55
*
Magíster en Sociología por la Universidad Nacional de Córdoba. Licenciado en Cien-
cia Política, Universidad Católica de Córdoba. Doctorando e investigador UCC. Inte-
grante del Colectivo de Investigación “El Llano en Llamas”.
**
Licenciada en Ciencia Política por la Universidad Católica de Córdoba. Doctoranda y
becaria Conicet. Integrante del Colectivo de Investigación “El Llano en Llamas”.
***
Doctor en Ciencia Política y abogado por la Universidad Nacional de Córdoba. Inte-
grante del Colectivo de Investigación “El Llano en Llamas”.
****
Magíster en Antropología y abogada por la Universidad Nacional de Córdoba.
Doctoranda y becaria Conicet. Integrante del Colectivo de Investigación “El Llano en
Llamas”.
Gerardo Avalle
*
, María Mercedes Ferrero
**
,
Sergio Fernando Job
***
y
Sabrina María Villegas Guzmán
****
Resumen
La propiedad de la tierra, su apropiación y el negocio que en torno a esta
se genera son aspectos centrales que se abordan en este artículo, al rela-
tar la trama de relaciones que se teje en un territorio urbano próximo a
las grandes urbes. Con un diseño metodológico flexible, nos introduci-
Un lugar en el mundo
Construcción de subjetividad en
una toma de tierra del centro de
Argentina
Código de referato: SP.173.XXIX.13.
STUDIA POLITICÆ Número 29 ~ otoño 2013
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
29 - otoño 2013
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STUDIA POLITICÆ
mos en el relato de los otros para encontrar la trama argumentativa que
comprende el sentido de tomar posesión de un terreno para vivir. Este
texto es la exploración de una experiencia semiurbana de toma de tierras
en el interior de la provincia de Córdoba, Argentina; iniciamos el artícu-
lo introduciendo al lector en la geografía del lugar, para luego cartogra-
fiar las historias laborales y culturales de los habitantes. Posteriormente
profundizamos el análisis de los discursos de los vecinos identificando
los elementos que tornan al territorio en un escenario donde se conjugan
la espacialidad lo físico, con lo simbólico e identitario.
Palabras clave: tierra – posesión – identidad
Abstract
The land, its ownership and its business is a central theme in this article,
where we tell the story of relationships that are woven in a urban area,
next to the big cities. With a flexible methodological design, we get into
the others stories to understand the meaning of taking possession of “a
land to live”. This text is an exploration of a semiurban experience of
land grabbing, in the province of Cordoba, Argentina; the article
introduces the reader to the geography of the place, mapping the labor
and cultural stories of the inhabitants. Subsequently, we deepen the
analysis of the neighbors’s speeches, identifying the elements that make
the territory a scenario which combines the spatial and physical, with the
symbolic and identitarian.
Key words: land – possession – identity
1. Introducción
Sientes que te está consumiendo.
Y cada vez son más los intentos,
por salir a otro lugar,
donde te puedas refugiar
(La voz en tu cabeza. Nonpalidece)
L
A comprensión de la fisonomía de un territorio, su espacialidad y la
configuración simbólica que adquiere para quienes lo habitan, es
una de las dimensiones más novedosas de los estudios urbanos. La in-
sistencia en un aporte multidisciplinar para comprender el territorio arrojó
importantes herramientas conceptuales centradas en el proceso subjetivo co-
lectivo que aporta a la espacialidad, un significado (Lefebvre, 1969; Cortés,
2010; Oslender, 2002; Montoya, 2006; Castells, 2001; Núñez y Ciuffolini,
2011).
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Desde una perspectiva cualitativa, utilizando datos provenientes de entre-
vistas en profundidad y registros de campo, trabajamos con el supuesto, a
modo de hipótesis, de que el territorio comienza a operar como un nuevo
organizador social, a partir de anclar las subjetividades a un significado
construido colectivamente sobre el espacio. El territorio funciona, en este
sentido, no sólo como espacialidad, sino como escenario de disputa y lugar
de anclaje de poblaciones permanentemente dislocadas.
Las tomas y/u ocupaciones de tierras son un fenómeno social de larga data,
que se encuentra fuertemente asociado a la ausencia de políticas públicas, y
particularmente a la persistencia de un déficit habitacional estructural.
Tampoco es un fenómeno novedoso en Argentina ni en Latinoamérica,
dado que han sido problemas sociales sobre los cuales se articularon nume-
rosas luchas por la tierra (Giaretto, 2011; Stratta y Barrera, 2009; Cravino,
2001). En el caso de la provincia de Córdoba, Argentina, el déficit habita-
cional se ubica entre el 25 al 30 % desde hace más de una década. Sin em-
bargo, las últimas mediciones oficiales, del año 2008 (Dirección de Esta-
dísticas y Censo Provincial), lo ubican en un 18,4 %. El Censo Nacional de
2010 lo posiciona en el 22 %. El Centro de la Vivienda Económica
(CEVE) y el Servicio Habitacional y de Acción Social (SEHAS) lo ubican
en un 25 %.
Durante el último año, las tomas y/u ocupaciones de tierra han sido un fe-
nómeno que ganó relevancia en el escenario público. Un proceso similar en
la provincia se registra a finales de la década del 80, cuando numerosas or-
ganizaciones sociales y territoriales coordinan sus acciones para reclamar
mayor acceso a la tierra, servicios públicos y vivienda (Ciuffolini, 2007;
Avalle e Ibáñez, 2011; Andrés, Hernández y Job, 2010).
En este artículo, nos centramos en una toma de tierras ubicada en las sierras
de la provincia de Córdoba. Para situar al lector, Solares es un barrio de la
localidad turística de Villa Río Icho Cruz, ubicada en el extremo sur del de-
partamento de Punilla, a 47 kilómetros de la ciudad de Córdoba, capital de
la provincia homónima. El municipio cuenta con 2.054 habitantes, de los
cuales aproximadamente la mitad habita en Solares de forma permanente.
La actividad económica más importante de la región es el turismo, que se
activa con fuerza en la temporada estival (entre los meses de diciembre y
febrero) y se reduce ostensiblemente en el resto del año.
2. Solares de Icho Cruz: ¿la excepción a las “tomas” de tierra?
En sus orígenes, Solares fue ocupado por personas provenientes de para-
jes rurales aledaños que en la necesidad de contar con una vivienda más
GERARDO AVALLE, et al.
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STUDIA POLITICÆ
cercana y accesible a los pocos comercios existentes, así como a los servi-
cios de salud, educación, etc. se fueron asentando allí. Ese inicio explica
que durante décadas se conservaran entre sus habitantes costumbres y tra-
diciones más ligadas al mundo rural. Con el tiempo se fue transformando
hasta convertirse en un barrio muy similar, en su forma, a los que existen
en pueblos y ciudades. La parte central posee un trazado cuadrangular al
viejo estilo colonial y sobre el boulevard principal, se pueden observar —
mayoritariamente— viviendas “muy prolijas y ordenadas”
1
. Algunas son
de construcción reciente, mientras que otras dan testimonio de una historia
más larga. Sólo cuando el boulevard llega a su fin, aquel “orden” se des-
dibuja. El trazado comienza a ser más irregular, como consecuencia tam-
bién de las elevaciones del terreno, apareciendo viviendas más precarias y
lotes baldíos, todos ellos con un cartel que indica “propiedad privada: pro-
hibido pasar”, o bien “propiedad privada: Ley 9150”.
“Solares tenía eh... gente de acá ¿no es cierto? gente de... suponte, una
familia grande que vivía en La Rinconada que se van viniendo para el
centro. A ver, entonces, compran su lote, van haciendo esa casita de a
poco ¡Ésa era Solares de Icho Cruz! [...] Eh... las costumbres de Solares
eran... te diría más ligada a lo rural [...] Es decir, el Solares ese que te
cuento yo donde vivían familias que siempre tuvieron sus vacas, sus ca-
ballos, un pedazo de tierra”.
En el cambio de la morfología barrial no sólo influyó el crecimiento na-
tural de su población nativa, sino que a ello se sumó la llegada en los úl-
timos años de personas con trayectorias disímiles, en su mayoría prove-
nientes de la ciudad, que protagonizaron las tomas de lotes y que
transformaron con su presencia la geografía del lugar, tanto en el plano
físico como en el social.
A diferencia de lo que ocurre con las tomas de tierras en las ciudades, en
donde con frecuencia se realiza la ocupación de un mismo gran terreno
de manera colectiva y en un mismo momento; en Solares el proceso de
tomas fue lento, gradual, en terrenos aislados dentro de un mismo barrio
preexistente. Su fecha de inicio es cercano al año 2000 cuando un vecino,
trabajando para una repartición pública provincial, tuvo acceso a la infor-
1
Las expresiones que aparecen en el cuerpo del texto entre comillas (“”) corresponden
a frases elaboradas por los entrevistados y/o las reflexiones de los/as autores/as de este
artículos en sus diarios de campo. Las siglas “ER” y “EO” refieren al entrevistador y el
entrevistado respectivamente, el símbolo (-) representa una interrupción en la alocución
del hablante, (...) frases inaudibles, y [...] frase recortada. La cursiva se utiliza para re-
producir de manera literal extractos de las entrevistas.
59
mación de los lotes (situación catastral y de dominio) y decidió compar-
tirla con otros/as vecinos/as (tanto lugareños como ajenos a la comuni-
dad) que tenían necesidad de contar con una vivienda propia.
Esos datos disponibles de los terrenos indicaban que estaban en calidad de
“vacantes”, esto es, que carecían de un propietario conocido, ya que eran
parte de un loteo realizado en las décadas del 40 y 50 del siglo pasado
cuando el valor de mercado de estos territorios era prácticamente nulo. Al
parecer, según los relatos, la adquisición de los lotes fue realizada a la dis-
tancia por personas que probablemente ni siquiera conocían su ubicación
precisa, de allí que nunca se efectuaron las mejoras correspondientes ni se
abonaron los impuestos que gravan la propiedad. Este cúmulo de circuns-
tancias los colocó, como ya afirmamos, en una suerte de estado de vacan-
cia: terrenos privados sobre los cuales nunca se ejerció efectivamente el
derecho de propiedad.
“Bueno, el loteo ese de Solares es muy parecido a otros loteos que hay
acá también en la ciudad de Córdoba, se hizo en Buenos Aires, más o
menos en los años 40, 38 al 45 [...] Porque en ese momento, las sie-
rras de Córdoba eran esta cosa para la cuestión del asma, del turismo,
pero no de este turismo más... entonces, bueno, tenía eso, nadie vino a
lotear, ni a marcar, o sea, existe como tal en el Registro de la Propie-
dad como dueño de toda esta parcela, no sé, Juan Pérez, que se murió
en el año 55-60. No hay declaratoria de herederos, no hay reclamo, no
hay nada”.
Con el correr de los años, las ocupaciones fueron creciendo hasta alcanzar
el número aproximado de 400 lotes. En un principio, la información circu-
laba de “boca en boca” a través de familiares, amigos y allegados. Luego,
la sanción en el año 2004 de la ley 9150 que crea un Registro Personal de
Poseedores en el ámbito provincial significó un verdadero impulso, ya que
estableció un nuevo marco legal en el cual apoyar y legitimar las tomas que
se venían realizando.
El mismo estado de abandono de los lotes explica que los conflictos por
la tenencia de la tierra no se plantearan con los dueños de acuerdo “a los
papeles”, tal como lo mencionan los entrevistados, sino con la intenden-
cia que hasta ese momento realizaba un uso político de los terrenos (los
alambraba para “preservarlos”), generalmente estableciendo un canje a
cambio del pago de los impuestos municipales o promesas en tiempos
electorales.
A raíz de esto, fueron frecuentes los enfrentamientos con la policía local, la
cual abusando de su poder llevó adelante todo tipo de acciones para impe-
GERARDO AVALLE, et al.
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STUDIA POLITICÆ
dir los nuevos asentamientos. Estas circunstancias de atropello y amedren-
tamiento constante por parte de las fuerzas de seguridad, operando bajo las
órdenes del poder político comunal, alertaron a los vecinos sobre la necesi-
dad de conformar un espacio de organización colectiva para defender, a
partir de una estrategia conjunta, los terrenos. De esta manera, nació la
“Asamblea de Poseedores de Solares de Icho Cruz”.
2.1. Trayectorias diversas que confluyen en un lugar común
Con el ánimo de presentar las trayectorias de nuestros entrevistados identi-
ficamos distintos aspectos que separamos en dos grupos. Cabe aclarar que
tal división sólo obedece a una finalidad analítica, ya que somos conscien-
tes de los profundos lazos de interdependencia existentes entre ellos. Esta
distinción responde a la estrategia cualitativa adoptada para el análisis de
los datos, la cual consiste en atender principalmente a las categorías emer-
gentes de los discursos para poder reconstruir de modo analítico la estruc-
tura argumentativa y simbólica sobre el espacio y el territorio.
2.1.1. Aspectos habitacionales y laborales
Antes de protagonizar las tomas, los entrevistados, en su mayoría, alquila-
ban una vivienda o bien gozaban de la posibilidad de continuar viviendo
en la casa familiar. En el caso de los primeros, el empobrecimiento paula-
tino —producto de un costo de vida en constante aumento— los obligó a
ir en búsqueda de alquileres cada vez más accesibles en zonas más aleja-
das de los centros urbanos, acordes con el descenso de su nivel adquisiti-
vo, hasta que llegó el momento en que ni siquiera esa mínima renta pudo
garantizarse.
La sensación que atravesaba cada vivencia era la de una creciente situación
de expulsión dentro de la estructura social, esto es, dejar de percibir una
serie de servicios, renunciar a la posibilidad de elegir dónde vivir, verse
impelidos a administrar los ingresos de modo tal que sólo podían “pagar un
alquiler”. Ese esfuerzo permanente por encontrar una solución dentro de la
legalidad los fue empujando hacia la periferia de la ciudad, donde la renta
por la vivienda es menor, los servicios básicos no llegan o están con tarifas
sociales
2
, etc.; en definitiva, un proceso de tránsito permanente que no
permite anclar los cuerpos a ningún territorio.
2
Tarifas de servicios públicos subsidiadas por el Estado para sectores desfavorecidos,
vulnerables o en emergencia habitacional.
61
“Nosotros vivíamos en Córdoba, en Nueva Córdoba
3
primero, después
pasamos a barrio Güemes. Siempre trabajando así... en cosas... él traba-
jaba en un bar, después trabajó en una empresa de limpieza, después en
una empresa de seguridad, así. Y trabajábamos los dos. Yo siempre hice
muchas artesanías, esas cosas... más trabajo por cuenta propia. Pero
igual, nosotros siempre donde estuvimos viviendo en pareja siempre al-
quilábamos, pagábamos alquiler... [...] y con el tema de los alquileres
nos tuvimos que ir yendo como más lejos del centro porque los alquileres
en el centro están más caros, así que ahí nos mudamos para la zona sur
de la ciudad, nos fuimos para Villa Libertador
4
, que era en ese momen-
to lo más barato en alquileres”.
Los que vivían en casas de sus familias corrieron con similar suerte. Las
dificultades económicas derivaron con el tiempo en una situación de haci-
namiento habitacional, donde confluían en un mismo espacio varias gene-
raciones de una misma familia. En ambas realidades, tuvieron la sensación
de llegar a un “límite”, el que la falta de opciones los había colocado en
una situación “bisagra” y que más abajo (dentro de la escala social) no se
podía caer.
“nosotros no teníamos un terreno propio, vivíamos con mi suegro en el
mismo terreno y... queríamos separarnos y buscar un lugar para vivir y
no nos alcanzaba la plata [...] y llegó un momento que nos teníamos que
ir de ese lugar y no teníamos dónde”.
“porque yo estoy viviendo en la casa de mi mamá que es un departa-
mento re chiquito, pero a su vez, mi vieja está viviendo con su pareja en
Rosario para que yo me pueda quedar con mi gordo... porque no entra-
mos todos. Y estas condiciones materiales que te determinan... es como
fuerte a la hora de tomar decisiones”.
La diversidad de experiencias e inscripciones también se hace presente en
el plano laboral. Del trabajo por cuenta propia, tanto artesanal y artístico
como en oficios (carpintería, electricidad, etc.) pasando por los empleos en
relación de dependencia formales o semiformales (fábricas, empresas de
servicios, docencia, coordinación de proyectos sociales, etc.) e informales
(limpieza doméstica, cuidado de niños, venta de ropa, etc.) hasta los pro-
gramas nacionales de asistencia social.
GERARDO AVALLE, et al.
3
Barrio céntrico de la ciudad de Córdoba, de alto poder adquisitivo, con emprendi-
mientos inmobiliarios crecientes y fuerte revalorización del precio del suelo.
4
Barrio más poblado de la ciudad, que concentra altos niveles de hacinamiento y po-
breza.
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62
STUDIA POLITICÆ
La imagen que mostraba el territorio a medida que lo íbamos recorriendo y
nos interiorizábamos en las historias personales, es la de una población ca-
racterizada por la itinerancia no sólo en lo que refiere a la residencia, sino
también al tránsito o la movilidad en los puestos o modalidades de trabajo.
El empleo registrado y fijo no aparece en la historia de ninguno de los resi-
dentes de Solares. El trabajo se naturaliza en el relato como una práctica
informal, breve, al que se acude como estrategia de subsistencia pero que
no otorga ninguna garantía ni seguridades. La literatura sobre las transfor-
maciones del mundo del trabajo es bien amplia en lo que refiere a la crisis
del salariado (Castel, 2006), la ruptura del imaginario laboral (Svampa,
2000), la estabilidad de los empleos (Gautie, 2004), y la capacidad del mis-
mo como organizador de la vida social (Antunes, 2005; Guadarrama, 2003;
Ciuffolini, 2010; Avalle, 2010)
5
.
2.1.2. Aspectos educativos y culturales
El nivel educativo de quienes protagonizan las tomas es, asimismo, un ele-
mento que merece ser destacado. Los relatos de vida incluyen el tránsito
por la educación superior (técnica/artística y universitaria) que en algunos
casos pudo ser finalizado o no, lo cual constituye un importante capital so-
cial. Además de la formación adquirida por medio de la educación formal,
otro aspecto que despierta interés en las historias personales es la participa-
ción previa en actividades sociales (centros comunitarios, promoción de la
salud, radios comunitarias, entre otros) y políticas (militancia en partidos
políticos y movimientos sociales). Dichas experiencias contribuyeron a ge-
nerar una voz y un criterio propio entre los/as entrevistados/as, ya que
como afirma uno de ellos “mucho de lo que uno es, obviamente, es por to-
dos los lugares por donde uno ha transitado”.
El nivel educativo de los/as entrevistadas/os se condice con los gustos y
preferencias culturales que aparecen en los relatos. Ambos aspectos pare-
cen encontrar una mejor correspondencia con sectores provenientes de la
“clase media” antes que con los sectores populares (Cerrutti y Grimson,
2004; Adamovsky, 2009). Uno de estos elementos es la necesidad de esca-
par de la ciudad y de todos sus atributos negativos —excesivamente pobla-
da, saturada, ruidosa, contaminada— en búsqueda de la tranquilidad y de
una mejor calidad de vida.
5
Respecto de este punto, los trabajos realizados en el marco del Colectivo de Investiga-
ción “El Llano en Llamas” dan cuenta de manera sustantiva sobre la crisis del trabajo en
los sectores populares. Ver AVALLE (2010), CIUFFOLINI (2011, 2008), CIUFFOLINI y SCAR-
PONETTI (2011).
63
En estos casos, participar de las tomas también fue producto de una elec-
ción de vida. A la par de estas consideraciones, se deja entrever una crítica
a la noción de progreso/desarrollo y a la sociedad de consumo hegemónica,
así como un deseo de proyectar la vida más allá del trabajo. El efecto ex-
pulsivo del sistema imperante es fuertemente denostado en los relatos, la
percepción objetiva de no encontrar lugar en el mundo laboral, en la vida
cotidiana, en la ciudad, se funde con la escena de la huida, la necesidad de
fugarse de toda esa dinámica que se torna opresiva para la vida; se huye
porque son expulsados, pero al mismo tiempo huyen de aquella lógica en la
que se ven inmersos los trabajadores precarios, las grandes urbes, la explo-
sión inmobiliaria, etc.
“claro, irse un poco de Córdoba porque Córdoba está saturado, satura-
do, no... yo hace rato me quería ir más tranquila, está muy saturado
Córdoba”.
“terminaba ahí y muchas veces tenía que tocar en alguna banda, des-
pués a laburar que también estaba ganando una bocha de guita, era
como que tenía un montón de cosas así, y sin embargo, eso, me di cuen-
ta que no me servía para nada, PARA NADA. Entonces, fue como que
bajé un par de cambios y dije «no quiero esto», está buenísimo pero, no
lo quiero. Y me vine acá y pasé el primer invierno ponele, hubo un par
de veces que sí, pasaba una semana que no tenía un mango, no tenía
nada para comer y hacía 6 meses atrás tenía ¡todo! Entonces, esa baja-
da de cambio fue complicada, pero estuvo re bueno. Estuvo re bueno
porque ahora volví un par de veces, bueno, vuelvo a visitar, qué se yo y
veo a mis amigos que siguen en la misma y no te voy a decir que me
quedo (...) me voy a mi casa a dormir (...) pero, no podría volver a aga-
rrar ese ritmo”.
“yo igualmente acá llegué como... huyendo de la ciudad; bueno, siempre
fue como mi proyecto irme de Buenos Aires, era terminar de estudiar, re-
cibirme, que mi pareja hiciera lo mismo y bueno, terminamos, huimos”.
El repaso por el conjunto de estos aspectos, deja al descubierto que entre
el par cultura/educación y las condiciones materiales de existencia, ejem-
plificadas a partir del par habitación/empleo hay un desanclaje. Si tener
trabajo, aun en condiciones formales, ya no da la garantía de poder acce-
der a una vivienda ni tampoco a la educación superior, otrora tan impor-
tante en la movilidad social argentina, queda claro que las estrategias dis-
ponibles para mejorar las condiciones de vida ya no son suficientes o
efectivas, al tiempo que advierten sobre su incapacidad para regular las
desigualdades sociales.
GERARDO AVALLE, et al.
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STUDIA POLITICÆ
El paso de la sociedad industrial con su correspondiente orden de clases a
una sociedad posindustrial donde todo es altamente flexible y móvil, impli-
có asimismo que se desdibujaran las “pertenencias” sociales construidas
sobre las anteriores bases (Offe, 1992; Virno, 2003; Gorz, 1980, 1993, Cas-
tel, 2001; Rosanvallón, 2004; Avalle, 2010; Ciuffolini, 2010). En este mar-
co, no es casual el efecto de “no pertenencia” que experimentan los habi-
tantes de la toma, al sentirse que ya no conforman ni la clase media, ni la
clase baja, ni ninguna clase. La sensación de no encajar en ninguna de
ellas, de haber perdido el lugar en la sociedad, pareciera estar diciéndonos
justamente esto: que la clase se torna un concepto de mucha robustez para
expresar las desigualdades. Al respecto diría Holloway (2004) que la clase,
más que una mera condición objetiva, refiere a la lucha por abolir esas con-
diciones la que le da todo su contenido. En ese sentido, una de las vecinas
señala:
“entonces te va excluyendo y de golpe estás excluido de todos lados, y
decís, ‘pará, a dónde pertenezco’, y sí, pertenezco a los que luchan, per-
tenezco a los sin tierra, y por eso estoy acá”.
Tampoco es casual la impresión que tuvimos al iniciar el trabajo de campo.
Aquello que se nos presentaba como una “mezcla” poco comprensible de
individuos con orígenes y trayectorias de clase diversas, de a poco va co-
brando sentido cuando lo ponemos en relación con las distintas transforma-
ciones que operaron en el plano estructural, entre ellas, sobre el mundo del
trabajo, esto es, lo que muchos autores han señalado respecto del proceso
de desclasificación experimentado a partir de las sucesivas crisis económi-
cas iniciadas en los años 70 a nivel global (Fitoussi y Rosanvallón, 2004),
junto con la implementación de políticas de libre mercado y creciente mer-
cantilización de las relaciones sociales (Offe, 1999; Salas, 2000).
3. Desde la tierra al espacio
La historia de cualquier habitante de Solares nos permite ahondar en el
concepto de dislocación. La presión provocada por condiciones de vida
precarias no dejó más opción ni elección que la calle como lugar de resi-
dencia. Esa condición de “sin lugar” permite pensar al territorio desde una
mirada no solamente espacial sino recuperar u otorgarle todo su valor sim-
bólico. Hablar de “tierra” no sólo como lugar físico, amplía la mirada a
aquellos relatos que hablan de una conexión con el territorio que se habita;
y pensar esos lugares como una construcción social, recupera esas expe-
riencias de encuentro con los otros y la instancia colectiva de “espacios” de
participación y lucha.
65
3.1. La expulsión y la dislocación
El proceso de desclasamiento y el desmoronamiento de los imaginarios que
sufrieron algunos de los poseedores, está vinculado con sujetos sucesiva-
mente dislocados. Por dislocación se intenta hacer patente la separación de
elementos distintos que formaban una unidad (sujetos y tierra). Esta sepa-
ración no señala el quiebre de un elemento, sino la separación de elemen-
tos en el lugar donde se articulan (territorio). También ella es producto de
un hecho traumático grave (la huida y la expulsión) que será a su vez pro-
ductora de todo un nuevo modo de estar. La faceta más aguda se muestra
cuando deja a los individuos sin un lugar donde estar, excluyéndolos así
del mundo, tanto en sentido físico como social.
“Miren, este muchacho que recién vino es el Negro y uno de los tantos
casos que nosotros tenemos como... eh... casos complicados, casos difí-
ciles eh... una vida de muy chico expulsado a la calle, drogadicto, la-
drón, bue... ¡tenía todos los atributos el pobre Negro! Hoy el Negro es
uno de nuestros mejores dirigentes. El negro hoy se te para, habla, el
Negro es un tipo que está empezando (-) terminando el secundario aho-
ra y todo eso es únicamente la posibilidad de acceder a la tierra ¡nada
más que eso! El tipo vio que tenía un lugar, una inclusión en el mundo y
ya no quiso ser el mismo negrito de (-) no, no, vos vieras”.
Sin embargo, ese proceso de configuración del mundo social, político y
cultural, encuentra una primera superficie de constitución, según emerge en
las entrevistas, en una materialidad concreta: la tierra. Este es el lugar, esa
racionalidad local, desde el cual se van a ir constituyendo subjetividades
individuales y colectivas. Es, entonces, en el “estar” en esa materialidad
concreta que empiezan a configurarse las prácticas sociales.
“como cuando llegué a este lugar, lo que tenía era que me gustaba eso,
la gente, no solamente el lugar físico, sino la gente, que había muchas
personas con un pensamiento más o menos para el mismo lado, con las
mismas intenciones, con las mismas necesidades, porque todo lo que ne-
cesitan es un lugar donde vivir, y bueno, el hecho de trabajar, que fun-
cione, hacer un lugar que tenga un espacio físico, que es la Cooperati-
va, donde pueden salir proyectos, a nivel cultural, y también de trabajo
y... y está, está como muy bueno eso, esa parte ¿no?”.
Esta relación que se establece entre tierra-lugar y espacios, y estos como
locus donde es posible desarrollar el trabajo, la política y el futuro, van a ir
dando por resultante una compleja dinámica de inclusión a partir de la
toma, y de exclusión donde el mercado, como dispositivo del poder, fun-
ciona como el lugar privilegiado de constitución de las posesiones y despo-
GERARDO AVALLE, et al.
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STUDIA POLITICÆ
sesiones no sólo de quienes tienen tierra-lugar y quienes no, sino entre
quienes tienen posibilidad de existencia y quienes son condenados a “vivir
a la intemperie”.
“el hecho de sacarte de un lugar, en donde estabas, que seguramente al-
quilabas, no podés alquilar más, te vas, moverte, sin nada, a la intempe-
rie, con chicos. Sabés lo que es empezar a vivir así, en esas condicio-
nes... sin baño, sin cocina, entonces en ese marco vos no entendés, no
comprendés la cuestión esta de qué son estos tipos, no tienen sangre, son
todos iguales”.
“A ver, la propiedad es una cosa que es el sostén de este sistema en el
que nos toca vivir ¿verdad? Ergo, hay una gran necesidad de ella por
un lado, y hay mucha... avaricia sobre ella, digamos, por decirte una
palabra. Los dos extremos ¿no es cierto? están los que no tienen donde
caerse muertos y necesitan urgentemente un cacho de tierra, un pedazo
para vivir, lo cual es un derecho humano básico ¿no? y están los que
hacen negocio, justamente con esos derechos humanos que son las vi-
viendas, el trabajo, con la salud, la educación”.
Estar a la intemperie, es no tener un refugio, un lugar donde ir. Es observar
cómo las instituciones estatales se suman a las dinámicas del mercado, para
continuar y profundizar ese proceso de dislocación. Estar excluido en la
concepción de los entrevistados, es justamente no tener lugar donde estar.
Sin lugar no hay espacio, y sin este no hay posibilidad ni de trabajo, ni de
política, ni de futuro. El recorrido que en un primer momento se presentó
como un fuerte proceso de desclasamiento, en la escucha atenta, empieza a
incorporar conceptos que permiten mostrarlo en todas sus dramáticas di-
mensiones.
“como el Estado en cierta forma no se hace cargo, el sistema no se hace
cargo, nosotros somos excluidos del sistema. Yo intenté, o sea, nosotros
con mi familia intentamos acceder a una vivienda y pagarla [...] viste
cuando vos decís ‘dios los cría, ellos se juntan y el viento los amonto-
na’, y bueno, nos amontonó en este caso acá... y yo es cierto, yo me sen-
tí excluida de un montón de... del sistema... nos pateaba para afuera, no
entrábamos ni en la clase media, ni en la media baja, ni en ninguna cla-
se, no existíamos”.
El desarraigo produce tal dislocamiento que la identidad de los sujetos se
ve fuertemente impactada, generando la imposibilidad de pensarse como
parte, no ya del sistema o del Estado, sino de una clase social determina-
da. Ser excluido además de lo ya dicho, implica no existir, no tener adon-
de ir. Empiezan a levantarse por doquier barreras de invisibilidad, que van
67
reforzando la idea de la inexistencia, de la no escucha, del aislamiento y la
soledad. Ello advierte sobre la etapa actual del mercado y el Estado, don-
de no se piensa ni proyecta frente a ciudadanos ni sujetos, sino a cuerpos
y cosas que deben ser administradas en-sobre el territorio (Foucault,
2006), y a partir de allí en los espacios donde las prácticas y los relatos se
construyen.
Frente a todo este proceso de dislocamiento los sujetos esgrimen diversas
respuestas. En general, estas se concentran en tres principales: la huida, el
asentamiento en una tierra-lugar, y por último, la constitución de espacios
donde sentir amparo. Algunas veces se observa una de estas respuestas
sola, y en otras, se presentan como un proceso que se prolonga: huida de la
ciudad o de la situación anterior; continuado de la toma de un terreno para
(re)construir la vida desde ese nuevo lugar; y posteriormente, desde el
asentamiento, desde el “estar” presente en la materialidad concreta de la
tierra-lugar, la lenta edificación de espacios laborales, culturales y políticos
desde los cuales se reconstruyen como individuos.
3.2. Huir y organizar
La idea de la huida se repite a lo largo de numerosas entrevistas, y se com-
prende aquí que no es casualidad. Frente a un mercado y un Estado guber-
namentalizado, que presenta como práctica preferencial de ejercicio de su
poder, el ordenar cuerpos y cosas en-sobre el territorio, recurrir a la huida
se presenta como un modo efectivo de disidencia, construyendo sujetos in-
aprehensibles y escurridizos a las dinámicas propias de este poder regula-
dor. Las ciudades, con su cuadrícula ordenada y su reticulación espacial,
serán el territorio predilecto de este nuevo poder regulatorio. Huir de la
ciudad es mucho más que escapar de un medio ambiente determinado, es la
posibilidad de desarrollar prácticas y lógicas diversas a las construidas des-
de el poder. La dislocación constante en que deben desarrollarse los sujetos
actuales, y luego del nuevo proceso de desanclaje que sufren al tener que
romper los lazos que los amarraban a un territorio determinado en las ciu-
dades, encuentra cierto refugio o amparo (dirá esta entrevistada) en el asen-
tamiento en la tierra-lugar.
“digamos que a nosotros nos recibió la tierra, nosotros sentimos que nos
recibió, por eso que le agradecimos en el momento que pisamos la tie-
rra, y yo creo que el lugar te recibe o te expulsa [...] Sentir que el lugar
te corresponde y vos también, que no viniste a invadir sino a adaptarte,
a respetarlo [...] es mágico, eso tiene como magia el valor de la tierra
(solloza) tiene el valor del espíritu de la tierra, y yo creo que el espíritu
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de la tierra ampara a todos sus hijos, que no quede ninguno desampara-
do, y siento que eso representa ese pedazo de tierra para nosotros (sollo-
za) y por eso creo que es auténtico, que es legítimo. No sé, vamos a dis-
cutir si es legal o no, pero que es legítimo es legítimo, yo lo siento así,
[...] tal vez, hoy estemos recuperando algo que ya era nuestro, en otro
tiempo y en otro espacio que era nuestro, y bueno, que tiene que ver con
esto, con luchar por los derechos de los que fueron expulsados, tal vez
en otro tiempo”.
Hay en ese proceso de re-arraigamiento una búsqueda por nuevas y alterna-
tivas formas de vivir, que excede la situación particular e inmediata de
quien decide “volver a la tierra”. Lo que se observa a lo largo de las entre-
vistas, es un complejo tejido témporo-espacial, que encuentra condensación
en-sobre la tierra-lugar. Se trata de sujetos sucesivamente dislocados, que
encuentran obturada la posibilidad de pensar(se) en continuidad histórica.
Sin embargo, el asentamiento en una tierra-lugar les permite la expansión
de la dimensión presente, y desde allí la reconstrucción y reflexión de un
pasado (del cual huyen), y la recuperación desde-en lo colectivo, en la
Asamblea, de la proyección y el futuro. Empieza a observarse la emergen-
cia de nuevos sujetos situados histórica y territorialmente.
“entonces esa es la discusión de base, nosotros no queremos únicamen-
te la toma de tierras, nosotros queremos generar un hábitat donde se
pueda vivir dignamente, con trabajo, con dignidad, entonces... eso gene-
ra (-) te digo, en esos términos lo hablamos con la gente de Sestopal (ex-
intendente de La Falda y legislador de Unión por Córdoba) cuando, yo
les comenté a ustedes que nos habían ofrecido si nos quedábamos piola
y no jodíamos más el 10 % de los terrenos blanqueados”.
El ámbito en-desde donde se despliegan las prácticas sociales, culturales y
políticas, adquirirá en el relato de los/as entrevistados/as la nominación de
un espacio concreto, la Asamblea. El mismo será el locus donde comenza-
rá un proceso de reconocimiento y construcción subjetiva que habilitará
una instancia donde el hacer, el trabajo, se vuelve articulador y disparador
de nuevas prácticas políticas, y desde-junto a las mismas, la posibilidad de
proyección de algún futuro posible.
“Hay poseedores más antiguos que van a la Asamblea en función de que
tienen un problema, una dificultad, una amenaza, o sea, la reconocen a
la Asamblea, no van a la Comuna, van a la Asamblea, ponele, si tienen
un problema de agua, de luz, entre otros vecinos, qué se yo, van al espa-
cio de la Asamblea y se sienten parte y se reconocen pero, la participa-
ción esta de tomar parte en la Asamblea, de tomar decisiones, no es así,
digamos, por eso digo, es como... no es tal, y no van a todas la reunio-
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nes, eh, pero sí se sienten parte, si están, nosotros los reconocemos y
ellos nos reconocen como parte”.
Sin embargo, lo que muestran los relatos de los/as entrevistados/as, es que
las categorías que van emergiendo, si bien representan momentos diversos
en la constitución subjetiva, tienen entre sí una fuerte co-implicancia, don-
de la tierra-lugar no puede pensarse de manera escindida de los diversos
espacios (lugar de la práctica política y el encuentro con el otro) que van
irguiéndose sobre el soporte material del lugar, donde lo político y lo terri-
torial se van confundiendo una y otra vez, mostrando que una modificación
en la estrategia de intervención y lugares de acción, implica también rom-
per con los límites territoriales propios.
“la Asamblea, que no tiene ninguna pertenencia partidaria, que fueron a
uno, quisieron ir al otro, y siempre, digo, evidentemente hay gente que
tiene como otras inquietudes, y otras necesidades de participación, y que
está bueno que esos espacios estén y sean optativos... y el que quiere lo
tiene, y el que no, no lo hace... eh... pero bueno, más allá de eso, yo creo
que la discusión que se plantea es que bueno, nuestra pelea es política.
Nosotros necesitamos insertarnos en espacios más políticos, y sobre
todo la definición de participar en estos espacios fue... por la necesidad
concreta de estar más acompañados, porque realmente, nosotros, llegó
un momento de... de conflicto donde sentimos que era necesario abrir-
nos a otros espacios, salir de las puertas de Icho Cruz, y dar a conocer
nuestra situación en la provincia”.
Es en el encuentro con los otros, y la lucha posterior, donde la experiencia
vital colectiva se irá reconstruyendo a partir de nuevas lógicas y prácticas.
Habrá en estos nuevos modos dos prácticas que emergen insistentemente,
y que si bien son concomitantes como dos caras del mismo proceso, res-
ponden a diversos frentes de batalla. Estas dinámicas serán: la recupera-
ción y la disputa.
La noción de recuperación encuentra como superficie de constitución a lu-
gares concretos, pero que inmediatamente son entendidos como espacios,
como lugares donde se libra una lucha política. La recuperación, en las en-
trevistas, se presenta como una lucha frente al afuera, frente a todo aquello
que les ha sido arrebatado. La toma de la tierra, de una plaza, de un galpón
para la Cooperativa, o de los “papeles” y el espacio legal, no es entendido,
en la lógica de los entrevistados, como un avance o una nueva situación,
sino como una recuperación de alguna situación anterior, no siempre histó-
ricamente determinada o determinable, pero sí existente a modo de falta ac-
tual. Hablar de recuperación implica hablar de falta, de algo despojado en
algún momento.
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“recuperar la Cooperativa de acá también, que era un cooperativa que
en términos de papeles, y a nivel legal había quedado así como abando-
nada y esto se empezó a recuperar y se puso en regla, y se reabrió una
sede que estuvo cerrada durante 5 años... este... que bueno, que yo creo
que más allá de los logros y de por ahí, lo que se hizo en concreto y lo
que no... todo eso fue demostrando que bueno, esta gente viene a labu-
rar por el barrio, a mejorar las cosas, por hacer, digo, a recuperar espa-
cios que estaban muertos”.
La otra dinámica identificada es la disputa. Esta no sucede hacia “un afue-
ra” del espacio, sino que la superficie de constitución es el propio espacio
asambleario u organizativo. La disputa sí habla de una situación nueva que
debe construirse, que va buscando sendas alternativas que no se erigen pa-
cíficamente, sino en tensión entre experiencias, modos de estar, e incluso
entre géneros. La disputa es el nombre que toma la tensión resultante del
encuentro entre distintos que intentan hacer de lo disperso y lo diverso un
nuevo espacio comunitario.
“por eso, hay como otra mezcla de cosas, y otras intencionalidades, me
parece... que no tengo claro cuáles son. En aquellos momentos sí... eh...
tuve esa sensación de disputar espacios de poder o de referencias, hoy
no sé si es eso realmente, pero bueno, estamos de nuevo como... es como
una cuestión cíclica que se repite... que bueno, que está bien, yo te digo
la verdad... he militado en otros espacios sociales... y estas cosas son
naturales, lamentablemente, porque es parte de la naturaleza humana”.
4. Conclusiones
La tierra como lugar de producción de identidades, de sujetos, aparece en
este trabajo como un factor explicativo del concepto ampliado de territorio.
Nuestra hipótesis de trabajo consistió en entender al territorio como entra-
mado de relaciones sociales que otorgan una significación común al espa-
cio que habitan, convirtiéndolo en un lugar de referencia individual y co-
lectiva.
La estrategia de análisis que hemos adoptado, consiste en una perspectiva
cualitativa que no permite extender nuestros resultados a un nivel poblacio-
nal. No podemos afirmar que la dinámica encontrada en esta toma de tie-
rras, constituya la característica sobresaliente de estos fenómenos sociales,
justamente porque la representatividad que nos aporta no proviene de su
naturaleza estadística. Pero la perspectiva cualitativa sí nos permitió recu-
perar la significatividad que tiene para el campo transdisciplinar de los es-
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tudios urbanos, el análisis de un caso de tomas de tierras desde este tipo de
abordajes. Principalmente porque nos permite incorporar nuevas categorías
para la comprensión de estos fenómenos urbanos y periurbanos.
Concretamente, lo que este trabajo nos permite recuperar para el debate
posterior es el carácter simbólico del territorio en tanto opera como organi-
zador social, al articular la espacialidad, lo físico, con lo colectivo e identi-
tario de quienes residen en esos mismos espacios.
Será justamente la tierra el lugar donde sujetos sucesivamente dislocados,
encuentran la posibilidad de anclarse y así construir una subjetividad posi-
ble. Frente a esto, las dinámicas propias del mercado y el Estado (que se
adhiere y continúa a las de aquel), funcionarán a modo de dosificador que
regula el par exclusión/inclusión. Por el contrario, los sujetos que se cons-
tituyen en “el estar” cimentan su posibilidad de inclusión y desarrollo, re-
curriendo a tres dinámicas novedosas y, entendemos aquí, propias de la eta-
pa actual: la huida, el asentamiento en una tierra-lugar, y por último, la
constitución de espacios donde sentir amparo. Estas pueden presentarse de
modo secuencial, o alguna de ellas de manera aislada.
Las tomas de tierras, se presentan como el puntapié que abre la posibilidad
de construir lugares distintos y diversos al hegemónico, y desde allí lograr
asentar espacios de relaciones sociales duraderos y enraizados, que permi-
ten afrontar un futuro posible. Ese encuentro con los otros, a la par que ge-
nera la posibilidad de un hacer, pensar y decir común, abre también nuevas
tensiones producto del encuentro de lo diverso.
Dos disputas fundamentales permitirán construir las subjetividades indivi-
duales y colectivas que se erguirán en los nuevos territorios que van sur-
giendo en cada nueva toma de tierra: la resolución de las tensiones entre los
criterios del mercado y el Estado versus la de los pobladores de las tomas de
tierra (es decir en la disputa entre exclusión/inclusión); y el modo en que se
desarrollen nuevos conflictos entre las propias dinámicas del encuentro de
las diversas identidades de los pobladores y las poblaciones.
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