Terminando eon la normalidad
comunitaria. Heterogeneidad y
especificidad populista
Sebastián Barros *
Resumen
En este trabajo se intenta argumentar que la especificidad de una articu-
lación de tipo populista se encuentra en la radical inclusión de una hete-
rogeneidad. El autor distingue entre momentos de una cadena de signifi-
cación y elementos que le son extraños a fin de diferenciar una
articulación populista. En este sentido, la irrupción de algo heterogéneo
al campo de la representación implica la articulación de un discurso que
rompe con lo común de la comunidad, creando una frontera interna a lo
social que luego limitará las articulaciones posibles posteriores.
Palabras Clave: Populismo - Heterogeneidad - Teoría de la Hegemonía
- Comunidad - Discurso
Abstract
This paper argues that the specificity of a populist articulation resides in
the radical inclusion of an heterogeneity. The author uses the distinction
between moments of a chain of signification and elements alien to it in
order to differentiate a populist type of political articulation. In this
sense the paper sustains that the irruption of something heterogeneous to
the field of representation implies the articulation of
a
political discourse
UNPSJB-UNPA-CONICET.
Código de referato: SR123.XX/11.
STUDIA
POLÍTICA:
^ Número 20 ~ otoño 2010
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
122 STUDIA POLITIC/E 20 ~ otoño 2010
that breaks with the commonality of the community, creating thus an in-
ternal frontier of the social that afterwards would limit any future articu-
lations.
Keywords: Populism - Heterogeneity - Theory of Hegemony - Com-
munity - Discourse
T
AL como lo hemos presentado en otros trabajos (Barros 2006a,
2006b) el argumento de esta comunicación asienta la especificidad
de una sobredeterminación populista de lo social en el carácter de la
mptura que ella genera. Mi argumento plantea que el populismo es un mo-
mento en que se pone enjuego la inclusión radical de una heterogeneidad
social respecto del espacio común de representación que supone toda
práctica hegemónica.
El acento en el momento de mptura e inclusión radical como especifici-
dad del populismo nos llevaría a tratar dos temas. Por un lado, el proble-
ma de la naturaleza de lo excluido, por el otro, el problema de la integra-
ción de aquello que hasta ese momento no era parte. Por razones de
espacio, y de avance de nuestro propio trabajo de investigación, sólo me
referiré aquí al primero de ellos, tema además de la reunión que nos con-
voca.
Como ya argumentamos en otro lugar (Barros 2003), los esfuerzos para
pensar una teoría del populismo que dé cuenta de fenómenos políticos que
hasta el momento se descríbieron y explicaron como patológicos, chocaron
con una dificultad. Ella es que estos estudios consideran a las posiciones
adversarias y las demandas en juego en determinadas situaciones históricas
como elementos
siempre
ya constituidos, ' siempre inmersos en un espacio
común de representación. Sin embargo, para poder considerarse un adver-
sario o potencial adversario, una demanda tiene antes que ser considerada
como una parte dentro del espacio común de inscripción donde se dan las
articulaciones hegemónicas.
Desde nuestro punto de vista, la especificidad del populismo se desprende
de un conflicto que es anterior a la disputa por la integración de un deter-
minado discurso a una cadena hegemónica. Este conflicto rompe con la
sedimentación institucionalizada que representa y da forma a la comuni-
dad. En otras palabras, el populismo es
una
forma específica de ruptura
de la institucionalidad vigente a través del planteamiento de un confiicto
' Pero nunca plena y completamente constituidos como se encarga de remarcar Aboy
Cariés (2006).
SEBASTIAN BARROS 123
por la inclusión de
una
parte
irrepresentable
dentro de esa institucionali-
dad. Esto hace que el populismo pueda ser entendido como un tipo de ar-
ticulación que pone en juego al espacio de representación como tal y des-
ajusta el carácter común de la comunidad. Estas dos características
marcarían entonces la especificidad del populismo: radical inclusión de
una heterogeneidad social y puesta en duda del espacio común de repre-
sentación que da forma a lo social. De estas dos caracteristicas se des-
prenderá el carácter específico de una articulación sobredeterminada de
forma populista.
Laclau descríbe muy bien esta heterogeneidad (2005: 174-197), pero no le
otorga el mismo status que nosotros en una definición de populismo. Allí
donde él ve la salvaguarda en contra de una recuperación dialéctica de lo
heterogéneo (en contraposición a Hegel) y allí donde él ve el mejor ejem-
plo de la centralidad de la política (en oposición a Marx), nosotros vemos
la especificidad de una articulación populista. Así como Aboy Cariés supo-
ne que los adversaríos que se encuentran con esa forma particular de cons-
titución y funcionamiento de una identidad política que es el populismo,
son
siempre
ya
adversarios,
para Laclau, las demandas insatisfechas que se
articulan equivalencialmente alrededor de la idea de pueblo, son siempre
demandas.
Hay momentos en que Laclau despliega argumentos que se acercan a lo
que argumentamos aquí, pero vuelve a alejarse en su discusión contra la
dialéctica y la prímacía de la economía. Por ejemplo, Laclau explica que lo
heterogéneo es "aquello que carece de ubicación diferencial dentro del or-
den simbólico" que surge cuando "una demanda social no puede ser satis-
fecha" dentro de un determinado sistema (Laclau 2005: 139). Pero ¿cómo
puede algo que no pertenece al orden de lo simbólico ser aprehendido
como una demanda insatisfecha? Algo debería suceder para que esa trans-
formación de órdenes aparezca.
Nuestro argumento plantea que la particularidad del populismo está dada
por el momento en el que aquello que carece de ubicación diferencial den-
tro del orden simbólico es arrancado de su exterioridad y aprehendido
como una demanda insatisfecha pasible de ser articulada equivalencial-
mente. Al mismo tiempo, esta radical inclusión genera un conflicto sobre el
carácter común de la comunidad. A medida que aparece, esa ruptura con-
flictiva demuestra la inexistencia de la comunidad.
^
^ Laclau acepta que la idea de pueblo "no expresa simplemente una unidad de deman-
das constituidas fuera y antes de sí mismo, sino que es el momento decisivo en el esta-
blecimiento de esa
unidad"
(2005: 129, mis itálicas)
124
STUDIA POLlTIC/E 20 ~ otoño 2010
Laclau se acerca a esta posibilidad cuando deconstruye el rol de la figura
del lumpenproletariado en el argumento de Marx y dice:
es imposible determinar a priori quiénes van a ser los actores hege-
mónicos en esta lucha [global anticapitalista]. No resulta en absoluto
evidente que vayan a ser los trabajadores. Todo lo que sabemos es
que van a ser los que están fuera del sistema, los marginales —lo que
hemos denominado lo heterogéneo que son decisivos en el esta-
blecimiento de una frontera antagónica. (Laclau 2005: 189)
Pero como decíamoss arriba, Laclau parece privilegiar el lugar de la
heterogeneidad para demostrar la imposibilidad de una recuperación dialé-
ctica de la misma y la primacía de la política, antes que entender la apari-
ción de la heterogeneidad como lo que distingue el populismo de otro tipo
de articulaciones hegemónicas. Para nosotros el populismo obtiene su ca-
rácter de los efectos de la radical inclusión de una heterogeneidad.
El ejemplo del peronismo puede ilustrar esta lógica que genera efectos a
nivel del espacio común de representación. Si repasamos los términos en
los que se planteaba la oposición a Perón en 1944 y 1945 veremos que la
idea de indisciplina laboral y resentimiento obrero referia constantemente a
la idea de "palabras y conceptos mal asimilados" que "habrá[n] de sembrar
el germen del desorden social, al inculcar en gentes de limitada cultura as-
piraciones irrealizables" (Torre, 1995: 30-31). En el polo no-peronista, la
amenaza al orden de la comunidad venía dada por la inclusión de aquellos
que no tenían título para aspirar a la realización personal. La radical inclu-
sión realizaba lo irrealizable: la igualdad de las masas que ahora podrán
aspirar a realizarse como si fueran gente. Simultáneamente, esta radical in-
clusión demostraba que lo común de la comunidad no existía, entre cabeci-
tas negras y oligarcas, entre descamisados y gorilas, no había un espacio de
representación común para negociar la tensión entre ruptura y recomposi-
ción comunitaria.
La heterogeneidad entonces es esa ausencia siempre presente que desajus-
ta toda representación. Ausencia porque supone exterioridad respecto del
campo de representación como tal. Pero siempre presente porque es el su-
plemento que lo común necesita para poder ser representado, como lo pone
Laclau: "el campo de representación es una espejo turbio y roto, interrum-
pido por un 'real' heterogéneo al cual no puede dominar simbólicamente."
(2005:
177). Aquí ya podemos percibir dos consecuencias que se siguen de
nuestro argumento sobre el populismo como radical inclusión y puesta en
duda de lo común de la comunidad. Por un lado, al estar siempre presente
como posibilidad lógica es un espectro, por el otro su espectralidad es una
amenaza constante a cualquier posibilidad de institucionalización plena.
SEBASTIAN BARROS 125
Ahora bien, esta conclusión nos llevaría a tratar la forma en que se integra
aquello que hasta ese momento no era parte, cuestión que como dijimos no
abordaremos en este trabajo. Mientras tanto nos interesa discutir la natura-
leza de lo excluido/heterogéneo.
En los precisos comentarios a nuestro argumento, Aboy Cariés describe
nuestro análisis como una "lectura unilateral del populismo como mptura",
la cual ocultarla el carácter regeneracionista que el populismo asume en la
gestión del cambio social (Aboy Cariés 2006: 3). La nuestra sería "una
concepción de lo heterogéneo como una pura exterioíidad que no puede
ser simbolizada" (2006: 9). A pesar de que estamos lejos de pensar a lo he-
terogéneo en estos términos, creemos que la crítica amerita prestar aten-
ción al lugar de la heterogeneidad en nuestro análisis.
1.-
Lo heterogéneo nunca es pura exterioridad. Lo excluido, tal como lo
presentamos aquí, nunca puede carecer totalmente de ubicación simbólica.
No podríamos siquiera hablar de algo que está completamente excluido.
Sin embargo, las demandas que analizamos, sujetas a articulaciones popu-
listas,
tienen un orígen. En algún momento, surgen como demandas insatis-
fechas a ser tenidas en cuenta por la comunidad y pasan a ser parte de lo
común de la comunidad. Esto significa que ninguna demanda es completa-
mente nueva y que todas ellas siempre presentan trazos de una previa es-
tmcturalidad que les da significado. De allí que hablemos de los procesos
de arrancamiento de un lugar natural que supone la radical inclusión de los
que no son parte. Pasar a ser una diferencia pasible de ser articulada equi-
valenciahnente implica un proceso de desidentificación con el lugar que la
institucionalidad vigente determinaba. Eso es lo relevante cuando habla-
mos de exteríoridad. Es una exteríoridad que siempre es intema al sistema
de significación, pero que al poner en duda los lugares que le tiene reserva-
dos la institucionalidad vigente rompe con lo común de la comunidad.
2.-
Lo excluido tiene representación simbólica. Como bien explica Geor-
ges Bataille, la desintegración de la homogeneidad, que para nosotros nun-
ca es total como indica la referencia a una relativa estmcturalidad siempre
presente, comienza cuando los elementos disociados se unen a "las forma-
ciones heterogéneas que ya existen" en un estado sea difuso u organizado
(Bataille 1979: 67). Alejandro Groppo nos brinda un ejemplo del tipo de
lógica que dispara la irrupción de estos elementos disociados. Groppo cita
fragmentos de la Asamblea del Comité Central de la CGT del 16 de octu-
bre de 1945 donde militantes trabajadores explicaban que los patrones le
habían declarado la guerra al Coronel Perón, no a causa de Perón mismo,
sino porque les había dado mejoras con las cuales los trabajadores ni si-
quiera habían soñado con obtener, como el Estatuto del Peón (Groppo,
126
STUDIA POLITlC/E 20 - otoño 2010
2001:
14). Estos trabajadores tenían representación simbólica en tanto ele-
mentos identificados con el lugar del trabajo y ya participaban políticamen-
te.
Sin embargo, se transformaron en algos a partir de la irmpción del
discurso de los derechos y la justicia social del líder peronista. Podríamos
leer estas referencias como muestras de la actitud patemalista del discurso
populista, pero esta metáfora del despertar de un sueño no sugiere una
identidad dormida que estaba esperando a ser despertada por un líder de-
magógico, como podría desprenderse de la noción de disponibilidad de las
masas de muchos estudios del peronismo. Tampoco debe ser entendida
como una repentina toma de conciencia por parte de los sectores excluidos.
Si vamoss allá de estas lecturas peyorativas y superficiales, es posible
interpretar los dichos de esos trabajadores de manera diferente. La metáfo-
ra del despertar debe ser leída como la constitución de una nueva identidad
producto de la politización de ciertas demandas que provocaron la mptura
de la comunalidad vigente.^
3.-
La irmpción de lo excluido en los términos planteados aquí implica en-
tonces una distorsión de la distribución de "las ocupaciones, las funciones
y los lugares" (Ranciere 1996: 51). Es decir, el populismo se refiere a un
modo de arrancamiento de esos lugares; modo que genera una nueva repre-
sentación del campo de la experiencia. Vale nuevamente la aclaración de
que la novedad de esas representaciones no es totalmente nueva. Este
arrancamiento no crea demandas de la nada, sino que transforma a las
identidades definidas en el orden institucional vigente, las arranca del lugar
evidente que les otorga la constitución de la comunidad. '' Este arranca-
miento tiene efectos posteriores en la forma en que estas demandas serán
articuladas. Ese efecto es un efecto de demostración ^ de la pérdida de lo
común de la comunidad y creemos que es en él donde deberíamos buscar
la especificidad del populismo. Este tipo de efecto que provoca la irrup-
ción de lo excluido le dará carácter específico a una sobredeterminación
populista, articulando lo que podemos llamar una identidad popular.
Ahora bien, el carácter de una sobredeterminación sólo puede ser aprehen-
dido en sus efectos. En el caso de una sobredeterminación populista, el
efecto de la irrupción de lo radicalmente excluido reside en la demostra-
ción de la inexistencia de lo común de la comunidad. Esto es lo que luego
^ Para un análisiss exhaustivo de estos temas véase Panizza 2003 y 2005.
"* En palabras de Ranciere: "[tjoda subjetivación es una desidentificación, el arranca-
miento de la naturalidad de un lugar" (Ranciere 1996: 53).
^ Lacan explica en el Seminario 18 que "[l]'A-cosa precisamente, no se muestra, eso se
demuestra." Debo y agradezco este comentario sobre Lacan a Gloria Perelló.
SEBASTIAN BARROS 127
sobredetermina las formas de re-integración o regeneración comunitaria y
creemos que, si ellas asumen un carácter específico, es a causa de la parti-
cularidad de la irrupción de una exclusión. Toda demanda está intrínseca-
mente dividida en dos, su contenido particular y su potencialidad universa-
lizadra, pero no toda demanda genera con su aparición la ruptura y
rearticulación de la institucionalidad vigente que representa lo común de la
comunidad.
4.-
El caso de Gramsci es paradigmático de este proceso. En su análisis de
la cuestión merídional deja ver la manera en que él entendía la constitución
de una identidad popular. Gramsci comienza descríbiendo la cuestión meri-
dional como uno de los principales problemas del proletariado italiano. Si
el movimiento obrero pretendía liderar un proceso revolucionarío, necesita-
ba el apoyo de las masass pobres del sur del país. Para lograr esto, el
proletariado debía incorporar la cuestión meridional en su programa de ac-
ción política. Esta cuestión estaba relacionada con los problemas que pro-
vocaba la existencia de una región subdesarrollada y pobre que histórica-
mente era presentada como un obstáculo para la unidad y progreso de Italia.
Las descrípciones de esa región, explica Gramsci, mostraban un imaginario
de pobreza, superstición y conservadurismo, por lo cual, tanto para el prole-
tariado del norte industrializado como para las clases dominantes, el sur era
un lastre que impedía el definitivo despegue de la nación. La solución pro-
puesta por Gramsci evitaba caer en las solucioness simplistas que pre-
tendían dividir y entregar tierras a los campesinos. Queda claro en la estra-
tegia gramsciana que la superación de la cuestión meridional pasa por la
constitución de una identidad popular bajo la dirección del proletariado.
La riqueza del análisis de Gramsci reside en que para lograr ese lugar di-
rector, se debía modificar la propia "orientación política y la ideología ge-
neral del mismo proletariado". El problema a superar era que el proletaría-
do estaba bajo la "influencia de la escuela, de la prensa y de la tradición
burguesas" (Gramsci 1926: 307). La lectura de la clase trabajadora sobre la
cuestión meridional estaba sobredeterminada por los contenidos de la he-
gemonía burguesa que se extendían a través de "artículos, ensayos, cuen-
tos,
novelas, libros de impresiones y recuerdos" (Gramsci 1926: 308), por
lo que el primer trabajo de la dirección proletaría debía ser un cambio a ni-
vel ideológico que provocase la mptura con esa sobredeterminación. Cuan-
do Gramsci describe la serie de episodios que él ve como ejemplos de ese
cambio ideológico podemos ejemplificar lo que describiamos como efecto
de demostración de una mptura populista.
Gramsci primero describe la formación de la asociación Joven Cerdeña,
un movimiento autonomista formado por antiguos combatientes de la
128
STUDIA POLITIC/E 20 ~ Otoño 2010
guerra en 1919. La asamblea que debia constituir la asociación se celebró
en el norteño Turin y habia sido convocada por los sureños sardos que vi-
vian en el Piamonte. Esa asamblea tuvo una "imponente" cantidad de
participantes, mayoritariamente "gente pobre, gente de pueblo sin califi-
cación particular, peones, jubilados, ex carabineros, ex guardacárceles, ex
funcionarios de aduana que ejercian una multitud de pequeños negocios".
Es decir, tenemos al inicio del relato una pluralidad de demandas unidas
por "la idea de reencontrarse entre coterráneos, de escuchar hablar sobre
su tierra, a la que continuaban ligados por innumerables lazos de paren-
tesco,
de amistad, de recuerdos, de sufrímientos, de esperanzas" (Grams-
ci 1926: 310). La asamblea comenzó con un discurso inflamado, cuenta
Gramsci, "aderezado con todas las cursilerías de la oratoria regionalista"
que hizo llorar a los presentes por los recuerdos de los dolores pasados y
de la sangre derramada por lo sardos en la guerra. Ese discurso exaltaba
"hasta el delirio con la idea del bloque compacto formado por todos los
hijos generosos de Cerdeña" (Ibid.). Hasta aquí tenemos una pluralidad
de demandas sobredeterminadas por la pertenencia a la región que les
daba unidad.
Esta unidad se vio dislocada por la presentación de un "contrainforme" por
parte de los ocho comtinistas sardos que participaban de la asamblea. Vale
la pena citar in extenso.
El contrainforme, aunque suscitó una gran sorpresa, fue escuchado
sin embargo con atención, y una vez roto el encanto se llegó rápida
pero metódicamente a la conclusión revolucionaria: ¿están ustedes,
pobres diablos sardos, por un bloque con los señores de Cerdeña que
los han arruinado y son los guardianes locales de la explotación capi-
talista, o están por un bloque con los obreros revolucionarios del
continente, que aspiran a suprímir todas las formas de explotación y
emancipar a todos los oprímidos? Se hizo penetrar esta altemativa en
la cabeza de los asistentes. El voto por división fue un éxito formida-
ble:
por un lado tm gmpito de señores elegantes, de funcionarios con
sombreros de copa, de profesionales lívidos de rabia y de miedo,
apoyados por unos cuarenta policías, y por el otro la multitud de po-
bres diablos y de mujercitas endomingadas rodeando la minúscula
célula comunista. Una hora después se constituía en la Cámara del
Trabajo el Círculo Educativo Socialista Sardo, con 256 inscritos; en
cuanto a "Joven Cerdeña" su constitución fue postergada sine die y
nunca tuvo lugar. (Gramsci 1926: 310)
Esta anécdota de los comtinistas sardos es uno de los "procesos molecula-
res"
que afectarían a toda hegemonia y su análisis nos muestra varios ele-
mentos característicos de la constitución de identidades populares y de lo
SEBASTIAN BARROS 129
que entendemos por mptura populista y sus efectos de demostración. En
primer lugar, nos muestra cómo la irrupción de la masa de desposeídos
que describe Gramsci marca una dislocación del orden de las cosas. Los
sardos presentes dejan de ser los hijos generosos de Cerdeña para trans-
formarse en una comunidad partida a partir de los cambios de los lugares
ocupados por las demandas. En segundo lugar, esta dislocación traza una
línea divisoria dentro de una comunidad particular, dividiéndola en dos
polos antagónicos y generando una frontera interna a ella, representada
por esa altemativa que penetra en "la cabeza de los asistentes". La forma-
ción de una identidad popular en Gramsci implica la aparición de esa
frontera interna. En el ejemplo, los participantes pasan de ser el bloque
unido de todos "los hijos generosos de Cerdeña" a dos gmpos antagónicos
de "señores elegantes" y una "multitud de pobres diablos". En tercer lu-
gar, debemos notar que Gramsci se refiere a este tipo de intervenciones
como episodios que provocan la irmpción de movimientos espontáneos de
lo popular, canalizando esa espontaneidad e "insertándolos en la política"
(Gramsci 1931: 329). La formación de una identidad popular implicaba
entonces para Gramsci la radical inclusión de ciertos elementos que hasta
ese momento no eran considerados elementos políticos. Estos movimien-
tos espontáneos preexistían a la intervención comunista, pero eran inserta-
dos en la política sólo después de dicha intervención. Para Gramsci esta
inserción era la garantía para que la acción politica tuviese un efecto a lar-
go plazo y para que su diseminación se transformara en algo casi inevita-
ble.
(Gramsci 1926: 311)
Palabras finales
En este trabajo defendimos entonces la idea que plantea que el populismo
es un momento en que se pone en juego la inclusión radical de una hete-
rogeneidad social respecto del espacio común de representación que supo-
ne toda práctica hegemónica. Esto nos llevó a discutir dos temas, el pro-
blema de la naturaleza de lo excluido y el problema de la integración de
aquello que hasta ese momento estaba excluido. Aquí sólo analizamos el
primero de ellos. En relación a él, concluimos que dos características mar-
carían entonces la especificidad del populismo: radical inclusión de una
heterogeneidad social y puesta en duda del espacio común de representa-
ción que da forma a lo social. De estas dos características se desprenderá
el carácter específico de una articulación sobredeterminada de forma po-
pulista.
Si esto es así, el populismo obtendrá entonces su carácter de los efectos de
la radical inclusión de una heterogeneidad. El status de esa heterogeneidad
130
STUDIA POLITIC« 20 ~ otoño 2010
fue discutido cotejando dicho status con el otorgado a la heterogeneidad en
los trabajos de Laclau y Aboy. La discusión sobre la naturaleza de lo ex-
cluido/heterogéneo nos permitió concluir que:
1.- Lo heterogéneo nunca es pura exterioridad, ya que ninguna demanda es
completamente nueva y que todas ellas siempre presentan trazos de una
previa estmcturalidad que les da significado.
2.-
Lo excluido tiene representación simbólica. A través del ejemplo pro-
visto por Alejandro Groppo pudimos afirmar que los trabajadores que adhi-
rieron al peronismo tenían representación simbólica en tanto elementos
identificados con el lugar del trabajo y ya participaban políticamente. Sin
embargo, la identidad de estos trabajadores se transformó en algos a
partir de la irmpción del discurso de los derechos y la justicia social del-
der peronista.
3.
El populismo se refiere a un modo de arrancamiento de los lugares que
el discurso hasta ese momento hegemónico confiere a los sujetos. Este
modo genera una nueva representación del campo de la experiencia ya que
el arrancamiento tiene efectos posteriores en la forma en que estas deman-
das son articuladas. Ese efecto es un efecto de demostración de la pérdida
de lo común de la comunidad y creemos que es en él donde deberíamos
buscar la especificidad del populismo. En el caso de una sobredetermina-
ción populista, el efecto de la irrupción de lo radicalmente excluido reside
en la demostración de la inexistencia de lo común de la comunidad. Esto es
lo que luego sobredetermina las formas de re-integración o regeneración
comunitaria y creemos que, si ellas asumen un carácter específico, es a
causa de la particularídad de la irmpción de una exclusión.
4.-
Al analizar uno de los procesos moleculares que Gramsci describe
como componentes de una práctica política hegemónica pudimos mostrar
la manera en que esta noción de populismo funciona en el análisis empíri-
co de la constitución de identidades populares. En primer lugar, Gramsci
nos muestra como la irmpción de la masa de desposeídos marca una dislo-
cación del orden de las cosas. En segundo lugar, cómo esta dislocación tra-
za una línea divisoria dentro de una comunidad particular, dividiéndola en
dos polos antagónicos y generando una frontera intema a ella. Por último,
de qué manera la formación de una identidad popular implica la radical in-
clusión de ciertos elementos que hasta ese momento no son considerados
elementos políticos. Los movimientos que Gramsci describe eran espontá-
neos y preexistían a la intervención comunista, pero eran insertados en la
politica sólo después de dicha intervención. SD
SEBASTIAN BARROS 131
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Barros, Sebastián
Terminando con la normalidad comunitaria. Heterogeneidad y especificidad
populista
Stud Polit 20 S 2010 p. 121-132
1669-7405
Universidad Catolica de Cordoba
Rectorado-Campus-Camino a Alta Gracia km 7 1/2 (5017), Cordoba, Republica
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