
LAURA ELIZIA HAUBERT 35
El arte tiene sus orígenes, casi sin excepción, en las relaciones sociales;
se ha desarrollado bajo presión social; ha sido fomentado por ocasiones
sociales; y, a su vez, ha servido a nes sociales en la lucha por la existen-
cia. En consecuencia, los valores atribuidos a los objetos estéticos tienen
estándares sociales, y la actitud estética será determinada en gran medida
por estos antecedentes sociales. (Tufts, 1903, p. 1)
De acuerdo con Tufts (1903), no era necesario aportar numerosas evidencias
empíricas sobre las armaciones relativas a la relación entre lo estético y lo
social, dado que estas ya estaban presentes y podían consultarse en los nu-
merosos estudios llevados a cabo por psicólogos contemporáneos de nales
del siglo XIX y principios del siglo XX, como “Grosse, Büchner, Brown,
Wallaschek, Hirn, Gummere...” (p. 10).
Curiosamente, a pesar del énfasis que Tufts (1903) coloca en el aspecto so-
cial de la experiencia estética, también parece reconocer ciertos elementos
característicos de las teorías estéticas modernas, como la teoría kantiana. En
su análisis, Tufts reconoce que existe un aspecto del juicio estético que es
inherentemente subjetivo, lo que implica una experiencia individual del arte
que no puede ser reducida exclusivamente a categorías sociales o colectivas.
Así, a pesar de su enfoque centrado en la dimensión social de la estética,
Tufts no pierde de vista los matices subjetivos que permiten la reexión indi-
vidual sobre lo bello y lo sublime, alineándose con ciertos principios funda-
mentales de la estética moderna.
Ahora, cualquier lector puede encontrar en esta armación de Tufts (1903)
una cierta tensión que parece generar una paradoja en donde la experiencia
estética subjetiva y objetiva coexisten al mismo tiempo. La solución del -
lósofo es justamente abrazar esta contradicción, reconociendo que el juicio
estético “bajo ciertas condiciones oscila entre lo subjetivo y lo objetivo” (p.
5). Es decir, esta experiencia está compuesta tanto por elementos objetivos
y sociales como por elementos subjetivos y perceptivos que dependen de la
naturaleza de cada individuo.
Es interesante señalar que, para resolver este conicto, Tufts (1903) reconoce
la existencia de una cierta universalidad estética, tanto interna como externa.
No obstante, es importante recordar que la experiencia estética siempre se
experimenta, en gran medida, bajo las condiciones impuestas por el entorno
social, y, por lo tanto, se encuentra de alguna manera moldeada por él, a pesar
de lo que pueda contener o depender de la experiencia individual perceptiva.
En este sentido, cabe destacar otra cita del ensayo en la que aclara este punto: