Ensayo
ERNESTO LACLAU, EL POPULISMO LATINOAMERICANO Y LOS INTELECTUA-
LES PROGRESISTAS
Una breve nota sobre un tema incómodo
Por: H. C. F. Mansilla1
Los estudios favorables al populismo, que a comienzos del siglo XXI eran una verdadera
legión (Gaete, 2007; Miguens y Turner, 1988; Panizza, 2005), atribuyen una relevancia
excesiva a los (modestos) intentos de los regímenes populistas por integrar a los explotados
y discriminados, a las etnias indígenas y a los llamados movimientos sociales dentro de la
nación respectiva. Resumiendo toda caracterización ulterior, cabe señalar aquí que estos es-
tudios presuponen, de modo acrítico, que las intenciones y los programas de los gobiernos
populistas se corresponden directamente con la realidad cotidiana de los países respectivos.
Es decir, los análisis proclives al populismo desatienden la compleja dialéctica entre teoría
y praxis y confunden, a veces deliberadamente, la diferencia entre proyecto y realidad.
En el contexto de estos estudios se puede constatar una cierta uniformidad desde la sencilla
apología socialista de Heinz Dieterich (2001, 2002, 2005) hasta los estudios sosticados
de Ernesto Laclau (2006, 2008). El esfuerzo teórico de Heinz Dieterich —que se distingue
por una cierta ingenuidad— tiene el propósito de construir una defensa cerrada del per-
sonalismo de los caudillos, aseverando que estos encarnan fehacientemente una voluntad
democrática clara y sin mácula, adecuada a las necesidades contemporáneas de los pueblos
latinoamericanos, y que se diferenciaría de manera inequívoca de la democracia liberal, re-
presentativa y pluralista, presunta fuente de contubernios y engaños. La democracia directa
y participativa, basada en plebiscitos y elecciones permanentes, estaría fundamentada en
un sujeto colectivo responsable, activo y autónomo, aunque, al mismo tiempo, Dieterich
(2005: p. 110) destaca y justica por diversos medios la gura decisiva y omnipotente del
caudillo2. Esta concepción personalista conlleva una marcada devaluación del rol de las
clases sociales, las instituciones estatales y la opinión pública basada en el discurso libre
y argumentativo. La teoría de Dieterich (2005: p. 94, 103) se apoya en una curiosa exé-
gesis de los cimientos económicos del marxismo y, simultáneamente, este autor asume la
http://dx.doi.org/10.22529/sp.2025.63.05
1 H. C. F. Mansilla, nacido en La Plata / Buenos Aires en 1942. Ciudadanías argentina y
boliviana de nacimiento. Estudió Ciencias Políticas y Filosofía en la Universidad Libre de
Berlín, donde obtuvo una Maestría en Ciencias Políticas (Mag. rer. pol.), un Doctorado en
Filosofía (Dr. phil.) y la venia legendi (Postdoctorado). Miembro de número de la Acade-
mia de Ciencias de Bolivia y miembro correspondiente de la Real Academia Española.
Código ORCID: 0000-0003-0232-3404.
2 Muy similar a la concepción de Ernesto Laclau (2005) en la entrevista El populismo ga-
rantiza la democracia.
H. C. F. MANSILLA 95
pretensión de haber producido una “auténtica” interpretación de los padres fundadores del
marxismo y socialismo, aplicada ahora a la realidad del siglo XXI3.
Para comprender mejor el nexo entre caudillo y masa, no es superuo mencionar un teo-
rema propuesto por un antiguo ministro de Educación del gobierno populista boliviano. El
vínculo entre gobernantes y gobernados en esos sistemas podría ser descrito —dice Félix
Patzi (2004)— como “una especie de autoritarismo basado en el consenso” (p. 177), ex-
presión que se halla bastante cerca de la prosaica realidad cotidiana. Uno de los problemas
de esta posición radica en que este “consenso” ha sido creado “desde arriba”, median-
te procedimientos poco democráticos. En el mismo tenor, Hans-Jürgen Burchardt (2007,
2008a, 2008b) señala que el “aporte” de los partidos de la oposición en los regímenes po-
pulistas resulta importante para vitalizar, en general, los procedimientos democráticos. Sin
embargo, en países como Venezuela y Bolivia, las fuerzas de oposición ante los gobiernos
populistas padecerían una debilidad argumentativa y debilitarían el proceso democrático
como una totalidad. Para el autor, el populismo actual constituye una “forma de política”
que se encuentra en condiciones de superar crisis de diversos orígenes y de crear un nuevo
equilibrio global, además de establecer una “novedosa” modalidad de comunicación entre
gobernantes y gobernados. Siguiendo a Burchardt (2008b), esto representaría, por lo tanto,
un nuevo vehículo de amplia movilización política, que desembocaría en el ensanchamien-
to de los derechos democráticos, con lo cual la mera existencia de partidos de oposición se
convertiría en un asunto secundario4.
Por lo general, los autores de estos estudios no se percatan adecuadamente de la dimensión
de autoritarismo, intolerancia y antipluralismo, contenida en los movimientos populistas.
Por supuesto, en sus propias concepciones, a menudo tienden a subestimar la relevancia a
largo plazo de aquella dimensión. Sus opciones teóricas —inuidas por diversas variantes
del postmodernismo y por un marxismo puricado de su radicalidad original—, conducen
frecuentemente a un relativismo axiológico y pasan por alto el ámbito de la ética social y
política. Para estos autores, los regímenes populistas practican formas contemporáneas y
originales de una democracia directa y participativa, formas que serían, por consiguiente,
más adelantadas que la democracia representativa occidental, considerada hoy en día como
obsoleta e insuciente.
La base argumentativa de Ernesto Laclau está asentada en un imaginario populista tra-
dicional, diferente y a menudo opuesto al imaginario moderno (Arruda y de Alba, 2008;
Castoradis, 2007; Taylor, 2006). Se trata, en el fondo, de un enfoque teórico que analiza
y luego justica los fenómenos prerracionales, colectivistas y premodernos del populismo
latinoamericano en su colisión con el terreno de la modernidad. En este sentido, les otorga
de modo compensatorio las cualidades de una genuina democracia, distinta y superior a la
democracia liberal pluralista. Tempranamente Santiago Castro-Gómez (1996) aseveró que
Laclau representaba un postmodernismo populista, que oscureció las diferencias entre un
3 Sobre esta temática véase Alfredo Ramos Jiménez (2008), Del proyecto de “socialismo
del siglo XXI” al populismo realmente existente. Desde la óptica de la “izquierda esclare-
cida” véase la obra de Américo Martín y Freddy Muñoz (2007), Socialismo del siglo XXI.
¿Huida en el laberinto?
4 Véase también Democracia y desigualdad de Hans-Jürgen Burchardt (2008) y Tiempos de
cambio: repensar América Latina (2007), del mismo autor. Esta última constituye una obra
de elevada pretensión teórica.
96 STUDIA POLITICÆ Nº 63 invierno 2024
régimen democrático y otro autoritario (pp. 70-71). En un pasaje central de su obra más am-
biciosa, Laclau (2008) arma que la razón populista es idéntica a la razón política (p. 279)5.
En el contexto de las teorías postmodernistas, entre las cuales se mueve la concepción de
Laclau, esto equivale a devaluar todo esfuerzo racionalista para comprender y también
para dar forma, en la praxis, a fenómenos políticos. De este modo, la razón “occidental”
representaría solo una forma de reexión entre muchas otras que operan en el mercado de
ideas para captar el interés del público participante. La deliberación racional se transforma
en uno más de los múltiples procedimientos posibles, y cabe señalar que no constituye el
más importante.
En el marco de un claro rechazo a la tradición racionalista y liberal de Occidente, Laclau
asevera que el individuo no debe ser visto como anterior a la sociedad, dado que este no po-
see una dignidad ontológica superior al Estado y no goza de derechos naturales inalienables,
a los cuales la actividad estatal debería estar subordinada. Laclau (2008) sostiene que todo
individuo nace y crece en un contexto cultural y lingüístico, del cual no se puede abstraer
libremente (por ejemplo mediante un acto de voluntad existencial o de reexión racionalista).
Este contexto, y su conjunto de prácticas sociales, es el que otorga sentido y dirección a las
actividades humanas (Laclau, 2008, p. 212). Laclau comparte la concepción de Hans-Georg
Gadamer (1976, 1979) —el padre de la hermenéutica losóca de corte postmodernista—que
establece que en todo proceso cognoscitivo uno siempre parte del seno de su tradición de
origen y permanece allí, lo que resultaría ineludible y simultáneamente positivo (tesis de “la
rehabilitación de los prejuicios”)6.
Reformulando una expresión de Sigmund Freud, Laclau (2008) señala que, desde sus ini-
cios, la psicología individual es simultáneamente psicología social (p. 75). Esta concepción
tiende necesariamente a enaltecer el valor de la tradición y a rebajar el rol de la acción
racional. Un legado histórico autoritario aparece, entonces, como un fenómeno que paula-
tinamente adquiere una cualidad positiva, debido a que está profundamente enraizado en el
alma popular. Además, la racionalidad —arma Laclau de modo explícito— no constituye
un “componente dominante” (p. 213), ni desde la perspectiva individual ni desde el aspecto
dialógico. Más allá del “juego de las diferencias” (p. 93), asevera Laclau, no existe ningún
fundamento racional que pueda ser privilegiado por encima de fenómenos contingentes.
Uno de los fundamentos centrales del pensamiento de Laclau —la celebración de lo aleato-
rio— es un relativismo lingüístico fundamental. Apoyado en Gustave Le Bon y en autores
cercanos al postmodernismo, Laclau (2008) arma que el lenguaje es liminarmente impreciso,
que no existen diferencias evidentes e indubitables entre teoremas cientícos y manipulacio-
nes interesadas y, por consiguiente, entre “las formas racionales de organización social” y
los “fenómenos de masas” (p. 38). Prosiguiendo esta argumentación se postula que no es
posible discernir entre lo normal y lo patológico, entre lo lícito y lo amoral (p. 41, p. 46 y p.
60). Puesto que, según Laclau, la indeterminación y la vaguedad no constituyen “defectos”
de un discurso sobre la realidad social y la retórica no es un “epifenómeno” de la estructura
conceptual, la imprecisión y los elementos retóricos se convierten en partes principales y ob-
viamente positivas del populismo y de la comprensión teórica de este. En palabras de Laclau
5 La razón populista, de Ernesto Laclau (2008), se trata de un libro de difícil digestión, que
combina un marxismo diluido por el psicoanálisis de Jacques Lacan con enfoques postmo-
dernistas y temas de la lingüística estructuralista.
6 Véase también Udo Tietz (2000), Hans-Georg Gadamer zur Einführung [Introducción a
Hans-Georg Gadamer].
H. C. F. MANSILLA 97
(2006) “El populismo es la vía real para comprender algo relativo a la constitución ontológica
de lo político como tal” (p. 91)7. Poco más puede decirse al respecto, máxime si nuestro autor
admite que la calidad ética e intelectual de los líderes populistas carece de importancia y que,
además, resulta indiferente cómo se mantiene satisfecho al elector. La importancia radica en
que la jefatura populista pueda establecer un orden estable y un mínimo de homogeneidad: “la
identicación con un signicante vacío es la condición sine qua non de la emergencia de un
pueblo” (p. 204)8.
La razón populista es una obra de notables pretensiones conceptuales, muy apreciada en
un ambiente intelectual que premia la combinación de ambigüedad teórica con una vaga
reminiscencia de posiciones progresistas que se reclaman de un marxismo actualizado,
mejorado y “enriquecido” por la experiencia histórica. El libro representa una discusión
sobre discusiones mayormente abstractas en el contexto del postmodernismo político ra-
dical, sin una marcada relación con la prosaica realidad y ni siquiera con regímenes po-
pulistas concretos9.
Uno de los peligros de las interpretaciones de Laclau, Burchardt, Dieterich y autores si-
milares10 consiste en que la devaluación de los instrumentos y caminos habituales para la
formulación y canalización de voluntades políticas —los partidos, el parlamento, la opinión
pública, el debate racional— lleva a conferir una enorme importancia a la voz del pueblo,
de la calle y de los llamados movimientos sociales. Las demandas y los postulados de esta
voz, en la mayoría de los casos, no pueden ser verbalizados de manera clara y directa,
sino mediante “alguna forma de representación simbólica” (Laclau, 2008, p. 46)11. En este
sentido, la voz del pueblo se manifestaría clara y abiertamente por medio de plebiscitos y
referéndums, es decir, a través de métodos relativamente simples, en los cuales la población
se expresa de acuerdo al binomio sí o no. Esto generaría la ventaja de establecer una gran
cercanía entre el pensamiento popular y la voluntad denitiva del pueblo. En la realidad
cotidiana de la praxis política, la voz del pueblo es, casi sin excepción, la voz de los que
hablan en nombre del pueblo. Hasta un autor cercano al postmodernismo contemporáneo,
Stuart Hall (1986), diferenció el populismo autoritario de un “populismo popular-democrá-
tico”, cuestionando el enfoque de Ernesto Laclau (pp. 94-99).
Esta alternativa decisoria, evidentemente fácil de comprender, corresponde a la dicotomía
“amigo/enemigo”, que, como se sabe, constituye una parte integral de teorías e ideologías
autoritarias que, bajo ciertas circunstancias, son proclives al totalitarismo. Como lo observó
Carl Schmitt (1996, 2009), la dicotomía “amigo/enemigo” contribuye a expresar fácilmente
la identicación del “pueblo” con el gobierno que propone esta disyuntiva plebiscitaria.
Esta identicación favorece, a su vez, la consolidación de una democracia homogénea que
expulsa los elementos heterogéneos sin grandes complicaciones . Este tipo de democracia
7 Curiosamente, en la terminología y la teoría de Laclau, lo ontológico se transforma en lo
denitivo, lo que jamás puede ser puesto en duda.
8 Véase también Ernesto Laclau (2008), La razón populista, pp. 44, 49, 201-203.
9 En una de las pocas alusiones concretas, Laclau (2006) se rerió de manera apologética
al chavismo venezolano y enfatizó la necesidad de un liderazgo altamente centralista (pp.
60-61). Para una crítica a este punto confróntese Colette Capriles (2006), La enciclopedia
del chavismo o hacia una teología del populismo.
10 Véase también Chantal Mouffe (2003, 1998) y Ernesto Laclau y Chantal Mouffe (1987).
11 Véase también Daniel Gutiérrez Vera (2011), Ernesto Laclau: el populismo y sus avatares.
98 STUDIA POLITICÆ Nº 63 invierno 2024
con reminiscencias rousseaunianas se exime de elementos liberales y pluralistas, como lo
expuso inequívocamente Carl Schmitt12. Las teorías favorables al populismo comparten
estos aspectos con las doctrinas autoritarias. Ambas corrientes devalúan el carácter racional
de los discursos políticos en general, lo cual, sin lugar a dudas, sirve para exculpar de toda
responsabilidad histórica a las tendencias autoritarias y totalitarias13. Y, nalmente, el antili-
beralismo de ambas corrientes se maniesta en la disolución de la diferencia entre la esfera
privada y la estatal, pues en ambos casos el Estado toma a su cargo el adoctrinamiento de
la consciencia de los “ciudadanos” y la manipulación de sus valores éticos. La mención
de Carl Schmitt no es arbitraria: este pensador se ha convertido en uno de los más leídos y
“aprovechados” por las corrientes postmodernistas. Sus postulados, de un gran renamien-
to conceptual, han servido de inspiración a los nuevos teóricos del populismo, especialmen-
te en la devaluación del individuo (en favor de la colectividad) y en la contraposición entre
democracia y liberalismo. Ambos elementos conguran nociones esenciales de corrientes
autoritarias y totalitarias.
En línea con estos enfoques teóricos, nos queda como consuelo una idea expresada por
Marc Saint-Upéry (2008), según la cual el populismo venezolano y los otros de la región
constituirían un “autoritarismo anárquico y desorganizado”, cuyo resultado puede ser cali-
cado como una desinstitucionalización considerable, pero no como la supresión violenta de
las libertades democráticas14. Aguzando esta tesis, es posible llegar fácilmente a una de las
conclusiones caras al populismo contemporáneo: esta tendencia garantizaría la democracia
y evitaría su reducción a una mera administración de procesos formales. La experiencia
histórica, empero, no avala esta posición teórica demasiado optimista.
Los fundamentos teóricos y las motivaciones pasionales de los intelectuales latinoamerica-
nos son comprensibles y no han variado considerablemente a lo largo de los siglos. Como
ejemplo de ello, podemos mencionar la rme creencia en la posibilidad de modicar la evo-
lución de las sociedades a través del propio trabajo; la exaltación de la voluntad política y
organizativa de quienes comprenden el desarrollo histórico; el impulso por dar continuidad
a las tradiciones revolucionarias previas; y la pretensión de superar, de una vez, el despres-
tigiado campo de la pura teoría. Tanto la concepción de la maleabilidad de los designios
históricos como la omnipotencia de la propia voluntad política representan algunos de los
alicientes más poderosos al momento de abordar proyectos iluminados por consignas del
estilo “otro mundo es posible”. Ante esto, la cuestión de la proporcionalidad de los medios,
la defensa de los derechos humanos y el respeto a quienes piensan diferente han aparecido
como asuntos de relevancia menor y, en ocasiones, como obstáculos que impiden alcanzar
la verdadera fe radical. Ante la magnitud de los problemas que enfrentan las sociedades
12 Sobre esta temática confróntese el interesante estudio de Reinhard Mehring (2006), Carl
Schmitt zur Einführung [Introducción a Carl Schmitt], y Heinrich Meier (2008), Carl Schmitt,
Leo Strauss y el “concepto de lo político. Véase también el conocido y polémico ensayo de
Ellen Kennedy (1986): Carl Schmitt und die “Frankfurter Schule”. Deutsche Liberalismus-
kritik im 20. Jahrhundert [Carl Schmitt y laEscuela de Frankfurt. La crítica alemana del
liberalismo en el siglo XX].
13 Lo que se agrava por la inclinación de populistas y autoritarios a percibir a los líderes
carismáticos como fenómenos que no pueden ser comprendidos racionalmente, sino solo
experimentados existencialmente.
14 Se trata de un enfoque teórico matizado que intenta hacer justicia en relación con los
regímenes populistas de izquierda en América Latina.
H. C. F. MANSILLA 99
latinoamericanas, a menudo estas consideraciones han sido percibidas como secundarias.
Frente a las inmensas tareas de la genuina revolución —fenómeno que adquiere una mar-
cada connotación religiosa y apocalíptica—, el modelo democrático puede ser desplazado
fácilmente, dado que representa un hecho de relevancia limitada en tanto la edicación de
un orden justo opaca otras prioridades.
En este ámbito, donde la seducción masiva continúa exhibiendo una ecacia considerable,
los intelectuales renuncian a su función crítica, es decir, a la práctica de una distancia ra-
cional y analítica con respecto a los fenómenos políticos en su totalidad. De este modo, es
posible constatar cómo las buenas intenciones se subordinan a las necesidades políticas
del momento. A su vez, en las comunidades intelectuales de Norteamérica y Europa se ha
expandido una nostalgia acrítica a favor de experimentos socialistas en el Tercer Mundo.
Para estos académicos, los regímenes de Bolivia, Cuba, Venezuela y Nicaragua, pese a todas
sus innegables falencias, siguen representando una especie de “paraíso latino del calor comu-
nitario”, es decir, una alternativa que a la distancia parece encarnar una solución progresista
más llamativa, aparentemente más humana y menos rígida que el ámbito capitalista y los
viejos modelos totalitarios del socialismo convencional. De todos modos, la fascinación por
paradigmas poco democráticos pero radicales —aún presentes en diversas regiones del plane-
ta, particularmente en las universidades del Norte15—, constituye uno de los fenómenos más
interesantes para ser estudiados por las ciencias sociales. Esta poderosa corriente de opinión
se alimenta de tres factores fundamentales: a) un impulso simplicador que presume haber en-
contrado alternativas claras a problemas complejos; b) un residuo arcaizante de corte utopista;
y c) una nostalgia por un orden conservador en los planos cultural y ético16.
Como se ha visto durante la historia desde el siglo XIX hasta la actualidad, los intelectua-
les, también en América Latina, no han cumplido con la función de ejemplaridad que se
debería esperar de un estamento elitario. José Ortega y Gasset (1966) señaló que algunas de
las grandes fallas de las clases cultas en España desde el siglo XVIII residían en su inclina-
ción al “plebeyismo”, su admiración ingenua por lo espontáneo, su desinterés por el ancho
mundo, su carencia de curiosidad por otros modelos culturales y su desprecio por el espíritu
crítico-cientíco. Estos factores se encuentran ampliamente difundidos entre los intelectua-
les latinoamericanos del pasado y del presente, quienes —al igual que muchos políticos de
los países más adelantados— no son apreciados y medidos por su espíritu crítico, sino por
su capacidad de seducción y entretenimiento.
15 Un ejemplo de esta tendencia puede encontrarse en: International Research Group (2022),
Global Authoritarianism. Perspectives and Contestations from the South. Se trata de una
publicación y de un grupo de trabajo e “investigación” de la fundación alemana Rosa-Lu-
xemburg-Stiftung, que combinan un feminismo radical con una defensa del populismo iz-
quierdista contemporáneo y un rechazo de las tradiciones liberal-democráticas. El “nuevo”
autoritarismo que analiza y rechaza este grupo de investigadores está radicado, por su-
puesto, en el racionalismo occidental y en el legado pluralista e individualista del perverso
Occidente.
16 Para una visión diferente de la aquí presentada, también en lo referente a Ernesto Laclau,
véase también Franco Pablo Della Vella (2024), “Enfoques sobre un fenómeno controver-
tido: el populismo y su relación con la democracia liberal desde Gino Germani hasta Cas
Mudde y Rovira Kaltwasser”, especialmente pp. 59-60, 64.
100 STUDIA POLITICÆ Nº 63 invierno 2024
Referencias
Arruda, A. y de Alba, M. (Coords.). (2007). Espacios imaginarios y representaciones socia-
les. Aportes desde Latinoamérica. Anthropos.
Burchardt, H.-J. (2007). Tiempos de cambio: repensar América Latina. Fundación Böll.
Burchardt, H.-J. (2008a). Democracia y desigualdad. Nueva Sociedad, (215), 79-85. https://
www.nuso.org/articulo/desigualdad-y-democracia/
Burchardt, H.-J. (2008b). The Challenge of Evidence – neue Fragen an die Demokratiefor-
schung. Die Herausforderung Lateinamerikas. En: P. Graf y T. Stehnken (Comps.), Latei-
namerika. Politik, Wirtschaft und Gesellschaft (pp. 41-57). Nomos.
Capriles, C. (2006). La enciclopedia del chavismo o hacia una teología del populismo.
Revista Venezolana de Ciencia Política, (29), 73-92.
Castoriadis, C. (2007). La institución imaginaria de la sociedad. Tusquets.
Castro-Gómez, S. (1996). Crítica de la razón latinoamericana. Puvill.
Della Vella, F. P. (2024). Enfoques sobre un fenómeno controvertido: el populismo y su
relación con la democracia liberal desde Gino Germani hasta Cas Mudde y Rovira Kal-
twasser. Studia Politicae, (61), 65-79. https://revistas.bibdigital.uccor.edu.ar/index.php/SP/
article/view/5592/7423
Dieterich, H. (2002). El socialismo del siglo XXI. Ediciones de Paradigmas y Utopías.
Dieterich, H. (2005). Hugo Chávez y el socialismo del siglo XXI. Instituto Municipal de
Publicaciones de la Alcaldía de Caracas.
Dieterich, H., Dussel, E., Franco, R., Peters, A., Stahmer, C. y Zemelman, H. (2001). Fin
del capitalismo global. El nuevo proceso histórico. Océano.
Gadamer, H.-G. (1976). Vernunft im Zeitalter der Wissenschaft. Suhrkamp.
Gadamer, H.-G. (1979). Das hermeneutische Problem der Anwendung. En H.-G. Gadamer
y G. Boehm (Comps.), Seminar: Philosophische Hermeneutik (pp. 327-332). Suhrkamp.
Gaete, J. A. (Ed.). (2007). Vox populi. Populismo y democracia en Latinoamérica. FLAC-
SO.
Hall, S. (1986). Popular-demokratischer oder autoritärer Populismus. En H. Dubiel (Ed.),
Populismus und Aufklärung (pp. 84-105). Suhrkamp.
International Research Group (Comps.). (2022). Global Authoritarianism: Perspectives
and Contestations from the South. Verlag. https://doi.org/10.1515/9783839462096
Kennedy, E. (1986). Carl Schmitt und die “Frankfurter Schule”. Deutsche Liberalismuskri-
tik im 20. Jahrhundert. Geschichte und Gesellschaft, 12(3), 380-419.
H. C. F. MANSILLA 101
Laclau, E. (10 de julio de 2005). El populismo garantiza la democracia. La Nación. ht-
tps://www.lanacion.com.ar/opinion/ernesto-laclau-el-populismo-garantiza-la-democra-
cia-nid719992/
Laclau, E. (2006). La deriva populista y la centro-izquierda latinoamericana. Nueva So-
ciedad, (205), 56-61. https://nuso.org/articulo/la-deriva-populista-y-la-centroizquierda-la-
tinoamericana/
Laclau, E. (2008). La razón populista. Fondo de Cultura Económica.
Laclau, E. y Mouffe, C. (1987). Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicaliza-
ción de la democracia. Siglo XXI.
Martín, A. y Muñoz, F. (2007). Socialismo del siglo XXI. ¿Huida en el laberinto? Alfa.
Mehring, R. (2006). Carl Schmitt zur Einführung. Junius.
Meier, H. (2008). Carl Schmitt, Leo Strauss y el “concepto de lo político”. Katz.
Miguens, J. E. y Turner, F. C. (1988). Racionalidad del peronismo. Perspectivas internas y
externas que replantean un debate inconcluso. Planeta.
Mouffe, C. (Comp.). (1998). Deconstrucción y pragmatismo. Paidós.
Mouffe, C. (2003). La paradoja democrática. Gedisa.
Ortega y Gasset, J. (1966). Goya. Ediciones de la Revista de Occidente.
Panizza, F. (Ed.). (2005). Populism and the Mirror of Democracy. Verso.
Patzi, F. (2004). Sistema comunal. Una propuesta alternativa al sistema liberal. Una discu-
sión para salir de la colonialidad y del liberalismo. Comunidad de Estudios Alternativos.
Ramos Jiménez, A. (2008). Del proyecto de “socialismo del siglo XXI” al populismo real-
mente existente. Politeia, 31(40), 175-197.
Saint-Upéry, M. (2008). El sueño de Bolívar. El desafío de las izquierdas sudamericanas.
Paidós.
Schmitt, C. (1996). Die geistesgeschichtliche Lage des heutigen Parlamentarismus. Dunc-
ker & Humblot.
Schmitt, C. (2009). Der Begriff des Politischen. Duncker & Humblot.
Taylor, C. (2006). Imaginarios sociales modernos. Paidós.
Tietz, U. (2000). Hans-Georg Gadamer zur Einführung. Junius.
Vera, D. (2011). Ernesto Laclau: el populismo y sus avatares. Íconos – Revista de Ciencias
Sociales, 15(40), 151-168. https://doi.org/10.17141/iconos.40.2011.452