5
Escribir las prácticas. Una propuesta
metodológica para investigaciones
de Extensión o de Responsabilidad
Social Universitaria
*
Los autores de este documento son docentes, investigadores, y estudiantes de la Facul-
tad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdo-
ba. Muchos de ellos/as pertenecen al Colectivo de Investigación “El llano en llamas”.
María Alejandra Ciuffolini, Candela de la Vega, Sergio Job,
María Mercedes Ferrero, Ayelén Gallego, Gerardo Avalle,
Juliana Hernández, Gonzalo Ibáñez Mestres, Noelia
Feldmann, Zarina Forclaz, Mauricio Fernández Gioino,
Santiago Gatica, Ignacio Alonso Alasino, Tania Antonini,
María Paula Bordese, Lucía Guglielmetti.
*
Resumen
En la actualidad existe una significativa y variada producción bibliográfica
sobre paradigmas, metodologías y técnicas de investigación, orientada
primordialmente hacia investigaciones de corte académico y científico;
mientras que, es relativamente escasa y nueva la producción y sistemati-
zación de abordajes destinados a guiar la labor de investigación en marcos
de acciones de extensión y/o responsabilidad social universitaria. Colabo-
rando con la profundización de esta última línea, el objetivo principal de
este artículo es iniciar una necesaria reflexión y sistematización de las ac-
Código de referato: SP.146.XXV/13.
STUDIA POLITICÆ Número 25 ~ primavera/verano 2011-2012
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
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ciones, saberes y prácticas que han guiado el trabajo enmarcado en un
proyecto de responsabilidad social universitaria, a fin de bosquejar un es-
quema de abordaje para este tipo de intervenciones. Más que informar
sobre el desarrollo del proyecto, el sentido de este escrito es marcada-
mente político: se trata, en otras palabras, de una propuesta para innovar
en las formas de concebir y escribir las prácticas, tanto de la ciencia
como de la comunidad y la política.
Palabras Claves: territorio, proyección social universitaria, prácticas de
intervención, jóvenes, barrios populares.
Abstract
Nowdays, there is a significant and varied bibliographic production on
paradigms, methodologies, and techniques of research which is oriented
primarily toward academic and scientific research; whereas, it is
relatively scarce and new the production and systematization of
approaches designed to guide the work of research into “extension”
and/or “social responsibility” frameworks. Inside this last line, the
main objective of this article is to start a necessary reflection and
systematization of the actions, knowledge and practices that have
guided the running of a project of social responsibility, in order to
outline a scheme of approaching for this type of intervention. Rarher
than reporting on the development of the project, the meaning of this
writing is markedly political: it is, in other words, a proposal to
innovate the ways of designing and writing practices, not only of the
science, but also or politics and the community.
Keywords: Territory, Social Projection of Universities, Social involve-
ment, Young people, Popular neighborhoods.
Introducción: Rompiendo dicotomías
E
N la actualidad existe una significativa y variada producción biblio-
gráfica sobre paradigmas, metodologías y técnicas de investigación,
orientada primordialmente hacia investigaciones de corte académico
y científico; mientras que, es relativamente escasa y nueva la producción y
sistematización de abordajes destinados a guiar la labor de investigación en
marcos de acciones de extensión y/o responsabilidad social universitaria.
1
1
En Argentina, y en Latinoamérica en general, salvo las acciones de algunos grupos en
algunas universidades nacionales y en algún sector del servicio público, recién a partir de
la recuperación de la democracia en los años 80’, las universidades y las asociaciones
profesionales y científicas comenzaron a desarrollar más sistemáticamente proyectos de
7
Esta carencia hace que a menudo en este tipo de trabajos se repliquen estra-
tegias de investigación que no suelen ser del todo adecuadas para alcanzar
los objetivos de los mismos. Un correlato de ello es que la incorporación
efectiva de la práctica de extensión en la formación universitaria continúa
siendo una meta que permanece sin resolverse de manera total y concreta
(Delgadillo Solano, 2005).
Las investigaciones de extensión y/o responsabilidad social
2
tienen la
particularidad de plantearse como una instancia de intersección activa,
crítica y reflexiva entre Universidad y Sociedad. Una discusión sobre
este par de conceptos, presentados como realidades separadas o dicotó-
micas, merece una dedicación extensa que excede los objetivos y los lí-
mites de este trabajo.
Sin embargo, es importante aclarar que, para quienes escriben este artí-
culo, esta es una división que nace de aquello que Dussel (2003) llama el
“mito de la Modernidad”, y que sólo puede ser tal en la medida en que
la producción, legitimación y difusión de conocimiento se concentre
sólo en los centros universitarios. Pensar que Universidad y Sociedad
MARÍA ALEJANDRA CIUFFOLINI Y OTROS
investigación conectados con prácticas de extensión (Slpak et.al, 2005; Delgadillo Solano,
2005), afirman que no obstante esta novedad, en la experiencia universitaria latinoameri-
cana la preocupación por desarrollar procesos que vinculen la formación académica en el
nivel de educación superior con el servicio a la sociedad, tiene una historia que se prolon-
ga por casi un siglo; la Reforma Universitaria de 1918 en Córdoba es un hito de esta his-
toria.
2
Este trabajo surge de la experiencia que como Colectivo de investigación tuvimos bajo
la ejecución de un proyecto que obtuvo financiación de las Convocatorias 2010 y 2011 de
Proyectos de Responsabilidad Social Universitaria (RSU) de la Universidad Católica de
Córdoba. Sin embargo, parte del equipo, e inclusive su Directora, la Dra. Ma. Alejandra
Ciuffolini, también ha participado de los proyectos de Extensión Universitaria y Volunta-
riado de la Universidad Nacional de Córdoba. De ahí que los conceptos “responsabilidad
social” o “extensión” para referirnos a esta práctica de investigación son usados en un
sentido similar. En lo que refiere al concepto de Responsabilidad Social Universitaria, la
UCC ha proclamado que se ha de entender como “la habilidad y efectividad de la Univer-
sidad para responder a las necesidades de transformación de la sociedad donde está in-
mersa, mediante el ejercicio de sus funciones sustantivas: docencia, investigación y exten-
sión. Estas funciones deben estar animadas por la búsqueda de la promoción de la
justicia, la solidaridad y la equidad social” (UCC, 2011:2). Cabe aclarar que a partir del
año 2012, la UCC ha efectuado algunas modificaciones en su política de proyección so-
cial, nominándose a los nuevos proyectos como “Proyectos de Proyección Social con
Vinculación Curricular”. En relación al concepto de Extensión, la Universidad Nacional de
Córdoba se ha pronunciado sobre su rol extensionista como “la función específica a tra-
vés de la cual se da la relación de la Universidad Pública con la sociedad y a partir de la
cual se integran sus restantes funciones —la docencia y la investigación— a la tarea de
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pueden existir como dos esferas separadas, es reproducir la situación
de dominación y poder que posiciona y jerarquiza a un espacio específi-
co como fuente de los saberes “verdaderos” de una época (Ciuffolini,
2010). En esta construcción definitoria se marca así un límite entre un
“adentro” y un “afuera”, entre aquello que es aceptado como conoci-
miento válido y verdadero y aquellos otros reservados al ámbito del sen-
tido común.
Por el contrario, la práctica de la investigación y de la producción de co-
nocimiento concebidos desde la inexistencia de las fronteras entre Uni-
versidad y Sociedad supone, por un lado, una jerarquización de voces y
relatos del campo social antes silenciados, y, por otro, que los temas o
problemas tratados tienen una implicancia inmediata en la realidad. Así,
este tipo de prácticas se propone explícitamente atender y privilegiar las
necesidades y dificultades que enfrentan nuestras comunidades y territo-
rios; pero no desde una perspectiva asistencial o filantrópica que no
cuestiona las causas de los problemas o que ubica a una población mera-
mente receptiva de sus acciones.
Se trata, en cambio, de atender a los problemas de nuestras sociedades
desde nuestros lentes intelectuales de investigadores pero también desde
una sensibilidad y compromiso con aquellas cuestiones que aparecen
como urgentes, estructurales y/o que afectan a los sectores excluidos y
marginados de nuestra comunidad. En definitiva, este tipo de trabajos no
sólo involucra nuestro conocimiento o nuestro pensamiento, también re-
quiere una comprensión de la tarea científica como una acción práctica e
ideológicamente dispuesta a modificar el contexto y propiciar nuevas ex-
periencias. En otras palabras, implica una comprensión de la tarea cientí-
fica como una práctica política.
Desde este marco, el presente artículo recupera y se nutre de la reflexión
colectiva de todos los miembros del Colectivo de Investigación “El llano
en llamas” y de los estudiantes de la cátedra de Teoría Política I “A” de
los años 2010 y 2011 en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones In-
ternacionales de la Universidad Católica de Córdoba (UCC). El objetivo
principal que nos hemos propuesto es iniciar una necesaria reflexión y
sistematización de las acciones, saberes y prácticas que han guiado el
trabajo enmarcado en un proyecto de responsabilidad social universitaria,
a fin de bosquejar un esquema de abordaje para este tipo de intervencio-
responder a las demandas de la comunidad y elaborar propuestas que permitan su desa-
rrollo” (UNC, 2009:2).
9
nes. Más que informar sobre el desarrollo del proyecto, el sentido de
este escrito es marcadamente político: se trata, en otras palabras, de una
propuesta para innovar en las formas de concebir y escribir las prácticas,
tanto de la ciencia, como de la comunidad y la política.
Sobre los Proyectos RSU que originan la reflexión
El sustrato desde el que se realiza el presente esquema de abordaje surge de
las experiencias de un Proyecto de Responsabilidad Social Universitaria fi-
nanciado por la Universidad Católica de Córdoba, realizado durante el año
2010, y continuado y profundizado a lo largo de todo el 2011. Ambos pro-
yectos se plantearon abordar como problemática la centralidad que asume
el delito y la transgresión en la vida cotidiana de los jóvenes de sectores po-
pulares, en este caso, de jóvenes que viven en Villa La Lonja y en barrio
Güemes de la ciudad de Córdoba.
La complejidad de la problemática abordada, reside en la multiplicidad de
factores que la constituyen, e incluso el modo en que estos interaccionan o
se relacionan potenciándola. Entre ellos, cabe mencionar: la selectividad del
sistema penal respecto de los sectores más afectados por esta problemática;
la desarticulación entre el sistema educativo y penal en torno a situaciones
de conflicto con jóvenes; las situaciones de exclusión social y material vivi-
das por los jóvenes afectados; el desconocimiento por parte de los sectores
afectados de cuestiones relativas a los derechos y garantías; las crecientes
estrategias de segmentación y disciplinamiento de los conflictos generando
su despolitización y enmarcado dentro de un lenguaje legal e institucional
represivo; la producción mediática de la figura de los sectores populares
(Crisafulli y Barreto, 2011; Ciuffolini y Scarponetti, 2011; CIAJ et al.,
2009; Duarte Quapper, 2005).
La relevancia de esta situación reside en que el conflicto con la ley —en
nuestro caso, este conflicto se da especialmente alrededor del cuestiona-
do Código de Faltas de la Provincia de Córdoba
3
— representa una pri-
MARÍA ALEJANDRA CIUFFOLINI Y OTROS
3
Existe en Córdoba un fuerte debate sobre el Código de Faltas que resalta, entre las cues-
tiones más importantes, la violación de esta normativa provincial a derechos y garantías re-
conocidas en las constituciones provinciales y nacionales; y la agresión a los principios de
legalidad, de la presunción de la inocencia, del debido proceso y de lesividad. Este debate
viene dándose desde múltiples sectores sociales: académicos, organizaciones sociales o par-
tidos políticos, escuelas o centros de formación, sindicatos, murgas o grupos musicales,
etc. Por ejemplo, entre los últimos hitos de este cuestionamiento se destacan las siguientes
situaciones que fueron reflejadas por los medios de comunicación: Nota “Otro pedido de
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informes sobre el Código de Faltas que la Policía no contesta” (La Voz del Interior, 23/11/
2011, disponible en http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/otro-pedido-informes-sobre-co-
digo-faltas-que-policia-no-contesta), nota “La Policía no dice cuántas condenas dicta” (La
Voz del Interior, 20/11/2011, disponible en http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/policia-
no-dice-cuantas-condenas-dicta), nota “Miles se movilizaron contra el Código de Faltas”
(La Voz del Interior, 19/11/2011, disponible en http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/miles-
se-movilizaron-contra-codigo-faltas), nota “Tribunal de Conducta Policial investiga deten-
ciones ilegales” (La Voz del Interior, 16/11/2011, disponible en http://www.lavoz.com.ar/
ciudadanos/tribunal-conducta-policial-investiga-detenciones-ilegales), nota “Código de fal-
tas: nuevamente se debate su inconstitucionalidad” (Indymedia, 9/11/2011 http://
argentina.indymedia.org/news/2011/11/799274.php), nota “Proponen eliminar la figura del
merodeo en el Código de Faltas de Córdoba” (Cadena3, 1/11/2011, disponible en http://
www.cadena3.com/audio.asp?id=136367).
4
En este sentido, es que algunos especialistas en el tema hablan de que las transforma-
ciones sociales y políticas que afectan a estos sectores imponen una transformación polí-
tica de menos Estado social y más Estado penal o represivo (Crisafulli y Barreto, 2011;
Job y Ferrero, 2011B; Job y Ferrero, 2009; Wacquant; 2004).
5
La estimación está basada en datos oficiales de la Policía de la Provincia, obtenidos a
través del mecanismo de acceso a la información (ley 8.803), iniciado por el Dr. Etchichu-
rry. Ver: http://codigodefaltas.blogspot.com.ar/2012/02/40-mas-de-detenciones-por-codi-
go-de.html
mera experiencia de relación con lo político y con el Estado, que se ve
atravesada por situaciones de arbitrariedad, represión, violencia y despojo
en los sectores populares.
4
Es destacable, en este sentido, el aumento de
las detenciones en los últimos años y el porcentaje que representan los
jóvenes en esas detenciones: durante el año 2009 la cantidad de detencio-
nes por la aplicación del Código de Faltas de la Provincia de Córdoba
trepó a 54.2223 personas, de las cuales el 64,8 % son jóvenes entre 18 y
35 años (Crisafulli y Barreto, 2011). La estimación para el año 2010 es
de 76.000 detenidos (uno cada siete minutos) en el territorio provincial,
correspondiendo 37.976 de éstos a detenciones efectuadas solamente en
la ciudad capital (lo que implica un aumento del 40 % respecto de los úl-
timos datos oficiales de 2009).
5
En estas experiencias que los jóvenes vi-
ven casi a diario se vuelve lejano el sentido de lo político asociado a la
participación en la vida pública y a la decisión sobre las pautas de lo co-
mún. Más que sentirse miembros de una sociedad, estos jóvenes se ven
despedidos o silenciados.
En este contexto es que se plantearon los objetivos de los Proyectos de
RSU para los años 2010 y 2011, considerando la necesidad de enfrentar
este fenómeno desde ópticas que no refuercen la criminalización y exclu-
sión social de estos sectores, sino su inclusión a partir de prácticas que for-
talezcan la experiencia de ser sujetos con derechos.
11
A continuación, el objetivo de este artículo se desarrolla en cuatro aparta-
dos. El primero, pretende resaltar la importancia de problematizar y pensar
el territorio en tanto espacio donde se pretende intervenir, y, a partir de ello,
caracterizar las particularidades de los dos territorios que fueron núcleo de
nuestro proyecto: barrio Güemes y Villa La Lonja. El segundo apartado in-
tenta traer al eje de reflexión el momento de definición de los problemas y
necesidades de ese territorio que constituyen el objeto de la práctica de in-
vestigación; allí se hará hincapié sobre la condición de intersubjetividad
como práctica constituyente de los mismos. El tercer apartado, presenta el
momento de “entrada a campo” como otra de las instancias problemáticas
de los proyectos de extensión. El último apartado, finalmente, focaliza en el
análisis de los instrumentos, metodologías y dinámicas de trabajo y conti-
nuidad tomando como base nuestro proyecto de responsabilidad social.
Territorio
Pensar en llevar adelante un proyecto de RSU implica necesariamente si-
tuar el campo de acción en un contexto, en un tiempo, y en un territorio:
son estos elementos, junto con el significado que los sujetos les impri-
man a cada uno de ellos, los que nutren y dan forma a tal proyecto. Por
esto, y porque entendemos que los espacios —temporales, territoriales,
contextuales— configuran subjetividades, es que se vuelve tan necesario
y relevante problematizar todas sus dimensiones. Conforme a ello, en
este apartado se reflexiona sobre el entretejido de elementos que llama-
mos territorialidad.
Antes que nada, resulta necesario explicitar aquello que entendemos por te-
rritorialidad. Pues, la red conceptual a partir de la cual identificamos y pro-
blematizamos la realidad, tiene el poder y la autoridad para establecer fron-
teras de exclusión e inclusión, es decir, de constitución de problemas, así
como también determinar las estrategias y herramientas metodológicas más
idóneas para su análisis. Es en este sentido que Latour (1988) sostiene que
la primera ocupación de cualquier disciplina es establecer y fijar la metrolo-
gía o axiología por medio de la cual sus conceptos son evaluados. Pero
más allá de la irónica verdad que la afirmación de Latour encierra, esta ex-
posición reflexiva de los componentes ontológicos, axiológicos y teóricos
que sustentamos, constituye, a nuestro entender, un momento basal tanto
para la constitución de la problemática, como para la discusión y puesta en
común del grupo, y también para la reflexión sobre la tarea realizada.
En este marco, privilegiamos una mirada del territorio sobre dos de sus di-
mensiones constitutivas y en constante disputa:
MARÍA ALEJANDRA CIUFFOLINI Y OTROS
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a. La dimensión jurídica-institucional entendida como la “delimitación
de un espacio (...) en que se concreta una acción de dominio” (Ace-
ves González, 1997:278). Bajo esta dimensión el territorio es función
y resultado de dispositivos e instituciones que determinan formas y
posibilidades de circulación y localización de cosas y sujetos (Ciu-
ffolini y Núñez, 2011; Ciuffolini y Scarponetti, 2011).
b. La dimensión política, lo que importa pensar es el territorio en tanto
espacio significado por lo sujetos como el lugar desde el que se
constituye la resistencia y la disputa frente a los procesos de normali-
zación y disciplinamiento. El territorio es, en esta dimensión, vida,
historia y sentimientos compartidos; es necesidades y deseos que
quitan el sueño. De este modo, el territorio se convierte en un sitio
de contestación (Ciuffolini y Núñez, 2011).
Dichas instituciones y dispositivos que conforman la dimensión jurídico-
institucional tienen un rol fundamental en aquello que según Zibechi
(2008) es la obsesión de nuestras sociedades: la seguridad. Para este au-
tor “la arquitectura y el aparato policial se han fusionado” (2008:134)
creando así una especie de modelo urbanístico-securitario (Job y Ferre-
ro, 2011). En esta idea, la seguridad se ha vuelto el paradigma que guía
la configuración de las instituciones, normas y mecanismos de control
social que demarcan los territorios. Ejemplos de esto, en la provincia de
Córdoba, van desde la construcción de los barrios ciudades hasta el au-
mento constante del número de efectivos policiales (Núñez y Ciuffolini,
2011; Scarponetti y Ciuffolini, 2011; Job, 2011). La amalgama entre ar-
quitectura y aparato policial se vuelve un proyecto de planificación urba-
na con miras a garantizar “la paz y el orden” para determinados sectores
de la sociedad.
La combinación del paradigma urbanístico-securitario con los imperativos
del capital —especialmente del mercado inmobiliario— está diagramando un
uso y acceso diferencial al territorio y la ciudad.
6
Los cada vez más fre-
cuentes y masivos desplazamientos de los sectores populares hacia las peri-
ferias generan en los grupos afectados, o pasibles de serlo, una sensación
de incertidumbre y temor, además de la ruptura de los lazos comunitarios,
de las historias locales, y de las organizaciones comunitarias (Avalle y de la
Vega, 2011; Hernández et. al. 2011).
6
En este mismo sentido, autores clásicos como Lefebvre o Harvey que han pensado el
territorio y sus configuraciones, coinciden en destacar que debemos considerar al espacio
como un recurso organizativo y como una fuerza de producción del capitalismo (CIUFFO-
LINI y NÚÑEZ, 2011).
13
En este marco de fragmentación y dualidad, el “estar afuera” no sólo refiere
a un lugar geográfico —los márgenes o la periferia de la ciudad— sino
también a un contenido social por el que los ciudadanos acaban percibien-
do un significante social del tejido urbano. De este modo, en el tramado so-
cial la tensión urbana centro-periferia se vuelve un lugar de ruptura que
configura un imaginario social de la “seguridad ciudadana” en el que ciertas
poblaciones son representadas como un peligro y una amenaza para la so-
ciedad.
7
Este proceso de disolución de lazos y dualización de la ciudad provoca un
abanico de reacciones en los sujetos directamente afectados. Así se obser-
van tanto acciones de retraimiento y ghetificación, como procesos de des-
afectación de las normas y reglas (delincuencia, marginación, etc.). Frente
a estas circunstancias de exclusión y estigmatización, la reacción prove-
niente de los jóvenes es un permanente desafío a las metas y medios que la
sociedad establece como lícitos y la emergencia de un conjunto de prácti-
cas que las violentan.
Pero también, y en forma cada vez mayor, estos procesos de exclusión tie-
nen como correlato acciones de resistencia y organización comunitaria y
política. Así, emergen sujetos que luchan, que construyen su subjetividad
desde los territorios, que cuestionan o niegan los parámetros que organizan
sus relaciones. Y lo hacen resignificando los territorios, constituyéndolos en
espacios de propiedad colectiva; resignificando sus calles como espacios de
reunión, sus esquinas y paredes como la expresión de una identidad colec-
tiva consumada en el territorio.
Como bien señala Foucault (1996), los conflictos sociales, las resistencias
a regímenes políticos, los efectos de las crisis económicas, etc., se entre-
cruzan con prácticas de ilegalismo popular. De allí que, en el horizonte de
las luchas políticas y sociales se perfilen prácticas inscriptas en el marco de
lo ilegal y se multipliquen al hacerse cada vez más restrictivas las legislacio-
nes. El mecanismo disciplina-penalidad-delincuencia garantiza la diferencia-
ción, el aislamiento y la utilización de la delincuencia en todo el campo de
ilegalismos. Al ser dispuesto frente a las luchas, opera desactivando su
MARÍA ALEJANDRA CIUFFOLINI Y OTROS
7
De hecho, como explican Job y Ferrero (2010), la villa, como parte de una configura-
ción histórica dada, ha sido desde siempre depositaria de representaciones y estigmatiza-
ciones que la enmarcaron dentro del parámetro de lo anormal y el desperdicio. Así, en los
años de la década de 1950, fue considerada el mejor ejemplo del fracaso del populismo
peronista; en la década de 1970, obstáculo del progreso y germen de subversión; y, en la
Argentina del presente, lugar de inmoralidad, delincuencia y ausencia de ley, zona que
hay que eludir, temer y evitar.
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Nota “Pueyrredón, nuevo corredor del desarrollo inmobiliario”, 23/02/2011, disponible
en http://www.lavoz.com.ar/noticias/negocios/pueyrredon-nuevo-corredor-desarrollo-in-
mobiliario
componente político al ponderar y rotular lo que hay en ellas de trasgresión
y desacato (Foucault, 1996 y 2006; Deleuze, 2005).
En virtud de lo expuesto, el territorio se presenta como un núcleo de cons-
trucción y disputa política sin parangones cuya importancia no puede eva-
dirse a la hora de pensar la construcción de cualquier tipo de proyecto de
extensión o responsabilidad social. En nuestro caso, y obedeciendo a la ne-
cesidad de reconocer esta centralidad, a continuación presentamos una bre-
ve caracterización de los territorios que constituyeron nuestras coordena-
das espaciales de acción.
1. Barrio Güemes
Güemes es un barrio situado en las cercanías del centro comercial de la
ciudad y de grandes zonas de concentración de proyectos inmobiliarios,
entre ellos, el barrio Nueva Córdoba. Este último barrio conforma uno de
los polos económico-poblacional más dinámicos de los últimos años: por su
recepción de estudiantes debido a la cercanía a los centros educativos uni-
versitarios, el mismo se ha convertido en un barrio con un enorme creci-
miento poblacional.
Ante este incremento demográfico en el barrio Nueva Córdoba, el barrio
Güemes, por su contigüidad, se posiciona como un territorio codiciado
para continuar y extender el proyecto inmobiliario. Según un artículo del
diario La Voz del Interior “este año, las siete cuadras de la avenida Pueyrre-
dón, desde La Cañada hasta barrio Observatorio, se convertirán en un co-
rredor ‘caliente’ para el mercado inmobiliario”.
8
Este corredor es justamen-
te barrio Güemes. Además, se suma que a este barrio lo rodean los
principales centros comerciales y shoppings, está próximo a la Municipali-
dad y los Tribunales de Justicia, entre otras instituciones, lo que lo consti-
tuye como un destino estratégico para las inversiones inmobiliarias.
Por otro lado, la arquitectura de Güemes cuenta con una disposición típica
de ciudad, esto es, manzanas regulares, calles asfaltadas, señalización urba-
na, semáforos, institutos educativos, centros culturales privados y públi-
cos, despensas, etc. En cuanto a su estructura sociológica, el barrio está
compuesto por estratos socioeconómicos bajos y medios bajos que desde la
óptica hegemónica son considerados sectores peligrosos, “potenciales de-
lincuentes”; volviendo necesaria una cotidiana y activa presencia policial.
15
Como si fuera una coincidencia en relación a la problemática que da vida a
nuestro proyecto de RSU, en Güemes también se encuentra la Comisaría
Décima, la cual es conocida históricamente como una de las unidades juris-
diccionales más represivas de la ciudad.
9
En uno de los hechos más cono-
cidos que sucedieron en esta comisaría, el 22 de enero de 1999 murieron
siete jóvenes que estaban detenidos tras iniciar una protesta por mejores
condiciones de detención que terminó en un confuso incendio de las insta-
laciones.
10
El control policial se ejerce mediante una circulación permanente de pa-
trulleros y efectivos dentro del barrio. La constante actividad policial, de
vigilancia y castigo, genera consecuencias en la manera de habitar el te-
rritorio y en la configuración de lazos sociales y subjetividades: el control
interno permanente, limita la circulación y apropiación de los vecinos de
los espacios públicos, impide las reuniones en las veredas, los juegos en
las calles.
11
De ahí resulta un aislamiento de los vecinos, el miedo y la inhibición frente
a cualquier tipo de proyecto colectivo y lazos comunitarios. Sobran las ex-
periencias al respecto y, en más de una ocasión, hemos vivido cómo ante la
presencia de un patrullero nuestras actividades como proyecto RSU se di-
solvían inmediatamente. Ya en los jóvenes es una rutina que ante la presen-
cia policial cada uno “se mete en su casa”. Así, el control territorial desmo-
tiva a salir a divertirse, ir al trabajo, asistir al colegio, charlar con algún
vecino.
De igual modo emergen en el barrio otros espacios y prácticas de resis-
tencia: movimientos culturales como la Biblioteca popular Luna Abierta, el
MARÍA ALEJANDRA CIUFFOLINI Y OTROS
9
La Coordinadora Antirrepresiva por los Derechos Humanos (CADDHH), que nuclea
multiplicidad de organizaciones sociales y políticas, viene denunciando desde los últimos
5 años el accionar represivo de esta Comisaría que se remonta al último periodo dictato-
rial en el país. Ver, por ejemplo, las coberturas de las siguientes notas: “Atropello poli-
cial en la comisaría décima de Córdoba” (Disponible en http://fundacionpmilesi.org.ar/si-
tio/index.php?option=com_content&task=view&id=127&Itemid=56; “Marcha contra la
comisaría” (disponible en http://www.sosperiodista.com.ar/Cordoba/Marcha-contra-la-
comisaria); “Caminos y concepciones muy distintos sobre los Derechos Humanos” (Dis-
ponible en http://antirrepresiva.blogspot.com/search?q=d%C3%A9cima).
10
Nota “Tardan 5 años en echar a policías condenados por la muerte de presos” en el
diario La Voz del Interior, 23/11/2006. Disponible en http://archivo.lavoz.com.ar/06/11/
23/secciones/sucesos/nota.asp?nota_id=20777
11
En la nota “Chicos de Güemes dicen que los detienen sólo por caminar”, publicada en
el diario La Voz del Interior, 7/10/2010, pueden encontrarse testimonios de esta realidad.
Disponible en http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/chicos-de-guemes-dicen-que-los-de-
tienen-solo-por-caminar
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Centro Cultural Bordes, la batucada del barrio, o la activa presencia de
organizaciones socioterritoriales como la del Movimiento Lucha y Digni-
dad; todos ellos representan lugares para compartir y denunciar la violen-
cia que sufren muchos de los vecinos. Así también, las paredes muralea-
das, los terrenos y casas tomadas, los graffitis, los cordones de vereda
como lugares de reunión (cuando no es disuelta por la policía), son las
prácticas que intentan también mostrar las características de la vida den-
tro del barrio. Es que, como decíamos antes, la identidad del barrio Güe-
mes surge de la tensión que se genera entre los distintos proyectos, con
sus lógicas antagónicas.
2. Villa La Lonja
Villa la Lonja es un asentamiento que se ubica al sur-oeste de la ciudad for-
mando parte de una franja continua de barriadas populares que se encuen-
tran, a modo de enclave, entre barrios de mayor poder adquisitivo. La Lon-
ja presenta una disposición irregular de las viviendas y pequeños pasajes de
tierra que comunican los diferentes sectores del mismo. La no existencia de
calles que atraviesen de un extremo a otro el barrio constituye también una
particularidad: quienes circulen dentro son principalmente quienes tienen
impreso en su memoria el recorrido exacto de esos pasadizos, es decir, los
vecinos.
Tal configuración del espacio ha dado lugar a que el control que efectúan
las fuerzas policiales se materialice a modo de cordón externo y, si bien la
Policía no ingresa a la villa, el control lo realiza sobre los vecinos para que
estos no “salgan de sus límites geográficos”. Es decir, dentro del territorio
prácticamente no hay intervención de los agentes policiales. Sin embargo, y
siendo testigos de ello, las pocas veces que las fuerzas policiales ingresan a
La Lonja lo hacen rompiendo abruptamente el ritmo de vida cotidiano de
toda la villa, con altos niveles de atropello, violencia e impetuosidad contra
cualquiera de los vecinos.
A esta situación se suma el hecho explícito de “resguardo” de los barrios
residenciales adyacentes a la Villa, que señalan en oposición a los vecinos de
villa La Lonja. En virtud de esta “demanda de seguridad”, el control ejerci-
do sobre los vecinos de la Villa, es tal que existen cámaras de seguridad
ubicadas en las veredas del frente que enfocan hacia La Lonja, pudiendo fil-
marse quiénes y cuántos “salen” y “entran” a la misma. Así, es común que
al salir del barrio, los jóvenes intenten esquivar a los policías, evitar el con-
tacto, reconociendo que en caso de darse tal circunstancia, si no son gol-
peados y/o arrestados, son “devueltos” a la villa.
17
Aun así, el hecho de que la Policía no ingrese hace de la Villa más un espa-
cio de contención que un espacio fragmentado como el que se vive en
Güemes. En La Lonja, los chicos pueden matear en la puerta de su casa;
12
hay más espacios comunes que son compartidos, como el salón comunita-
rio o el mismo frente de su casa. Todos circulan, los chicos juegan en los
pasajes, se comparten experiencias; el barrio es realmente un espacio co-
munitario.
Los jóvenes se encuentran seguros dentro de la misma villa, en tanto no se
ven frente al peligro de ser víctimas de la represión policial. Emerge una
concepción propia de “seguridad”, con sus propias lógicas de autoridad y
formas de organización. Tal es así que los vecinos dejan entrar a sus casas
y resguardan a los jóvenes que persigue la policía; a pesar de lo que el res-
to de la ciudad puede percibir, la villa es un “lugar seguro”.
En este sentido, los lazos comunitarios, fundados en la solidaridad y el
compañerismo, van configurando la resistencia de los vecinos al indivi-
dualismo y la exclusión propios del capital y el mercado. Muestra de esto
es la lucha permanente por la dignificación de la vida, que se plasma en
los procesos organizativos que se vienen construyendo desde hace tiem-
po dentro de la villa, en los que confluyen distintos grupos, organizacio-
nes, movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales, entre
otros.
Lenguajes, historicidad y sujetos
Como planteamos en el apartado anterior, pensar un proyecto de RSU im-
plica razonar sobre el contexto espacial, el territorio donde se desplegarán
las acciones proyectadas. En este sentido, también se vuelve necesario re-
flexionar sobre la forma en que conceptualizamos y pensamos esas accio-
nes dentro de lo que llamamos territorio.
Ahora bien, si esto es un requisito para toda investigación, en el caso de
aquellas que niegan una dicotomía entre la ciencia y la praxis se vuelve aún
más importante. Pues no sólo se trata de esclarecer nuestros conceptos y
puntos de partida, sino incluso debe considerarse el lenguaje y los modos a
través de los cuales los propios actores definen una problemática. Es a par-
tir de los actores y de sus lenguajes que pensamos se debe construir de
manera común una perspectiva de abordaje a las cuestiones.
MARÍA ALEJANDRA CIUFFOLINI Y OTROS
12
Como también beber alcohol o fumar.
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Esto implica necesariamente una instancia reflexiva y crítica tanto del len-
guaje de los legos como del lenguaje teórico de referencia, ya que es en la
intersección de ambos, es decir, asegurando una condición de intersubjetivi-
dad desde donde se puede propiciar una acción práctica frente a los proble-
mas. Es a partir de este reconocimiento de un “nosotros”, que no quita es-
pacio a la otredad, en el que se puede concebir al conocimiento como una
empresa cooperativa. Es que sólo desde un trabajo conjunto que reúne co-
nocimiento y acción es posible la transformación y solución de problemas.
Esta necesidad de crear un lenguaje común dice también de la historicidad
de los problemas y de las formas y lugares desde el que “legos y cientistas”
los concebimos y nominamos. Pues todo lenguaje se encuentra inserto y es
producto de un contexto histórico determinado que condiciona y/o habilita
determinadas posibilidades de enunciación. En este sentido, toda mirada
está siempre filtrada por la lente del lenguaje, el género, la clase social, la
raza y la etnia. No existen observaciones objetivas, sólo observaciones so-
cialmente situadas en los mundos del que observa y del que es observado,
y en el intercambio de esos lugares entre unos y otros, es posible construir
una posición superadora e incluso transformadora de las relaciones entre
sujetos en una investigación.
Estas posiciones respecto del lenguaje, la historicidad y las observaciones
socialmente situadas, profundizan el retorno del/los sujeto/s como centro
del análisis y la realización de toda dinámica de conocimiento y praxis. El
giro significativo de esta propuesta es que no supone sólo la observación,
sino la necesidad de transformación que se opera en quien conoce y en
quien es conocido; a partir de reconocer una igualdad esencial entre todos
los involucrados en la investigación.
La tarea de un sustrato común de lenguajes, experiencias, prácticas y sabe-
res supone un compromiso activo con los sujetos y acontecimientos con
quienes se trabaja. Se trata de una cuestión ética: ser solidarios con los su-
jetos y acontecimientos implica ser capaces de pensar articulados con ellos.
Ahora bien, ¿qué supone esta articulación?, ¿de qué materiales está hecha?
A nuestro entender, comprende dos procesos: uno de apertura y otro de
flexibilidad.
El primero, reclama una apertura de los discursos/saberes de las ciencias a
las voces de los sujetos y/o colectivos con que se trabaja. Esto es suma-
mente importante porque en general los sectores pobres o marginados son
escasamente escuchados; frente a sus problemas, las instituciones suponen
siempre saber más y lo más apropiado para resolverlos, desconociendo e
incluso avasallando los saberes y las prácticas que los mismos sujetos han
desarrollado para mitigar o dar solución a sus necesidades.
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MARÍA ALEJANDRA CIUFFOLINI Y OTROS
En consecuencia y para no caer en esto, el modo de trabajo que propone-
mos implica una apertura a los discursos, los cuales comienzan siempre
por una narración, testimonios y autobiografías. En los sectores populares,
las situaciones, los problemas, la vida comunitaria, etc., se cuentan desde
un “yo”. Se trata de relatos de trayectos ordinarios, experiencias comunes,
preciosas por ser las suyas y por especificar su propia historia.
Ese primer registro polifónico de prácticas anónimas y frágiles, de la proli-
feración indefinida de maneras de hacer, nos ofrece la posibilidad de vol-
verse un “principio constitutivo” de una nueva forma de pensar. Esto es así
porque definitivamente la toma de la palabra por los sujetos y su entrada en
el campo discursivo de la ciencia tiene el poder de desmontar nuestros jui-
cios más asentados y requerir entonces nuevos desarrollos teóricos, así
como también la reversión de algunos instrumentos conceptuales.
13
El segundo de los procesos refiere al método de trabajo e intervención que
reclama una flexibilidad al contexto social en que los datos son producidos.
Ser flexible al contexto supone que el método de trabajo reconoce, recupera
e incorpora el conocimiento práctico de los actores. Pues es a partir de ese
saber —cómo hacer cosas, técnica y socialmente; saber cómo son las co-
sas o cómo aparecen, qué valores y normas las informan, etc.— es que se
pueden pensar de manera colectiva las soluciones a los problemas. Incluso
va más allá, pues implica reconocer la irreductibilidad de las prácticas a los
discursos, que siempre articulados mas no homólogos, son la posibilidad
que funda toda posible transformación historia política, social y cultural.
En definitiva, frente a ese pensamiento tranquilizador y conformista que
suele regir en la academia y también en la sociedad, se erige este otro que
desde la articulación de voces y prácticas en una situación de igualdad y so-
lidaridad se propone la inquietud, como posibilidad y crítica, y en conse-
cuencia como disposición para la creación, la reflexión y la transformación.
La “entrada” en el campo: ese momento de encuentros y
desencuentros
Lo ideal en este tipo de prácticas de investigación es que los cientistas o
estudiantes ya estén familiarizados o bien inmersos en el campo, pues en
general se trata de territorios connotados como “riesgosos” y por lo tanto
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Nos eximimos del desarrollo de este tema en esta ocasión, un tratamiento más exten-
so sobre el mismo se encuentre en Ciuffolini, 2004.
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es un completo desafío “entrar” a los mismos y poder desenvolverse des-
truyendo prejuicios, miedos e inseguridades más allá de los intereses estric-
tamente académicos.
Como ya dijimos, la posibilidad de construcción en común de los proble-
mas y de alguna forma para abordarlos, implica necesariamente un proceso
interactivo en el que intervienen los investigadores y los participantes. Pero
entonces la “entrada” en el campo es una instancia previa y que antecede en
mucho a la propuesta de investigación como instancia formalizada y tal
como es requerida por las instituciones académicas o financiadoras.
Nuestros proyectos, desde un principio, se construyeron con un conjunto
de organizaciones sociales que ya se encontraban presentes en cada territo-
rio en cuestión. Este elemento fue fundamental para encontrar seguridades
y tranquilidad en un territorio que nos era totalmente ajeno y desconocido.
Estos colectivos tienen trabajo de base en distintas áreas: huertas familiares,
apoyo escolar, talleres artísticos, alfabetización de adultos/as, talleres pro-
ductivos. Es que ni la represión policial puede explicarse sin comprensión
de las configuraciones, las dinámicas y la historia de la sociedad, las clases,
los territorios que se habitan; ni las estrategias de concientización, forma-
ción y participación de los jóvenes de los barrios populares pueden cons-
truirse al margen de las organizaciones que sus vecinos, familiares y com-
pañeros van generando.
Es importante destacar que no basta sólo con vincularse a la organización
social existente para lograr los objetivos planteados, sino también es funda-
mental interiorizarse y acompañar —manteniendo la autonomía de nuestro
espacio de pertenencia— el proceso que las organizaciones del lugar están
realizando.
Es igualmente substancial entender que la realización del proyecto comienza
desde el mismo momento en que se pisa un territorio. Se debe dejar a un
lado la idea de que sólo desde la realización de la primera tarea proyectada
se comienza, y tener en cuenta que los primeros tiempos de “exploración”
y conocimiento son fundamentales y condicionan para bien o para mal todo
el trabajo posterior.
Además de identificar la presencia de las organizaciones e instituciones que
se desenvuelven en el barrio, también se debe reconocer a los referentes
(políticos, sociales, culturales, religiosos) que existen en él. Poder charlar
con ellos o ellas abre el espacio para conocer el entramado de relaciones
expresas y “subterráneas” que se tejen en cada territorio.
Luego, es importante avanzar en un período de profunda, humilde, paciente
y atenta escucha a los vecinos y vecinas que viven en el barrio. En esas
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MARÍA ALEJANDRA CIUFFOLINI Y OTROS
charlas y mates compartidos empieza a emerger, además de las dinámicas
propias del barrio, la faz humana del vecino y vecina, pero también y sobre
todo, del extraño al lugar. Este momento es fundamental para ambas partes,
el encontrar “cuestiones comunes”, identificar elementos, sentires o pare-
ceres compartidos, como también hacer patentes las diferencias y des-
acuerdos que llenan de riqueza el trabajo, ayudan a comprender la comple-
jidad de los fenómenos y procesos.
Toda esta primera parte puede entenderse como un trabajo focalizado, sea
alrededor de determinados espacios o personas, una labor en profundidad
pero de poca extensión. Una recomendación a atender en esta primera eta-
pa (y en las siguientes), es jamás prometer, insinuar o mencionar, que se va
a conseguir u obtener algo que exceda los objetivos del trabajo. Esto es aún
más significativo cuando se advierte el grado de utilización y manipulación
a las que han sido y son expuestos los sujetos del campo popular, lo cual
sumado a la situación desesperante en que algunas veces pueden encon-
trarse los vecinos y vecinas, hacen que una mínima insinuación o promesa
que luego se ve incumplida o defraudada, pueda llevar a un “cierre” absolu-
to del territorio y el desmoronamiento de un trabajo de meses.
Los tiempos que lleva cada etapa y proceso no pueden ni deben ser “apura-
dos”. Respetar los procesos tanto de quienes integran el equipo de trabajo,
como de los sujetos que habitan y transitan el territorio es esencial para que
el proyecto llegue a buen puerto.
Luego comienza la tarea de extender la propuesta al conjunto de los vecinos
y vecinas con quienes se desea trabajar. Esta etapa puede encararse me-
diante algún tipo de convocatoria concreta; también recorriendo y visitando
a los vecinos en sus casas, o bien mediante propaganda gráfica, volantes,
avisos en cada puerta.
También puede resultar conveniente realizar actividades abiertas y notorias
en los espacios públicos de cada territorio. En lo posible estas últimas de-
ben ya ser compartidas con los vecinos y vecinas más involucrados en el
proyecto (si los hubiera). Ejemplo de esta tarea son las pegatinas, volan-
teadas y avisos realizados. En particular en nuestro proyecto la realización
del mural de barrio Güemes, significó el trabajo conjunto de distintas orga-
nizaciones, vecinos y vecinas y el equipo del RSU.
La presencia y convocatoria en los espacios públicos, es una buena puerta
de entrada para aquellos y aquellas que no se involucraron en un primer
momento con la propuesta, ya que estas instancias suman e invitan a parti-
cipar. Además de ir dejando marcas en el territorio (y su gente) que permi-
tan evaluar si la labor realizada está o no aportando al territorio en que se
está desarrollando el trabajo.
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Finalmente, podemos decir que está preparado el terreno para dar inicio al
trabajo proyectado propiamente dicho, sean estos talleres, rondas, activida-
des culturales, sociales, etc.
Una vez que el trabajo realizado tuvo una continuidad, seriedad e involucra-
miento en la comunidad como para haber dejado marcas en el territorio y su
gente, las tareas se desenvuelven de manera mucho más cotidiana, y las
barreras físicas, culturales o sociales que existían al comienzo del acerca-
miento parecen diluirse e ir perdiendo materialidad y hasta sentido, son re-
significadas e incorporadas en la cotidianeidad de los integrantes del grupo
que decidió “entrar” al barrio.
Es importante también, que al momento de haber proyectado la tarea, la
misma estipule una finalización (no necesariamente definitivo; por el con-
trario, creemos que en lo posible debiera ser no definitivo —ver Estrategias
de continuidad) que permita evaluar junto a todos los sujetos que participa-
ron del proceso, cuáles fueron las fortalezas y cuáles las debilidades del
mismo. Para este momento, resulta conveniente realizar alguna actividad o
jornada importante, que nuclee a todos y todas quienes deseen participar y
encontrarse.
Instrumentos, metodologías y dinámicas de acción
Trabajar en grupo y de manera colectiva conlleva siempre una multiplicidad
de aprendizajes y desafíos propios de la diversidad de las personalidades y
los tiempos humanos. Pero, además, si ese trabajo colectivo se dirige a la
transformación de las realidades y las personas el reto es aún mayor. Ac-
tuar sobre la realidad para transformarla requiere de un trabajo sensato y
paciente que dé lugar a la creación tanto individual como colectiva, que
busque las más variadas estrategias para realizar el objetivo, que sepa leer
con atención los movimientos de la propia realidad.
En este apartado nos focalizaremos en el “cómo hacer”, problematizando el
análisis de los instrumentos, metodologías y dinámicas llevadas a cabo a lo
largo de nuestro proyecto y pensadas tanto para el momento de desarrollo
del proyecto como para la planificación de su continuidad.
1. Estrategias de trabajo
Las estrategias de trabajo en el barrio se desarrollaron teniendo como base
la concepción de una construcción colectiva de la realidad material y sim-
bólica. Ellas pueden y deben adquirir distintas modalidades, en base a las
características y dinámicas de cada barrio y sus habitantes, respetando, en
23
todo momento, la diversidad, los cambios y las necesidades particulares. Es
importante aclarar que, si bien se van seleccionando metodologías y activi-
dades, ninguna herramienta de trabajo es eliminada de antemano ni predo-
mina por sobre las demás. La elección debe hacerse en cada momento se-
gún cómo avance el trabajo con los sectores sociales que co-construyen el
proyecto.
En general, se han valorado como muy positivas las actividades que se rea-
lizaron con tareas manuales concretas y que podían (y convenía que así
fuera) ir acompañadas de un momento de balance y reflexión común. El re-
sultado de ello fue la generación de espacios comunitarios de encuentro y
aprendizaje mutuo, para desde allí pensar formas organizativas concretas,
que permitieran avanzar en el ejercicio de la democracia y la participación y
pusieran coto a las arbitrariedades y atropellos del poder policial.
Entre las dinámicas adoptadas por el proyecto para el trabajo con jóvenes
pueden nombrarse la realización de talleres formativos, charlas, jornadas de
trabajo, espacios de encuentro y recreación, y la participación en otras acti-
vidades comunitarias. Desarrollaremos a continuación la experiencia colec-
tiva respecto de algunas de las metodologías empleadas.
1.1. Talleres
La dinámica del taller sigue una lógica de horizontalidad, construcción co-
lectiva de los conocimientos y aprendizaje de carácter circular, en donde
todos participan y cada una de las voces tiene el mismo valor que las de-
más. Esta metodología rompe con las lógicas verticales propias de la edu-
cación formal, donde hay un poseedor del saber que va depositando el co-
nocimiento en lo que Freire ha llamado “alumnos-bancos” (2008A; 2008B).
No hay saberes superiores, sino saberes diversos que se relacionan de ma-
nera democrática y hasta complementaria. A través de una multiplicidad de
técnicas, se integran todos los aportes en un proceso dinámico y construc-
tivo, en donde los esfuerzos conjuntos se dirigen a la creación de espacios
de problematización de distintos aspectos de la realidad.
En el taller se generan espacios de expresión no restringida que permiten
entrever que la realidad que se considera como dada es tan solo una cons-
trucción impuesta por quienes se benefician del statu quo. Una construc-
ción impuesta que es posible deconstruir para generar espacios nuevos,
con códigos propios decididos entre todos.
En este sentido hay que destacar que el rol del tallerista es, ante todo, el de
estar atento a la emergencia de frases, prejuicios, comentarios o juicios que
dan cuenta de una visión impuesta de la realidad, donde ésta se presenta
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como dada e inmutable (por ejemplo: “las cosas siempre fueron así”, “Dios
lo quiso así”, “no se puede hacer nada”, “esto nunca va a cambiar”, “la Po-
licía está para cuidarnos”, “algo habrán hecho”). Es a partir de la identifica-
ción de esos datos que se hace posible problematizar las concepciones que
cada uno trae consigo y avanzar en la construcción colectiva de una reali-
dad posible, distinta, nueva.
El taller es una herramienta flexible que si bien requiere una planificación
reflexiva en base a la composición del grupo, de los temas de interés, las
problemáticas y las necesidades; asimismo habilita la emergencia de ele-
mentos no contenidos en el plan original. Estos deben ser rápidamente in-
corporados al trabajo grupal, complejizando los análisis y ampliando los ob-
jetivos. En este sentido identificamos bloqueos tanto internos como
externos (Pizzeta, 2009) a lo largo del desarrollo de los talleres.
Sucede en repetidas ocasiones que las propuestas de trabajo no pueden lle-
varse a cabo en el momento y lugar planificados por el propio estado de
ánimo de los participantes. Muchas veces los jóvenes con los que trabaja-
mos estaban ocupados haciéndose cargo de cuestiones de su hogar o de su
familia, con conflictos entre ellos o, incluso, bajo efectos del consumo de
droga o alcohol. Ello dificulta e irrumpe en las actividades. Pero las más de
las veces las ausencias de los jóvenes tenían que ver con la propia proble-
mática sobre la cual se trabaja: los abusos policiales, el control policíaco
omnipresente, las detenciones arbitrarias. Más de una vez las actividades
programadas debieron suspenderse para ir a una comisaría a averiguar por
qué habían demorado a algún joven y cuándo iban a soltarlo, o, como diji-
mos anteriormente, las actividades se vieron frustradas porque móviles o
efectivos policiales comenzaban a rondar el lugar y había que “dispersarse”
(encerrarse cada uno en su casa).
Lo importante es que estos “bloqueos” no sean dejados de lado como me-
ras interrupciones o imposibilidades, sino que sean resignificados como
parte del trabajo colectivo. Que puedan ser explicitados y problematizados
de modo tal que ayuden a comprender el accionar policial y cómo éste va
configurando nuestros modos de ser, de estar, de actuar. Al mismo tiempo,
estas circunstancias pueden ser “utilizadas” para incentivar, de manera
constante, la búsqueda de estrategias que permitan hacer frente a dichas
“trabas”.
1.2. Charlas
En este sentido, la extrema informalidad a la que los jóvenes de los sec-
tores populares están acostumbrados —por sus experiencias cotidianas
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de trabajo precario, deserción escolar, etc.— hace que una dinámica con
día, horario y lugar fijo sea, en la mayoría de los casos, una realidad
muy distante. Los generalizados índices de inasistencia y deserción esco-
lar, sumados a la creciente inexperiencia en trabajos formales con horario
fijo y cierta disciplina, vuelven extraño o ajeno el requerimiento de asistir
y desenvolverse en una dinámica de taller. Esto no quiere decir que dicha
metodología debe ser eliminada, sino más bien que la misma tiene que
ser repensada y complementada desde la realidad que les toca vivir a es-
tos jóvenes.
En estos sectores, se propone una estrategia que se vincule mucho más
con el poder ser parte de sus tiempos y sus lógicas. Ello implica hacer uso
de otros formatos de intercambio: la charla informal, generalmente en ron-
da, sin materiales explícitos, y donde el lenguaje oral es la herramienta fun-
damental para transmitirse mutuamente saberes, reflexiones y problemáti-
cas. Sin embargo, es importante aclarar que la informalidad de la actividad
no debe confundirse ni derivar, bajo ningún punto de vista, en liviandad o
superficialidad en las reflexiones.
Estas otras estrategias y dinámicas posibles, alternativas o complementarias
a la lógica del taller, surgen de una observación atenta de las distintas for-
mas culturales, valores y tiempos de los miembros del grupo de jóvenes.
En general, los jóvenes reflexionan haciendo, lo que hace primordial pensar
en instancias de encuentro en las que la problematización y el debate surjan
directamente de la acción o ligados a esta.
1.3. Jornadas de trabajo
Se trata de la definición de un “día”, “mañana” o “tarde” de trabajo res-
pecto a un eje concreto y bien definido previamente. Este tipo de activi-
dades tiene un carácter “intensivo” en cuanto a los objetivos a tratar, y
combina generalmente actividades más bien manuales y de interacción
corporal con espacios de reflexión o puesta en común. Ejemplos de ellos
son las jornadas de trabajo para mejorar espacios públicos en los barrios,
las pintadas de murales alusivos al eje de trabajo, la participación en ra-
dios abiertas o en marchas, la preparación de alimentos o la organización
y realización de una jornada festiva o conmemorativa entre los vecinos,
entre otros.
Estas pueden ser muy buenas instancias para profundizar las reflexiones,
poner en común los distintos puntos de vista, y proponer nuevas activida-
des o líneas de acción mientras los participantes comparten y ven logrado
un objetivo común y concreto de esa jornada (por ejemplo, dejar pintado un
mural).
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2. Estrategias de continuidad
Los trabajos que pretenden tener incidencia en los territorios populares de-
ben tener continuidad. Esa premisa si bien estaba presente cuando comen-
zamos la labor, fue fortaleciéndose a medida que el trabajo se fue desenvol-
viendo. Ningún trabajo en un territorio tiene incidencia si no existen
estrategias de continuidad que se pretendan efectivas.
En ese sentido, aquel objetivo inicial de nuestros proyectos de “crear una
instancia de formación democrática que dé cuenta y refuerce el sentido po-
lítico y ciudadano del conflicto legal en torno a las experiencias de jóvenes”
sintió la necesidad de ser redefinido y superado con el propósito de generar
herramientas concretas (no sólo declarativas) que sirvan para que los veci-
nos y vecinas puedan enfrentar un conflicto que es legal, no en el sentido
abstracto del término, sino en el sentido represivo más concreto que pueda
imaginarse.
Las instancias de formación democrática han decantado en compromisos
concretos. Las palabras exigían volverse hechos. Los análisis muchas ve-
ces se han vuelto lágrimas, indignación e impotencia. En medio de toda esa
vorágine se (re)definen o amplían objetivos: construir herramientas que
permitan enfrentar la arbitrariedad policial que vulnera la vida democrática
(y la integridad y dignidad personal).
Con esto en mente, y como objetivo de continuidad, fue necesario pensar
en estrategias que no dependan de personas particulares, sino que sirvan
como herramientas que excedan y prolonguen el trabajo concreto de este
proyecto. En ese sentido, en base a la experiencia, se han identificado tres
estrategias a seguir:
Trabajar junto y desde los espacios organizados existentes en cada
territorio, intentando vincularlos entre sí. Entre ellos y en el caso
particular de barrio Güemes, con las bibliotecas populares y los es-
pacios culturales del barrio.
Coordinar con los espacios institucionalizados y reconocidos por los
vecinos existentes en el territorio, como las escuelas y los dispen-
sarios.
Trabajar en la recuperación de los espacios públicos o comunes que
puedan existir en cada territorio.
Estas estrategias hacen eje en la organización colectiva de los vecinos. Es
que, se observó que las reacciones frente a las situaciones de violencia y
abuso policial correspondían a respuestas aisladas y efímeras, que en la
mayoría de los casos implicaban un empeoramiento de la situación de quie-
27
nes reaccionaban ante el poder desproporcionado con que cuentan las fuer-
zas policiales. Por esa razón, se concluyó que el mejor antídoto (si bien li-
mitado todavía en su alcance) que tienen los vecinos frente a la fuerza utili-
zada por la policía, es la organización.
Esa es la herramienta que se mostró más efectiva en numerosas oportuni-
dades. Presencia de vecinos frente a golpizas, pedidos de nombres e infor-
mación a los uniformados, concurrencia masiva a comisarías, trabajo coor-
dinado entre organizaciones, vecinos y equipo jurídico, han sido una y otra
vez las mejores herramientas que se han podido desplegar ante el accionar
abusivo por parte de las fuerzas policiales. Por el contrario, las reacciones
frente a la coerción, se observaron que correspondían a respuestas aisladas
y efímeras, que en la mayoría de los casos implicaban un empeoramiento
de la situación de quienes reaccionaban ante el poder desproporcionado con
que cuentan las fuerzas policiales.
De allí que, pensar en estrategias de continuidad, implica según nuestra ex-
periencia, pensar en espacios de autoorganización en los territorios que per-
mitan poner freno a las conductas antidemocráticas y represivas, constru-
yendo así espacios de participación y compromiso entre los propios
vecinos.
Paralelo a ello, se identificaron otra serie de estrategias que complementan
las anteriores y que tienen un carácter más bien transversal:
Identificación de líderes o referentes barriales: se observó que entre
los participantes de las actividades del proyecto, sea por interés par-
ticular o por aptitudes personales, existían sujetos que ejercían de al-
gún modo un rol más activo al momento de tener que enfrentar si-
tuaciones concretas o buscar soluciones novedosas a viejos
problemas. En ese sentido se pensó que como parte de una estrategia
de continuidad, sería provechoso que esos sujetos, tuvieran alguna
formación particular que los convirtiera en gestores jurídicos comu-
nitarios, y sirviera a su comunidad desde ese papel.
Deconstrucción de las lógicas hegemónicas: se visualizó ésta como
una tarea necesaria y permanente, que condiciona las posibles líneas
de acción estratégica para la continuidad del proyecto. Se entendió
como prioritario desplegar una tarea profunda en socavar las bases
antidemocráticas que generan consenso y naturalización sobre las
prácticas policiales y los instrumentos legales que las respaldan. En
este sentido, una historia de sometimiento e impotencia, en los terri-
torios populares, han instalado la idea, profundamente arraigada, de
que “las cosas son así” y nada puede hacerse contra eso, sino acep-
tarlo, e incluso apoyarlo.
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Reflexiones finales
Las reflexiones aquí presentes son el ejercicio de una práctica necesaria
que parte de la opción política que vamos construyendo y que implica el
recupero de la historia personal y social: recuperar el territorio, los sujetos
y sus procesos de resistencia y lucha.
Con ese objetivo en la mira, a partir de lo escrito y en línea con Torres
(2010), el territorio se presenta como producto y articulador de las relacio-
nes sociales nutridas por relaciones de poder, donde dominación y resisten-
cia se entrecruzan. De esta manera el territorio se resignifica y transforma
radicalmente, y su dimensión política emerge.
Así, se configuran modos de vivir alternativos a los impuestos por el capi-
talismo y sus lógicas mercantiles. Frente a las relaciones sociales institui-
das, fundadas en el interés económico, surgen nuevas formas de vincularse
basadas en lazos comunitarios y solidarios. Frente al Estado que sólo se
hace presente en la villa para reprimir, para vigilar con cámaras de seguri-
dad, con cada vez más policías, los vecinos se organizan, se encaminan en
la búsqueda de emprendimientos autogestionados, que les posibilite mayor
autonomía.
Reconocer las particularidades de cada espacio, su dinámica e interaccio-
nes es una condición necesaria para todo proyecto de extensión o res-
ponsabilidad social universitaria. Ello implica darle el significado que el
territorio tiene más allá de ser un punto en el mapa, apreciar su sentido
político, aquel que los sujetos le imprimen con cada una de sus acciones,
con cada uno de sus vínculos, con sus proyectos de vida, tanto indivi-
duales como colectivos.
Y lo más importante, es reconocer que ahora nosotros —en nuestro rol
académicos, estudiantes, docentes, vecinos de otros barrios— también so-
mos parte de esa territorialidad porque aportamos a la construcción de
aquello que la constituye. Formamos parte de ese sustrato intersubjetivo
desde el cual creemos que podemos contribuir a crear “otras seguridades”
y certezas que dan vida a un mundo de caminos que cuando no parece es-
fumarse como por arte de magia, parecen ser arrancados o robados de
nuestras propias manos.
En el fondo, se trata de interrogarse acerca del qué hacer con lo que sa-
bemos, acerca de las implicancias de lo que hacemos, y acerca de qué
hacemos para conocer. Estos tres órdenes de interrogación atraviesan los
actuales debates en la filosofía de la ciencia, y a la vez que denuncian
cegueras, también alientan oportunidades. Se trata de desafíos pendien-
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tes, que requieren debates y acciones urgentes por escribir las prácticas
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