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que la lógica hegemonista, pese a debilitarse,
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, no desaparecerá nunca. En
efecto, el líder no otorgará nunca legitimidad a sus adversarios (Aboy Car-
lés, 2001a: 156; Canelo, 2002). Por el contrario, y como históricamente lo
HERNÁN FAIR
oriente hacia la vertiente de la derecha del movimiento, perderá su “infalibilidad papal” y
dejará de ser, entonces, el significante vacío unificador (véase LACLAU, 1996: 101-102 y
2005a: 266-274). BARROS (2002), en la misma línea, sostiene que la figura de Perón en el
exilio “encarnaba la representación de la cadena de equivalencias unificada alrededor del
rechazo al gobierno militar” (op. cit., p. 27) y que, cuando se vio obligado a actuar, se
rompió la unidad que se había articulado (p. 48). ABOY CARLÉS (2001a), a diferencia de
Laclau, sostiene que Perón no constituía en realidad un significante vacío, sino que el va-
ciamiento era parcial. Además, considera que la cadena de equivalencias no se resquebra-
jará cuando regrese del exilio, sino en el famoso discurso del 1 de mayo de 1974, cuando
el líder eche de la Plaza de Mayo al sector de los Montoneros. A partir de allí, señala, la
“Juventud maravillosa” modificará su identidad (ABOY CARLÉS, 2001a: 46-47 y 156-
157; 2002: 30). SIGAL y VERÓN (2003), en términos llamativamente similares a la teoría
de Laclau, sostienen, por su parte, respecto a Perón, que “su presencia se vuelve así el
significante de una ausencia”. Y luego, que el “enunciador-líder” articulará a través de ese
“punto nodal” (pp. 43 y 47). Sin embargo, consideran, en base al análisis discursivo de su
periódico principal, El Descamisado (luego, El Peronista), que la unificación de la Nación
en torno al líder no se romperá cuando regrese del exilio. Ello se debe a la particular inter-
pretación de la izquierda del movimiento, que, pese a comprobar que el líder se refería a
“infiltrados” y no a “traidores”, y que rechazaba el “socialismo popular” y la “actualiza-
ción doctrinaria”, objetivo principal de la Juventud Peronista, serán interpretados en su
periódico oficial como “mensajes cifrados”, debido a que existían “cercos” (representados
principalmente por el Ministro José López Rega) que impedían expresarse al “verdade-
ro” Perón (véanse pp. 163-222 y 238-240). No obstante, el momento clave será el famo-
so discurso del 1 de mayo. Según Sigal y Verón, su importancia radica en que en cada dis-
curso del Día del Trabajador, Perón desarrollaba un “vínculo de comunión” directo, esto
es, sin intermediarios, con las masas. En este sentido, cuando el líder ignore el “pedido”
popular sobre el motivo de “por qué está lleno de gorilas el Gobierno Popular”, acusan-
do a lo que era su “Juventud maravillosa” de ser “esos estúpidos que gritan”, “imberbes”,
“malvados”, e incluso “traidores” e “infiltrados”, las columnas de izquierda abandonarán
espontáneamente la Plaza de Mayo. De este modo, se pondrá de manifiesto el quiebre del
vínculo de representatividad con el líder. Por consiguiente, se producirá una crisis de iden-
tidad en los sectores de la izquierda peronista, crisis que sólo logrará resolverse comple-
tamente con la muerte de Perón, cuando Montoneros asuma el rol de “vanguardia” oficial
del peronismo y, por lo tanto, del Pueblo (SIGAL y VERÓN, 2003: 222-226 y 228-242).
Desde nuestra perspectiva, coincidimos con Aboy Carlés en que Perón no era un signifi-
cante vacío totalmente constituido, y con Sigal y Verón, que el vínculo terminará de res-
quebrajarse con el discurso del 1 de mayo de 1974.
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Perón, en ese sentido, realizará en noviembre de 1972 un histórico abrazo con su
máximo adversario político, Ricardo Balbín, en lo que se denominará “La Hora del Pue-
blo” (véanse PUCCIARELLI, 1999; SIGAL y VERÓN, 2003). Además, intentará formar un
eje peronista-radical como grupo de presión en vistas de que el régimen militar de Lanus-
se llamase a elecciones (GIUSSANI, 1990: 56-57). De Ípola, por su parte, sitúa este “rela-
jamiento” de los antagonismos en los inicios de la década del ’50, particularmente en
1952, tras la muerte de Eva Perón (véase DE ÍPOLA, 1983: 154).