49
*
Licenciada en Ciencia Política por la Universidad Católica de Córdoba. Doctoranda y
becaria Conicet.
**
Licenciada en Ciencia Política por la Universidad Católica de Córdoba. Maestranda y
Becaria Secyt-UNC.
***
Licenciada en Ciencia Política por la Universidad Católica de Córdoba. Doctoranda
y becaria Conicet.
****
Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Católica de Córdoba. Doctorando
y becario Conicet.
*****
Licenciada en Ciencia Política por la Universidad Católica de Córdoba. Doctoran-
da y becaria Conicet.
******
Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Católica de Córdoba.
*******
Estudiante de la Licenciatura en Ciencia Política. Universidad Católica de Cór-
doba.
Todos son integrantes del Colectivo de Investigación “El Llano en Llamas”.
María Gabriela Brandán Zehnder
*
,
Candela de la Vega
**
, María Mercedes Ferrero
***
,
Facundo Pares
****
, María Paula Ávila Castro
*****
,
Leandro Emilio Graglia
******
y
Milena Marlene Machado Ibars
********
Tomar la tierra, hacer ciudad.
Estrategias de construcción de
territorialidades sociales en
tres casos de tomas de tierra en la
ciudad de Córdoba, Argentina
Código de referato: SP.172.XXIX.13.
STUDIA POLITICÆ Número 30 ~ invierno 2013
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
30 - invierno 2013
50
STUDIA POLITICÆ
Resumen
En este artículo, se aborda un modo particular de ocupación del suelo y
de creación de territorios populares: la “toma de tierras”. Ésta, protago-
nizada por sectores que se mantienen en los márgenes de la norma-
tividad urbana, inaugura un proceso de apropiación material y sim-
bólica del espacio, configurando lo que denominamos
territorialidades sociales. Las mismas son entendidas como proce-
sos eminentemente políticos que involucran dos aspectos centrales
e íntimamente relacionados: por un lado, la construcción de las
condiciones espaciales de habitabilidad (conflictos relacionados con
el acceso al suelo, la producción de la vivienda y la obtención de
los bienes colectivos asociados a la vida urbana); por otro, los mo-
dos de configuración de subjetividades que se activan a partir de la
pregunta quiénes somos. Es a partir de ambos aspectos que nos
acercamos a una interpretación del nosotros vinculado a la manera
en que los sujetos nominan, organizan y habitan el espacio barrial.
Abordaremos este proceso a partir del análisis de tres tomas de tie-
rra en la zona sur de la ciudad de Córdoba, Argentina: Toma Pue-
blos Unidos, Toma Comunidad Marta Juana González y Toma Obis-
po Angelelli; para ello, nos serviremos de la técnica de análisis de
contenido sobre entrevistas realizadas a vecinos y referentes de or-
ganizaciones sociales que participan de las mismas.
Palabras claves: urbanización popular – toma de tierra – territorialida-
des sociales – subjetividad
Abstract
This article analyzes a particular mode of land occupation and creation
of popular territories in Latin American cities: the so-called “tomas de
tierras” (seizure or occupation of urban lands). Carried out by social
sectors marginalized from urban normativity, these experiences start
processes of material and symbolic space appropriation, configuring
what we call social territorialities. This are understood as political
processes which involve two central and related aspects: on the one side,
the construction of living space conditions (land access, house
construction and production of collective goods and services associated
to urban life); on the other side, the configuration of subjectivities
activated from the question “who we are”. Both aspects make possible
an interpretation about the way in which subjects nominate themselves,
organize, and inhabit the neighborhood space. This analysis is based on
the study of three experiences of land seizures in the southern part of the
city of Córdoba, Argentina: Pueblos Unidos, Comunidad Marta Juana
González and Obispo Angelelli. Finally, to do this, we will make use of
content analysis on interviews conducted with neighbors and social
organizations involved in the cases of study.
Key words: popular urbanizations – seizure of urban lands– social terri-
torialities – subjectivity
51
1. Introducción
1
E
L crecimiento de las ciudades latinoamericanas a partir de la década
de 1950 ha estado signado por una fuerte limitación a los sectores
populares en el acceso a la tierra, la vivienda y los recursos urbanos
en general (Fernándes, 2008). Según un informe de la oficina de Hábitat de
Naciones Unidas (2012)
2
, durante los últimos 20 años si bien la propor-
ción de población urbana viviendo en urbanizaciones informales en Latino-
américa disminuyó un 9 % (pasando de 33 % a 24 %), la cantidad absoluta
de personas en estas condiciones aumentó de 106 a 111 millones. Este tipo
de datos contextualiza un cuadro de las ciudades atravesadas por procesos
de migración (de zonas rurales, de otras ciudades o desde países limítro-
fes); por la extensión de cinturones de miseria en las periferias urbanas; por
la continua segregación de la población en guetos y residenciales exclusi-
vos; por la transformación y privatización de espacios públicos; así como
por el creciente aumento de las desigualdades (Montoya, 2006; Del Valle,
2008).
Este proceso urbano recoge la concurrencia de distintas lógicas y formas
de producción de la espacialidad urbana, así como la acción concertada o
contradictoria de estrategias e intereses de diferentes actores o agentes ur-
banos; no obstante, es la dinámica de los grupos e instituciones dominan-
tes que gobiernan la sociedad la que refleja más arraigadamente los proce-
sos de construcción del espacio urbano, informando respecto de las
fuerzas del mercado y produciendo fácilmente consecuencias que nadie en
particular quiere (Harvey, 1977). En consecuencia, la vivienda y el espa-
cio construido aparecen como mercancías (valores de cambio) y la gestión
de la ciudad responde principalmente a una lógica económico-mercantil
(Vainer, 2004).
Sin embargo, es importante tomar en consideración las formas otras de
producción del espacio y las dinámicas urbanas que emergen en tensión
con las lógicas dominantes de “hacer ciudad”. En este sentido, este artícu-
lo se orienta a recuperar el sentido político que aquellas modalidades de ur-
banización adquieren en tanto instancias de impugnación de una normativi-
dad/normalidad urbana excluyente y recluyente, y también como momentos
de creación de nuevas formas de habitar el espacio.
BRANDÁN ZEHNDER Y OTROS
1
Este artículo forma parte del proyecto de investigación financiado por la ANPCyT/
FONCyT PICT 2014.
2
Estado de las ciudades de América Latina y el Caribe 2012. Oficina de Hábitat de Na-
ciones Unidas.
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52
STUDIA POLITICÆ
Para esto, nos concentramos en una forma particular de ocupación popular
del suelo: la “toma de tierras”. Ésta se instituye a partir de un proceso de
apropiación material y simbólica del territorio —no exento de tensiones o
contradicciones—, dotándolo de una serie de prácticas y relaciones socia-
les y constituyendo una profunda articulación entre el espacio y los sujetos
que lo habitan. De esta manera, las tomas de tierras aparecen como verda-
deras instancias de configuración de territorialidades sociales.
En este marco, este trabajo pretende ser un abordaje transversal de tres pro-
cesos de “toma de tierras” en la zona sur de la ciudad de Córdoba: Toma
Pueblos Unidos, Toma Comunidad Marta Juana González y Toma Obispo
Angelelli. A este fin, utilizamos la técnica de análisis de contenido sobre
entrevistas realizadas a vecinos y referentes de organizaciones sociales que
participan de esas tomas de tierras urbanas.
En el primer apartado, explicitaremos algunas claves de aproximación teó-
rica a la cuestión de las formas de acceso al suelo urbano, de la producción
de territorios populares y de los procesos subjetivos que estos fenómenos
desencadenan, acompañados con una breve presentación de las tomas de
tierras incluidas en este artículo. Luego, abordaremos por separado los tres
casos de estudio intentando acceder, por un lado, a las estrategias de cons-
trucción de las condiciones espaciales de habitabilidad (conflictos relacio-
nados al acceso al suelo, la producción de la vivienda y la obtención de los
bienes colectivos asociados a la vivienda y la vida urbana) y, por el otro, a
los modos de configuración de subjetividades que se activan a partir de las
mismas. Para ello, nos concentraremos en la identificación y análisis de ca-
tegorías emergentes del discurso de los/as entrevistados/as cuando éstos
responden al interrogante de quiénes somos, en un intento por acercarnos a
una interpretación del nosotros que se genera en el proceso de creación de
esos barrios y que está en íntima relación con la manera en que los sujetos
nominan, organizan y habitan el espacio.
2. Producción de territorialidades sociales: condiciones espaciales
de habitabilidad y procesos de configuración de subjetividades
Algunos autores latinoamericanos (Clichevsky, 2000; Duhau, 2002, 2003;
Jaramillo, 2008; Abramo 2012) llaman la atención respecto a la importan-
cia —tanto cuantitativa como cualitativa— en la configuración de las ciu-
dades de la región, de lo que ellos denominan: formas de urbanización po-
pulares/informales/irregulares/espontáneas. Pese a que no entraremos aquí
en la discusión acerca de las diferencias teóricas y políticas que estos mo-
dos de nominación proponen, sí nos interesa remarcar que dichas formas
53
de producción del espacio urbano se distancian de las lógicas de construc-
ción del hábitat en las que el espacio urbano y la vivienda son considerados
valores de cambio. En este sentido, las urbanizaciones populares adquieren
especial importancia en la comprensión de las dinámicas urbanas y las ciu-
dades como totalidades sociales, al habilitar una mirada de las mismas que
surge desde “abajo”.
En ese sentido, si bien es innegable que, en sociedades capitalistas, los dis-
tintos ámbitos de las configuraciones sociales responden predominante-
mente a las lógicas del capital y del mercado, sostenemos que esto no im-
plica una clausura total a la emergencia de formas alternativas de
habitabilidad, transformación y construcción de la espacialidad urbana. La
ciudad se erige como expresión dinámica de relaciones sociales de fuerza
y, en ese marco, las formas de urbanización popular surgen en sus posibili-
dades disruptivas como espacios de impugnación a los modos de territoria-
lidad neoliberal capitalista y sus procesos de mercantilización (Stratta y
Barrera, 2009). Estas formas socioterritoriales de hacer ciudad se constru-
yen en tensión con las pautas del capital y su “orden urbano”, proponiendo
otras formas de vinculación, identificación y de construcción de lazos so-
ciales.
En otras palabras, ellas componen y crean territorialidades sociales en el
sentido reconceptualizado por Núñez (en Núñez y Ciuffolini, 2011:39-
40), en tanto “imbricación identitaria y epistémico-cultural de los distin-
tos espacios sociales de pertenencia; como ámbitos de producción y re-
producción de las condiciones sociales y materiales de existencia; como
una argamasa de relaciones sociales, y en cuya construcción operan pro-
cesos de apropiación/expropiación de esas condiciones, de las que la dia-
léctica propiedad/apropiación del habitar resulta inescindible”. Así, estas
territorialidades sociales tienen un fuerte componente de “recuperación”
de aquello que le fue expropiado a los sectores populares urbanos con el
avance de la lógica de la urbanización capitalista, al tiempo que implican
la “creación” de un nuevo modo de estar y pensarse colectivamente en el
espacio. En este sentido, creemos necesario superar las visiones mera-
mente técnicas sobre las virtudes o deficiencias de la autoconstrucción y
las formas espontáneas de urbanización, para abordar su sentido más pro-
fundo y político.
Con este marco, a lo largo de este artículo abordaremos los modos en que
los entrevistados crean y significan las condiciones espaciales de vida en
las tomas de tierras, entendiéndolas como aquello que habilita la transi-
ción desde una situación de inhabitabilidad —donde la vida es inadmisi-
ble— a proyecciones posibles de habitabilidad del espacio. En ese paso,
se debaten y resuelven una serie de fenómenos de representación de lo in-
BRANDÁN ZEHNDER Y OTROS
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54
STUDIA POLITICÆ
3
Para Nuñez y Ciuffolini (2011), el concepto de apropiación refiere a un proceso so-
cial de uso y transformación de un valor de uso como la tierra o la vivienda, permitiendo
una mirada más compleja que la del “acceso al suelo” y a la vivienda, en el sentido lefe-
bvriano del habitar.
4
Trabajamos bajo el supuesto de que “El territorio como espacio de vida, es un conjun-
to de relaciones compuestas a partir de los sujetos que lo habitan (...). Sentirse como
parte de ese territorio, decir `el territorio somos nosotros´, supone que el vínculo entre el
sujeto y el espacio no se reduce a un mero permanecer en él, sino que refiere a los múlti-
ples sentidos que esa relación sujeto-espacio produce” (BRANDÁN ZEHNDER, GALLEGO y
KANTOR en CIUFFOLINI, 2012: 162).
5
Como dice Foucault respecto de algunas luchas, éstas: “giran en torno a la pregunta:
‘¿quiénes somos nosotros?’. Son un rechazo a las abstracciones de la violencia econó-
mica e ideológica que ignora quiénes somos individualmente, como también implican la
impugnación de la inquisición científica y administrativa que determina quién es uno”
(FOUCAULT, 1989:7).
habitable y de los procesos de producción y apropiación
3
de nuevas con-
diciones espaciales para la vida urbana. De esta manera, pretendemos re-
ferenciar, para cada caso, cómo los relatos de los vecinos expresan y ca-
racterizan esa transformación de un espacio inhabitable a un espacio
habitable, teniendo en cuenta la cuestión del acceso a la tierra, la cons-
trucción de la vivienda y la producción y/u obtención de infraestructura y
servicios básicos urbanos.
Ahora bien, esa definición del espacio habitable, no se limita a la pro-
ducción de condiciones espaciales propicias, sino que involucra procesos
de enunciación de las formas de vida que se pretenden construir en el te-
rritorio tomado
4
. En este marco, la forma en la que los sujetos nominan
y organizan el espacio, está en íntima relación con la forma en que se re-
fieren a sí mismos y a las relaciones sociales en las que se involucran; es
decir, con la manera en que configuran su subjetividad individual y co-
lectiva. Así, la pregunta por quiénes somos está en constante relación con
aquella que inquiere dónde estamos, cómo llegamos aquí y cómo quere-
mos vivir
5
.
De esta manera, se advierte un proceso de configuración de subjetivida-
des territoriales, que se realiza en una construcción y reconstrucción per-
manente del nosotros y en la emergencia de un otro, con quien no hay un
punto de sutura o clausura, ni tampoco una esencia que define “quién so-
mos” y “quiénes queremos ser”. No obstante, se avizora un hilo conduc-
tor en las referencialidades que se van construyendo no sólo en el proce-
so de lucha colectiva por el acceso a la vivienda, sino por la mediación
de acontecimientos particulares que los obliga a pensarse como barrio y
comunidad.
55
Profundizar en los modos en que se construye esa subjetividad, ese “no-
sotros”, así como en los matices que adquiere, nos permite comprender
más acabadamente el potencial transformador del proceso de producción
de esas nuevas territorialidades sociales. Éstas emergen como espacios
donde se puede imaginar y comenzar a crear un mundo distinto, como un
lugar donde es posible el ejercicio de otras subjetividades vinculadas a la
lucha.
2.1. Las tomas de tierras de la zona sur de la ciudad de Córdoba
Las tres tomas de tierras tratadas aquí fueron iniciadas entre los años 2009
y 2011 y se ubican en la zona sur de la ciudad, organizadas sobre terrenos
no urbanizados y colindantes tanto con barrios formales e informales,
como con áreas rurales y de uso industrial.
Pueblos Unidos es una toma de tierras conformada por 18 manzanas ubica-
das en dos grandes franjas (2 manzanas de ancho, 9 manzanas de largo)
que limita al norte con el barrio Nuestro Hogar III; al oeste con el barrio
Ampliación Hogar III (ambos barrios populares); y hacia el sur y el este
con terrenos descampados o bien utilizados para la instalación de cortade-
ros de ladrillos. Los terrenos permanecían vacíos luego de haber sido utili-
zados como un basural a cielo abierto hasta la década de 1970. La toma de
los terrenos ocurrió de manera progresiva a partir de febrero de 2009 y, en
la actualidad, vive un número aproximado de 500 familias en lotes de 10 x
25 metros, mostrando un tamaño bastante mayor —tanto en extensión terri-
torial como en cantidad de habitantes— respecto de las demás tomas de tie-
rra de la zona. En relación a sus habitantes, la gran mayoría es población
inmigrante, principalmente bolivianos y peruanos, y en menor medida para-
guayos, que, por lo general, ya vivían en la ciudad pero provenían de otras
zonas (barrio Alberdi, barrio Nuestro Hogar III, barrio Villa El Libertador,
cortaderos de ladrillos y talleres textiles clandestinos de la zona sur)
6
.
BRANDÁN ZEHNDER Y OTROS
6
En la ciudad de Córdoba, las tomas de tierras de los últimos años han estado protago-
nizadas, en su gran mayoría, por sectores populares inmigrantes de países latinoamerica-
nos, particularmente de Bolivia y Perú y, en menor medida, Paraguay. Estas poblaciones
llegan al país en busca de trabajo y mejores condiciones de vida y, en términos habita-
cionales, viven en condiciones extremas de precariedad en pensiones, habitaciones en
alquiler, talleres clandestinos, etc. Son sectores no alcanzados por las políticas habita-
cionales de la Provincia que, en los primeros años del siglo XXI, han estado dirigidas a
la relocalización masiva de villas miseria en las afueras de la ciudad (Programa Nuevos
Barrios “Mi Casa Mi Vida”. Ver publicaciones anteriores del Colectivo de Investigación
“El Llano en Llamas”: SCARPONETTI y CIUFFOLINI, 2011 y CIUFFOLINI y NÚÑEZ, 2011), y
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56
STUDIA POLITICÆ
en menor escala, al mejoramiento habitacional de viviendas en villas miseria (Programa
de Mejoramiento de Barrios. Ver BRANDAN ZEHNDER, M. G., HERNÁNDEZ, J., Monte, M.
E. (2010). Se trata entonces de poblaciones que no pueden acceder a la solución habita-
cional por medio de los mecanismos de mercado y que han quedado por fuera de las lí-
neas de intervención del Estado.
Las tierras que ocupa Obispo Angelelli colindan con un barrio del mismo
nombre: el Barrio-Ciudad Monseñor Obispo Angelelli. Consta de dos man-
zanas, donde viven unas 32 familias ubicadas en lotes con las mismas me-
didas de los lotes del Barrio-Ciudad (10 x 30 metros). Se trata de terrenos
habilitados para el uso urbano a los que los pobladores del barrio llegan a
partir de situaciones confusas de tenencia o traspaso de la propiedad de la
tierra, involucrando procesos de estafas y loteos fraudulentos.
La Comunidad Marta Juana González es un proceso de toma de tierras que
se inicia el 23 de agosto de 2009, en terrenos adyacentes a Barrio Cabildo,
cuya propiedad reclama la empresa Ecipsa, desarrolladora inmobiliaria que
en la actualidad está construyendo un barrio cerrado detrás de los lotes de
esta toma. Actualmente viven alrededor de 100 familias, en su mayoría bo-
livianas y minoritariamente argentinas. Se trata de un terreno de aproxima-
damente tres hectáreas, conformado por tres manzanas loteadas, un espacio
verde, una cancha de fútbol y un salón de la Coordinadora de Trabajadores
Desocupados Aníbal Verón en el Movimiento Evita. Los lotes tienen una
dimensión de 8 x 12 metros. El terreno tiene servicios de agua y luz, que
fueron obtenidos a partir de la colaboración de distintas cooperativas. Ac-
tualmente, muchos vecinos están construyendo sus casas, y se puede obser-
var una mezcla de precarias casas de madera, con otras en construcción
con ladrillos o bloques de cemento.
3. Las tomas de tierra: análisis de casos
3.1. Pueblos Unidos: metamorfosis del basural
En Pueblos Unidos, la construcción de un espacio de vida comienza,
como en muchas tomas, desde la irregularidad o la transgresión al orden
establecido: las tierras a donde llegaron los primeros vecinos no se encua-
draban dentro de los patrones autorizados del “orden urbano”, puesto que
no se encontraban dentro del ejido de la ciudad ni respetaban las regula-
ciones del uso del suelo vigentes en ordenanzas municipales. Es que, la
zona que ocupa esta urbanización es una parcela de tierra que fue exclui-
da del uso urbano “apto” cuando en el año 2003 se autorizó la urbaniza-
57
BRANDÁN ZEHNDER Y OTROS
ción de los terrenos de lo que luego constituiría el barrio “Hogar III”. Esta
exclusión se fundamentó en el hecho de que, al menos hasta la década de
1970, parte de ese terreno había sido destinado al enterramiento de resi-
duos urbanos. En 2007, un estudio de la Universidad Nacional de Córdo-
ba, encargado por la Municipalidad de la Ciudad y la Agencia Córdoba
Ambiente
7
, confirmó que en este predio había funcionado un basural a
cielo abierto “no controlado”, identificando la presencia de metales pesa-
dos (plomo y cromo) y de residuos industriales y hospitalarios (Elorza y
Monayar, 2012). Como veremos, esta situación del suelo y las formas de
significarlo constituyen el punto clave que divide la trayectoria de produc-
ción de condiciones de vida en Pueblos Unidos, del proceso que abordare-
mos luego en la toma de Ob. Angelelli.
La particularidad de esta toma es que la producción de la vida en el territo-
rio parte y se mantiene estructurada alrededor de la disputa por el acceso a
la tierra, no desde la condición de propiedad (de quién es la tierra que se
ocupa o se toma), sino desde la cuestión de la contaminación del suelo, es
decir, de la aptitud de uso como espacio habitable, especialmente en lo que
refiere a las condiciones de salubridad. La tierra contaminada se percibe
como el principal obstáculo que amenaza la construcción del territorio to-
mado, y la manera en que Pueblos Unidos se posiciona y zanja este aspec-
to es la característica más propia del proceso de resolución de las posibili-
dades de vida del nuevo espacio.
Así, la estrategia habitacional empieza necesariamente con la “limpieza”
del terreno, para recién luego seguir con el amanzanamiento, el trazado ur-
bano y la autoproducción progresiva de las viviendas. Los vecinos no sólo
tuvieron que higienizar la zona, sino también construir y defender la habi-
tabilidad del suelo frente al “riesgo sanitario” que exponía la regulación es-
tatal y que se buscó confirmar mediante estudios técnicos. En este escena-
rio totalmente desfavorable, la autoconformación del barrio parte de
producir la “aptitud” de la tierra donde decidieron habitar, resignificando la
basura en “abono para la tierra”:
ER1: ¿Vos pensás que esta tierra está contaminada? EO: No creo... si en
esta tierra... corre cualquier... plantamos, da mejores frutos, da mejor
todo... como si esta tierra estuviera abonada, si hubiera tenido abono,
algo... si las plantas están lindas...” “porque cuando ellos empiezan a
ocupar estas tierras, viene la parte de la UPAS
8
, ahí en el barrio colin-
7
Ver REYNA et al. (2009).
8
Unidades Primarias de Atención a la Salud (UPAS), son instituciones dependientes
del gobierno municipal de la Ciudad de Córdoba.
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58
STUDIA POLITICÆ
dante, es como que le dicen que los vas a desalojar porque ahí no se po-
día en esa parte porque estaba contaminado”.
“Es lo mismo que lo de la tierra, ¿me entendés? Te sacan de acá y, ¿de
ahí a dónde vas? No te vas a ir por más contaminado que esté porque no
tenés a dónde”
La prueba científico-técnica de la “inaptitud” del suelo se debate contra la
experiencia urgente e inmediata de la necesidad de vivienda; y en el debate
se ponen al desnudo un par de alternativas aparentemente excluyentes para
los nuevos vecinos: o vivir en suelos contaminados, con posibles conse-
cuencias negativas para su salud; o no tener un lugar propio donde vivir. O
la salud o la vivienda: para los sectores populares que estudiamos aquí, la
cuestión de la “elección del hábitat” se muestra sólo dentro de esas alterna-
tivas.
Lo anterior viene acompañado por la incertidumbre respecto de la interven-
ción estatal. Un patrón de uso del suelo que no autoriza la urbanización re-
suelve por la negativa la acción del Estado en lo que representa la provi-
sión de infraestructura y servicios urbanos. En este marco, los vecinos
priorizan la demanda al gobierno por el reconocimiento y autorización del
uso urbano del suelo en las tierras tomadas, sin importar la condición legal/
ilegal de la tenencia de las mismas. En el registro de las entrevistas, la pro-
visión de servicios públicos implica de facto la certidumbre respecto de su
permanencia y, por consiguiente, el reconocimiento y legitimidad del hecho
de la posesión de lotes y viviendas por parte de sus habitantes.
La movilización y organización de los nuevos pobladores en torno al acce-
so a los bienes colectivos o servicios básicos, es lo que de modo más per-
durable y consistente opera como referente de la acción colectiva. Es que el
desafío resulta ser la producción y la demostración de la posibilidad de ge-
nerar sus propias condiciones espaciales de vida, aun ante la ausencia esta-
tal y con inestables equilibrios en las relaciones con el barrio colindante, tal
como advierte la cita que sigue. Así, se trata de volver posible y real que el
“basural” se convierta en “barrio”:
“al principio a Unidos no le llegaba agua, no le llegaba luz, no le llega-
ba nada. Y bueno, contando un poco con el tema de los vecinos, con el
barrio del lado, con Hogar III, la luz ha sido todo un tema. Porque ellos
se han empezado a colgar de la luz que venía...o sea, ellos han empeza-
do a colgarse. Después han dicho que no, ‘Queremos pagar la luz’; han
ido a EPEC. Y EPEC les ha dicho ‘No, como eso es un suelo que está
(...) de no habitable, que no se puede habitar, no les vamos a poner la
luz, porque no se puede’ (...) yo pongo una situación que le empiezo a
dar los servicios, es como que vos estás avalando el barrio, no sé cómo
59
es el nombre como jurídicamente, legal, no sé cómo es el tema, pero
como que de la parte del Gobierno no le puede dar ninguna ayuda,
nada, porque ellos están en una situación en donde el suelo no está...”.
La producción comunitaria del espacio urbano se afirma, no sólo como le-
gítima, sino también como más adaptada a las necesidades del grupo, más
“completa” que cualquier intervención estatal. En este sentido, se traza un
escenario de demostración de fuerzas en donde la autoproducción se valo-
riza frente a la acción estatal lenta, ineficiente, incompleta o incómoda. No
obstante, las entrevistas dejan leer simultáneamente una necesidad de con-
tar con la escala de cobertura que puede significar la provisión estatal de
infraestructura o de servicios en el barrio. De alguna forma, los nuevos po-
bladores no terminan de despegarse de la lógica del Estado como modelo
de producción del espacio urbano y de acceso a los bienes urbanos, espe-
cialmente en lo referido a educación, salud, transporte público, o en la pro-
visión de “seguridad” a través de la presencia de un cuerpo policial:
“O sea, a nosotros nos dejan la conexión, como ser Aguas Cordobesas,
eh, al borde del barrio y lo otro nos encargamos nosotros por toda la
cuestión legal de las tierras. Lo mismo que la luz, nos ponen el transfor-
mador, la línea de media tensión pero no nos conectan. Todo lo hicimos
nosotros. O sea, doy una anécdota: la Empresa de Energías de la Pro-
vincia de Córdoba [EPEC] hizo toda la instalación eléctrica, todo, in-
cluso tienen medidores, en Hogar III. Acá nosotros, ellos hicieron la lí-
nea de media tensión más el transformador y adentro del barrio hicimos
toda la puesta de columnas y todas esas cuestiones. Cuando vino la tor-
menta o el tornado del 30 de enero de este año, eh, Hogar III era una de
columnas, de columnas caídas, cables cortados. Estuvo 15 días [el ba-
rrio Hogar III] y los tuvimos que acompañar para cortar la ruta para
que le restituyeran la energía. En Pueblos Unidos a las 48 horas la res-
tituyeron porque solamente se habían inclinado cuatro columnas nada
más. Nosotros le decíamos a los de EPEC que vinieron: ‘Ahí vean al ba-
rrio, tenemos cuatros columnas que el día martes a la tarde ya estaban
de nuevo firmes’, que había una diferencia de cómo uno hace las cosas
acá dentro del barrio. Y así más o menos ha sido la historia”
“¿Qué es lo que le faltaría acá?, caminos (...) le falta un dispensario,
porque uno no alcanza, no alcanza, no podemos sacar turnos, no hay
médicos, no alcanza, (...) de la escuela primaria y del jardín. Yo tengo
que hacer un montón de esfuerzo para pagar la movilidad para mandar
a las niñas porque no alcanzó acá la primaria, cuánto cuesta. (...) la
otra la segunda, no sé cómo voy a hacer porque acá no alcanza, no al-
canza acá. Y aparte el colectivo, mirá yo me fui ayer al colegio, me paré
a la una, a la una y media pude agarrar con el tercer colectivo, los dos
BRANDÁN ZEHNDER Y OTROS
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60
STUDIA POLITICÆ
se pasaron de largo para allá. Imaginate cuántos esperan ahí que llegan
tarde a su jardín o a su escuela (...) van llenísimos”
La producción de territorios populares urbanos involucra prácticas como
las descritas para resolver la existencia en el nuevo espacio. Éstas no están
exentas de contradicciones o tensiones en tanto se inscriben dentro de pa-
trones de normatividad urbana que manifiestan las pautas capitalistas de
producción y regulación de los usos del suelo y la ciudad. En Pueblos Uni-
dos, la producción de las condiciones espaciales de habitabilidad se presen-
ta principalmente en conflicto con el Estado respecto del tipo de uso de
suelo y de la provisión de servicios públicos e infraestructura —tal como
mencionamos anteriormente—. Sin embargo, este escenario de tensiones se
debate también en relación a la construcción de un nosotros.
La condición sanitario-ambiental de la tierra aparece asociada a cierta ac-
ción de “desprecio” a las personas que decidieron tomar y apropiarla como
espacio de vida. Los vecinos receptan el discurso estatal a modo de una ac-
ción que los “basuraliza”, que los vuelve también a ellos desechos y des-
echables; el barrio no es más que un conjunto de “tablitas” y quienes “es-
tán viviendo en la basura” no son más que población sobrante en la ciudad.
“EO1: Hicimos esa porque había ido a una reunión anterior y el capo
de la DIPAS nos dice: ‘Ustedes vienen a pedir algo y hablan de «ba-
rrio». Esas son unas tablitas, no van a durar ustedes ahí’. Y ahí le res-
pondimos. EO2: ‘¿Cómo dicen?’. EO1: ‘Eran ranchitos de tabla’. EO2:
Pero no conocen acá. No han venido a caminar, es un barrio: todas ca-
lles hechas; no sabía que hemos tirado toda esta basura, hemos cambia-
do de tierra, todo. EO: Y cuando vos decías ‘Pueblos Unidos, tenemos
que conseguir con cortes’. Realmente el desprecio que tenían por noso-
tros, o sea, nos conseguimos hacer respetar cortando la ruta o yéndonos
y haciéndoles quilombo en el centro. Sino... ‘No me vengan a hablar de
barrio si son casillas hechas de madera. No van a estar mucho ahí’. Ya
le vamos a responder”
“Y bueno, luego de eso cuando ya se toma esa resolución de quedarnos
y no darle a todos lo que nos hicieron y todos, chicas, que no nos aten-
dían en el dispensario, ni a los niños, ni a las mamás, nadie. [...] Ade-
más nos decían, ‘¿Cómo no vas a estar enfermo si vivís en el basural?’,
‘En Pueblos Unidos viven en el basural’, entonces... No, estás enfermo,
no te podemos atender acá”. Pero así. “Y bueno, si sos peruano volvete
a tu país porque acá estás viviendo en la basura. Te vas a enfermar y
nosotros nos vamos a tener que hacer cargo. Así le decían chicas en el
dispensario. La directora de la escuela no quería anotar a los hijos de
bolivianos”
61
Es frente a ese discurso que niega y desterritorializa a los sujetos anticipan-
do que “no van a estar mucho ahí” que se construye la “respuesta” del no-
sotros. Los pronósticos de muerte y enfermedad que se elaboran desde el
afuera se debaten contra la defensa del barrio que se reivindica como aquel
espacio donde la vida acontece. Los testimonios muestran un sujeto colec-
tivo que va tomando forma desde el registro emocional del sufrimiento, la
angustia, el esfuerzo o el coraje de la lucha inicial. De modo que la deci-
sión de ocupar, de “meterse”, de entrar y transformar, es el punto de refe-
rencia principal que recoge la experiencia colectiva de la lucha y que hace
de ello el fundamento de la defensa y de la apropiación del nuevo espacio.
La idea de “plantarse”, de “echar raíces” remite tanto a la llegada a un nue-
vo lugar como al arraigo profundo al territorio que contiene y da forma a la
vida.
“Bueno, tenés un terreno, ahí ya vivís vos...ya podes plantar una plan-
ta, una flor, todo lo que quieras [...] Y bueno, entonces, como yo estoy
más, más replantado aquí. Como una planta ya me he hecho de raíz,
ya me he hecho de...como una hoja ya de... bueno, ‘Si es allá más me-
jor, vamos allá’. Bueno, me han visto a mí, bueno. Ellos están mejo-
rando igual que yo”.
La apelación a la unidad en el propio nombre del barrio (“Pueblos Uni-
dos”), llama la atención respecto a la fortaleza que el estar juntos supone.
Es solamente después de, y a partir de compartir la vida en el territorio, que
tiene origen ese espacio de la unidad del nosotros. Un estar juntos que se
asienta en la proximidad física pero que no acaba en ella, sino que se reac-
tualiza en la constitución de redes de solidaridad y participación comunita-
ria. Así, el proceso de elección del nombre, tal como lo expone un entrevis-
tado a continuación, da cuenta de las metodologías democráticas que se
priorizan como formas de accionar social y político en la conformación del
barrio. Este tipo de prácticas los referencian desde un espacio de conten-
ción mutua, erigiendo un proceso de construcción de sociabilidades propias
y valoradas dentro del barrio.
“Entonces se tomó esa resolución y se dio un mes para que cada vecino
propusiera qué nombre. Bueno, en general los vecinos propusieron cin-
co nombres durante el mes, en general variaban así, ‘Pueblos Unidos
Latinoamericanos’, ‘Pueblos Latinoamericanos Unidos’ y algunos que-
rían... ya no me acuerdo con precisión. Bueno, fuimos a la asamblea
donde se iba a decidir, donde por los comentarios que hacían los veci-
nos, todo el mundo le gustaba ‘Pueblos Unidos Latinoamericanos’ [...]
En la asamblea, más o menos y ya, casi ya íbamos a ir a votación hasta
que se levanta un vecino que particularmente nunca lo había sentido ha-
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blar en una asamblea, dice, ‘Me parece que es muy largo y después la
prensa va a decir cualquier cosa. Tenemos que tener un nombre más
corto’. Bueno, algunos le preguntamos: ‘¿Y cuál proponés vos?’, ’Y
Pueblos Unidos’. Y ahí nomás todo el mundo dijo: ‘¿Pero estamos de
acuerdo?’. Como teníamos cuidado que siempre quedara en acta y todas
esas cuestiones, lo hicimos, bueno, que se levantara la mano. Y todo el
mundo estuvo de acuerdo y así surgió el nombre de ‘Pueblos Unidos’”.
Es interesante destacar que la condición “unida” del barrio no significa una
clausura o el fin de las diferencias; por el contrario, la enunciación en plu-
ral del nombre del barrio (Pueblos Unidos en vez de Pueblo Unido) hace
patente que esos pueblos que deciden unirse en el territorio son disímiles,
plurales, variados. En el discurso de los entrevistados, hay un reconoci-
miento de esa “pluralidad diversa” que conforma el nosotros. La lucha,
como instancia fundadora de ese nosotros, hermana a quienes comparten la
experiencia trascendiendo las diferencias en las trayectorias vitales; pero
no intenta clausurarlas sino enriquecen la experiencia comunitaria a partir
de ellas. Aparece así, el registro de un lugar de todos, donde han llegado
“de todos lados”, con distintas trayectorias de vida, a constituir un espacio
común.
Pero además, hay un aspecto que resulta muy marcado y que es enunciado
como una particularidad del barrio —en esta toma y en las demás analiza-
das—: una idea de “progreso” asociado al trabajo, tanto a nivel individual
como colectivo. El sostenimiento de un “nosotros trabajadores” intenta de-
mostrarse en el esfuerzo puesto en construir las condiciones espaciales en
el barrio, a la vista de los otros que lo niegan y no lo reconocen. Asimismo,
el “progreso” en términos personales aparece íntimamente vinculado a ese
“progreso barrial” que se presenta como prioridad y marca distintiva del
nuevo espacio:
“Lo gauchito de esto es que a diferencia con otros barrios y con otras
tomas de tierra, eh, tienen que ver por un lado con la compositiva del
barrio, y eso dio, una característica distinta en la conformación del ba-
rrio y que en tan poco tiempo hicieron un barrio (...) ellos tienen una
cuestión cultural de trabajar en comunidad. Tienen una cultura del tra-
bajo muy arraigada y de trabajar en grupos. Entonces eso hizo que,
este, eh, muy rápidamente se pudiera organizar”.
Finalmente, “Pueblos Unidos” viene a condensar y enunciar aquella expe-
riencia compartida de hacer el barrio, pero al mismo tiempo este nombre
cumple una función diferenciadora respecto de los barrios aledaños, en re-
lación a determinadas prácticas sociopolíticas que se consideran no desea-
das y que refieren especialmente a formas políticas más arraigadas y tradi-
63
cionales en los sectores populares de la ciudad. En este sentido, los ba-
rrios vecinos aparecen como el espacio de las lógicas punteriles y cliente-
lares, de la mercantilización de la política, de la corrupción o el engaño,
de la ruptura de relaciones o vínculos vecinales. Antes que el aspecto de
organización del trazado en el nuevo espacio (por ejemplo, la disposición
de las manzanas o el tamaño de los lotes), lo que constituye el parámetro
de comparación con otros barrios u otras urbanizaciones populares es esta
referencia a ciertas prácticas políticas dentro de la organización y dinámi-
ca territorial:
“Hay una cuestión, Hogar III por todas estas problemáticas, la del
agua, la luz, ha sido un barrio con mucha historia de lucha, todo lo que
consiguieron lo consiguieron cortando la ruta. Y en ese movimiento tan,
tan rico en ese aspecto, en ese aspecto, el problema es que los partidos
políticos vieron cómo sacar tajada de esa situación y metieron a todos
los punteros. Significado que hoy esto está todo totalmente desorganiza-
do ese barrio, donde los vecinos se enfrentan y todas esas cuestiones.
Eh, nosotros cuando empezamos a organizarnos, vimos y dijimos: ‘No
nos puede pasar lo mismo que a Hogar III porque si no, no vamos a
avanzar’. [...] Eh, lo voy a poner así: no somos el mismo barrio ‘Am-
pliación Hogar III’ y ‘Pueblos Unidos’, porque ellos vinieron dos años
antes y acá hubo una de las que habitaba que se transforma en dirigen-
te. Cuando nosotros la conocemos dijimos ‘Esta es una corrupta’. Y
efectivamente, es una corrupta, ella no está más acá, vendió su casa [...]
vendió acá en 13 mil pesos el lote y se ha ido a Villa Angelelli o Villa
Angelelli II y ahí tomó otro lote. Para nosotros fue una corrupta y ella
no permitió que Pueblos Unidos llegara hasta Avenida Vélez Sarsfield”
“No. En Hogar III es otro, es otro. Otra historia. Digamos que nada que
ver con el barrio acá. Nada que ver. El que ganó en el Centro Vecinal en
la última gestión que se venció el mandato ahora. Ahora hay una seño-
ra. Este, ese cuando el ganó el mandato vino acá con un, hizo un plano
y ¡qué sé yo! Y éramos todos Hogar III. Y vinieron a decirnos: ‘Bueno,
ustedes se tienen que sumar’. Nos vinieron a buscar ¡PARA IR A VO-
TAR! ¿Viste? A los vecinos. Los vecinos venían: ‘¿Cómo que tengo que
votar si nosotros no tenemos Centro Vecinal?’, ‘Sí, vos no tenés nada
que ver si ellos son de Hogar III y nosotros de Pueblos Unidos y
¡Chau!’. Es cierto que el predio es como el mismo, digamos; como iden-
tidad de vecinos, cosa muy marcada la diferencia”.
“Pueblos Unidos” nace con la intención de ser un sujeto colectivo distinto,
que instituya e invente otras formas de estar y relacionarse socialmente en
el territorio, vinculadas a aquellos atributos de solidaridad, de trabajo co-
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munitario, de unidad que tanto se valoran. La búsqueda es por producir
maneras legítimas de habitar el territorio que impugnen aquellos modos en
que la lógica económico-mercantil se hace presente en la política barrial.
3.2. Obispo Angelelli: de suelo contaminado a tierras limpias
La ocupación y construcción del espacio se efectiviza en 2011, luego de
que la mayoría de los vecinos de la toma vivieran durante dos años en tie-
rras del ex-basural aledaño al barrio Hogar III (hoy Ampliación Nuestro
Hogar III). El caso de Ob. Angelelli resulta interesante en tanto encarna
una estrategia de habitabilidad basada en la deliberada decisión del aban-
dono de las tierras del basural y en el posterior traslado. Mientras en la
toma de Pueblos Unidos, como hemos visto, se resignificaron las condicio-
nes de habitabilidad de la “tierra contaminada” para volverlas “habitables”,
los vecinos del caso de Ob. Angelelli reafirmaron la situación de insalubri-
dad de la tierra y terminaron buscando un nuevo terreno donde vivir.
“Me fui y entonces me dijo que por ahí era, tenían que hacer unos aná-
lisis, todo eso. Como seguía andando yo en todo, se metió la Universi-
dad, la Nacional fue, hizo 3 pozos la Nacional, para ver si había conta-
minación o no contaminación, porque la gente se seguía metiendo.
Cuando nos entregaron los resultados, salió que había residuos patóge-
nos y de toda clase. Ahí, nos dijeron que ya no se podía seguir constru-
yendo, todo eso. Paralizó un poco. Después de eso, yo por ahí ya me
desanimaba de seguir construyendo, porque también tenía mi casita allá
de bloque”
Mientras se ocupaban los terrenos del ex-basural, se comienzó a construir
un discurso de “riesgo ambiental” que, como hemos visto en el caso ante-
rior, es sostenido por “expertos”. La importancia atribuida al registro cien-
tífico contrasta con aquella que le dieron los habitantes de Pueblos Unidos.
En Angelelli, los sujetos externos a la toma, representantes de centros uni-
versitarios, legitiman discursos que otorgan relevancia a determinados as-
pectos del barrio, generando tensiones, quiebres o conflictos al interior del
grupo. De esta manera, las disputas por la definición de la contaminación
tienen un impacto diferencial en el proceso de configuración de subjetivi-
dades de los vecinos que se marchan a Ob. Angelelli, tal como analizare-
mos más adelante.
Es a raíz de ese discurso del “riesgo” que se detiene el proceso de produc-
ción de las viviendas. Frente a la posibilidad de tener que dejar los terrenos
muchos vecinos detuvieron la construcción de casas, en las que venían uti-
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lizando materiales más perdurables como ladrillos, bloques de cemento,
etc. Como hemos visto, en el caso de Pueblos Unidos la utilización de esos
materiales es la afirmación de voluntad de un proceso irreversible de urba-
nización, como garantía de no ser desalojados; en cambio, quienes hoy re-
siden en Ob. Angelelli dejaron, en ese momento, de apostar a la vivienda y
los servicios como garantías de permanencia. La lucha ya no estaba en ur-
banizar el territorio, sino en poder salir de allí. Así, comienza a marcarse
una diferencia que hasta hoy se mantiene como brecha entre los dos nuevos
barrios: los que frenan y los que siguen.
En esas condiciones es que luego de dos años se produce el traslado al te-
rreno frente al Barrio-Ciudad Ob. Angelelli y, ahora sí, la cuestión a la que
se da importancia pasa a ser la propiedad legal de los lotes que se habitan.
Una de las primeras estrategias es presentar discursivamente la adquisición
de las tierras como un proceso no problemático de traspaso entre diferentes
actores, no mediado por la lógica de la compra-venta sino más bien por el
trueque o la sucesión de “transferencias”. En general, el relato ancla en una
adquisición “sin problemas”, acompañado por adaptaciones al orden legal
y por cierta conformidad en los barrios vecinos
9
.
“ER1: Y por ejemplo con la policía, cuando ustedes empezaron a cons-
truir las casas, ¿han tenido algún conflicto, los han molestado por algo?
EO: No, al principio no, cuando empezamos todo esto tampoco, porque
ya tenían conocimiento, sabían que esto pertenecía al Cura, fue y pre-
sentó una documentación también así que no podían molestar, solo ve-
nían a supervisar y ver a qué persona se le había dado cada lote, eso, y
tenía una relación de todos los que habían recibido los lotes (...) enton-
ces en esa parte sí ha sido de mucha ayuda la policía”
“ER1: Y la relación con los otros vecinos que ya estaban cuando ustedes
llegaron, ¿cómo fue? EO: Bien, lo tomaron bien, porque en realidad
ellos saben que no hemos usurpado nada porque el mismo Cura nos
vino a poner. Entonces, ellos estaban todos, eran todos conscientes que
el terreno era del Cura. Entonces, como el terreno era del Cura, él po-
día poner a quien quisiera. Entonces, no, no hubo problema en eso”
En cuanto al acceso a servicios públicos, los terrenos tienen habilitada for-
malmente la extensión de los mismos desde el Barrio-Ciudad Ob. Angele-
lli, pero aún no se ha completado el proceso de regularización dominial de
9
Al respecto, una de las cuestiones más interesantes que emergieron del trabajo de
campo fue, precisamente, la no utilización de la expresión “toma de tierras” para referir
al proceso de construcción del nuevo barrio.
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cada lote. Por lo tanto, la estrategia de ocupación y producción de las con-
diciones espaciales de habitabilidad se dirige, en la actualidad, a facilitar la
inserción en el orden urbano formal, reproduciendo las medidas estándar
de los lotes, el trazado de la manzana y la apertura de calles. El acceso a
los servicios básicos se asocia a la legalización de la propiedad individual
de la tierra, al tiempo que involucra una referencia a relaciones de solidari-
dad con los barrios vecinos, con redes sociales previamente constituidas y
con actores externos que operan como puentes hacia las instituciones esta-
tales.
“ER1: ¿Tienen agua corriente acá? EO: No, ahorita agua nos da la ve-
cina de acá del costado, que estamos organizados por grupos. Al otro
lado le han dado otros vecinos de allá, pero todo ese tema tenemos que,
estamos gestionando, nos está ayudando el Padre Rafael. Él viene, nos
vamos a EPEC, todo para sacar legalmente todo. Porque todo lo que es
de la luz, el cableado, todo, ya tenemos nosotros (...) para ir a EPEC y
presentar la solicitud para que den todo correctamente. El tema del
agua, también está para hablar con Aguas Cordobesas, todo eso, pero
necesitamos el saneamiento del documento que salga loteado. En eso
nos está ayudando el Padre Rafael, en esos documentos. Una vez que
completamos eso, ya creo que va a ser más fácil para nosotros tener
que... que hacer todo correctamente. Pero, mientras tanto, nos está dan-
do la vecina de acá del costado el agua. (Silencio) Es así”
“Acá hay primaria. Primaria, guardería, jardín. Entonces, para mí has-
ta ahora no hay ningún problema, porque las chinitas van al colegio que
está allá, en la entrada del otro barrio, así que. Y al chiquito lo mando a
guardería. El dispensario, las enfermeras saben venir siempre a mi casa,
porque les hago comida peruana (risas). Vienen a conversarme y esas
cosas, son buenas. En realidad, tenemos, será porque a nosotros nos
gusta hacer amistad. Viene la enfermera, la nutricionista, porque al chi-
quito le controlo yo por nutricionista, como es celíaco no come cual-
quier cosa, no toma y esas cosas”
Es de destacar el hecho de una marcada presencia de mecanismos de orga-
nización comunitaria, tales como la asamblea y la “Junta”. Esta última, es
un novedoso mecanismo de crédito solidario colectivo sin interés, presenta-
do como una forma de socializar ahorros, que no está presente en los de-
más casos de toma de tierras abordados. Según los relatos, se trata de una
estrategia que ya se había utilizado en el anterior espacio de residencia
(Hogar III) por parte de la comunidad peruana, quienes no incluyen a los
argentinos por “cuestiones de confianza”. Asimismo, durante el trabajo de
campo se han observado otras formas en que se despliega lo colectivo,
67
como el hecho de que, frente a la necesidad de construir determinados ti-
pos de materiales (por ejemplo, la losa del techo), los vecinos trabajen co-
lectivamente socializando conocimientos y esfuerzos.
“Todos, casi toda la manzana, casi toda la cuadra. Nos unimos, hace-
mos reunión, decidimos qué es lo que vamos a hacer entre todos. Si to-
dos están de acuerdo, se hace. Si no se está de acuerdo, no se hace. De
esa manera nos manejamos. O sea, todos somos libres de opinar y de to-
dos tomar la decisión”
“No sé si se han dado cuenta acá, todos están construyendo. Nosotros
nos organizamos, llamamos ‘Junta’, que le estaba diciendo. Entre todos,
casi la mayoría jugamos. ¿Qué hacemos nosotros? Sorteamos del 1 al
15, según los que juguemos, y semanal ponemos 500 cada uno. La pri-
mera semana recibe el 1, la segunda semana recibe el 2, el 3, hasta los
15. Con eso, cada cual va construyendo sus casas, porque a nosotros el
gobierno no nos da nada. Entonces, si nosotros queremos hacer algo te-
nemos que organizar. En mano de obra no pagamos, porque hacen nues-
tros mismos maridos, trabajan en la construcción y hacen. Los materia-
les sí, todo compramos. Así nos organizamos. Todos, casi todos están
avanzando con su casita, todos estamos construyendo así”
Estas instancias se muestran como neurálgicas de la producción del nuevo
territorio, aunque se entrevé en los relatos que los procesos propios de or-
ganización resultan también, como en Pueblos Unidos, de cierta imagen de
ausencia estatal: el gobierno no nos da nada. A ello se opone, muy marca-
damente, la reivindicación de las facilidades que han implicado las relacio-
nes con representantes de la Iglesia Católica y de la Universidad, especial-
mente en torno a la celeridad con que han visto avanzar el proceso de
legalización de la tierra. Es así cómo, en este caso, el eje estructurante del
proceso de construcción espacial del territorio es el marco de alianzas y re-
des de los nuevos vecinos en torno a centros o figuras institucionales de
fuerte trayectoria, como lo son las recién nombradas.
Lo comunitario se expresa, asimismo, en la construcción de un nosotros
que da sentido de unidad y pertenencia al proceso de creación de un espa-
cio compartido. Como hemos visto, la manera en que se construye ese no-
sotros está fuertemente anclada a la (re)significación que se desarrolla en
torno a las condiciones de vida en el ex-basural, siendo escasa la referencia
a las propias formas de nombrar el territorio. El proceso de configuración
de una subjetividad colectiva parece generarse en relación a dos elementos
clave: en primer lugar, la lucha por el tránsito desde las tierras del ex basu-
ral a las nuevas tierras colindantes al Barrio-Ciudad; en segundo lugar, el
vínculo (aproximación o distancia) que los vecinos establecen con los es-
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pacios construidos a su alrededor (el Barrio-Ciudad y la pequeña villa mi-
seria).
En relación al primer elemento, es la noción de “los que quisieron irse” la
que comienza a perfilar un nosotros: son aquellos que creyeron y asumie-
ron la inhabitabilidad del terreno, y decidieron “salir” a nuevas condicio-
nes de habitabilidad; la lucha es por salir del basural y llegar a nuevas tie-
rras limpias. El nosotros en Ob. Angelelli se arraiga a esa acción que se
presenta en los relatos como una especie de éxodo hacia un lugar que se
visualiza como mejor y seguro. Es esa salida lo que opera también como
un aglutinante de una nueva subjetividad, el principio de las historias que
circulan por el barrio, de una “nueva vida”. De ahí que la toma se consti-
tuye desde un proceso de separación y rechazo respecto de la historia del
lugar anterior, de la gente que ahí se quedó, proyectando incluso la ima-
gen de una tierra olvidada, silenciada, quieta, inmóvil.
“Estábamos ahí. Y sinceramente, cuando nosotros llegamos era todo yu-
yal. Nos fuimos a vivir ahí, empezamos a rastrillar todo. Y había inyec-
ciones llenas, del año ‘60. Que tu las sacas a la superficie y les da el
sol, revientan como cohete. Sinceramente, no queríamos eso para nues-
tros hijos. Hay gente que sí se ha quedado ahí [...] ‘No —les decía yo—
yo voy a pelear hasta el último, si no quieren salir todos, saldremos los
que quieran’. Ese era el tema, en cada reunión era discusión y discu-
sión, discusión. Llega a cansar, ¿vió? Y más cansa cuando la gente no
pone consciencia del riesgo que están corriendo sus hijos. Entonces, yo,
un día, en una reunión, les dije: ‘Bueno, ¿quieren, no quieren? Acá si no
se pelea juntos, no se va a salir todos. Y si ustedes no quieren pelear, yo
voy a pelear por los que quieren salir ”.
Esa acción fundante del nosotros que es la “salida del basural” es también
un criterio excluyente del nosotros que toma cuerpo en los nuevos terre-
nos: aquellas personas que quisieron salir después de ese primer momen-
to, hoy no tienen lugar en el barrio:
Cuando vieron las cosas serias que conseguí acá, quisieron venir, pero
ya no había dónde. Yo les dije: ‘(...) Si ustedes hubiesen peleado junta-
mente conmigo, hubiésemos logrado ese pedazo de tierra’. Hubiésemos
logrado, porque el monte, queríamos lotear ese de ahí para todos.
Cuando ya vinimos acá, vinieron varios: ‘Vecina, que esto, que lo otro,
yo también quiero salir’. Así te duela, no, no había dónde en realidad”.
La ruptura que marca la acción del “salir”, también se refleja en la asig-
nación de valoraciones propias a cada una de las partes que refieren a la
salud —y sobre todo la salud de los hijos—; y al dinero invertido en las
69
viviendas construidas en Hogar III. Al asignar la valoración de la salud
de los hijos a los que quieren salir, aun cuando esto significase pérdidas
materiales inmediatas, se adscribe la carga valorativa a la construcción
del nosotros. Del mismo modo, tal ruptura se manifiesta en la imagen
que se construye del nuevo suelo conseguido, en relación a la contamina-
ción y basura que eran características del anterior territorio. Quienes eli-
gen marcharse de las tierras del ex basural, toman la opción por la salida
en tanto acontecimiento generador de una apertura del campo de lo posi-
ble, como origen de una nueva vida, de un habitar, que se presupone
mejor.
“Más que todo creo que en las tierras, si te vas por ahí vas a ver que las
calles están llenas de vidrios, basura, en todas las calles, si te vienes
para acá es más limpio, crece mucha hierba, es más verde, allá es como
un desierto, aparte de que corre mucho polvo, en cambio acá no tanto.
Es más tranquilo, y las tierras mismas están más limpias, no hay ningún
problema con eso. Yo cuando me iba para allá veía, y acá es muy distin-
to, esa es la diferencia que la basura es la que predomina allá, acá no,
acá esta todo limpio, todo natural”.
Por su parte, y como mencionábamos anteriormente, cobra relevancia el
vínculo que los vecinos establecen con los territorios y los pobladores co-
lindantes. En los registros de los entrevistados, la relación con el Barrio-
Ciudad aparece como de mayor acercamiento y empatía, mientras que los
habitantes de la villa son depositarios de estigmatizaciones vinculadas a la
inseguridad y al robo. Emerge en los relatos cierta noción de una “ética
del esfuerzo y del sacrificio”, como ya vimos en Pueblos Unidos y volve-
remos a analizar en la Comunidad Marta Juana González.
“Los de la villa nos venían a robar (risas). Pero de ahí hablamos con
ellos, que en realidad ellos están dentro del terreno que nos han ce-
dido también a nosotros, porque ellos no se lotearon. Ellos viven así
nomás su (...), entonces, cuando la Provincia nos cede a nosotros, en
un acta, nos cede todo, las dos manzanas, porque hay dos manzanas
acá. Entonces, ellos están dentro del terreno que nos ha cedido la
Provincia, así que nos venían a robar. Nos fuimos a hablar con ellos,
que si ellos nos siguen viniendo a molestar, a robar, la Provincia se
tiene que encargar de ellos en trasladarlos, y no, no robaron más.
ER: Se tranquilizaron EO: Sí, ellos por su lado, nosotros por nuestro
lado. No les molestamos, ni ellos a nosotros. Yo les dije así, les dije:
‘Nosotros no venimos a molestarles a ustedes, y tampoco queremos
que ustedes nos vayan a molestar a nosotros. Si quieren robar, vayan
a robar a otros tipos”.
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La construcción del espacio ocupado por los vecinos en la zona de Ob. An-
gelelli resulta de un proceso de negación de las condiciones de habitabili-
dad del espacio previamente ocupado (Hogar III). De este modo, el punto
central que articula la construcción del territorio involucra tanto elementos
materiales de mejoramiento de las formas de habitar el espacio (tierra lim-
pia, servicios e infraestructura adecuada, etc.), como así también elementos
simbólicos que dan cuenta de la formación de un nosotros diferenciado de
aquellos que decidieron quedarse en el ex basural. Podríamos decir, por
tanto, que el punto de inflexión y ruptura que da forma a la constitución de
territorialidad social del caso analizado, ha sido la acción y proyección en
torno a la cuestión de “salir” de las tierras contaminadas para apostar por la
vida en tierras limpias.
3.3. Marta Juana González: del territorio cercado a la lucha
por una comunidad
El caso de la toma de tierras de la Comunidad Marta Juana González
(CMJG, en adelante) es particularmente diferente a lo que hemos visto has-
ta aquí. Se trata de un proceso en el que la titularidad de los lotes es de una
empresa privada que, en el momento de la ocupación, estaba iniciando un
proyecto inmobiliario de barrio cerrado; el Estado se presenta como un ter-
cero “mediando” en una disputa entre privados; y el componente ambiental
y sanitario tan presente en las tomas analizadas previamente no adquiere
mayor relevancia. Estas características dan lugar, por un lado, a una parti-
cular configuración del espacio, en la que se despliegan obstáculos y estra-
tegias específicas en la construcción de condiciones de habitabilidad y, por
el otro, a un proceso de subjetivación que emerge a partir de la experiencia
de lucha y que conforma a la toma como a una comunidad.
En lo que respecta a la construcción de condiciones de habitabilidad, el
proceso de ocupación de terrenos es central en cuanto a la visión que los
vecinos construyen en torno al territorio tomado: una propiedad privada,
perteneciente al emprendimiento inmobiliario Ecipsa. Para los vecinos que
participan de la toma, el terreno en ese momento se encuentra inutilizado
por sus propietarios, desconocen quiénes son éstos y lo ven como un terri-
torio abandonado, dañino, agreste, anónimo, en desuso que, sin embargo,
tiene un potencial de continuidad urbana con los barrios aledaños de la
zona:
“Antes del 23 de agosto, todo esto era un basural, ¿sí? Lo que era toda
esta zanja, toda esa zanja era todo, todo basura. Esto antes le decían ‘la
canchita de los chinos’. EO1: Yo a esto lo conozco como ‘la laguna’.
71
EO2: Bueno, aparte. ER1: Vos como ‘la laguna’ y vos como ‘la canchita
de los chinos’ (-) EO2: No, no. Porque era todo como sembrado de soja,
o sea pero a la vez era como acumulación de mugre (-) EO1: Porque era
la laguna que desembocaba el agua de allá y quedaba toda la mugre, o
la basura (-)”
En este acercamiento al espacio inhabitado, un impedimento muy impor-
tante para la posibilidad de los vecinos de habitar la tierra es la constante
presencia policial durante los primeros siete meses, en virtud de la denun-
cia de Ecipsa. En el relato de los vecinos, ello deja marcas contundentes,
como por ejemplo, el recuerdo del arresto o imputación de vecinos dentro
de la toma o en sus alrededores. Las instituciones represivas van operando
desde los extremos de la concentración poblacional, intentando reducir el
perímetro ocupado y cumpliendo una función determinante en la configura-
ción de los límites materiales del espacio tomado; sin embargo, nunca lo-
gran efectivizar el desalojo. Se trata de una estrategia decisiva, intimidato-
ria y represiva que mantiene a la comunidad en una constante tensión. El
“muro humano” que corporalmente hacen los vecinos en un episodio, refle-
ja, sin dudas, la materialidad de la resistencia colectiva frente a la represión
policial en el territorio ocupado, marcando un hito en la toma de postura de
la comunidad hacia el espacio a ser habitado:
“Tuvimos agua, armábamos carpas bien grandes para estar bajo la
sombra y... bueno, así estuvimos unos meses hasta que la policía nos
quería sacar. Así un día de repente nos agarraron bien temprano, recién
nos levantábamos de dormir, TODA la policía ahí. Y yo estaba bien acá
cerquita de los policías, me dio miedo, porque yo estaba con mi hija, la
otra, ella no estaba todavía. Y (silencio prolongado) me agarró miedo y
me fui para allá donde estaba toda la gente amontonada. Entonces XXX
y XXX dicen ‘No, no tengan miedo porque no nos pueden hacer NADA.
Más que están con los chicos’. Bueno así que un grupo de vecinos nos
animamos e hicimos un... como un muro, así, uno al lado del otro, para
que ellos no avanzaran para acá y nosotros para allá. Y nos encerraron
en este pedazo que creo que son tres hectáreas, nos encerraron en ese
pedazo, sin poder avanzar ni retroceder tampoco”.
Sólo cuando, pasados los meses, la presencia policial cede hasta desapare-
cer, los vecinos de la toma se encuentran en una circunstancia de mayor
certidumbre en cuanto a la posibilidad de permanencia en la tierra y van
transformando eso que aparecía como inhabitable, en un imaginario de ba-
rrio que los lleva a la creación de un espacio habitable.
En esta tarea de proyectar un barrio en el que sea posible vivir, aparecen
criterios propios de las formas de urbanización dominantes, signados por
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tres aspectos centrales. Uno de carácter estético, en función del cual los ve-
cinos hablan de un barrio lindo, limpio, ordenado. Un segundo patrón, de-
terminado por la tensión que se mantiene con la empresa propietaria de los
terrenos, la cual al comenzar el emprendimiento inmobiliario en un lote
continuo exige —durante las negociaciones— que la toma se constituya
como un barrio “bien visto”. Y un tercer criterio asociado a la presencia de
profesionales y estudiantes del urbanismo y la arquitectura que operan
como catalizadores de definiciones más bien técnicas, adoptadas como sa-
beres científicos objetivos, no cuestionados por la comunidad, a partir de
los cuales se considera importante definir zonas de deporte y recreación,
considerando estipulaciones y requisitos municipales formales. Así, la crea-
ción de las condiciones espaciales de habitabilidad, emerge y se construye
en tensión constante con la “normalidad urbana”.
“No pido mucho lujo, pido eh, ¿cómo te digo?, orden. Calles con,
que tengan cordón cuneta, eh, que tengan árboles, todos los terrenos,
las casas bien ordenadas, que no tenga mal aspecto, que sea un, un
barrio como corresponde, no lindo, pero, como corresponde. Orde-
nado, limpio”
“ellos tenían contacto con los del campo, los dueños digamos, los apa-
rentemente dueños, eh... y ellos decían que acá no querían villa, porque
ellos quieren vender todo eso, que están haciendo un country ahí. En-
tonces pidieron que más o menos construyamos un barrio. Entonces bue-
no, XXX, a través de sus contactos, vieron cómo podíamos armar en este
sector chiquitito son casi tres hectáreas casi, por lo menos tres manza-
nas y organizaron los terrenos”
“Y... ahí por ejemplo algunos abogad (-) arquitectos asesoraron respec-
to a algunas cuestiones. Arquitectos así piolas, que sé yo, que se llega-
ban, que conocían de la experiencia y algunos consejos nos dieron, que
eso también se manifestó a todos los compañeros. Que haya espacios
verdes, que era muy necesario, digamos, para que sea un barrio y demás
[...] Y además de eso, también algunos asesoramientos respecto a los te-
rrenos, las dimensiones del terreno, porque después eso en un futuro es
lo que determina si te aprueban o no, la Muni, si es barrio, también el
tamaño de las calles. Bueno, un montón de cosas que yo ni las conozco
pero ahí [...] Hay toda una reglamentación, que... bueno que es necesa-
ria. Entonces tratamos de hacer eso lo más prolijo posible y que se en-
tendiera que eso era así”
El gran problema para construir las condiciones espaciales de habitabilidad
en esta toma radica, centralmente, en su carácter “privado”, como registran
los entrevistados, es decir, en la cuestión de la propiedad de los terrenos, en
73
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disputa con la empresa Ecipsa, pero también con el Estado. En la medida
en que los habitantes de la toma no sean propietarios formales de las tierras
no podrán acceder a ciertos servicios públicos, para lo cual, la empresa de-
bería aceptar la ocupación y quitar de la justicia la denuncia de usurpación.
Recién así, el Estado “reconocería” a esta toma como a una comunidad de
la ciudad a la cual cabe garantizar ciertos derechos básicos. En la toma
CMJG, la provisión de servicios públicos no se basa en la autorización del
uso urbano del suelo, como sucede en Pueblos Unidos, mucho menos en el
hecho de que “viva gente”, como dice una de los testimonios de abajo. Por
el contrario, esas necesidades están aquí supeditadas al respeto irrestricto al
régimen de propiedad privada de la tierra.
“Lo que es el gobierno, nunca figuró para nada [...] porque dice que
ellos no pueden, no pueden acceder a nada si... como siendo esto priva-
do... no pueden. ER2: Ah, aunque viva gente, digamos. EO: Si fuimos a
pedir la luz... no, nos dijeron que no, que sí, como que después se van a
comer algo ellos por poner la luz acá, que la misma empresa los puede
denunciar [...] Así que por eso no tenemos luz nosotros, hasta que no fir-
men ellos y digan ‘bueno les cedemos esto, o arreglamos por tanto’”
Esta “ausencia” está, en realidad, muy presente en los discursos como deci-
sión deliberada del Estado cuyo efecto es un patrón urbano que, para estos
pobladores, se divide en espacios del “todo” o espacios de la “nada”. En
los espacios del “todo”, la presencia estatal garantiza la vida, “lo resuelve
todo”; en los espacios de la “nada”, es el sufrimiento, el abandono o la os-
curidad. Allí, sólo las relaciones de solidaridad con otras organizaciones no
estatales se enraízan como una salida de supervivencia:
“A Ecipsa para la entrada del country le hicieron todo el alumbrado des-
de el Municipio, un alumbrado hasta el final de la calle, que son como
cuatro cuadras hacia atrás. A nosotros NADA. Pero a ellos TODO. Digo
¿no? cómo funciona también, el mecanismo este de las corporaciones,
cuánta guita se maneja que les resuelven todo. Inclusive ahora les va a re-
solver una salida a la calle Vélez Sársfield para que ellos entren directo al
country por ahí y no tengan que entrar por Villa El Libertador”
“Y el agua (-) La luz todavía seguimos colgados... El agua, mirá, era su-
frir. No teníamos (...) Hasta el día de hoy se sufre con el agua pero no
mucho como antes. Hasta que los compañeros de la Cooperativa la Co-
opi, de Carlos Paz
10
vinieron e hicieron el agua. [...] hoy en día tene-
10
Cooperativa Integral. Ubicada en Villa Carlos Paz, ciudad serrana de la provincia de
Córdoba.
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mos también con los otros chicos del Panal, Cooperativa El Panal
11
,
también de Carlos Paz, que trabaja junto con la Coopi, ellos vienen acá,
este, hicieron los portones, todo de acá del taller [...] Tenemos buenas
relaciones con... Con varias, te digo, varias organizaciones, varios com-
pañeros de Cooperativas, todo”
“La señora de acá, de la(-) la presidenta de cooperativa de Arpeboch
12
,
cuando nosotros le dijimos del tema luz que nos hicieron una extensión
para acá, en ningún momento se negó, porque... ella cuando empezó el
barrio, ella tuvo que pedir luz al barrio que seguía, adelante de ella,
¿entendés? O sea, ella pasó por lo mismo, o sea en ningún momento nos
puso trabas, nada”.
La constante tensión que atraviesan los vecinos con el Estado y la empresa
—en particular por la presencia policial—, así como la gestión de acciones
concertadas con otras organizaciones sociales, constituyen las expresiones
de una lucha que es central en el proceso de subjetivación de los habitantes
de la toma, y se corresponden con una experiencia doble: la lucha como
acontecimiento y como práctica sostenida en el tiempo. De esta manera, el
nombre seleccionado para el barrio, Comunidad Marta Juana González, se
encuentra vinculado a la historia de vida de una luchadora popular de la
zona, militante social detenida y desaparecida en la última dictadura cívico-
militar del país iniciada en 1976. La identidad y el orgullo que ese nombre
produce en los vecinos, junto a la emoción de su reconocimiento, se evi-
dencian en el discurso de uno de los entrevistados:
“Y siempre le hablo a mi hijo al XXX y al XXX: ‘Mirá tenemos la casa
porque se ganó así con el sacrificio de nosotros, papá, mamá, luchó, vos
también luchaste’. Resistí, todos los días. Y cuando vienen familias le
digo ‘esta es mi casa, tengo tanto luchar, tanto venir acá’. Y es así. Y
uno tiene su casa, tiene el orgullo de decir vivo allá. Vas al centro y aga-
rrás un remis para venir acá y te dice ‘¿dónde vive?’, ‘en la comunidad
Marta Juana González’. Y hasta cuando pusieron el nombre Marta Jua-
na González no sabíamos por qué era el nombre Marta Juana González.
Y después XXX nos explicó cómo era, que Marta Juana González era
11
Cooperativa de Trabajo El Panal.
12
Cooperativa Arpeboch comenzó a conformarse alrededor de los años 1994 y 1995 a
partir de la usurpación de un terreno de unos 300 m
2
colindante a barrio Villa El Liber-
tador, en el suroeste de la ciudad. En el caso de la cooperativa, la presencia de familias
que adscribían a distintas identidades nacionales llevó a que el nombre elegido intente
reflejar dicha diversidad: argentinos, peruanos, bolivianos y chilenos” (BARTOLOZZI, I. y
KOOPMAN, S. A., 2011:2).
75
una mujer, que era defensora de los pobres, que ayudaba a los pobres.
Siempre daba una mano. Y cuando me preguntan ¿y por qué le pusieron
ese nombre, quién era? Era una señora que ayudaba a los pobres, le
digo. Y no te preguntan más NADA YA. Y ahora que, XXX nos dijo, o
sea, que ahora Marta Juana González ahora ya sale en el mapa de Cór-
doba. Ya está asentado. MÁS EMOCIÓN MÁS TODAVÍA te da que salga
Marta Juana González donde uno vive. Ya podés sacar el documento
con la dirección ésta. ¿Dónde vivís?’, ‘Marta Juana González’. Cuando
fui allá ya tenía la dirección en el documento”.
Tal como se desprende de la cita, la resistencia es el origen del barrio. La
lucha emerge como hito fundante y relato épico en la memoria popular de
los vecinos, como veremos a continuación. Pero además, la victoria obteni-
da en la misma a partir de la permanencia en esos terrenos pese a las cir-
cunstancias adversas que se presentaron, es motivo de orgullo que se trans-
mite de generación en generación. Esa emoción se refuerza con el
reconocimiento de la existencia del barrio con un nombre, que por otra par-
te, es vinculado a una “defensora de los pobres”, dándole mayor fortaleza a
la idea de popular y lucha, y constituyendo una suerte de héroes de esa
“historia barrial”, donde éstos no aparecen como próceres lejanos si no que
permiten una identificación con las propias trayectorias de vida de quienes
habitan en el barrio.
La historia del barrio se “escribe” según el ciclo vital de quienes lo habi-
tan, y la lucha se constituye en el “inicio de todos los tiempos” y se iden-
tifica como una experiencia disruptiva, al mismo tiempo que dolorosa y
contenedora, en las biografías individuales de los vecinos, en tanto sus
experiencias de participación en acciones colectivas previas son casi
inexistentes:
“ER2: ¿Vos te imaginabas antes haciendo una toma de tierras? EO: Ja-
más (risas). ER2: ¿No? (risas). EO: No, jamás. ER2: ¿Qué pensabas o
qué? (-) EO: Aunque ahora si me dicen ‘vamos a hacer una toma’ no lo
hago (risas). ER2: ¿No lo hacés de nuevo? EO: No. ER2: ¿Por qué?
EO: No, no, no. Genera un desgaste, uh... O sea, yo por los chicos, si es-
tuviera sola (-)”.
El “desgaste” remite a la cuestión de la dureza de las condiciones en las
cuales la lucha se llevó adelante, o el tránsito por condiciones extremas que
la misma supuso. El momento de lucha es presentado desde el sufrimiento,
la angustia o la pesadumbre. De ahí que, la resistencia aparece así como un
continuo “estar al límite” con el entorno y los vínculos interpersonales, ya
que muchas veces se vieron afectados los lazos afectivos de quienes parti-
ciparon:
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“Yo estoy ahí te juro ¿eh? Mi marido me acuerdo que yo venía a la ma-
ñana y me iba a la tardecita tipo 7 a bañar a ella y la llevaba toda pas-
pada, tapada en tierra y ahí en la casa de mi suegro. Ellos viven bien,
pero yo quería el día de mañana tener lo mío, lo mío y de mi hija y que
quede para ella. Entonces por eso me animé y vine. Pero mi suegro la
veía a ella toda paspada, toda sucia y se quería morir. Entonces empe-
zaron las discusiones con mi marido, no quería que viniera más yo le
decía ‘no, pero yo se que eso va a ser nuestro’, le digo, si vos no me
querés apoyar, bueno, yo sigo, no me importaba más nada”
Esa lucha, opera como elemento regulador de la composición poblacional
del barrio, en tanto resulta en un criterio de permanencia en el mismo. El
“aguante” aparece como una característica propia de quienes actualmente
habitan el barrio y agrega un aspecto más a la definición de quiénes son, en
tanto operó como criterio de distribución de los lotes entre los vecinos.
Emerge así, la idea de una “selección” entre quienes permanecieron en el
barrio y quienes no, que se asocia a otra, vinculada a quiénes aguantaron la
lucha y quiénes no.
“ER1: Y se iban yendo, ¿por qué? ¿Porque no aguantaban las condicio-
nes? ¿O por otra cosa? EO: Eh, algunos porque tenían, se notaba que
no necesitaban, entonces se fueron por eso. Otros porque no aguantaron
(...), no creían que esto iba a resultar, entonces”
“ER1: O sea que los que (-) la gente, las familias que hoy viven acá, son
las familias que, que tuvieron (-) EO: El aguante”
Esa dimensión contenedora de la resistencia luego se traslada a la gestión co-
tidiana del barrio y da cuenta de la idea de “comunidad” que intenta ser resca-
tada en el nombre del mismo. El sacrificio compartido, las circunstancias ex-
tremas, el compañerismo ante la necesidad del otro, son todos aspectos que
definen un nosotros que se solapa con la idea del “habitar juntos”. Allí, inclu-
so se fusionan olores, sabores, conmemoraciones, lenguajes, etc., que se ofre-
cen y entrelazan cuando el lugar de referencia de la acción es el barrio
13
:
“ER1: (...) ¿Qué te parece que hace que en este barrio sean todos uni-
dos y esto que vos decís: que se rompa un cable y vamos TODOS a arre-
13
Esto no impide mencionar las dificultades propias que asisten a la población de
composición migrante de este barrio y de los demás analizados. Hacemos mención a
aquellas situaciones de segregación muchas veces reproducidas por los agentes guberna-
mentales (complejidad de trámites migratorios, dificultades en el acceso a prestaciones
públicas como salud, educación, etc.) y/u otros individuos (prácticas discriminatorias,
irregularidad laboral, explotación, etc.).
77
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glar el cable? EO: Y pienso que debe ser que todos pasamos desde el
principio por lo mismo. Todas las mismas necesidades desde tener un te-
rreno, después de construir una casita y entre todos nos ayudábamos, de
hacer entre todos algo para poder tener luz, o sea es un beneficio para
todos, entonces, todos unidos teníamos que hacer lo posible para tener
lo necesario, para permanecer en el lugar (...)”
“Y hay bolivianos sí que están, colaboran, van, ayudan. Ahora por ahí
se juntan los fines de semana, más que todo; los hombres van también
con ese tema de las aulas, van y colaboran. Y por ejemplo cuando feste-
jamos cada año de la toma, de la toma de tierras, las mujeres se juntan,
nos ponemos a cocinar todas, ayudar para la comida, todo eso. En ese
sentido las mujeres colaboran, si vamos a juntarnos para hacer las co-
midas están todas. ER2: ¿Y ahí hacen comida argentina o comida boli-
viana? (risas) EO: El primer año hicimos picante de pollo. Ya después el
segundo año empanadas (risas). Y el tercer año locro”
De esta manera, la lucha no sólo es un hito que genera orgullo en la memo-
ria colectiva de quienes en ella participaron, como una batalla por la obten-
ción de esos terrenos, una simbolización de la apropiación del barrio, sino
que además es un proceso que tiene continuidad en el tiempo y que genera
vínculos comunitarios profundos entre los vecinos.
No obstante, la composición del nosotros no sólo se restringe a la idea de
la lucha, sino que además se nutre de otro aspecto: aquel vinculado al tra-
bajo. En este sentido, se advierte una permanente referencia al “perfil” de
gente que habita el barrio que se autodefine como “gente trabajadora”: los
vecinos se referencian a sí mismos como trabajadores y desde allí, desnu-
dan su historia personal.
“ER1: [...] ¿todos los vecinos están dispuestos a comprar su terreno?
EO: Sí... Sí porque como te digo acá son toda gente que trabaja. ER1:
Todos trabajan. EO: Sí. ER2: ¿Y más o menos en qué actividad? ER1:
¿En qué rubro? ¿En qué actividad? EO: Todos albañiles. [...] ER2: ¿Y
las mujeres? EO: Y las mujeres, algunas amas de casa, trabajan en el
mercado, vendiendo, algunas tienen su (...) de plata, así que, eh, no, son
todos gente humilde. Sin... sin, o sea, como discriminar a otras personas
pero (-), no no, muy trabajadora la gente. Sabes que se puede decir que
no vas a entrar a un lugar que vos decís “ahí nomás te van a robar”.
Así como la lucha abre el proceso de pensarse “juntos” y define quiénes
son esos que allí se encuentran a partir de su trayectoria común de resisten-
cia, la idea de “gente trabajadora” opera reforzando determinadas adscrip-
ciones que consideran valiosas para pensarse hacia el interior del barrio. El
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trabajo entonces se presenta como una fuente legítima de obtención de in-
gresos versus otros modos de carácter ilegal (como el narcotráfico o el
robo), a la vez que se asocia a un imaginario de esfuerzo, sacrificio, honra-
dez, progreso y ascenso social:
“No se aceptó a esa gente acá [...] Si quieren convivir con nosotros, que
no vengan acá con cosas raras. Gente, gente, que vengan a robar, a ven-
der droga, nada, nada. No, queremos gente trabajadora y humilde que
sean, pero trabajadora, que se lleven bien y que respeten todo”
Tal como se advierte en el relato de los entrevistados, hay una “selección”
respecto a qué personas pueden y no pueden formar parte del barrio que
opera a modo de un doble “filtro”: aquellos que resistieron y la “gente hu-
milde pero trabajadora”. El reverso de ese nosotros, es un otros respecto de
quien se marcan distancias en términos espaciales (en un esfuerzo claro por
distanciarse de espacios catalogados como “peligrosos”, “delictivos”, etc.)
y respecto a los modos de relación individuos-Estado. Es aquí donde emer-
ge fuertemente la cuestión de la voluntad de pago de los vecinos, en tanto
trabajadores que obtienen “legítimamente” sus ingresos, que no son asisti-
dos por el Estado ni pretenden serlo.
“Nosotros nunca dijimos que nos regalen ni que nos den, siempre diji-
mos que nos vendan... así sea en mínimas cuotas, pero que nos den la
posibilidad de mostrarles que podemos hacerlo”
“Bueno, nosotros creemos que si hay que pagar, pagamos. [...] Sí, sí. Es
muy importante por el papel y todo, para que las autoridades nos puedan
poner la luz, eso es muy esencial, y por eso no tenemos luz, no tenemos
verdaderamente el asfalto, mejorar las calles, ¿no? Lo necesitamos (-)
Esta intención aporta a delinear quiénes quieren ser y cómo desean ser re-
conocidos por los otros. Para los vecinos de CMJG, la voluntad de pago
implica la conformación de un nosotros que quiere “formar parte” de la
ciudad. Esta nueva instancia se vincula a legitimar la permanencia en la tie-
rra a través de los mecanismos formales de la propiedad privada, lo cual los
coloca en la necesidad de buscar alternativas estratégicas frente a un juego
tripartito que involucra a la comunidad, a la empresa y al Estado.
4. Reflexiones finales
Como hemos pretendido mostrar a lo largo de este artículo, “tomar” la
tierra implica un hecho político que articula la lógica de la necesidad con
79
las lógicas de la resistencia o impugnación a la estructura del mercado de
tierra y los patrones de organización urbana, a partir de una forma distin-
ta de pensarse en la ciudad, de crear una alternativa otra de “hacer ciu-
dad”. En este sentido, sostenemos que los territorios populares urbanos
que tienen su origen en tomas de tierra deben ser leídos en el sentido más
profundo de (re)configuración y apropiación de la ciudad. Se trata no
sólo de construir un alojamiento y formar un nuevo barrio, sino de propo-
ner alternativas con potencial para desafiar y subvertir el orden dominan-
te de la urbanización capitalista. En este sentido, rescatamos las palabras
de Lefebvre (en Núñez y Ciuffolini, 2011:39) al decir que “apropiarse no
es tener en propiedad, sino hacer su obra, modelarla, formarla, poner el
sello propio (...) es más, se trata de algo totalmente distinto; se trata del
proceso según el cual un individuo o grupo se apropia, transforma en su
bien, algo exterior”.
El proceso de construcción de estos espacios de vida se presenta como
creación, como invención, es decir, como despliegue de una serie de estra-
tegias que se enfrentan al orden urbano vigente. Es en este despliegue,
donde se dejan ver modos de apropiación del espacio que se inscriben
como crítica a la exclusión que generan los mecanismos hegemónicos de
producción de la ciudad formal, pero también mantienen con ellos contra-
dicciones o replanteos que no terminan de suturar o resolver, en tanto en
esas pautas del orden urbano se observan vías de inclusión o reconoci-
miento.
Como hemos podido observar en los casos estudiados, este tipo particular
de urbanización popular constituye un proceso complejo de producción
del espacio urbano, en tanto no sólo refiere a la producción espacial de las
condiciones sobre las cuales se desarrolla la vida de los sectores popula-
res, sino también implica un proceso de configuración de subjetividades
que moldea simbólicamente experiencias y prácticas concretas. Por eso es
que, decíamos al comienzo, el desarrollo de las experiencias de urbaniza-
ción popular supone la construcción de una territorialidad social, entendi-
da ésta como conjunto de prácticas y relaciones sociales, como ámbitos de
producción y reproducción de las condiciones sociales y materiales de
existencia.
El proceso de apropiación y producción del espacio ocupado asume siem-
pre la tarea de trazar y conducir un paso —no exento de tensiones ni dispu-
tas— desde una situación de inhabitabilidad del espacio tomado, donde
parece que la vida en el sentido incluso más biológico resulta imposible;
hacia un lugar habitable que contiene no tan solo un nuevo vivir, sino tam-
bién un vivir juntos.
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La construcción de condiciones de habitabilidad, como hemos visto, va
mucho más allá del mejoramiento de la casa, de la no-contaminación del
suelo, del trazado de las calles según normas urbanísticas, de la presencia
de servicios e infraestructura adecuada; implica, por sobre todo, una deter-
minada configuración de la subjetividad de los involucrados. En todos los
casos estudiados, la construcción de un “nosotros” fue fundamental como
centro neurálgico que permitiera una referencia constante del proceso de
apropiación como fenómeno colectivo, y en torno al cual se desarrollaran
una serie de relaciones sociales que fueron estructurando la producción del
espacio.
Es así que hemos podido analizar las significaciones y representaciones
de los entrevistados como procesos colectivos y compartidos, donde ideas
como “barrio” o “somos trabajadores” han sido fundamentales en el desa-
rrollo de los espacios ocupados. En este punto resulta interesante destacar
uno de los puntos en común de los tres procesos analizados: hay en los
vecinos y vecinas de las tomas de tierras una fuerte construcción de dife-
renciación espacial y subjetiva con otra forma de urbanización popular
muy extendida como lo es la villa miseria. Así, las maneras de organizar
las viviendas en el territorio, los criterios estéticos, el trazado de las ca-
lles y de espacios comunes, buscan marcar la distancia con cierto perfil
urbanístico de las villas miseria que las describe como anárquicas y no
estandarizadas, en tanto generalmente son resultado de procesos aluviona-
les o espontáneos. Por otro lado, la apelación a las nociones de “gente
humilde, pero trabajadora”, la centralidad del trabajo como fuente legíti-
ma de ingresos, y la fortaleza de los vínculos colectivos fundados en la
lucha y la cotidianeidad de la vida en común, son elementos fundamenta-
les del nosotros de los vecinos de la toma, que los distancia de los pobla-
dores de las villas miseria, nominados muchas veces como “vagos” y aso-
ciados al narcotráfico y el robo. En los tres casos estudiados se perfila
esta tensión con la villa miseria, en tanto forma y sentido de habitar la
ciudad.
Pero porque justamente existen este tipo de tensiones y enfrentamientos es
que podemos afirmar que estos procesos de ocupación del espacio llevan
consigo la emergencia de sujetos políticos forjados al calor del conflicto y
la disputa constante con las lógicas del capital y de la estatalidad. En otras
palabras, “tomar la tierra” y crear una forma otra de habitarla aparece
como una posibilidad de transitar colectivamente un proceso de subjetivi-
zación que, involucrando circuitos de autoproducción de la vivienda propia
y de las condiciones de habitabilidad del barrio, abren un posible camino
hacia instancias más profundas de constitución autónoma desde los secto-
res populares.
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Fecha de recepción: 9 de julio de 2013
Fecha de aceptación: 31 de octubre de 2013