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La demanda, el sujeto y el Otro desde una perspectiva psicoanalítica
En la lectura que Lacan hace de la obra de Freud, ni el sujeto ni el otro son
puntos de partida biológicos u ontológicos, sino efectos de lenguaje, de
condiciones eróticas y de posiciones que se van recortando en relación al
deseo del Otro, que se articula por la demanda. El sujeto nace del Otro
pero, a su vez, hace nacer otro, el lugar del semejante, en el Otro (Lacan,
1984). A partir de Freud, Lacan considera que la demanda del Otro, lugar
del lenguaje, constituye al sujeto y al otro semejante. Pero para ninguno de
estos autores la demanda se presenta como un punto de partida, sino que
ambos la conciben como una interpretación en la cadena simbólica. Expli-
caremos este argumento tal como lo describe Freud en el “Proyecto de psi-
cología para neurólogos” de 1895, donde plantea el comienzo del aparato
psíquico a partir de un objeto perdido así como de un mítico e imposible
estado de satisfacción plena de la necesidad (1998). Allí define, en lo que
denomina “experiencia de satisfacción”, dos estatutos constitutivos de ape-
go al Otro: por un lado lo que denomina desamparo, estado de tensión, ne-
cesidad, posición que implica un Otro omnipotente que tiene y puede satis-
facer la necesidad. Por otro, establece la noción de dependencia al Otro,
que se encarna en un otro que auxilia con ternura, permanencia y continui-
dad, razones por las cuales este otro será luego objeto de amor. Es decir
que desamparo y dependencia hacen nacer un sujeto y un objeto de amor.
Este último es caracterizado como una persona que ofrece su presencia de
manera estable y continuada, que es capaz de escuchar un grito y responder
a él significándolo como demanda, merced a la propia demanda. Freud es-
tablece de este modo la primera relación de comunicación entre lo que será
un sujeto y el otro auxiliador, que es la persona que significa dicho grito
como un llamado. Para que este otro se constituya en objeto de amor, lugar
de la madre, es necesario que se establezca una relación, mediatizada por la
demanda, entre lo que devendrá el sujeto y el otro (madre). Al igual que
Freud, Lacan diferencia necesidad de demanda: ambos consideran que
ellas no se reducen ni se superponen, por lo que la satisfacción de las de-
mandas no es de ninguna necesidad, tal como establecimos anteriormente a
propósito de la “experiencia de satisfacción” (Lacan, 1984). La satisfacción
en psicoanálisis es siempre de la pulsión, cuestión que remite al erotismo
del propio cuerpo. La demanda del Otro produce en una articulación signi-
ficante dos efectos de significación: uno neutral que conduce al sujeto no
investido libidinalmente, referido a la retórica, un sujeto muerto, separado
de todo goce; y un segundo efecto significante articulado al cuerpo, que
deja lugar para los restos que escapan a la mortificación —libido, plus de
goce, objeto a, los denomina Lacan—. En pocas palabras, en la demanda
se incluye un efecto de significación sancionado por el Otro respecto del
NORA MERLIN