
29 - otoño 2013
96
STUDIA POLITICÆ
“...Pero no, la señora del frente está edificando. Está esperando termi-
nar de edificar ya para sacar su casilla... y se cierra [el terreno] ¿viste?
Así, con tarimas, con lo que se ve. Pero no, no sirve. Tenés que cerrar
dignamente, tener un buen frente. O sea, siempre le digo lo mismo. No es
cuestión de exigirle, sino de darte cuenta de que tenemos que vivir igual:
todos bien. Porque si vos lo ves, así, tampoco no queremos hacer una vi-
lla. Tenemos que vivir en un lugar lindo, un barrio, que se forme un ba-
rrio lindo. Queremos un barrio bien lindo, bien, bien hecho. Es un tema
pero bueno. De a poquito se hace todo...”.
Aparece en el discurso de los entrevistados la voluntad de no ser incluidos
dentro del imaginario negativo que implica relacionarse con la villa, y más
aún con las formas de vivir allí que connotan ideas de marginalidad y estig-
matización. Siguiendo a Castagno (en Núñez, 2011:150) la villa sería la
forma socioterritorial del habitar que “más sólidamente concentra un cuer-
po de estigmatizaciones de tradición discriminatoria y donde pueden diri-
girse los discursos sobre el enemigo”. El temor de ser incluidos dentro de
ese imaginario se manifiesta cuando se reivindican como “trabajadores”,
como quienes por necesidad tomaron un terreno pero pretenden reglamen-
tar su situación en lo inmediato.
“...con nosotros, con los diez que ya llegamos al acuerdo, ellos ya se ha-
bituaron a nosotros, vieron que nosotros no somos gente de mal vivir, ni
nada ¡todos trabajamos! todos... no dicen nada. Hay problemas con al-
gunos de los nuevos... con esos sí, más que todo con uno que está del
otro lado, porque no sé si viste ese que está todo cerrado así con nylon...
bueno, con ese hay problema...”.
“... Somos familias humildes, pero no salimos a chorear, tampoco, di-
gamos, hay choros que se puede decir que viven ahí. Toda la gente
cree que de acá a las 7 de la mañana todos van saliendo a trabajar.
Muy pocos, debe haber uno, una familia que se quede pero la mayoría
se van a laburar tanto los varones y las señoras también siempre salen
a laburar”.
Estas construcciones sociales se presentan como una dicotomía nosotros-
otros (también extranjero-argentino para el caso de Ampliación Pueyrredón
– Pueyredón Anexo) donde generalmente los primeros se caracterizan a sí
mismos como trabajadores, honestos, sinceros y de buena fe; mientras el
otro adopta diferentes formas de ser subjetivado: el “ladrón”, el “vago”, el
“drogadicto”, el “traficante”, el “villero”. El otro es entonces el “estereoti-
po histórico delincuencial” (Pereyra, 2005), la “otredad negativa” (Guber,
1999), las “identidades estigmatizadas” (Gravano, 2003).