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*
Doctora en Ciencias Sociales (UBA). Magister en Administración Pública (IIFAP-
UNC), Licenciada en Relaciones Internacionales (UCC). Directora del Colectivo de In-
vestigación “El Llano en Llamas”.
María Alejandra Ciuffolini
*
Resumen
Es relativamente escasa la producción y sistematización de abordajes
destinados a guiar las prácticas de investigación e intervención con
sectores sociales en situaciones de pobreza y muy alta vulnerabilidad
social. Cuando se trabaja con problemáticas tan complejas y angus-
tiantes como la pobreza, la exclusión, las formas de vida al margen
de la legalidad, las situaciones de calle, entre otras, se vuelve urgente
la necesidad de generar una instancia de intersección activa, crítica y
reflexiva con los sujetos y sus problemáticas, o en otras palabras, un
compromiso activo y político que nace y toma sentido desde las pro-
pias configuraciones socioterritoriales que ellos habitan. En este mar-
co, este artículo propone adentrarse en la también apremiante necesi-
dad de práctica reflexiva sobre las formas y modos de la
investigación social en el campo de los territorios populares como los
que construyen y sostienen las tomas de tierras urbanas. Es válido
aclarar que lo que este artículo presenta es el resultado de la sistema-
tización de acciones, saberes y prácticas colectivas que han guiado
nuestro trabajo de campo en el marco de numerosos proyectos de in-
vestigación y de intervención social en sectores populares de nuestras
ciudades.
Espacio y política: pensar, decir
y hacer investigación en
territorios populares
Código de referato: SP.174.XXIX.13.
STUDIA POLITICÆ Número 29 ~ otoño 2013
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
29 - otoño 2013
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STUDIA POLITICÆ
Palabras claves: métodos de investigación – tomas de tierras – territo-
rios populares
Abstract
The production and systematization of approaches designed to guide
research work with social sectors living in extremely poverty and high
vulnerability is relatively scarce. When working with such complex and
distressing issues as poverty, exclusion, illegal forms of life, street
people, etc., it becomes urgent an instance of intersection, critique and
reflection with these people and their problems; in other words, it is
compelling an active and political commitment which arises from those
social and territorial spaces. In this context, this article intends to make
an approach to this reflexive practice about the forms and modes of
social research in what we call popular territories, for example those
which build seizures of urban lands. This presentation is the result of a
collective systematization of actions, knowledge and practices that have
guided our field work in numerous research and social interventions in
popular sectors in our cities.
Key words: research methods – seizure of urban lands – popular
territories
1. Introducción
E
N la actualidad existe una significativa y variada producción biblio-
gráfica en relación a los estudios urbanos, sin embargo la particula-
ridad del enfoque que aquí se presenta radica en una comprensión
del espacio desde una perspectiva del poder y la resistencia. A distancia
de los clásicos estudios urbanos, este artículo se propone elaborar una
perspectiva teórico-metodológica para el análisis de las relaciones de po-
der y dominación en y del espacio, así como también las cada vez más
frecuentes formas de insubordinación y resistencia que frente a las mis-
mas se organizan.
Dirigidos desde la noción de territorio popular, proponemos dar cuenta de
la multidimensionalidad de los conflictos por el espacio; así como también,
las formas insurgentes que en la disputa por el mismo dan cuenta de una
transformación de sujetos, prácticas y saberes en procesos de resistencia y
los efectos de desestabilización sobre las actuales formas de exclusión, su-
jeción y violencia.
Cuando se trabaja con problemáticas tan complejas y angustiantes como la
pobreza, la exclusión, las formas de vida al margen de la legalidad, las si-
tuaciones de calle, entre otras, se vuelve necesario e inminente un compro-
13
miso activo y político con los sujetos y sus problemáticas, que nace y toma
sentido desde las propias configuraciones socioterritoriales que ellos y ellas
habitan. Y, por lo tanto, se trata de generar una instancia de intersección
activa, crítica y reflexiva entre investigación y comunidad, conocimiento y
praxis, o entre Universidad y Sociedad.
Este artículo parte de pensar específicamente los casos de tomas de tierras
en contextos urbanos que constituyen la plataforma de estudio de la mayo-
ría de los artículos presentados en esta compilación. Una lectura profunda
y política de estos análisis no deja de advertir en ellos una denuncia sobre
el contexto de urgencia, de absoluta precariedad y vulnerabilidad por el
que transitan —desde hace varias generaciones en algunos casos— muchos
de los protagonistas de los sucesos que relatan. Es que en Argentina, como
en la mayoría de los países de América Latina, el acceso a la tierra, la vi-
vienda y la ciudad es un problema acuciante para cada vez mayores franjas
de la población.
La nominación de estas cuestiones como temáticas públicas prioritarias se
podría indicar especialmente durante las décadas de 1950 y 1960, a partir
del éxodo masivo de población rural hacia las ciudades, lo cual dio lugar a
emplazamientos extremadamente precarios, conocidos como “villas mise-
rias”, “asentamientos de emergencia”, etc. De ese tiempo a esta parte, el fe-
nómeno de la (in)accesibilidad a la tierra, a la vivienda y a la ciudad no ha
dejado de incrementarse, consecuencia de las políticas económicas imple-
mentadas y sus numerosas crisis que han diversificado de manera extraor-
dinaria el tipo de población afectada.
Ya no se trata solamente de trabajadores rurales en busca de oportunidades
de vida en las grandes ciudades; también incluye, por ejemplo, a poblacio-
nes urbanas afectadas por procesos de movilidad descendente y de desafec-
tación de la dinámica social. En consecuencia, la problemática del acceso a
la tierra y a la vivienda es un tema que afecta cada vez a mayores porciones
de la población; pero, además, en nuestra realidad involucra un universo
cada vez más diverso si se atiende a las trayectorias de las personas que se
ven afectadas.
Estas características de masividad y multiplicidad del problema imponen
un tratamiento o un abordaje que supere, en primer lugar, las tradicionales
formas de análisis enfocadas especialmente en el registro cuantitativo y
precodificado de poblaciones afectadas y sus características. Nos exige
disponer de matrices o perfiles que permitan analizar los criterios sociales,
políticos e institucionales específicos que en cada lugar hacen a determi-
nadas formas de manifestación o expresión de esa situación. Asimismo, se
vuelve necesario definir modos de trabajo que registren los aspectos sub-
MARÍA ALEJANDRA CIUFFOLINI
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STUDIA POLITICÆ
jetivos y las experiencias de las personas en situación de pobreza y vulne-
rabilidad habitacional. Por último, un programa de estudio como el que se
propone no sólo involucra nuestro conocimiento, también requiere una
comprensión de la tarea científica como una acción práctica e ideológica-
mente dispuesta a modificar el contexto y propiciar nuevas experiencias
de vida.
Contribuyendo a la fundamentación de lo anterior, este artículo propone
adentrarse en la también apremiante necesidad de práctica reflexiva sobre
las formas y modos de la investigación social en el campo de los territo-
rios populares como los que construyen y sostienen las tomas de tierras
urbanas. Es válido aclarar que lo que este artículo presenta es el resultado
de la sistematización de acciones, saberes y prácticas colectivas que han
guiado nuestro trabajo de campo en el marco de numerosos proyectos de
investigación y de intervención social en sectores populares de nuestras
ciudades
1
.
Brevemente, esta publicación se organiza en cinco apartados que preten-
den delinear algunos ejes reflexivos sobre la práctica de nuestras investi-
gaciones. El primero problematiza aquel lugar que contiene nuestra prácti-
ca de investigación: el territorio y el paradigma político-urbano-policial
que rige en este; el segundo, trata sobre las luchas y resistencias que se
organizan desde el espacio y su devenir territorios; el tercero, aborda el
1
Además del proyecto al cual específicamente se refieren los artículos de esta compila-
ción, “Apropiación/expropiación de territorialidades sociales. Análisis comparativo de
procesos de erradicación/relocalización de sectores sociales empobrecidos, en ciudades
argentinas” (UNMdP- PICT-FonCyT), el Colectivo “El Llano en Llamas” ha llevado a
cabo los siguientes proyectos de investigación sobre y en territorios populares en los úl-
timos años: “Territorios en Disputa. Un estudio sobre los conflictos territoriales urbanos
y rurales en la Provincia de Córdoba” (UCC-UNC, 2011-2014); “Cuando lo cotidiano se
vuelve trágico: riesgo y seguridad en los procesos de relocalización territorial en la Ciu-
dad de Córdoba” (SECyT-UNC, 2010-2011); “La construcción política de la desigual-
dad: Pobreza y Sexualidad en las políticas públicas de la Provincia de Córdoba” (Min-
CyT Córdoba, 2009-2011); “Relocalización territorial, conflictividad social y procesos
de subjetividad política” (UNC, 2008-2009); “El Llano en Llamas: luchas sociales urba-
nas y rurales en la Córdoba de hoy” (MinCyt Córdoba, 2007-2005). Además, también
este artículo refleja los procesos de trabajo en los proyectos de Extensión Universitaria o
de Intervención Social Universitaria: “Del conflicto con la ley a la ciudadanía: talleres
de formación con jóvenes de Barrio Güemes y Villa La Lonja” (UCC, 2010-2012);
“Apoyo integral a jóvenes de sectores populares para la inclusión educativa” (UNC,
2010-2011); “Colectivo Villa Los Galpones, La Lonja y General Savio” (UCC, 2007-
2009).
15
modo en que son analizados los textos producidos en “campo”; y para fi-
nalizar recapitulamos y reflexionamos a modo de conclusión.
2. Espacio y política: el despliegue del paradigma de la seguridad
Como dice Cavalletti citando a Carl Schmitt “no existen ideas políticas sin
un espacio al cual sean referibles, ni espacios o principios espaciales a los
que no correspondan ideas políticas” (2013:7). Por lo tanto, diseñar un
proyecto de investigación empírica, en el campo popular, exige pensar las
herramientas metodológicas que hacen aprehensible la complejidad de tal
entramado. La idea de que no existe territorio sin referencia a ideas y vi-
ceversa, resalta el carácter semántico del espacio, es decir se trata de un
lugar significado, y para ser más precisos, un lugar en el que las significa-
ciones se encuentran —al constituirse desde y constituir relaciones socia-
les desiguales— claramente en conflicto.
El espacio es entonces un lugar de disputa, en él se despliegan acciones
y sentidos que lo diagraman tanto desde “el poder” cuanto desde las re-
sistencias que se le oponen. El territorio es función y resultado de dispo-
sitivos de poder y por lo tanto de dispositivos de sentido que determinan
formas y posibilidades de circulación y localización de cosas y sujetos.
Por lo tanto y como bien lo enunció Lefebvre (1974), el espacio ha sido
siempre político, no se trata de algo geométrico, neutro u objetivo, sino
muy por el contrario es un elemento contradictorio, enajenante, enajena-
do, desapropiado y apropiado, etc., y consecuentemente una dimensión
central en la producción y reproducción de las relaciones sociales anta-
gónicas.
La condensación de estrategias de poder y resistencias hacen a la parti-
cularidad de cada espacio, pero también informan respecto del entrama-
do de relaciones más amplio y complejo en el cual ese espacio está in-
serto. Por lo tanto y como decíamos un poco más arriba, el espacio se
configura y en él se configuran y reproducen relaciones y sentidos socia-
les en conflicto. Estas circunstancias refieren, entonces, al espacio como
un lugar de contradicciones y fragmentación en el que miedos, aspira-
ciones y proyectos se enfrentan a lo largo de las líneas de antagonismos
sociales.
Así visto el espacio pierde esa condición de homogeneidad, de normalidad
y consenso
2
que se postula como ideario e ideal en las sociedades demo-
MARÍA ALEJANDRA CIUFFOLINI
2
Un tratamiento detallado sobre esto se encuentra en CIUFFOLINI (2009).
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STUDIA POLITICÆ
cráticas contemporáneas. Ese imaginario construido por dispositivos tales
como el derecho
3
, la educación
4
, la seguridad
5
—entre otros—, son me-
canismos a partir de los cuales se normaliza y se producen específicas rela-
ciones entre cuerpos, acciones y espacios. La idea de orden y ordenamien-
to —conceptos muy usados en el discurso político, policial y urbanístico—
ha sido el paradigma que ha guiado el emplazamiento de las cosas y las
personas, las formas de circulación, consumo, etc.; al tiempo que, como
dice De Certau (2008), han “urbanizado” el lenguaje del poder. El énfasis
dado en cada tiempo y lugar a determinados dispositivos/saberes —sanita-
rios, arquitectónicos, jurídicos, educativos, etc.— es consecuencia del mo-
vimiento complejo de reproducción de las relaciones de producción en
contextos de alta incertidumbre y contradicción. Esa combinación entre ca-
rencia de certezas y tensiones, implica como bien dice Lefebvre (1974), un
uso perpetuo de la violencia.
La idea de orden se realiza en el presente, como quizá nunca antes, dirigi-
da por el dispositivo del control y la seguridad. La violencia materialmen-
te ejercida en el espacio, es efectivamente intensificada en algunos lugares
y tiempos, en algunas “zonas” de la ciudad. Particularmente, el espacio
público como los lugares de residencia de los sectores populares se ven
atravesados y organizados por formas de violencia, cuyo rasgo saliente es
la incertidumbre de sus límites y sentidos, por un lado; y en consecuencia,
por otro, la situación de precariedad de la vida. En el espacio fragmentado
y caótico resultante de las formas de apropiación privada de generaciones
colectivas; poblaciones excedentes y marginadas, pero al mismo tiempo
3
El problema del derecho en sus dos dimensiones: elemento de violencia siempre pre-
sente dentro del hecho mismo de su imposición (o “fuerza de ley”), y desarrollo de una
violencia legal, codificada, de un derecho de ejercer la violencia. De un lado, es la anti-
nomia clásica resultante del hecho de que el poder del Estado posee el monopolio de la
violencia, de las armas (o de ciertas categorías de armas, con las considerables variacio-
nes de tiempo y lugar...), en resumen, del hecho de que sustrae de la “sociedad” la vio-
lencia y los medios de la violencia, tomándolos para sí mismo y sobre sí mismo. El sen-
tido y las formas de esta antinomia, los misterios teológicos y políticos que ella entraña,
han sido discutidos de Hobbes a Kant, de Weber a Derrida (BALIBAR, 1996).
4
“Todo proceso de educación elemental, en efecto, es una manera de integrar a los in-
dividuos en la estructura de la «hegemonía». Esta consiste no solamente en una normali-
zación de los sujetos, sino en una fabricación de su normalidad de modo que contenga
los valores, los ideales de la sociedad”, dice BALIBAR (1996:10).
5
Dice CAVALLETTI (2013:97) “la historia del biopoder enseña que el paradigma de la se-
guridad en el que se basan incluso los actuales dispositivos de control actúa proyectando
un variado espectro de temores: gobernar significa gestionar los deseos infundiendo los
miedos, separar pues de nuestras vidas la fantasmagoría de una existencia deseable o, es
lo mismo, temible”.
17
confinadas a la interioridad del mercado, tiene a la violencia como meca-
nismo privilegiado de producción del orden. Decíamos que esta se refuer-
za específicamente en el espacio público a través de un conjunto de con-
troles que restringen el ingreso y la circulación de algunos sectores
sociales por determinados circuitos de las ciudades. Al tiempo que se de-
safecta de las relaciones sociales y de producción —desempleo, subem-
pleo, lugares para habitar, etc.— a contingentes cada vez más amplios de
la población, que quedan en esa situación ambigua de un estar afuera inte-
riorizado, pues están afuera de las relaciones sociales y productivas que
hacen a la vida en sociedad pero permanecen al interior de la misma por
el frágil y complejo vínculo del mercado
6
. Se trata entonces de una impo-
sibilidad de la vida, pues es imposible la exterioridad a las lógicas del
consumo y el mercado, al tiempo que es igualmente imposible la inclusión
a través de la ciudadanía, la pertenencia y la identidad urbana (Harvey,
2008).
Tal es la contradicción que hace a la reproducción del capital en el presen-
te. La centralidad del espacio urbano en la reproducción del mismo condu-
ce inexorablemente a la constitución de un espacio caótico, fragmentado,
excluyente, en el que son los pobres y los marginados del poder político/
económico quienes sufren primero y en mayor medida las consecuencias
de este proceso (Harvey, 2008); y son también estos segmentos a los que
—como decíamos más arriba— se dirige con mayor intensidad el disposi-
tivo ordenador de la violencia.
El principal esquema lógico y retórico que sirve para legitimar la violencia
es el de contraviolencia preventiva
7
, el cual se despliega y fundamenta en
una construcción emblemática y fetichista de la inseguridad como proble-
mática endémica de las ciudades. El poder organizado a sí mismo como
contraviolencia preventiva tiene incontestablemente necesidad de: por un
lado, conocimientos sobre la violencia (tipologías jurídicas, explicaciones y
escenarios sociológicos y psicológicos, estadísticas de su progresión o de
su retroceso, etc.); y por otro, del saber de tecnócratas, constructores, arqui-
tectos, promotores, que informan sobre las características de la espaciali-
dad, sus ritmos, flujos, zonas valiosas y depreciadas, etc. Sin esta informa-
MARÍA ALEJANDRA CIUFFOLINI
6
Marx pensaba que el desempleo cíclico era aprovechado por el capitalismo para hacer
bajar el precio del trabajo y reactivar la acumulación. Él lo pensaba “dialécticamente”
como límite del capitalismo, dando testimonio de la necesidad histórica de otra organi-
zación social del trabajo. El no preveía una situación dentro de la cual millones de hom-
bres sobrantes son a la vez excluidos de la actividad y mantenidos en el interior de los
límites del mercado.
7
Concepto retomado de BALIBAR (1996).
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STUDIA POLITICÆ
8
En un sentido semejante ZIBECHI afirma que “la arquitectura y el aparato policial se
han fusionado” (2008:134).
9
En la provincia de Córdoba, Argentina, la enumeración de ejemplos podría incluir
desde la construcción de los “Barrios-Ciudades” – Plan de Rehabilitación Habitacional
de Poblaciones Vulnerables: “Programa Mi Casa Mi Vida”. Un análisis profundo sobre
esta política ha sido expuesto en dos publicaciones anteriores del Colectivo de Investi-
gación “El Llano en Llamas”: SCARPONETTI y CIUFFOLINI (2011) y CIUFFOLINI y NÚÑEZ
(2011), hasta el aumento constante del número de efectivos policiales —entre los años
2004 y 2014 se duplicó la cantidad de efectivos policiales en la provincia—. La amalga-
ma entre arquitectura y aparato policial se vuelve un proyecto de planificación urbana
con miras a garantizar “la paz y el orden” para determinados sectores de la sociedad (JOB
y FERRERO 2011A, 2011B).
ción el paradigma de la seguridad no puede desplegarse en su trinidad ope-
rativa político-urbano-policial
8
.
3. Del espacio al territorio: resistencia y organización
Las formas espaciales de nuestras ciudades se caracterizan cada vez más
por fragmentos fortificados, comunidades valladas y espacios públicos
privatizados sometidos a constante vigilancia
9
. Tal diseño, producto de la
operatoria combinada del capital y la trinidad operativa político-urbano-
policial, se expresa, además, en una reconfiguración de las relaciones de
clase. Las clases y sus luchas no tienen lugar dentro de las formas cons-
tituidas en las relaciones sociales capitalistas; por el contrario, la consti-
tución de aquéllas es en sí misma lucha de clases. Esto nos lleva a un
concepto mucho más rico de la lucha de clases en el que la totalidad de
las prácticas sociales está en juego. Toda práctica social es un incesante
antagonismo entre la sujeción de la práctica a las formas fetichizadas,
clasificadores del capitalismo, y el intento de oponerse y deshacer dichas
formas a favor de otras nuevas. De ello se sigue pensar a las luchas ac-
tuales por el acceso y uso de la ciudad y la tierra como métodos que de-
safían las formas clasificatorias diagramadas por el dispositivo político-
urbano-policial en combinación con los intereses del capital. Mientras tal
dispositivo produce población excedente, desplazamientos masivos de
sectores empobrecidos a los márgenes de las ciudades, desposesión y
desalojos de tradicionales espacios de vida de los pobres, restricciones de
circulación de los mismos por vigilados circuitos de las ciudades, etc.;
desde los espacios populares emergen dos tipos de reacciones diametral-
mente opuestas: por un lado, se observan tanto acciones de retraimiento y
ghetificación, como procesos de desafectación de las normas y reglas
19
(delincuencia, marginación, etc.); pero, y en forma cada vez mayor, van
tomando cuerpo —en los cuerpos— acciones de resistencia y organiza-
ción comunitaria y política.
En este último caso emergen sujetos que luchan, que construyen su noso-
tros desde los territorios de resistencia: resignifican los territorios, los
constituyen en espacios de propiedad colectiva, reconstruyen sus calles
como espacios de reunión, o sus esquinas y paredes como la expresión de
una identidad colectiva consumada en el territorio.
La resistencia se inicia de manera espontánea y como una reacción a los
procesos de expulsión-exclusión, en algunos casos condensada en esa sola
acción de protesta, y en otros abierta a instancias de organización y lucha
popular. En estos últimos, aquello que comienza con el rechazo y la protes-
ta da paso, luego, a la organización. Darse una organización implica asumir
un proceso complejo en el que se buscan respuestas y acuerdos en relación
a las formas de estar y habitar el espacio, tanto barrial como ciudadano. De
allí que las acciones de resistencia y lucha involucren tanto cuestiones es-
tratégicas en relación a los conflictos, así como también un dificultoso pro-
ceso de reformulación de los sentidos y relaciones que construyen y se
construyen en el espacio.
El tránsito del espacio al territorio podría conceptualizarse como un pro-
ceso de politización y apropiación del espacio del hábitat. Tal proceso se
despliega con las luchas por el territorio cuyo frente externo está dado
por el antagonismo y rechazo de las intervenciones y modulaciones sobre
el espacio impuestas por los dispositivos económicos y político-urbano-
policiales; a su interior, por otro lado significan una tarea de transforma-
ción de las relaciones sociales, los sentidos y las prácticas a través de las
cuales se produce e inventa desde la resistencia un “otro” estar y hacer el
habitar, es decir, un proceso de apropiación y subjetividad.
Para nosotros esta politización de la experiencia y relaciones en el territo-
rio, es un proceso de clase; si bien pivotea en las relaciones de dominación
del espacio, involucra también a las relaciones de explotación, exclusión,
desapropiación y marginación. Visto así, el territorio popular es un escena-
rio complejo pues está atravesado por las relaciones de poder dominante;
por las relaciones sociales que se están generando como diferentes y en
disputa con las primeras; y por las prácticas y sentidos que refieren a una y
otras. De allí que el territorio popular como espacialidad insubordinada re-
quiera mecanismos de investigación y trabajo capaces de dar cuenta de esa
situación de espacios en procesos, cuyo devenir y fortuna está en perma-
nente construcción y riesgo.
MARÍA ALEJANDRA CIUFFOLINI
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4. Sobre el análisis discursivo de las resistencias territoriales
10
Es conveniente empezar por esclarecer el modo en que concebimos las ac-
tuales luchas desde y por el territorio. Las luchas importan aquí en su di-
mensión efectual
11
y discursiva. Es decir el fenómeno es tanto el evento
observable y registrable a partir de sus características, sujetos, prácticas,
etc.; como también, el modo en que estas son edificadas y constituidas en
los discursos que surgen de las entrevistas. De esta manera lo observable
tiene una doble dimensión: la de efectuación de las luchas y el espacio dis-
cursivo que se opera en y desde ellas.
Respecto de la primera dimensión existen un conjunto de estrategias de
observación clásicas cuya pertinencia y propiedad no presenta mayores
discusiones. En cambio sobre la segunda, menos explorada y debatida, es
preciso detenerse y por lo tanto será el objeto de este apartado. Cuando se
trabaja con técnicas cualitativas como las entrevistas en profundidad y
análisis de documentos escritos, se produce y analiza discursos. El discur-
so es acontecimiento en forma de lenguaje. Cuatro rasgos: 1) El discurso
se realiza siempre temporalmente y en un presente —Benveniste se refie-
re a esta situación como instancia del discurso—. 2) Mientras que la len-
gua carece de sujeto, el discurso remite a quien lo pronuncia a un conjun-
to complejo de embragues, tales como los pronombres personales. 3)
Mientras los signos de la lengua sólo se refieren a otros signos dentro del
marco del mismo sistema, y por lo tanto este prescinde de temporalidad y
subjetividad, el discurso remite siempre a algo. Se refiere a un mundo que
pretende describir, expresar o representar. 4) Sólo el discurso tiene, no
únicamente un mundo, sino un otro, un interlocutor al cual está dirigido
(Ricœur, 1986).
La prioridad del discurso en el análisis de las luchas territoriales obedece
a que para que un grupo se reconozca y determine a sí mismo, se exigen
conceptos si es que quiere aparecer como una unidad de acción. Una uni-
dad social o política de acción se constituye sólo mediante conceptos en
virtud de los cuales se delimita y excluye a otras, es decir, en virtud de los
10
Las prácticas y los saberes territoriales, así como la cuestión de pensar el problema
de investigación y la “entrada” en el campo, son dos aspectos que no abordamos en este
artículo, dado que los hemos desarrollado extensamente en un texto previo, “Escribir las
prácticas. Una propuesta metodológica para investigaciones de Extensión o Responsabi-
lidad Social Universitaria” (CIUFFOLINI et al., 2013).
11
Al respecto, las técnicas cuantitativas que permiten una sólida caracterización de los
sujetos, los problemas, las estrategias y ciclos de protestas están más difundidas y vali-
dadas.
21
cuales se determina a sí misma. En ese sentido es que lenguaje y política
son co-extensivos, indiscernibles, lógicamente equivalentes (Virno, 2004),
es decir, imposibles de pensar uno sin el otro. Esta indisociabilidad
12
en-
tre lenguaje y acción política, hace posible que un grupo se reconozca y
sea reconocido como una unidad de acción; y también opera de manera
relacional y agonal respecto de otros.
Las luchas, en tanto acción significativa, son un objeto para la ciencia sólo
bajo la condición de un tipo de objetivación equivalente a la fijación del
discurso por la escritura. Esta objetivación se hace posible por algunos ras-
gos internos de la acción, que son similares a la estructura del acto de habla
y que transforman el hacer en una suerte de enunciación (Ricœur, 1986).
Se puede enunciar la distinción entre estados, actividades y realizaciones
de acuerdo con el comportamiento de los tiempos de los verbos de acción,
que asignan rasgos temporales específicos de la propia acción (Ricœur,
1986). En el intercambio del habla, los hablantes están en presencia mutua,
pero también están presentes la situación, el ambiente, el medio circunstan-
cial del discurso. Así, en el habla viva, el sentido ideal de lo que se dice se
inclina hacia la referencia real
13
, hacia aquello sobre lo cual se habla. Pues
si se ha comenzado a hablar en términos de acción, se continuará hablando
en términos de proyectos, intenciones, motivos, razones para actuar, agen-
tes, etc. (Ricœur, 1986). El habla entonces tiende a confundirse o se une al
gesto de mostrar, de hacer ver. Por lo tanto, las luchas no son sólo sucesos,
algo que ocurre, sino que se forjan y hacen ver a través de sus componen-
tes narrativos.
Para finalizar sólo cabe decir que si bien es cierto que siempre hay más de
una manera de interpretar un texto, no es verdad que todas las interpreta-
ciones son equivalentes y que corresponden a lo que se llama reglas em-
píricas. El discurso está bien equipado para hacer el anclaje al mundo a
partir de demostrativos, adverbios de tiempo y lugar, pronombres persona-
les, tiempos de verbo. En general, todos los deícticos y ostensivos sirven
para anclar el discurso. El trabajo artesanal de lectura y análisis que esto
implica, cuenta hoy con un potente instrumental informático para su asis-
tencia, y recalcamos esta condición de asistencia pues por sí mismos nada
aportarían más allá de conteos numéricos de conceptos y relaciones.
MARÍA ALEJANDRA CIUFFOLINI
12
Esta posición ha sido planteada y resuelta de manera diferente por autores como
Chomsky, Foucault, Ricœur y Virno entre otros.
13
El discurso significa plenamente, esto es se encuentra vinculado al mundo. Es decir
obedece a la función referencial del discurso, que tiene por objetivo decir algo verdade-
ro o algo real (RICŒUR, 1986).
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5. Reflexiones finales
Este artículo ha intentado comenzar una reflexión abierta sobre las dificul-
tades, tensiones, propiedades y desafíos de la práctica de investigación en
lo que hemos llamado territorios populares. Si bien es cierto que siempre
hay más de una manera de interpretar o comprender una realidad o fenóme-
no social, como ya recalcamos, no es verdad que todas las interpretaciones
son equivalentes y que corresponden a lo que se llama reglas empíricas; pa-
rafraseando a Ricœur (1986), un texto siempre es un campo limitado de in-
terpretaciones posibles. Si a esto sumamos el desafío de asir aquello que se
halla fuera de los límites del conocimiento, nos vemos enfrentados a una
enorme exigencia que requiere deshacernos, o al menos suspender en el
momento de conocimiento, de aquellas certezas adquiridas en el largo pro-
ceso más clásico de formación conceptual y metodológica.
Aceptar el reto, implica, en primera instancia, inclinarnos por un diseño
de investigación que permita prescindir del recurso al sistema axiomático
conocido y dispuesto a ser confirmado, y adoptar en su lugar un esquema
de investigación abierto a la complejidad y el dinamismo de la acción o
fenómenos, sin que ello vaya en desmedro de su rigurosidad y calidad.
Aproximarnos a un objeto sin atarnos a un marco conceptual preestableci-
do implica una inversión de la carga en el diseño corriente de los proyec-
tos de investigación. En vez de enfatizar el diseño conceptual e hipotético,
esta propuesta de trabajo requiere como punto de partida de al menos una
estrategia reflexionada de construcción metodológica, en la que las técni-
cas e instrumentos para construir los datos e información se vuelven pie-
zas claves.
Al respecto, y como argumentamos en el último apartado, la combinación
de técnicas cuantitativas con estrategias cualitativas de construcción y aná-
lisis de los datos se vuelven centrales. Para el tratamiento de procesos con-
flictivos, la reconstrucción de la historia, la subjetividad y la acción consi-
deramos de una potencia indiscutible el análisis del discurso. Pues allí se
puede no sólo dar cuenta de lo que sucede, sino también involucrar la voz
de los vecinos en lucha, y en especial su potencia para producir nuevas ca-
tegorías conceptuales que colaboren y refuercen o bien discutan con los
marcos teóricos existentes.
Pero, además, para nosotros lo metodológico involucra recuperar los espa-
cios de la vida cotidiana como clave para el estudio de estos territorios po-
pulares. Las reflexiones aquí presentes son el ejercicio de una práctica ne-
cesaria que parte de la opción política que vamos construyendo y que
implica el recupero de la historia personal y social: recuperar el territorio,
los sujetos y sus procesos de resistencia y lucha. Ello implica darle el signi-
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ficado que el territorio tiene más allá de ser un punto en el mapa, apreciar
su sentido político, aquel que los sujetos le imprimen con cada una de sus
acciones, con cada uno de sus vínculos, con sus proyectos de vida, tanto in-
dividuales como colectivos.
Este enfoque enfatiza los microprocesos y, por ello, puede ser objetado por
particularista y reduccionista. No obstante, creemos que su aporte es sus-
tantivo dada la densidad y profundidad que provee para pensar modelos
conceptuales heurísticos. Ciertamente también puede objetarse el valor de
estas perspectivas micro para brindar información y conocimiento sobre
procesos más amplios, pero en este aspecto consideramos que el uso de di-
seños comparativos que sean capaces de dar cuenta de los aspectos comu-
nes y específicos de cada caso, permitirían resolver dicha limitación.
En definitiva, frente a ese pensamiento tranquilizador y conformista que
suele regir en la academia y también en la sociedad, se erige este otro que
desde la articulación de voces y prácticas en una situación de igualdad y
solidaridad se propone la inquietud, como posibilidad y crítica, y en conse-
cuencia como disposición para la creación, la reflexión y la transformación.
Y lo más importante, es reconocer que ahora nosotros —en nuestro rol de
académicos, estudiantes, docentes, vecinos de otros barrios— también so-
mos parte de esa territorialidad porque aportamos a la construcción de
aquello que la constituye. Formamos parte de ese sustrato intersubjetivo
desde el cual creemos que podemos contribuir a crear “otras seguridades”
y certezas que dan vida a un mundo de caminos que cuando no parecen es-
fumarse como por arte de magia, parecen ser arrancados o robados de
nuestras propias manos.
En el fondo, se trata de interrogarse acerca del qué hacer con lo que sabe-
mos, acerca de las implicancias de lo que hacemos, y acerca de qué hace-
mos para conocer. Estos tres órdenes de interrogación atraviesan los actua-
les debates en la filosofía de la ciencia, y a la vez que denuncian cegueras,
alientan oportunidades. Se trata de desafíos pendientes que requieren deba-
tes y acciones urgentes por escribir las prácticas de la ciencia, la investiga-
ción y la política desde un paradigma de inclusión, igualdad y justicia.
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