121
*
Investigador Asistente del Conicet. Profesor Adjunto en la Facultad de Ciencia Política
y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).
Esteban Iglesias
*
Resumen
El propósito de este trabajo reside en describir el conjunto de transformacio-
nes que ha experimentado el vínculo entre partidos políticos y movimientos
sociales en la Argentina democrática. El principal argumento consiste en que
la modificación de este vínculo debe interpretarse en dos sentidos. El primero
remite al intento de reconstruir el lazo entre Partido Peronista y sindicalismo
peronista por parte del kirchnerismo, en tanto fuerza dominante del peronis-
mo. Y, el segundo debe leerse en términos de ampliación del vínculo, el que ya
no puede restringirse al peronismo, incorporándose a su análisis a los parti-
dos de izquierda y las organizaciones piqueteras. A nuestro parecer este últi-
mo elemento constituye un aporte al análisis del vínculo entre partidos y
movimientos, con el que se pretende ensanchar sus márgenes. Finalmente, se
destaca que para la recolección de la información se ha acudido a las técnicas
de la entrevista en profundidad y la observación de documentos.
Palabras claves: partidos políticos, sindicatos, democracia.
Abstract
The intention of this work resides in describing the set of transforma-
tions that has experienced the link between political parties and social
Modificaciones en el vínculo
entre partidos y movimientos en
la Argentina de comienzos del XXI
Código de referato: SP.147.XXV/13.
STUDIA POLITICÆ Número 25 ~ primavera/verano 2011-2012
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
25
-
primavera-verano 2011/2012
122
STUDIA POLITICÆ
movements in the democratic Argentina. The principal argument consists
of the fact that the modification of this link must be interpreted in a
double way. The first one, sends to the attempt of reconstructing the
bow between “peronista” party and peronist unionism on the part of the
kirchnerismo, as a dominant force of the Peronism. And, the second one,
must be read in terms of extension of the link, which already cannot be
restricted to the Peronism, joining to his analysis to the left-wing parties
and the “piqueteras” organizations.To us, it looks like this last element
constitutes a contribution to the analysis of the link between parties and
movements, with it we try to expand its margins. Finally, we emphasize
that for the compilation of the information we chose the interview in
depth and the observation of documents.
Key words: Political parties, unions, democracy.
Introducción
1
E
L propósito de este trabajo reside en describir las transformaciones
en el vínculo entre partidos políticos, agrupamientos sindicales y
organizaciones piqueteras en la democracia argentina, teniendo
como período de análisis la última década del siglo XX y los primeros
años del siglo XXI. Esta modificación ha sido observada en los siguien-
tes ejes de análisis: las afinidades identitarias y las culturas políticas; la
participación de la dirigencia de los movimientos en el proceso de toma
de decisiones políticas de la organización partidaria; la participación en el
gobierno si es que la organización partidaria accede al mismo y, particu-
larmente, el lugar que se le asigna a los representantes de los movimien-
tos; la cantidad de lugares otorgados a representantes provenientes de los
movimientos en el parlamento, la existencia de aportes monetarios por
parte de los movimientos hacia la organización partidaria, el apoyo brin-
dado con adherentes o a través de miembros de la organización sindical
o piquetera a la organización partidaria.
El principal argumento consiste en que la transformación que ha experi-
mentado el vínculo entre partidos y movimientos en la Argentina actual
debe interpretarse en dos sentidos. El primero remite al intento de recons-
truir el lazo entre partido justicialista y sindicalismo peronista por parte del
kirchnerismo, en tanto fuerza dominante del peronismo. Esto es, darle pro-
tagonismo al sindicalismo peronista dentro de la organización partidaria y
no como su “columna vertebral”. Y el segundo debe leerse en términos de
1
Se agradecen las correcciones y sugerencias realizadas por el/la evaluador/a anónimo/a
ya que el trabajo se fortaleció en su coherencia interna y en su diseño.
123
ampliación del vínculo, que ya no puede restringirse al peronismo, incorpo-
rándose a su análisis a los partidos de izquierda y las organizaciones pique-
teras. Tal vez entre los factores que permiten comprender esta transforma-
ción política debe reseñarse la mutación del peronismo como fuerza
política, principalmente, su viraje ideológico, durante la década del noventa,
expresado en la aplicación de políticas que colocaban en tela de juicio el
modelo sustitutivo de importaciones del primer peronismo. Esto abrió una
brecha entre lo que representaba y aglutinaba el peronismo y la organiza-
ción política de los sectores populares. En ese contexto aparecen nuevos
agrupamientos sindicales, nuevas formas de protesta y partidos de izquier-
da participando de la constitución de estas identidades políticas.
La modificación del vínculo entre partidos de masas y movimientos ha
constituido un proceso político complejo que en términos temporales ha in-
volucrado al último período democrático. Esto es así ya que con la restau-
ración democrática asistimos al momento en el que el Partido Justicialista
continuaba teniendo como columna vertebral al sindicalismo peronista; lue-
go, con el avance del sector “renovador” y con la asunción de Carlos Me-
nem al gobierno, la influencia del sindicalismo peronista en la arena partida-
ria y en el poder político mengua al punto de operarse una modificación
profunda en el vínculo entre partido y sindicalismo peronista; y, finalmente,
durante el gobierno de Néstor Kirchner, en un contexto signado por el ago-
tamiento de las políticas neo-conservadoras, se reconstruye un lazo entre
kirchnerismo y sindicalismo peronista al tiempo que se convoca a partici-
par del proyecto de gobierno a parte de las organizaciones del espacio pi-
quetero. En esta etapa, el espacio piquetero ya se encontraba dividido
(Svampa y Pereyra, 2003), existiendo organizaciones que participan de los
diferentes niveles del gobierno y, a su vez, organizaciones que se consolida-
ron como la expresión movimientista de los partidos de izquierda.
En rigor, hasta fines de la década del ochenta existían sobradas razones
para que la explicación del vínculo entre partidos y movimientos se res-
trinja al análisis del peronismo con el sindicalismo peronista. Desde hace
dos décadas esta situación ha variado. Este trabajo intenta ensanchar los
márgenes del análisis entre partidos y movimientos abordando esta modi-
ficación.
Consideraciones teórico-metodológicas
Durante la década del noventa del siglo XX y en los primeros años del nue-
vo milenio, diversos estudios han prestado atención al modo en que se forja
el vínculo entre partidos políticos y organizaciones que inscriben su accio-
ESTEBAN IGLESIAS
25
-
primavera-verano 2011/2012
124
STUDIA POLITICÆ
nar en el movimiento obrero
2
o el espacio piquetero. Unos abordan el
modo en que se ha desarticulado la relación entre Partido Peronista y sindi-
calismo peronista. Otros las complejas vinculaciones que se establecieron
entre partidos políticos y organizaciones piqueteras. Lo cierto es que es po-
sible observar cuatro perspectivas teóricas que se proponen estudiar de
forma sistemática el vínculo entre partidos políticos y organizaciones sindi-
cales o piqueteras: el neo-institucionalismo, el enfoque de la movilización de
recursos, la perspectiva de los movimientos sociales y la interpretación
“casuística”.
En primer lugar, se reconoce al neo-institucionalismo como la perspectiva
más difundida, la que en términos generales se plantea, como problema
principal, las modalidades en que las instituciones inciden en el accionar
político. En Argentina, durante este período, sus autores de referencia fue-
ron Levitsky (2004), Murillo (1997), Etchemendy y Colliers (2008) y
Levitsky y Mainwaring (2007). En esta oportunidad se hará mención al tra-
bajo de Levitsky (2004), quien entiende que “Los vínculos partido-sindica-
2
No se desconoce la producción clásica sobre el peronismo que lo analiza como fenóme-
no político así como el lugar político que ocuparon las organizaciones gremiales y la clase
obrera en su origen y en su supervivencia. Inicialmente, la pregunta que orientaba las pre-
ocupaciones residía en cuáles eran los factores por los que la clase obrera brindó su apo-
yo al coronel Perón. Y, las respuestas eran, ciertamente, variadas. Una respuesta era la re-
lativa a los “factores psicosociales” que operaban sobre el “estado de masas en
disponibilidad” provenientes del campo. Germani (1962), Waisman (1980) y Di Tella
(2003, 1985) son los autores más relevantes y quienes concluyen que la clase obrera era
escasamente organizada y, además, que el Estado, encabezado por el coronel Perón, im-
plementó mecanismos de cooptación política. Otra, con posterioridad y en plena discu-
sión con las miradas anteriores, Murmis y Portantiero (1971) y Juan Carlos Torre
(1999). Por su parte, Murmis y Portantiero señalan que la acción de la clase obrera tenía,
también, un “carácter racional”, tesis fundamentada en el análisis de tres tipos de sindica-
tos: nuevos, viejos y paralelos. Por otra parte, Torre realiza un aporte relevante explican-
do la relación de identificación de la clase obrera con Perón y la participación de la “vieja
guardia sindical”. Finalmente, hay que destacar los trabajos de Ernesto Laclau (1986). A
diferencia de los estudios anteriores el peronismo le permite a Laclau elaborar una teoría
del populismo, el que sería entendido, inicialmente, como un fenómeno ideológico organi-
zado en torno a prácticas articulatorias, interpelaciones popular-democráticas en tanto
conjunto sintético antagónico respecto de la ideología dominante. Finalmente, durante la
década del noventa del siglo XX los estudios politológicos ya no se preguntaban por los
factores que explicaban por qué se hicieron peronistas sino, más bien, las razones que
operaban para mantener vivo su apoyo al peronismo en el marco de políticas públicas de
corte neo-conservador que terminaban perjudicándolos en su situación económica. Estos
son los trabajos a los que se alude en la perspectiva teórica y que se agregan aquí ya que
no plantean de forma sistemática el vínculo entre partidos y movimientos sociales, SIDI-
CARO (1999, 1998), NOVARO y PALERMO (1996), ABOY CARLÉS (2001), LACLAU (2005),
MUSTAPIC (2002), etc.
125
tos son el conjunto de normas, procedimientos y organizaciones que facili-
tan el intercambio recíproco de apoyo e influencia entre el partido y los sin-
dicatos. En este artículo nos centraremos en un solo aspecto de los víncu-
los: los mecanismos de participación sindical en el partido. Para ello
tomaremos como indicador de dicha participación la cantidad de sindicalis-
tas que forman parte de los cuerpos directivos del partido y que lo repre-
sentan en las cámaras legislativas.” (Levitsky, 2004: 6) Esta perspectiva
pone en el centro de su análisis la cuestión de las “normas”, “procedimien-
tos” y “organizaciones”, que son las que permitirían abordar las relaciones
de mutua incidencia entre el partido y los sindicatos. El resultado de la in-
vestigación de este autor señala que el Partido Justicialista se convirtió en
una organización “clientelista”.
En segundo lugar, el enfoque de la movilización de recursos, cuyos expo-
nentes son Javier Auyero (2000, 2007) y el grupo de investigación que diri-
ge Federico Schuster (2008). Aunque con diferencias, en ambas produc-
ciones el concepto de “estructura de oportunidades políticas” es el que
orienta los análisis. Así, Pereyra, Pérez y Schuster analizan las protestas:
“en el marco de las oportunidades políticas que se abría luego de la crisis
de 2001, es necesario considerar cuatro elementos: la protesta, la política
social, las elecciones y el posicionamiento en términos de oficialismo y
oposición (2008: 20). Esta investigación condujo “a reordenar el campo
atendiendo a una nueva distinción, que consideramos de mayor rendimiento
hermenéutico, entre organizaciones autonomistas, movimientistas y clasis-
tas.” (Idem: 18)
En tercer lugar, la perspectiva de los movimientos sociales, cuyos referen-
tes teóricos son Touraine (1995) y Melucci (1999) y que en Argentina en-
cuentran a la producción de Maristella Svampa (2000, 2005), Svampa y Pe-
reyra (2003) y Martucelli y Svampa (1997) entre sus principales
elaboraciones. Precisamente en La Plaza vacía. Las transformaciones del
peronismo, que hizo en co-autoría con Danilo Martucelli, se analiza la cons-
titución del peronismo en términos de “experiencia social” y de “lenguaje
político”, lo que le permite explicar los lazos que se establecen entre una
identidad política y las características del mundo popular urbano. En efec-
to, esta perspectiva enfatiza la dimensión identitaria de los actores políticos,
muchas veces, en desmedro de la dimensión institucional en el accionar co-
lectivo.
Finalmente, la interpretación “casuística” del vínculo entre partidos y orga-
nizaciones sindicales. La producción de Arturo Fernández (1993, 2007) ha
marcado un rumbo interesante en Argentina. El autor construye tres tipos
“ideales” de vinculación entre organizaciones partidarias y organizaciones
sindicales. En efecto, a partir del análisis de “casos” a lo largo de la historia
ESTEBAN IGLESIAS
25
-
primavera-verano 2011/2012
126
STUDIA POLITICÆ
política plantea la existencia de una vinculación “estructural” basada en una
relación orgánica entre las partes; una vinculación “coyuntural” donde la in-
teracción es esporádica; y, finalmente, una vinculación “corporativa” en la
que prima la defensa de intereses particulares.
Este breve paneo de perspectivas teóricas permite señalar que para el análi-
sis del vínculo entre partidos políticos y organizaciones sindicales o pique-
teras se opta por colocar en interacción la perspectiva de los movimientos
sociales con el enfoque neo-institucional, otorgándole prioridad a la primer
perspectiva sobre la segunda. En efecto, se entiende que la dimensión iden-
titaria constituye un condicionante explicativo importante del accionar polí-
tico y las estrategias de construcción política llevada adelante por los acto-
res. Sin embargo, el marco institucional no debe ser desvalorizado
restringiéndolo a mero contexto ya que las iniciativas estatales y la dimen-
sión institucional del régimen político constituyen un elemento decisivo que
incide en las modalidades de acción colectiva.
3
En lo que respecta a las consideraciones metodológicas se ha seleccionado
para el análisis, principalmente, el recorrido del partido peronista, liderado
por Néstor Kirchner bajo la insignia del Frente para la Victoria, y sus vincu-
laciones con nucleamientos sindicales —CGT, MTA y CTA.
4
También se
seleccionaron organizaciones piqueteras, la Federación de Tierra y Vivien-
da, la que se origina en el marco de la CTA y la Corriente Clasista y Comba-
tiva, la que en 1996 se vincula con el Partido Comunista Revolucionario. Se
entiende que estos elementos permiten construir la complejidad que reviste
el vínculo entre partidos, organizaciones sindicales y organizaciones pique-
teras, luego de la crisis política de 2001.
Para la recolección de la información se acudió principalmente a la entre-
vista en profundidad
5
y a la observación de documentos. Por su parte, la
entrevista en profundidad tenía el propósito de reconstruir la complejidad
del vínculo entre partidos políticos y organizaciones, ya sean estas sindica-
les o piqueteras. En lo que respecta al guión de entrevista, en su diseño res-
pondía a detectar los diferentes momentos, rupturas y transformaciones,
en la articulación o no de partidos y organizaciones. La entrevista en pro-
3
Sobre las potencialidades explicativas de las perspectivas de la acción colectiva puede
consultarse Iglesias (2008).
4
Confederación General del Trabajo (CGT), Movimiento de los Trabajadores Argenti-
nos (MTA) y Central de los Trabajadores Argentinos (CTA).
5
Los encuentros con los informantes claves fueron 14, de los cuales 8 se realizaron en el
año 2005 y 6 en el 2010. La duración de los encuentros promedió los 90 minutos cada
uno.
127
fundidad se aplicó a informantes claves cuyo criterio de selección se vincu-
ló con:
1. ser dirigente de máximo nivel del gobierno nacional y del Frente Para
la Victoria así como de nucleamientos sindicales y organizaciones pi-
queteras,
2. participar del proceso de toma de decisiones políticas,
3. conocer su historia y brindar conocimiento específico sobre el vín-
culo entre los partidos políticos y las organizaciones bajo análisis.
Por otra parte, en la observación de documentos se apeló a documentos
elaborados por las distintas instancias del gobierno y, también, de partidos
políticos, organizaciones sindicales y piqueteras. Finalmente, se acudió a la
consulta de la prensa escrita, periódicos de alcance nacional como Clarín y
La Nación. La información recogida mediante el análisis periodístico brindó
importantes elementos para caracterizar el contexto político y, asimismo,
posibilitó contrastar o corroborar la información que brindaban los infor-
mantes claves.
Los ejes de análisis en los que se agrupó la información recolectada se vin-
culó con establecer una interacción entre la dimensión identitaria y la políti-
co-institucional en lo que respecta a la vinculación entre partidos, organiza-
ciones sindicales o piqueteras. Así, se consideró el conjunto de prácticas,
tradiciones y culturas políticas que operaron como rasgos identitarios en
partidos, organizaciones sindicales y organizaciones piqueteras. La dimen-
sión identitaria condujo a la política, en la que se ha analizado el modo en
que iniciativas estatales y políticas públicas influyeron en el accionar colec-
tivo de sindicatos y organizaciones piqueteras. Finalmente, se consideraron
los mecanismos de participación de representantes sindicales en la organi-
zación del partido político.
La modificación del vínculo en Argentina
En Argentina, las transformaciones políticas, económicas, culturales y so-
ciales asumieron un modo particular, comenzando a delinearse a mediados
de los setenta, con el gobierno de la dictadura militar, y, más tarde, encon-
traron su forma más acabada durante la década del noventa. Efectivamente,
a lo largo de esta década el sujeto social “clase trabajadora urbana” experi-
mentó una modificación profunda en su estructura social y el sujeto sindi-
cal “dirigencia sindical peronista” entabló un nuevo vínculo con el partido
peronista. Previamente, en rigor luego de la muerte de Perón y hasta la res-
tauración democrática, el sindicalismo propuso constituirse en la columna
ESTEBAN IGLESIAS
25
-
primavera-verano 2011/2012
128
STUDIA POLITICÆ
6
En referencia a la CTA y el MTA.
7
Romero es quien plantea que el término “sectores populares” se define por la presen-
cia de dos dimensiones, la de las situaciones materiales y la cultural. Mientras que la cate-
goría clase aludiría a una situación estática, un a priori, el término sugerido permite cap-
tar el devenir del proceso histórico en el que se constituyen los sujetos sociales: “los
sectores populares, entre la fragmentación y la polarización, no son, en realidad, sino que
están siendo; es necesario encontrar la fórmula que, en la definición del sujeto, articule la
continuidad en el cambio, o la transformación en la permanencia...”. (ROMERO, 1995: 37).
vertebral del peronismo. Sin embargo, en el lapso de diez años —mediados
de los ochenta hasta mediados de los noventa— esta fuerza política ha de-
jado de ser un partido de base sindical. A esta transformación de enverga-
dura es preciso añadirle otras, como la constitución de nucleamientos sindi-
cales,
6
diferenciados de la CGT y, a su vez, la emergencia y consolidación
de organizaciones piqueteras en el escenario político nacional.
En el marco de estos profundos cambios es que abordaremos el vínculo
complejo y dinámico entre partidos y movimientos —nucleamientos sindi-
cales y movimiento piquetero— en Argentina. En rigor, este vínculo será
delimitado al análisis de las relaciones entre el Partido Peronista y el sindica-
lismo peronista y al de los partidos de izquierda con las diferentes expresio-
nes del movimiento piquetero. La decisión de incluir organizaciones de tra-
bajadores desocupados radica en que expresan la profunda reconfiguración
que ha experimentado el mundo popular urbano (Svampa, 2005). Inclusive
se trata de actores políticos y sociales que construyeron su identidad políti-
ca en tensión con el Partido Peronista, al menos durante la última década
del siglo XX. En rigor, la constitución de nucleamientos sindicales y, espe-
cialmente, la consolidación de organizaciones piqueteras se efectivizó en
tensión y confrontación con las estructuras políticas, organizativas y terri-
toriales del partido justicialista. Ciertamente, la dinámica de los sectores po-
pulares
7
ya no puede ser explicada exclusivamente por los avatares del pe-
ronismo y del sindicalismo peronista.
La desarticulación histórica entre partido peronista y sindicalismo
peronista: los principales rasgos del vínculo durante la década del
noventa del siglo XX
Argentina, durante la década del noventa, ha experimentado una profunda
transformación, cuyos orígenes pueden rastrearse en la dictadura militar de
1976. A lo largo de aquella década, se ha instituido un nuevo tipo de socie-
dad, abandonando el modelo sustitutivo de importaciones, instaurado por el
129
primer peronismo. En efecto, se aplicaron un conjunto de políticas, de ca-
rácter neo-conservador, que pusieron sobre nuevos carriles y coordenadas
las antiguas relaciones que mantenían el Estado y la sociedad civil. Este
profundo cambio fue liderado por Carlos Menem, quien, a su vez, consoli-
dó las transformaciones que venían operándose en el vínculo entre Partido
Peronista y sindicalismo peronista.
8
Ciertamente, desde mediados de los
ochenta hasta finales de la década del noventa, el panorama relativo al vín-
culo entre partidos y movimientos fue modificándose de forma irreversible.
En este período, la relación entre partido justicialista y sindicalismo peronis-
ta ha coronado un cambio que se venía gestando desde mediados de los
ochenta (Levistky, 2004), sobre todo en el modo original en que el primer
peronismo había logrado anudar mundo laboral, mundo sindical y mundo
popular (Svampa, 2005). Bajo el liderazgo de Carlos Menem, el Partido
Justicialista dejó de ser una organización de base sindical,
9
notándose la
pérdida de su presencia en los lugares de conducción política y, también, en
las listas de candidatos del Partido Justicialista. Como relata Falcón (1993)
la representación de extracción sindical era ya casi nula en las elecciones a
diputado nacional de 1991. La profunda transformación en el vínculo parti-
do justicialista-sindicalismo peronista puede observarse con mayor nitidez
en el mediano plazo, sobre todo, con la restauración de la democracia, en la
que este vínculo podía leerse al modo en que el sindicalismo constituía “la
columna vertebral” del peronismo. Como plantea Fernández (1993), en este
modo de concebir el vínculo, los sindicatos no podían ser la cabeza del
movimiento pero sí lo que le brindaba fortaleza. Así las cosas se daba por
entendido que la influencia sindical era enorme.
La emblemática expresión de las modificaciones en el vínculo partido pero-
nista-dirigencia sindical peronista, fue el caso de la UOM, liderado por el
metalúrgico Lorenzo Miguel. Esta organización ha sido relevante en el mo-
delo sustitutivo de importaciones y, a la vez, ha sido dominante en la CGT y
en la dinámica y fortaleza del partido justicialista. Precisamente, con la res-
tauración democrática y en las elecciones de 1983 la reminiscencia a la fi-
gura de Lorenzo Miguel es ineludible. Posteriormente, durante la década del
8
En rigor, el vínculo entre peronismo y sindicalismo peronista comenzó a virar con la
primera derrota electoral democrática, en 1983, y, posteriormente, cuando el sector “re-
novador” dentro del PJ se afirma, esta modificación en el vínculo se presenta como irre-
versible.
9
Esto no obsta que el justicialismo haya tenido apoyo sindical y que gracias a parte de
este apoyo las reformas inspiradas en el Consenso de Washington hayan tenido viabili-
dad. Precisamente, el proceso que se pretende remarcar es el de “desindicalización” del
partido justicialista.
ESTEBAN IGLESIAS
25
-
primavera-verano 2011/2012
130
STUDIA POLITICÆ
noventa, y en pleno proceso de desindustrialización del país, la UOM ha in-
tentado manejarse con cierta autonomía política, con el claro propósito de
tener margen para negociar, al menos en los albores del primer gobierno de
Carlos Menem (Falcón, 1993).
Modificada la relación partido-nucleamientos sindicales, a lo largo de la dé-
cada del noventa, el sindicalismo peronista diversificó su estrategia política
del accionar colectivo, observándose la coexistencia de estilos sindicales
empresariales, de inscripción territorial y de oposición a las políticas públi-
cas implementadas por el gobierno nacional, las que tenían punto de apoyo
en espacios provinciales y municipales.
Por una parte, los sindicatos de Luz y Fuerza, el Sindicato Unidos Petrole-
ros del Estado (SUPE), el Sindicatos de Mecánicos y Afines del Transporte
Automotor (SMATA), la Federación de Empleados de Comercio y de Servi-
cios y la UOM retomaron y enfatizaron el estilo político empresarial y, al
mismo tiempo, sostuvieron un vínculo corporativo con el Estado con el ob-
jeto de protegerse a sí mismos y obtener recursos de este, particularmente
fondos para las obras sociales y participación en las privatizaciones (en el
Programa de Propiedad Participada).
Por otra parte, como señala Levistky (2004), también existió una estrategia
de afincamiento territorial cuyo horizonte de llegada era la postulación de
dirigentes sindicales a cargos legislativos – provinciales y municipales. Este
es el caso de Roberto Digón en la ciudad de Buenos Aires y de José María
Santamaría del sindicato de Porteros de Edificios, mientras que en provin-
cia de Buenos Aires están los casos de Osvaldo Borda (trabajadores del cau-
cho) y el de Luis Castillo (conductores navales), etc.
Finalmente, la opción por la oposición a las políticas públicas fue expresada
por los trabajadores del Estado, nucleados en la Asociación de Trabajadores
del Estado.
10
A diferencia de Unión Personal Civil de la Nación, aquella
promovió un estilo sindical cuya piedra de toque era la autonomía respecto
del Estado y de los partidos políticos. Las políticas de reforma del Estado
implementadas a nivel nacional, provincial y municipal y la identidad política
del agrupamiento sindical que hunde sus raíces en la tradición nacional-po-
pular que desarrolló acabadamente el primer peronismo, la colocó ante el
desafío de ensanchar las bases de organización sindical —conformando en
la década del noventa la CTA— y de trascender lo sindical hacia la constitu-
ción de frentes políticos-sociales, como fue la experiencia del Frente Na-
10
Desde 1984, en el marco de la restauración democrática, ATE se encontró liderada por
Víctor De Gennaro, quien, posteriormente, en la década del noventa fundaría la CTA.
131
cional contra la Pobreza en 2001 o la Corriente Nacional por la Unidad Po-
pular en diciembre de 2010.
Las transformaciones operadas en el vínculo Partido Justicialista-sindicalis-
mo peronista tuvieron efectos sociales que posibilitaron la constitución de
agrupamientos —nucleamientos sindicales— y de nuevas identidades políti-
cas –organizaciones piqueteras. Esto, por un lado, contribuyó a la fragmen-
tación y diversificación sindical en la década del noventa y, por otro lado,
aportó, junto con los partidos de izquierda, a la consolidación de nuevas ex-
presiones de protesta, como la piquetera. Particularmente, la referencia es
al Congreso de los Trabajadores Argentinos y al Movimiento de Trabajado-
res Argentinos.
Por su parte, el Congreso de los Trabajadores Argentinos,
11
surgida en
1992, reconoce como principal rasgo identitario la constitución de un nue-
vo sindicalismo.
12
En este sentido, se presenta no sólo como disidente del
sindicalismo peronista sino como el intento de construir una nueva Central
de Trabajadores que logre enlazar diferencialmente el vínculo entre sindica-
tos, Estado y partidos. Este nucleamiento sindical aglutina a trabajadores
estatales y escasamente a trabajadores industriales, registrándose sólo la
presencia de la UOM de Villa Constitución. Además, en el plano del univer-
so de las afiliaciones, fue el primero en incluir a los trabajadores desocupa-
dos como potenciales sujetos de organización política. Este agrupamiento
tuvo una importante presencia en la protesta social de la década del noven-
ta, participando de la organización de la Marcha Federal de 1994, realizó
varios paros nacionales, acompañó la Carpa Blanca —protesta docente—
y, finalmente, conformó un Frente Nacional contra la Pobreza (FRENA-
PO)
13
que, en el año 2001, recorrió todo el territorio nacional e hizo una
consulta popular solicitando un seguro de empleo para los desocupados.
Por otra parte, se constata la constitución del MTA liderado por Hugo Mo-
yano, del sindicato de Camioneros, y por Juan Manuel Palacios, de la
Unión Tranviario Automotor. Este nucleamiento reconoce como rasgo iden-
titario, por un lado, el estilo peronista de la práctica política y, por el otro,
la “disidencia” respecto del modo en que la CGT ha construido su lazo con
el Partido Justicialista y con el Estado. Este nucleamiento realizó durante la
11
El CTA cambia su nombre en 1996, llamándose Central de los Trabajadores Argenti-
nos, en el marco de un congreso nacional que reunió a más de 8000 delegados.
12
Para los orígenes de la CTA es posible consultar Armelino (2008 y 2005).
13
Del Frenapo participaron muchas organizaciones sociales, piqueteras, sindicales y
partidos políticos.
ESTEBAN IGLESIAS
25
-
primavera-verano 2011/2012
132
STUDIA POLITICÆ
década del noventa manifestaciones públicas y protestas contra las políti-
cas de ajuste económico, posicionándose en el arco opositor al gobierno
menemista, al mismo tiempo que lograba mayor importancia a medida que
el Mercosur se consolidaba en tanto comercio regional. Finalmente, cabe
destacar que desde este agrupamiento se intentaba mostrar, desde el punto
de vista político, la necesidad de un Estado “fuerte” que promueva el mer-
cado interno.
La tendencia hacia la diversidad demostrada en la representación sindical
del mundo del trabajo, también debe ser abordada dando cuenta de las
transformaciones acaecidas en las modalidades de la acción colectiva. En
efecto, los cambios en la acción colectiva en la argentina democrática ope-
ran como una cuña explicativa que revela las modificaciones en el mundo
sindical, y, también, la aparición de nuevas identidades políticas, como los
piqueteros. Schuster y Pereyra (2001) describen con claridad que, desde la
restauración democrática, se observa un pasaje de protestas sociales ancla-
das en una “matriz sindical”, donde los reclamos tenían un carácter econó-
mico, hacia una “matriz cívica”, que inscribe su accionar en el reclamo de
“derechos”, dando cuenta así de la multiplicación de las identidades socia-
les y, simultáneamente, de la emergencia de nuevas categorías sociales que
se fueron forjando al calor de la protesta, siendo el fenómeno piquetero la
muestra más elocuente de este proceso.
En la consolidación de las organizaciones piqueteras han intervenido fuerte-
mente los partidos de izquierda y los nucleamientos sindicales. Por un lado,
los partidos colaboraron en la constitución de las organizaciones piquete-
ras, encontrándonos ante un abanico importante: el Partido Obrero formó el
Polo Obrero, el Partido Patria Libre formó Barrios de Pie, el Partido Comu-
nista Argentino formó el Movimiento Territorial de Liberación, etc. Sin em-
bargo, la más relevante de estas organizaciones fue la constitución de la
Corriente Clasista y Combativa, que tuvo un origen sindical y, posterior-
mente, logró fortalecimiento y masividad gracias a su vinculación con el
Partido Comunista Revolucionario. Ciertamente, bajo el liderazgo de Carlos
“el perro” Santillán se constata el surgimiento de la CCC en 1994. Pero,
será recién hacia 1996 cuando, en conjunto con el PCR, se toma la deci-
sión de organizar políticamente a los desocupados (Delamata, 2004). No
resultó sencillo combinar una tradición política afincada en el ideario de las
izquierdas con la organización política de los desocupados, un sujeto que
supuestamente no ocupa ningún lugar en las relaciones de propiedad en la
economía de mercado capitalista. De todas maneras, al compás de las
transformaciones que experimentó el mundo del trabajo, la estructura social
y el mercado de trabajo argentino, la CCC ha hecho una resignificación de
lo que consideraba la clase obrera, ahora integrada por los ocupados, des-
133
ocupados y jubilados. En poco tiempo la rama de los desocupados se cons-
tituyó en la principal, siendo el bastión del partido bonaerense de La Matan-
za uno de los más destacados. Por último, hay que señalar que la finalidad
política de esta organización radica en la transformación radical de la socie-
dad, la que sería factible mediante una transformación de las identidades
populares afincadas en el primer peronismo en pos de una sociedad justa e
igualitaria. El momento crucial de mutación identitaria tiene lugar cuando la
organización participa o produce una protesta social.
Por otro lado, nos referiremos a la Federación de Tierra y Vivienda, la que
en el marco de la CTA, hace su aparición pública en el año 1998. Efectiva-
mente, no es casual que aquellos que usurpaban tierras veinte años atrás
(Merklen, 2005) sean hoy piqueteros. A su vez, tampoco puede sorprender
que una cultura política afincada en lo síndico-estatal (Svampa y Pereyra,
2003) como aquello de la FTV, inscriba su nacimiento en la CTA. Hay un
conjunto de afinidades electivas a contemplar. La preocupación por organi-
zar políticamente a los desocupados por el lado de la CTA y la centralidad
de las organizaciones público-estatales que la integran. La veta cooperativa
y la reivindicación por la tierra y la vivienda de la FTV serán decisivas para
que se vincule con la CTA. Sin embargo, más tarde, esta cultura política li-
gada a lo síndico-estatal se activará cuando el gobierno de Néstor Kirchner
llame a participar a las organizaciones de su gobierno. La aceptación por
parte de la FTV será posible gracias a la existencia de esta cultura política,
siendo posible que esta organización trueque la protesta por el apoyo al go-
bierno sin mayores complicaciones.
Este breve relato revela la envergadura de las transformaciones que ha ex-
perimentado la sociedad argentina y la complejidad que ha asumido el vín-
culo entre partidos y movimientos. Este escenario, en un contexto de crisis
de representación política, constituyó un verdadero rompecabezas para el
entonces presidente Néstor Kirchner.
La presidencia de Néstor Kirchner
Las condiciones políticas en las que asume Néstor Kirchner a la presidencia
así como su concepción de la política constituyen elementos explicativos
ineludibles de su accionar. Cabe destacar que el principal rasgo de esta
asunción se vincula con el contexto de crisis de representación política —la
ausencia de reconocimiento por parte de los representados hacia los repre-
sentantes— que se expresó en el slogan “Que se vayan todos, que no quede
ni uno solo”, en referencia a la dirigencia política. Asimismo, durante el año
2002 y parte del 2003 Argentina constituyó un verdadero laboratorio políti-
ESTEBAN IGLESIAS
25
-
primavera-verano 2011/2012
134
STUDIA POLITICÆ
co en el que se distinguían las asambleas barriales en las principales ciuda-
des industriales de nuestro país.
Kirchner asumió la presidencia en un contexto de división del peronismo,
con un caudal exiguo de votos ciudadanos, un 22 %, y habiendo perdido la
primera vuelta electoral con Carlos Menem, quien obtuvo mayor cantidad
de votos.
14
Sin lugar a dudas, este fue un escenario de alta fragmentación
política, situación a la que no escapaban los movimientos —sindicales y pi-
queteros. Por su parte, el movimiento obrero se encontraba dividido, obser-
vándose la presencia de tres nucleamientos sindicales: la CGT, el MTA y la
CTA. Y, al mismo tiempo, el espacio piquetero mostraba divisiones irrever-
sibles siendo la más relevante el Bloque Piquetero y la episódica alianza en-
tre la CCC y la FTV.
En este escenario político es necesario recordar la gravedad del contexto
social y económico así como el traumático pasaje del esquema de converti-
bilidad económica al de la devaluación económica. En este sentido, las polí-
ticas de re-negociación de la deuda externa, de restitución del modelo susti-
tutivo de importaciones combinado con la política extractiva y exportadora
de recursos naturales —sobre todo el petróleo, la soja y la minería—, las
re-estatizaciones
15
de servicios y empresas públicas, etc., signaron el ago-
tamiento de las políticas de corte neo-conservador, mostrando prontamente
resultados positivos. Por un lado, se registró un crecimiento económico
que promedió el 9 % del PBI durante el período y, a su vez, una nítida baja
del desempleo, del 17,3 % al 8,5 % desde 2003 a 2007 según la informa-
ción que brinda el INDEC.
Kirchner rápidamente se ubicó en un espacio político de oposición y de crí-
tica a las políticas neoconservadoras, y optó por un estilo político que ten-
dió a dividir dicotómicamente el espacio social. En el lapso de treinta días,
Kirchner había construido una serie de enemigos del “pueblo argentino”,
señalando así a las Fuerzas Armadas, las empresas públicas privatizadas, “la
mayoría automática” de jueces de la Corte Suprema, el FMI,
16
etc. En este
espacio político se constituyó el kirchnerismo en tanto fuerza política inter-
na del peronismo y en el orden nacional. Lo cierto es que esta lógica binaria
de la política fundada en la consideración de que aquellos que no compar-
14
Pese a haber obtenido más votos que Kirchner, Menem no se presentó a disputar la
segunda vuelta electoral.
15
Los procesos de re-estatización llevados adelante por Kirchner fueron: el de los co-
rreos en 2003, el de aguas en 2006, y, el del Ferrocarril Belgrano, en 2007.
16
BIGLIERI (2008) desarrolla el modo en que el kirchnerismo construyó estos enemigos
y, al mismo tiempo, elaboró un “nosotros” cuyo nombre era el “pueblo argentino”.
135
ten el horizonte político propio constituyen el arco de enemistades del “pue-
blo argentino”, no permite que los diversos elementos que adhieren al pro-
yecto político se integren desde sus rasgos identitarios. El contrapunto no-
table es la relación de fuerza que estableció la CGT, la que pudo construir
un vínculo de aliados —luego de las elecciones de 2005— con las organiza-
ciones piqueteras, para las que el gobierno ha concebido una relación ins-
trumental —como demostraría su accionar luego de integrarse al proyecto
político kirchnerista.
El vínculo entre partidos políticos, nucleamientos sindicales y
organizaciones piqueteras
“El de Moyano es un movimiento obrero con prota-
gonismo en el partido justicialista. No se trata, como
antes, de que el movimiento obrero sea la columna
vertebral” (Agustín ROSSI, FPV)
Con respecto al vínculo entre partido de gobierno y movimientos —pique-
tero y nucleamientos sindicales— Kirchner se propuso integrar a su gobier-
no a parte de las organizaciones del espacio piquetero y, asimismo, lograr el
apoyo de nucleamientos sindicales sobre todo de la Confederación General
del Trabajo. A las organizaciones piqueteras, Kirchner les ofrece participar
en los siguientes programas sociales: “El hambre es más urgente”,
17
“Ma-
nos a la obra”
18
y el “Plan arraigo”.
19
La participación en la gestión de es-
tos programas fue aceptada por Federación de Tierra y Vivienda y por Ba-
rrios de Pie mientras que la Corriente Clasista y Combativa y el Movimiento
Independiente de Jubilados y Pensionados no aceptaron, restringiendo su
vinculación a la firma de convenios que harían efectiva la realización de es-
tos emprendimientos productivos. Con posterioridad, para consolidar la in-
tegración al gobierno de parte de las organizaciones del campo piquetero,
la dirigencia de este sector fue ocupando distintos cargos gubernamentales.
Mencionamos los casos más conocidos como el de Luis D’Elía en la sub-
secretaría de Tierra y Vivienda de la nación y el de Jorge Ceballos como
Director de Asistencia Comunitaria del Ministerio de Desarrollo Social. Asi-
17
Lanzado oficialmente el 7 julio de 2003 (La Nación, 8/7/2003).
18
Lanzado el 11 de agosto de 2003 (Clarín, 12/8/2003).
19
El primero consiste es un programa de ayuda alimentaria, el segundo de construcción
de viviendas comunitarias y el tercer de emprendimientos productivos.
ESTEBAN IGLESIAS
25
-
primavera-verano 2011/2012
136
STUDIA POLITICÆ
mismo, desde el Ministerio de Desarrollo Social, la organización Barrios de
Pie y el Movimiento Evita se incorporaron al programa nacional de Promo-
tores Territoriales para el Cambio Social.
¿Qué tipo de relación se ha construido entre el partido en el gobierno —Frente
para la Victoria— y el campo oficialista de las organizaciones piqueteras?
Desde el gobierno el rol de estas organizaciones ha sido concebido, por un
lado, en términos de defensa acérrima de los “intereses nacionales y popula-
res” y, por el otro, se ha entendido que la dirigencia piquetera que ocupa car-
gos gubernamentales debía batallar en los medios masivos de comunicación
contra aquellos que criticaban al gobierno, lo que incluía desde políticos, figu-
ras públicas, hasta los mismos comunicadores sociales.
De todas maneras, se entiende que esta pregunta debe ser contestada con-
templando el cruce entre la dimensión política y la identitaria de la acción
colectiva. Ciertamente, la aceptación de estas organizaciones piqueteras de
integrarse al gobierno de Néstor Kirchner fue posible gracias a una cons-
trucción identitaria que en el caso de la FTV remite a prácticas sindico-es-
tatales y en el caso de Barrios de Pie a lo nacional y popular. Sin embargo,
para las organizaciones no fue sencillo mutar la protesta contra el gobierno
a tener que apoyarlo y defenderlo. Precisamente, el problema en las organi-
zaciones de protesta aparece en el modo que se asume esta defensa y cómo
la misma golpea en la identidad construida al calor de la protesta. Si enten-
demos que el límite de la acción política es la identidad, los sucesos de-
muestran los intentos por parte del partido en el gobierno de transformar
los rasgos identitarios de las organizaciones piqueteras así como la predis-
posición de las mismas a efectivizarlo. El bloqueo de las petroleras —Shell
y Esso— producto del llamado a boicot por parte del entonces presidente
Kirchner, como la organización de la contramarcha en apoyo al “gobierno
popular”
20
y, finalmente, el desalojo a los golpes de un ciudadano del espa-
cio público
21
que se manifestaba a favor de la protesta que realizaron las
organizaciones que representan al campo dan cuenta del modo instrumental
en que el gobierno concibe la relación con estas organizaciones.
22
Este
20
En apoyo al gobierno y en contra de la marcha por la demanda de “seguridad” que
había encabezado en ingeniero Carlos Blumberg.
21
En referencia a los golpes de puño de Luis D’Elía a Alejandro Grahan. Sobre este he-
cho cabe señalar que la jueza correccional Susana Guichandut, en 2011, condenó a Luis
D’Elía a cuatro días de prisión en suspenso por “lesiones en riña” al dirigente ruralista
Alejandro Grahan. El abogado del dirigente piquetero apeló el fallo de la Cámara en lo
Correccional y Criminal.
22
Cabe aclarar que la convocatoria a boicot contra las petroleras y la contramarcha por
la seguridad corresponden al período de gobierno de Néstor Kirchner mientras que el
137
conjunto de acciones políticas constituye una muestra cabal de la transfor-
mación que estaba experimentando la FTV en su identidad política.
Ahora resulta pertinente indagar sobre el modo en que las tradiciones políti-
cas del clasismo —sintetizado en el vínculo partido-movimiento— obraron
frente a un gobierno que ha decidido intervenir fuertemente en el amplio
campo de los sectores populares urbanos. Particularmente, analizaremos el
modo en que ha respondido la CCC ante las principales políticas de empleo
y sociales del gobierno de Kirchner. La convocatoria a participar del pro-
yecto de gobierno de Néstor Kirchner fue entendido por la CCC no sólo
como un momento de debilidad política del gobierno, sino, sobre todo,
como un momento álgido de aumento de poder político de las clases popu-
lares en el que la CCC podía inclinar el fiel de la balanza hacia una sociedad
más justa. ¿Qué elementos fundamentaban este diagnóstico? Básicamente,
el ciclo de protestas que se inició a mediados de los noventa había alcanza-
do la cima en los años 2000, 2001 y 2002. Los resultados de estas protes-
tas han sido notorios, desde el aumento de ayuda alimentaria, frazadas, col-
chones, chapas y tirantes para viviendas, hasta la ampliación de
beneficiaros en la recepción de planes de empleo. A estos sucesos particu-
lares hay que añadirle la importancia que ha asumido el espacio piquetero en
el panorama general de la protesta social en un contexto de pérdida de pre-
sencia de los reclamos gremiales.
La CCC se inscribe, en términos de cultura política, en el ideario de las
izquierdas, más precisamente del maoismo. Y esta forma de concebir la
política la ha llevado a darle continuidad a las protestas en el período kir-
chnerista. Sin embargo, los cambios en el contexto político, sobre todo,
frente a un gobierno que ha intervenido en el campo popular mediante
políticas públicas específicas la ha llevado a revisar sus orígenes en tér-
minos identitarios. Principalmente el aumento del empleo implicó que sus
dirigentes re-inscriban sus orígenes dándole centralidad al elemento obre-
ro, quitándole importancia a la organización como herramienta de lucha
de los desocupados. Como planteó un dirigente máximo de la CCC, “...
nosotros surgimos del movimiento obrero, como organización. No surgi-
mos como organización de desocupados y no somos sólo una organiza-
ción de desocupados. Somos las Corriente dentro del movimiento obrero
ocupado que disputa las comisiones internas de los sindicatos, para que
vuelvan a defender a los trabajadores.” (Entrevista en profundidad a diri-
gente de la CCC)
conflicto suscitado con las organizaciones agrarias se produce en el primer gobierno de
Cristina Fernández de Kirchner.
ESTEBAN IGLESIAS
25
-
primavera-verano 2011/2012
138
STUDIA POLITICÆ
23
Diversas razones pueden desprenderse de esta tardanza: desde la falta de consenso
que tenía la figura de Hugo Moyano dentro del arco sindicalista peronista y que estaba en
la conducción de la CGT, la buena ponderación política de Néstor Kirchner hacia Víctor
De Gennaro, de la CTA —que no participó de esta re-unificación— y, darle prioridad al
propósito de “ganar la calle” que había sido solicitado por el entonces presidente y que,
ciertamente, pocos sindicalistas podían garantizar y asegurar.
24
Diario Clarín, 15/7/04.
25
En este esquema se observa una clara pérdida de poder de los denominados “gordos”,
en alusión a los sindicalistas corporativos y empresariales que durante la década del no-
venta presidieron la CGT y apoyaron al gobierno nacional, Alberto Cassia, Gerardo Mar-
tínez y Rodolfo Daer.
Con respecto a los nucleamientos sindicales, la CTA fue seducida por el
proyecto político de Kirchner, quien al comienzo de su mandato se propuso
ampliar las bases de sustentación del fragmentado Partido Justicialista ape-
lando a organizaciones y representantes del amplio campo “nacional y po-
pular”. Así, Víctor De Gennaro se reunió apenas asumió Kirchner a la pre-
sidencia, inclusive la CTA fue invitada a participar de la comitiva oficial que
anualmente viaja a la Conferencia Internacional del Trabajo. La reivindica-
ción por parte del gobierno de Kirchner de algunas banderas que tocaban la
raíz identitaria de la CTA hizo que este nucleamiento se acercara. Sin em-
bargo, la demanda de la CTA era la personería gremial por parte del Estado,
obteniendo así el mismo reconocimiento legal que la CGT. Finalmente, esto
nunca se concretó durante este período y, con esa promesa inconclusa, el
accionar político de la CTA se fue desdibujando lentamente en la medida
que el crecimiento económico y la baja del desempleo eran palpables, al
tiempo que el gobierno de Kirchner se fue acercando al sindicalismo de ma-
yor afinidad con el ideario peronista.
En este sentido, hay que destacar que el gobierno de Kirchner tardó más
de un año en lograr la reunificación de la CGT,
23
la que tuvo lugar en
julio del 2004 bajo el liderazgo de Hugo Moyano,
24
del sindicato de Ca-
mioneros. En rigor, se había planteado un “triunvirato” integrado por Su-
sana Rueda, José Luis Lingieri y Hugo Moyano.
25
Para Susana Rueda:
“O sea el triunvirato no tenía por qué existir, Moyano quería ser el único
secretario general. Desde el primer día el intento de ser el único es cons-
tante y permanente” (Entrevista en profundidad a dirigente sindical). Para
el partido en el gobierno “su” representante en la CGT era el líder del
sindicato de camioneros. Efectivamente, el propósito inicial del gobierno
era “instalar” a Moyano para luego dejarlo como líder indiscutido de la
Central Obrera. Esto fue lo que finalmente sucedió. Entonces, no es ca-
sual que se haya elegido a Hugo Moyano, su afinidad con el ideario pero-
nista, su disidencia con la CGT oficialista durante la década del noventa,
139
26
En el primer año de gobierno Kirchner dictó aumentos por decreto de 130, 150 y 200
pesos.
y su defensa del modelo sustitutivo de importaciones y de un Estado
fuerte lo convertían en un gran candidato para la defensa de lo que pos-
teriormente el mismo Moyano consideraría al gobierno de Néstor Kirch-
ner, el que encarna un “proyecto político nacional y popular”. Claro está,
como plantea Agustín Rossi “Moyano terminó... con la llegada de Moya-
no al gobierno, a la CGT y la alianza con la UOM y demás, le termina
dando al gobierno el apoyo que necesitaba de todo el movimiento obrero.
Y después se empezó con la lucha de paritarias y todo eso...” (Entrevista
en profundidad a dirigente del Frente para la Victoria).
Este período de gobierno no estuvo exento de conflictos, proponiéndose
este encaminarlo institucionalmente. La disputa salarial
26
reconoció dos ca-
rriles. Por un lado, re-activando el Consejo del Salario Mínimo, donde el
gobierno en acuerdo con la CGT y la UIA dictó aumentos del salario míni-
mo en los años 2004, 2005 y 2006. Y, por el otro, convocando a las Nego-
ciaciones Colectivas de Trabajo. Según el estudio de Etchemendy y Colliers
(2008) las huelgas que se registraron en este período fueron relativas al au-
mento salarial y a las condiciones de trabajo. En este sentido, hay que des-
tacar que estas medidas de fuerza finalizaban cuando la negociación parita-
ria mantenida entre empresarios y trabajadores, donde el gobierno se
propone como mediador, lo graba de acuerdo en la meta de aumento sala-
rial anual.
Encaminado el conflicto por carriles institucionales, cabe preguntarse cuál
fue el rol de la CGT en este período. A lo largo del primer año del mandato
de Kirchner, el líder de la CGT, Hugo Moyano, mostró cierta autonomía
discursiva con respecto al gobierno nacional en defensa de los intereses de
“los trabajadores”, bajo el supuesto de desconocer cuáles serían los resulta-
dos de las políticas de Kirchner. Posteriormente, desde 2005, el apoyo se
volvió explícito. En el plano de la disputa salarial este apoyo se expresaba
en el anuncio público que hacía Moyano a comienzos de cada año del por-
centaje que debían promediar los aumentos salariales anuales, lo que queda-
ba corroborado en la pauta de aumento que el mismo Moyano había nego-
ciado para el gremio de Camioneros. El aumento salarial obtenido por
Moyano constituía la referencia para los otros sindicatos y, a su vez, estaba
en consonancia con la pauta inflacionaria que estimaba el gobierno nacional
para la economía del país. Ciertamente, durante el gobierno de Kirchner
esta concordancia de intereses fue muy bien manejada en la alianza gobier-
no-CGT.
ESTEBAN IGLESIAS
25
-
primavera-verano 2011/2012
140
STUDIA POLITICÆ
27
Con posterioridad, en el año 2008, Kirchner asumió la presidencia del Partido Justi-
cialista, pudiéndolo dirigir, ahora, desde adentro.
28
Clarín y La Nación, 26/5/06.
29
Sí lo hizo la CTA, un paro general de una hora en protesta por el asesinato de un
maestro neuquino en manos de la policía, en abril del 2007.
La renovación de autoridades de la CGT a mediados de 2005 y las eleccio-
nes legislativas de ese mismo año constituyeron un punto de inflexión para
el vínculo entre el partido en el gobierno y la CGT y para el kirchnerismo
en tanto fuerza política. Por su parte, la elección de Moyano como Secreta-
rio General y el fin del gobierno por “triunvirato” de la central de los traba-
jadores reveló el modo en que Kirchner terció entre los sindicalistas afines
al “duhaldismo”, los que asumieron una actitud de prescindencia y deslegiti-
mación hacia la flamante Secretaría General. Desde este momento, quedó
sellada la alianza entre partido en el gobierno y CGT. Por otra parte, se des-
taca que con las elecciones legislativas, en las que el gobierno mostró la fi-
gura de Cristina Fernández de Kirchner por todo el territorio nacional, el
kirchnerismo pudo instalarse como fuerza política dominante al interior del
Partido Justicialista
27
y, al mismo tiempo, como principal fuerza política
nacional.
Hacia el final del gobierno de Néstor Kirchner y en el de Cristina Fernández
de Kirchner, el apoyo de la CGT era incuestionable. La celebración del ter-
cer año de gobierno contó con la presencia de la CGT y de los sindicatos
que la integran
28
y cuando fue el conflicto desatado con las entidades del
campo durante 2008, la CGT brindó su pleno apoyo. Finalmente, cabe des-
tacar que la CGT, liderada por Moyano, no efectivizó algún tipo de huelga o
paro general.
29
Conclusiones
Hasta la restauración democrática, los estudios que abordaban el vínculo
entre partidos y movimientos se circunscribían al análisis del modo —di-
verso en su carácter— en que el peronismo se relacionaba con el sindicalis-
mo peronista. Ciertamente, las condiciones políticas ameritaban la centrali-
dad adjudicada al peronismo. Sin embargo, ante los profundos cambios, es
preciso ampliar el margen del análisis, incorporando partidos de izquierda y
las diversas expresiones del fenómeno piquetero. Esto brinda pautas no
sólo de las profundas transformaciones que ha experimentado la sociedad
argentina, sino, particularmente, del modo en que la misma construye sus
identificaciones políticas.
141
Efectivamente, durante la última década del siglo XX, se constituyeron
agrupamientos sindicales y organizaciones piqueteras en tensión política y
territorial —en mayor o menor grado— con la representación partidaria del
justicialismo y con los nucleamientos sindicales existentes. La importancia
de ambos radicó en que remitían al modo en que se representaban a los
sectores populares, ya sea del mundo del trabajo o de los desocupados.
A comienzos de siglo XXI, Argentina atravesaba un fuerte proceso de crisis
de representación política, de fragmentación partidaria, de diversificación
sindical y, finalmente, con poderosas organizaciones piqueteras, las que
“habían ganado la calle” desalojando así a las organizaciones sindicales.
Este escenario supo catalizar elementos que se venían anunciando sobre la
naturaleza del vínculo entre partidos y movimientos, que debía ser recons-
truido sobre la base de la cultura política y no sobre las condiciones estruc-
turales que brindaba el orden político. El que mayor éxito tuvo en esta deli-
cada y minuciosa reconstrucción política fue el kirchnerismo. Decidido a
intervenir fuertemente en el amplio campo de los sectores populares, el en-
tonces presidente Kirchner pudo reconstituir la autoridad presidencial a
fuerza de políticas públicas que signaron el agotamiento de las políticas ins-
piradas en el “consenso de Washington”. Por diversos motivos el kirchne-
rismo logró re-alinear un conjunto de fuerzas que se encontraban dispersas
y sin horizonte político, conquistando el apoyo de parte de la Unión Cívica
Radical, de las organizaciones de derechos humanos, organizaciones socia-
les, etc. Con respecto a los nucleamientos sindicales y organizaciones pi-
queteras cabe destacar que se re-unificó la Confederación General del Tra-
bajo; y la tendencia a la recomposición del sindicalismo peronista consistió
en otorgarle espacios de poder político a partir de los cuales este actor asu-
mía protagonismo en el escenario político. Sin embargo, esto distaba mu-
cho de los lugares de importancia política que tuvieron determinados sindi-
calistas en la organización partidaria del PJ cuando se restauró la
democracia. Paralelamente, se dividió a la Central de Trabajadores Argenti-
nos y, también, el kirchnerismo consolidó la tendencia a la división en el es-
pacio piquetero.
Ahora bien, las expresiones políticas que inscriben su ideario y práctica en
el arco de las “izquierdas”, ya sean partidos o movimientos, han sido inmu-
nes al kirchnerismo. En rigor, el gobierno nacional, con el llamado a partici-
par a las organizaciones, ha erigido un nuevo criterio organizador del diná-
mico espacio de los sectores populares urbanos, que los enfrenta y
tensiona permanente en el trabajo territorial con las otras organizaciones.
Así, al heterogéneo abanico conformado por partidos de izquierda y organi-
zaciones piqueteras los agrupa principalmente el rechazo hacia el gobierno
y no las coincidencias en el proyecto político. Al parecer este nuevo criterio
ESTEBAN IGLESIAS
25
-
primavera-verano 2011/2012
142
STUDIA POLITICÆ
que ordena la oposición al gobierno habla más que nada de un rasgo identi-
tario y de largo plazo que de un fenómeno coyuntural. Si esto resulta ser
así se tendrán que incluir los nuevos agrupamientos e identidades políticas
para el análisis del complejo vínculo entre partidos y movimientos.
Bibliografía
ABOY CARLÉS, Gerardo (2001): Las Dos Fronteras De La Democracia Argentina: La
Reformulación De La Identidades Políticas de Alfonsín a Menem, Rosario, Argentina,
Homo Sapiens.
ARMELINO, Martín (2008): “Tensiones entre organización sindical y organización territo-
rial: la experiencia de la CTA y la CCC en el período post-crisis”, en PEREYRA, Se-
bastián, PÉREZ, Germán; SHUSTER, Federico. (Comp.), La huella piquetera. Avatares
de las organizaciones de desocupados después del 2001, Buenos Aires, Argentina, Al
Margen.
——— (2005): “Resistencia sin integración: protesta, propuesta y movimiento en la
acción colectiva sindical de los 90. El caso de la CTA”, en PEREYRA, Sebastián, PÉ-
REZ, Germán; SHUSTER, Federico. (Comp.), La huella piquetera. Avatares de las
organizaciones de desocupados después del 2001, Buenos Aires, Argentina, Al
Margen.
BIGLIERI, Paula (2008): “Nueva conceptualización sobre el populismo en América Lati-
na”, en FERNÁNDEZ, Arturo y LESGART, Cecilia (Comp.), La democracia en América
latina. Partidos políticos y movimientos sociales, Rosario, Argentina, Homo Sapiens.
DELAMATA, Gabriela (2004): Los barrios desbordados. Las organizaciones de desocu-
pados en el Gran Buenos Aires, Argentina, Libros del Rojas/Eudeba.
DI TELLA, Torcuato (2003): “El sindicalismo: tendencias y perspectivas”. En Política
brasileña contemporánea, en PALERMO, Vicente (comp.), Argentina, Siglo XXI, IDT-
PNUD.
——— (1985): Sociología de los procesos políticos, Buenos Aires, Argentina, Grupo
Editorial Latinoamericano.
ETCHEMENDY, Sebastián y COLLIERS, Ruth (2008): “Golpeados pero de pie. Surgimiento
sindical y neocorporativismo segmentado en Argentina (2003-2007)”, en Postdata,
Nro. 13.
FALCÓN, Ricardo (1993): “Políticas neoliberales y respuestas sindicales (1989-1992)”,
comp. MORENO, Omar, en Desafíos para el sindicalismo en la Argentina, Argentina,
Fundación Friedrich Ebert/Legasa.
——— (1984): Los orígenes del movimiento obrero (1857-1899), Buenos Aires, Argen-
tina, CEAL.
FERNÁNDEZ, Arturo (1993): Las nuevas relaciones entre sindicatos y partidos políticos,
Argentina, Centro Editor de América Latina.
GERMANI, Gino (1962): Política y sociedad en una época de transición, Argentina,
Paidós.
143
IGLESIAS, Esteban (2008): “Política y protesta. Visiones comparadas de la acción colecti-
va”, en La democracia en América Latina. Partidos políticos y movimientos sociales,
comp. FERNÁNDEZ, Arturo y LESGART, Cecilia, Rosario, Argentina, Homo Sapiens.
LACLAU, Ernesto (2005): La razón populista, Buenos Aires, Argentina, Fondo de Cultura
Económica.
——— (1986): “Hacia una teoría del populismo”, en Política e ideología en la teoría
marxista. Capitalismo, fascismo y populismo, Madrid, España, Siglo XXI.
LEVITSKY, Stephen (2004): “Del sindicalismo al clientelismo: la transformación de los
vínculos partido-sindicatos en el peronismo, 1983-1999”, en Desarrollo Económico,
Nro. 173, vol. 44.
LEVITSKY, Stephen y MAINWARING, Scott (2007): “Movimiento obrero organizado y de-
mocracia en América Latina” En Revista POSTData. Nº 12. Argentina. Grupo Interu-
niversitario PostData Ediciones.
MARTUCELLI, Danilo y SVAMPA, Maristella (1997): La plaza vacía. Las transformacio-
nes del peronismo, Argentina, Losada.
MASSETTI, Astor (2009): La década piquetera (1995-2005), Argentina, Trilce.
MELUCCI, Alberto (1999): Acción colectiva, vida cotidiana y democracia, México, El co-
legio de México.
MERKLEN, Denis (2005): Pobres ciudadanos. Las clases populares en la era democráti-
ca (Argentina, 1983-2003), Argentina, Gorla.
MURILLO, María Victoria. (1997): “La adaptación del sindicalismo argentino a las refor-
mas del mercado en la primera presidencia de Menem”, en Desarrollo Económico.
Número 147, Vol. 37, Buenos Aires, Argentina, IDES.
MURMIS, Miguel y PORTANTIERO, Juan Carlos. (1987): Estudios sobre los orígenes del
peronismo, México, España, Argentina y Colombia, Siglo XXI.
MUSTAPIC, Ana María (2002): “Del Partido Peronista al Partido Justicialista. Las trans-
formaciones de un partido carismático”, en CAVAROZZI, Marcelo y ABAL MEDINA,
Juan Manuel (h) (comp.), El asedio a la política. Los partidos latinoamericanos en la
era neoliberal. Rosario, Argentina, Homo Sapiens.
PALERMO, Vicente y NOVARO, Marcos (1996): Política y poder en el gobierno de Me-
nem, Buenos Aires, Argentina, Norma.
ROMERO, Luis Alberto (1995): “Los sectores populares urbanos como sujetos históri-
cos”, en GUTIERREZ, Leandro y ROMERO, Luis Alberto (comp.), Sectores populares,
cultura y política. Buenos Aires en la entreguerra, Buenos Aires, Argentina, Sudame-
ricana.
SCHUSTER, Federico y PEREYRA, Sebastián (2001): “La protesta social en la Argentina
democrática: balance y perspectivas de una forma de acción colectiva”, en GIARRACA,
Norma y colaboradores (comp.), La protesta social, transformaciones económicas y
crisis social en el interior del país, Buenos Aires, Argentina, Alianza.
SVAMPA, Maristella y PEREYRA, Sebastián (2003): Entre la ruta y el barrio. La experien-
cia de las organizaciones piqueteras, Argentina, Biblos.
SVAMPA, Maristella (2005): La sociedad excluyente: la Argentina bajo el signo del neoli-
beralismo, Argentina, Taurus.
ESTEBAN IGLESIAS
25
-
primavera-verano 2011/2012
144
STUDIA POLITICÆ
SVAMPA, Maristella (2000): “Identidades astilladas. De la patria metalúrgica al heavy me-
tal”, en Desde abajo. La transformación de las identidades sociales, Comp. SVAMPA,
Maristella, Buenos Aires, Argentina, Biblos.
SIDICARO, Ricardo (1998): “Cambio del Estado y transformaciones del peronismo”, en
Revista Sociedad Nº 12/13. Argentina, Eudeba.
SVAMPA, Maristella (1999): “Consideraciones sociológicas sobre las relaciones entre el
peronismo y la clase obrera en la Argentina, 1943-1955”, en MACKINNON, María
Moira y PETRONE, Mario Alberto (comp.) Populismo y neopopulismo en América
Latina. El problema de la cenicienta. Argentina, Eudeba.
TORRE, Juan Carlos (1999): “Interpretando (una vez más) los orígenes del peronismo” en
MACKINNON, María Moira y PETRONE, Mario Alberto (comp.) Populismo y neopo-
pulismo en América Latina. El problema de la cenicienta, Argentina, Eudeba.
——— (1990): La vieja guardia sindical y Perón. Sobre los orígenes del peronismo, Ar-
gentina, Instituto Torcuato Di Tella-Sudamericana.
TOURAINE, Alain (1995): La producción de la sociedad, México, Universidad Nacional
de México.
WAISMAN, Carlos (1980): Modernización y legitimación: la incorporación de la clase
obrera al sistema político, España, Centro de Investigaciones Sociológicas.
Fecha de recepción: 30/05/11
Fecha de aceptación: 05/09/12