Tiernos y terribles, tronos y
cadalsos: afectos e inestabilidad
política en Las multitudes argentinas
de José María Ramos Mejía
Tender and Terrible, Thrones and
Scaffolds: Affections and Political
Instability in José María Ramos
Mejía’s Las multitudes argentinas
Antonio David Rozenberg*
* Becario doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Cientícas ycnicas con sede
en el Instituto de Investigaciones “Gino Germani”, Facultad de Ciencias Sociales, Universi-
dad de Buenos Aires. Licenciado en Ciencia Política (UBA), maestrando en Teoría Política
y Social (UBA) y doctorando en Ciencias Sociales (UBA). Correo de contacto: antoniodavi-
drozenberg@gmail.com. ORCID: https://orcid.org/0000-0001-7819-6558
http://dx.doi.org/10.22529/sp.2025.63.01
STUDIA POLITICÆ Número 63 invierno 2024 pág. 4–29
Recibido: 12/07/2024 | Aceptado: 17/12/2024
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
Resumen
El presente artículo tiene como objetivo comprender la manera en que los
afectos aparecen y permiten concebir una teoría de la inestabilidad política
en Las multitudes argentinas de José María Ramos Mejía (1899). En este
sentido, lo interesante radica en cómo Ramos Mejía piensa los afectos, a
saber, como un exceso imposible de gobernar en su totalidad. De hecho, se-
ANTONIO DAVID ROZENBERG 5
ñala que estos dan cuenta de la imposibilidad del gobierno de la multitud y
de los límites del meneur [líder]. La hipótesis que se sostiene en este trabajo
es la siguiente: los afectos, lejos de ocupar un lugar marginal, constituyen
un elemento central del pensamiento ramosmejiano y particularmente del
vínculo líder-multitud en tanto señalan su contingencia. Dicha hipótesis se
desarrolla en las tres secciones en las que se divide el presente artículo.
En una primera instancia, nos centraremos en restituir la relevancia y pre-
sencia de la afectividad en Las multitudes argentinas. A partir del ejemplo
del amor, se remarca que los afectos, lejos de ser un elemento secundario,
son centrales para Ramos Mejía. En una segunda instancia, se aborda el
problema de la unidad de dicha afectividad, a partir de la problematización
del rol del líder. Dicho rol depende de una forma particular de concebir
el afecto como una dinámica que surge de los primeros hombres “anóni-
mos”, quienes conforman la multitud hasta la institución del meneur. En
una tercera instancia, se analiza el vínculo líder-multitud. Allí, se expone
que acercándonos a Las multitudes argentinas a partir de un debate análogo
en los estudios laclausianos, es posible identicar elementos que señalan la
imposibilidad del gobierno de la multitud y un principio de inestabilidad
política a partir del protagonismo de lo afectivo sobre la unidad del líder.
Por último, se restituye el argumento aquí presentado para concluir con
algunas reexiones nales.
Palabras clave: Ramos Mejía - afectos - multitud - líder
Abstract
The aim of this article is to understand the way in which affects appear and
allow us to conceive a theory of political instability in José María Ramos
Mejía’s Las multitudes argentinas (1899). In this sense, what is of interest
in relation to affects is how Ramos Mejía thinks of them as an excess im-
possible to govern in its totality. Moreover, it is argued that they account for
the impossibility of governing the multitude and the limits of the meneur
[leader]. The hypothesis is as follows: affections, far from occupying a mar-
ginal place, are a central element of ramosmejian thought and particularly
of the leader-multitude link insofar as they point out its contingency. This
hypothesis is developed in the three sections into which this paper is divi-
ded. In the rst instance, I will focus on restoring the relevance and presen-
ce of affectivity in Las multitudes argentinas. From the example of love, it
is argued that affections, far from being a secondary element, are central for
Ramos Mejía. In a second instance, the problem of the unity of such affecti-
vity is addressed, that is to say, the role of the leader is problematized. This
role depends on a way of conceiving affection as a dynamic that starts from
the rst “anonymous” men who constitute the multitude up to the institution
of the meneur. In a third instance, the leader-multitude link is analyzed.
There it is pointed out that, approaching Las multitudes argentinas from an
analogous debate in laclausian studies, we can identify elements that point
to the impossibility of the government of the multitude and a principle of
6 STUDIA POLITICÆ Nº 63 invierno 2024
political instability based on the protagonism of the affective over the unity
of the leader. Finally, the argument presented here is reinstated and I con-
clude with some nal reections.
Keywords: Ramos Mejía - affections - crowd - leader
Introducción
Dentro de los estudios sobre la psicología social en la Argentina, el
libro Las multitudes argentinas2 de José María Ramos Mejía (1899)
no ha pasado desapercibido. Su distinción y preponderancia no ree-
re solamente al pionerismo que se le atribuye en su campo de estudios. Más
bien, el escrito del médico argentino ha sido un ejemplo de cómo la ciencia
se involucra —e incluso se subordina— a la política. Esta interpretación o
parafraseando la frase de Fernández (2006)— el lugar común de los estudios
de Ramos Mejía (la conjunción entre medicina, biología y política) se debe
particularmente a dos motivos. El primero remite al estatuto de la ciencia en
general, en el cual la institucionalización de ciertas disciplinas —como la
sociología o la psicología social, pero también la medicina y la biología de
nales de siglo XIX— se desarrolló a partir de determinadas preocupaciones
sociales que orientaron su conguración. Es decir, no se requirió solamente
un compromiso que se correspondiera con el valor cientíco proveniente de
un tipo de análisis de corte naturalista, sino un enlazamiento con las inquie-
tudes políticas frente a los nuevos fenómenos sociales. El segundo de los
motivos, más especíco, reere directamente al autor del libro y su doble
ocio: cientíco y funcionario público3. Como bien señala Svampa (1994),
el problema de la inmigración —que aparece de trasfondo en la obra— es lo
que termina marcando su arbitrariedad en lo que respecta a los juicios valo-
rativos de las diferentes multitudes, impronta necesariamente vinculada con
su condición de funcionario.
Ahora bien, los estudios sobre la obra de Ramos Mejía en general, y los
de Las multitudes en particular, tomaron caminos bastante diversos. En lo
que reere a lo general, Ramos Mejía es identicado como uno de los refe-
2 De ahora en más Las multitudes.
3 José María Ramos Mejía fue, además, fundador y director de la Asistencia Pública de Bue-
nos Aires (1883), diputado nacional (1888-1892), presidente del Departamento de Higiene
(1893-1898) y presidente del Consejo Nacional de Educación (1908-1913).
ANTONIO DAVID ROZENBERG 7
rentes de lo que habitualmente se denomina positivismo argentino (Biagini,
1981, 1985; Terán, 1987). Este movimiento, como sostiene Biagini (1985,
pp. 26-27) en relación con el problema de las masas y su abordaje a partir
de una lectura crítica de Gustav Le Bon, parte de una concepción étnica y
ambiental del alma de los cuerpos colectivos. La orientación sociologista de
su pensamiento se inscribe inicialmente en la línea comtiana, que determina
la multiplicidad de corrientes de pensamientos que convergieron en sus aná-
lisis, como el romanticismo, el simbolismo y el vitalismo (Clementi, 1985;
Fernández, 2006).
En lo que reere a Las multitudes, podemos encontrar una variedad de estu-
dios que rearman o tensionan este positivismo ramosmejiano, abriendo un
debate sobre el estatuto de la obra en cuestión. Para dar un ejemplo, Salessi
(1995) sostiene que Las multitudes se encuentra en el centro de una pro-
ducción académica cuyo objetivo reside en la construcción de una identidad
nacional a partir de prácticas y saberes higienistas de una élite. En una tesis
solidaria a esta, Terán (2008) observa una articulación con un biologicismo
complejo, elaborado en función de una coyuntura política que requería sus-
tentar cierto tipo de política oligárquica. La obra de Ramos Mejía aparece en
la estela de los estudios de la conformación de una sociología de la multitud
que conlleva una forma de intervención desde su lugar político. En contra-
partida, la lectura más herética con respecto a esta manera de situar Las mul-
titudes es la de Horacio González (1999), quien intenta dejar de lado el enca-
sillamiento de su obra para centrarse en la potencia que produce su retórica.
Más que un ejemplo de cualquier intento por fundamentar cientícamente
una política elitista, lo que muestra Ramos Mejía es una falla estructural
en un discurso que puede ser revisitado en su ambigüedad. “Positivismo”
vendría a representar, para González, una categoría que elimina las propias
contradicciones internas, presentando una imagen homogénea y sin suras
y, en ese sentido, obtura ciertos problemas, conceptos y gestos que no solo
operan como tensiones en el pensamiento de Ramos Mejía, sino que tam-
bién forman parte de aquello que él mismo buscaba evidenciar. Por su lado,
Eduardo Rinesi (1997) remarca que las ciencias sociales positivistas —en
las que se inscribe la obra— nacieron a partir de la presencia amenazante de
las multitudes, un fantasma sobre el que se proyecta un conjuro que busca
ordenarlas, pero que, sobre todo, representan un problema central de la teoría
política: su incesante capacidad instituyente.
En otro orden de ideas, en lo que respecta a este trabajo, me propongo abor-
dar Las multitudes de manera diferente. Particularmente, mi interés se centra
8 STUDIA POLITICÆ Nº 63 invierno 2024
en hallar la existencia de un problema teórico-político dentro de Las multitu-
des: el problema de los afectos4. Ampliar el horizonte exegético de la obra de
Ramos Mejía requiere un trabajo de mucho más alcance y un diálogo inter-
disciplinar constante. Con este objetivo en mente, el presente trabajo persi-
gue un propósito mucho más modesto: analizar los afectos teóricamente, su
relevancia y sus efectos políticos. En otras palabras, responder a la pregunta
sobre el lugar de los afectos en la teoría del médico argentino.
En ese sentido, este tipo de análisis ha sido mencionado —aunque subterrá-
neamente— por parte del amplio campo de estudios ya mentado. Siguiendo
a Oscar Terán (2019), Gustav Le Bon y sus seguidores (entre los que se
sitúa Ramos Mejía) orientan sus análisis como una respuesta ante la secu-
larización de la modernidad. La pregunta por el “cemento de la sociedad”
encuentra su respuesta en los “elementos simbólicos” que pueden “orientar
una voluntad colectiva” (2019, p. 130). Sin embargo, dichos elementos sim-
bólicos operan, no en el campo de la racionalidad, sino en el de los afectos.
Es allí que la comprensión de los afectos y su teorización cientíca por parte
de este “positivismo” tiene un objetivo muy claro: gobernar a la multitud.
Ahora bien, distanciándonos de los estudios mencionados, restituir los afec-
tos como elemento central supone, al mismo tiempo, tensionar la supuesta
intención del autor. Incluso es posible identicar cierta ruptura del médico
argentino con una tradición que tiene como objetivo gobernar a la multitud
al señalar todo lo contrario: la imposibilidad de su gobierno. Un análisis
centrado en los afectos se vincula, necesariamente, al problema del lideraz-
go y a su estabilidad frente a la multitud, evidenciando la imposibilidad de
una sutura o eliminación del conicto. En otras palabras, lo que me intere-
sa aquí es destacar cómo Ramos Mejía piensa los afectos: como un exceso
imposible de gobernar en su totalidad. Es más, podríamos sostener que los
afectos exponen la imposibilidad del cierre hermético de la actividad política
al evidenciar los límites del meneur. Es por ello que —en el contexto de este
trabajo— los afectos, en tanto son constitutivos de la multitud, permiten,
al mismo tiempo —parafraseando a Ramos Mejía (1899)— que el encanto
se rompa. La hipótesis que se sostiene es la siguiente: los afectos, lejos de
ocupar un lugar marginal, constituyen un elemento central del pensamiento
ramosmejiano y particularmente del vínculo líder-multitud, en tanto señalan
su contingencia. Es así que, al considerar la forma en la que surgen los afec-
4 En este sentido, tanto el gesto de González como el de Rinesi motivan una lectura sobre la
teoría política dentro de Las multitudes.
ANTONIO DAVID ROZENBERG 9
tos —evidenciando su relevancia y los efectos que se desprenden de ellos en
relación con el problema del liderazgo— es posible concebir una teoría de la
inestabilidad política. Esto último debe entenderse como una forma de pen-
sar el exceso con respecto a la unidad, exceso que se interpreta afectivamente
y cuyo análisis se contempla en el desarrollo del presente trabajo.
Cabe aclarar que Ramos Mejía no elabora una teoría sistemática de los afec-
tos como lo hacen las grandes teorías políticas5. Sin embargo, según sos-
tiene Mandolessi (2022), investigar el afecto representa un desafío. De forma
más concreta, la autora enuncia:
Lo que el concepto de afecto viene a plantear es, precisamente, que los
fenómenos sociales, políticos, culturales y artísticos están determinados no
solo por la representación y el signicado, la coherencia y la estabilidad,
sino por intensidades, relaciones entre los cuerpos —entendiendo cuerpos
en un sentido amplio que comprende tanto cuerpos humanos como no hu-
manos, cuerpos discursivos, cuerpos contingentes y efímeros— que afec-
tan y son afectados en un proceso de modulación recíproca. (p. 6)
Esta concepción de afecto como intensidad puede resultar muy útil para in-
dagar en textos como Las multitudes, ya que no contiene una metodología
particular aplicada por Ramos Mejía. Sin embargo, no es nuestra intención
establecer una cartografía sobre cómo aparecen los afectos en dicho libro6,
más bien, al comprender que el afecto no se determina por la representa-
ción, se vuelve posible decir algo sobre él. El afecto congura, entonces,
la escritura de Ramos Mejía, sus concepciones propias del entorno social y
político y, al mismo tiempo, sus señalamientos conceptuales. Ahora bien, la
preocupación de Mandolessi (2022) se centra en cómo investigar el afecto
empíricamente. En este sentido, investigar el afecto en Las multitudes su-
pondría un análisis mucho más exhaustivo, orientado a la presencia interna y
externa de los afectos en la escritura y a las relaciones entre objetos, prácticas
5 De igual forma, no es extraño que los afectos conformen una parte constitutiva del pensa-
miento político argentino. Véase Rodríguez (2000) y Rodríguez Rial (2021).
6 Rodríguez Rial (2020) encuentra que el giro afectivo propició los análisis de esta dimen-
sión emocional o afectiva. Compartir esta armación nos posiciona, a su vez, como parte
de un campo todavía en construcción. Así mismo, la autora prioriza los términos emoción
y afecto antes que el de pasión, gesto que hacemos propio al permitirnos indagar en Las
multitudes con mayor facilidad.
10 STUDIA POLITICÆ Nº 63 invierno 2024
y expresiones que permitieron y formaron dichos afectos7. Como es evidente,
esto excede el objetivo del presente trabajo.
Sin embargo, asumir esta concepción del afecto —como una forma de inten-
sidad, de relación entre cuerpos para afectar y ser afectados— nos permite
pensar ya no solo en un rastreo empírico, sino en un problema teórico-políti-
co como el del vínculo entre líder y multitud. En tanto que esa intensidad es
pensada como algo contingente, que depende del movimiento de los cuerpos
en su afectación, es que podemos pensar los afectos a partir del señalamiento
del rol que ocupan en Las multitudes8. Es por ello que —como queda claro
en el último apartado de este trabajo— lo interesante, cuando hablamos de
afectos, reside en pensarlos como un exceso que se desprende de una diná-
mica del movimiento de los cuerpos. Es así que podemos, nuevamente, hacer
propia la formalidad de un debate análogo, cuya preocupación es la misma:
los afectos son lo que evidencia la contingencia de un vínculo y, por lo tanto,
la constatación de una inestabilidad.
El presente artículo se divide en tres secciones. En una primera instancia nos
centraremos en restituir la relevancia y presencia de la afectividad en Las
multitudes. A partir del ejemplo del amor, se demuestra cómo los afectos,
lejos de ser un elemento secundario, son centrales en la obra de Ramos Me-
jía. En una segunda instancia, se aborda el problema de la unidad de dicha
afectividad, es decir, el rol del líder como “condensador” afectivo. Dicho
rol depende de una forma particular de concebir el afecto como una diná-
mica que surge de los primeros hombres “anónimos”, quienes conforman la
multitud hasta la institución del meneur. En una tercera instancia, se analiza
el vínculo líder-multitud. Allí se señala que, acercándonos a Las multitudes
a partir del debate restituido por Ricardo Laleff Ilieff (2020) en la obra de
Ernesto Laclau, podemos identicar elementos que indican la imposibilidad
del cierre de la política y la preminencia de lo afectivo sobre la unidad del
líder. Por último, se restituye el argumento aquí presentado para concluir con
algunas reexiones nales.
7 Como queda claro en su argumentación y la elección del assamblage como método: “Si el
afecto es relacional, situado y transindividual, necesitamos dar cuenta de los actores, huma-
nos y no humanos, que componen la dinámica, de las prácticas y procedimientos que estos
actores llevan a cabo, del espacio y tiempo en que esa dinámica sucede, de los discursos y
expresiones que la sustentan” (Maldolessi, 2022, p. 15).
8 De hecho, nos permite desplazarnos de un problema general a uno particular: ya no se
focaliza en la forma de producción (en este caso, Las multitudes en tanto texto), sino en la
teorización de los afectos y su implicancia en la teoría política de un autor (Ramos Mejía).
ANTONIO DAVID ROZENBERG 11
1. El lugar de los afectos en Las multitudes argentinas
En Las multitudes, se plantea de forma clara el problema político de la in-
tegración nacional. Como bien reconoce Terán (2019), la nacionalización
de las masas implica el problema del sentimiento nacional9, es decir, el de
la creación de una base simbólica capaz de operar en el carácter irracional
(afectivo)10 de las multitudes, con el objetivo de generar un sentimiento de
pertenencia. Dado que las multitudes de Ramos Mejía son puro inconsciente
—“lo otro de la razón” (Aliano, 2008, p. 2)— se mueven por la afectividad
y la irracionalidad. Por ende, dicho sentimiento —que es asimismo un sen-
timiento de unidad— constituirá la preocupación central de Ramos Mejía
durante toda la obra. Tanto es así que es posible observar una analogía recu-
rrente en su obra: la del cuerpo entendido como individuo, como multitud,
como nación, etc. Un cuerpo siente su propia unidad en el encuentro con
otros, es decir, en una sensibilidad común producida por otros individuos que
se contagian recíprocamente. Para poder producir esa relación entre cuer-
pos (el sentimiento nacional, la multitud, o cualquier sentimiento común) es
necesario comprender el fenómeno de las multitudes, lo que resulta posible
a partir de una biología de la multitud. Observar sus formas de “exión” o
“extensión” (Ramos Mejía, 1899, p. 6) resulta posible mediante un análisis
de las emociones y de los comportamientos que se desprenden de su encuen-
tro con la predisposición psicológica de cada individuo. Estas emociones
son las que “transforman en movimiento una idea” (1899, p. 8) y procuran la
unidad de un cuerpo colectivo. En este sentido, el problema político en el que
se inscribe la obra tiene como trasfondo la problematización de los afectos.
A n de avanzar en mi argumentación, considero importante tener en cuenta
dos cuestiones en lo que respecta a los afectos. La primera de ellas es la im-
portancia sustancial que Ramos Mejía le otorga a los afectos, mientras que la
segunda reere al problema de la unidad producida por el afecto.
9 Valderrama (1986), por ejemplo, sostiene que el sentimiento nacional conforma el tema
central por el cual la Völkerpsychologie [psicología de los pueblos], acuñando el término
wundtiano, se desarrolla de forma situada. Particularmente, el caso de Ramos Mejía se
ubica en estos intentos por elaborar una psicología del problema nacional.
10 Como se demuestra a lo largo del trabajo, varios estudios resaltan y asocian irracionali-
dad con afectividad (algo propio del siglo XIX). En este caso, optamos por situar el análisis
en un marco de cierta ambigüedad. En consecuencia, a lo largo de este artículo se utiliza
el término irracionalidad cuando se hace referencia al análisis de un tercero y afectividad
cuando se alude a un análisis propio.
12 STUDIA POLITICÆ Nº 63 invierno 2024
La primera de las cuestiones puede ser expuesta a partir del ejemplo del
amor11. Si bien no suele ser un elemento (los afectos en general y el amor en
particular) restituido en el análisis de su obra, varios autores han destacado
—como fue mencionado— el problema de la nacionalidad o sentimiento na-
cional y político (Frittaoni, 2017; Guic, 2021; Terán, 2008). Estas son algu-
nas de las acepciones del afecto en cuestión: el amor por la patria o los sím-
bolos patrios (Ramos Mejía, 1899, p. 335), el amor como afecto vinculante a
la nacionalidad o a la construcción de lo común. El amor es particularmente
un afecto de unidad, de unión y relación de cuerpos. Ahora bien, también es
maleable políticamente, es decir, el amor puede operar como vehículo de di-
ferentes acciones y funcionar tanto para la institución como la destitución de
un líder. Por lo tanto, el amor, para Ramos Mejía, no se limita a los símbolos
patrios.
Si analizamos atentamente Las multitudes, el amor ocupa un lugar central en
tanto afecto, y posee diversas modulaciones que se enumeran a continuación
de forma sucinta: a) se lo trata como un elemento necesario en las formas de
sugestión o contagio, es decir, en el “encantamiento y cercos eróticos” que
promueven la desobediencia al régimen (Ramos Mejía, 1899, p. 23); b) como
un afecto común y geográcamente determinado que “distribuye en todos
los corazones un mismo sentimiento y una misma emoción” (1899, p. 83)
permitiendo la conformación de la multitud; c) como un afecto propio de la
feminidad (1899, p. 102) y al mismo tiempo de la maternidad (1899, p. 238),
pero dirigido directamente al líder por parte de la multitud; y d) como un
vínculo histórico, aquello que une afectivamente en el tiempo a un colectivo
de hombres —pueblo, grupo, multitud, sociedad— y que es indiferente a su
inteligencia , por lo que le pertenece en tanto ser pasional (1899, p. 277).
Ahora bien, el amor —en tanto afecto en el contexto analizado— no deja
de ser ambiguo. Como se observó anteriormente, el amor adquiere muchísi-
mas signicaciones, particularmente orientadas a la comunidad y al estable-
cimiento de vínculos favorables a los cuerpos. A su vez, en su generalidad
—y podríamos decir falta de especicidad12—, Ramos Mejía (1899) piensa,
simultáneamente, al afecto como una forma de sadismo. El médico sostiene,
11 No es la intención de este trabajo hacer un análisis particular de cada afecto. De todos
modos, otro afecto interesante que tiene lugar en la obra de Ramos Mejía es el odio. Queda
pendiente un análisis sistemático de ambos y sus consecuencias políticas.
12 Algo que asimilamos —podríamos decir— en la introducción a partir de la referencia a
González (1999). Renunciar a la coherencia del texto permite una exploración productiva
de este.
ANTONIO DAVID ROZENBERG 13
reriéndose a la multitud, que “aquella prostituta había encontrado por n el
bello souteneur, que iba a robarle el fruto de su trabajo, sangrar sus carnes
entre las protestas de extraño amor y las exigencias de sus adhesiones incon-
dicionales” (p. 273). Si bien, como sostienen Chayo y Sánchez (2006), la
imagen de lo femenino supone una analogía a la denigración de las masas, lo
interesante de la cita anterior es que la multitud puede establecer un vínculo
sádico con su líder, soportar extralimitaciones por parte de este y conservar
su lugar de unidad. No obstante, la multitud nunca deja de ser “madre” y, por
lo tanto, el mismo amor que da a luz a un líder puede —como queda expuesto
más adelante— destituirlo. El amor, en este sentido, ejemplica las vicisitu-
des de la vida afectiva.
La segunda cuestión a tener en cuenta es que el problema de la unidad afec-
tiva está vinculado, necesariamente, a la premisa de la prominencia de la
multitud frente a los grandes hombres (caudillos o líderes) de la historia
argentina. Dicha premisa se sostiene a partir de dos argumentos. El primero
es la armación de un sujeto político colectivo que conforma una identidad
nacional. Cabe aclarar que mientras Ramos Mejía sostiene la existencia de
una multitud de hombres frente al poder de los líderes, sustenta una dife-
rencia entre las multitudes biológicamente superiores (dinámicas, rurales de
principio de siglo XIX) y aquellas cuya inferioridad radica en la ausencia de
una raza vital y feroz (estáticas, urbanas, pertenecientes a su contemporanei-
dad). Este argumento ya ha sido trabajado anteriormente y se ha remarcado
que existe una falsa dicotomía entre los estudios de la obra de Ramos Mejía
(Rozenberg, 2023). Por un lado, algunos autores sostienen que la multitud
ocupa un rol protagonista, pero argumentan que el médico argentino esta-
blece esta diferencia falsamente —en tanto que intelectual orgánico del ro-
quismo— con el objetivo de denostar a las multitudes de su actualidad. Por
otro lado, encontramos estudios que resaltan el rol de los meneurs [líderes],
ignorando el rol protagónico de las multitudes y, por lo tanto, ignorando la
importancia que Ramos Mejía le otorga a estas. En el análisis de Las multitu-
des, esta falsa dicotomía se resuelve acentuando la relación entre la intención
del autor, la historicidad, el contexto de su elaboración y la retórica inmanen-
te que enriquece y desborda dicho análisis (González, 1999)13. En este caso,
13 Siguiendo el análisis de Montenegro (2017), se observa que en Las multitudes nunca
opera un principio biologicista coherente (atribuido principalmente por el primer grupo de
autores). Este principio es el argumento principal por el que se diferencian los tipos de mul-
titudes, cuyo carácter arbitrario ha sido leído —con no pocas razones— como una crítica a
los cuerpos en las calles de principios del siglo.
14 STUDIA POLITICÆ Nº 63 invierno 2024
el estudio de los afectos se encuentra ligado a la prominencia de la multitud
en la historia, porque estos —como la multitud en sí misma— representan el
desborde de la capacidad de organización del líder.
Tras haber explicitado el protagonismo de la multitud, el problema de la uni-
dad afectiva se vincula con un segundo argumento —que se desprende del
anterior— según el cual la multitud es, en misma, una gura del exceso. Es
decir, Ramos Mejía (1899) sostiene la existencia siempre limitada del gobier-
no de la multitud, ya que ella expresa una pluralidad. Esta pluralidad puede
ser entendida como un exceso afectivo. El médico argentino evidencia desde
el primer capítulo —titulado “Biología de la multitud”— que la formación
de una multitud depende tanto del entorno como de una siología individual
de los elementos que la componen. Asimismo, es necesario que un afecto
encarnado en una idea se torne “común”, acorde con dichas circunstancias.
Por ende, desde el principio de la obra, el autor señala el carácter afectivo
del proceso de constitución de una multitud: es necesario no solo una carac-
terística siológica (material), sino un componente del orden psicológico14.
Ahora bien, siguiendo su desarrollo argumental, Ramos Mejía (1899) señala
que la multitud adquiere cierta idea de su fuerza y “de la existencia actual
de su cuerpo” (p. 58), en otras palabras, va evolucionando. Es allí que com-
prende que la multitud —como en el caso de la Independencia— empieza
a sentir cosas, luego las piensa y, posteriormente, determina su objetivo y
acción política. Esta inscripción de la multitud como un cuerpo en constante
reconstrucción y evolución no es inocente. Ramos Mejía nos muestra que la
multitud nunca es idéntica a sí misma a lo largo del tiempo. Por el contrario,
su evolución supone un desafío con respecto a su gobierno. Esto es así debi-
do a que el mentado cambio se corresponde con los afectos y relaciones que
va estableciendo y congurando en su quehacer histórico, entendiendo que el
cuerpo de la multitud no viene dado, sino que se constituye en la afección del
encuentro. No se observa, en ese sentido, una autoconsciencia de la multitud
como sujeto histórico, sino un desarrollo de los cuerpos en relación, que en
la propia afección va produciendo un conocimiento común15.
14 No quisiera en este trabajo establecer categorías binarias sobre lo material y lo psíquico.
Ramos Mejía no elabora una teoría del afecto tal y como la podemos apreciar en el psicoa-
nálisis lacaniano, mucho menos una fundamentación losóca de este, como se observa en
autores modernos. De todas formas, quisiera mencionar que la apreciación de estos elemen-
tos da cuenta de cierta ambigüedad terminológica que resulta, sin embargo, productiva, y
posible únicamente en un pensamiento poco estructurado como el de Ramos Mejía.
15 Esto se encuentra en sintonía con los estudios históricos de la obra de Ramos Mejía que
ANTONIO DAVID ROZENBERG 15
Por consiguiente, los afectos en este sentido constituyen el cuerpo de la mul-
titud. Es decir, el cuerpo de la multitud se conforma en tanto que es afectada
en el encuentro con distintos cuerpos. La multitud posee un cuerpo, pero en
tanto multiplicidad de hombres es afectada por una pluralidad de aconte-
cimientos que comprenden o transforman dicha unidad. Es por ello que la
conformación caótica de la multitud es problemática, siempre es un exceso
de afectividad y, por lo tanto, un constante proceso de transformación. Las
relaciones afectivas, como las del amor, adquieren un rol central en su pensa-
miento. La multitud ama (y efectivamente odia) y en consecuencia estable-
ce vínculos con diferentes cuerpos. Resulta pertinente entonces preguntarse
cómo estos afectos, que aparentemente se encuentran dispersos y en cons-
tante movimiento, se vinculan con la multitud en tanto unidad, la producen
y suponen el problema político que surge, necesariamente, con los meneurs.
2. De los hombres anónimos a los meneurs: la función del líder
En esta instancia podríamos preguntarnos: ¿cómo es posible, entonces, la
unidad de la multitud?, ¿entre qué o quiénes se produce el “encuentro”? En
este apartado, se expone sintéticamente cómo aparece el problema de la uni-
dad en Las multitudes. Para este propósito, como se argumenta a continua-
ción, recurrir a un análisis de la gura del meneur o líder resulta sumamente
necesario.
En su reconstrucción histórica, cuando Ramos Mejía busca explicar los dife-
rentes encuentros, a través de los que cuales la multitud adquiere su unidad,
subraya —en el segundo capítulo del libro— la existencia de diferentes gu-
ras individuales. Más precisamente, señala que son los hechiceros, nigroman-
tes, astrólogos y “hombres anónimos” los que sugestionan a otros hombres y
les otorgan cierta rebeldía contagiosa —en el caso de las primeras multitu-
des— debido a su desobediencia al Santo Ocio (1899, p. 23). Este arquetipo
de liderazgo —para usar el término acuñado por Eugenia Mattei (2022)16
señalan el carácter descriptivo de un positivismo orientado a explicar los fenómenos socia-
les. Ramos Mejía sostiene que la multitud se constituye y actúa de acuerdo a la congura-
ción de sus encuentros, es decir, en tanto que es afectada por otros cuerpos. Esto es lo que
supone una “biología” de la multitud.
16 A este respecto, Mattei (2022) señala que Cesar Borgia es uno de los arquetipos de lide-
razgo desarrollados por Maquiavelo para analizar el uso del temor como pasión política.
En este sentido, pensamos que estos hombres “anónimos” representan al arquetipo de la
prominencia de la multitud sobre el líder, pero sobre todo de la dinámica afectiva sobre la
16 STUDIA POLITICÆ Nº 63 invierno 2024
predominará hasta el capítulo VI, representado en la gura de Juan Manuel
de Rosas. Son hombres que, lejos de hacer un esfuerzo minúsculo, inciden
profundamente en la formación de la multitud. Esto es lo que Ramos Mejía
(1899) piensa, por ejemplo, cuando arma que Francisco de la Cruz —frai-
le limeño, acusado de alumbrado y condenado por herejía a la hoguera en
1758— “encarna como pocos ese espíritu tenaz de protesta” (p. 29). Es decir,
la conjunción de la multiplicidad de cuerpos dentro de la multitud se ve afec-
tada por hombres que, si bien no se encuentran aislados, son guras singulares
o, en términos del presente trabajo, son líderes que operan como condensado-
res de ciertos afectos. Es decir, concentran diferentes afectos que en principio
podrían estar dispersos. Ese “hombre de la multitud(1899, p. 20), como lo
llamará el autor, encarna poco a poco los afectos que conducen a la protesta.
La guración de la concentración de diferentes elementos (pasiones, pero
también símbolos, discursos, etc.), en la unidad individual de un hombre,
convive de forma contradictoria con la intención del autor. Es decir, si Ramos
Mejía (1899) pretende restituir el rol histórico de las multitudes frente a la
historia que posiciona a los grandes hombres, ¿por qué mencionar las ma-
neras en que diferentes individuos propician “la idea de la Independencia”?,
¿qué diferencia habría entre estos hombres y aquellos “grandes hombres”,
representantes de los diferentes liderazgos de los que se quiere desprender?
Siguiendo el trabajo de Montenegro (2017), desde estas diferentes guras es
posible identicar, en la obra de Ramos Mejía (1899), un proceso de constitu-
ción de la unidad de la multitud a partir del líder. El objetivo de Montenegro
es poner en jaque la idea de que Las multitudes forma parte de la literatura
pedagógica nacional17 y para ello evidencia cómo la coherencia argumental,
la estabilidad conceptual y la univocidad interpretativa se deshacen en el
momento en que no logra sustentar la existencia de su fundamento último:
“el espíritu de la raza” (Montenegro, 2017, p. 145). A partir de una lectura
crítica sobre los deslizamientos tropo-metafóricos y retóricos del médico ar-
multitud. En el capítulo IV, Ramos Mejía convierte este arquetipo abstracto en un análisis
detallado de los hombres (meneurs) de la Primera Junta y advierte cómo ellos inscriben
sus pasiones en la multitud, evidenciando que la duración de su liderazgo depende de la
multitud antes que de su gobierno.
17 Este término es recuperado por el autor a partir de Homi Bhabha (citado en Montenegro,
2017). Según sus aportes, este tipo de literatura buscaría generar un origen o fundamento
mítico-ideológico para la construcción de una comunidad nacional. En ese sentido, obser-
var los impasses y los usos retóricos del lenguaje permite distanciar a Las multitudes de una
literatura esencialista.
ANTONIO DAVID ROZENBERG 17
gentino, Montenegro sostiene, laclausianamente, la dislocación misma de la
estructura y la necesidad de un principio estructurante parcial: el líder. Esto
indica que, si bien la raza era entendida como fundamento estructurante y
diferenciador —sobre el cual Ramos Mejía caracterizaba a las multitudes de
principios de siglo XIX como superiores a las de su contemporaneidad—,
para Montenegro este principio nunca opera realmente. Ante esto, y aunque
Ramos Mejía intente sostener la prominencia de las multitudes, no logra cir-
cunscribir al líder de forma total en un lugar secundario.
Las consecuencias de la dislocación de dicho fundamento son claras. Sin la
“raza” la multitud “se expone a la atomización”, es decir:
Las pulsiones instintivas de amor y de odio, las pequeñas y grandes explo-
siones de afectos se traducen en un devenir frenético de ideas, imágenes,
sentimientos y formas de actuar que desgarra la trama social y rechaza toda
posibilidad de coherencia y signicación estables…. Pero precisamente
porque el discurso nacionalista no logra cerrar plenamente debido a la cri-
sis del fundamento es que se vuelve terreno propicio para la emergencia de
puntos nodales que jen parcial y provisionalmente el relato identitario.
Una función que en la versión ramosmejiana de la nacionalidad es desem-
peñada por los meneur. (Montenegro, 2017, p. 145)
La lectura de Montenegro (2017) es muy sugestiva para lo que intentamos
pensar aquí. No solo permite pensar la formación de una unidad impulsada
por el líder a partir de la existencia de hombres anónimos, sino también
como una dinámica en términos afectivos, que se extiende a los grandes
meneurs que Ramos Mejía identica: Liniers, Rosas, Moreno, etc. Es decir
que lo que propone mediante este marco teórico representa la posibilidad de
una investidura radical, una identicación con el líder como “epicentro de
una relación antagónica” (p. 153). En otras palabras, se distingue en la obra
de Ramos Mejía una manera de sostener una relación de unidad en la hete-
rogeneidad que consiste —ante todo, parafraseando a Ricardo Laleff Ilieff
(2022)— en una organización de los afectos. Organización porque nunca se
trata de una eliminación, sino de un direccionamiento de los afectos. Esta
diferencia es signicativa, ya que mientras que reconoce el lugar del líder,
Ramos Mejía mantiene —como se ha observado— la importancia que ocu-
pa la multitud.
En este sentido, entre un hombre anónimo y un meneur —Liniers o el caso
especíco de Rosas— encontramos como trasfondo una concepción diná-
mica del afecto, pasible de ser ordenado, como el ujo que subyace a la
18 STUDIA POLITICÆ Nº 63 invierno 2024
institución del mismo lugar del líder. Mientras que esta dinámica de organi-
zación de los afectos funciona desde el inicio, en las formas primeras de una
multitud, la institución de un líder se produce (dando cuenta de lo señalado
en el apartado anterior) a partir de las disposiciones históricas y afectivas que
la instituyen, disposiciones del entorno e individuales, donde el líder ocupa
un rol constitutivo. El líder permite que el “sentir y moverse en común”
(Ramos Mejía, 1899, p. 11) producido por la estructuración afectiva y la
disposición individual-mental de los hombres, pueda perdurar en el tiempo.
En otras palabras, Ramos Mejía reubica el lugar del líder, lo vuelve parte de
una dinámica de afectos que permite la existencia de una multitud. Esto es
así porque aparece necesariamente vinculado a la afectividad de la multitud,
en el proceso mismo de la creación de dicho cuerpo colectivo.
Ahora bien, se presenta nuevamente un problema. Una organización de los
afectos parece indicar la posibilidad real de su gobierno. Es decir, si el líder
funciona como parte necesaria de la unidad de una multitud, la tesis que en-
tiende que Ramos Mejía (1899) busca la comprensión del fenómeno de las
multitudes —como medio para alcanzar un posible gobierno y dominación—
surge sin ningún tipo de obstáculo. La ecuación es sencilla: el esclarecimien-
to del estatuto sobre los afectos en las multitudes y la introducción del líder
como elemento determinante —de forma contradictoria con sus intencio-
nes— se dirigen, en apariencia, a su gobierno. Entones, afectos y liderazgo
armonizan una situación de dominio, de manipulación, por parte del meneur.
En ese sentido, aunque no se encuentre un principio biologicista, la intención
del médico argentino no sería otra que el gobierno de la multitud. En última
instancia, pareciera que Ramos Mejía suscribe a la idea leboniana de “conse-
jero de príncipe” (Frittaoni, 2017, p. 290), donde el cientíco desempeña la
función de enseñar, instruir y advertir sobre los problemas que se desprenden
del fenómeno social18.
Teniendo esto en cuenta, la duda sobre la unidad afectiva o su organización
se acentúa. Resulta válido y posible argumentar que este vínculo trae más
18 Parece evidente cierto vínculo con el speculum principium que se le atribuye errónea-
mente a Maquiavelo, quien renó, especicó y centró en el problema del poder. Desarrollar
esta pregunta excede los objetivos del presente trabajo, pero el trasfondo de una crítica a
la apoliticidad de un texto que se pretende cientíco acarrea la pregunta inversa sobre la
politización de un supuesto positivismo, que busca intervenir en determinada coyuntura.
Sobre todo, cuando es dicho conocimiento cientíco el que parece renar, especicar y
centrar cuestiones del poder. En todo caso, Ramos Mejía —como hemos observado— se
encuentra en una frontera.
ANTONIO DAVID ROZENBERG 19
problemas que soluciones. La pregunta por los afectos, en sí misma, requiere
una pregunta de procedimiento: ¿cómo es posible su organización o qué nos
puede decir sobre esto Ramos Mejía? De forma similar, lo que parece indicar
Ramos Mejía es que esta unidad producida comprende los afectos como un
fenómeno controlable, y a la multitud como un elemento gobernable. ¿Cómo
sería esto posible?, ¿es realmente así? Habiendo armado la importancia de
los afectos, por un lado, y la relevancia del líder en la función de organi-
zarlos, por otro, para responder estas dudas es necesario dar un paso más y
analizar el vínculo líder-multitud.
3. El vínculo líder-multitud y el exceso de lo afectivo como principio de
inestabilidad
Quisiera, en este último apartado, sostener la tesis principal del presente ar-
tículo: los afectos, para Ramos Mejía (1899), son un exceso multitudinario
que siempre sobrepasa la capacidad del líder. Es decir, los afectos —al mis-
mo tiempo que se organizan y forman a la multitud— evidencian los límites
del meneur. Esto representa, para el médico argentino, una certeza, dado que
en última instancia:
Los hombres caen, los meneurs se suceden, las decoraciones rápidas de
aquel teatro mágico cambian como los vidrios reveladores en la linterna
mágica, y la multitud, rme y homogénea dentro de su misma heterogenei-
dad de elementos, no pierde un átomo de sus fuerzas, ni declina el propósi-
to que la anima. (p. 151)19
Para poder ilustrar este punto, quisiera recurrir aquí a un debate paralelo.
Este nos permitirá una explicación precisa, sin por ello traducir las categorías
sin mediaciones en el análisis que se presenta. El debate en cuestión reere al
estudio de los afectos elaborado por Ricardo Laleff Ilieff (2020, 2022) en la
obra de Ernesto Laclau20, partiendo de la teoría psicoanalítica de raigambre
19 Ramos Mejía piensa este diagnóstico con relación a la Revolución de Mayo de 1810, pero
es enunciado de diferentes formas a lo largo de la obra. Como objeto de admiración, aque-
llas multitudes se convierten en un índice de comportamiento de las venideras. También, es
posible encontrar algunas que poseen mayores teorizaciones y otras que funcionan como
modelo a partir del cual se enuncian críticas al resto.
20 El vinculo Ramos Mejía-Laclau ha sido trabajado previamente de diferentes formas.
Reponer el debate excede el presente trabajo, sin embargo, cabe mencionar una pequeña
20 STUDIA POLITICÆ Nº 63 invierno 2024
lacaniana. Si bien se puede argumentar que son dos teorías de los afectos
diferentes o que no es posible atribuirle a Ramos Mejía una lectura psicoana-
lítica del fenómeno político, acercar un debate externo nos permite obtener
más precisión para poder nombrar lo que aquí sostenemos, ya que —como
queda expuesto inmediatamente— el trasfondo del problema es análogo.
A diferencia de Montenegro (2017), Laleff Ilieff (2020) centra su análisis de
forma especíca en el problema de los afectos, y la tesis que presenta es su-
mamente solidaria con lo que hemos sostenido en este trabajo. Brevemente,
complejizar la teoría de la hegemonía de Ernesto Laclau (2005) (y más allá
de él)21 presente en La razón populista a partir de Jaques Lacan requiere un
análisis de la dimensión afectiva. Esto mismo lleva a Laleff Ilieff a sostener
que en el pensamiento de Laclau se encuentra una reserva liberal. Es decir,
un espacio donde el nombre del líder se piensa como fallido, cuya articula-
ción hegemónica no elimina la contingencia de su lugar.
Las críticas hacia la obra de Laclau centradas en la cancelación del pluralismo
(De Ípola, 2009; Melo y Aboy Carlés, 2014) encuentran (particularmente en
Melo y Aboy Carlés) que los afectos aparecen en razón de reforzar el rol del
líder en la formalidad de la teoría laclausiana. El líder, en estas lecturas, arti-
cula una hegemonía en términos de una cancelación de la relación de solida-
ridad horizontal a favor de la existencia vertical de un “principio de represen-
tación schmitiano” (Melo y Aboy Carlés, 2014, p. 423). En otras palabras, el
líder elimina la base heterogénea que, en una primera instancia, lo constituye.
sistematización. En principio, uno podría pensar que Las multitudes forma parte de los es-
tudios de psicología de masas que el mismo Laclau señala en la La razon populista (2005),
las formas de la denigración de las masas. Aliano (2008) establece este vínculo a partir del
análisis de las formas de conceptualización de la constitución de las identidades sociales.
Por su lado, Chayo y Sánchez (2006) basan su análisis de Las multitudes desde el punto de
vista de Laclau para pensar el vínculo existente entre multitudes y mujeres como un recurso
retórico. Montenegro (2017) elabora una lectura laclausiana de Las multitudes, sosteniendo
que el lugar del líder es fundamental en la obra, aunque Ramos Mejía intente dejarlo de
lado. Alonso Brá (2018) contrapone la obra de Laclau a la de Ramos Mejía a partir de la
signicación imaginaria que subyace en la producción de las ciencias sociales en cada obra.
De forma más reciente, Ernesto Semán (2021) introduce a Ramos Mejía en su historia del
antipopulismo, donde se observa un contraste con la teoría de Laclau respecto al problema
de la inclusión de las masas.
21 Es importante sostener esto porque Laleff Ilieff (2022) no pretende “salvar” a Laclau de
sus críticas, sino pensar a partir de los límites de su teoría, a saber, una no teorización sobre
los afectos por fuera de la limitación del lenguaje y su posible existencia ligada solamente
al acto de nominación (p. 55).
ANTONIO DAVID ROZENBERG 21
Los afectos, entonces, son compatibles con la teoría de Laclau en tanto que
imposibilitan la democracia (pluralista) y aseguran la arbitrariedad del líder.
En debate con estas lecturas, Laleff Illief (2020) busca evidenciar que los
afectos no quedan subsumidos a la signicación, es decir, al verticalismo sch-
mitiano presente en la articulación hegemónica. Por consiguiente, en el fondo,
lo que el autor pretende enunciar es que el líder no es otra cosa que una parte
del proceso de la constitución de una identidad colectiva. Para poder sostener
aquello, comprende los afectos como una suerte de real, más especícamente,
como “afecciones sobre el cuerpo” (p. 158). Es decir, los afectos se perciben
como un imposible de ser capturado por la signicación, en tanto remiten a
lo real del goce, a la singularidad del cuerpo afectado. Esto supone que no
son capturados por el nombre, como lo son las emociones o sentimien-
tos22. Particularmente, en este último sentido se distancia de Laclau, ya que los
afectos serían experimentados singularmente por cada cuerpo, sosteniendo un
pluralismo inerradicable. Si cada cuerpo experimenta la afección de forma
particular, su articulación universal no concluye, por el contrario, esta afec-
ción se transforma en universal. Articular la singularidad del cuerpo afectado
y la representación es posible, “pues es efectivamente el signicante lo que le
otorga la posibilidad misma del lazo” (Laleff Illief, 2020, p. 159).
Esta restitución del argumento de Laleff Ilieff (2020) nos permite pensar un
aspecto central en Las multitudes de Ramos Mejía, dado que establece un
límite ante la posibilidad de un “gobierno” de los afectos que no se encuentre
mediado por lo imposible: la singularidad del cuerpo. Si para Montenegro
(2017) el foco de su análisis está puesto en el líder, sosteniendo la contin-
gencia del vínculo líder-multitud, rearmar el rol fundamental de la multitud
como sujeto político de la historia requiere un paso más. La ganancia epis-
témica que nos brinda el señalamiento de Laleff Ilieff en su propio debate es
fundamental, a saber, pensar los afectos en el cuerpo como aquello que im-
pide la relación mecánica, donde la unidad del líder cristaliza los movimien-
tos singulares de los liderados. En ese sentido, en Las multitudes podemos
observar una forma particular de expresión del vínculo líder-multitud.
Dos aclaraciones resultan necesarias en este punto. Por un lado, esta teoría
del afecto no se muestra inmediatamente compatible con la denición de
afecto señalada al inicio del presente artículo. Por el contrario, efectuar una
22 Estas especicidades, como se mencionó anteriormente, aplican en lo que respecta al
pensamiento lacaniano, puesto que en el pensamiento ramosmejiano no se hallan demarca-
ciones tan precisas.
22 STUDIA POLITICÆ Nº 63 invierno 2024
mediación correcta requiere inmiscuirse en el psicoanálisis lacaniano y bor-
dear sus límites y posibilidades. Por otro lado, tampoco se sostiene que el
amor —ejemplo que utilizamos en el primer apartado— logre dar cuenta de
lo real del goce. Nuevamente, la falla simbólica de la función paterna no se
puede traducir sin mediaciones al pensamiento de Ramos Mejía. Dichas me-
diaciones son objeto de una investigación de mayor alcance. Aquí, solamente
nos limitamos a señalar el aspecto teórico del exceso de los afectos respecto
al líder, cuestión factible de pensar a partir del señalamiento de la singulari-
dad del cuerpo. Particularmente, esto nos permite pensar la inestabilidad del
vínculo entre líder y multitud mediante un análisis de los afectos.
Al analizar directamente la obra de Ramos Mejía (1899), podemos observar
que dene, en primer lugar, a los meneurs como “pararrayos”, que, si no son
eliminados por la descarga eléctrica, desvían “sus corrientes acumuladas” (p.
99). La gura del pararrayos constata una recepción de energía (afectiva) de
(y que es) la multitud, pero sugiere la posibilidad de ser destruido por dicha
energía. Esta metáfora permite pensar la unidad del afecto como una diná-
mica antes que como una captura por parte de un “gran hombre”. Es decir,
si bien el líder ocupa un rol importante en la constitución del conjunto, no
podemos asumir que lo constituye por sí solo. En ese sentido, analicemos la
siguiente cita de Ramos Mejía (1899) acerca de la multitud, en donde sostie-
ne que su poder:
…de maternidad tan caloroso, va á [sic] echarla en amores alternativamen-
te tiernos ó [sic] terribles, con ternuras equívocas. Amores en que, con fre-
cuencia, en el corto período de cuarenta y ocho horas, hace recorrer a sus
ídolos el espacio que media entre el trono y el cadalzo [sic]; el ridículo ó
[sic] el injusticado olvido con que premia á [sic] menudo el cruento sacri-
cio de sus víctimas. (p. 64)
Como se enuncia en la cita anterior, el amor —ejemplo por el cual sostu-
vimos la importancia de los afectos— se piensa de forma ambivalente con
respecto al líder. De este modo, es posible dar cuenta de que este último se
mueve dentro de ciertos límites en lo que respecta a la organización de los
afectos. Sin embargo, al mismo tiempo que evidencia esta fragilidad —es
decir, que las capacidades del líder no abarcan plenamente la duración de di-
cha organización de los afectos—, sostiene su presencia en calidad de “hijo”,
dirigiendo tanto armativa como negativamente el afecto en cuestión.
El meneur, en ese sentido, es una “expresión unipersonal del conjunto” (Ra-
mos Mejía, 1899, p. 189) pero no su dirección; es una “célula que resulta por
ANTONIO DAVID ROZENBERG 23
segmentación del mismo protoplasma: no tiene otra misión que ir delante la
mayoría de las veces, dando en cierto modo forma a la fuerza y apetitos que
circulan y dirigen la masa con singular jeza” (Ramos Mejía, 1899, p. 235).
Como se encuentra vinculado íntimamente con las pasiones de la multitud,
aquel que ocupa el lugar privilegiado del líder se encuentra siempre con la
necesidad de seguir la corriente de estas. Caso contrario, como bien ejempli-
ca Ramos Mejía (1899), el meneur es trasladado directamente “de la gloria
al patíbulo” (p. 99).
Un elemento no poco importante, en este sentido, es que para Ramos Mejía
la multitud ya conforma una unidad. Contrario a una concepción de lo social
que supondría dos momentos diferenciados —uno donde se encuentran hom-
bres dispersos y otro donde el líder conguraría la unidad de dichos hombres
en un cuerpo colectivo—, la dinámica de los afectos presente en Las multi-
tudes ubica unidad y multiplicidad en un plano simultaneo, activo, de circu-
lación y movimiento. Por este motivo, la multitud es afectada como cuerpo.
Esta idea aparece a lo largo de Las multitudes en diferentes momentos, pero
considero dos especialmente signicativos. Por un lado, en el primer capí-
tulo, la multitud se presenta a partir de un esquema evolutivo. Es decir, la
multitud se conforma como tal a partir de diversos encuentros —como se
mencionó anteriormente— con diferentes “hombres anónimos”, pero tam-
bién a partir de su “recíproca sugestión” (Ramos Mejía, 1899, p. 22). En este
sentido, la multitud evoluciona desde una suerte de auto-afectación. En este
punto, el autor denomina hombres-carbono a los hombres de la multitud,
“porque en el orden político o social desempeña por su fuerza de anidad
las funciones de aquél [sic] en la mecánica de los cuerpos orgánicos” (p. 14).
Posteriormente, en el capítulo cuatro —titulado “Las multitudes de la eman-
cipación”—, analiza las diferentes maneras en que Liniers, Moreno y Cas-
telli fracasaron al momento de dirigir a la multitud que los había instituido
como líderes. Ramos Mejía (1899) señala cómo aquellos (particularmente
Moreno) le imprimen “un sello violento, por una especie de contagio ó [sic]
de sugestión profunda” (p. 148). Esto, lejos de proponer una totalización de
los afectos, da cuenta de un registro más general y colectivo de corporalidad.
Los afectos no solo apelan a la individualidad de cada uno de los hombres,
sino que, en el decir ramosmejiano, apelan a la singularidad colectiva de la
multitud. En este sentido, remiten al conjunto de movimientos internos de los
hombres en multitud. Esta constituye una unidad y es ella la que materializa
(Ramos Mejía, 1899, p. 63) un líder como —en palabras de Montenegro
(2017)— su estructurante parcial. Es durante el proceso de su formación que
24 STUDIA POLITICÆ Nº 63 invierno 2024
instituye/inviste su afectividad en un líder como forma de rearmarse, de
manera constante, en su propia unidad.
Entonces, podríamos preguntarnos por el lugar de la singularidad identi-
cada por Laleff Ilieff (2020) sobre la afección en el cuerpo. Laleff Ilief en-
tiende como reserva liberal a la experimentación singular de los afectos en
el cuerpo, que imposibilita la uniformidad en el momento de la articulación
(o hegemonía) producida por el líder23. En el caso de Ramos Mejía (1899),
se observa un gesto similar. Si bien no es posible encontrarla propiamente en
el individuo, sí es posible hallarla en la propia multitud. Lejos de armar la
presencia de una reserva liberal en Las multitudes, en este artículo se sostiene
que existe en la obra una suerte de imposibilidad por parte del meneur para
codicar la totalidad afectiva que representa la multitud. Lo que el médico
argentino señala es, antes que la clausura de la política y la consecuente he-
gemonía por parte de un líder, la inestabilidad del vínculo de liderazgo. Es
decir, una teoría de la inestabilidad política. En este sentido, para Ramos Me-
jía, la multitud ocupa también aquel lugar de lo imposible, de lo estructural-
mente fallido, dada la condición de singularidad que experimenta su cuerpo
en un constante movimiento de evolución y encuentros con otros. La multi-
tud conlleva un exceso afectivo, ora por la singularidad de su corporalidad
colectiva, ora por los movimientos internos de los hombres que la componen.
Conclusiones
Las multitudes argentinas, si bien se comprende como un libro perteneciente
al movimiento positivista —y por ello se lo identica a partir de la promo-
ción de un tipo de política oligárquica—, no deja de ser un misterio. José
Ingenieros (1946) sostuvo que esta obra no contaba con aval cienticista,
sino que se acercaba más a la literatura, y la dene como un intento fallido de
llevar a cabo un análisis psicosocial de las multitudes. Particularmente, se-
ñala la ambigüedad del término “multitud” y su similitud con otros términos
como pueblo o masa, no en un sentido morfológico sino semántico, acorde a
los estudios de nes del siglo XIX. Ante tales sentencias, Horacio González
(2000), hace más de veinte años, depositó sus esperanzas en un lector con-
23 En una línea similar, Sebastián Barros (2018) sostiene que el líder es solamente la articu-
lación de las diferencias, su representación. Para Laclau (citado en Barros, 2018), el líder
nunca supone la eliminación de dichas diferencias. Unidad y pluralidad se encuentran en un
lugar que no es totalizado por el Uno, pero tampoco dispersado por lo múltiple.
ANTONIO DAVID ROZENBERG 25
temporáneo que “más de un siglo después de escritas estas páginas, quizás
puede entender mejor que Ingenieros el concepto de multitud que esgrime
Ramos Mejía” (p. 376). El concepto de multitud dene González:
es una categoría ambivalente que abastecerá la energía interna a Las mul-
titudes argentinas. Signicará, en la historia de sus apariciones, tanto un
apagamiento del brillo de la conciencia en el acto de sumergirla en el hom-
bre colectivo, como también un grado de actividad capaz de abrillantar la
esfera deliberativa del individuo. Las dos cosas son contradictorias porque
la multitud es precisamente, a un tiempo, civilización y barbarie. En ella
no hay sino una única pero escindida temporalidad que constantemente
anuncia su propia metamorfosis entre esos clásicos límites mentales de la
vida en común. (pp. 376-377)
Siguiendo el espíritu gonzaliano, en este trabajo se intentó establecer un tipo
de compresión capaz de abarcar la complejidad de Las multitudes que, por
supuesto, supera cualquier tipo de signicación parcial. Efectivamente, nue-
vas lecturas de esta obra aportan a la construcción del lector contemporáneo,
y este trabajo no es más que un esfuerzo innitesimal para ampliar dichas
lecturas. Es por ello que, contribuir a la discusión sobre esta ambivalencia
propia de la multitud requiere, a mi entender, concebir un análisis a partir del
protagonismo que tienen los afectos.
En ese sentido, el primer apartado se centró particularmente en dar cuenta de
la importancia y el lugar que José Ramos Mejía (1899) otorga a los afectos
en Las multitudes argentinas. Si bien, como se menciona en la introducción,
no encontramos una teoría sistemática de los afectos, ello no implica que
estos no tengan protagonismo en su obra. Los afectos implican otra forma
de nombrar las relaciones que se establecen y, a su vez, señalan el problema
político central del desarrollo de la multitud en su quehacer histórico. Esto
nos condujo a sostener que los afectos cumplen una función central en la
formación de la multitud y conforman, además, el cemento que sustenta las
relaciones entre los hombres y sus líderes.
En el segundo apartado se expuso de forma especíca el problema de la
unidad de los afectos o, en otros términos, el problema que emerge con la
presencia del líder. La dinámica de los afectos que ocurre en primera instan-
cia con los “hombres anónimos”, luego prosigue en la creación de un “gran
hombre” o líder. Nos apoyamos principalmente en el análisis de Patricio
Montenegro (2017) para sostener que, ante el desplazamiento del fundamen-
to de la raza, la aparición del líder se transforma en un elemento signicativo.
26 STUDIA POLITICÆ Nº 63 invierno 2024
Esto nos orienta a preguntarnos sobre la posibilidad real del gobierno de la
multitud como organización de los afectos y, al mismo tiempo, abre nuevos
interrogantes acerca del vínculo entre multitud y líder.
Finalmente, en el tercer apartado se sostuvo que los afectos suponen un exce-
so ante la articulación producida por el líder. Para ello, recurrimos al análisis
de Laleff Ilieff (2020) y su trabajo sobre los afectos en la obra de Laclau a
partir de una lectura lacaniana. Este giro nos permitió pensar cómo, en la
obra de Ramos Mejía, se produce un movimiento similar, donde los afec-
tos evidencian la inerradicabilidad de lo social. De forma más especíca, la
multitud —en su devenir histórico y en su constante institución del vínculo
de liderazgo— se muestra imposibilitada ante una gobernabilidad plena por
parte de un meneur. La multitud, en tanto multitud de afectos, produce una
inestabilidad política antes que un pacismo del conicto.
Por estas razones, en este trabajo sostuvimos que la multitud, para Ramos
Mejía, siempre aparece como un exceso afectivo con respecto a la unidad
del líder. De este modo, el problema político presente en Las multitudes no
radica solamente en el gobierno de los hombres en multitud. Por el contrario,
Ramos Mejía nos muestra el reverso: la imposibilidad de eliminar el con-
icto y la circulación de los afectos. En ese sentido es que se ha señalado,
como se menciona en la introducción, que la obra de Ramos Mejía permite
concebir una teoría de la inestabilidad política.
Es evidente que la relación entre afectos y política en Las multitudes no se
agota en lo aquí expuesto. Muy por el contrario, aún debe ser analizado des-
de diversas perspectivas. Sobre todo, se podría plantear un análisis de las
conguraciones en las que el amor (y también el odio) de cuenta tanto de
formas de ordenamiento, dominación, servidumbre y dependencia, así como
de liberación, crítica y procesos de revolución. Es por ello que Las multitu-
des argentinas, de Ramos Mejía, continúa siendo una referencia ineludible,
no solo para la sociología o la psicología social, sino también para la teoría
política.
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