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Reseñas
MAZZALAY Víctor (2011). Coordinación socio-política en Córdoba. Estructuras de
gobernanza en el desarrollo local-regional, Córdoba, EDUCC, Biblioteca Gobierno,
520 páginas.
Por Luis F. Aguilar Villanueva
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La realidad social que vivimos y observamos no nos plantea problemas ni nos ofrece un
concepto preciso de sus componentes, tampoco nos explica por qué es de esa manera y
no de otra ni nos dice hacia cuál futuro se encamina. La realidad social está ahí, en mo-
vimiento, y al ser ella parte de nuestras vidas y nosotros parte de ella, somos nosotros
los que con nuestras preguntas la obligamos a hablar acerca de ella misma, de su reco-
rrido, su situación presente, sus probables futuros, así como somos también nosotros los
que valoramos su configuración y sus efectos sobre nuestras vidas. La realidad no nos
obliga a pensarla de una única manera, no nos dice su verdad. Somos nosotros, desde
nuestras referencias cognoscitivas, emocionales, valorativas, los que hacemos que la
vida asociada deje de ser un hecho y se convierta en un problema, llegue a ser un con-
cepto y no sólo una vivencia, así como somos nosotros los que hacemos que los hechos
sociales sean explicables y no los vivamos como acaecimientos oscuros que nos sobre-
vienen. Somos nosotros también los que conforme a nuestra convicción de lo que debe
ser la sociedad humana calificamos a las realidades sociales, las apreciamos o despre-
ciamos, las juzgamos satisfactorias o insostenibles, deformes o justificables.
La función y misión de la investigación social es justamente hacer que la sociedad se
muestre y nos hable acerca de ella. Los compromisos teóricos y valorativos del investi-
gador constituyen el mirador desde el cual se observa la realidad social, se la interroga,
la define, clasifica y explica. Al no compartir los investigadores sociales las mismas re-
ferencias teóricas y cívicas, es lógico que no todos vean las mismas cosas o no vean lo
mismo en las mismas cosas o no con la misma claridad y seguridad, aun si todos están
obligados a presentar evidencias para mostrar la pertinencia cognoscitiva de sus afirma-
ciones y mirada. La perspectiva de conocimiento explica por qué en el campo específi-
co del gobierno y/o desarrollo local o regional, buen número de investigadores han se-
guido planteándose los mismos problemas, ofreciendo las mismas respuestas, señalando
las mismas realidades y levantando las mismas críticas. No obstante su aguda inteligen-
cia y rigor investigativo, sus estudios no tienen otra mirada, otra perspectiva de conoci-
miento sobre el gobierno local y repiten consideraciones que han perdido interés cog-
noscitivo y práctico porque no responden a los nuevos planteamientos, dilemas e
inquietudes de las sociedades actuales. El libro de Víctor Hugo Mazzalay, “Estructuras
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Investigador Emérito del Sistema Nacional de Investigadores. Miembro del Comité de
Expertos de la ONU en Administración Pública. Profesor de la Universidad Católica de
Córdoba.
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de gobernanza en el desarrollo local – regional: coordinación socio-política en Córdo-
ba” es nuevo y es diferente porque ve a los gobiernos y/o desarrollos locales y regiona-
les desde otro mirador y nos hace mirar otros aspectos, otras dimensiones y otras poten-
cialidades de la sociedad local. Su mirador es la Gobernanza.
Muchos siguen viendo el ejercicio del gobierno regional o local desde una perspectiva
estatista, gubernamental(ista) y consideran que el único modo de dirigir a las regiones y
localidades y elevarlas a nuevos niveles de calidad de vida en común son las leyes, las
políticas y el gasto público del gobierno. El desarrollo, el bienestar y el orden de las so-
ciedades locales es obra del gobierno. Otros investigadores, como es el caso del Prof.
Mazzalay, cambian el foco de su mirada, buscan otras cosas a partir de otras preguntas,
y más que mirar al gobierno, al gobernante y a sus acciones, prestan atención al proce-
so de gobernar a la sociedad regional – local, al proceso de cómo se la dirige, a su go-
bernanza, y a las modalidades que toma el ejercicio directivo en las sociedades locales,
descubriendo que no siempre el gobierno es el agente exclusivo o protagónico en el
proceso de conducción de la sociedad y que tampoco es siempre eficaz el modo directi-
vo jerárquico de mando y control. Lo específico del enfoque de la gobernanza es hacer
que el problema, el concepto y la explicación del gobierno de la sociedad se desplacen
del agente o del sujeto de gobierno, del gobernante, hacia el proceso de gobernar y ha-
cia las modalidades que toma a lo largo del tiempo y espacio social. No desaparece el
gobierno como sujeto legítimo de dirección social, como institución pública, dotado de
facultades y responsabilidades precisas frente a la ciudadanía, sino que se le ve en ac-
ción, en el desempeño concreto de su tarea directiva, y se examinan las condiciones y
los modos que puedan contribuir a que el gobernar sea realmente público y socialmente
eficaz.
La gobernanza es el proceso político-social mediante el cual se construye, define y
realiza el sentido colectivo de una sociedad. En la definición y realización del proyec-
to de sociedad participan tanto el gobierno como los actores sociales, que establecen
entre sí relaciones específicas y cuyo peso o influencia en la decisión de la agenda y
la acción social es cambiante según la historia de la sociedad o según las circunstan-
cias que la sociedad vive. Las relaciones de dependencia o las de interdependencia
entre el gobierno y los grupos (económicos, sociales, políticos) son clave en la tarea
directiva de definir los objetivos de valor social a realizar, los problemas públicos a
resolver, los instrumentos y recursos a emplear, las acciones a llevar a cabo y los crite-
rios de medición de sus resultados... En todo proceso directivo de la sociedad el go-
bierno es un actor indispensable, relevante y frecuentemente central, pero su papel e
influencia, instrumentos y modos de operación cambian, como lo muestran las actuales
condiciones sociales (nacionales e internacionales) en las que la solución de los pro-
blemas y la creación de futuros sociales valiosos requiere conjuntamente de la acción
del gobierno y de los actores de la sociedad económica y civil, de modo que el proce-
so de gobernar en diversos países, regiones y microrregiones ha ido tomando la forma
de un gobernar asociado, sinérgico entre los poderes públicos y las organizaciones
económicas y sociales, con interdependencias complementarias, compromisos conjun-
tos y corresponsabilidades, con un gobierno con el rol de coordinador más que de su-
bordinador, facilitador más que protagónico, que actúa en red más que en modo verti-
cal jerárquico e impositivo.
Este giro conceptual y práctico que presta atención al proceso de gobernar más que al
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gobierno y que señala sus diversas modalidades según la configuración de las socieda-
des y el tipo y grado de organización de sus actores, es el objeto del libro del Prof. Víc-
tor Hugo Mazzalay (publicación de vanguardia en el medio académico argentino y lati-
noamericano), quien con orden analítico, conocimiento del debate contemporáneo,
cuidado argumentativo, y sin predicación ideológica o política, nos lleva a descubrir el
enfoque y concepto de la gobernanza, su utilidad heurística para la investigación social
sobre los procesos de gobierno que tienen lugar en regiones y localidades (siendo la
provincia de Córdoba la referencia y la evidencia), las condiciones políticas y sociales
que exige la gobernanza para tener posibilidad y sentido directivo en una sociedad na-
cional o local, sus potencialidades prácticas para reactivar y conducir el desarrollo re-
gional e incrementar la prosperidad y el bienestar social, así como sus limitaciones y
riesgos de deformación. El libro del Prof. Mazzalay es nuevo, no repite la misma pers-
pectiva y problemática sobre los gobiernos y los desarrollos regionales y locales con
novedosos pero iguales estudios de caso, sino que estudia el mundo regional – local
con otro planteamiento, los mira con otros lentes conceptuales y les hace decir otras co-
sas con otro lenguaje. Víctor Hugo “ve más y diferente”, como reconoce en su apartado
de agradecimientos.
El enfoque y concepto de gobernanza puede sernos insólito, extraño y acaso extrava-
gante, pues hemos crecido con la idea de que el gobernar a la sociedad es la función y
responsabilidad esencial del gobierno, el cual ha mantenido y mantiene siempre relacio-
nes con sectores, grupos y localidades sociales, a los que consulta y a cuyas demandas y
propuestas da respuesta incorporándolas en mayor o menor medida en sus políticas, le-
yes y gasto. No obstante la participación ciudadana, en nuestra mente el gobierno es el
agente final, único y decisivo de la conducción social, de la definición y la realización
de los objetivos de la vida asociada, entre otras razones debido a que hemos crecido
con el supuesto o la certeza de que los grupos sociales carecen de la capacidad para re-
solver sus problemas particulares y los problemas de interés general, o no tienen la dis-
posición a colaborar y a hacerlo con sentido público, disciplinando sus intereses priva-
tivos y renunciando a sus oportunismos. Hemos sido socializados en la idea de que la
sociedad, por sus precariedades, incapacidades, inconsistencias, búsqueda de provechos
exclusivos, genera conflictos, desórdenes y regresiones, de modo que es una realidad
esencialmente ingobernable y, por tanto, es objeto de gobierno y administración, reali-
dad que tiene que ser gobernada, siendo el gobierno el agente que pone orden, da senti-
do, coordina, conduce y produce desarrollo.
El enfoque de la gobernanza, en cambio, cuando es depurado de denotaciones prescrip-
tivas unilaterales o de inscripciones ideológicas antiestatales o antigubernamentales,
ayuda a entender mejor las posibilidades de desarrollo de las comunidades regional –
locales y el papel de los gobiernos y la sociedad en la tarea directiva. Hace que preste-
mos mayor atención al proceso de gobierno de la comunidad local o nacional y no su-
pongamos que toda acción del gobierno, por el hecho de ser del gobierno, aun si de un
gobierno legítimo (democrático, legalmente respetuoso), sea sin más una acción guber-
nativa, directiva de su sociedad, o sea suficiente para producir desarrollo, abatir des-
igualdades, resolver problemas críticos y crear futuro. Nos hace ver también que un
proceso de conducción y coordinación de la sociedad, estructurado por una sinergia de
recursos públicos y privados, de capacidades gubernamentales y sociales, incrementa
significativamente las posibilidades y los alcances de las comunidades locales, así como
contribuye a superar las limitaciones (financieras, organizacionales, informativas, tecno-
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lógicas, operativas...) que los gobiernos locales padecen en su tarea de gobierno por no
disponer de los recursos suficientes para resolver razonablemente bien los problemas
económicos, sociales, ambientales, políticos de regiones y localidades.
El enfoque de la gobernanza contribuye también a que entendamos y resolvamos mejor
los nuevos problemas que los gobiernos locales enfrentan en un contexto de inconclusa
consolidación institucional democrática, federalización inacabada y desequilibrada, cre-
ciente independencia y autonomía de la sociedad civil, globalización económica de alta
competitividad que implica reestructuración productiva, financiera y comercial, econo-
mía del conocimiento, influencia mayor de los organismos internacionales en la agenda
de los gobiernos domésticos y además notorias limitaciones fiscales, administrativas y
de política de los gobiernos democráticos. Estas nuevas condiciones han hecho que el
problema de los gobiernos regionales y locales haya cambiado y se haya vuelto más
complejo. Nos hacemos ahora otras preguntas sobre los gobiernos, sus capacidades y al-
cances para el desarrollo regional – local y tenemos otras expectativas y exigencias de
su actuación.
En el centro de la preocupación intelectual y cívica está hoy la cuestión acerca de la ca-
pacidad y eficacia directiva de los gobiernos, sea nacionales o locales. No se trata sólo
de tener gobiernos democráticos, elegidos, legales, sujetos a los controles de los pode-
res públicos y los ciudadanos, transparentes, que rinden cuentas, así como gobiernos lo-
cales que en un arreglo federal tratan institucionalmente de asegurar su independencia y
autonomía respecto de los poderosos gobiernos centrales al abordar los problemas so-
ciales de sus comunidades políticas locales, de las que ellos son sus dirigentes legítimos
y a las que se deben. La batalla institucional por gobiernos locales democráticos y autó-
nomos, eficientes, no ha perdido su importancia y tanto menos es una cuestión termina-
da, pero ha aparecido otra cuestión más urgente y acaso más decisiva para el futuro de
la democracia y para evitar recaídas en el autoritarismo. Es una cuestión que implica in-
dudablemente la dimensión institucional indispensable de todo gobierno democrático,
pero que va más allá de la esfera institucional e indaga sobre cuáles son las condiciones
políticas, financieras, administrativas y de política pública que un gobierno democrático
regional-local debe poseer para que la democracia no sea sólo forma sino capacidad de
gobierno, para estar en aptitud de conducir y coordinar a sus comunidades locales a un
futuro de valía en condiciones internacionales y nacionales que hoy son diferentes.
Todas estas cuestiones se abordan y desarrollan a lo largo del libro de Víctor Hugo, que
se distingue por su riqueza informativa y analítica, claridad de expresión y validación
empírica de sus conceptos y conjeturas. El libro es un libro científico, no un ensayo li-
gero de opinión pública. Es conceptualmente denso, metodológicamente estricto y abor-
da además un tema inédito que no es familiar para un buen número de intelectuales y
políticos de nuestros países, es un libro preciso en lo que afirma y en su orden de inves-
tigación y exposición. Un buen libro de investigación, como el que tenemos en nuestras
manos, no tiene por qué ser intrincado y oscuro, aunque tampoco debe eximir de esfuer-
zo intelectual. La estructura y secuencia de los diez capítulos del libro de Víctor Hugo
Mazzalay (explicadas en la Introducción, en las páginas 14 – 16) es progresiva e inte-
grada. Comienza con la exposición de los problemas del gobierno y desarrollo regional
– local, se eleva al concepto de gobernanza como la perspectiva que puede “aprehender
más adecuadamente la complejidad de la conducción – coordinación sociopolítica del
desarrollo regional-local”, elabora con originalidad el concepto de gobernanza y regresa
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a la realidad regional y local, seleccionando algunas microrregiones de la Provincia de
Córdoba, para conocer las formas que toma o puede tomar la estructura y el desempeño
directivo de la gobernanza regional – local. El corazón del libro es su conjetura de que
los factores que condicionan la estructura de la gobernanza regional - local, su desem-
peño directivo y su variación son fundamentalmente: “el nivel de interdependencia en-
tre los actores y la centralidad / rol del Estado”, para cuya comprobación nos expone su
estrategia metodológica, los instrumentos, pasos y resultados de su investigación de
campo.El libro concluye con una profundización conceptual y cívica de los resultados
probados de su investigación (los capítulos VIII, IX, X).
El aporte original del libro sobre la gobernanza regional – local consiste en afirmar que:
“El desempeño de los gobiernos locales y la evaluación que de éste hagan los actores, y
el capital social como cohesión de las relaciones entre los actores influyentes, condicio-
nan la estructura de gobernanza de los procesos de desarrollo local-regional en la pro-
vincia de Córdoba en el tiempo 2001-2003”. Con cuidado científico recorta el alcance
de su afirmación, pero su conjetura encierra un juicio de realidad y una estrategia de in-
vestigación que van más allá del tiempo y espacio cordobés de su estudio. Es una hipó-
tesis replicable en otros contextos y es un embrión de teoría. Ahondando en su pro-
puesta, Víctor Hugo señala que: “Esto implica que los espacios en los que los gobiernos
locales muestren un mejor desempeño, tendrá mayor centralidad el Estado en la estruc-
tura de gobernanza. Y por otro lado, que aquellas regiones en las que los actores influ-
yentes se encuentren en estructuras relacionales más cohesionadas, será mayor el nivel
de interdependencia. Como consecuencia observacional, se deduce lo siguiente: las re-
giones que muestren una gobernanza con “alto nivel de interdependencia y mayor cen-
tralidad relativa del Estado”, deberían tener un alto capital social y un buen desempeño
de los gobiernos locales. Los casos en que haya menos cohesión relacional entre los ac-
tores influyentes y los gobiernos locales tengan una evaluación positiva, la gobernanza
debería presentarse con “bajo nivel de interdependencia y mayor centralidad relativa del
Estado”. Las micro-regiones en las que el Estado tenga un mal desempeño y exista un
bajo nivel de capital social, se verá una gobernanza de “baja interdependencia y más
centrada en la sociedad”. Y finalmente, cuando los gobiernos locales tengan un desem-
peño deficiente para los actores y exista un alto nivel de capital social cohesivo, la go-
bernanza será “centrada en la sociedad y con un alto nivel de interdependencia”
(pág.175).
El libro tiene muchos méritos y contribuciones. Me permito destacar los principales
desde el punto de vista de un académico que se ha dedicado en los últimos años a inda-
gar la cuestión de la capacidad y eficacia directiva de los gobiernos, tema que me llevó
precisamente a descubrir y (re)elaborar el enfoque de la gobernanza como una respues-
ta idónea en las actuales condiciones de la sociedad contemporánea. Formalmente, un
mérito principal del libro es la capacidad del autor para articular creatividad teórica y
pericia de investigación empírica. Ni es un habitante del cielo de la propuesta teórica,
acaso lógicamente impecable pero empíricamente indiferente y ajena, pero tampoco re-
duce la ciencia social al anecdotario de estudios empíricos que no arrojan conclusiones
relevantes ni generalizables.
Sustantivamente destaco los siguientes puntos. Su concepto del desarrollo regional – lo-
cal como “un proceso socio-político más que como una política pública particular (...)
proceso de coordinación-conducción del que derivan resultados colectivos que se des-
envuelve en contextos de interdependencia e implica a una multiplicidad de actores in-
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dividuales y organizados, públicos y privados en la resolución de algo común y entraña
consideraciones que exceden la limitada referencia a la acción-inacción de los gobier-
nos” (pág.12). Es asimismo de importante valor para el conocimiento que, en los asun-
tos cognoscitivos y prácticos del gobierno y sus capacidades directivas, haya deslindado
el enfoque de la gobernanza del de la gobernabilidad, que es el dominante y el conoci-
do en nuestro medio, pero cuyo supuesto, concepto y propuesta son limitados para en-
tender tanto el proceso del gobernar como para resolver los problemas de su eficacia di-
rectiva. Resalto asimismo el modo como Víctor Hugo en solitario, sin una tradición de
investigación argentina y latinoamericana en la cual apoyarse, intuye la productividad
teórica y práctica del enfoque de la Gobernanza y se apropia críticamente de la literatu-
ra reciente que ha elaborado y justificado el enfoque —recordar que el primer libro
académico en el mundo sobre Gobernanza es de 1993—, y particularmente de la pro-
ducción intelectual de lo que llama “la escuela de la anglo-gobernanza” (Stoker, Rho-
des, Pierre, Peters...). Es agudo al descubrir y señalar “los objetos, escalas y conceptos”
de la gobernanza, que hicieron que al inicio fuera un concepto polisémico y hasta equí-
voco, al mismo tiempo que detecta y critica su precipitada denotación prescriptiva (pro-
pia de las recomendaciones de algunos organismos internacionales) y pone aparte su de-
notación analítica que es la que cognoscitivamente importa y puede ser duradera.
En este proceso de construcción del concepto de gobernanza el Prof. Mazzalay muestra
tener conocimiento preciso del debate que ha acompañado la genealogía del concepto y
su normalización. El producto final de su recorrido intelectual es el concepto de gober-
nanza que nos ofrece, que ha sido construido no genéricamente sino con el fin de que
sea significativo en el contexto empírico de la sociedad argentina y de sus gobiernos re-
gionales – locales. Entendida fundamentalmente como “proceso de coordinación – con-
ducción sociopolítica”, la gobernanza se distingue por tres componentes básicos: su es-
tructura reticular de múltiples subjetividades, que evidencia la interdependencia entre
actores públicos, privados y sociales; su influencia en la definición y realización de lo
que es común; su estructuración a partir del nivel de interdependencia entre los actores
(“capital social”) y del papel del Estado. Esta caracterización es importante, porque
muestra que no se ha afiliado a algunas tendencias antiestatales y antigubernamentales,
que estuvieron presentes al inicio de la historia intelectual del enfoque de la gobernan-
za y que hablaban del “vaciamiento del Estado” y de la posibilidad de una “gobernanza
sin gobierno” o de “una gobernanza mediante el mercado”. En cambio, destaca que el
proceso de gobernar implica siempre la acción del gobierno (“la centralidad del Esta-
do”), así como ésta implica una relación del gobierno con otros gobiernos (“relaciones
intergubernamentales”) y con la sociedad y es el producto de esas relaciones. Gober-
nanza en sentido estricto existe, y no sólo el gobernar unilateral y exclusivo del gobier-
no, cuando las relaciones entre gobierno y sociedad son de interdependencia de recursos
(de varios tipos) y toman la forma de asociaciones, redes, consorcios, coproducciones
de lo común y corresponsabilidades público – privadas en su realización.
Es de apreciarse también que Víctor Hugo haya construido primero un concepto abs-
tracto de gobernanza, cuya estructura puede tener diversas manifestaciones según el ma-
yor peso que el Estado y sus poderes o las organizaciones sociales y sus capacidades
hayan tenido en la configuración de sus objetivos, instrumentos, actores, recursos. La
definición general le permite derivar y ofrecer una propuesta original de tipología de la
gobernanza. Es de valorarse su propuesta porque siguiendo su propio itinerario intelec-
tual llegó a un punto semejante al que llegó también después la literatura mundial, la
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cual al comienzo proponía prematuramente una definición prescriptiva en medio de
exageraciones políticas, conceptos descriptivos sin rango analítico o notorias inscripcio-
nes ideológicas adversas al dirigismo estatal.
En la literatura europea y angloamericana se entendió inicialmente por gobernanza sólo
el concepto de dirección social contemporáneo, llamado “nueva gobernanza” o “gober-
nanza moderna”, que significaba el proceso de gobernar en asociación público – priva-
da, en red gubernamental – social. Sólo la reflexión y la crítica conceptual a los prime-
ros productos obligó a elaborar un concepto abstracto de gobernanza, que en el espacio
y tiempo social podía tomar formas diversas, que recapituladoramente eran de tres tipos
en su estructura y ejercicio: el gobierno jerárquico, el autogobierno y el cogobierno (J.
Kooiman). Por eso me ha llamado la atención que el Prof. Mazzalay, con sus propios
recursos, haya descubierto que, para que la gobernanza sea un concepto heurístico, em-
píricamente relevante, y además de utilidad directiva práctica para el gobierno y desa-
rrollo regional – local, debe ser primero un concepto general con denotación precisa,
del que pueda derivarse una tipología de sus formas específicas y observables. Confor-
me a las dos dimensiones que él considera constitutivas y determinantes de la estructu-
ra de la gobernanza, nos ofrece su propuesta de cuatro tipos: “1. Gobernanza Estado-
céntrica con altos niveles de interdependencia, 2. Gobernanza Estado-céntrica con bajos
niveles de interdependencia, 3. Gobernanza socio-centrada con altos niveles de interde-
pendencia, 4. Gobernanza socio-céntrica con bajos niveles de interdependencia”. El re-
sultado es que nos ofrece un marco de referencia para estudiar el modo como las comu-
nidades regionales y locales se gobiernan para su desarrollo. Lo importante es que esta
tipología no es una inferencia deductiva de un modelo teórico sino que emerge del estu-
dio del desarrollo y gobierno regional – local, relacionado con circunstancias reales de
algunas microrregiones de la Provincia de Córdoba. Estoy cierto que su tipología será
una brújula para posteriores estudios empíricos y puede llegar a convertirse en una cla-
sificación reconocida por su utilidad cognoscitiva y gubernativa.
Deliberadamente me abstengo de comentar la calidad de su investigación empírica, la
selección de las microrregiones, la operacionalización de la hipótesis mediante variables
pocas y relevantes, la manera como recopiló, procesó y presentó sus datos de búsqueda
y validación. Me permito en cambio, para concluir, destacar un par de sus condiseracio-
nes finales:
“La coordinación-conducción socio-política que resuelve lo común, se realiza en el
marco de un conjunto de actores que conforman una estructura reticular de interdepen-
dencias. Esto implica que las acciones e inacciones de los actores, sus relaciones y no
relaciones y sus cooperaciones, conflictos e indiferencias, afectan el resultado común y,
por ende, a ellos mismos. La relativa y variable autonomía que poseen los actores que
se encuentran implicados en los procesos socio-políticos, permite afecciones múltiples y
cruzadas, directas e indirectas entre ellos. En estas circunstancias la coordinación no de-
pende de la voluntad de un solo actor, sino de una combinación de intencionalidades
con resultados inciertos. Esto muestra las interdependencias múltiples y reticulares que
posee un conjunto de actores en la resolución de lo común”.
“Las interdependencias no sólo se producen en el plano objetivo de las interacciones,
sino que también tienen una expresión subjetiva que resulta un apropiado y más estable
plano de observación de las mismas. La influencia socio-política que los actores reco-
nocen a otros, como expresión subjetiva, no sólo informa sobre quiénes poseen un peso
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diferencial superior en la resolución de lo común, sino que también indican cómo los
actores configuran los marcos de referencia en la toma de decisiones para actuar. Esto
implica que, quien es reconocido como influyente, resulta instituido como tal porque re-
sulta un marco de referencia para las decisiones y acciones de otro”.
En resumen, “resulta pertinente y fructífero comprender la gobernanza como una estruc-
tura reticular configurada por múltiples subjetividades, que indican las influencias e in-
terdependencias socio-políticas. En este plano subjetivo-perceptivo se hacen manifiestas
no sólo las relaciones de cooperación, sino también las de conflicto e incluso de indife-
rencia; las cuales concurren y coexisten entre un conjunto de actores interdependientes
de los cuales depende el resultado común”.
Estas reflexiones finales del Prof. Víctor Hugo Mazzalay, en las que reafirma la impor-
tancia y la función del componente subjetivo-perceptivo de los actores participantes en
la decisión de la configuración del proceso de gobernanza, resaltando algo que los estu-
dios actuales mundiales no han destacado ni han prestado atención, nos induce a abor-
dar nuevos temas y plantearnos nuevos problemas que por cierto ahora están en debate
y elaboración y que se refieren al modo como pueden ser gestionadas exitosamente las
complejas relaciones de interdependencia entre varios actores, al modo como se puede
promover o asegurar “la combinación de intencionalidades” y promover y asegurar
además que el resultado de los entendimientos, acuerdos y compromisos a los que lle-
gan los actores públicos, privados, sociales, con diversos niveles de conocimiento y po-
der, sea realmente algo de valor público y beneficio general. Es crucial para la legitimi-
dad y eficacia de las formas de gobernanza, favorecer y asegurar que “la resolución de
lo común” sea algo razonablemente común, de valía común, de universalización de los
derechos sociales de los ciudadanos, a fin de no repetir la historia tramposa de pactos y
políticas supuestamente de interés común pero cuyos resultados reprodujeron desigual-
dades y exclusiones sociales de grupos, localidades y personas.
La gobernanza da respuesta a los problemas del gobierno (conducción – coordinación)
contemporáneo de las sociedades pero representa también un problema, que tiene por lo
menos dos dimensiones, una técnica y otra valorativa. El primer problema consiste en
saber cuáles son las condiciones de organización y gestión que pueden coordinar el in-
terjuego político – social de una pluralidad interdependiente de actores que participan
en la definición de los fines e instrumentos de la gobernanza, de modo que se llegue a
estructurar una propuesta de gobernanza estable y compartida y el proceso de delibera-
ción y resolución no se atasque o sea interminable y frágil por la carencia de acuerdos y
de compromisos creíbles y exigibles. Pero a esta complicada dimensión de la gerencia
interna de las redes, partenariados y consorcios que están a la base de la gobernanza,
hay que añadir para indagación un segundo plano del problema más decisivo referido a
identificar cuáles son las condiciones que hacen posible que la propuesta de gobernanza
coproducida por actores públicos, privados y sociales tenga realmente naturaleza públi-
ca, produzca valor público y sea positivamente apreciada por el público ciudadano. En
el libro aparecen ya algunos señalamientos sobre estos temas cruciales.
A pesar del esfuerzo que hice como lector del libro de Víctor Hugo Mazzalay me alegra
haber dedicado buen tiempo a su lectura y análisis. Al terminar el texto, puedo decir que
he aprendido, que entiendo mejor el arte del gobernar regional – local, las transforma-
ciones que experimenta actualmente, sus dificultades, sus problemas y sus desafíos futu-
ros en un contexto nacional e internacional que ha estrechado el ámbito de autonomía
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de los gobiernos que, en última instancia, son los garantes de lo común, de lo público
de una sociedad, a pesar de que los ciudadanos perdamos de vista cada vez más la im-
portancia de los bienes comunes, públicos, y la importancia de construir condiciones
universales de vida digna y justa. Por esto, al final de la lectura, he salido fortalecido
como investigador y como ciudadano.
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