105
*
El presente trabajo fue desarrollado en el marco del proyecto PICT 1168 “Los otros
del populismo. Las identidades políticas no-peronistas en la Argentina (1943-1960)”.
Agradezco los comentarios realizados por Gerardo Aboy Carlés a una versión preliminar
de este artículo, como las sugerencias y correcciones del evaluador anónimo de la revis-
ta. Obviamente, a ellos se aplica la salvedad sobre las dificultades que puedan tener los
argumentos aquí planteados.
**
Becario doctoral del CONICET.
Nicolás Azzolini
**
Resumen
En el presente trabajo llevamos a cabo un ejercicio reflexivo sobre la
forma de entender el establecimiento y los desplazamientos de una fron-
tera política desde las categorías de significante vacío y significante flo-
tante desarrolladas por Ernesto Laclau. Para ello, exploramos la disputa,
entre peronistas y antiperonistas, en torno a la noción de democracia en
el contexto de las elecciones presidenciales de 1946. Consideramos que
plantear el establecimiento y los desplazamientos de una frontera si-
guiendo la distinción entre significante vacío y significante flotante pue-
de conducirnos hacia un impasse, simplemente analítico, sobre el desti-
no mismo de la frontera.
Palabras clave: Democracia, peronismo, antiperonismo, identidad, sig-
nificante vacío.
Frontera en juego. Lecturas sobre
la dicotomización del espacio
político argentino durante las
elecciones presidenciales de 1946 *
Código de referato: SP.117.XXIV/12.
STUDIA POLITICÆ Número 24 ~ invierno 2011
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
24 - invierno 2011
106
STUDIA POLITICÆ
Abstract
In the present work we realize a reflexive exercise on the way of
understanding the establishment and the displacements of a political frontier
from the categories of empty signifier and floating signified developed by
Ernesto Laclau. For it, we explore the dispute between peronism and anti-
peronism concerning the notion of democracy in the context of the
presidential elections of 1946. We consider that to raise the establishment
and the displacements of a political frontier following the distinction
between empty signifiers and Floating signifiers it can lead us towards an
impasse, simply analytical, on the destination of the political frontier.
Key words: Democracy, peronism, antiperonism, identity, empty signi-
fiers.
Introducción
E
L contexto histórico que aquí nos proponemos abordar ha sido traba-
jado desde los más diversos enfoques teóricos y epistemológicos. La
extensa lista bibliográfica, podríamos decir casi imposible de abor-
dar, basta para dar prueba de ello.
1
Así, como ha señalado Emilio de Ípola
(1989), el surgimiento del peronismo es un fenómeno político que recibió
una pluralidad de significaciones. Por un lado, tanto de los discursos que él
mismo elaboró de sí como de aquellos originados por los actores que lo en-
frentaron. Por el otro, de quienes lo escogieron y lo siguen escogiendo
como objeto de análisis. Indudablemente, los tiempos del peronismo cons-
tituyen un período controvertido en la historia sociopolítica argentina, pues
establecieron clivajes que marcaron la constitución de identidades, proyec-
tos y escenarios políticos que aún hoy siguen modelando la política argen-
tina.
2
En efecto, más allá de la existencia de ciertos elementos que permi-
tieron lecturas en clave de continuidad entre el peronismo y su pasado
inmediato,
3
“ninguna de esas comprobaciones anula la novedad del alinea-
1
Para una reconstrucción en torno a las principales explicaciones sobre los orígenes del
peronismo, véase Plotkin (1991) y Bisso (2007).
2
Por ejemplo, en el marco del conflicto en torno a la resolución 125 de retenciones mó-
viles presentada por el gobierno nacional el 11 de marzo de 2008, Néstor Kirchner sos-
tuvo en un acto del Partido Justicialista en San Juan: “[m]uchos integrantes de la oposi-
ción se parecen cada vez más a la Unión Democrática que conspiró contra Perón y
contra Eva Perón” (Citado en Página/12, 24 de mayo de 2008).
3
Ya sea en relación con la intervención del Estado en la economía, las políticas indus-
trialistas o el vínculo entre dirigentes gremiales y funcionarios públicos, entre otros ele-
mentos. Frente a las explicaciones que insisten en la continuidad del peronismo con he-
chos previos a su emergencia, Juan Carlos Torre sostuvo lo siguiente: “El estudio del
107
miento de fuerzas que produjo, ni el hecho de que con él tuviera comienzo
una dicotomía antagónica de largas consecuencias en la vida pública nacio-
nal” (Altamirano, 2007: 23). En otras palabras, aunque la pregunta por los
orígenes del peronismo generó las más diversas interpretaciones, es posible
afirmar que el “peronismo dividió en dos la historia política argentina” (Al-
tamirano, 2007: 23).
Ahora bien, si las interpretaciones sobre los orígenes del peronismo son va-
riadas, también lo son las formas de entender el proceso de dicotomización
que sobrevino con el surgimiento del mismo.
4
Aquí, sin embargo, nos inte-
resa analizar un modo particular de entender ese proceso de dicotomiza-
ción: aquel que deriva de la obra de Ernesto Laclau (1978). Específicamen-
te, porque nos permitirá llevar a cabo un ejercicio reflexivo sobre la forma
de entender la constitución y los desplazamientos de una frontera política a
partir del uso de algunas de sus categorías teóricas. Para ello, en primer lu-
gar, presentaremos el modo en que Laclau concibe la ruptura peronista, y
algunas derivaciones que siguieron su argumento general. Posteriormente,
a partir de la disputa en torno a la noción de democracia en el marco de las
elecciones presidenciales de 1946, exploraremos los desplazamientos a los
cuales puede estar sujeta una frontera. En efecto, consideramos que plan-
tear la constitución de una frontera y sus desplazamientos desde de la dis-
tinción entre significante vacío y significante flotante puede conducirnos
hacia un impasse, simplemente analítico, sobre el destino mismo de la fron-
tera.
Los orígenes del peronismo y la fractura del campo social
Suele atribuirse a Ernesto Laclau el merito de renovar las lecturas sobre
los orígenes del peronismo. En palabras de Mariano Plotkin, “Laclau abre
una nueva perspectiva en el tema de la contextualización del peronismo.
NICOLÁS AZZOLINI
peronismo se resuelve no pocas veces en la tentación de hacer de él el fruto de los pro-
cesos políticos y sociales previos. Que el peronismo tenga sus causas y que ellas nos re-
mitan a la sociedad argentina de la ‘década infame’ y a la industrialización no significa,
agregamos nosotros, que el peronismo estuviera todo entero contenido en ellas. Porque
si es posible identificar los procesos que anticipan el derrumbe de viejo orden, resta to-
davía esclarecer la contribución que hace al desenlace final la coyuntura de los años
1943-1946, en la que las distintas fuerzas políticas y sociales luchan entre sí procurando
imprimir un rumbo a los acontecimientos” (Torre, 2006: 11-12). Para una interesante
problematización de los textos canónicos sobre los orígenes del peronismo basados en la
matriz interpretativa continuidad-ruptura, véase Melo (2009).
4
Sobre el particular, véase de Ípola (1989).
24 - invierno 2011
108
STUDIA POLITICÆ
Al desplazar la discusión desde el nivel de análisis de la base social al de
la ideología, Laclau presenta una nueva y aún no muy bien explorada di-
mensión en el análisis del peronismo” (Plotkin, 1991:120). Aunque ins-
cripta en una discusión general sobre la especificidad del populismo, la
obra de Laclau (1978) presenta un modo particular de entender el proceso
de dicotomización asociado al peronismo. Por ello, si bien no es nuestra
intención adentrarnos en los debates en torno al populismo, nos detendre-
mos en su propuesta ya que busca dar cuenta de la forma en que el pero-
nismo instituyó una frontera política que fracturó el campo social en dos
espacios antagónicos.
Para poder explicar la especificidad de la fractura, en sus términos, los
efectos de una articulación de interpelaciones dispares que se opusieron al
bloque hegemónico oligárquico,
5
Laclau hace un recorrido por las posicio-
nes ideológicas preexistentes y las condiciones de posibilidad del peronis-
mo.
6
En efecto, según este autor, la declinación de la hegemonía oligárqui-
ca se verá reflejada en la crisis del discurso político dominante: la unidad
entre liberalismo y democracia de la etapa pre-peronista es desarticulada a
principios de la década del cuarenta. Así, en el marco estructural resultante
de la desintegración del bloque hegemónico oligárquico, Laclau sostiene
que el peronismo articuló:
... el conjunto de las interpelaciones que expresaban la oposición al
bloque de poder oligárquico —democracia, industrialismo, naciona-
lismo, antiimperialismo—, condensarlas en un nuevo sujeto histórico
y desarrollar su potencial antagonismo enfrentándolo con el punto
mismo en el que el discurso oligárquico encontraba su principio de
articulación: el liberalismo. Todo esfuerzo ideológico peronista en
5
Para Laclau, el populismo debe ser entendido como una forma de articulación política
y no como un movimiento político o una ideología específica. En este sentido, Laclau
sostuvo que el populismo es “la presentación de las interpelaciones popular-democráti-
cas como conjunto sintético-antagónico respecto a la ideología dominante” (Laclau,
1978: 201). Si bien la definición del populismo como la presentación de las interpela-
ciones popular-democráticas que se oponen al bloque dominante constituye la primera
aproximación de Laclau al tema, no obstante, el nudo argumental en torno a la construc-
ción del pueblo como rasgo fundamental se mantiene en la misma senda interpretativa
pese a las modificaciones que Laclau ha introducido en su teoría a lo largo de los años.
Es decir, la idea de construcción del pueblo como articulación que establece una fronte-
ra que lo separa y enfrenta al poder sigue siendo un rasgo fundamental en su concepción
del populismo. Sobre el particular, véase LACLAU (1987: 25-26) y (2008: 65).
6
Las ideologías que Laclau analiza son el liberalismo y el nacionalismo oligárquicos, el
pensamiento de la Unión Cívica Radical y las ideologías obreras socialistas y comu-
nistas.
109
esta etapa estará destinado a desligar al liberalismo de sus últimos
vínculos con un campo connotativo democrático y a presentarlo
como una pura y simple cobertura de los intereses de la clase oligár-
quica (Laclau, 1978: 221).
Es decir, el peronismo habría logrado ser hegemónico porque pudo articu-
lar diferentes demandas que estaban presentes en el contexto de la época y
oponerlas al discurso dominante. En otros términos, condensó las interpela-
ciones
7
que expresaban oposición al bloque oligárquico y las opuso a su
principio articulatorio “hasta el punto en que la escisión entre liberalismo y
democracia llega a ser completa” (Laclau, 1978: 219).
Entonces, si el peronismo implicó la construcción de una frontera interna
que dividió a la sociedad argentina en dos campos antagónicos, esa fronte-
ra, según acabamos de mencionar, estuvo relacionada con la escisión entre
democracia y libertad. En este sentido, Emilio de Ípola ha resaltado la par-
ticular atención que Laclau prestó al intento discursivo del peronismo “por
hacer suyo el símbolo democracia, levantado por la oposición y capitalizar-
lo en benéfico propio”. Según de Ípola, en la lectura de Laclau, el “pero-
nismo triunfó porque tuvo la inteligencia de comprender el carácter decisi-
vo de esa disputa —y ganarla” (de Ípola, 1989: 351). Esta disputa,
ciertamente, tuvo un carácter decisivo en el contexto. Aquí, no obstante,
nos resulta pertinente para entender los desplazamientos a los cuales puede
estar sujeta una frontera política. A los fines de analizar tales desplaza-
mientos, antes conviene presentar la forma en que Gerardo Aboy Carlés
aborda este argumento general.
Al examinar los discursos de Perón, Aboy Carlés señala acerca del modo
en que Perón se diferenció de sus oponentes políticos:
Se apuntaba así a descalificar al adversario a través de un complejo
dispositivo: por un lado, se identificaba a la democracia con la justi-
NICOLÁS AZZOLINI
7
En el marco de una crítica general sobre la idea althusseriana de interpelación, de Ípo-
la señala: “la fórmula según la cual ‘la función de la ideología consiste en interpelar/
constituir a individuos como sujetos’, aunque aceptable en términos muy generales, tie-
ne el defecto de que tiende a soslayar la diferencia irreductible entre la producción y re-
cepción de los discursos” (DE ÍPOLA, 1983: 114). De tal modo, agrega con relación a la
obra de Laclau: “A nuestro parecer, es justamente en el desconocimiento de esa diferen-
cia que reside el límite principal de la teoría de Laclau” (DE ÍPOLA, 1987: 114). De la crí-
tica a la idea de interpelación y su uso por Laclau, de Ípola —siguiendo los trabajos de
Eliseo Verón— analiza los discursos de Perón diferenciando entre las dimensiones de
producción y recepción de los mismos. Para un interesante trabajo que, desde esta dife-
rencia, analiza la recepción del discurso peronista por parte de sus opositores, véase
GROPPO (2009).
24 - invierno 2011
110
STUDIA POLITICÆ
cia social, escindiéndola de la libertad política; por el otro, se ponía
en duda la misma fidelidad de las fuerzas opositoras a la libertad po-
lítica con la que éstas identificaban a la democracia. En definitiva era
el significante mismo ‘democracia’ el que estaba en juego entre el
naciente peronismo y la Unión Democrática (Aboy Carlés, 2001:
128).
Nos parece importante incorporar estas líneas de Aboy Carlés porque agre-
gan un elemento teórico central para analizar el carácter dinámico de una
frontera política desde la teoría de Laclau. Fue el significante democracia
lo que estuvo en disputa entre el emergente peronismo y sus opositores. La
idea de significante en juego, en cierta forma, viene a refinar el argumento
original acerca de la escisión entre libertad y democracia, y el carácter de-
cisivo de la disputa. Ahora bien, ¿qué significa que un significante este dis-
putado por dos espacios antagónicos? En este caso, por el naciente peronis-
mo y la Unión Democrática.
8
Un significante está en disputa, desde el razonamiento de Laclau, siempre
que ha logrado desprenderse parcialmente de su contenido específico.
9
Así, pues, democracia es un significante tendencialmente vacío que analíti-
camente se convierte en flotante por el hecho de estar en disputa por dos
cadenas antagónicas. En efecto, las dimensiones “vacío” y “flotante” son
estructuralmente distintas, ya que la primera representa la construcción de
lo social en torno a una frontera antagónica y la segunda pretende captar
los desplazamientos de la misma (Laclau, 2005: 167). Es decir, una deman-
da particular de una lógica equivalencial, al lograr desprenderse de su sig-
nificado específico, establece una relación hegemónica cuando logra in-
cluir dentro de sí otras demandas imposibilitadas. En nuestro caso, el
peronismo condensó las interpelaciones que expresaban oposición al blo-
que oligárquico y las opuso a su principio articulatorio.
10
De tal modo, se-
gún Laclau, la continuidad de la frontera es fundamental, porque si desapa-
8
La Unión Democrática fue la alianza conformada oficialmente por los partidos Socia-
lista, Comunista, Demócrata Progresista y la Unión Cívica Radical para enfrentar a la
fórmula Perón-Quijano en los comicios presidenciales del 24 de febrero de 1946.
9
Sobre el particular, véase Laclau (1996).
10
Sobre este punto existe una controversia, ya que para Laclau (2005) el significante
nodal del peronismo sería la figura del descamisado, en cambio, podemos inferir que en
el trabajo de Groppo (2009) es una idea no condicionada de justicia social. Sin embargo,
ambos autores comparten un argumento sobre la progresiva institucionalización del ca-
rácter antagónico del peronismo. Esta tesis también está presente en el trabajo de James
(2006: 50 y 51), y ha sido problematizada, junto con la primacía de un significante en el
discurso peronista, en Melo (2009).
111
rece se derrumba la cadena equivalencial. No obstante, cuando determina-
dos significantes están presionados por dos cadenas antagónicas alcanzan
cierta autonomía y su sentido permanece indeciso. Esto significa que di-
chos significantes son flotantes, y nos permiten analizar los desplazamien-
tos de la frontera. Tal sería la situación acaecida por la disputa de la que
hablan Laclau, de Ípola y Aboy Carlés.
Entonces, si el peronismo estableció una frontera hacia el interior de la so-
ciedad argentina, las disputas en torno al significante democracia nos per-
mite ver, desde la teoría de Laclau, los desplazamientos de la misma. El
propio Laclau ha sostenido que una “situación en la cual sólo la categoría
de significante vacío fuera relevante, con exclusión total del momento flo-
tante, sería una situación en la cual habría una frontera completamente in-
móvil, algo difícil de imaginar” (Laclau, 2005: 167) Es esta misma distin-
ción, sin embargo, la que parece revelar cierta imposibilidad para estudiar
procesos histórico. Como intentaremos mostrar en las siguientes páginas,
plantear la constitución de una frontera y sus desplazamientos a partir de la
distinción entre significante vacío y significante flotante puede conducirnos
hacia un impasse, simplemente analítico, sobre el destino mismo de la fron-
tera. Para ello, a modo ilustrativo, nos detendremos en la disputa en torno a
la noción de democracia en el marco de las elecciones presidenciales de
1946.
La frontera democrática
La definición de quienes podían formar parte de la Unión Democrática,
sus objetivos, y programa se dieron en un contexto donde la conforma-
ción de la alianza interpartidaria se constituyó en términos de una “nece-
sidad de la hora”.
11
En dicho marco, es posible apreciar cómo los proce-
sos de identificación de amplios sectores de la sociedad argentina
excedían las estructuras partidarias. En este sentido, desde la prensa ofi-
cial del partido comunista se insistía en que la democracia debía organi-
zar la unidad. Tales eran sus palabras:
La democracia, al unirse, debe, por lo tanto, basarse en un plan que
contemple todas las tareas y perspectivas de la unidad: la unidad con
una dirección responsable, donde, en primer lugar, junto a las fuerzas
económicas y sociales, estén oficialmente representados todos los
NICOLÁS AZZOLINI
11
En otro trabajo hemos abordado extensamente los procesos identitarios ligados a la
formación y consumación de la Unión Democrática. Sobre el particular, véase Azzolini
(2010).
24 - invierno 2011
112
STUDIA POLITICÆ
12
El semanario Orientación fue una publicación comunista que sucedió al semanario
Hoy. Clausurado en junio de 1943, reaparece como semanario oficial del partido comu-
nista argentino el 15 de agosto de 1945.
13
Sobre el particular, nos remitimos a los trabajos de JAMES (2006: 30), DOYON (2006:
153) y DEL CAMPO (2005: 335 y 336), entre otros.
14
Para nosotros, justicia social y libertad estaban intrínsecamente unidas para los acto-
res políticos nucleados en la alianza interpartidaria que enfrentó a Perón en las eleccio-
nes de 1946, y la democracia era la forma que articulaba y posibilitaba la complementa-
riedad de una con la otra. En este sentido, tras insistir en la unidad indisoluble entre
ambas, Américo Ghioldi sostuvo que el perfeccionamiento y mejoramiento sólo era po-
sible en y por la democracia (GHIOLDI, 1946: 433).
partidos políticos; la unidad basada en la ley denunciando todo lo
que se oponga a esa legalidad, señalando la responsabilidad de quie-
nes se opongan a esa legalidad; unidad preparada para resolver la
cuestión de fondo de la Nación asegurando un gobierno capaz de en-
carrilar al país por la vía de la Constitución, la libertad y el progreso.
Nada se logrará fuera de este camino. Quedan, así, descartados los
actos aislados y queda descartada toda ilusión extraña a la realidad
presente y sus claras exigencias. La única salida es la organización
de la unidad (Citado en Orientación, 3 de octubre de 1945).
12
De tal modo, democracia es un significante clave a la hora de entender los
procesos identitarios que se dieron en oposición a la candidatura de Perón.
De hecho, los estudios que abordan los comicios y la campaña electoral
atribuyen a la Unión Democrática, generalmente, un discurso limitado a la
defensa de la democracia y las libertades políticas.
13
Aunque la determina-
ción del discurso opositor en esos términos resulta cuestionable,
14
la cen-
tralidad de la democracia en la estructuración de un campo identitario anti-
peronista puede interpretarse, a los fines de presentar nuestra duda
analítica, en términos de un significante tendencialmente vacío. Es decir,
como significante que logra desprenderse de su contenido particular e in-
corpora dentro de sí una serie de demandas insatisfechas. En este caso, si la
democracia debía organizar la unidad, también implicaba el retorno a la
normalidad constitucional, de la soberanía del pueblo, del “correcto” posi-
cionamiento del país en el concierto de las naciones, la forma de procesar
las relaciones económicas, etc.
En este mismo sentido, cabe retomar otra de las cuestiones que se discutie-
ron en torno a la a la conformación de la Unión Democrática: la finalidad
de sumar votos. Sobre el particular, el dirigente demócrata progresista Lu-
cio A. Robirosa señaló desde las páginas de ...Antinazi: “Nuestro problema
en la lucha política que se está librando no es de ‘cantidad’ (todo el país es
113
opositor) sino de ‘intensidad’. A la corriente le sobra caudal pero le falta
fuerza arrolladora. [...] Ahora bien, la intensidad sólo puede ser el fruto de
un gesto, de una comprensión, de un desprendimiento que entone los espí-
ritus por la garantía que lleva implícito” (Citado en ...Antinazi, 2 de agosto
de 1945).
15
De tal forma, Robirosa buscaba descentrar la problemática de
la cantidad de votos que se podían obtener, dado que en la oposición esta-
rían todos los actores sociopolíticos. En cambio, el problema era de intensi-
dad, dicho con otras palabras, la cuestión era homogeneizar el espacio po-
lítico opositor. Más allá de las dimensiones procedimentales, se asumía
como necesario consolidar el vínculo solidario entre los sectores “demo-
cráticos” de la sociedad. Por ello, este dirigente demócrata progresista in-
sistió: “la división de los argentinos en puros y réprobos, en régimen y cau-
sa, en capitalistas y proletarios, o en cualquier otra división que no sea la
de democráticos y antidemocráticos resulta por demás contraria al patriotis-
mo del momento” (Citado en ...Antinazi, 2 de agosto de 1945).
Entonces, por un lado tenemos la confluencia de los partidos políticos tra-
dicionales y otros sectores de la sociedad en la Unión Democrática. Por el
otro lado, la centralidad del significante democracia en la estructuración
del campo que se opuso a Perón.
16
Ahora bien, según advierte Laclau, para
que esas relaciones de equivalencias constituyan entre sí una relación hege-
mónica es necesario que una demanda particular del sistema logre univer-
NICOLÁS AZZOLINI
15
...Antinazi fue el periódico dirigido por el socialista Luis Koifmann que apareció tras
una serie de clausuras del periódico antifascista Argentina Libre. Ante dichas medidas se
decidió cambiarle el nombre por el de ...Antinazi —los puntos suspensivos simbolizan la
palabra Argentina, ya que había sido vetada la posibilidad de su publicación— durante
un lapso de veintiocho meses. El primer número apareció casi un año antes de la elec-
ción presidencial de 1946. Ambos periódicos constituyeron una de las principales publi-
caciones del antifascismo argentino y contaron tanto con la participación de figuras polí-
ticas provenientes del radicalismo; socialismo; anarquismo; comunismo y del partido
demócrata progresista; así como de personalidades e intelectuales de orientación liberal.
Para un análisis sobre ...Antinazi en los orígenes del peronismo, véase NÁLLIM (2006).
Sobre el antifascismo argentino los interesante trabajos de BISSO (2002; 2005).
16
En correspondencia con lo antedicho, el diario La Prensa expresaba las palabras de
la burguesía reunida en una asamblea de las entidades patronales —como la Unión In-
dustrial y la Sociedad Rural— con motivo del decreto de 1945 que establecía un sueldo
anual complementario y vacaciones pagas para los trabajadores. Tales eran sus palabras:
“No se juega en este caso la preeminencia en el gobierno o la conquista del mismo, por
uno u otro de nuestros partidos tradicionales. Se juega algo más que una cuestión parti-
daria: se repite aquí la lucha que ha tenido para bien de la humanidad, su definición vic-
toriosa en Europa, y que está librando en el país una batalla decisiva; es la democracia
contra el totalitarismo, el respeto a la dignidad de la persona humana y sus derechos
esenciales, contra la absorción del individuo y de sus bienes por el Estado” (Citado en
PEÑA, 1973: 88-89).
24 - invierno 2011
114
STUDIA POLITICÆ
salizarse, lo que significa que se desprenda de cierto contenido particular.
En consecuencia, puede sostenerse que, para los opositores de Perón, de-
mocracia marca la división del espacio político nacional. En otras palabras,
argumentarse que democracia, en tanto significante tendencialmente vacío,
instituyó una frontera hacia el interior de la sociedad entre peronistas y an-
tiperonistas.
17
El desplazamiento peronista
Suponer que el significante democracia estructuró una cadena antagónica
al naciente peronismo nos lleva a preguntarnos por la continuidad la fron-
tera, pues la disputa abordada por Laclau, de Ípola y Aboy Carlés puede
conducirnos hacia un impasse, simplemente analítico, si nos mantenemos
fieles a ciertas categorías desarrolladas por el propio Laclau. En otros tér-
minos, encontrarnos frente a la imposibilidad de estudiar la dinámica de
procesos que implicaron una clara dicotomización, como fue el caso prota-
gonizado por peronistas y antiperonistas. Veamos la forma en que Perón le
disputa a sus opositores su significante nodal, y cuáles serían las conse-
cuencias provocadas por el desplazamiento peronista.
18
Junto con el discurso que Perón dio en la Bolsa de Comercio de Buenos
Aires el 25 de agosto de 1944, el de proclamación de su candidatura del 12
17
El lector atento a nuestro argumento y conocedor de la obra de Laclau podrá objetar-
nos la necesidad de introducir la distinción que hace este último entre demandas popula-
res y demandas democráticas (Laclau, 2005), dado que las primeras suponen una esci-
sión de la sociedad, en cambio, las segundas no. En efecto, agregar que democracia no
fue una demanda popular. Sin embargo, no es nuestra intención afirmar el carácter efec-
tivamente popular de la demanda democracia, incluso podría cuestionarse que una de-
manda pueda ser entendida como tal. Con relación a esto último, puede resultar ilustrati-
vo la forma en que Aboy Carlés analiza la demanda justicia social en el discurso
peronista (2001: 131). De todas formas, como aquí estamos proponiendo un ejercicio re-
flexivo sobre la forma de entender los desplazamientos de una frontera política desde la
obra de Laclau, solicitamos que se nos acepte suponer que democracia, en tanto signifi-
cante tendencialmente vació que estructuró una cadena, implicó una división del campo
social.
18
Cabe aclarar que cuando hablamos de peronismo, no hacemos diferencia entre Perón y
un movimiento distinto que llevó su nombre. Para nosotros el peronismo está marcado por
“el juego de suplementos entre lo representado y el representante, que no se agota en la
constitución de un liderazgo sino que hace también a la relación con un conjunto de prác-
ticas establecidas configuradoras de sentido” (Aboy Carlés, 2001: 41). Sobre los funda-
mentos teóricos de la lógica de la suplementariedad, nos remitimos a Derrida (1971).
19
Por ejemplo, para Silvia y Verón (2008), la puesta en duda de los valores democráti-
cos de la oposición puede apreciarse como una operación mediante la cual se niega la
115
de febrero de 1946 ha sido objeto de una pluralidad de interpretaciones.
19
Del mismo parten Laclau, de Ípola y Aboy Carlés para desarrollar el argu-
mento general que presentamos en páginas previas. En dicha ocasión, el
aspirante al cargo de presidente de los argentinos sostuvo en uno de los pa-
sajes de su alocución: “tu causa es nuestra causa; nuestro objetivo se con-
funde con tu propia aspiración, pues sólo queremos que nuestra Patria sea
socialmente justa y políticamente soberana. Para alcanzar esta altísima fi-
nalidad no nos hemos valido ni nos valdremos jamás de otros medios que
aquellos que nos otorga la Constitución” (Perón, 1997: 29). De esta mane-
ra, Perón se sitúa dentro del marco legal que brinda la constitución para es-
tablecer una patria socialmente justa y soberana. Más interesante, no obs-
tante, es su posición respeto a las denuncias de totalitario y
antidemocrático. Situándose dentro del marco legal que brinda la Constitu-
ción, Perón disputa a sus adversarios el significante democracia de la si-
guiente manera:
...soy demócrata en el doble sentido político y económico del con-
cepto, porque quiero que el pueblo, todo el pueblo (en esto sí que soy
‘totalitario’), y no una parte ínfima del pueblo se gobierne a sí mismo
y porque deseo que todo el pueblo adquiera la libertad económica
que es indispensable para ejercer las facultades de autodetermina-
ción. Soy, pues, mucho más demócrata que mis adversarios, porque
yo busco una democracia real, mientras que ellos defienden una apa-
riencia de democracia, la forma externa de la democracia. [...] Noso-
tros representamos la auténtica democracia, la que se asienta sobre la
voluntad de la mayoría y sobre el derecho de todas las familias a una
vida decorosa, la que tiende a evitar el espectáculo de la miseria en
medio de la abundancia, la que quiere impedir que millones de seres
perezcan de hambre mientras que centenares de hombres derrochan
estúpidamente su plata (Perón, 1997: 32 y 33).
Así, Perón se presenta como el verdadero representante de la democracia.
Para algunos autores, como el caso de Juan Carlos Torre, la demarcación
NICOLÁS AZZOLINI
verdad del discurso adversario a través del desplazamiento de lo que está en juego. En
su lectura del discurso de proclamación de candidatura, para los autores de Perón o
Muerte, “el ‘campeonato entre justicia social e injusticia social’, entre democracia real y
democracia formal se convierte en un combate entre quién es la Patria y quién es la anti-
Patria”. (Sigal y Verón, 2008: 85). Por otra parte, para una reconstrucción y problemati-
zación de las interpretaciones en torno al discurso de la Bolsa, véase Melo (2009).
20
En sus palabras: “De allí partió éste para desacreditarlas, contraponiéndoles la idea
de otra democracia, una democracia real, según la llamara, con una fórmula cara a la
tradición ideológica en que se había formado. Esta democracia real, que había dado sus
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de una dimensión verdadera o auténtica supone una escisión entre lo que
serán dos versiones de democracia.
20
Aunque esta tesis goza de relativa
aceptación en el espacio académico,
21
parece seguir al pie de la letra la li-
teralidad del discurso de Perón. Parafraseando a Aboy Carlés, habría allí
una relación directa entre la desacreditación y la puesta en duda de los va-
lores profesados por sus adversarios. Para nosotros, el cuestionamiento de
la adhesión de sus opositores a los valores profesados no se corresponde
con la desacreditación de esos valores.
22
Lo cual implica que no hay una
separación y enfrentamiento entre un modelo político y otro social, entre
democracia real y democracia formal. La puesta en duda tiene que ver con
quiénes pueden legítimamente poner el mundo en palabras. Lo interesante,
más allá de los contenidos, es que el peronismo, con su desplazamiento,
está cuestionando el principio de legitimidad para hablar sobre determina-
dos temas en el sistema político argentino. Allí, la verdadera democracia
primeros pasos a través de los decretos emanados de un poder de facto, no tenía por
qué sujetarse a las normas de esa democracia aparente que criticaba en la oposición
para realizar el orden más justo que prometía. [...] El debate quedó planteado, así, entre
dos discursos paralelos, articulados a versiones opuestas de la democracia: una demo-
cracia política que parecía coexistir muy bien con el mantenimiento de los privilegios
sociales, y una democracia social indiferente, sino hostil, a las libertades políticas” (To-
rre, 2006: 150).
21
Precisamente, ha sido retomada por varios autores. Por ejemplo, para Luis Alberto
Romero, la dicotomización del espacio político en los comicios del 24 de febrero de
1946 se fundamentó en dos versiones de la democracia: una que ponía el acento en las
libertades y la otra en la justicia social (ROMERO, 2004: 120). Aboy Carlés, después de
sostener que fue el significante democracia el que estuvo en juego, agrega en el ren-
glón siguiente: “el debate de 1946 escindió en dos campos opuestos la justicia social
—definida por Perón como ‘democracia real’— y la libertad política” (ABOY CARLÉS,
2001: 128).
22
Aunque no en relación directa con la democracia, PLOTKIN (1995) ha señalado cómo
el peronismo se percibía a sí mismo en tanto heredero de la tradición liberal. Antes, este
mismo autor también agregó sobre la escisión entre democracia y libertad argumentada
por Laclau: “...cabe preguntarse hasta qué punto es cierto si Perón rompió de manera tan
tajante con la tradición liberal” (PLOTKIN; 1991).
23
Cuando hacemos referencia a la cuestión de la legitimidad, partimos de la idea de
comunidad desarrollada por Sebastián Barros. Para este autor, la comunidad “debe ser
pensada no como una serie de atributos que todos sus integrantes deben compartir, sino
más bien como una definición de aquello que permite hablar de algo común. De tal
modo, lo común no es algo esencialmente definido a priori, sino fruto de articulaciones
contingentes que definen la legitimidad de la pertenencia. Esa legitimidad está asocia-
da a las capacidades y cualidades necesarias para la participación en eso que tiene de
común la comunidad”. Así, la comunidad es entendida “como las redes articuladas de
distinciones que informan sobre las capacidades y cualidades de quienes pueden legíti-
mamente poner el mundo en palabras” (BARROS, 2010) [Las cursivas son del original].
Dado que aquí nos interesa llevar a cabo un ejercicio reflexivo sobre la forma de enten-
117
no tiene que ver con el significado que se atribuye a la misma, ni con el he-
cho de que hay dos visiones enfrentadas, sino con la legitimidad para ha-
blar de ella.
23
En efecto, vemos cómo Perón le disputa al campo opositor la legitimidad
sobre el significante democracia. En tal caso, dicho significante habría es-
tado tensionado entre dos cadenas antagónicas. Ahora bien, suponiendo
que democracia fue el significante nodal que estructuró la cadena del na-
ciente antiperonismo, deberíamos preguntarnos acerca de cuál es el destino
de la frontera política. Es decir, si el significante tendencialmente vacío tie-
ne que ver con la constitución de un campo identitario formado a partir de
una frontera antagónica, y el significante flotante permite captar los despla-
zamiento de la misma, ¿qué sucede con la frontera si la disputa se da en
torno al significante que estructura una de las cadenas antagónicas? Por-
que, para Laclau, las demandas que establecen una cadena de equivalencias
se encuentran escindidas,
24
y es la dimensión universal la que permite que
una demanda forme parte de una cadena. Entonces, cómo es posible que el
significante que establece una frontera pueda flotar entre ambos espacios
políticos, pues no se trataría de una demanda más que se encuentran articu-
ladas en una de las dos cadenas sino de aquella que se constituye en punto
nodal de uno de los espacios políticos. En otras palabras, puesto que si lo
que permite una articulación y el flotamiento es lo universal de las deman-
das y no su particularidad, qué sucede con la frontera que separa las dos
cadenas antagónicas si el significante que estructura una de ellas es dispu-
tado por la otra cadena.
Quizás podría argumentarse que democracia no fue el significante tenden-
cialmente vacío que articuló la cadena antiperonista, no obstante, a los fi-
nes de nuestro trabajo, no es más que un supuesto para analizar ciertos ca-
minos a los cuales nos puede llevar el razonamiento de Laclau. Aunque
este autor presenta el flotamiento de una demanda entre dos espacios polí-
ticos enfrentados, no obstante, nada dice sobre qué sucede si el significan-
te nodal —democracia— es el que flota entre las dos cadenas. En tal caso,
cabría preguntarse por la existencia misma de la frontera, porque si el pero-
nismo entendió la centralidad de la disputa y supo ganarla, tendríamos que
suponer que la cadena antiperonista es absorbida por la cadena peronista.
Lo cual, deberíamos concluir, implica el fin mismo de la frontera política.
Sabemos, sin embargo, que el surgimiento del peronismo dividió en dos la
historia política argentina.
NICOLÁS AZZOLINI
der los desplazamientos de una frontera política desde la obra de Laclau, no nos deten-
dremos sobre este argumento. Para ampliar en torno al mismo, véase AZZOLINI (2010).
24
Sobre el particular nos remitimos a LACLAU (2005: 163-167).
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Ahora bien, en relación con los desplazamientos de una frontera, cabe reto-
mar una objeción realizada por Aboy Carlés a la distinción analítica entre
significantes vacíos y flotantes, ya que este autor presenta una salida para
abordar procesos históricos concretos que evitaría situaciones como la que
acabamos de presentar. Según Aboy Carles:
El juego de indecidibles entre elemento y momento de una articula-
ción discursiva, o entre particularidad y universalidad, tiene otra con-
secuencia: la misma es el carácter meramente analítico de la distin-
ción entre significantes vacíos y flotantes. En los hechos uno y otro
se identifican: las identidades no son cadenas regimentadas sino
manchas superpuestas en las que lo que está en juego no es la articu-
lación de un campo de elementos neutrales sino la disputa por subor-
dinar momentos ya articulados en múltiples cadenas equivalenciales
(Aboy Carlés, 2011: 102).
Es decir, para Aboy Carlés, aunque Laclau ha captado la lógica de los des-
plazamientos de una frontera con la distinción analítica entre significante
vacío y significante flotante, sigue considerando a las identidades regimen-
tadas como alineamientos paratácticos. Con lo cual, el espacio de los despla-
zamientos sería la articulación inestable de elementos neutrales entre ambos
alineamientos. De esta forma, los procesos políticos son explicados sobre la
base de espacios identitarios enfrentados, definidos por límites infranquea-
bles, y dotados de tramas de sentidos separables entre sí. En cambio, si los
movimientos de una frontera comprenden la identidad misma de los espa-
cios en pugna, dice Aboy Carlés, la disputa no se da sobre un espacio neu-
tral, y las identidades políticas aparecen como manchas con distintos espa-
cios de superposición.
25
Dicha objeción es importante para nuestro caso,
porque podríamos analizar potenciales similitudes en los modos de constitu-
ción identitaria presentes a mediados de la década de 1940, sin por ello, de-
jar de reconocer la división que implicó la emergencia del peronismo.
26
Conclusiones
Partiendo de la división de la historia política argentina que devino con el
surgimiento del peronismo, abordamos el modo en que Ernesto Laclau con-
25
Este argumento ha sido abordado por Aboy Carlés en distintos trabajos (2006;
2010).
26
Para un análisis en estos términos sobre la relación entre el peronismo y el Movi-
miento de Intransigencia y Renovación de la Unión Cívica Radical, véase AZZOLINI y
MELO (2011).
119
cibe la ruptura peronista. Así, vimos que, según este autor, la constitución
de una frontera política estuvo directamente relaciona con la escisión com-
pleta entre liberalismo y democracia. En palabras de Emilio de Ípola, para
Laclau, el peronismo no sólo supo entender la centralidad de la disputa en
torno a la democracia sino también ganarla. En este sentido, Aboy Carlés
agregó que fue el mismo significante democracia el que estuvo en juego
entre el naciente peronismo y sus opositores.
Ahora bien, este argumento general es el que nos encamino en el ejerció
reflexivo sobre la forma de entender el establecimiento y los desplazamien-
tos de una frontera política desde las categorías de significante vacío y sig-
nificante flotante desarrolladas por el propio Ernesto Laclau. Es decir, la
disputa en torno al significante democracia nos llevó a preguntaros por los
destinos de la frontera política en el marco de las elecciones presidenciales
de 1946. En efecto, consideramos que la distinción entre significante vacío
y significante flotante puede mostrar cierta dificultad para estudiar la diná-
mica de procesos que implicaron una clara dicotomización del campo so-
cial. Porque si el significante tendencialmente vacío tiene que ver con la
constitución de un campo identitario formado a partir de una frontera anta-
gónica, y el significante flotante permite captar los desplazamientos de la
misma, al suponer que democracia fue el significante nodal que estructuró
la cadena del naciente antiperonismo, deberíamos concluir que esta cadena
sería absorbida por el peronismo. Lo cual implicaría que la frontera política
desaparece, ya que no se trataría de una demanda más que se encuentra ar-
ticulada en una de las dos cadenas, sino de aquella que se constituye en
punto nodal de uno de los espacios antagónicos.
No obstante, si desistimos de abordar a los procesos históricos como espa-
cios identitarios enfrentados, definidos por límites infranqueables, y dota-
dos de tramas de sentidos separables entre sí, podemos entender, siguiendo
a Aboy Carlés, que los movimientos de una frontera comprenden la identi-
dad misma de los espacios en pugna. En consecuencia, ver que la disputa
en torno al significante democracia no se dio sobre un espacio neutral, y
sin que ello conlleve al fin de la frontera política.
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