancias del grupo hasta lograr un resultado
óptimo denominado óptimo de Pareto. Situaciones como estas permiten de-
terminar que los grupos pequeños se dedican a una acción colectiva sin ne-
cesidad de perseguir incentivos selectivos numerosos o de gran escala. Los
grandes grupos están más capacitados para actuar a favor del bien público.
2.– Para que la participación política surja y se fortalezca es necesario que
haya una politización de los grupos y de los individuos. Uno de los facto-
res que influyen en la participación son las experiencias previas de la mis-
ma, si han sido exitosas o si, por lo menos, los logros fueron medianamen-
te buenos (por ejemplo: no se logró la satisfacción de las demandas pero
sí se generó un sentido de identidad) es posible que se vuelva a participar.
Existen diferentes maneras de participación, la más conocida es la electo-
ral pero es tan solo una más entre varias y ya se ha visto las dificultades
que tiene según Olson. Sin embargo, si la participación electoral no fun-
ciona correctamente las demás formas de participación (institucional, le-
gal, etc.) difícilmente puedan ser llevadas a cabo, lo cual favorece la inter-
vención de los grupos de presión y de las asociaciones de interés. Muchas
veces se considera al voto como algo racional-instrumental, sin embargo
suele estar subordinado a elementos expresivos como la pertenencia a un
determinado grupo. Así puede explicarse por qué frente a un inminente
fracaso muchos continúan participando en actividades, organizaciones y
partidos políticos.
Algunos especialistas sostienen que el factor más importante en el fenóme-
no de la participación es el nivel socioeconómico. Así las personas de status
social más alto son las que más participan. “Las personas cercanas al centro
de la sociedad están más inclinadas a participar en política que las personas
cercanas a la periferia...” (Pasquino, 1995: 187). En una línea semejante
otros opinan que la conciencia de clase es un factor clave, a mayor concien-
cia de clase, mayor participación. Algunos, en cambio, creen que las organi-
zaciones constituyen el elemento principal en la participación. De manera
interdependiente puede decirse que las personas con mayor status social y
económico ocupan los lugares importantes en las organizaciones y las insti-
tuciones, a su vez poseen mayores recursos (en sentido amplio) para la par-
ticipación y suelen ser más influyentes. Por lo tanto, en las organizaciones
se reflejan las desigualdades sociales. Empero, esto puede cambiar si las or-
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Otros factores que generan diferencias en la participación son el sexo, la edad y la in-
serción en la vida social y laboral. En el caso de la juventud y de las mujeres su partici-
pación e influencia se ha ampliado no solo en las modalidades —más allá de las urnas—
sino también en su alcance e impacto.
5
Existe una controversia sobre su denominación (organizaciones de interés, lobbies,
etc.), sin embargo en este trabajo se hace un uso indistinto de la denominación grupos o
asociaciones de interés, grupos de presión, etc. Esta diversidad de denominaciones es
debido, según Jordana, a la heterogeneidad de formas en que los intereses intervienen
sobre el sistema político (JORDANA, 1990: 289).
ganizaciones de las clases menos favorecidas son capaces de movilizar a
una parte importante de sus seguidores para reducir las desigualdades
4
.
Albert Hirschman propone una interacción entre las motivaciones indivi-
duales y la participación política con la dinámica de los ciclos de compro-
miso y repliegue y la importancia de los incentivos selectivos. Los incenti-
vos serían utilizados por las distintas organizaciones de manera selectiva,
según sus disponibilidades y miembros, teniendo en cuenta que estos a su
vez se modifican con el tiempo. Pueden distinguirse tres tipos de incenti-
vos: los materiales (recompensas tangibles), los solidarios (identidad y
prestigio) y los incentivos orientados al objetivo (como el ideológico, por
ejemplo). Hirschman también distingue tres modalidades a través de las
cuales los miembros de la organización pueden influir sobre las opciones
de la propia organización. La primera modalidad es la de protesta surgida
de comportamientos inaceptables de la organización o parte de ella, la de-
fección al ver la imposibilidad de influir sobre las decisiones se opta por
abandonar la organización, por último la lealtad que responde a la necesi-
dad de impedir el deterioro de la organización.
El gran desafío de la sociología política es estudiar las relaciones que se
producen entre la sociedad y el sistema político. Una forma de vinculación
son las acciones colectivas, permanentes o no, a través de las cuales los
miembros de la sociedad expresan sus preferencias y toman contacto con
algún área institucional del Estado. Entre las organizaciones que llevan
adelante diferentes acciones colectivas debemos destacar los grupos o aso-
ciaciones de interés (Idem)
5
, cuya actividad esencial es “desarrollar activi-
dades y generar móviles de acción, articulando intereses económicos y so-
ciales, lo que les permite actuar sobre el sistema político para conseguir los
fines que en cada caso se proponen” (Jordana, 1990: 289). Con el objeto de
adquirir recursos como poder e influencia sobre el diseño o la implementa-
ción de políticas estatales, o sobre áreas del Estado, buscan lograr una con-
tinua acción colectiva en defensa de sus intereses logrando que esta se de-
sarrolle gracias a la creación y manutención de estructuras organizativas
63
6
Los países occidentales atraviesan desde algunas décadas una “crisis de representa-
ción” dado el debilitamiento de la relación, en términos de identificación, entre partidos
políticos y votantes. Actualmente la identificación y las preferencias electorales no sólo
han disminuido sino que cambian continuamente según el tipo de elecciones, incluso
aun cuando socioeconómicamente y culturalmente el votante no haya sufrido movilidad
alguna. En las campañas, la elaboración de un detallado programa a ser implementado
en caso de triunfar electoralmente ha sido sustituido por la “(...) elaboración de impreci-
sas imágenes con las que, sobre todo, presentan la personalidad de sus [los] dirigentes.
capaces de mantener unidos los intereses individuales. Asociaciones de in-
terés son todas aquellas organizaciones que orientan su actividad total o
parcialmente a la intervención en el sistema político, no buscan obtener el
poder político sino más bien competir por la obtención o creación de bie-
nes públicos producidos por las organizaciones públicas. Cuando un deter-
minado número de actores mantiene relaciones estables y definidas con la
finalidad de hacer prevalecer sus intereses sobre el de otros actores o gru-
pos encontramos a un grupo de interés. Sin embargo, este no suele hacerse
cargo de las responsabilidades políticas si logra su pretensión.
Para las instituciones de la democracia liberal estos agentes no existen de
manera formal, debido a que las instituciones de la democracia se basan en
el principio de representatividad y sus diversos órganos se componen de re-
presentantes directos del conjunto de la población, elegidos a través de me-
canismos electorales. Estos representantes a su vez son miembros de parti-
dos políticos y los partidos no son asociaciones de interés ya que para
lograr un relativo éxito político deben formular preferencias más amplias
que la de los grupos de interés. Cuando el sistema de partidos funciona de-
ficientemente la actividad de los grupos de presión aumenta —y vicever-
sa—. Existen diferentes situaciones que presentan las formas de interac-
ción entre los partidos y los grupos. Así, los grupos pueden ser utilizados
por los partidos, o los partidos ser utilizados por los grupos. También pue-
den establecer un sistema de cooperación entre ellos o directamente llegar
a una situación de confrontación.
Sin embargo, los mecanismos formales de representación en la democra-
cia liberal sufren importantes deficiencias que favorecen la aparición de
diversas formas informales de participación política y modos informales
de encausarla, como lo son las asociaciones de interés, que adquieren su
legitimidad a través del ejercicio inmediato de la representación o la auto-
organización. Este ejercicio inmediato genera un “mecanismo autorregula-
dor” de la pluralidad de grupos. Para una intervención política las asocia-
ciones necesitan el apoyo de los ciudadanos y a su vez estas les brindan su
apoyo
6
. Las asociaciones de interés pueden tener motivos económicos y
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El escenario público está cada día más dominado por especialistas en medios (...). En
general, los políticos alcanzan el poder gracias a sus capacidades mediáticas, no por ser
de extracción social similar a la de su electorado ni por estar próximos a él. Parece que
la brecha entre gobierno y sociedad, entre representantes y representados, se está am-
pliando” (MANIN, 1998: 237). Este nuevo fenómeno de votar según la persona es inter-
pretado como una desviación del comportamiento normal del voto y se toma como uno
de los orígenes de la crisis. Ahora bien, para Bernard Manin desde el siglo XIX el go-
bierno representativo ha cambiado significativamente pasando por diferentes etapas en
las cuales el concepto mismo de representación ha ido transformándose, ya sea durante
el parlamentarismo o la democracia de partidos hasta llegar a lo que él denomina la “de-
mocracia de audiencia”. “(...) Quizá [plantea Manin a modo de hipótesis], más que una
crisis de representación, estamos asistiendo a la de una forma concreta de representa-
ción, esto es, a la establecida tras los partidos de masas” (Ibíd.: 241). “Lo que estamos
percibiendo hoy no es una desviación de los principios del gobierno representativo, sino
un cambio en los tipos de élites seleccionadas [los expertos en medios]” (Ibíd.: 269) que
agrava el distanciamiento entre gobernados y la élite gobernante, negándose nuevamente
la democratización de la representación (MANIN, 1998: 285). A pesar de todo, el princi-
pio democrático de la representación consistente en rendir cuentas aún se mantiene, aun-
que no sin pocas dificultades.
7
Existen importantes diferencias entre los países de tradición europea (continental) y
los de tradición anglosajona, por ejemplo.
políticos pero también culturales y religiosos, entre otros, de igual forma
sus modos de intervención dependen de la estructura institucional, social y
cultural de cada país
7
.
La acción colectiva presupone algunas condiciones: a) la existencia de in-
dividuos, o un conjunto de ellos, que comparten intereses; b) la posibilidad
de que cada individuo pueda participar de la acción y c) que el resultado de
la acción, llamado bien público o bien colectivo, no pueda ser disfrutado de
forma exclusiva por los que han participado en la acción. El cálculo de be-
neficios para su maximización introduce un elemento que hace más com-
plejo el análisis ya que la valoración de la satisfacción dependerá de las
creencias que cada individuo tenga. En el caso de la participación política
esta valoración se denomina ideología y para algunos autores posibilita la
cohesión de los miembros del grupo.
Los bienes públicos que pretenden lograr las asociaciones de interés no son
creados por la propia organización sino por el Estado, o por intermedio del
Estado, a través de otras organizaciones que participan de los procesos po-
líticos. Esto implica que las asociaciones persiguen sus propios bienes co-
lectivos y que encuentran innumerables dificultades al perseguir bienes pú-
blicos sociales (que suelen ser buscados por la legitimidad que otorgan)
con excepciones como las organizaciones por la paz o el cuidado del
medioambiente. Es necesario aclarar que bien público no significa un bien
65
obtenido para todos los miembros de la sociedad sino que su calidad de pú-
blico radica en que todos los integrantes de la asociación se beneficiarán de
él si lo obtienen, se trata de un bien público en sentido restringido.
Los problemas en torno a la obtención del bien público en la acción colec-
tiva puede tener, en términos generales, dos tipos de soluciones: las cen-
tralizadas y las descentralizadas. En las formas descentralizadas el bien
público se produce de forma relativamente espontánea, es decir, prescin-
diendo de formas organizativas cuando las contribuciones de los individuos
generan apoyo suficiente gracias a un cambio de valores o percepciones in-
dividuales. Las contribuciones individuales surgen entre el grupo de refe-
rencia debido al interés de cada agente en el bien público y a las expectati-
vas sobre las acciones de los demás agentes miembros, por ejemplo una
acción colectiva a favor de problemas ambientales. Las soluciones centrali-
zadas, en cambio, surgen como respuesta a las dificultades de las solucio-
nes descentralizadas, así la creación de instituciones y organizaciones pri-
vadas o públicas tiene por objetivo sostener la continuidad de las acciones
colectivas a través de reglas internas y mecanismos de intervención. Por tal
motivo, las organizaciones son en sí un bien público a pesar de ser profun-
damente heterogéneas (ver figuras 1 y 2).
EMILIO LIPINSKI
(Figura 1) Debe leerse de manera similar a la Curva de Lorenz, donde la lí-
nea de equidistribución simula ser un ideal organizativo entre burocracia-
centralización y liderazgo personal-descentralización.
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C. Offe en Dos lógicas de acción colectiva (Offe y Wiesenthal, 1992:
68) propone un elaborado cuadro que sirve de complementación al pri-
mero:
(Figura 2)
En ocasiones los grupos más poderosos tienen contacto con los poderes
públicos, o burlan los procedimientos democráticos y constitucionales so-
bre la libertad y, a diferencia de los partidos políticos, suelen utilizar meca-
nismos poco ortodoxos o incluso hasta corruptos. Pero existen también
presiones para lograr fines justos a través de metodologías correctas que
contribuyen a la dinámica entre el Estado y la sociedad civil (Pasquino,
67
1995: 199)
8
. El fenómeno de las asociaciones de interés es posible gracias
a la sociedad de masas y a la democracia liberal con los derechos de liber-
tad de expresión y de asociación. Además, deben incluirse factores so-
cioeconómicos, el carácter pluralista de las sociedades contemporáneas y la
intervención del Estado, esto último como variable particularmente impor-
tante para los grupos de interés. Por otra parte, hay cierta conciencia de que
el poder político puede servir para defender intereses propios mediante la
acción política. Aunque los grupos de presión no son solo de carácter polí-
tico
9
.
Existen diversos grupos de presión, R. T. Mc Kenzie distingue dos: los
grupos seccionales, que incluyen a los grupos de presión con intereses
económicos o intereses profesionales cuyo objetivo es promover las venta-
jas de sus miembros influyendo sobre el gobierno. Y los grupos promoto-
res que promueven causas particulares, por ejemplo la abolición de la
pena de muerte. Existen también otros tipos de grupos susceptibles de ser
politizados. Por otra parte, David Truman habla también de los grupos de
interés potencial que consistirían en una masa más o menos desorganizada
interesada en que no se vulneren aspectos que consideran constitutivos del
sistema democrático, en tal sentido suelen inclinarse por formas de partici-
pación que les garanticen visibilidad en los Medios Masivos de Comuni-
cación a fin de influir en la agenda pública y en la formación de la opi-
nión pública.
3.– Las teorías sobre la acción colectiva han provocado innumerables de-
bates y posicionamientos a favor o en contra de ellas. A partir de los es-
tudios sobre las asociaciones de interés surgen los planteos pluralistas
(Truman, Easton) y, posteriormente, los pluralistas reformados y neoplu-
ralistas (Ch. Lindblom). Por otra parte, también dieron origen a los argu-
mentos corporativistas y neocorporativistas (Ph. Schmitter). No solo el
8
Rose distingue tipos de relaciones entre los grupos y la sociedad: “1) armonía entre
las demandas de los grupos de presión y las normas culturales generales; 2) un aumen-
to gradual de la aceptación de los valores políticos que apoyan las demandas de los
grupos de presión, 3) negociación con apoyo fluctuante por parte de las normas cultu-
rales, 4) una labor de promoción frente a la indiferencia cultural; 5) una labor de pro-
moción frente a tendencias culturales en cambio desde hace mucho tiempo, 6) un con-
flicto entre los valores culturales y los objetivos del grupo de presión” (PASQUINO,
1995: 199).
9
Se debe tener en cuenta que el Estado puede verse influenciado pero también puede
presentar resistencia apoyándose en sus propios argumentos y en otros grupos de presión
favorables.
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10
Una de las perspectivas alternativas para el análisis de la acción colectiva es la de
Estructura de Oportunidad Política (EOP) desarrollada por autores tales como Ch. Tilly,
D. McAdam, Eisinger y Tarrow, entre otros. Para este enfoque el análisis de la relación
entre movimientos sociales y Estado es fundamental para la comprensión de la acción
colectiva, de allí el énfasis puesto en los procesos políticos para el estudio de los movi-
mientos sociales a partir de conceptos como “acceso al sistema político”, “inestabilidad
política”, “niveles de tolerancia a la protesta”, “existencia de aliados”, “estructura legal/
institucional”, “cultura política”, etc. (DELLA PORTA, 1999: 100-143).
ámbito de la teoría política y social se vio influenciado por las teorías de
la acción colectiva, sino que también hubo repercusiones sobre la gestión
en la administración pública y la creación e implementación de las políti-
cas públicas con los enfoques New Public Managment y public choice
(elección pública).
Los análisis sobre los grupos de interés, su organización y sus intervencio-
nes pueden agruparse bajo la denominación de Teoría de Movilización de
Recursos (TMR) en tanto los supuestos epistemológicos sostienen teorías
explicativas con sujetos racionales guiados por la satisfacción de intereses.
No obstante ello, no es la única manera de abordar la acción colectiva,
pues si nos centramos en la búsqueda de alternativas culturales, sociales y
políticas las investigaciones sobre los Nuevos Movimientos Sociales
(NMS) se sustentan en teorías de la acción colectiva pero desde un enfoque
holista y comprensivo. Por último, entre ambas perspectivas, puede ubicar-
se la postura de C. Offe y H. Wiesenthal en torno a los déficits de las teo-
rías de la acción colectiva que prescinden de un análisis sobre la estructura
de clase en las sociedades capitalistas
10
.
Respecto de los movimientos sociales, puede decirse que estos “son una
forma particular de conducta colectiva” (Di Tella, 2004: 489). Muchos
grupos e individuos de las sociedades no definen sus identidades solamen-
te en relación a su lugar en el sistema productivo —algo característico de
los movimientos sociales— sino también en referencia a cuestiones reli-
giosas, étnicas, de género, etc. (característica principal de los Nuevos Mo-
vimientos Sociales). Sin embargo, los movimientos colectivos son diferen-
tes a otros tipos de acciones colectivas como las inspiradas en modas o el
pánico —es decir movimientos de agregado— debido a que los partici-
pantes sufren cambios en sí mismos y en la manera de relacionarse con
sus pares.
Desde la perspectiva de la participación los sujetos se identifican con los
procesos de ruptura de las viejas formas de solidaridad y con la creación
de las nuevas y cuál será el lugar que ocuparán en estas. Esto permite di-
ferenciar a los movimientos sociales de diversas formas de acción colecti-
69
11
Sin embargo, las perspectivas de cambio cultural no se deben sobre-idealizar ya
que, como demuestra Offe, los NMS pueden aliarse con sectores “conservadores” y te-
ner resultados diferentes, aunque no necesariamente contrarios al cambio (OFFE, 1988:
220-239).
va, por ejemplo de las conductas de agregado: el pánico, manías colecti-
vas, etc. Porque estas no siempre generan conflicto ni buscan romper los
límites sociales. Los movimientos sociales no son una simple demostra-
ción de crisis o de movilización de los sectores periféricos, sino que tam-
bién demuestran el nacimiento de algo nuevo. Su identidad no surge,
como se dijo, desde el sistema productivo sino de pertenencias que, antes
no reconocidas por ser consideradas del ámbito privado, se ven amenaza-
das. Estos Nuevos Movimientos Sociales pretenden generar contra-
cultura
11
.
En la búsqueda de esta perspectiva alternativa se encuentra la denominada
Nueva Izquierda constituida por diferentes corrientes de la Ciencia Política
que van desde pensadores que retoman a Rousseau, posturas anarquistas y
diferentes lineamientos dentro del marxismo. Autores contemporáneos
como Carole Pateman, C. B. Macpherson y Nicos Poulantzas proponen
una resignificación de la democracia y la ciudadanía, opuesta a la democra-
cia legal del neoliberalismo que se centra en la participación. Estos autores
a pesar de tener profundas diferencias entre sí dan cuenta de que los postu-
lados del liberalismo clásico según los cuáles todos los hombres son libres
e iguales o que el Estado debe ser un actor imparcial, en la realidad adole-
cen de existencia pues las desigualdades entre las personas son profundas y
diversas y el Estado es partícipe al momento de generarlas. Esta situación
permite observar que lo público y lo privado no tienen (ni han tenido) una
frontera fija sino que están interrelacionados de manera compleja y que la
democracia electoral posee mecanismos escasos (y muchas veces ineficien-
tes) para lograr que el Estado y los gobiernos sean responsables ante los
ciudadanos.
Dentro de esta línea de pensamiento se encuentra Claus Offe quien, jun-
to con Helmut Wiesenthal, realiza una profunda crítica a los supuestos
de la acción colectiva por no tener en cuenta la configuración estructural
de las sociedades capitalistas: la división antagónica entre dos clases, la
de los propietarios de los medios de producción y la de los que solo po-
seen su fuerza de trabajo y deben venderla para obtener su subsistencia.
Según estos autores la lucha de clases es un factor importantísimo al
momento de analizar las intervenciones de las organizaciones que bus-
can influir en los organismos estatales. Pues las asociaciones de interés
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12
En palabras de Offe: “Nuestro propósito es demostrar que (...) el trabajo y el capital
muestran diferencias sustanciales en lo que se refiere al funcionamiento y comporta-
miento de sus asociaciones. Sostendremos que estas diferencias son consecuencia y ma-
nifestación de unas relaciones de clase antagónicas” (OFFE y WIESENTHAL, 1992: 55).
13
Se coloca entre comillas el adjetivo para dar cuenta de su carácter laxo.
son asociaciones de clase que intervienen entre el Estado y los grupos
sociales
12
.
A partir de esto se deduce que el poder de intervención de las organizacio-
nes es absolutamente desigual, al respecto J. Jordana expresa:
(...) mientras los intereses empresariales son fácilmente respetados, las
asociaciones que representan los intereses de la clase trabajadora sólo
tienen posibilidades de obtener una mayor igualdad en la provisión de
bienes públicos que realiza el Estado cuando consiguen realizar una gran
acumulación de recursos (1990: 311).
Las características del conflicto hace que las empresas o los grupos empre-
sarios posean importantes ventajas debido a su control sobre la fuerza de
trabajo, de esta manera, los trabajadores deben buscar formas de acción co-
lectiva con el objetivo de oponerse a dicho control (aunque para ello se ne-
cesitan grandes esfuerzos organizativos). Las empresas pueden prescindir
de una estructura organizativa, los trabajadores no.
Offe, siguiendo la trayectoria de la Nueva Izquierda, analiza los déficits ar-
gumentativos del liberalismo político “conservador”
13
y positivista en tor-
no a la igualdad formal o lógica y a la igualdad real (o mejor desigualdad
real), a partir de un estudio crítico y diferenciado sobre: 1) los factores de
producción (lo que hay que organizar a partir de que los sujetos que inter-
vienen están insertos en una sociedad estructurada por el sistema capitalis-
ta); 2) los procesos internos (cómo se organiza internamente cada asocia-
ción) y 3) los productos organizativos (la posición privilegiada del capital,
que a su vez se relaciona favorablemente con el Estado, y los diferentes
modos en que las organizaciones sindicales y empresariales se vinculan
con el entorno social). El carácter encubridor de los conflictos de clases
utilizando expresiones como “intereses heterogéneos”, el problema de la
distorsión de los intereses voluntaria o involuntariamente que coloca en
una posición dificultosa al agente racional idealizado y al modelo de demo-
cracia liberal, la mayor legitimidad y veracidad que adquieren los intereses
de las empresas gracias al sistema capitalista y las ambigüedades objetivas
y subjetivas que sufren los trabajadores son algunas de las temáticas que
problematiza Offe de manera crítica. Sin embargo, ¿qué sucede con las or-
71
14
“La teoría de la justicia es una parte, quizá la más significativa, de la teoría de la
elección racional. Más aún, los principios de la justicia se ocupan de las pretensiones
conflictivas producto de las ventajas obtenidas por la cooperación social; se aplican a las
relaciones entre varias personas o grupos” (RAWLS, 1993: 34).
15
Ver: “Conferencia II. Los poderes de los ciudadanos y su representación. Apartado 1
Lo razonable y lo racional”. En: RAWLS, John (1995) Liberalismo político, Buenos Ai-
res: Fondo de Cultura Económica, páginas 67-71. En especial notas al pie.
16
Entiendo por coordinación de intereses una asociación por utilidad, sujeta a posibles
acciones irrazonables, que cuando logra sus objetivos propuestos se disuelve.
ganizaciones que forman parte de los NMS y que no construyen su identi-
dad a partir de su posición en el sistema productivo? Offe dirá que a pesar
de que muchas demandas no son de clases se encuentran determinadas por
la estructura socioeconómica en cuyo interior surgen las asociaciones de
interés que intervienen sobre las instituciones políticas que también se en-
cuentran condicionadas por la lógica capitalista.
Consideraciones finales
Desde una perspectiva normativa el agente racional que actúa estratégica-
mente para lograr un bien público movilizando recursos y planteando incen-
tivos selectivos también ha sido duramente criticado. La ficción metodoló-
gica de individuos u organizaciones perfectamente racionales con
información completa y un perfecto ordenador genera diversos rechazos.
John Rawls en Teoría de la Justicia (1993) trataba de proponer procedi-
mientos para organizar a la sociedad bajo principios de justicia consensua-
dos. Para Rawls su teoría es una ampliación de la rational choice
14
. En Li-
beralismo político (1995) realiza una distinción entre lo razonable y lo
racional donde lo primero se produce cuando todas las personas involucra-
das proponen normas como términos justos de cooperación, es decir, cons-
truyen un sistema justo de cooperación abierto a la participación y discusión
de todos de manera recíproca. Las personas son irrazonables cuando se pro-
ponen esquemas de cooperación que luego son quebrantados debido a que
entran en conflicto con sus intereses. Por su parte lo racional se aplica a un
solo agente unificado, sea un individuo o una organización, con capacida-
des de deliberación y juicio que persigue intereses en su propio beneficio
utilizando los medios más adecuados
15
. Está de más decir que Rawls tiene
preferencia por los sistemas de cooperación y no por la coordinación de in-
tereses o acciones individuales que se sitúan por sobre las normas consen-
suadas
16
. Como se puede deducir, el planteo liberal deontológico de Rawls
no está vinculado con un liberalismo individualista y racionalmente egoísta.
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Los análisis sobre la elección racional y la acción colectiva no dejan de ser
“herramientas”, aunque limitadas, para comprender determinados fenóme-
nos característicos de las sociedades de masas contemporáneas. Cualquier
persona que participe o haya participado en algún tipo de institución sabe
que los incentivos selectivos, la búsqueda de un bien público y las formas
de organización e intervención son elementos constitutivos de cualquier ac-
ción estratégica que permita alcanzar los objetivos de la organización de la
cual forma parte. El no reconocimiento de los agentes racionales y egoístas
podría llevar a idealizar a los miembros de una organización o los ciudada-
nos de una sociedad. De manera contraria, la exaltación de un individualis-
mo grosero no aportaría nada a las ya desbastadas sociedades y sistemas
políticos. Lo que queda por hacer es tratar de que los sistemas de coopera-
ción o las “lógicas” comunitarias puedan primar sobre la maximización de
intereses y reducirlos a un mínimo posible.
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