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Psicoanalista, docente de Psicoanálisis en la carrera de Psicología (UBA). Autora de
varios artículos y publicaciones. Magíster en Ciencias Políticas IDAES-UNSAM, reali-
zó su tesis en Populismo y psicoanálisis bajo la tutoría de Ernesto Laclau.
Código de referato: SP.175.XXXI/14
La demanda populista y el líder
Nora Merlin
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Resumen
Ernesto Laclau sostiene que la construcción populista es efecto de la ar-
ticulación de demandas que establecen relaciones de equivalencia y con-
forman identidad (Laclau, 2008b). Según Laclau, el populismo no es una
esencia previa a la lógica equivalencial; tampoco la demanda conforma
un dato ontológico previo ni está en el lugar de la causa del populismo.
Por el contrario, la demanda y el populismo son efectos de constitución.
Para comprender mejor la construcción populista que plantea Laclau
pensamos que es necesario analizar la estructura de la demanda y la lógi-
ca de su conformación a partir de los desarrollos que ofrece el psicoaná-
lisis, pues desde esta perspectiva —entre otras— parte Laclau para desa-
rrollar su teoría política. Nos centraremos exclusivamente en las
demandas populistas, puesto que son ellas las que intervienen en la lógi-
ca equivalencial. La demanda populista delimita dos campos: el del suje-
to, que en este caso es el pueblo, y el del Otro. Este Otro se encarna en
las instituciones de la democracia representativa y también en el líder
populista, que diferenciaremos del líder de masas.
Palabras clave: Demanda – Líder – Populismo – Democracia
Abstract
Ernesto Laclau argues that the populist construction is the joint effect of
demands that establish equivalence relations and form identity.
STUDIA POLITICÆ Número 31 ~ primavera-verano 2013/2014
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
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According to Laclau, populism is not an essence prior to equivalential
logic, nor demand forms a prior ontological data which is in place of the
cause of populism. By contrast, demand and populism are effects of
formation. To better understand Laclau’s populist construction we think
it is necessary to analyze the structure of demand and the logic of its
conformation with the theorerical framework of psichoanalysis. Since
this perspective, among others, contributes to Laclau’s political theory.
In this paper, we focus exclusively on populist demands because they are
the ones involved in equivalential logic. Populist demand defines two
fields: subject, which in this case is the people, and the Other. This Other
is embodied in the institutions of representative democracy and in the
populist leader, which differs from mass leader.
Key words: demand – leader – populism – democracy
Introducción
E
RNESTO Laclau sostiene que la construcción populista es efecto de
la articulación de demandas que establecen relaciones de equiva-
lencia y conforman identidad (Laclau, 2008b). Según Laclau, el
populismo no es una esencia previa a la lógica equivalencial; tampoco la
demanda, unidad de análisis y estatuto fundacional de aquel, conforma un
dato ontológico previo ni está en el lugar de la causa del populismo. Por
el contrario, la demanda y el populismo son efectos de constitución. Para
comprender mejor la construcción populista que plantea Laclau, pensa-
mos que es necesario analizar la estructura de la demanda y la lógica de
su conformación a partir de los desarrollos que ofrece el psicoanálisis,
pues desde esta perspectiva —entre otras— parte Laclau para desarrollar
su teoría política. No nos adentraremos aquí en un pormenorizado estudio
psicoanalítico de la demanda, sino que más bien nos interesa entender el
uso que hace Laclau de esta categoría y sus alcances en el populismo.
Esto supone centrarnos exclusivamente en las demandas populistas, pues-
to que son ellas las que intervienen en la lógica equivalencial. La cons-
trucción populista tiene como fundamento la articulación de demandas al
Otro, que para Lacan es el lugar del lenguaje. La demanda populista deli-
mita dos campos: el del sujeto, que en este caso es el pueblo, y el del
Otro. Este Otro se encarna en las instituciones de la democracia represen-
tativa y también en el líder populista, al que diferenciaremos del líder de
masas. Basándonos en Freud y Lacan, quienes incluyen en la demanda
una satisfacción pulsional más allá de su enunciado, nos interesa analizar
cómo se pone en juego esta dimensión libidinal en la demanda y, por
ende, en la construcción populista.
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La demanda, el sujeto y el Otro desde una perspectiva psicoanalítica
En la lectura que Lacan hace de la obra de Freud, ni el sujeto ni el otro son
puntos de partida biológicos u ontológicos, sino efectos de lenguaje, de
condiciones eróticas y de posiciones que se van recortando en relación al
deseo del Otro, que se articula por la demanda. El sujeto nace del Otro
pero, a su vez, hace nacer otro, el lugar del semejante, en el Otro (Lacan,
1984). A partir de Freud, Lacan considera que la demanda del Otro, lugar
del lenguaje, constituye al sujeto y al otro semejante. Pero para ninguno de
estos autores la demanda se presenta como un punto de partida, sino que
ambos la conciben como una interpretación en la cadena simbólica. Expli-
caremos este argumento tal como lo describe Freud en el “Proyecto de psi-
cología para neurólogos” de 1895, donde plantea el comienzo del aparato
psíquico a partir de un objeto perdido así como de un mítico e imposible
estado de satisfacción plena de la necesidad (1998). Allí define, en lo que
denomina “experiencia de satisfacción”, dos estatutos constitutivos de ape-
go al Otro: por un lado lo que denomina desamparo, estado de tensión, ne-
cesidad, posición que implica un Otro omnipotente que tiene y puede satis-
facer la necesidad. Por otro, establece la noción de dependencia al Otro,
que se encarna en un otro que auxilia con ternura, permanencia y continui-
dad, razones por las cuales este otro será luego objeto de amor. Es decir
que desamparo y dependencia hacen nacer un sujeto y un objeto de amor.
Este último es caracterizado como una persona que ofrece su presencia de
manera estable y continuada, que es capaz de escuchar un grito y responder
a él significándolo como demanda, merced a la propia demanda. Freud es-
tablece de este modo la primera relación de comunicación entre lo que será
un sujeto y el otro auxiliador, que es la persona que significa dicho grito
como un llamado. Para que este otro se constituya en objeto de amor, lugar
de la madre, es necesario que se establezca una relación, mediatizada por la
demanda, entre lo que devendrá el sujeto y el otro (madre). Al igual que
Freud, Lacan diferencia necesidad de demanda: ambos consideran que
ellas no se reducen ni se superponen, por lo que la satisfacción de las de-
mandas no es de ninguna necesidad, tal como establecimos anteriormente a
propósito de la “experiencia de satisfacción” (Lacan, 1984). La satisfacción
en psicoanálisis es siempre de la pulsión, cuestión que remite al erotismo
del propio cuerpo. La demanda del Otro produce en una articulación signi-
ficante dos efectos de significación: uno neutral que conduce al sujeto no
investido libidinalmente, referido a la retórica, un sujeto muerto, separado
de todo goce; y un segundo efecto significante articulado al cuerpo, que
deja lugar para los restos que escapan a la mortificación —libido, plus de
goce, objeto a, los denomina Lacan—. En pocas palabras, en la demanda
se incluye un efecto de significación sancionado por el Otro respecto del
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enunciado y una modalidad de satisfacción pulsional informulada, que no
se inscribe ni se representa.
La demanda populista
Con el anterior aporte del psicoanálisis intentaremos una mejor compren-
sión de las demandas populistas. A partir de los dos efectos de significado
de la demanda, observamos que el populismo nunca puede ser un todo ce-
rrado. En primer lugar porque el Otro del lenguaje es incompleto, es decir,
no consiste en un conjunto completo de todos los significantes, por lo que
el efecto retórico nunca puede producir una clausura absoluta del sentido.
En segundo lugar, porque la satisfacción pulsional que está en juego en el
efecto libidinal no cesa de no escribirse, pues el objeto con el que se satis-
face la pulsión no es el de la necesidad, por lo que siempre queda un plus,
un resto pulsional que insiste, causa nuevas demandas y determina que la
construcción populista —en tanto matriz libidinal— exceda lo argumental
o ideacional.
Como hemos planteado al comienzo de este trabajo, ni el populismo ni la
demanda constituyen datos previos, objetivos, garantizados, ni tampoco
puntos de partida, sino que son efectos simbólicos de inscripción y signifi-
cación:
Los símbolos o identidades populares, en tanto son una superficie de ins-
cripción no expresan pasivamente lo que está inscripto en ella, sino que
de hecho constituyen lo que expresan a través del proceso mismo de su
expresión. En otras palabras: la posición del sujeto popular no expresa
simplemente una unidad de demandas constituidas fuera y antes de sí
mismo, sino que es el momento decisivo en el establecimiento de esa uni-
dad (...). La única fuente de articulación es la cadena como tal (Laclau,
2008b: 129).
Laclau recorta dos clases de demandas: las democráticas, las cuales están
aisladas de la equivalencia, y las populares, que se articulan y establecen
relaciones de equivalencia. Esta distinción entre demandas no es estática
sino dinámica, ya que no implica fijeza conceptual. Una demanda demo-
crática, absorbida por la institucionalidad, puede devenir popular si se reac-
tiva y entra en equivalencia con otras —y viceversa, una populista puede
convertirse en democrática—. El populismo, entonces, es un modo de
construcción política inherente a una comunidad, cuyo fundamento son de-
mandas que aún no fueron respondidas por el Otro institucional o el Esta-
do. De la diferencia discursiva que surge por la imposibilidad del orden so-
cial o el Estado de responder a todas las demandas, cerrándose en una
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síntesis, aparece el pueblo como consecuencia, entendido como metáfora o
nombre de la comunidad toda. Pero al mismo tiempo, el concepto de popu-
lismo cuestiona la idea de comunidad como un conjunto cerrado que inclu-
ye a todos; por el contrario, Laclau concibe a la comunidad de manera es-
cindida, lugar de una división irreconciliable (Laclau, 2008b).
El Otro de la demanda populista conduce al tema del líder populista, el
cual tampoco es un dato ontológico ni alguien con características carismá-
ticas; aunque esos rasgos puedan aportar, no resultan decisorios. Para com-
prender mejor esta problemática comenzaremos por establecer diferencias
con el líder de masas.
El líder de masas: objeto de amor
En su trabajo sobre la psicología de las masas, Freud afirma que esta cons-
trucción se caracteriza porque sus miembros ubican en el mismo objeto el
lugar del Ideal y luego se identifican entre sí; tanto el líder como la masa se
fundan en el Ideal. El Ideal es una instancia simbólica que permite la iden-
tificación, tiene función de atemperar y apaciguar las relaciones. Es un
punto en el que converge una multiplicación de vínculos amorosos, enamo-
ramiento reiterado de cada uno extendido a muchos; el amor, indica Freud
(1986a), tiene estructura de engaño, es una ilusión. Del mismo modo sos-
tiene Lacan que el amor suple la falta constitutiva del sujeto, vela su divi-
sión e intenta hacer uno con el objeto. En el Seminario XI afirma Lacan
(1986) que el esquema de la masa es el del amor, la hipnosis y la fascina-
ción colectiva, por lo que su estructura implica una operación en la que se
trata de taponar con el Ideal, el lugar de la causa, objeto a, produciendo la
ilusión de unificación sin resto. La masa homogeneizada funciona sugestio-
nada y persuadida de que el líder tiene lo que puede completarla. De este
modo, ella se asegura poniendo en juego dos pasiones: la satisfacción nar-
cicística del “uno del amor” y la de la ignorancia de lo que falta. Afirma
Lacan “esto le permitirá sostenerse en una situación dual satisfactoria des-
de el punto de vista del amor” (Lacan, 1986: 276). La identidad alcanzada
por la masa se sostiene exclusivamente en el Ideal y lo especular. Este fe-
nómeno no constituye una modalidad discursiva de lazo social, sino que se
puede describir como un montón de gente seriada, indiferenciada y unifica-
da por identificación y obediencia al líder. El sujeto de la masa es pasivo,
servil y sugestionado, su yo empobrecido revitaliza la vieja retórica morali-
zante y predestinada. Freud vio en la psicología de las masas al rebaño, la
fascinación colectiva, un prolegómeno del totalitarismo. ¿Se puede pensar
que ella es una construcción política? La respuesta es negativa porque una
formación sostenida exclusivamente en el amor lleva necesariamente a la
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religión, en la cual el líder es una imagen-ídolo que se adora. Ya demostra-
mos que el amor siempre enceguece y tiende a pacificar las relaciones, en-
cubriendo el conflicto o el desacuerdo. Por lo tanto, esta concepción es
contraria a la política.
En el Seminario La transferencia, Lacan (2003) realiza un comentario sobre
El banquete de Platón en el que articula amor y deseo. Postula allí que Só-
crates introduce en el amor la función de la falta, propia del deseo, la posi-
ción del carente a quien le falta lo amante, y diferencia esta posición de la
del que tiene lo amado. Dice Lacan que el amor aspira a que estas posicio-
nes sean sustituibles, produciéndose lo que denomina la metáfora del amor:
lo amante en el don activo da su amor al amado y pretende que este último
se sustituya como amante, lo que conformaría el pasaje de objeto amado a
sujeto de la carencia. La falta inaugura allí la posibilidad de discurso de lla-
mado al Otro y hace posible de este modo la demanda. El sujeto de la masa
se hace presente sólo como objeto amado, no se produce allí el efecto meta-
fórico que pone en juego la falta, en el que el objeto de amor deviene, desde
su carencia, sujeto de discurso y de demanda. En la masa, construcción de
uno sin resto, el sujeto se ofrece allí como objeto amado, desamparado, so-
metido a un amo o maestro que ilusoriamente tiene lo que le falta y que arti-
cula ideales, ideologías preconcebidas e imperativos. En este aspecto ubica-
mos una diferencia fundamental entre la masa y el populismo, pues en la
primera el amor al líder es base y condición de la construcción, amo de la
palabra, único con voz y voto. Desde el lugar del Ideal, el líder de la masa,
expresa demandas que funcionan como imperativos o mandatos a obedecer;
por esta razón él se convierte y encarna al superyó en tanto imperativo kan-
tiano, ley moral. Tanto Freud como Lacan enseñaron que cualquier forma-
ción social organizada fundamentalmente por el superyó lleva al malestar, la
culpa, el autocastigo, el padecimiento y la agresividad; por este camino no
puede haber conformación de pueblo. Este último argumento será explicado
en otra oportunidad pues excede los límites de este trabajo. Es necesario
aclarar que si bien en el populismo se producen también efectos imaginarios
de identificación y en el plano del amor, ellos son secundarios y la satisfac-
ción libidinal no se juega exclusivamente de ese modo.
El líder populista
Las demandas populistas no son unidades de sentido apriorísticas, sino que
se dirigen al Otro (campo del lenguaje), que se encarna en las instituciones
y en un otro semejante que deviene líder populista porque produce el efec-
to de la sanción y significación de demandas (como explicamos al comien-
zo del trabajo). Para comprender mejor esta temática haremos uso del con-
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cepto psicoanalítico de transferencia (Freud, 1987). Si bien Freud lo descu-
bre en la clínica no es ella la que crea el fenómeno, puesto que los efectos
transferenciales exceden la situación analítica y no suponen exclusivamen-
te al analista. La transferencia no tiene que ver con una persona sino con
una función, un lugar y una práctica. A partir de allí, podemos sostener res-
pecto del líder populista que se trata de una función encarnada en una per-
sona y un nombre propio. Él ofrece presencia, escucha y produce efectos
de significación política que constituyen demandas populares. En esta
construcción, el pueblo es el sujeto mientras que el líder viene a ocupar el
lugar de objeto y, en tanto tal, hace semblante de causa de la construcción
política. De este modo, es menos maniobrador que maniobrado, se deja
manipular pero no pasivamente, es un dejarse que denota actividad.
Un conjunto de elementos heterogéneos mantenidos equivalencialmente
unidos sólo mediante un nombre es, sin embargo, necesariamente una
singularidad (...). Pero la forma extrema de singularidad es una indivi-
dualidad. De esta manera casi imperceptible, la lógica de la equivalencia
conduce a la singularidad, y ésta a la identificación de la unidad del gru-
po con el nombre del líder (Laclau, 2008b: 130).
Podemos trazar un paralelismo entre la construcción populista y lo que ex-
plicamos al comienzo cuando incluimos el aporte del psicoanálisis para
abordar el concepto de demanda. Deviene líder populista quien ofrece su
presencia y es capaz de escuchar la voz del pueblo (la voz es uno de los
cuatro objetos de la pulsión, junto con el pecho, las heces y la mirada), que
no es articulada pero es articulable por significantes. “El arte de escuchar
casi equivale al del bien decir” (Lacan, 1986: 129). El líder escucha y le
devuelve al pueblo su propio mensaje en forma invertida, produciendo allí
significación que asume estatuto de demandas. “Yo llevo en mis oídos la
más maravillosa música que para mí es la palabra del pueblo argentino”
(12 de junio de 1974, último discurso de Perón). Las demandas implican
articulación de una falta: de reconocimiento, de identidad o de inscripción
en la comunidad. Freud sostiene que la transferencia aparece como amor y
sentimientos tiernos, se pregunta si se trata de un falso amor. Va a concluir
diciendo que ella es un amor auténtico pero que no debe confundirse el
amor, que siempre es ilusorio, con la sexualidad, definida por las pulsiones
parciales. Del mismo modo, Lacan (1986) enuncia que el amor tiene es-
tructura de engaño y resulta necesario salir de sus impasses, para lo cual
recomienda casi como un consejo técnico, operar en la transferencia una
separación entre el Ideal y el objeto, lo que significa no taponar con el
amor el lugar de la falta, como sucede en la posición del líder de las masas.
Lacan (2003) dice de la transferencia que no se trata de intersubjetividad ni
de buenos o malos sentimientos, sino de una relación en la cual se pone en
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juego un tercer término: el saber y una suposición respecto de él. El líder
populista encarna una función que se constituye en sujeto supuesto al sa-
ber, esto significa que el pueblo supone que el líder sabe. Para una mayor
comprensión sobre la posición respecto del saber del líder populista toma-
remos los planteos que Jacques Rancière propone en su libro El maestro
ignorante (2007). Relata en él una experiencia realizada en el año 1818 por
Joseph Jacotot, un reconocido profesor de literatura francesa que obtuvo
una suerte de revelación respecto a su propia práctica. Jacotot debía dar sus
lecciones de literatura francesa en un idioma que desconocía a alumnos
que a su vez no hablaban francés. Este profesor tuvo la iniciativa de ofrecer
a sus estudiantes un libro —Telémaco— en una edición bilingüe (francés y
holandés) bajo la consigna de que, “librados a sí mismos”, captaran lo que
pudieran del texto francés. Transcurrido un tiempo, Jacotot —para su sor-
presa— se encontró con que esos estudiantes habían podido entender y
contar sobre lo que habían leído en un idioma nuevo superando amplia-
mente su expectativa y sin necesidad de explicación alguna. Los estudian-
tes habían aprendido el libro con la misma inteligencia con la que se apren-
de la lengua materna: observando, reteniendo, repitiendo, relacionando,
equivocándose y corrigiéndose mientras se habla.
Lo que en un primer momento se presentaba como un obstáculo para la en-
señanza, la ignorancia del maestro, resultó ser aquello que hizo posible un
aprendizaje, experiencia que pone en evidencia un quiebre en la lógica del
saber tradicional. El modelo del maestro explicador dador de conocimien-
tos al otro incapaz será para Jacotot una lógica que sostiene el principio del
atontamiento, pues la explicación encubre un modo de sometimiento de
una inteligencia superior sobre otra inferior, consolidando así un modelo de
eterna dependencia. Haciendo una analogía entre la experiencia pedagógi-
ca de Jacotot y la teoría política, nos interesa subrayar la ruptura que pro-
pone, la puesta en cuestión del saber científico y experto de las vanguar-
dias iluminadas, que se atribuyen la posesión del saber que las masas
carentes deben alcanzar e incorporar por progreso dialéctico. No se trata de
ubicar quién tiene el saber, si el caudillo o el pueblo, sino más bien de la
producción de un saber nuevo, es decir, una invención que resulta indiso-
ciable del concepto de hegemonía que propone Laclau.
Esta nueva producción de saber presenta dos condiciones particulares: por
una parte se trata de un saber que, en oposición al dogma, no se sabe a sí
mismo y, por otra, produce efectos en los sujetos y en el pueblo. Percibi-
mos en Jacotot la influencia de la idea kantiana acerca de la salida de los
hombres de la minoría de edad. Kant (2007) entiende esta minoridad como
una tendencia de los hombres a no valerse del propio entendimiento y a no
independizarse de la conducción de un otro erigido en tutor del rebaño,
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como sucede en la masa. Desde el psicoanálisis sostenemos que la ignoran-
cia ya no será una ocasión fortuita sino que refiere a la concepción de un
sujeto dividido, que reconoce, de su propia división subjetiva y de su pro-
pio desconocimiento, una ignorancia estructural en el ser hablante en torno
de la cual el saber se organiza. Observamos en Freud (1986b) una concep-
ción similar respecto a la relación del analista y el saber en la transferencia,
manifestado como consejo técnico, aunque más bien se trata se trata de la
consolidación de una ética: la posición de abstinencia al ejercicio de un po-
der, única manera de promover una “emancipación”, una liberación del
atontamiento que somete al sujeto.
Del mismo modo se trata para el líder populista de la renuncia al ejercicio
de un poder para ubicarse como causa de la construcción, encarnando el
lugar de un saber en el Otro. Ocupar ese lugar de causa de una construc-
ción significa, para el líder populista, la posibilidad de hacer semblante de
objeto a, lo que es una posición contraria a “ser” la causa. Si esto último
sucede y se produce fijación a la persona en desmedro de la función trans-
ferencial, se corre el riesgo de que con la desaparición de la persona se des-
membre la construcción. Podemos hacer una analogía entre la posición del
líder populista y la de Velázquez en su cuadro Las meninas, tal como lo de-
sarrolla Lacan en el Seminario XIII (obra inédita). En él, el autor se en-
cuentra dividido: dentro del cuadro, el pintor pinta la escena de representa-
ción de un cuadro, pero los espectadores no podemos saber qué es lo que
está allí pintando (ni él mismo lo sabe); a su vez, el pintor se halla en el
cuadro a través de una presencia invisible no como un objeto especular
sino como deducción lógica (objeto a), sosteniendo y causando el cuadro,
por lo que no aparece en la imagen. Del mismo modo, el líder también está
dividido: por una parte viene a ocupar el lugar de objeto a; desde ahí se re-
vela como aquello más allá de la imagen o representación que objeta la re-
ligiosidad del líder. Por otra parte, es un nombre propio que encarna la su-
posición de saber y se ofrece a la representación, la proyección, lo
especular, lo imaginario, las identificaciones y el amor. Como en el ejem-
plo del cuadro de Velázquez, este líder no es un artífice exterior a la esce-
na, por el contrario, está dividido: como representación, en la construcción
misma forma parte de ella; a la vez, sostiene con su presencia y encarna el
lugar vacío del saber y del poder, pero sin taponarlo. Se abre con esta cues-
tión el problema de la representación populista.
Líder populista, representación hegemónica y democracia
¿El líder populista es el representante del pueblo? Por lo que desarrolla-
mos antes podemos afirmar que el líder no es un “Uno” que representa a
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toda la construcción populista. Dos razones que ya explicamos antes jus-
tifican este argumento: no hay un todo de la construcción, así como tam-
poco hay un todo de la representación. Esta última siempre es “deficita-
ria” porque hay una parte, la satisfacción pulsional de la demanda, que
no tiene representación, que es un resto, plus de goce. Pensamos que el
ideal representativo llevado a su máxima expresión siempre va de la
mano de una concepción establecida a la manera de la representación
clásica (representante-representado). Allí, la democracia y los represen-
tantes se limitan a representar al tiempo que la política deviene gestión o
administración de los expertos. Estos, desde la observación externa, sólo
producen conocimientos científicos y establecen relaciones causales entre
fenómenos.
Para el abordaje de la representación populista Laclau propone el novedo-
so concepto de representación hegemónica. Este concepto pone en eviden-
cia los límites de la democracia representativa, el binomio clásico repre-
sentante-representado y la concepción científica e iluminista de la
vanguardia que vendría a representar los intereses populares. La hegemo-
nía de Laclau supone la democracia participativa y la construcción de po-
der popular y ofrece una respuesta posible frente a uno de los problemas
que plantea la democracia, a saber: cómo hacer lo común sin que consista
en una obediencia generalizada limitativa, aplastante, homogeneizante y
moralizante a la manera de la masa. La representación hegemónica devie-
ne en un para todos como sutura de la totalidad ausente, considerando
que la construcción no cierra ni completa el lugar abierto por el resto im-
posible de representar (objeto a). La construcción hegemónica de Laclau
tampoco se opone ni aplasta el valor de lo particular, parcial, en el que es
posible la irrupción contingente del resto no representable, lugar de inven-
ción singular, única garantía contra el racismo y los totalitarismos. Dicho
de otro modo, el lugar del objeto a en la construcción hegemónica confor-
ma un resto imposible que impide el cierre de lo simbólico o de lo social
y al mismo tiempo, como no cesa de no escribirse, causa la hegemonía
popular como acontecimiento posible y contingente. El pueblo en tanto
representación hegemónica de una comunidad, agente y a su vez efecto de
una lógica articulatoria de demandas, es indisociable de la democracia
participativa, y no puede ser pensado como una objetivación independien-
te a priori de la experiencia política. Laclau considera que, para ser demo-
crática, la hegemonía populista tiene que poder desestimar la supuesta re-
lación natural entre la representación y lo representado, los sentidos
prefijados y necesarios. La hegemonía laclausiana va de la mano de una
democracia concebida como construcción contingente no garantizada, pro-
ducida desde la acción política de los ciudadanos en constante debate.
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La demanda populista, categoría central de la política democrática
Las demandas populistas se articulan por metonimias y metáforas de mane-
ra horizontal y sin jerarquías, su inscripción expresa un tipo de sociedad
fundada en la progresiva igualación de condiciones. La demanda populista
es un acto de derecho, una acción política que amplía la democracia.
Podemos ubicar a la demanda como un concepto fundamental de la política
democrática, esto significa que la funda como praxis. Lacan se pregunta:
¿Qué es una praxis? (...). Es el término más amplio para designar una ac-
ción concertada por el hombre, sea cual fuere, que le da la posibilidad de
tratar lo real mediante lo simbólico. Que se tope con algo más o algo me-
nos de imaginario no tiene aquí más que un valor secundario (Lacan,
1986: 14).
La demanda populista, en tanto enunciado colectivo singular y plural a la
vez, se constituye en una dimensión relacional dirigida al Otro, pide ins-
cripción y funda así a la política en tanto praxis. Desde la perspectiva de
Laclau, la articulación de demandas populistas crea simultáneamente ac-
ción política y actor político, el pueblo. Para Laclau el discurso es un cam-
po de batalla en el que la articulación de demandas conduce a la construc-
ción de hegemonía; esto no supone “el asalto al cuartel”, sino que ellas
implican un retorcimiento, una suerte de pliegue que pone en cuestión una
trama discursiva establecida por el Estado o la sociedad. Las demandas po-
pulistas hacen visible la delimitación del discurso corriente por el Estado o
el Otro institucional, al tiempo que van en contra de su aceptación y pre-
tenden su corrimiento dentro de los marcos de la política. Esta alteración
simbólica implica dos cuestiones: por un lado, la operación de articulación
de una falta y, por otro, la demanda de inscripción de algo nuevo, suscepti-
ble de conformar una transgresión democrática. Demandar es hacer ejerci-
cio de libertad, es poner en escena la libertad de reclamar, la cual no es un
supuesto que preexiste a la demanda sino que por el contrario es acto y
ejercicio. De allí se deduce que la demanda populista es un movimiento re-
tórico y libidinal que realiza la libertad de expresión, razón por la cual
constituye una afirmación legitimada de libertad y el ejercicio de un dere-
cho. Pero no se trata de los derechos que autoriza el Estado o la Constitu-
ción establecidos en términos de Laclau como demandas democráticas,
sino de un acto que no está garantizado por la ley o el otro institucional,
que queda a riesgo y cargo de la voluntad popular.
En conclusión, si la demanda, unidad de análisis del populismo, tiene a la
igualdad y a la libertad como principios y fundamentos, afirmamos enton-
ces que ella constituye la base y también la condición de posibilidad de la
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democracia, entendida ésta como soberanía del pueblo. A través de la arti-
culación de demandas se pone en acto una pluralidad discursiva que supo-
ne la idea de democracia como fundamento. Sostenemos que el populismo,
en contraste con la masa, es un modo de construcción política, indisociable
de la democracia. Al insertarse discursivamente desde su demanda y recla-
mando desde allí reconocimiento, deviene y se legitima el pueblo como un
actor renovado en su potestad y en su soberanía. Esto permite la irrupción
de acontecimientos imprevistos e irreductibles a formas previas, tanto
como la producción y creatividad de iniciativas populares nuevas.
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Fecha de recepción: 29/05/2013
Fecha de aceptación: 20/03/2014