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STUDL\ POLITICO 20 ~ otoño 2010
hacer el bien, de esperar el futuro y de creer en Dios, más allá de la ley, de
las certezas y de las instituciones.
El conocimiento que creamos tiene, al menos, dos maneras de hacer un
mundo más verdadero, más libre y con mayor sentido. Cuando la ciencia
explica y predice los comportaniientos de la realidad, nos emancipa. Sin
embargo, lo sabemos, no desaparece la ambigüedad; junto con el conoci-
miento, viene también el poder y la posibilidad de hacer inhabitable al
mundo. En buena medida, esa posibilidad depende de nosotros, de la se-
gunda manera de hacer un mundo más verdadero, más libre y con mayor
sentido. Depende del conocimiento imbricado en las decisiones que adop-
tamos.
Así pues, el conocimiento que produce la universidad está constitutiva-
mente orientado a la realidad, sea a la naturaleza o a los otros; no es un
stock de reservas disponible, que si a nosotros se nos antoja, direcciona-
mos.
Ya cuando afirmamos o negamos, argtimentamos o analizamos, es de-
cir, cuando conocemos, quedamos inevitablemente involucrados. Metodo-
lógicamente, el conocimiento científico puede ser formulado en un
lenguaje enunciativo, como si fuera impersonal. En cambio, los verbos de
acción que hablan del conocimiento práctico, demandan un sujeto, indivi-
dual o colectivo: hay alguien que afirma o niega, argumenta o analiza. Lo
que cabe, es hacemos cargo de lo que hacemos, producimos o pensamos;
más allá de sutiles discusiones, no hay conocimiento sin sujeto.
Según lo veo, el aporte más genuino que puede hacer la universidad a la
sociedad es el conocimiento que produce, y que dice lo que ella, la socie-
dad, es; o lo que quisiéramos que fuera, o lo que debería ser. La sociedad,
a su vez, retroactúa sobre la universidad, y la configura. Es una relación
compleja, que se da en contextos situados históricamente, y que necesita
de constantes ajustes y reajustes. En la modemidad, época en la que toda-
via vivimos, apareció el fenómeno de la división del trabajo y de la espe-
cialización institucional, lo que hace, por ejemplo, que los partidos politi-
cos se dediquen a hacer política, los sindicatos a la defensa de los derechos
de sus afiliados, las fuerzas armadas a la protección de la soberanía territo-
rial, las iglesias a la práctica religiosa, las empresas a la producción de bie-
nes,
y las tmiversidades a la creación de conocimientos. Entretanto, hubo
solapamientos, invasiones de campo, lucha de intereses y conflictos inerra-
dicables. Con respeto a la universidad, el riesgo es el de su politización in-
discriminada, de su conversión en una empresa, de su transformación en
usina ideológica, o de su identificación con una secta, o una iglesia.
Hay que reafirmar, me parece, la autonomía relativa del conocimiento, ga-
rantia última de la autonomía de la misma universidad frente a todo poder.