75
*
Abogada por la Universidad Nacional de Córdoba. Maestranda y becaria Secyt-UNC.
**
Estudiante de la Licenciatura en Ciencia Política. Universidad Católica de Cór-
doba.
***
Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Católica de Córdoba.
****
Licenciada en Ciencia Política por la Universidad Católica de Córdoba. Doctoran-
da y becaria Conicet.
*****
Licenciada en Ciencia Política por la Universidad Católica de Córdoba.
******
Licenciada en Ciencia Política por la Universidad Católica de Córdoba. Docto-
randa y becaria Conicet.
Todos son integrantes del Colectivo de Investigación “El Llano en Llamas”.
María Cecilia Alonso
*
, Fidel Azarian
**
,
Tamara Carrizo Bertuzzi
***
, Ayelén Gallego
****
,
Erika Gallo
*****
y Juliana Hernández
******
Resumen
Las tomas de tierras por parte de los sectores populares en la ciudad de
Córdoba, aparecen como una estrategia frecuente, pero que presentan
Aquí también estamos construyendo.
Gestionar y habitar en dos tomas
de tierras en la ciudad de Córdoba,
Argentina
Código de referato: SP.167.XXIX.13.
STUDIA POLITICÆ Número 29 ~ otoño 2013
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
29 - otoño 2013
76
STUDIA POLITICÆ
dispares características. Aquellos que no pueden acceder a la tierra
por los métodos tradicionales —mercado o políticas habitacionales—
, han de procurarse distintos modos de crear ciudad, de habitar la tie-
rra. En el presente artículo analizamos dos tomas en particular, ubica-
das en la zona norte-noreste de la ciudad de Córdoba: la de Marqués
Anexo y Ampliación Pueyrredón – Pueyrredón Anexo. Es de especí-
fico interés las estrategias que el Estado dirige en estas tomas para
controlar y disciplinar estas poblaciones; y los modos en que estos
sujetos lo interpelan y se interpelan a sí mismos. Una aproximación a
los discursos de los habitantes de las tomas permite dar cuenta de las
formas a través de las cuales se produce el espacio para la vida, los
sentidos que se asignan al “estar dentro” de la ciudad, y cómo se ha-
bita en el barrio. De esta manera, se analiza la intervención estatal en
las tomas para regular, disciplinar y ejercer control sobre terreno y la
distribución de las personas que habitan en él; al tiempo que se busca
identificar el entramado de relaciones sociales que se configuran en y
desde las tomas de tierra.
Palabras claves: urbanización popular – toma de tierra – territorialida-
des sociales – subjetividad
Abstract
Land grabbing carried out by the popular sectors in Córdoba city,
appear like a frequent but eclectic scenario. Those who cannot have
access to the land by traditional methods —market or housing
policies— must seek alternative ways of creating the city, of
inhabiting the land. This paper tends to analyze two land-grabbing in
particular, located in the north-northeast of the city of Córdoba:
Marqués Anexo and Ampliación Pueyrredón - Pueyrredón Anexo.
The specific interest lays on the strategies played by the State in
these land-grabbings to control and discipline the population that
lives there; and the ways these these subjects question the State and
themselves. A close approach to the speeches of these people living
in the land-grabbings, allows to understand the ways in which the
city is occupied; the social meanings related to “being in”, and how
the neigbourhood gets inhabited. Therefore we analyze the State
intervention in this occupations, which happens in order to regulate,
discipline and control all over the land and the distribution of the
people who live there. At the same time, we seek to figure out the
functioning of the social networks configured in and from the
territory of the land-grabbings.
Key words: popular urbanization – land-grabbings – social territoriality
– subjectivity
77
Y bien, los hombres,
las mujeres,
vinieron y tomaron
la sencilla materia,
brizna, viento, fulgor, barro, madera
y con tan poca cosa
construyeron paredes, pisos, sueños.
Oda a la Crítica – Pablo Neruda
Introducción
1
L
A limitación en el acceso a los recursos sociales para cada vez más
importantes porciones de la población, se traduce de inmediato en
un sinnúmero de conflictos que tienen como espacio privilegiado,
mas no exclusivo, las ciudades (Ciuffolini, 2011). Las formas de acceder a
estos recursos han estado impulsadas por tres estrategias fundamentales
(nunca exentas de conflictos y desigualdades): a través del mercado, a tra-
vés de las políticas estatales, o a través de la acción directa de poblaciones.
En el caso de la tierra y la vivienda, las tomas de tierras son un ejemplo de
cómo los sujetos hacen frente a una necesidad.
Particularmente en Córdoba, Argentina, la atención del gobierno hacia los
sectores populares que no podían acceder a la vivienda a través del merca-
do, estuvo priorizada por la implementación de políticas habitacionales.
Sin embargo, éstas, lejos de resolver el déficit habitacional, han llegado in-
cluso a profundizar otras y diferentes relaciones de desigualdad.
Marqués Anexo y Ampliación Pueyrredón – Pueyrredón Anexo son las to-
mas de tierras que aquí se analizan, y responden a las estrategias que di-
versos sectores se han dado a la necesidad de un lugar donde vivir. Ubica-
das en las zonas norte-noreste de la ciudad de Córdoba, no tienen más de
5 años de existencia, y obtienen sus nombres de los barrios donde se loca-
lizan. En ellas residen alrededor de 200 familias, lo que las constituye en
tomas pequeñas en la experiencia histórica de la ciudad (incluso existen
actualmente algunas de características semejantes pero de mayor enverga-
dura)
2
. La urbanización de estos espacios depende de las estrategias que
MARÍA CECILIA ALONSO, et al.
1
Este artículo forma parte del proyecto de investigación financiado por la ANPCyT/
FONCyT PICT 2014.
2
Ejemplos de estas tomas son Pueblos Unidos, Cabildo, Nuestro Hogar III, Angelleli.
Tomas que datan de la misma época que las que aquí se abordan, pero que concentran
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78
STUDIA POLITICÆ
los vecinos han desarrollado, ya sea para garantizarse el acceso a servicios
como su integración a la ciudad, muchas veces deficitarias. Aumentan las
dificultades para estas poblaciones el hecho de que aún el Estado no las
reconoce como parte del entramado urbano.
La existencia de estos barrios está inscripta en un modo de habitar la ciu-
dad. La infraestructura urbana, su disponibilidad, accesibilidad y sentido se
muestra también como un mundo de signos, deseos, frustraciones, restric-
ciones de las oportunidades de inserción social. De esta manera, el lugar
que las tomas asumen en el conjunto de la ciudad, así como las formas en
que el Estado se desenvuelve en ellas, limitan y resignifican el deseo de ser
parte de ella.
En el presente artículo abordamos algunas de las estrategias que se desplie-
gan desde los ámbitos estatales frente a las tomas de tierra urbana analiza-
das, así como aquellas que desarrollan los sujetos implicados en el proceso
de toma, frente a la estatalidad y a ellos mismos. Tales estrategias —soste-
nemos— nos permiten dar cuenta de algunos de los elementos implicados
en la producción de la ciudad y en las formas de habitar el barrio como es-
pacio de vida. Específicamente, se analiza —en un primer momento— la
intervención estatal en las tomas para regular, disciplinar y controlar el te-
rreno y la distribución de las personas que habitan en él. Un segundo mo-
mento del texto se aboca a la identificación del entramado de relaciones so-
ciales que se configuran en y desde el espacio de las tomas. Cada uno de
estos ejes en los que se estructura el texto contienen pequeños sub-aparta-
dos de análisis específicos.
Para llevar adelante este artículo se analizaron 23 entrevistas a habitantes
de las tomas de Marqués Anexo y Ampliación Pueyrredón – Pueyrredón
Anexo, que fueron realizadas entre los meses de agosto y diciembre de
2012, en el marco del Proyecto “Apropiación/expropiación de territoriali-
dades sociales. Análisis comparativo de procesos de erradicación/relocali-
zación de sectores sociales empobrecidos, en ciudades argentinas”
3
.
mayor cantidad de grupos familiares (Nuestro Hogar III está constituido por alrededor
de 300 familias). También otras tomas se han producido en el interior de la Provincia de
Córdoba (como “Solares” en Icho Cruz, “Loma de la Cruz” en La Calera) y a lo largo
del país se sucedieron con altos niveles de conflictividad social —llegando incluso a
contabilizar muertos en los enfrentamientos entre vecinos y fuerzas policiales— como,
por ejemplo, Parque Indoamericano en Capital Federal; la ciudad de Ledesma en la Pro-
vincia de Jujuy, por sólo citar algunos.
3
Dir. Dra. Ana Núñez. Co-Dir. Dra. Ma. Alejandra Ciuffolini y Dra. Patricia Scarponet-
ti. Centro de Estudios del Desarrollo Urbano. Universidad Nacional de Mar del Plata.
Financiado y Acreditado por: FONCYT-PICT-2010-2014.
79
La técnica de análisis con que se las trabajó involucra el “análisis de conte-
nido” que implica la lectura general de toda la documentación generada
para subdividir los corpus de entrevistas en distintos grupos de contenidos.
Se utilizó la herramienta de análisis cualitativo Atlas Ti que permite acce-
der al menos preliminarmente a los campos semánticos presentes en los re-
latos de los habitantes de estas tomas. Este explorador admite la creación
de unidades textuales a partir de los documentos originales a través de un
procedimiento no numérico y no estructurado de indexación, búsqueda y
codificación/categorización de datos, permitiendo sistematizar la informa-
ción relevada y establecer una categorización básica de todo el conjunto de
datos facilitando su clasificación. Además, permite la identificación de te-
mas/argumentos/sentidos recurrentes, sobre los que pivotean todas las
construcciones discursivas y desde donde se hace posible la teorización
que se presenta. Aquí se explicitan fragmentos de entrevistas obtenidas de
dicho análisis
4
.
1. Aquí también estamos construyendo. Gestionar y habitar en
dos tomas de tierras de la ciudad de Córdoba, Argentina
Las dinámicas del capital en el uso y valorización de los espacios y pobla-
ciones van configurando el mapa de los conflictos territoriales, que se pre-
sentan como elementos cosustanciales a ese proceso. En palabras de Ciu-
ffolini (2011:26) “la reproducción del capitalismo como forma social y las
relaciones que en él se originan, requieren de la materialidad concreta dada
por la construcción ideológica en y desde el espacio”. En este sentido, los
intereses del capital y del Estado importan heterogéneas estrategias de or-
denamiento del espacio, de quienes lo habitan y de las formas de habitabi-
lidad posibles.
La modalidad de intervención sobre los espacios habitados por sectores po-
pulares deja entrever distintas proyecciones para el ordenamiento y disposi-
ción de las personas y cosas. Así, parecen delinearse distintos ejes de ac-
MARÍA CECILIA ALONSO, et al.
4
Los fragmentos de entrevistas utilizan una simbología de referencia que aquí expli-
citamos: ER: Entrevistador, en el caso que sea más de uno: ER1; ER2. EO: el Entre-
vistado, si hay más de uno: EO1; EO2. MAYÚSCULAS: tonos fuertes o resaltadas en
la oralidad; () fenómenos extra verbales; ... pausas breves; (...) partes incomprensibles
en la grabación; (-) interrupción por parte de la persona que habla; [...] si el fragmento
de la entrevista ha sido abreviado a los fines de la exposición del análisis; [] amplia
información. Por otro lado, los nombres propios que se expresen en las entrevistas han
sido modificados para mantener su anonimato, a excepción de los funcionarios del Es-
tado.
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80
STUDIA POLITICÆ
5
Es uno de los barrios más antiguos de la ciudad que anteriormente ocupaba la clase
alta. Con las reconfiguraciones de la ciudad fue ocupado por familias de clases medias,
y en sus inmediaciones existen villas que resisten a su relocalización (ej. Villa Los Gal-
pones, Villa La Tribu, etc.).
ción que oscilan entre el ocultamiento de los grupos humanos que los habi-
tan, el planteamiento explícito de la necesidad de relocalización de los
“sectores empobrecidos” y la potenciación y consolidación de algunos es-
pacios para ser habitados por sectores de bajos recursos, según la disposi-
ción de éstos en el conjunto del espacio urbano.
Las tomas de tierra que en el presente artículo se analizan, se ubican geo-
gráficamente en los extremos norte y noreste de la ciudad de Córdoba. Se
trata de una zona históricamente relegada de las principales políticas y
obras (públicas y privadas), donde abundan aún los “bolsones de pobreza”,
la presencia de villas y barrios populares.
En este sentido, sostenemos, los casos de tomas de tierra en el Marqués
Anexo y Ampliación Pueyrredón – Pueyrredón Anexo precisan ser pensa-
dos en el marco de la ciudad que desde los sectores del poder se viene pla-
nificando y produciendo. Así, la forma que asumen los conflictos por el ac-
ceso a la tierra urbana parece estar —al menos en parte— moldeada por el
lugar que ésta ocupa en el conjunto de la ciudad. El conflicto en el acceso
y uso de la tierra tiende a atenuarse en tanto las tomas de tierras respeten
los lugares y formas posibles. Para su inclusión aparece entonces un Esta-
do gestor enfocado en la delimitación del cómo habitar.
1.2. La tierra: Marqués Anexo y Ampliación Pueyrredón –
Pueyrredón Anexo
La toma de tierra en terrenos vacantes del barrio Marqués Anexo fue lleva-
da adelante por vecinos del propio Marqués Anexo o barrios aledaños. Se
concretó en pocas horas, a partir de la localización de carpas y la separa-
ción de lotes entre quienes llegaban al lugar para asentarse. Las tierras to-
madas corresponden a cinco manzanas ubicadas en el corazón del barrio
Marqués Anexo, por lo que están insertas dentro del trazado urbano, regis-
tradas en catastro y rodeadas por calles pavimentadas.
El barrio está ubicado en el extremo norte de la ciudad, cercano al anillo de
circunvalación y demarcado en sus extremos este y sur por el paso de las
vías del ferrocarril. Limita a su vez con la villa “El Nylon”, la cual se en-
cuentra establecida en las inmediaciones de la fábrica de dióxido de uranio
(DIOXITEX), en el barrio de Alta Córdoba
5
.
81
La toma, por su parte, colinda al este con la villa “El Pueblito”
6
. En el re-
lato de los vecinos de la toma de Marqués Anexo se encuentra que las in-
tenciones originales del MAM —Mutual de Ahorro Municipal, titular de
parte de las tierras— había sido la de realizar viviendas para sus socios,
pero dada la cercanía de los lotes respecto del asentamiento informal, deci-
dieron dar marcha atrás a la obra. Es así que aún existen vestigios de esta
iniciativa original, y muchas de las viviendas de la actual toma están asen-
tadas sobre una plataforma construida por el MAM en ese entonces.
Por su parte, los barrios Ampliación Pueyrredón - Pueyrredón Anexo están
ubicados en el extremo noreste de la ciudad de Córdoba, al límite con la
circunvalación. En las inmediaciones de los barrios, hacia el sur, se en-
cuentran las villas Bajo Pueyrredón y Barranca Yaco —ambas urbanizadas
a través del PROMEBA II—. Un tanto más alejado, en la misma dirección,
se encuentra la planta de tratamientos cloacales y la Villa de La Ribera.
La zona es de barranca y eso explica que la toma haya supuesto un proceso
lento
7
, en el cual los vecinos que pretendían tomar las tierras tuvieron que
rellenar sus propios terrenos para luego comenzar la construcción de las vi-
viendas. Los escombros eran traídos por camiones provenientes de las de-
moliciones de barrios próximos al centro de la ciudad —General Paz y Ju-
niors— producto de las transformaciones allí realizadas por la inversión
inmobiliaria.
Según el relato de los vecinos, la titularidad de la tierra previa a la toma se-
ría de la empresa multinacional de golosinas ARCOR, que —mediante
convenio con la Provincia de Córdoba— habría cedido los terrenos en el
marco del Programa Tierras para el Futuro
8
; mientras que otro de los lotes
tomados serían de titularidad privada con deudas municipales, cuyo dueño
no habría manifestado voluntad de volver a hacerse de los terrenos.
MARÍA CECILIA ALONSO, et al.
6
También se referencia a este barrio como “4 de Agosto” que debe su nombre a la fecha
en que comenzaron las obras de urbanización durante la década del 90, y en el marco de
los convenios firmados mientras existió la Mesa de Concertación de Políticas Sociales
de la Ciudad de Córdoba. Reformas que nunca se concretaron. Ver AVALLE e IBÁÑEZ
MESTRES (2011).
7
Los relatos de los entrevistados son confusos frente a la fecha de ocupación, sin em-
bargo, resaltan que se dio en un doble proceso por el cual primero se ocuparon los terre-
nos firmes anteriores a la barranca, y cuando ésta fue rellenada comenzó a ubicarse otro
grupo de pobladores.
8
La Ley Provincial de Saneamiento de Títulos —9150— creó un organismo denomina-
do “Tierras para el Futuro” encargado de receptar las solicitudes para la posesión de tie-
rras con problemas de registro. Este organismo fue una tibia respuesta esbozada por el
gobierno ante los desalojos forzosos de campesinos del Norte de Córdoba, en especial
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82
STUDIA POLITICÆ
El lugar que las tierras tomadas asumen en el espacio de la ciudad supone
una específica forma de gestión para el ordenamiento del espacio. Poder
analizar estas formas, implica observar los dispositivos de gubernamentali-
dad (Foucault, 2006) que el Estado configura para regular la población y el
territorio. Los procesos de tomas de tierras en la zona norte-noreste de la
ciudad de Córdoba atraviesan específicos y variados conflictos generados
por estas estrategias de regulación de lo social.
1.3. Entre la recomendación y la represión: el Estado como gestor
El Estado regula a la población y al territorio a través de distintos disposi-
tivos de gubernamentalidad. Esto es, al decir de Foucault (2006: 136) el
“conjunto constituido por las instituciones, los procedimientos, análisis y
reflexiones, los cálculos y las tácticas que permiten ejercer esa forma bien
específica, aunque muy compleja, de poder que tiene por blanco principal
la población”. Las formas de intervenir el territorio, de atravesarlo, orde-
narlo y regularlo pueden ser muy distintas entre sí. Incluso en un mismo
espacio pueden converger múltiples maneras de disciplinamiento de la po-
blación y del lugar en el que habita, desde las estrategias más disimuladas e
imperceptibles, hasta las más evidentemente represivas.
En las tomas de tierra de Marqués Anexo y Ampliación Pueyrredón – Pue-
yrredón Anexo es posible identificar, a partir de los relatos de los vecinos,
las huellas de distintos dispositivos activados en la extensión del territorio.
Ellos podrían clasificarse en dos formas principales de actuación de Estado
tendientes al ordenamiento de las tomas, el disciplinamiento de sus gentes
y a la burocratización de su carácter: una institucional y otra represiva. En
esta distinción, analítica, se reconoce el entrelazamiento entre ambas for-
mas y no se desconoce que en las dos se utiliza la violencia de las institu-
ciones del Estado, aunque en un caso en términos simbólicos y en otro, en
términos materiales.
Así, la forma institucional despliega un conjunto de estrategias y dispositi-
vos tendientes a la normalización y regularización de la situación de la
toma, y a la inscripción de los sujetos en un orden regulado. Esto puede
darse a través de estrategias y dispositivos, como la presencia de funciona-
rios gubernamentales en el territorio (en figuras como la de Directores de
Hábitat, asistentes sociales, o representantes del municipio) y mediante fi-
luego de haber sido fuertemente difundido el caso de Ramona Bustamante, integrante
del Movimiento Campesino de Córdoba. Actualmente, este organismo no se encuentra
en funcionamiento.
83
MARÍA CECILIA ALONSO, et al.
guras intermediarias que recaban y hacen circular información sobre la si-
tuación de la toma y las relaciones entre los vecinos.
Esta presencia de lo estatal varía de un caso a otro, sumando o restando in-
tensidad a su injerencia en el proceso de la toma. Aparece un Estado gestor
que puede erigirse como activo o pasivo, según las características y parti-
cularidades de cada una de las tomas de tierra analizadas.
La segunda forma, aquí llamada represiva, importa el ejercicio material de
la violencia. Las instituciones que se hacen presentes en esta faceta son
principalmente la policía y el poder judicial. Son precisamente éstas las ca-
paces de disciplinar y gestionar el miedo inclinándolo hacia el cumplimien-
to de las normas y las disposiciones. A su vez, los dispositivos represivos
pueden asumir la forma de mecanismos de control de las estrategias institu-
cionales, con las cuales el Estado opera en los territorios.
Ambas caras del Estado persiguen por igual la regulación de la población y
de los territorios y pueden darse de forma interrelacionada y simultánea. Lo
que varía son los dispositivos que despliega para conseguirlo, y con ello, el
modo en el que interpela a los sujetos habitantes de las tomas sobre los
cuales pretende ejercer dicho control.
1.3.1. “Y si no, ella llamaba y venía la policía y te sacaba”
9
:
Marqués Anexo
En las tomas de Marqués Anexo, el Estado asumió un papel de gestor acti-
vo, procurando primero la disolución de la toma y negociando posterior-
mente las formas que ésta debía adoptar. Estas estrategias desarrolladas
pueden haber estado promovidas por intereses declarados de los titulares
de la tierra —Mutual de Ahorro Municipal— y por la visibilidad que ad-
quirió el conflicto a través de su difusión por diferentes medios de comuni-
cación
10
.
En este caso, el Estado aparece regulando el uso del suelo, ordenando y
disponiendo del espacio y las personas a través de mecanismos institucio-
nales y represivos. En su versión institucional, el Estado operó a través de
“recomendaciones” de las condiciones de habitabilidad y formas de vida
esperables.
9
Fragmento de entrevista.
10
El caso de Marqués Anexo revistió para la prensa tal importancia que los diarios lo-
cales publicaron, durante un corto período de tiempo, notas sobre la situación con una
frecuencia semanal.
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84
STUDIA POLITICÆ
“...también en el papel ese nos dieron un tiempo para construir. Creo
que eran tres meses, 90 días, si no perdíamos el derecho al terreno.
[...] también nos dieron un plano de cómo tenían que ser las casas,
que era así como la hice yo, así que... es así y después un porche, por-
que como no tienen para hacer un garaje el porche se supone que des-
pués vos pongas un auto ahí. Hay algunos que lo hicieron y hay otros
que no...”.
“...después vino [Dirección de] Hábitat y nos marcó los terrenos, nos
dijo los lotes, nos dijo qué teníamos que hacer, el tipo de vivienda,
cómo tenían que ser los frentes, más o menos parecidos... bueno, nos
dieron los metros, todo eso. Después nos marcaron un papel de com-
probante del terreno y, bueno, nos dijeron que después nos iban a ven-
der los terrenos, que nos iban a dar como una chequera y que ahí íba-
mos a ir pagando por mes por el terreno. Todavía no nos dieron eso,
no estamos pagando todavía, pero... ahora andaba de vuelta, la sema-
na pasada, Hábitat y eso, nos quieren dar las escrituras, así, para ir
pagando...”.
En esta forma de desplegarse en el territorio, el Estado no otorga la vivien-
da —como venía implementándose en políticas habitacionales anteriores—
aunque crea las condiciones en las que la toma será permitida, generando
pautas de construcción y uso. Son los mismos vecinos quienes deben ga-
rantizar su vivienda, pero siempre en el marco que el Estado les indica. No
existe aquí la promesa de la “vivienda digna” aunque sí la condición de
“dignidad” de la vivienda y de las formas posibles de habitarla para ser
aprobada por el Estado. Así, los distintos dispositivos tenderán a inculcar
formas de vida esperables, hasta hacerlas parte de las expectativas de vida
propias de los vecinos.
Las gestiones gubernamentales son llevadas adelante, en muchos casos, a
partir de representantes de alguna/s de sus instituciones de gobierno. En
otros casos, la presencia de lo estatal se expande de manera menos directa,
más difusa y, por ello, difícil de asir e identificar directamente con éste.
Aparece en estos casos la figura del intermediario
11
.
11
Según BARRERA (en HERNÁNDEZ, IBAÑEZ MESTRES y LIBERAL, 2011) “estos interme-
diarios pueden comprenderse como dispositivo de seguridad, como una estrategia de po-
der cuya ‘función societal es la configuración y legitimación del consenso social y polí-
tico en los sectores subalternos’ (2008:2). De esta manera, el puntero político se
configura como una manifestación micropolítica de la estatalidad; representa, en última
instancia, la antropomorfización del poder”. En este mismo sentido podría interpretarse
a los intermediarios que aquí analizamos.
85
MARÍA CECILIA ALONSO, et al.
Éste se presenta como alguien externo a la toma, pero muy relacionado a la
misma en la medida en que cuenta con “contactos políticos”, “vinculacio-
nes con la política” y habilidades individuales capaces de facilitar las nego-
ciaciones. Esto reviste al intermediario de cierta legitimación en tanto asu-
me el rol de “manzanera”
12
o “delegado” durante las negociaciones. Su
presencia en el transcurrir de lo cotidiano es mayor y su capacidad de ope-
rar con información es prácticamente exclusiva.
“ER: ...y esta señora, ¿cómo es que no teniendo el terreno pasa a ser
delegada? EO: porque decían que era... que tenía contactos políticos,
porque tenía contacto con los abogados... porque según ella sabía ha-
blar, expresarse y....
“... Ella andaba metida en todas las manzanas, y ella te armaba y des-
armaba todo, que ella decía esto, y andaba con Rebord
13
ese de [la
Dirección de] Vivienda, andaba para todos lados y ella decía “No,
esto se va a hacer así”, y si no ella llamaba y venia la policía y te sa-
caba”.
En su versión netamente represiva, y también como mecanismo de control
de su accionar institucional, se despliegan un conjunto de estrategias ten-
dientes a garantizar las formas que se pretenden instalar, mediante el uso y
la gestión del miedo y el castigo. Entre ellas es posible identificar algunos
rasgos que a continuación se detallan.
Por un lado, la presencia policial regular dispuesta a recordarles constante-
mente su situación de ilegalidad y, sobre todo, de vulnerabilidad. Y ade-
más, encargada de controlar y regular el proceso de la toma.
“...te digo, no uno, ese avisaba y venían tres o cuatro móviles, de esas
camionetas de CAP, se bajaban con itakas y te amenazaban... así era...
¡como si hubieras sido el PEOR ladrón! Nosotros les decíamos que no
bajaran con esas armas, que teníamos chicos acá ¡cómo se iban a bajar!
y te rodeaban todo”.
En segundo lugar, el Estado pone en funcionamiento técnicas de castigo en
la medida en que no se respetan las disposiciones establecidas. Una de las
12
El término “Manzanera” fue acuñado por Eva Duarte de Perón y recuperado por el
gobierno Duhaldista (gobierno peronista) durante los años noventa para denominar a las
mujeres de los barrios de la Provincia de Buenos Aires, encargadas de gestionar y distri-
buir planes sociales implementados por dicho gobierno.
13
Germán Rebord, Director de la Dirección de Hábitat de la Municipalidad de Córdo-
ba, hasta 2012.
29 - otoño 2013
86
STUDIA POLITICÆ
formas en las que se viabilizan es a través de la judicialización de algunos
vecinos.
“...Cuando a nosotros nos dicen eso que teníamos que irnos sí o sí y que
teníamos que voltear [la casa] dijimos «no». Nos volvimos a reunir los
pocos que quedábamos, que éramos diez y decidimos NO MOVERNOS
de esta manzana, dijimos «no nos vamos». Y ahí se armó la podrida ya,
ahí nos imputaron a nosotros, por rebeldía, por no acatar, qué se yo,
todo eso... porque nosotros habíamos firmado un acuerdo, que nos te-
níamos que ir... ¡estábamos imputados! Eso pasó en mayo. Teóricamente
en junio nos iban a venir a desalojar, no me acuerdo qué día... Y ahí em-
pezamos que teníamos que estar acá, estábamos todos los días acá,
¡asustados! viendo si venía alguien, si no venía alguien... ¡y nos comi-
mos cada frío también acá! ¡y no pasaba NADA! pasaba junio, pasó ju-
lio, pasó agosto ¡y no pasaba nada!”.
Otra forma de castigo es el desalojo de quienes se animan a desobedecer.
Esto se implementa como una sanción ejemplificadora, modelo para los
demás.
“La cuestión es que la fiscal la hizo desalojar porque había puesto las
ventanas y había puesto chapas, o sea, por construir, porque como no se
podía hacer nada ¿viste? vino, la desalojó y le VOLTEARON la casa ¡se
la voltearon! a ella y, en esta manzana, a otra chica también...”.
De este modo, el Estado se hace presente castigando a aquel que resiste, a
quien no acata órdenes, a quien pretende transgredir la norma de construir
cuando ordenó no hacerlo; y también, a quien no lo hace cuando ha dis-
puesto que así debe hacerse, tal como se evidencia en la cita previa, en la
que el entrevistado sostiene que se les impuso un plazo, pasado el cual
perdían su derecho a la tenencia.
Es frecuente encontrar, en el relato de los entrevistados, la noción de miedo
asociado al sentido de no conseguir la tenencia definitiva del terreno. Esta
situación se da fundamentalmente al comienzo de la toma, pero para mu-
chos perdura en el tiempo, aun con la tenencia provisoria. En estos casos,
ya no se trata tanto del miedo a “que los saquen” del terreno, pero sí a nun-
ca poder desarrollar una vida, apropiarse de su casa, tomar decisiones, ha-
bitar su territorio, conseguir los servicios básicos. En definitiva, se siguen
reproduciendo condiciones de precariedad.
“a pesar de que este terreno es MÍO y que empecé a pagar impuestos,
porque estoy pagando impuestos, ¡no puedo ampliar! no puedo cerrar-
lo... [...] no sé dónde empieza ni dónde termina... porque ya no sé si son
dos metros para allá o un metro y un metro... [...] tenemos la seguridad
87
de que esto es nuestro, pero como que falta la frutillita del postre (risas)
que nos midan, ¡lo único!...”.
“en realidad la sacamos al agua, porque por acá pasa el agua, pasa el
caño del agua y la sacamos, pero nos dijeron que tenemos que tener
todo bien instalado para pedir los servicios y teníamos que tener un pa-
pel que nos comprobara que el terreno era nuestro, [...] que ya nos die-
ran la escritura y la chequera para empezar a pagar los terrenos y ya
con esa escritura, podemos ir a pedir los servicios...”.
Este conjunto de estrategias desplegadas sobre las personas y sus lugares
de vida van permeando las formas de relacionarse entre sí, con las institu-
ciones estatales y con sus propias expectativas. Van configurando una ma-
nera especial de habitar el barrio, crearlo, e incluirse en la ciudad.
1.3.2. “Gracias a dios esas cosas todavía no”
14
: Ampliación
Pueyrredón – Pueyrredón Anexo
El lugar que asume el Estado en la toma de Ampliación Pueyrredón - Pue-
yrredón Anexo es distinto al de Marqués Anexo. Durante toda la primera
etapa de la toma, así como en el período de relleno del terreno y en los
primeros asentamientos definitivos, la visibilidad de lo estatal fue prácti-
camente nula. Sólo se hizo presente una vez instalados los vecinos —nive-
lados los terrenos, construidas las viviendas, incluso conectados los servi-
cios— dentro de los parámetros institucionales de gestión.
En este caso también aparece como un actor clave el intermediario, aun-
que su relación con el Estado no es directa. Predomina la figura de los
militantes externos al barrio, que tienen acceso a las instituciones de go-
bierno para tramitar tanto la titularidad de las tierras como la conexión
de los servicios, y el correspondiente tiempo para hacerlo. Ellos se han
encargado de gestionar y presionar al Estado para que éste se haga pre-
sente en el territorio a través de sus políticas de tierras, vivienda y servi-
cios. Así, planes como Aguas para todos
15
, u organismos como Tierras
MARÍA CECILIA ALONSO, et al.
14
Recogido de entrevista.
15
El plan “Aguas para todos” fue implementado por el Gobierno de la provincia de
Córdoba, en mayo de 2008 mediante el decreto reglamentario Nº 460, en el cual plantea
una serie de acciones (perforación y tratamiento para consumo humano y distribución;
mejoramiento de sistemas existentes, acueductos y plantas potabilizadoras, extensión de
red para agua potable; reparaciones de reservas hídricas, entre otras) para el período
2008-2011 tendientes a proveer de agua potable al cien por ciento de la población de las
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para el Futuro otorgan la posibilidad de ser integrados dentro de la
ciudad.
Es posible sostener que, en este caso, el Estado opera como gestor pasi-
vo, en tanto la forma en la que se presenta posibilitando, ordenando, or-
ganizando las formas posibles de la toma se torna prácticamente imper-
ceptible durante todo el primer período de toma. El Estado se hace
visible, se materializa, después de asentada y consolidada la toma, princi-
palmente a través de la normalización de las conexiones a los servicios
que fueron realizados en el mismo barrio.
“ER: ¿La Municipalidad no vino, la policía tampoco? EO: No, no, no.
Gracias a dios esas cosas todavía no. No. Aparte la gente que ha en-
trado acá no lo puede creer. Vino la Municipalidad, vino la Municipa-
lidad pero no a decirnos de que nos va a sacar, sino de que respetemos
las calles porque cuando se haga el asfaltamiento de la [calle] Dis-
cépolo, de la [calle] Buchardo, de la [calle] Urtubey, que cortan (-) la
Urtubey corta en la Discépolo, la Buchardo sigue. Hay que respetarle
las calles...”.
“Porque en el último censo que vino el gobierno, digamos, nos dijo
muy en claro que si seguía viniendo más gente o rellenando el espacio
que quedó allá (señala) medio vacío que no iba a proceder los pape-
les, digamos, para una expropiación o para que todo sea legal, que
van a estar pero que no van a tener muchos privilegios ni nada. Así
que todos decidieron en una reunión que tratáramos de no hacer en-
trar más gente porque como que esto estaba hasta ahí, no se podía en-
trar más...”.
Este aparente corrimiento de la escena por parte del Estado, importa su im-
bricación disimulada en el conjunto de los vecinos de la toma. Aquí, a dife-
rencia de lo desarrollado en el caso de Marqués Anexo, las instituciones de
gobierno y sus mecanismos represivos de control se manifiestan en la me-
dida en que las disposiciones, acciones y sentidos son asumidos por quie-
nes —a instancias del Estado— terminan desarrollando un rol más policía-
co, debiendo resguardar el cumplimiento de las órdenes emanadas por las
instituciones oficiales. Se construye, de este modo, al soldado social, que
interioriza las órdenes que se prolongan en él, para actuar como emisor de
órdenes hacia otros (Marín, 2009). Así, son los propios vecinos quienes
Comunas, Parajes y de la Provincia de Córdoba, identificando cuatro zonas (noroeste,
centro, este y sur) con problemáticas diferentes en cuanto a la cantidad o calidad en el
agua.
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van a controlar “que no entre nadie más a la toma”, para que el Estado les
garantice las condiciones de legalidad esperadas.
Parafraseando a Núñez (2011) podemos decir que los dispositivos que ma-
terializan la obediencia tras el acceso a la tierra (y la garantía de permane-
cer en ella) son (re)producidos como incuestionables en su justificación,
desenvolvimiento y consecuencias, naturalizando y aceptando las condicio-
nes que encierran, incluso por parte de las fracciones sociales involucradas
en las tomas de tierra.
De esta manera, el despliegue estatal se disimula, o al menos se desenvuel-
ve de tal manera que aparenta dejar hacer, dejar pasar, cuando se ha insta-
lado en el imaginario social (Lourau, 1980). Así, en la percepción de la
mayoría de los vecinos el Estado sólo existe en el hito de la colocación de
la red de agua para algunas casas del barrio.
“ER: ¿Y después vino algo de la Municipalidad a controlar eso o no?
EO: No. Hace cuatro años, va, tres años atrás, digamos, porque gene-
ralmente, ni bien te instalas, al menos por la experiencia que yo tuve en
Perú, ni bien te instalas te venía la Municipalidad a mirarte o a ver
cuántas familiar había, y cómo estaba compuesta la familia, al menos a
inspeccionar cómo estaba viviendo la gente. Pero acá no, nada, ni si-
quiera para decirte «no te instales» o «mirá si te instalás estas corrien-
do el riesgo de... Nada»”.
“Ahora estamos con la lucha de la luz, que todavía no nos han dado...
Sí. Lo del agua fue mucho más fácil porque vino el Programa ese Agua
para Todos y como ya había un relevamiento previo fue más fácil insta-
lar el agua acá”.
“ER1: ¿Vino la municipalidad o el gobierno a censarlos o algo? EO:
(duda) censarnos, no. Todavía no nos censaron. Únicamente sí vinieron
a poner agua...”.
Al Estado se lo reconoce en situaciones particulares y en ningún caso se
lo asocia a su faceta netamente represiva. La gestión del miedo aparece,
también, disimulada. El temor a ser desalojado está siempre latente, los
vecinos reconocen la ilegalidad de sus actos y la amenaza de expulsión,
pero, fundamentalmente, aparece ante el no reconocimiento del barrio y la
vivienda por el incumplimiento de los requisitos impuestos.
Resumiendo, en el análisis de ambas tomas, es posible identificar cómo a
través de este conjunto de estrategias imbricadas en el territorio, se preten-
de —al decir de Borges (en Núñez, 2011:143)— “la inculcación de la ló-
gica burocrática de los gobiernos, en todos nosotros”. Según Núñez
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(2011), las instituciones del Estado establecen particulares relaciones con
los vecinos de las tomas, tendientes a la construcción y reproducción de
estrategias y categorías que reproducen el orden dominante en las institu-
ciones sociales.
2. Nuevas relaciones: el lugar de los vecinos
Tal como señala Oslender (2002), no es sólo el Estado quien diseña los
espacios ni impone unilateralmente las reglas del juego social. Los suje-
tos que habitan el territorio son sujetos conscientes, que cuestionan, inter-
pelan y diseñan sus propios espacios y el modo en que pretenden habitar-
los. Así, no se trata simplemente de la presencia —material o simbólica—
que tenga el dispositivo gubernamental en el territorio; sino que también
resulta fundamental entender cómo se lo percibe y qué se le exige al Es-
tado.
El accionar de los vecinos pretende constantemente tensionar los paráme-
tros de inclusión/exclusión que se pretenden imponer. Dejar de formar par-
te de los excluidos aparece a las claras como el objetivo principal. La idea
de evitar el mote de beneficiario, de asistido, adquiere mucha fuerza.
En este sentido, en los relatos de los vecinos surge que la toma está vincu-
lada a la necesidad de acceder a la vivienda, pero también a la necesidad de
afrontar y dar solución al problema de la casa de manera particular/fami-
liar, sin ayuda directa del Estado. Particularmente, en el caso de Marqués
Anexo, se valora de manera negativa a quienes vieron en la toma la posibi-
lidad de que el Estado le garantice el acceso a la vivienda.
“Y bueno, así nos entramos nosotros aquí. Bueno, la necesidad nos obli-
ga. Usted sabe cuánto hay que pagar de alquiler, nosotros somos mucha
familia. No se puede vivir en casa ajena. Y así que nos entramos y bue-
no (risas)”.
“Si vos tenés necesidad de una casa, ¿te vas a ir? (risas) no sé...
nosotros, hay muchos acá que ni abandonamos el lugar, por más
que nos dijeron... ¡se ve que vos estabas muy cómodo en tu casa y
por eso te fuiste y esperaste allá que Rebord te diera un lugarcito a
donde ir!”.
“....Pero yo, nosotros nunca nos fuimos, nunca, nunca; pasamos frío, ca-
lor acá con los chicos pero nunca nos fuimos de acá, porque realmente
nos hace falta, no es que tenemos y de variante venimos y queremos
esto...”.
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En estos entrevistados no aparecen reclamos en torno a no pagar las tierras
o a conseguir la vivienda de manera gratuita. Todos los vecinos concuerdan
en la voluntad de pagar por la tierra que están habitando, y en general no
abundan las solicitudes de ayuda, ya sea económica o en material de cons-
trucción.
“...Una casa... nosotros vinimos a buscar una casa ¡y a pagarlo! nunca
dijimos ‘quiero que me lo DEN’...”.
Hay un sentido al que el Estado aparece más fuertemente asociado: brindar
seguridad. Bajo una concepción muy liberal de la institución estatal: el Es-
tado como policía. Y concebirlo de esta manera implica en ambas tomas
una aproximación a la ciudad con una fuerte voluntad de ser incluidos en
ella, de ser reconocidos como parte, de ser contados. Es por eso que el Es-
tado debe garantizarles seguridad, entendida ésta como prevención del de-
lito, alumbrado público, patrullas policiales regulares, etc. Se le reclama al
Estado seguridad en tanto los sujetos se conciben a sí mismos como parte
integrante del sector de la población a ser protegido y defendido por la
fuerza del Estado y no como “otros” que lo ponen en peligro, de quienes
debe cuidarlos.
“No, yo lo que más quisiera es que hubiera más seguridad. De por sí no
pasa nada acá... ¡pero mejor! Es mucho mejor ver un móvil patrullar
constantemente, te sentís un poco más segura. Porque acá nos cuidamos
entre nosotros”.
“ER: Si tuvieran que elegir ¿qué es lo que les gusta de vivir acá? EO1:
y... nada, porque no hay mucha seguridad... viven a los tiros, por ahí pa-
san, por ahí viene un familiar a visitarte, se va en colectivo y roban, o
sea, esto es lindo, lindo es que (-) EO2: Porque es tuyo, es tuyo...”.
Asimismo, el considerarse parte de la ciudad construida hace que sus vías
de reclamos recaigan dentro de lo pautado como legal e institucional. Una
vez tomado el territorio todos los medios de lucha por la posesión de la tie-
rra y la adecuación de la toma siguen el curso institucional. Los vecinos re-
curren respectivamente a quienes se encarguen de llevar adelante cada uno
de los trámites, llegando a mediar incluso en el caso de Marqués Anexo
una asesora letrada. Estas maneras de desenvolver la lucha marcan la pauta
de que las tomas tienen una vocación por ser incluidas dentro del trazado
urbano existente.
La manera en la cual diseñan el barrio supone un acercamiento a las Insti-
tuciones del Estado —ya sea personalmente o a través de sus intermedia-
rios— para recabar información sobre los procedimientos oficiales para su
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legalización y así gestionar la toma directamente con estos estándares. En
los relatos puede leerse una muy fuerte voluntad de estar desde un primer
momento dentro de la ley, en el marco de lo legal. Sin embargo, la oficiali-
zación de todas esas gestiones sigue siendo un deseo colectivo y un motivo
de organización.
“Sí, por eso te digo, a mí me gustaría mucho el tema del asfalto, de los
medidores. Entonces vos ya sabés que estás viviendo como vive la gente
de arriba. Con asfalto, medidor, el agua, la luz, todo legal. ¿Me enten-
dés? Eso es lo bueno. Tenemos los mismos derechos que la gente de
arriba como nosotros también. No importa que hayamos sido un basu-
ral, acá necesitamos lo mismo”.
Estar dentro de la ciudad implica, para ellos, empezar a contar. No sólo
respecto de los servicios, el acceso al consumo o los impuestos. Signifi-
ca también comenzar a ser tenidos en cuenta en las estadísticas, en las
proyecciones, en los planes de inversión y de crecimiento de la ciudad;
es decir, que comienzan a ser parte de la ingeniería poblacional de la ciu-
dad de Córdoba. Es que, como nos dice Ciuffolini (2011:29, sin cursivas
en el original) “[e]l ‘estar afuera’ no sólo refiere a un lugar geográfico
—los márgenes o la periferia de la ciudad— sino también a un contenido
social por el que los ciudadanos acaban percibiendo un significante so-
cial del tejido urbano”. Es justamente ese contenido social del cual bus-
can distanciarse a través del reconocimiento de su lugar de residencia
como un barrio.
EO: ... ¿Sabés? el tema es que quisiera que estuviéramos en un lugar
donde aparezcamos en un mapa y decir “sí, pero no es una barranca, es
casas, vive gente ¿me entendés? No es un basural...”.
2.1. Formas de habitar el barrio
El espacio ocupado en la ciudad implica una transformación y una aprecia-
ción del lugar que se está construyendo para vivir. En este sentido, las to-
mas configuran una nueva forma de habitar y estar incluidos. Ellas llevan
implícitas una lucha por ser reconocidas como parte integrante de la ciu-
dad, organizadas y regladas según las normativas de lo urbano, y distancia-
das de aquellas formas que no se perciben como deseables. Esto genera
además tensiones y conflictos que emergen a la hora de plantearse “cómo
queremos vivir”.
Las tomas se configuran para obtener el reconocimiento del territorio como
sitio, y al sitio que se habita como barrio. Entonces, el barrio es aquel lugar
93
que importa un proceso subjetivante, como instancia de anclaje y de perte-
nencia, como un movimiento de reconocimiento y puesta en común donde
se construyen relaciones sociales tales que a su vez constituyen la forma de
habitar en él. Precisamente allí se define y dispone un orden que nuclea
prácticas, sentidos, valores y actitudes (Ciuffolini, 2011).
Acompañado a esta centralidad que adquiere el barrio, en la gestión de lo
social, la categoría de vecino aparece como la célula básica sobre quienes
recaerá la lógica de construcción de la urbanidad. Y en las tomas que aquí
se analizan, la categoría de vecino está interpelada desde la voluntad de
crear las condiciones para habitar el barrio y construir ciudad.
El barrio entonces se presenta como unificador de los comportamientos de-
seados y esperados. Se presenta además como el espacio donde respetar un
“orden” necesario para ser incluidos dentro de la trama urbana, y por sus
condiciones habitacionales, para ser reconocidos como habitantes de la ciu-
dad. Impera allí también la asunción del “barrio como ideal de convivencia
urbana” (Gravano, 2003).
En el caso de las tomas de Marqués Anexo y Ampliación Pueyrredón -
Pueyrredón Anexo la “inclusión” dentro de la ciudad, la construcción de
este espacio donde vivir, implica pensarse en oposición a aquello que no se
desea ser y de lo que se quiere alejar. Incluirse dentro de la ciudad supone
también distanciarse de otros modos de habitar la misma. La toma no es un
fenómeno extraordinario, pero las formas que estas adquieren sí; es otra
forma de ocupar suelo urbano, de hacer ciudad.
Reglar y sancionar conductas en torno a la manera como se cree necesario
habitar el barrio, cómo se lo apropia, y cómo se lo distribuye, es una forma
de presionar para que las formas que adquiera la toma se conduzcan en el
sentido de ser incluidos en el concierto de la ciudad.
2.1.1. “Porque también te puede pasar a vos...”
16
: El vecino,
el nosotros y el otro
En el conjunto de las relaciones dinámicas y móviles configuradas al inte-
rior de las tomas es posible analizar las características que las mismas ad-
quieren en su constitución como barrio dentro de la ciudad. Una de las pri-
meras apreciaciones se relacionan con los modos de reconocer la
pertenencia al barrio, y el lugar que ocupa la conformación de un sujeto
MARÍA CECILIA ALONSO, et al.
16
Fragmento de entrevista.
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colectivo, un nosotros integrador. Estas cuestiones refieren siempre a la no-
ción de vecino. Tal como aparece en los relatos de los entrevistados, el ve-
cino se contrapone y tensiona la idea de un otro que queda fuera del “ima-
ginario” deseado, y que a su vez habilita la condena a ciertas prácticas
desarrolladas. Las interpretaciones en torno a quién se reconoce como “ve-
cino” adquieren connotaciones diferentes de acuerdo a la toma que analice-
mos; aunque no así en la referencia al “otro”.
Estos dos ejes de sentido pretenden ser abordados en el presente sub-apar-
tado. La reconstrucción de lo que significa tanto el vecino como el otro, el
extraño, es de fundamental importancia para entender los entramados so-
ciales, las prácticas y los patrones de relacionamiento social que se dan en
las tomas. En otras palabras, indagar sobre las formas de habitar el territo-
rio, de “crear” barrio.
En el caso de Marqués Anexo, el trazado de esta frontera implica que quien
se erige como la referencia constitutiva de la relación de vecindad es aquel
que pertenece al barrio formal y legalmente constituido. Ese vecino está
dentro del trazado urbano, y es fundamentalmente el que condensa los atri-
butos deseados. El vecino no es aquel que toma el terreno, sino que es “el
del frente” o “el del otro barrio” (ambos integrados en el entramado urba-
no) distinto del de la villa. Incluso cuando se refiere al vecino de la toma es
solamente aquel con quien se comparte la medianera.
En algunos entrevistados, el vecino que participa de la toma es reconocido
como tal en la medida en que luchen para constituirse como barrio; de lo
contrario, son “los de allá”, “los del fondo”, “los de atrás”: no se les otorga
ningún reconocimiento como parte del barrio. En definitiva, se trata de una
separación de los otros a partir del lugar en el que se vive (Scarponetti,
2011) y en el cómo se vive.
“Ese vecino fue el único que nos ayudó, el hombre del quiosco... ER1:
¿Las ayudó desde el principio? EO1: Sí, nos daba agua... Y había otro
vecino que nos daba luz, de un poquito más acá. Los otros vecinos, o
sea, les tiraban miércoles a estos porque nos daban agua y luz...”.
En Ampliación Pueyrredón – Pueyrredón Anexo, en cambio, las caracterís-
ticas propias del proceso de la toma —desde el relleno de los terrenos, has-
ta la delimitación del trazado urbano y comenzar a “existir” para el barrio-
permitió generar una sociabilidad diferente en tanto construcción del “no-
sotros” y con ello el sentido asociado al vecino. Aquí éste parece referen-
ciarse en el conjunto del barrio: es aquel que fue aportando a la consolida-
ción de la toma y se incorporó en las lógicas de relacionamiento
construidas en ella. En definitiva, el vecino es el que está organizado —o
95
lo estuvo— y que en su relación de vecindad y pertenencia, aporta a la ges-
tión de la vida del barrio.
El vecino es quien comparte y ayuda, el que reúne las características que lo
hacen “un buen vecino”, solidario y formando parte del proceso organizati-
vo. Entre ellos se forman lazos más estrechos, de confianza y cuidado mu-
tuo. Existe la tranquilidad de que se conocen y se confía el cuidado de las
personas y las cosas, siendo entonces los vecinos los que se preocupan por
el bienestar del barrio.
“Porque somos pocos pero la voluntad es grande. Acá se trabaja todos
porque todos tenemos necesidad y es para todos igual. Claro, si yo nece-
sito luz, todos mis vecinos necesitan luz. De por sí no soy una persona
egoísta. Yo pienso por todos. Acá todo el mundo es así, si yo quiero co-
mer, tienen que comer todos. Si a alguien le falta algo, a mí también me
puede hacer falta. Si a mí me están robando alguien me puede venir a
auxiliar, entonces yo hago lo mismo. De por sí hay que llevarse bien con
todos por igual, porque te pasa algo en alguna casa no podés hacer la
vista gorda y mirar todo adentro. Porque también te puede pasar a vos...
Entonces pensamos todos iguales, acá se hace todo por igual. A cual-
quier vecino que vayas, no es por nada, ¿no? Vas a cualquier vecino,
vos le preguntás y te va a contar lo mismo. Acá estamos, somos todos
así, todos unidos...”.
Esta construcción del vecino, con las tensiones y disrupciones que señalá-
bamos, también encuentra una contraposición que se manifiesta en dos sen-
tidos. Por un lado, distanciándose de las formas de habitar la ciudad, otras
formas de ocupar el suelo urbano, como los casos de asentamientos y vi-
llas; y por el otro, condenando aquellas prácticas que intentan hacer de la
necesidad un lugar de la especulación y beneficios para algunos —que de-
sarrollaremos en el próximo apartado—.
En tanto buscan diferenciarse de “la villa” como forma “precaria” de habi-
tación e integración a la ciudad, se expresa un modo hegemónico de pensar
la ciudad, que se vincula con el establecimiento de un orden (Roze, 2001),
una disposición del espacio organizado según pautas urbanas.
“... [las casas] de material. Y otra porque no daba buena impresión al
barrio. Que vean que todo es de material para que no lo confundan
como villa”.
“Aparte, asimismo, pasa la gente por ahí y dice «¡uh, mirá a esos ville-
ros!» porque vos ves ropa ahí tendida y es porque es una villa, no les im-
porta ni jota... pero ¿dónde lo vas a tender? para allá no podemos por-
que se acaba el terreno, hay que tenderlo ahí...”.
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“...Pero no, la señora del frente está edificando. Está esperando termi-
nar de edificar ya para sacar su casilla... y se cierra [el terreno] ¿viste?
Así, con tarimas, con lo que se ve. Pero no, no sirve. Tenés que cerrar
dignamente, tener un buen frente. O sea, siempre le digo lo mismo. No es
cuestión de exigirle, sino de darte cuenta de que tenemos que vivir igual:
todos bien. Porque si vos lo ves, así, tampoco no queremos hacer una vi-
lla. Tenemos que vivir en un lugar lindo, un barrio, que se forme un ba-
rrio lindo. Queremos un barrio bien lindo, bien, bien hecho. Es un tema
pero bueno. De a poquito se hace todo...”.
Aparece en el discurso de los entrevistados la voluntad de no ser incluidos
dentro del imaginario negativo que implica relacionarse con la villa, y más
aún con las formas de vivir allí que connotan ideas de marginalidad y estig-
matización. Siguiendo a Castagno (en Núñez, 2011:150) la villa sería la
forma socioterritorial del habitar que “más sólidamente concentra un cuer-
po de estigmatizaciones de tradición discriminatoria y donde pueden diri-
girse los discursos sobre el enemigo”. El temor de ser incluidos dentro de
ese imaginario se manifiesta cuando se reivindican como “trabajadores”,
como quienes por necesidad tomaron un terreno pero pretenden reglamen-
tar su situación en lo inmediato.
“...con nosotros, con los diez que ya llegamos al acuerdo, ellos ya se ha-
bituaron a nosotros, vieron que nosotros no somos gente de mal vivir, ni
nada ¡todos trabajamos! todos... no dicen nada. Hay problemas con al-
gunos de los nuevos... con esos sí, más que todo con uno que está del
otro lado, porque no sé si viste ese que está todo cerrado así con nylon...
bueno, con ese hay problema...”.
“... Somos familias humildes, pero no salimos a chorear, tampoco, di-
gamos, hay choros que se puede decir que viven ahí. Toda la gente
cree que de acá a las 7 de la mañana todos van saliendo a trabajar.
Muy pocos, debe haber uno, una familia que se quede pero la mayoría
se van a laburar tanto los varones y las señoras también siempre salen
a laburar”.
Estas construcciones sociales se presentan como una dicotomía nosotros-
otros (también extranjero-argentino para el caso de Ampliación Pueyrredón
– Pueyredón Anexo) donde generalmente los primeros se caracterizan a sí
mismos como trabajadores, honestos, sinceros y de buena fe; mientras el
otro adopta diferentes formas de ser subjetivado: el “ladrón”, el “vago”, el
“drogadicto”, el “traficante”, el “villero”. El otro es entonces el “estereoti-
po histórico delincuencial” (Pereyra, 2005), la “otredad negativa” (Guber,
1999), las “identidades estigmatizadas” (Gravano, 2003).
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Estas apreciaciones sobre el otro y el nosotros implica una observación so-
bre el resto de los vecinos. Vivir y habitar una toma de tierra implica adap-
tarse a las normativas de la urbanidad asumidas. Quien vive en la toma y se
enmarca dentro de las construcciones denostadas recibe una condena social
por no adecuarse dentro de los valores, prácticas, sentidos del barrio.
“...Porque a veces se sienta a fumar, y están fumando sentados ahí, todo
el mundo lo ve, los chicos, todo... Ni siquiera por lo menos se meten a su
pieza a fumar para que no vean los chicos... [...] Es el único que hace
ver mal a la gente. Porque después, como te digo, todos somos gente tra-
bajadora que trabajamos para tener algo (baja la voz). Ellos no...” .
“Y para abajo ya hay villas nomás. Villas lo llaman allá abajo. Sí, sí. Yo
creo que hay gente mala, hay gente mala. De ahí vienen gente, muchos
chicos que son de mal vivir, son vagos, quieren robar, allá arriba mucha
caca [...]. Ayer a la tarde, de día nomas, le robaron a la chica la campe-
ra que estaba secando...”.
En el caso de las tomas de Ampliación Pueyrredón – Pueyrredón Anexo,
aparece además la diferencia entre las nociones de argentino-extranjero. El
extranjero proviene de los países vecinos, principalmente Bolivia y Perú,
en la búsqueda de trabajo y una mejora en su calidad de vida. La caracteri-
zación del vecino boliviano o peruano generalmente se asocia a una discri-
minación positiva (D’Amico, 2011) del resto de los vecinos, resaltando su
devoción por el trabajo, su sumisión y humildad. Mientras que en algunos
casos, el argentino es “el de la villa”, el del “mal vivir”.
“Yo tenía mal impresión de la gente de la comunidad boliviana, no los
quería. Me rehúso a quererlos pero me han demostrado que son muy
buenas personas. Son muy respetuosos, nada que ver con el argentino,
el argentino es atrevido; el argentino es guarango; el argentino es gua-
so; el argentino es atrevido mal. [...] A pesar de que es boliviano, por
eso te digo cada día que pasa me sigue tapando la boca la comunidad
boliviana. Es una cosa que no te va a decir “No” nunca y lo ves traba-
jando si está a la par de él...”.
“Sí, el argentino es especulador, oportunista. No, esta gente no. Esta
gente está bañada en humildad. Eso me han demostrado a mí, varias ve-
ces me han tapado la boca con un montón de cosas. El respeto que tiene
esa gente por el próximo, por su par, no lo tiene el argentino”.
“Esta gente vos la vez a las 6 de la mañana, yo me paro acá a las 6 de
la mañana y los ves pasar a todos con su bolsito a laburar porque la
mayoría labura en la construcción, la mayoría son yeseros. Los perua-
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nos y bolivianos tienen una característica muy importante que son yese-
ros, son los que mejores trabajan el yeso, son unos maestros en yeso.
Entonces vos los ves pasar con su bolsito, salen a las 6 de la mañana y
vienen a las 8 de la noche. Venite a las 8 de la noche acá y los vas a ver
retornar a su casa. Son muy, pero muy laburadores, y viven para su fa-
milia. El único problema que tienen es que no es problema ni es defecto
porque todos tenemos defectos, pero sábado, cuando dejaron de laburar,
36 cajones de cerveza y se ponen hasta... pero todos te saludan...”.
Este reconocimiento de un nosotros, y las impugnaciones a una forma de
habitar la ciudad y reconocerse en el marco de ella, lleva consigo la con-
figuración de nuevos modos de relacionarse, estar y comportarse en el ba-
rrio. A través de esto, los vecinos generan determinadas conductas y rela-
ciones donde se entrecruza lo que es considerado una vida digna y buena,
con aquello que se entiende nocivo para el barrio. Estas tomas además de-
linean un espacio, se gestiona un territorio y las vidas que en él habitan;
además se pretende dar lugar a un nuevo proceso comunitario (Ciuffolini,
2011). Están dirigidas a configurar un modo de vida esperable, que se
adapte al orden de la ciudad que se les opone. De otra manera, quedarán
fuera de la misma.
2.1.2. “El que no arriesga, no gana”
17
. Construyendo habitar
Los vecinos que participaron de las tomas de tierras, han definido y ca-
racterizado de maneras disímiles y antagónicas las formas en que estas
acciones tuvieron lugar. Este apartado en particular intenta abordar las
distintas maneras de significar el acto de apropiación de la tierra. La ma-
nera en la que se nombra este acto, los sentidos que se asocian al habitar
el nuevo barrio y el sentimiento de pertenencia que se genera respecto del
mismo, termina redundando en su mayor o menor apropiación. En rela-
ción a esto, los relatos de los entrevistados traslucen —quizás del modo
más claro— los miedos, tensiones, frustraciones y proyecciones que se
dan al habitar.
Estar más o menos incluidos, luchar más o menos por la construcción del
barrio, adecuarse a los modos como se gestiona la vida aquí refiere implí-
citamente a las estrategias desarrolladas para hacerse de los terrenos. So-
bre esta manera recaen también las dificultades y beneficios de lograr es-
tar más o menos consolidados como barrio.
17
Fragmento de entrevista.
99
Se encuentran dos sentidos que se asocian con más fuerza a la toma del te-
rreno. Por un lado, expresiones como “agarramos, tomamos, vinimos”. Es-
tas refieren siempre a la situación particular de aquellos que toman para su-
plir una carencia, por necesidad. Quienes toman, agarran o vienen son
aquellos que tienen vedado el acceso a la tierra y la vivienda por otros me-
dios y por ello recurren a estas prácticas.
“Y, nosotros fue de una cosa de un amigo que me enteré que estaban es-
tos terrenos para tomarlos, porque esa es la palabra, ¿no cierto? Y que
buscaba gente que fuera trabajadora, gente que no estuviera en nada
raro, ¿viste? Y así fue que lo fui y lo hablé con el amigo mío y me dijo
que viniera para acá, que había la posibilidad de que me conseguía un
terreno”.
“...Y bueno, y hasta que pudimos agarrar acá y...ya me quedé acá. Pero,
antes de eso estaba alquilando, y cuando agarré acá me salió la posibi-
lidad de irme a vivir al terreno de Villa Los Llanos que tiene mi papá y
mi mamá, y una tía me daba también. Pero me quedé acá, ya nosotros
luchamos acá...”.
“...Por el pedazo de tierra. Medio que por ahí no quería porque tenía
miedo, ¿viste? Pero bueno, ya al último digo «Me meto. El que no
arriesga no gana»...”.
Y por otro lado, existen en el relato otras formas de denominar la acción de
la toma. Estas, a diferencia de las anteriores que se justifican en la necesi-
dad, son rechazadas e impugnadas por los vecinos. La “usurpación, inva-
sión, venta” aparecen siempre de un modo condenatorio, por relacionarlas
con un acceso a la tierra sin esfuerzos, sin lucha, perjudicando a otros e in-
cluso habilitando la especulación con la tierra.
“También hubo gente así como yo, venía dejaba todo una semana se
iba, volvía a la siguiente semana hacía un pedacito se iba. Y había
otra gente que vino, se instaló y como que ya no lo podías sacar de
ahí. Hubo dos o tres de esos casos, de gente que se golpeaba. Como
empezó a pasar todas esas cosas, como que era la presión como para
que sí o sí te vengas a vivir ya. Tal cual, este como este [la vivienda].
Y bueno también yo me dije ya qué estoy haciendo, no lo quería aban-
donar o que alguien se meta sin hacer ningún esfuerzo, digamos, por-
que generalmente la gente no tiene ningún esfuerzo veía que ya estaba
medianamente levantado, entraban y como eran familias mucho más
numeroso y que se yo...”.
“O sea, todos están en problemas con el vecino por el tema de que...
ER2: no saben cuál es el límite EO: hasta dónde es el límite y los que
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tienen un vecino de la segunda usurpación, con ese hay tire y afloje.
Yo no tengo ese problema porque ¡oh casualidad! que los dos que
tengo son de la primera usurpación... ¡yo no tengo problema! pero
los demás sí... todos los que tengan al lado uno que es de la segunda
usurpación se pelean por el hasta dónde es tu terreno y hasta dónde
es el mío...”.
“... Sí, sí en ese tiempo era, este, el que quería se venía a vivir ya. Era
algo así. Y como yo te digo, yo venía todos los días, de aquí me iba a
mi trabajo. Bueno, esa vez no sé qué pasó que no pude venir ni los
mandé a los chicos al colegio porque no sé, estaban los chicos enfer-
mos o algo así. Y bueno, cuando vine, o vino mi marido el fin de sema-
na, ya estaba ella. Y bueno, y donde está también ahí al lado, también
ellos invadie (-) le quitaron a otra persona. Y bueno, después nosotros
nos corrimos más acá...”
A partir de allí, de esas maneras como los vecinos tomaron las tierras,
aparecen distintas impugnaciones en relación a lo que se podría caracteri-
zar como el “mercado informal de tierras”. Los intercambios se llevaron
adelante a través de acuerdos entre las partes de la transacción. Así, por
ejemplo, sucedieron casos de terrenos ofrecidos a cambio de trabajo,
práctica que no resulta del todo sancionada en los discursos de los entre-
vistados.
“Y ahí ella nos dijo «Este terreno es de mi suegra pero no creo que mi
suegra venga, vénganse acá», nos dijo. Ella nos cedió este terreno. [...]
Y ella me dijo «dame una piecita y yo te doy el terreno». Entonces yo le
hice la piecita y nos dio...”.
En otros casos, se pedía dinero o bienes para efectuar la entrega del terre-
no. Esta situación no es generalizada, aunque los relatos de los entrevista-
dos coinciden en condenar enérgicamente este tipo de prácticas.
“EO2: Claro, claro. Cuando los tomamos ahí nomás vendieron un mon-
tón, o sea, la gente ahí nomás empezó a vender. EO1: Si había pendejos
de acá atrás, de acá, del Pueblito EO2: Pendejos ¿no? EO1: Se agarra-
ban un terreno así iban y lo cambiaban por una moto o por dos mil pe-
sos, mil pesos, no sabían (-) y después ponele venía otra gente y esos
mismos venían y los corrían...”.
Para comprender estas prácticas hay que ubicarlas en el contexto general
en el que se producen. La tierra urbana es una mercancía muy valiosa y
también muy disputada. Para estos sectores, es además la base material de
su subsistencia, de allí que se puedan apreciar tensiones, conflictos y dispu-
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tas en torno a los intercambios por las tierras que sin embargo siguen sien-
do precarias. Las personas que se emprenden en la compra-venta sistemáti-
ca de terrenos operan mercantilizando la lógica de la toma por necesidad.
Así la tierra se convierte en un bien de cambio para estos pobladores.
“...No, no, no. Y tienen casas que tienen ¿no?, tienen buenas casas, no
sé si aprovecharía la gente, no, a mi entender uno no debe aprovecharse
de la gente humilde, la gente pobre, tenderle una mano y ayudarle...”.
La impugnación que se realiza sobre estas prácticas está relacionada a los
sentidos que se les asigna a las luchas por la tierra. De esta manera quien
vende es aquel que no está dispuesto a luchar por quedarse en el lugar, o
porque con esa acción pretende obtener algo a cambio por parte del gobier-
no; o, en otro sentido, porque el nuevo poseedor es desconocido y ajeno a
la lógica de construcción de “el barrio”, y puede alterar la frágil armonía
vecinal conseguida.
En el caso particular de Marqués Anexo la compra-venta de terrenos y la
alta especulación existente en la toma conlleva ciertos sentidos en los que
interesa indagar. La condena hacia estas prácticas es rotunda y definitiva.
Es que la situación de tenencia precaria es tolerada en la medida en que es
la única manera de acceder a un lugar donde habitar. En este marco vender
las tierras pone en evidencia la ilegalidad de la situación de la toma, en tan-
to el producto a la venta no cumple con los requisitos del mercado y las
normas legales. Estas prácticas los alejan de tomar el terreno por necesi-
dad, ya que genera una especulación inmobiliaria por fuera de la ley —tan-
to de la ley del Estado como de las normas de la toma—.
“...Sí, porque hay gente que necesita más porque no tiene plata para
comprar un terreno, hay gente que necesita más, si compra un terreno
no tiene con qué levantar...”.
“...Nosotros todavía tenemos el techo de chapa, la mayoría acá tienen,
tienen loza, hay gente que ha estado en el lugar de nosotros y así tam-
bién a base de la familia le han pedido, se han podido hacer la loza,
todo, pero hay gente, la mayoría, que tienen plata, han comprado por
moneda el terreno y se hacen un caserón a todo trapo...”.
“...Yo pienso que no es para comercializar esto, no, para mí está mal,
está muy mal porque hay mucha gente que no tiene ¿no cierto?...”.
La venta e intercambio de tierras está fundamentada también en la inten-
ción de “no dejar espacios vacíos”, de consolidar la toma, de “poblarla”.
Pero, junto a esto, que los intercambios de tierras no estén mediados por el
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resto de los vecinos implica que será un desconocido el que venga a habi-
tar, y con ello podrían incorporarse un conjunto de conductas no deseadas
para el nuevo barrio. Además, se instala la necesidad de que quien compra
ese terreno tenga ánimos de luchar por el barrio, de defender las tierras y
de permanecer en el lugar para adquirir la legalidad necesaria según la de-
manda institucional. En este sentido, lo que interesa es que quienes se que-
dan o llegan al barrio estén preocupados en defender su porción de terreno,
en “construir” el barrio y no utilizarlo como vía hacia otros beneficios.
3. Reflexiones para no concluir
La producción del espacio urbano es una lucha por el poder y el acceso a
los recursos. De allí la manifestación de tensiones, conflictos y pujas de in-
tereses entre diferentes sectores. Por un lado el mercado, en su pretensión
de obtener los máximos beneficios; por otro el Estado buscando consen-
suar y negociar, desplazando el conflicto social; y por último los sectores
desfavorecidos que se valen de todos los medios para habitar la ciudad.
Las tomas son una expresión de estas luchas que se resisten a ser desplaza-
das y abandonadas al olvido. Son una forma de resistir a la exclusión y de
crear un hábitat en la ciudad.
El Estado provincial ha intervenido y reestructurado el territorio en su afán
de convertirlo en un polo estratégico a nivel productivo, priorizando los es-
tándares de rentabilidad tanto industrial como inmobiliaria. Para ello regu-
ló la población y el territorio, habilitando en última instancia este tipo de
tomas de tierras.
En este sentido, el Estado habilita la vivienda —que no construye ni garan-
tiza— a sectores necesitados; y ordena el espacio de acuerdo a una mirada
hegemónica que se impone sobre la ciudad. Son las mismas poblaciones
las que reproducen y gestionan la manera de habitar el barrio, habilitados
en última instancia por la lógica estatal, que interviene en cómo, para quié-
nes y dónde será la ciudad, y en dónde se puede vivir y cómo hacerlo.
De esta manera, observamos en el análisis de estas tomas que este Estado
gestor, tanto activo como pasivo, en la conjugación de sus estrategias insti-
tucionales como represivas, trasladó a las poblaciones determinadas mane-
ras de habitar la ciudad, homogeneizándola. Así acompañó o libró a su
suerte, pero siempre con el imperativo de que estas formas de apropiación
de la ciudad debían distanciarse de lo caótico e inmanejable de la villa.
Aquella forma, aún persistente, que poco a poco fue erradicando a través
de programas como “Mi Casa, Mi Vida” o PROMEBA II. Pero esto tam-
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bién entraña la incapacidad del Estado para adelantarse a un presupuesto
que ya no dispone para llevar adelante políticas habitacionales de atención
a estos sectores.
Esta gestión promovida por el Estado, la lleva a cabo haciendo uso de
dos facetas que se materializan en su actuar con el objetivo de disciplinar
y moldear tanto las poblaciones como los territorios: por un lado una ins-
titucional y por otro una represiva; en una habilita y negocia en determi-
nados espacios geográficos y en la otra impone el miedo y la fuerza. En
el caso de Marqués Anexo se hacen presentes ambas facetas dependiendo
además de las características que ha adoptado la toma en dicho lugar, que
lo convierte en un “gestor activo”. Pero en el caso de Ampliación Puey-
rredón – Pueyrredón Anexo la intervención estatal es más superflua, casi
imperceptible, adquiriendo su condición de “gestor pasivo”.
Pero además en ambos lugares el Estado se hace presente no sólo directa-
mente a través de sus funcionarios sino también mediante la figura de inter-
mediarios como delegados o “manzaneras”, quienes adoptan el papel de
nexo —de información, de demandas, etc.— entre los vecinos de las tomas
y el Estado, y viceversa. Un nuevo sujeto, distinto a las tradicionales prác-
ticas de intervención en la población, aparece para mostrar otra forma de
actuación estatal.
Por sobre todo, las lógicas estatales han sido asumidas por los mismos ha-
bitantes que las perciben como propias. En definitiva, la inclusión implica
la asunción de ciertos preceptos que algunos sectores de poder han transfe-
rido como los deseables para habitar la ciudad y para ser considerados
como habitantes capaces de desarrollar una “vida digna”.
Así, en base a la demanda de urbanización y seguridad, son los vecinos
quienes le piden al Estado que se haga presente, lo interpelan pero además
lo cuestionan. Y las diferentes lógicas con las que él se hace presente, pro-
mueve que se construyan y reproduzcan estrategias y categorías propias del
orden dominante de las instituciones sociales. En el discurso de los entre-
vistados se repite el deseo de pagar por sus terrenos, de que se encuadre
dentro del marco legal-institucional y de que se olvide la noción de ilegali-
dad que la toma trae consigo.
En las demandas de los vecinos se vislumbra el deseo de pertenecer, de su-
mar en la ciudad. Dejar de estar “afuera” teniendo en cuenta la noción
geográfica de ese estar, pero también la social. El formar parte de la ciudad
lleva implícita una determinada forma de estar, es aquella que se separa de
parámetros no deseables y que generan una condena por parte de los veci-
nos de la toma. Desde el punto de vista del territorio, se hace presente en
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los discursos la idea de construir no sólo la casa propia, sino, además que
la construcción de esa vivienda se enmarque dentro de lo que se conoce
como barrio y no con la forma de otro asentamiento como lo es la villa.
Asumidos y reproducidos estos mandatos, la necesidad de habitar digna-
mente la ciudad implica también otras formas de resistencia. Los sujetos
interpelan, cuestionan y diseñan también cómo habitar la ciudad.
Desde el aspecto social, se hace notorio un rechazo y una distancia con el
“otro”. Ese “otro” se diferencia de los vecinos que forman parte del proceso
organizativo, que han tomado y viven en la toma y manejan los usos y rela-
ciones que en ella imperan. El proceso organizativo de la toma dio lugar a
nuevas subjetivaciones como así también a una re-apropiación del espacio.
Aquellos que hacen uso de manera especulativa del terreno, los que han in-
vadido cuando ya había tomado otro vecino, utilizan prácticas que se con-
denan dentro de la toma y no son incluidos con la noción de un “nosotros”.
La demanda por estar incluidos en la ciudad se da cada vez en relaciones
más microscópicas. La demanda por tener los mismos derechos que el res-
to de la gente (que habita la ciudad) es un espejo de lo que los otros son y
de lo que no quieren ser. De allí, el cuestionamiento a salirse del lugar de
beneficiarios, demandando la regularidad de los terrenos, del barrio y sus
casas —acción que no parece concretarse por parte del Estado—, deman-
dando seguridad, y ser iguales ante la ley.
Este derecho a vivir todos iguales, los distancia de aquellas formas no desea-
das, y de los imaginarios que esa vida implica. Incluirse en la ciudad define
una manera determinada de construir el barrio. Se recupera la solidaridad y el
reconocimiento de la situación de precariedad, la necesidad los iguala.
Ocupar y tomar la tierra es definirse por una manera de vivir en la ciudad.
Porque aquí se construyen paredes, pisos y sueños. Porque aquí también se
está construyendo ciudad.
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