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19 %. Ya en el 2007 las exportaciones argentitas a Asia superaron a las
destinadas a Europa, esto reapareció con mayor fuerza en el 2010 y se
mantuvo durante el año 2011, según estadísticas del INDEC analizadas.
Entonces es evidente que hubo una caída estructural de las ventas argenti-
nas a Europa pero, simultáneamente, una expansión constante de nuestras
ventas en el continente americano y en el asiático. Al respecto, hay que
considerar tres factores claves. El primero, refiere al proceso de integración
europeo —iniciado a mediados del siglo XX— que, lejos de representar
una oportunidad para la oferta exportable argentina, ha generado efectos
perversos para nuestra inserción en el comercio mundial. Es decir, desde la
firma del Tratado de Roma en 1957 se ha promulgado la Política Agrícola
Común que fomenta y administra subvenciones a la producción agrícola,
en la actual Unión Europea. En consecuencia, se generan distorsiones co-
merciales que afectan nuestra presencia comercial en dicha región.
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Esta
tendencia se acentuó a razón de la sexta ampliación de la Unión Europea,
producida en el año 2004 en tanto la incorporación de países con estructu-
ra productiva agrícola
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conllevó a reconocer nuevos competidores para
Argentina. Competencia que, como ya se ha explicado, supone tener que li-
diar con las políticas proteccionistas europeas.
El segundo factor, refiere a los procesos de modernización desarrollados
e implementados en Brasil, Rusia, India y China como claves de la ex-
pansión de la demanda materias primas, las cuales tienden a coincidir la
tradicional oferta exportable argentina. Las potencias económicas en as-
censo buscan asegurar las materias primas necesarias para garantizar su
modernización: “El consumo de materias primas varía dependiendo de la
“madurez económica” de los Estados” (Renouvin y Duroselle, 2001, p.
139). Por supuesto, hay una relación específica con la estructura econó-
mica de cada Estado. Por ejemplo, China es un país rico en recursos na-
turales pero dada su alta densidad demográfica, su oferta interna resulta
insuficiente. De forma similar, Rusia presenta una gran variedad de recur-
sos naturales y de infraestructura pero también adolece de una constante
dependencia energética.
LUCIANO DAMIÁN BOLINAGA
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La distorsión comercial se constata en que los productos agrícolas de origen europeo,
que han recibido subvenciones, mantienen el precio del producto por debajo de su coste
real. En efecto, sin la Política Agrícola Común, los agricultores europeos no podrían com-
petir con la mayor eficiencia de productores de otras regiones del mundo, sobre todo con
los países en desarrollo. Cabe pensar en la parálisis que sufrió la ronda de Doha, por la
contraposición de intereses entre los países desarrollados y subdesarrollados.
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Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Rep. Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Hungría,
Malta y la mitad greco-chipriota.