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LUCIA SHIMBO - JOÃO MARCOS LOPES
(familias de bajos ingresos), habiendo sido entregados sólo 340.000. En el
rango 2, se contrataron 1,2 millones y se entregaron 820.000 y en el rango
tres, 325.000 y 85.000 unidades respectivamente (Brasil, 2013A).
Estas cifras indican, en primer lugar, el impacto cuantitativo del programa,
ya que en un corto período de tiempo (cuatro años y medio) hemos sido ca-
paces de contratar más de la mitad de lo que el Banco Nacional de la Vi-
vienda (BNH) financió en sus veinticinco años de existencia (1964-1985) ,
es decir, 4,45 millones de unidades
7
. En segundo lugar, confirman la cen-
tralidad del papel de los agentes privados, ya que el programa posee una
mayor agilidad en el Rango 2 que concentra la actuación de las grandes
empresas. Por otra parte, las cifras también muestran que hay un indudable
impacto sobre las configuraciones socio-espaciales de las ciudades brasile-
ñas y, desde luego, reaparecen potenciales problemas urbanos derivados de
este patrón de producción de vivienda: alta tasa de producción, escalas des-
proporcionadas, lugares que no siguen ningún tipo de planificación urbana
sistémica y una total sumisión a las lógicas inmobiliarias de oferta, deman-
da y oportunidades.
La baja calidad de la arquitectura y de la planificación urbana es una críti-
ca frecuente al desarrollo de viviendas del sector económico y, más recien-
temente, del PMCMV (Ferreira, 2012; Shimbo, 2012; Cardoso, 2013). En
particular, Cardoso (2013) analiza los efectos territoriales derivados de la
aplicación del Programa, a partir de la compilación de estudios recientes en
cuatro áreas metropolitanas de Brasil (Río de Janeiro, Belém, Fortaleza y
Goiânia), discutiendo la periferización de los emprendimientos del
PMCMV y poniendo de relieve la falta de articulación de estos nuevos de-
sarrollos, tanto con la política urbanística municipal —en caso de que exis-
tiese— como con el Plan Local de Vivienda Social, el PLHIS
8
.
7
En 1964 fue elaborada la primera política habitacional de peso en Brasil, en plena dic-
tadura militar, centralizada por el Banco Nacional de Vivienda (BNH). Desde entonces,
las modalidades de acceso a la vivienda para los estratos más pobres de la población pri-
vilegian la adquisición de vivienda propia, salvo raras excepciones. Se trata, sobre todo,
de un Sistema Financiero de Vivienda —así se denomina al sistema creado por el BNH
y que perdura actualmente— que precisa garantizar el retorno de recursos concedidos
para la financiación de la vivienda, dentro de un modelo bancarizado de implementación
de la política pública.
8
Así como el PLANHAB, los PLHIS —Planes Locales de Viviendas Sociales— corres-
pondían con el esfuerzo de la Secretaría Nacional de Vivienda para mejorar la medición de
la precariedad habitacional local y determinar las posibles acciones y proyectos que, a lo
largo del tiempo, atenuarían o suprimirían tales precariedades. A pesar de que varias ciuda-
des brasileras PLHIS o PMCMV, atendiendo a la lógica mercantil de producción de vi-
vienda, no consideran los diagnósticos u orientaciones formulados por estos planes.