
31 - primavera-verano 2013/2014
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STUDIA POLITICÆ
El escenario público está cada día más dominado por especialistas en medios (...). En
general, los políticos alcanzan el poder gracias a sus capacidades mediáticas, no por ser
de extracción social similar a la de su electorado ni por estar próximos a él. Parece que
la brecha entre gobierno y sociedad, entre representantes y representados, se está am-
pliando” (MANIN, 1998: 237). Este nuevo fenómeno de votar según la persona es inter-
pretado como una desviación del comportamiento normal del voto y se toma como uno
de los orígenes de la crisis. Ahora bien, para Bernard Manin desde el siglo XIX el go-
bierno representativo ha cambiado significativamente pasando por diferentes etapas en
las cuales el concepto mismo de representación ha ido transformándose, ya sea durante
el parlamentarismo o la democracia de partidos hasta llegar a lo que él denomina la “de-
mocracia de audiencia”. “(...) Quizá [plantea Manin a modo de hipótesis], más que una
crisis de representación, estamos asistiendo a la de una forma concreta de representa-
ción, esto es, a la establecida tras los partidos de masas” (Ibíd.: 241). “Lo que estamos
percibiendo hoy no es una desviación de los principios del gobierno representativo, sino
un cambio en los tipos de élites seleccionadas [los expertos en medios]” (Ibíd.: 269) que
agrava el distanciamiento entre gobernados y la élite gobernante, negándose nuevamente
la democratización de la representación (MANIN, 1998: 285). A pesar de todo, el princi-
pio democrático de la representación consistente en rendir cuentas aún se mantiene, aun-
que no sin pocas dificultades.
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Existen importantes diferencias entre los países de tradición europea (continental) y
los de tradición anglosajona, por ejemplo.
políticos pero también culturales y religiosos, entre otros, de igual forma
sus modos de intervención dependen de la estructura institucional, social y
cultural de cada país
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La acción colectiva presupone algunas condiciones: a) la existencia de in-
dividuos, o un conjunto de ellos, que comparten intereses; b) la posibilidad
de que cada individuo pueda participar de la acción y c) que el resultado de
la acción, llamado bien público o bien colectivo, no pueda ser disfrutado de
forma exclusiva por los que han participado en la acción. El cálculo de be-
neficios para su maximización introduce un elemento que hace más com-
plejo el análisis ya que la valoración de la satisfacción dependerá de las
creencias que cada individuo tenga. En el caso de la participación política
esta valoración se denomina ideología y para algunos autores posibilita la
cohesión de los miembros del grupo.
Los bienes públicos que pretenden lograr las asociaciones de interés no son
creados por la propia organización sino por el Estado, o por intermedio del
Estado, a través de otras organizaciones que participan de los procesos po-
líticos. Esto implica que las asociaciones persiguen sus propios bienes co-
lectivos y que encuentran innumerables dificultades al perseguir bienes pú-
blicos sociales (que suelen ser buscados por la legitimidad que otorgan)
con excepciones como las organizaciones por la paz o el cuidado del
medioambiente. Es necesario aclarar que bien público no significa un bien