Desmiticando la categoría jóvenes
NiNi. Reexiones a partir de
evidencia empírica a nivel nacional
para una nueva agenda de políticas
juveniles en Argentina
Eduardo Javier Pereyra*
María Marta Santillán Pizarro**
Resumen
A nales de la década de 1990, se construyó la categoría generación NiNi
con el objetivo de caracterizar la realidad del amplio conjunto de jóvenes
* Docente de la Facultad de Ciencia Política de la Universidad Católica de Córdoba. Inte-
grante del Grupo de Investigación “Política y desigualdades subnacionales. Élites económi-
cas, autonomías estatales y los diferentes “ritmos” de la desigualdad en las provincias de la
Argentina, 2003-2020”. Unidad Asociada CONICET- Facultad de Ciencia Política y RRII de
la Universidad Católica de Córdoba. Dirige Dr. Marcelo Nazareno.
** Docente de grado y doctorado de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacio-
nales de la Universidad Católica de Córdoba (UCC) Integrante del Grupo de Investigación
“Política y desigualdades subnacionales. Élites económicas, autonomías estatales y los di-
ferentes “ritmos” de la desigualdad en las provincias de la Argentina, 2003-2020”. Unidad
Asociada CONICET - Facultad de Ciencia Política y RRII de la Universidad Católica de
Córdoba. Dirige Dr. Marcelo Nazareno.
Código de referato: SP.295.LIV/21
http://dx.doi.org/10.22529/sp.2021.54.04
STUDIA POLITICÆ Número 54 invierno 2021 pág. 113–136
Recibido: 11/11/2020 | Aceptado: 28/12/2020
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
114 STUDIA POLITICÆ Nº 54 invierno 2021
que no trabajan ni estudian, siendo adoptada y masicada su utilización por
organismos internacionales, Estados, medios de comunicación y parte del
campo académico. Este artículo sostiene que esta perspectiva homogenei-
za, negativiza y descalica a las juventudes, pues las dene como sujetos
en riesgo y, en consecuencia, son potencialmente peligrosos para el orden
social vigente.
No obstante, se ha consolidado una corriente de trabajos que ha adoptado el
enfoque de derechos para el análisis de la cuestión juvenil. Desde este para-
digma se incluyeron nuevas variables al análisis, generando evidencia em-
pírica que demuestra que las y los supuestos jóvenes NiNi lejos de “hacer
nada” realizan trabajos no remunerados que son claves para la reproducción
del sistema productivo.
El presente trabajo se inscribe en esta corriente, se estructura como una
revisión teórica del tema y tiene como objetivo presentar la evidencia em-
pírica que diversos estudios a nivel nacional permiten poner en discusión la
magnitud del fenómeno NiNi y exponer los prejuicios detrás de esta etique-
ta, proponiendo una serie de nuevos lineamientos para abordar la cuestión
juvenil y las políticas públicas que se diseñan para este sector poblacional.
Palabras claves: jóvenes NiNi trabajos no remunerados políticas de
cuidado – enfoque de derechos – perspectiva generacional.
Abstract
At the end of the 1990s, the NEET generation category was built with the
aim of characterizing the reality of the group of young people who neither
work nor study, being used and adopted by international organizations, Sta-
tes, the media and part of the academic eld. This article argues that this
perspective homogenizes, negativeizes and disqualies youth, as it denes
them as subjects at risk and consequently they are potentially dangerous for
the current social order.
However, a series of works have been carried out that have adopted the
rights approach for the analysis of the youth issue. From this paradigm, new
variables have been included in the analysis, generating empirical evidence
that shows that alleged NEET, far from “doing anything”, they are doing
unpaid work that is key to the reproduction of the productive system.
This work is part of this trend and is structured as a theoretical review of the
subject and its objective is to present the empirical evidence from various
national studies that allow to question the magnitude of the NEET pheno-
menon and the prejudices behind this concept, proposing a series of new
guidelines to address the youth issue and the policies that are designed for
this population sector.
Keywords: NEET youth – Unpaid work – Care policies – Rights approach
– Generational perspective.
EDUARDO J. PEREYRA Y MARÍA M. SANTILLÁN PIZARRO 115
Introducción
En América Latina se produce actualmente la combinación de una serie
de procesos estructurales que impacta y atraviesa a la población juve-
nil: su sobrerrepresentación en las categorías de pobreza e indigencia,
su relevancia en el surgimiento del bono demográco1, la prolongación tem-
poral de la etapa juvenil (que implica la postergación de “roles adultos” en
las y los jóvenes más educados y/o de mayores ingresos) y la profundización
de la creciente desaliación institucional de parte de esta generación, que
se traduce en el aumento de jóvenes que no estudian ni trabajan (Rossel y
Filgueira, 2015).
Este último proceso abrió paso a la construcción de la categoría generación
NiNi, un concepto que comenzó a ser utilizado por las estadísticas sociales de
Inglaterra a nales de los ‘90, con el objetivo de caracterizar la realidad del
amplio conjunto de jóvenes que no trabajan ni estudian2.
En este sentido, desde comienzos del siglo XXI, organismos internacionales
como la Comisión Europea y la Organización para la Cooperación y el De-
sarrollo Económicos (OCDE)3, los Estados nacionales y los medios de co-
municación instalaron la utilización de esta categoría. Como se profundizará
en el artículo, se sostiene que esta perspectiva homogeneíza, descalica y
negativiza a este sector poblacional y viene hegemonizando como paradigma
al momento de diagnosticar, diseñar e implementar políticas públicas. Las
juventudes son vistas así, como sujetos en riesgo y a su vez como un peligro
para el orden social vigente.
1 Desde los estudios de las transiciones demográcas se observa que en la mayoría de
los países latinoamericanos, al haber disminuido las tasas de fecundidad y mortalidad, su
población atraviesa un periodo de predominancia de personas en edad productiva (entre
15 y 64 años), particularmente de personas jóvenes (entre 15 y 30 años), por encima de la
denominada población dependiente (menor de 15 y mayor de 64 años) (Rodríguez, 2015).
Se calcula que en Argentina este proceso nalizaría en el año 2040 (De León, 2017).
2 En inglés la sigla es NEET, que signica not in employment, education or training. Su uso
surge como reemplazo de otra categoría más estigmatizante aún, la de status zero, luego
reservada conceptualmente para una porción particular de este grupo (Comari, 2015).
3 En Latinoamérica la denominación fue difundida por el Banco Mundial (BM), el Ban-
co Interamericano de Desarrollo (BID) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT)
(Feijoó, 2015).
116 STUDIA POLITICÆ Nº 54 invierno 2021
No obstante, se viene desarrollando una corriente de trabajos que ha adoptado
el “enfoque de derechos”4 para el análisis de la cuestión juvenil y el diseño de
políticas públicas. Desde esta perspectiva se concibe a las juventudes, como
actores centrales para el diseño de las estrategias de desarrollo de las socie-
dades, generando políticas juveniles orientadas a la formación del capital
humano y social y a la reducción de las brechas de desigualdad.
Desde este paradigma se han podido incluir nuevas variables al análisis y
despojar de prejuicios negativizantes hacia este sector poblacional, permi-
tiendo generar evidencia empírica que discute la magnitud y gravedad del
fenómeno y fundamentalmente, demuestra que los supuestos jóvenes NiNi
lejos de “hacer nada” y convertirse en un potencial riesgo para la seguridad
y el orden social, se encuentran realizando trabajos no remunerados que son
claves para la reproducción del sistema productivo actual o atraviesan una
serie de situaciones que la categoría NiNi invisibiliza y no reconoce.
El presente trabajo se inscribe en esta corriente y se estructura como una
revisión teórica del tema y tiene como objetivo presentar la evidencia empí-
rica de diversos estudios a nivel nacional que permiten poner en discusión la
magnitud del fenómeno NiNi, los prejuicios detrás de esta etiqueta y el ca-
rácter adultocéntrico que se les impone a las políticas públicas que abordan
la cuestión juvenil desde esta mirada.
El artículo se organiza de la siguiente manera. En el primer apartado se des-
cribe y reexiona sobre las interpretaciones sobre las juventudes y la cues-
tión juvenil detrás de la categoría generación NiNi. En la segunda sección
se exhiben los resultados generados por trabajos que, desde un enfoque de
derecho, han logrado presentar evidencia empírica que pone en discusión y
refuta la conceptualización y operativización de las mediciones en torno a las
y los jóvenes NiNi. En el tercer y último apartado, a partir de la lectura críti-
ca-reexiva de los trabajos abordados, se exponen las conclusiones sobre de
las tradicionales entradas teóricas sobre las y los jóvenes que no estudian ni
trabajan, se propone una serie de lineamientos estratégicos para repensar las
políticas públicas hacia la población juvenil y, a la vez, se sugiere atender una
serie de dimensiones para la construcción de sistemas de protección social
y bienestar juvenil desde un enfoque de juventudes en clave generacional.
4 Este marco normativo asume que las personas son sujetos titulares de derechos a de-
terminadas prestaciones y conductas, las cuales los Estados se obligan a garantizar como
sus principales derechos humanos, con una perspectiva, estrategia de desarrollo y abordaje
integral (Abramovich, 2006).
EDUARDO J. PEREYRA Y MARÍA M. SANTILLÁN PIZARRO 117
1. Poniendo en debate la interpretación de la(s) juventud(es) como ge-
neración NiNi
La categoría NiNi se construyó a partir de la relación de las juventudes con
las variables estudio y mundo del trabajo, puesto que son considerados en
este grupo aquellos jóvenes que no estudian ni trabajan, aunque en las medi-
ciones estadísticas se pueden distinguir las que engloban este sector pobla-
cional a partir de una doble negación (no estudian ni trabajan) de aquellas que
parten de una triple negación (no estudian, no trabajan, ni buscan trabajo).
Los trabajos que respaldan esta categoría comparten implícitamente que los
NiNi “no hacen nada”, se encuentran en esta condición por propia voluntad
y que es una población de riesgo con alta propensión a incurrir en conductas
peligrosas y desviadas de las “normas” sociales (Feijoó, 2015). En este sen-
tido, es la idea de una juventud desempleada, precarizada y familiarmente
dependiente la que conuyó en la etiqueta del NiNi (Feixa y Strecker 2016).
A su vez, identican tres grandes tipos de factores asociados a esta con-
dición: individuales, familiares-comunitarios y generales (Székely Pardo,
2012). En términos generales, las causas giran en torno a las condiciones ma-
croeconómicas, la desigualdad, las leyes o los patrones culturales. En cuanto
a los factores familiares se reeren a las interacciones personales con otros
miembros de la familia –residente o no en el hogar– y con el entorno físico
inmediato y la existencia de prácticas de violencia, abuso, discriminación o
exclusión como dinámicas que ponen en riesgo la realidad de las y los jóve-
nes en el hogar. Entre los comunitarios, se presta atención al acceso limitado
a la educación, desfasaje de los modelos educativos, falta de oportunidades
de empleo y desarrollo productivo, inestabilidad y precariedad laboral e in-
suciente ingreso de los hogares (Turián y Avila, 2012).
Los factores individuales se observan cuando la literatura entiende a este
grupo poblacional como aquellos que poseen las mayores dicultades para
delinear su trayecto de vida ya que carecen de las habilidades cognitivas y
socio-emocionales necesarias para enfrentar con éxito su vida adulta (Cape-
llo y García Oro, 2013). En este sentido, las y los jóvenes NiNi son apáticos,
irresponsables, pasivos y desinteresados (Carmona Zuñiga y García Hernán-
dez, 2011)
Entre los principales riesgos económicos y sociales que se desprenderían de
esta condición estructural en la que vive la generación NiNi se señalan la
falta de oportunidades, el empleo informal (CEPAL, 2012; Turián y Avila,
2012) y el riesgo de la “caída” en prácticas delincuenciales, de aislamiento,
118 STUDIA POLITICÆ Nº 54 invierno 2021
problemas mentales y físicos y adicciones (Credds y Reynolds, 2001; Ham-
mer, 2000). Esto implicaría graves consecuencias para las economías nacio-
nales ya que eleva el gasto público a raíz del desempleo de larga duración,
la pérdida de capital humano y de ingresos impositivos no generados por
este sector y el aumento de los costos en las políticas sociales y el sistema de
salud (Mosquera, García y Cortés, 2018)
En términos políticos la situación de este grupo de jóvenes aumenta el riesgo
de abstención en la participación de las cuestiones públicas y un rechazo de
la política, aumentando las posibilidades de que las y los jóvenes adopten
acciones “vandálicas”, “antisistémicas” o “extremistas” poniendo en vilo la
cohesión social, la seguridad y la democracia de la región (Avellaneda y Eli-
zondo, 2015; Székely Pardo, 2012).
La construcción de esta categoría teórica se ha edicado a partir de conno-
taciones negativas sobre la juventud y ha servido más para instalar un chivo
expiatorio que la noción de un agente social (Comari, 2015). A esto se suma
la ausencia de suciente evidencia empírica para fundamentar el aparente
carácter estructural y homogéneo del fenómeno y la consecuente utilización
de la idea de “generación”. En este sentido, como arma Feijoó, se construye
una visión mitológica de las y los jóvenes puesto que “son como sirenas o
centauros contemporáneos, todos los conocemos, aunque no existan como
tales” (2015, p. 24). Así “la elección de esta categoría analítica (mito) apunta
menos a su irrealidad –la inexistencia del grupo como tal y su demostración
empírica– que al cumplimiento de una función social relevante” (Assusa,
2019, p. 94).
Este conjunto de deniciones es clave al momento de entender los paradig-
mas, enfoques y visiones que se han constituido desde el Estado a través del
conjunto de políticas públicas implementadas para el sector. En este sentido,
las miradas hasta aquí descriptas se pueden relacionar con las concepciones
tradicionales, conservadoras, estáticas y positivistas que denen a las y los
jóvenes como un momento en el desarrollo biológico-humano (Margulis,
2001) y con los discursos que Chaves (2005) identica como fundamento
de las representaciones que invisibilizan a las personas jóvenes, anulando
sus discursos, pensamientos y sentimientos y, fundamentalmente, negando
su capacidad de acción y participación en la dinámica de la realidad social5.
5 Estos son: (a) Discurso naturalista: se entiende a la juventud como etapa natural-biológica
y universal del ser humano. (b) Discurso psicologicista: entiende al joven en una etapa
de confusión que debe transitar y que o pasará. (c) Discurso de la patología social: la
EDUARDO J. PEREYRA Y MARÍA M. SANTILLÁN PIZARRO 119
En este sentido, la autora sostiene que:
Las miradas hegemónicas sobre la juventud latinoamericana responden a
los modelos jurídico y represivo del poder […] la juventud está signada
por <<el gran No>>, es negada (modelo jurídico) o negativizada (modelo
represivo), se le niega existencia como sujeto total (en transición, incom-
pleto, ni niño ni adulto) o se negativizan sus prácticas (juventud problema,
juventud gris, joven desviado, etc.) (Chaves, 2005, p. 26).
Estas miradas se inscriben en adopción del enfoque de ciclo de vida para
pensar y desarrollar la provisión de bienes y servicios para la producción de
bienestar juvenil en las sociedades actuales. Este, desde una sociología de la
edad, distingue cuatro etapas básicas en el ciclo vital de los individuos: in-
fancia, juventud, adultez y vejez. Este sistema de clasicación atribuye roles,
vínculos y posiciones diferenciadas en relación con el entorno social a partir
de la edad de las personas. Es decir, se congura una distribución social del
bienestar y el poder a partir de diferentes grupos de edad en la estructura
social, generando una asociación entre la maduración biológica y el paso de
tiempo cronológico con los roles sociales de los individuos y sus posiciones
en las estructuras económicas y políticas. Estas conguraciones son dinámi-
cas, (re)construidas socialmente y varían a lo largo de la historia, mostrando
especicidades según los contextos regionales (Autor, 2020b).
Desde esta perspectiva, existen cinco eventos dicotómicos que marcan el
pasaje y transición del joven a la vida adulta: la salida del sistema educativo,
el ingreso al mercado laboral, el abandono del hogar de origen, la formación
de pareja y el inicio de la fase reproductiva o tenencia del primer hijo.
En términos de producción de bienestar, los modelos predominantes han par-
tido del supuesto de que son las familias sus principales garantes durante la
infancia y en vista a los eventos dicotómicos en la etapa juvenil; el abordaje
de riesgos y sus dispositivos de protección se trasladan cada vez más ha-
cia el mercado y el Estado. Son sobre estos riesgos en la asunción de roles
juventud es la parte del cuerpo social que se encuentra enfermo, que tiene problemas y rep-
resenta un problema a la sociedad. (d) Discurso del pánico moral: nos hace ver a los jóvenes
como desviados y peligrosos generando miedo a la comunidad. (e) Discurso culturalista:
entiende que la juventud como grupo etario es capaz de construir cultura por misma,
transmitiendo y reproduciéndola en generaciones posteriores. (f) Discurso sociologista: el
joven como producto determinado por los parámetros establecidos en la sociedad en la cual
vive (Chaves, 2005).
120 STUDIA POLITICÆ Nº 54 invierno 2021
adultos que se asientan los sistemas de protección social nacional, haciendo
foco en tres dimensiones: temporalidades, secuencia y calidad de los cinco
eventos antes descriptos. En términos empíricos, los análisis se han enfocado
sobre las vulneraciones que se desprenden de los riegos que las juventudes
atraviesan en torno a: (a) interrupción de trayectorias educativas, (b) ingreso
temprano al mercado laboral6, (c) maternidad y paternidad temprana7 y (d)
exposición a distintas formas de violencia8 (Rossel y Filgueira, 2015). La
exposición a estos riesgos y sus efectos se erigen como la encrucijada central
que marcará el bienestar de estas generaciones en su futuro cercano.
Desde el campo académico especializado en la cuestión juvenil son generali-
zadas las críticas hacia la adopción del enfoque del ciclo vital por su carácter
adultocéntrico. Sus componentes evolucionistas y biologicistas, no hacen
más que homogeneizar al/a la joven y universalizar un “deber ser” en sus
trayectorias de vida desde las perspectivas socioculturales impuestas por el
mundo adulto y sus instituciones.
En tal sentido, se impulsó el cambio de concepción de “la juventud” a
las juventudes” (Quapper, 2001; Margulis, 2001; Pérez Islas, 2000) siendo
necesario mirar y comprender las singularidades, pluralidad y diversidad de
juventudes en cada espacio social; advertir la existencia de subgrupos etarios
que son de referencia para su categorización; vislumbrar la riqueza y com-
plejidad de lo juvenil; interpretar al mundo juvenil como múltiple y diverso
y, a partir de ello, generar conocimiento y conceptos dinámicos, exibles que
permitan acercarnos, abordar y comprender a los jóvenes, las juventudes, las
6 Respecto a las vulnerabilidades de la inserción juvenil al mundo laboral, actualmente
predomina el enfoque que las entiende como el resultado de un desajuste entre los activos
con los que cuentan los jóvenes y la estructura de oportunidades, por lo que las estrategias
de abordaje giran en torno a dotar de mayores y mejores recursos para “adaptarse” a las
demandas del mercado de trabajo, mejorando sus condiciones de empleabilidad (Brandán
Zehnder, 2015).
7 Aquí se analiza cómo este riesgo impacta sobre las oportunidades de los/as jóvenes para
sostenerse en el sistema educativo o sobre su capacidad autónoma para decidir libremente
sobre el momento de ingreso al mercado laboral y sus aspiraciones sobre el tipo de empleo
a buscar. También incorporan el análisis sobre cómo este riesgo impacta sobre la exposición
a embarazos no deseados, mortalidad materna y enfermedades de transmisión sexual.
8 En este punto se indaga sobre tasas de homicidios y causales externos de muertes en ado-
lescentes y jóvenes. A su vez, los estudios entienden que esas formas de violencia se asien-
tan en la vinculación de los procesos de exclusión social juvenil con su mayor propensión
al narcomenudeo, consumos problemáticos de sustancias legales e ilegales y la realización
de prácticas delictivas y violentas.
EDUARDO J. PEREYRA Y MARÍA M. SANTILLÁN PIZARRO 121
expresiones juveniles y los procesos de juvenilización. Son estas miradas
precisamente, las que permitieron otorgar el “status” de ciudadano y sujeto
de derecho a los jóvenes.
A mediados de los ‘80 en Argentina, Cecilia Braslavsky (1986) impulsaba,
de manera temprana y lúcida, romper con el mito de la homogeneidad de
la juventud, comprendiéndola como una “juventud multicolor”9. En contra-
posición a los encorsetamientos juveniles, la autora entiende a la juventud
como una etapa psicosocial y sociocultural que se encuentra circunscripta
a las estructuras sociales e institucionales de su realidad, pero que desarro-
lla diversas miradas, representaciones y prácticas, entendiendo a la juventud
desde su multiplicidad.
Es así que, desde un enfoque generacional y de derechos, se vienen desarro-
llando trabajos que entienden la juventud como un concepto histórico que
adquiere su especicidad según la construcción social en la que se da: se aso-
cia lo juvenil con un sector social que construye su identidad en el marco de
las relaciones sociales e institucionales, que son históricamente construidas y
determinadas. En esta concepción, son tres las variables que inuyen en el ca-
rácter que asume el concepto: la diferenciación social, el género y la genera-
ción. A partir de estas, ya no puede hablarse a través de un concepto único de
juventud, sino que se hace necesario contemplar las diversidades existentes de
acuerdo a las diferentes realidades u procesos históricos, sociales, económicos
y culturales por las que una generación se construye (Autor, 2020b).
Es bajo estos supuestos que en la siguiente sección se realiza una exposición
de trabajos que partiendo de esa mirada generacional elaboran evidencia em-
pírica que pone en discusión y debate la pertinencia de la categoría genera-
ción NiNi.
9 En ese momento construyó una tipología, utilizando la metáfora de los colores, sobre las
maneras más extendidas para entender a la juventud. Estas compartían un carácter mono-
lítico y monocromático sobre las personas jóvenes: (a) La juventud blanca, como aquella
que contiene aún los elementos de pureza de la sociedad, dueña del futuro y del destino de
la humanidad. (b) La juventud dorada, jóvenes privilegiados y despreocupados, sin com-
promisos y responsabilidades, con ocio y tiempo libre para disfrutar la “moratoria” que la
sociedad les otorga hasta tanto asuman los roles de personas adultas. (c) La juventud gris,
que entiende a las y los jóvenes como portadores de riesgos patologías sociales capaces de
poner en peligros el orden social vigente. Al proponer la categoría “multicolor”, se aleja
de deniciones que normalizan y esencializan algún tipo de “deber ser y actuar” por parte
de las juventudes, reconociendo la amplia heterogeneidad en su interior en tanto grupo
poblacional.
122 STUDIA POLITICÆ Nº 54 invierno 2021
2. Evidencias empíricas que ponen en discusión la categoría NiNi
Los trabajos que promueven la utilización de la categoría generación NiNi
sostienen su relevancia dada la magnitud y peso signicativo que este seg-
mento representa en las estadísticas sociales. Se ha calculado que en Latinoa-
mérica alrededor de 9 millones de jóvenes entre 15 y 18 años (un 16% del
total) no trabajan ni estudian (Székely Pardo, 2012, cifra que asciende al casi
20% si se aumenta el rango etario, considerando jóvenes entre 15 y 24 años
(Comari, 2015). En Argentina, de acuerdo al Censo 2010, eran un poco más
de medio millón los jóvenes entre 18 y 24 años de edad que no estudiaban, ni
trabajan ni buscaban trabajo. Actualmente se sostiene que son alrededor de
un millón las personas jóvenes en dicha situación (Censo 2010). En términos
porcentuales representan un 20% del total de personas jóvenes (Rodríguez,
2011; Capello y García Oro, 2013; Avellaneda y Elizondo, 2015).
No obstante se presentan a continuación una serie de trabajos (Comari, 2015;
De León, 2017; INDEC, 2014a; Santillán y Rabbia, 2017 y Pereyra, 2020a)
que, desde un enfoque de derechos y con la incorporación de otras variables
en el análisis sobre este sector poblacional, han logrado poner en discusión
la relevancia del fenómeno, reexionar críticamente sobre la carga negativa,
estigmatizante y moralizante que se impone sobre los/as supuestos jóvenes
NiNi y desmiticar que esta generación “no hace nada” y que constituyen un
riesgo para sí mismos/as y para el conjunto de la sociedad.
Entre las principales variables que comenzaron a considerar para no englo-
bar al conjunto de jóvenes denidos como NiNi se encuentran la tempora-
lidad de dicha condición y la diferenciación por sector social y por género.
Ser pobre o rico y la división sexual del trabajo son categorías importantes
para comprender las trayectorias juveniles. Se incluyeron al análisis, tam-
bién, dimensiones como la discapacidad, fecundidad y nupcialidad de dicho
grupo. Además, desde la economía feminista se puso en valor la relevancia
que posee el trabajo no remunerado y la economía del cuidado que realizan
principalmente las mujeres en el sistema productivo de los países (Rodríguez
Enríquez, 2007) ya que estas actividades constituyen las bases invisibles del
bienestar social, representando un mecanismo de transferencias gratuitas de
servicios que realizan los hogares al mercado y que, generalmente, son in-
visibilizadas en términos sociales y económicos (Santillán y Rabbia 2017).
Es así que comienza a estudiarse la relevancia estadística del trabajo domés-
tico no mercantilizado, del trabajo voluntario o servicio a la comunidad y de
los trabajos de cuidado familiares y su impacto en la población juvenil. Sobre
EDUARDO J. PEREYRA Y MARÍA M. SANTILLÁN PIZARRO 123
esta última tipología se han asentado la mayoría de los estudios. Por cuidado
se entiende al conjunto de:
actividades y relaciones orientadas a alcanzar los requerimientos físicos
y emocionales de niños y adultos dependientes, así como los marcos nor-
mativos, económicos y sociales dentro de los cuales éstas son asignadas y
llevadas a cabo” (Daly y Lewis, 2000) […] [y] abarca tanto el cuidado ma-
terial que implica un trabajo, el cuidado económico que implica un costo
y el cuidado psicológico que implica un vínculo afectivo (De León, 2017,
p. 10).
A partir del análisis de estadísticas a nivel nacional y regional, los trabajos
logran comprobar empíricamente las siguientes armaciones alrededor del
fenómeno:
1. La situación NiNi no constituye un fenómeno nuevo ni tampoco existe
un crecimiento exponencial de su incidencia. Los resultados obtenidos
permiten armar que, lejos de haber aumentado en el tiempo, los NiNi
disminuyen entre 1990 y 2000, y también hasta 2010. Incluso si se com-
para con la década 1980, la situación actual es muy similar (De La Torre
y Baquerin de Riccitelli, 2017; Comari, 2015).
2. De acuerdo a la segmentación etaria que se realiza para denir a la po-
blación juvenil (generalmente entre 15 y 24 años) por las normativas
vigentes de los sistemas educativos y las características del mercado la-
boral en la mayoría de los países es esperable que este sector impacte
en las estimaciones con un mayor porcentaje de asistencia a un estable-
cimiento educativo y menor participación en el empleo. Comari (2015)
ha comprobado que la situación NiNi no es de magnitudes relevantes al
momento de comparar con dicha situación en población adulta (funda-
mentalmente en las condiciones de no trabaja ni busca trabajo).
3. En Argentina (Comari, 2015; INDEC, 2014a), al igual que países de la
OCDE (Leyva y Negrete, 2014) y América Latina (CEPAL, 2014) las
trayectorias laborales de las y los jóvenes no son lineales ni estables. Pre-
sentan altos niveles de rotación entre situaciones de inactividad, ocupa-
ción y desocupación10. Es decir, mientras muchos/as jóvenes dejan esta
10 Entre 2010 y 2011 el 38,6% de jóvenes NiNi dejó de pertenecer a dicha condición. Por
ejemplo, en 2010 el total de jóvenes de 15 a 24 años que estaban inactivos y sin estudiar
representaban un 12,7% del total. Al año siguiente el porcentaje disminuyó al 7,8%. Cabe
124 STUDIA POLITICÆ Nº 54 invierno 2021
condición otros tantos/as comienzan a atravesarla, por lo que la situación
de NiNi no es estructural y permanente, desestimando la utilización de la
categoría generación NiNi como un “mote” moralizador y normalizante
de las trayectorias de vida de las juventudes.
4. Si bien las estadísticas que captan discapacidades y sus incidencias son
decitarias, Comari (2015) logra observar que viene en aumento la pre-
valencia de discapacidades severas, con lo cual parte de la población cla-
sicada como NiNi en realidad son personas que no estudian, no trabajan
ni buscan trabajo porque no pueden hacerlo por los impedimentos que su
discapacidad les impone.
5. En Argentina, el grupo de mujeres de hasta 24 años aporta el 40,5%
de los nacimientos producidos (Comari, 2015). Una de cada seis
mujeres tiene su primer hijo antes de los 19 años (OSSyR, 2014),
por lo que el 17% de las jóvenes de 19 años es madre (De León,
2017). El 29% de jóvenes entre 15 y 29 años en Argentina tiene hi-
jos y el 90% de quienes tienen hijos conviven con ellos, pero mien-
tras que casi la totalidad de mujeres lo hace, en el caso de los varo-
nes solo el 75% de ellos convive con sus hijos (INDEC, 2014a).
La nupcialidad y la fecundidad, al igual que la discapacidad, aparecen
como condicionantes, tanto para aquellas personas que lo planicaron y
más aún para quienes la maternidad irrumpe sin planicación generando
restricciones en las trayectorias educativas y laborales de las juventudes,
especialmente en las mujeres. Se ha observado que tener que brindar
cuidados de manera temprana impacta en las trayectorias de vida de la
población juvenil y que a mayores niveles de educación las mujeres tie-
nen menor cantidad de hijos, demostrando el peso que tiene la educación
como predictor de la fecundidad. (De León, 2017).
6. Cuando se logran medir estadísticamente las incidencias del tiempo
que dedican los NiNi a los trabajos de cuidado, se puede demostrar que
son erróneos los prejuicios en torno a la ociosidad de este grupo. Los
NiNi dedican al menos un 50% más de horas al trabajo doméstico y un
30% más al cuidado de aquellas personas que no lo son. En Argentina
el 82,1% de jóvenes NiNi dedica en promedio más de tres horas diarias
a quehaceres del hogar y el 70,1% dedica al cuidado de otras personas
8 horas y media en promedio, (Comari, 2015). INDEC (2014a) logró
aclarar que visto cada periodo (2010-2011) de manera separada las proporciones de jóvenes
en situación NiNi son similares, lo que sucede es que se trata de diferentes individuos en
distintas transiciones (Comari, 2015).
EDUARDO J. PEREYRA Y MARÍA M. SANTILLÁN PIZARRO 125
exponer que 4 de cada 10 jóvenes en el país tiene responsabilidades de
cuidado, principalmente de niños y niñas y en menor medida adultos
mayores, con la particularidad que la tasa de mujeres que realizan esta
importante labor no remunerada e invisibilizada duplica a la de los varo-
nes (48% y 24% respectivamente).
7. En Argentina, la Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del
Tiempo (INDEC, 2014b) permite demostrar que de las actividades en las
que utilizan su tiempo las juventudes entre 18 y 29 años11, se encuentra
que el 16,8% de jóvenes que no estudian, no trabajan ni buscan trabajo
se compone de un 14% de jóvenes (es decir, un 83,3% del total) que rea-
lizan trabajo doméstico no mercantilizado; trabajo voluntario o servicio
a la comunidad y/o trabajos de cuidado familiares y solo un 2,8% de
jóvenes (un 17,7% del total) no realizan ninguna de las actividades an-
teriores. Esto demuestra en qué medida el concepto de NiNi invisibiliza
la situación de una alta proporción de jóvenes que se encuentra excluido
del sistema educativo y laboral (Pereyra, 2020a).
8. Del estudio anterior también se desprende que, si se analiza por sexo, el 6,6
% de los varones que no estudia, no trabaja ni busca trabajo se compone de
un 3 % que realiza trabajos no remunerados y un 3,6 % que no realiza nin-
guna actividad de las indagadas. Por su parte, entre las mujeres, del 26,8%
que no estudia, no trabaja ni busca trabajo se compone de un 24,8% que
realiza trabajos no remunerados y un 2% que no realiza ninguna actividad.
De ello se deriva la conclusión de que las mujeres, que en estudios que
avalan la categoría la consideran como el grupo de mayor proporción de
NiNi, es en realidad la población que mayormente se ve afectada por ta-
reas domésticas y de cuidado, demostrando el peso que tiene la división
de los roles sociales de acuerdo con el género en el país (Pereyra, 2020a).
9. No se han encontrado evidencias que permitan relacionar causalmente
el ser joven NiNi con el ejercicio de la violencia, la delincuencia y el
consumo de drogas12 (Comari, 2015).
11 Las actividades se distinguen entre las siguientes categorías: (a) trabaja; (b) estudia; (c)
trabaja y estudia; (d) busca trabajo (y no estudia); (e) realiza trabajo no remunerado, (que
incluye trabajo doméstico no remunerado y trabajo voluntario, según las deniciones de
Indec), y (f) ninguna de las actividades anteriores, es decir, que no declara realizar alguna
de las actividades contempladas en las categorías anteriores.
12 En relación a esto los resultados de la Encuesta Nacional sobre Prevalencias de Consumo
de Sustancias Psicoactivas (2011) los resultados contrarían cualquier tipo de asociación de
las personas jóvenes con mayores consumos de “drogas” en general y con los jóvenes que
nini se observaron las menores ratios de prevalencia de consumos de sustancias.
126 STUDIA POLITICÆ Nº 54 invierno 2021
A partir de todo lo expuesto, es evidente que la categoría NiNi presenta serias
dicultades y debilidades en tanto: intenta englobar una serie de problemas
donde en realidad no los hay (por ejemplo otorgar la carga negativa a todo el
conjunto como potenciales delincuentes, adictos o peligrosos para la cohe-
sión social); ignora ciertos problemas que sí pudieran ser relevantes (jóvenes
con trabajos precarios que no entran en la clasicación NiNi) (Leyva y Ne-
grete, 2014); y confunde y superpone al interior distintas realidades y pro-
blemáticas (desempleo, exclusión educativa o sobrexplotación en trabajos de
cuidado no remunerados) (Assusa, 2019).
Bajo estas concepciones surge una nueva denición operativa del colecti-
vo NiNi puesto que estaría integrado por aquellas personas jóvenes que no
estudian, no trabajan ni buscan trabajo, que no poseen una incapacidad por
enfermedad y que no realizan trabajos de cuidado (Comari, 2015; INJUVE,
2011). A partir de esta denición, las estimaciones de Comari (2015), en base
a la Encuesta Permanente de Hogares de los años 2010 y 2011, arrojan que
el porcentaje real de jóvenes NiNi desciende de un 20% a un 4% del total de
jóvenes entre 15 y 24 años de edad en Argentina.
En un mismo sentido, la Encuesta Nacional de Juventudes del año 2014 me-
diante un análisis de la convergencia de las actividades educativas, de trabajo
remunerado y de cuidado que realizan personas entre 15 y 29 años en loca-
lidades de más de 2000 habitantes en Argentina, se establece que en el país
el porcentaje de jóvenes que no estudian, no trabajan ni buscan trabajo y no
cuidan es de solo el 3,3%.
A partir del enfoque, conceptualización y evidencia empírica que estos estu-
dios han realizado sobre la denominada generación NiNi, se realiza a modo
de cierre, una serie de recomendaciones sobre los principales lineamientos
estratégicos a tener en cuenta en el diseño e implementación de políticas
públicas destinadas al sector así como también, las herramientas que los Es-
tados debieran potenciar en el abordaje de la cuestión juvenil para el desa-
rrollo de institucionalidad y consolidación de sistemas de protección social y
bienestar juvenil justos, distributivos e integrados.
Epílogo: hacia una nueva agenda de políticas juveniles
A partir de la evidencia empírica presentada, se arma que la categoría NiNi
ha tendido a homogeneizar irreexivamente una serie de problemáticas que
atraviesan las y los jóvenes a nivel mundial, generando un discurso mora-
EDUARDO J. PEREYRA Y MARÍA M. SANTILLÁN PIZARRO 127
lizante, descontextualizado y carente de una perspectiva generacional. En
términos discursivos y subjetivos, esta etiqueta ha sido más ecaz para cons-
truir “alteridades generacionales y de clase sobre las que pesan los peores
disvalores morales de las sociedades occidentales contemporáneas: la vagan-
cia, la improductividad, la falta de autonomía y la violencia” (Assusa, 2019,
p. 107). Y peor aún, ha moldeado los principales enfoques que los Estados
asumieron en el diseño e implementación de políticas para intervenir sobre
la cuestión juvenil.
En este sentido Tuirán y Ávila (2012) arman que la concepción de jóve-
nes NiNi no es útil para el proceso de instrumentación de políticas públicas
puesto que ha signicado una herramienta poco efectiva para afrontar serios
dilemas como la desocupación y la precariedad de la actividad laboral juvenil
o la participación temprana de muchas mujeres en la vida doméstica y repro-
ductiva. En la misma dirección, Rodríguez (2018) señala que, a diferencia de
los grandes avances logrados en materia de perspectiva de género, en el con-
junto de políticas públicas son pocas las experiencias de gestión de asuntos
de la juventud que han logrado una mirada integral, transversal, coherente y
con enfoque de derechos. Es decir, políticas con enfoque de juventudes y a su
vez con una perspectiva generacional. Con esto el autor entiende que:
mientras el enfoque de juventudes se centra exclusivamente en la pertinen-
cia y la relevancia de las generaciones jóvenes en el desarrollo, la perspec-
tiva generacional procura ubicar el trabajo especíco con jóvenes en una
perspectiva relacional, que articule la dinámica juvenil con la correspon-
diente a otras generaciones, especialmente con el mundo adulto. El primero
nos debería llevar a crear programas especícos para la juventud en todas
las instituciones públicas y en todos los espacios territoriales, en tanto la
segunda nos debería ayudar a ubicar dichos esfuerzos en la mencionada
perspectiva relacional. Quizás, todo esto pueda plantearse en términos de
etapas, ubicando al enfoque de juventudes como prioridad en el corto y
mediano plazo y a la perspectiva generacional como prioridad para el largo
plazo (Rodríguez, 2018 en Pereyra, 2019a, p. 26).
La incorporación de este paradigma abriría el camino para encontrar inte-
gralidad, continuidad, sistematicidad, estabilidad político-institucional y
correlación entre el discurso y la práctica en materia de tratamiento de la
cuestión juvenil, con lo que se lograrían superar las tensiones y paradojas en
la utilización de la categoría NiNi y el enfoque de la juventud como etapa del
ciclo vital y lograr políticas que reejen un nuevo pacto social, orientadas a
128 STUDIA POLITICÆ Nº 54 invierno 2021
cuestionar la división sexual del trabajo y considerar al cuidado como dimen-
sión esencial del desarrollo (Santillán Pizarro y Rabbia, 2017).
Desde este enfoque, las instituciones, y más aún las que intervienen en la
generación de bienestar, no son neutrales (Cecchini, Filgueras y Robles,
2015; Roca, Gobert y Lanari, 2012). En este sentido, la variable ideológica
continúa siendo relevante en el momento de explicar las narrativas y paradig-
mas relacionados con las juventudes. No obstante, la instalación, utilización
y masicación de la categoría NiNi ha atravesado por igual a los gobiernos
de distintos proyectos políticos.
Por ejemplo, en Argentina estas tensiones y paradojas se han observado en
las políticas públicas tanto de los gobiernos posneoliberales entre 2003 y
2015 como de corte neoliberal entre 2015 y 201913. Durante ambos proyectos
la categoría NiNi fue utilizada como punto de partida en el diseño de algunos
de los programas emblemáticos hacia las juventudes, aunque cabe aclarar
que las características, sentidos e impacto de las acciones contrastan signif-
icativamente uno de otro14. El trasfondo común es el paradigma de ambos
dispositivos, apuntando a abordar los riesgos y vulnerabilidades que atravie-
13 Para profundizar sobre las nociones de proyectos de gobierno posneoliberales y neolibe-
rales remitirse a los trabajos de Stoessel (2015); Ramírez-Gallegos (2012); Arditi (2009);
Alegre (2008), entre otros.
14 En el año 2008 comenzó a implementarse el programa “Jóvenes con Más y Mejor Traba-
jo” del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, destinado a la inclusión laboral
y social de jóvenes de entre 18 y 24 años de edad que no estudiaban ni trabajaban. Las
principales líneas de acción apuntaban a que nalizaran su escolaridad obligatoria, realizar
experiencias de formación y/o de prácticas calicantes en ambientes de trabajo, iniciar una
actividad productiva de manera independiente o insertarse en un empleo. El trabajo de
Brandán Zehnder (2015) demuestra que el modo de interpretar y denir la relación entre
jóvenes de sectores populares y mercado laboral en este programa produjo en el seno de la
propia lógica estatal el desplazamiento de los esquemas de derechos sociales que operaban
en el gobierno kirchnerista para el diseño de estrategias de inclusión social, por una lógica
competitiva propia de la economía de mercado, encontrando una mirada contradictoria de
la temática entre distintas dependencias del ejecutivo nacional. Por otra parte, el gobierno
nacional a cargo de Mauricio Macri impulsó, a 15 meses de la nalización de su gestión, el
programa “Servicio cívico voluntario en valores” con el objetivo de brindar capacitación en
valores democráticos y republicanos; fomento del compromiso personal y para con la co-
munidad; hábitos responsables; estímulo a la nalización del ciclo educativo obligatorio y
la promoción del desarrollo de habilidades para el trabajo, culturales, de ocios y deportes a
jóvenes NiNi. La formación de la población joven estuvo a cargo del personal de las fuerzas
de seguridad, Gendarmería Nacional en particular, y se ejecutaba dentro de las instalaciones
de la misma, lo cual generó fuertes críticas y rechazos.
EDUARDO J. PEREYRA Y MARÍA M. SANTILLÁN PIZARRO 129
san jóvenes que no estudian ni trabajan mediante una herramienta estatal de
carácter compensatoria destinada “salvar a una generación” a través de su
“reinserción social-laboral”.
De acuerdo a Assusa (2019) este tipo de iniciativas pueden ser vistas como
un sobredimensionamiento de la problemática de la “activación” de las ju-
ventudes para su inclusión y terminan funcionando como un velo sistemático
para ocultar la problemática más estructural de la gestión doméstica de la
economía de los cuidados.
A partir de todo lo expuesto se pueden señalar un conjunto lineamientos es-
tratégicos que los sistemas de protección de los países, y en especial Ar-
gentina, deberían considerar para reformular los sesgos en el abordaje de la
cuestión juvenil desde la categoría NiNi y en consecuencia introducir una se-
rie de políticas públicas direccionadas a mejorar la resolución de problemáti-
cas de fondo que atraviesa la sociedad, y en particular la población joven:
1. Políticas de re vinculación educativa y ocupacional: ampliación de las
jornadas escolares, sostener y profundizar las políticas de terminalidad
educativa, pero atendiendo principalmente a nuevos diseños con ofertas
que exibilicen los procesos de escolarización formal (que son los que
ya expulsaron a las y los jóvenes en su momento) así como también pro-
gramas de formación, orientación, inducción y capacitación laboral con
incentivos monetarios que eviten propuestas “encasilladoras” de las y
los jóvenes de sectores populares (asociando formación en ocios de va-
rones con albañilería, plomería y a mujeres con trabajo doméstico y gas-
tronomía, por ejemplo) e inviertan recursos que promuevan la interme-
diación laboral con una impronta de desarrollo local-regional. Además,
es necesario vincular la oferta de servicios de cuidado a las necesidades
de la población joven que participa de los programas de re vinculación
educativa y de formación profesional y empleo (De León, 2017).
2. Políticas de cuidado: es uno de los aspectos con mayores desafíos y ac-
ciones pendientes por parte de los Estados. Por ello se debe desarrollar
una agenda que tienda a modicar sustancialmente las prestaciones de
cuidado, logrando su reconocimiento (de las problemáticas y desigual-
dades ocasionadas por la injusta distribución de las cargas de cuidado),
reducción (de la brecha en términos de usos del tiempo) y redistribución
(distribución equitativa de los costos del trabajo doméstico y de cuidados
no remunerado entre varones y mujeres) (Santillán Pizarro y Rabbia,
2017). Para ello es central la desfamiliarización y desmercantilización
130 STUDIA POLITICÆ Nº 54 invierno 2021
de la economía de los cuidados, logrando su desprivatización y una in-
tervención activa del Estado como nuevo formato de los sistemas de
protección. En relación a las “políticas de tiempo” en Argentina, solo
el 50,4% de las trabajadoras y 49% de los trabajadores están cubiertos
por el régimen de licencias y en mucho menor medida la población ju-
venil con hijos debido a la informalidad de sus empleos, con lo cual se
vuelve importante modicar el régimen de licencias y su cobertura con
una orientación universalista y revertir el sesgo maternalista (De León,
2017). A su vez se vuelven necesarios programas que brinden transfe-
rencias para sostenimiento del cuidado, ya que con estas prestaciones
económicas las familias pueden destinarlas al cuidado de niños o adultos
dependientes15. Por otra parte, se promueve la universalización de polí-
ticas servicios de cuidado infantil, especialmente en la primera infancia
etaria de 0 a 3 años de edad. En Argentina, la infraestructura de este tipo
de servicios es escasa y se encuentra muy fragmentada, dispersa y con
subsistemas provinciales con distintos grados de cobertura y calidad de
acuerdo a si las prestaciones son públicas, privadas o del tercer sector.
3. Políticas de salud sexual y reproductiva: como ya se dijera el embarazo
temprano no intencional tiene un alto grado de incidencia en la pobla-
ción joven argentina y a pesar de que en el país el marco normativo
sobre la temática es exhaustivo y de avanzada su sistemática y correcta
implementación es aún una deuda pendiente ya que varía mucho entre
las provincias y entre las escuelas (privadas y públicas) y con una insu-
ciente incorporación de sus lineamientos en la currícula escolar. En esta
materia se espera lograr la universalización del acceso a información,
métodos anticonceptivos y atención de calidad en el sistema de salud
para las y los jóvenes, así como también avanzar en la legalización plena
de la interrupción embarazo y en su cumplimiento efectivo (De León,
2017).
Desde un enfoque de derechos, juventudes y perspectiva generacional jun-
to a este conjunto de intervenciones públicas en la provisión de bienes y
15 Se calcula que con el sistema de protección social actual en Argentina, de las y los
jóvenes con hijos un 30% está cubierto por las asignaciones familiares, un 39% a través
de la Asignación Universal por Hijo, apenas otro 0,2% está cubierto por otras prestaciones
(asignación por discapacidad, por ejemplo), mientras que un 9% de jóvenes con respons-
abilidades familiares no está cubierto por estar excluido por normativa y 22% no recibe
prestación alguna que contribuya a sostener la crianza de los hijos (De León, 2017).
EDUARDO J. PEREYRA Y MARÍA M. SANTILLÁN PIZARRO 131
servicios se logrará avanzar en lo que se ha propuesto como un sistema de
protección social y bienestar juvenil integrado (Pereyra, 2019b). Este mo-
delo se ha formulado a partir de las clasicaciones e interpretaciones sobre
sistemas de protección y regímenes de bienestar realizados por Roca, Golbert
y Lanari (2012); Fleury (2000); Brugué y Gomá (1998) y Donati y Lucas
(1987) y junto los paradigmas y tipos de políticas juveniles identicados por
Krauskopf (2000) y Rodríguez (2000 y 2003). En la Tabla 1 se resumen sus
principales características.
Tabla 1. Sistema de protección social y bienestar juvenil integrado
Denominación
Características “Integrado”
Rasgos/Modalidad Inclusión Universal
Principio Justicia
Enfoque sobre el bienestar Enfoque de capacidades
Efecto Redistribución
Objeto y función
de la intervención Realización del derecho social de ciudadanía
Acceso a benecios Mínimo Vital
Tipos de benecios Transferencias no condicionadas
Alcance de la política Focalizadas (con masividad) / Universales
Enfoque de la juventud Enfoque de derechos
Perspectiva generacional
Ciudadanía juvenil Universal
Valor del territorio Intermedio - Bajo
Base normativa Alta
Modelo organizativo Complejo y posburocrático
Niveles de empowerment Alto
Fuente: Pereyra (2020a)
132 STUDIA POLITICÆ Nº 54 invierno 2021
En este tipo de sistema, los Estados garantizan el acceso a los benecios
por la simple necesidad del/de la joven en cuanto ciudadano/a. No existe un
“contrato” de condiciones y contraprestaciones para acceder a la política en
la que el Estado invierte importantes recursos, generando un recurso mínimo
vital para las juventudes que funciona como un mecanismo de redistribu-
ción hacia la población joven de carácter universalizable. No obstante, aún
pueden implementarse políticas focalizadas hacia un sector especíco de la
población juvenil, pero la intervención aspira llegar “universalmente” a todo
este conjunto de potenciales beneciarios. Cuanto menos segmentada sea la
política menor será la consideración de la base territorial para su diseño e
implementación, pero necesitará el desarrollo un esquema normativo claro
e institucionalizado para garantizar su intervención. La magnitud de la pre-
sencia e intervención estatal exige el despliegue de un sistema institucional
amplio, complejo, plural, sólido e integrado. Por ello se pretende que asuma
características organizativas posburocráticas. Por último, este modelo im-
plica un fuerte empowerment para que su población joven acceda a un piso
de bienestar y tenga mayores capacidades para decidir autónomamente sus
propias trayectorias institucionales.
En términos de construcción de institucionalidad estatal juvenil, desde esta
nueva óptica lo central ya no es desarrollar necesariamente un organismo
gubernamental juvenil especíco como condición de existencia de abordaje
la juventud, sino de dotar a toda la estructura burocrática y de funcionarios
políticos encargados del diseño e implementación de políticas públicas ju-
veniles (directas e indirectas) la formación suciente para comprender a las
juventudes desde su heterogeneidad, como un sujeto social con necesidades
y derechos especícos. El objetivo central es derribar los mitos y prejuicios
del adultocentrismo sobre la condición juvenil, de la cual la utilización de la
etiqueta NiNi es una de sus consecuencias.
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