El Otro de sí mismo. Notas sobre
populismo y heterogeneidad
Julián A.
Meló*
Resumen
El trabajo propone una reflexión general acerca del concepto de hetero-
geneidad y su especificidad y utilidad a la hora de repensar la lógica po-
pulista. La idea central que se intenta desarrollar, por un lado, y partien-
do del esquema general de la teoría de la hegemonía de Ernesto Laclau,
plantea que la lógica populista se caracteriza por su imposibilidad de
sostenimiento de una frontera original constitutiva siempre idéntica a si
misma. Por otro lado, el texto discute la necesidad de pensar al populis-
mo como una lógica política que nunca logra hacer predominar el espa-
cio de la fundación o bien el del orden institucional, creando un ámbito
de fijación contingente e indeterminada de sentidos, la cual conduce a
debatir las razones de las dificultades de estabilización de mecanismos
institucionales propiamente liberal democráticos por parte de los llama-
dos populismos clásicos.
Palabras Clave: Populismo - Heterogeneidad - Laclau - Instituciones -
Fronteras políticas
Abstract
The paper proposes a general reflexion on the concept of heterogeneity
and its specificity and importance when rethinking the logic of popu-
lism. On the one hand, the central idea, and drawing on Ernesto Laclau's
' CEDIS (UNSAM) - CONICET
Código de referato: SP122.XX/11.
STUDIA POLITICA . ^ Número 20 - otoño 2010
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
106 STUDIA POLITIC/E ' 20 ~ otoño 2010
theory, is that populism cannot sustain an original constitutive political
frontier always identical with itself On the other hand, the paper dis-
cusses the necessity to think populism as a political logic never totally
grounded either in the foundational rupture or in the institutional order,
creating thus a space for the contingent and indeterminate fixation of
meanings. This leads the paper to discuss the reasons for the difficult
stabilization of liberal institutional mechanisms under classic populism.
Keywords: Populism - Heterogeneity - Laclau - Institutions - Political
frontiers
A modo de introducción
P
ARA
pensar el Pueblo como categoría politica, aparecen preguntas,
dilemas, decisiones teóricas, decisiones históricas, y un sin fin de
sentidos asociados al propio objeto: decir populismo es decir algo
que a casi todos quienes escuchany escriben o hablan les reenvía a tm
cúmulo de sentidos, digamos sedimentados o pre-fijados, que implican, ge-
nerahnente, significaciones negativas o peyorativas. Populismo será enton-
ces,
para muchos, manipulación cínica y demagógica de masas en disposi-
ción, populismo será discurso trivial y eliminación sins de la minoría.
Nuestra prímera decisión, acompañando producciones teórícas recientes, es
pensar al pueblo como una categoría política donde el eje está puesto en la
estmcturación de sentido inherente a. una formación discursiva y no en un
juicio acerca del valor moral o la coherencia argumentai del mismo discur-
so (es decir, nos alejamos, de entrada, de un análisis de contenidos).
Tomemos estos reenvíos casi instantáneos de la palabra populismo, y pen-
semos por un momento en aquello que no es populista: ¿el reenvío es tan
automático? ¿Cuáles son los sinónimos de no-populismo? ¿Quiénes no
son o no han sido populistas? ¿Quiénes son los otros del populismo? Po-
dríamos decir, como para abrir la disputa, que si partimos de una concep-
ción peyorativista del populismo, el reenvío a su antítesis tomará como
significación el respeto a las libertades civiles, la vigencia de una institu-
cionalidad liberal-democrática, la constmcción de una ciudadanía amplia
e intensa, entre otras cosas. En la clave de significación de la que habla-
mos antes, se entenderá al no-populismo justamente como el lugar de ple-
nitud de todo aquello que se supone falta en el populismo, o que se cree
que allí falta.
Ahora bien, todo este juego de envios y reenvios de la significación politi-
ca y social tiene, en Argentina por caso, un lugar común de ubicación his-
tórica: el peronismo, al menos entre 1943 y 1955. Se anudan, casi como si-
nónimos, populismo y peronismo. Y se desanudan, como se sobreentiende.
JULIAN A. MELO 107
democracia y populismo. ' En este trabajo queremos intemamos, muy bre-
vemente, en el primero de los nudos, y tratar de argumentar alrededor de la
sinonimia entre peronismo y populismo, al menos a mediados del siglo-
XX. Como es evidente, no buscamos partir la sinonimia para construir los
antónimos. Antes bien, nos interesan dos cuestiones muy breves y puntua-
les.
Por un lado, tratar de ver cómo una determinada lectura teórica puede
acercamos a una interpretación histórica compleja como la que estamos ci-
tando. Esto es, ver en qué sentidos el peronismo puede ser entendido como
un populismo y en qué sentidos no. Por otro lado, pretendemos ubicar este
juego en el plano de la Otredad, de la heterogeneidad: ¿Los Otros del po-
pulismo son los otros del peronismo? ¿Son los anti-peronistas? ¿O es que
también la amenaza de fragmentación heterogénea va inscripta en su pro-
pia fundación?
Populismo en la mirada teórica
Tomaremos como base el planteo general que hace Emesto Laclau alre-
dedor del populismo en tanto categoría política.
^
Para nuestro autor, el
populismo supone la postulación de una altemativa política radical en el
interior del espacio comunitario. Dicho con sus palabras: "... supone la
puesta en cuestión de un orden institucional por medio de la constmcción
de un desvalido como agente histórico —es decir, un agente que es otro
en relación con la forma en que las cosas son—." Allí, entonces, decir
populismo es decir partición en dos —dicotomización del campo so-
cial, a través de la presentación —constitución de un sujeto desvalido
(previamente excluido). La presentación en sí misma implica la constitu-
' Nudos, todos estos, que han sido trabajados por muchos autores que toman al populis-
mo como uno de sus ejes de reflexión. Sin posibilidades de profundizar aquí, pensemos
que las relaciones entre populismo y democracia no son lineales ni determinadas, y que
el populismo no aparecerá como el otro puro de la democracia, sino como una forma
singular de la misma.
^ La polémica con esta afirmación no redunda. La noción de populismo en Laclau
puede aparecer como enteramente formal. Cuestión que creemos no sería negada. No
obstante, la formalidad del concepto no implica su incapacidad teórica. Es decir, de
partida, no creemos que la formalidad del concepto impida que sea utilizado como he-
rramienta de lectura histórica. En todo caso, trabajar en el límite mismo de la formali-
dad conceptual obliga a ajustar la lectura histórica, no la evita. Se trata entonces de no
tomar la historia como una verdadera puesta a prueba de la potencia de una teoría o de
un concepto en una teoria, sino que el desafio es poder leer la historia y los conceptos
en simultáneo, de modo que, una y otra, la historia y la teoria, se construyan mutua-
mente.
108
STUDIA POLITICO 20 ~ Otoño 2010
ción del sujeto popular, por ello es que nuestro autor advierte que no
puede pensarse a dicha lógica política como la concreción de un agente
social previamente determinado. El pueblo será justamente esa división,
"algo menos que la totalidad de los miembros de la comunidad: es un
componente parcial que aspira, sin embargo, a ser concebido como la
única totalidad legítima". (Laclau, 2005:107). Nuevamente aquí se pre-
senta un aspecto crucial de esta teorización, y en ella radica, a nuestro
criterio, la magistralidad de la reflexión de Laclau. Cuando pensamos po-
pulismo estamos pensando en los modos, o en un modo de constituir un
actor. Actor que no tiene una pertenencia social predeterminaba y que,
mucho menos, podrá pensarse como una masa en disponibilidad, a la vis-
ta de todos, por la cual, digamos a la Schumpeter, los actores políticos
compiten. Así, creemos que la configuración de una identidad supone la
constitución misma de los sujetos de la política: la identidad no es algo
que se da ni se entrega.
De este modo, Laclau plantea la tensión entre plebs y populus, la parte y el
todo,
como constitutiva del populismo.
^
La lógica populista se resumirá,
dentro de la mirada de nuestro autor, en que:
"la emergencia del pueblo depende de las tres variables que hemos
aislado: relaciones equivalenciales representadas hegemónicamente a
través de significantes vacíos; desplazamientos de las fronteras inter-
nas a través de la producción de significantes flotantes; y una hetero-
geneidad constitutiva que hace imposibles las recuperaciones dialéc-
ticas y otorga su verdadera centralidad a la articulación política. Con
esto hemos alcanzado una noción plenamente desarrollada de popu-
lismo".
'^
Conviene entonces desmenuzar con detalle el lugar constitutivo que la he-
terogeneidad tiene como espacio clave para entender los procesos de arti-
culación. Recurramos nuevamente a una extensa cita de nuestro autor.
"En primer lugar, como la frontera antagónica involucra, como he-
mos visto, un otro heterogéneo que es dialécticamente irrecuperable,
siempre habrá una materialidad del significante que resista la absor-
ción conceptual [...] El 'pueblo' siempre va a ser algos que el
opuesto puro del poder. Existe un 'real' del pueblo que resiste la in-
tegración simbólica. En segundo lugar, en nuestro diagrama, la hete-
^ Tensión por otra parte inherente a la hegemonía. De allí la sinonimia planteada por
Laclau entre hegemonía y populismo.
''
LACLAU,
2005:197.
JULIAN A. MELO 109
rogeneidad también está presente en el particularísmo de las deman-
das equivalenciales —un particularísmo que, como sabemos, no pue-
de ser eliminado porque es el fundamento mismo de la relación equi-
valencial—. En tercer lugar, como hemos visto, el particularísmo (la
heterogeneidad) es también lo que impide a algunas demandas incor-
porarse a la cadena equivalencial. La consecuencia de esta presencia
múltiple de lo heterogéneo en la estmcturación del campo popular es
que este tiene una complejidad intema que resiste cualquier tipo de
homogeneización dialéctica. La heterogeneidad habita en el corazón
mismo de un espacio homogéneo".
^
Partiendo entonces de una multiplicidad de planos de presencia de lo he-
terogéneo, se apunta a la complejización de la distinción entre Interior y
Exteríor, advirtiendo que "nada es completamente intemo o completa-
mente extemo". Y aunque esto no nos hace abandonar la idea de una fija-
ción de fronteras como espacio de la partición del campo social en dos, ^
nos invita a pensar la compleja relación entre significantes vacíos y flo-
tantes,
entre la constitución de una frontera y sus efectos de desplaza-
miento. ¿En qué consiste esta complejidad? Por un lado, en que una ho-
mogeneidad nunca pueda completarse o suturarse a sí misma, pues no
sólo se ve amenazada por un exteríor que la constituye como tal sino que
ese mismo espacio de la amenaza y el asedio habita su propio corazón.
En segundo lugar, pensando al populismo, vemos cómo el Pueblo será un
espacio de la homogeneidadnecesarío e imposible que, al intentar
inscribir en él a la totalidad comunitaria —aquello de la aspiración de la
Parte a ser el Todo legítimo no solamente estará instituyendo una cate-
goría para la legitimidad en sí misma sino que nunca podrá recuperar dia-
lécticamente esa totalidad,s allá de la promesa y de la institución de
un horízonte social deseado. Según nuestra lectura de Laclau, si no con-
cebimos la heterogeneidad, en alguna de sus múltiples formas, estaríamos
en condiciones de afirmar que lo Otro es sólo meramente apariencial, una
forma última de presencia de la homogeneidad. "Si, por el contrarío
propone nuestro autor la heterogeneidad es primordial e irreductible, se
mostrará a sí misma, en primer lugar, como exceso. Este exceso, como
hemos visto, no puede ser controlado con ninguna manipulación, ya se
trate de una inversión dialéctica o de algo semejante". Dichos exten-
samente:
' LACLAU, op. cit., pág. 191.
* Tengamos en cuenta que, si perdemos la posibilidad de alguna clase de fijación, esta-
ríamos en presencia de un discurso psicótico, en la sutura total y por tanto la ausencia de
política.
110
STUDIA POLITIC/E 20 ~ otoño 2010
"Uno de los rasgos definitorios de la heterogeneidad, en el sentido en
que la concebimos, es una dimensión de ser deficiente o unicidad fa-
llida. Por tanto si la heterogeneidad es, por un lado, irreductible en
última instancia a toda homogeneidads profunda, por otro lado
no está simplemente ausente, sino presente como aquello que está
ausente. La unicidad se muestra a misma a través de su propia au-
sencia". ^
El exceso, justamente, es la presencia de lo que no está. No es solamente el
lugar del Otro, sino la presencia misma de la falla de toda pretensión de
unicidad. Cuestión que, entendida en la lógica de la flotación de significan-
tes,
según nuestra interpretación, no debería implicar pensar la heteroge-
neidad en términos estríctos de un Real Lacaniano, sinos bien como la
falla misma por la cual la política como tal tiene lugar. Contestando una
crítica de Butler, en Hegemonía, Contingencia y Universalidad, Laclau
dice:
"... si la representación de lo Real fuese una representación de algo
enteramente fuera de lo simbólico, esta representación de lo irre-
presentable como irrepresentable equivaldría en verdad a una in-
clusión plena —por ejemplo, la forma en que Hegel pudo incluir lo
"contingente" dentro de su sistema lógico—. Pero si lo que es re-
presentado es un límite interno del proceso de representación como
tal,
la relación entre internalidad y extemalidad está subvertida: lo
Real se transforma en un nombre para la falla misma de lo Simbóli-
co para conseguir su propia plenitud. Lo Real sería, en ese sentido,
un efecto retroactivo de la falla de lo simbólico. Su nombre sería
tanto el nombre de un lugar vacío como el intento de llenarlo a tra-
s de la denominación misma de aquello que, en palabras de De
Man, es sin nombre, innommable. Esto quiere decir que la presen-
cia de ese nombre dentro del sistema tiene el estatus de un tropos
suturante". *
Hablamos entonces de una múltiple presencia del Otro, cuando Uno mis-
mo nunca puede ser una homogeneidad positiva y suturada. Y a ello se
agrega la idea de una subversión de la relación entre intemalidad y exter-
nalidad, relación que es fallida en sí misma. Nuestra pregunta general
busca, justamente, explorar la presencia del nombre de la falla, del tro-
' ídem, pág. 277.
^
BUTLER,
Laclau y ¿izek (2003). Contingencia, hegemonia, universalidad. Diálogos
contemporáneos en la izquierda. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, pág. 74.
JULIAN A. MELO 111
pos suturante. Particularmente, nos interesa comprender la precariedad
de la sutura comunitaria en un populismo, intentando averiguar las lógi-
cas que se muestran en su establecimiento (esto es, o bien una lógica
equivalencial o una diferencial, o bien un difuso juego entre ambas). An-
tes de internarnos en dicha argumentación, recuperemos una pregunta
central a este apartado para completar la presentación del argumento ge-
neral de Laclau: ¿por qué la heterogeneidad es fundamental para pensar
la política?
s allá del debate en tomo a la definición misma del nombre de la falla
(si conviene o no asimilarlo al concepto de Lo Real Lacaniano) entende-
mos que pensar la heterogeneidad como constitutiva de la política es clave
porque nos permite analizar la comunidad política tanto en términos de su
falla constitutiva como en términos de su pretensión de sutura. Creemos
que así se complejiza y reelabora el aspecto relacional básico de la consti-
tución de identidades tout
court,
permite, de algún modo, marcar con cier-
ta
precisión la
imprecisión
de las fronteras políticas, su contingente nega-
tividad constitutiva. Nuestro autor nos dirá:
"Una oposición pura interior/exterior presupondría una frontera
inmóvil, hipótesis que hemos rechazado como descripción de
cualquier proceso social real. Por el contrario, es como resultado
de la indecidibilidad esencial entre lo 'vacío' y lo 'flotante' —que
ahora podemos reformular como la indecidibilidad entre lo homo-
géneo y lo heterogéneo o, en nuestro ejemplo, entre el proletaria-
do y el lumpenproletariado que va a tener lugar el juego polí-
tico".
'
La heterogeneidad, múltiple, inacabada en su propia definición, aparece
entonces en el espacio de una indecidibilidad ftmdamental para compren-
der los modos y los lugares en que se desarrolla el juego de la política. Se-
n nuestra interpretación, aquí Laclau abre la reflexión a una conclusión
determinante: el interior del Vacio, que es la base de la equivalencia, no es
puro,
es amenazado por la flotación misma, poniendo en jaque la propia
noción de interioridad, los limites de la identidad. Así, la indecidibilidad
esencial entre vacío y flotante, al explicar la contingencia inherente a la
política, establece el desafio de analizar históricamente ese impuro límite,
esa indecidibilidad. Ahora bien, ¿qué pistas tenemos cuando avanzamos en
la historización de un populismo, de una forma particular de dicha indeci-
dibilidad?
LACLAU,
2005:192.
112
STUDIA POLITIC« 20 ~ otoño 2010
Populismo en la mirada histórica
Hacia el final de La
razón
populista, Laclau dedica unas páginas a la criti-
ca de Mény y Surel.s allá de coincidir en una parte general del argu-
mento de estos autores (principalmente la referida a que el populismo es el
elemento democrático en los sistemas representativos constitucionales con-
temporáneos), nuestro autor no está de acuerdo con aquéllos en que utili-
cen un modelo estrecho de condiciones de posibilidad del populismo (mo-
delo por otra parte extraído de las reflexiones de Andreas Schedler). Dice
Laclau:
"El problema con este modelo es que da por sentado que existe un
sistema de reglas bien establecido en todo momento. Desde mi pers-
pectiva, este planteo no toma en cuenta suficientemente la doble faz
del populismo a la cual nos referimos en nuestra discusión teórica, a
saber, que el populismo se presenta a sí mismo como subversivo del
estado de cosas existente y también como el punto de partida de una
reconstrucción
s o menos radical de un nuevo orden una vez que
el anterior se ha debilitado. El sistema institucional debe estar (nue-
vamente,s o menos) fracturado para que la convocatoria populis-
ta resulte efectiva".
'**
Comenzamos a desplazamos hacia un análisis político propiamente históri-
co que plantea diversos problemas, pero que ofrece un punto de partida,
creemos, de incalculable valor: aquí Laclau juega casi contra sí mismo, si
se nos permite, porque plantea al populismo como algos que la pura
ruptura del campo social, populismo será también (esta es la doble faz) la
huella de la reconstrucción de aquello que se desafió. " En todo caso, y
s allá de estas polémicas, miremos la propuesta de Laclau para leer la
historia, o, si se quiere, uno de los ejemplos que nos da para pensar el po-
pulismo: el peronismo. Según nuestro autor, el juego político populista
puede moverse en distintas direcciones. Entre diversas posibilidades, plan-
tea que:
"... el régimen resultante de una mptura populista se institucionaliza
progresivamente, de modo que la lógica diferencial comienza a pre-
valecer nuevamente y la identidad popular equivalencial se vuelve
cada vezs inoperante, langue de bois que rige cada vez menos el
funcionamiento real de la política. El peronismo, en la Argentina, in-
' "
LACLAU,
2005:221. El destacado es nuestro.
" Lo cual, además, vuelve un pocos compleja la asimilación de populismo
a
politi-
ca en sentido rancieriano, pues algo de policia será necesario para pensar al populismo.
JULIAN A. MELO 113
tentó moverse desde una política inicial de confrontación —cuyo su-
jeto popular era el 'descamisado' (el equivalente del
sans-culotte)—-
hacia un discurso crecientemente institucionalizado basado en la de-
nominada 'comunidadorganizada"'. '^
Dos figuras son determinantes en este análisis. Por un lado, la relación en-
tre "descamisado" y "comunidad organizada", y, por otro lado, la imagen
de una "institucionalización progresiva". El descamisado sería el espacio
de la confrontación (la faz subversiva de la que hablamos previamente); la
Comunidad Organizada sería el espacio de la desactivación del antagonis-
mo básico (la faz de reconstmcción). Y, si aguzamos la vista, la idea de una
institucionalización progresiva
hará alusión, entonces, a un pasaje desde la
lógica de la equivalencia a la lógica de la diferencia, donde, según la mira-
da de Laclau, predominarán distintos significantes clave a la hora de orga-
nizar el juego político.
Luego de observar el carácter fundamental de la heterogeneidad en este
análisis, podemos realizamos algunas preguntas: ¿si el populismo es la do-
ble faz de la subversión y la reconstmcción, por qué el pasaje del peronis-
mo desde el descamisado como figura estmcturante a la de la comunidad
organizada resulta en una institucionalización, o en una despopulización, si
se permite el término? Dicho de otro modo, ¿por qué, si el populismo se
juega en el espacio indecidible entre la homogeneidad y la
heterogeneidad
irrecuperable,
podemos adelantar la imagen de un pasaje históricamente
progresivo de institucionalización de un régimen? ¿Por qué nos pregunta-
mos esto? Pues porque si la heterogeneidad es constitutiva de la política,
siempre irrecuperable plenamente desde la inscripción simbólica, el orden
institucional deberá lidiar con alguna presencia de dicha heterogeneidad,
tomando la distancia con el populismo muchos difusa y difícil de ex-
plicar.
Apuntamos, precisamente, a profundizar (o criticar) la idea de Comunidad
Organizada como espacio de la diferencialidad (el institucionalismo en el
último Laclau). Según el modo en que interpretamos al autor, la cuestión
del predominio o el privilegio altemativo de la equivalencia y la diferencia
es clave. Planteamos la imagen de que la subversión descamisada es (en
términos de heterogeneidad) aquello mismo que el populismo peronista no
puede superar, de modo que la Comunidad Organizada se muestra como
'^
LACLAU,
Emesto (2005). "Populismo: ¿qué hay en el nombre?" En Leonor
ARFUCH
(compiladora): Pensar este tiempo. Espacios afectos, pertenencias. Paidós, Buenos Ai-
res,
pág. 43.
114
STUDIA POLITIC/E ^ 20 ~ otoño 2010
una intensificación de la mptura, en sentido de aparecer como una equiva-
lencia mucho mayor (aquí, como es obvio, estamos entendiendo que dife-
rencia y equivalencia son reverso y anverso de una misma lógica). El signi-
ficado de la Organización, a veces como superación de la lucha de clases
en un habitat de armonía social, a veces como límite identitario que hace
frente a la amenaza del enemigo extemo, tanto en su variante comunista
como en su varíante oligárquica, nos obliga a pensars profundamente la
relación de Sustitución entre descamisado y Comunidad Organizada en el
peronismo. La organización no será en Perón sólo el espacio de la pura di-
ferencia sino que recuperará para sí el lugar de la exclusión frente a un
enemigo que nunca es igual a sí mismo (como decíamos antes, a veces co-
munista, a veces oligárquico, a veces extranjero, a veces nacional, a veces
tolerable en un sistema general, a veces no).
El argumento de nuestro autor, para pensar la prevalencia de una lógica so-
bre otra en el caso del peronismo, se sostendrá, creemos, en una operación
de Sustitución de un significante estmcturante por otro (la Comunidad Or-
ganizada desplazaría como eje de sentido en el discurso peronista al desca-
misado). Este desplazamiento no se mostraría cuantitativamente, es decir,
por el hecho de que el significante Comunidad Organizada aparezca Mayor
cantidad de veces a partir de un momento determinado, sino por el hecho
de que, para Laclau, habría una pérdida del carácter mptural o confronta-
cionista del discurso implicado a partir de la pérdida de intensidad de la fi-
gura del descamisado. Nuestro argumento es que la Comunidad Organiza-
da no deprime el carácter confrontacionista del discurso sino lo desplaza a
otro plano de significación, el de la Organización, ajustando los límites de
la exclusión identitaria. Por ahora, entonces, mantenemos cierta reserva
para pensar la relación, algo paradójica si se nos permite, entre una idea de
doble faz del populismo y otra de un pasaje de lógicas predominantes.
Pensemoss profundamente la idea de un pasaje progresivo. Primero: si
es posible entender la progresividad de la equivalencia hacia la diferencia,
como observa Laclau, podríamos preguntamos por el caso inverso: ¿habrá
progresividad de la diferencia hacia la equivalencia? Si es así, la equiva-
lencia perdería su rasgo ruptural en términos fundacionales. Segundo, y
esto es lo ques nos importa: en el caso de sostener como posibilidad a
la progresividad, estaríamos fijando los polos del juego (Pueblo vs —ha-
cia Comunidad Organizada) de modo que la flotación ya no sería un jue-
go contingente, animado por la indeterminación de la política como tal,
sino que aparecería ya signada positivamente por una finalidad estmctura-
da en base a una promesa o a un horizonte.
Tomemos breves fragmentos de algunos mensajes de Perón para recons-
truir nuestras preguntas y nuestra interpretación. En plena época de ebuUi-
JULIAN A. MELO 115
ción y de construcción de su propio espacio político, el 5 de agosto de
1944,
Perón se refería a la política como una operación de amalgama social
y no de división, pretendiendo construir una cultura política popular que
defendiese al país de sus enemigos. Mostrando que, de entrada, su interpe-
lación constituía un horizonte (a veces dividido en fases, a veces no) de ar-
monía social, como superación de su propia mptura. En 1950,o en que
en su mensaje al Congreso de la Nación hubo de dedicar un apartado de
diatribas contra la oligarquía y la oposición, también observó: "El movi-
miento justicialista atraviesa un período de atracción y tranquilización; ya
hemos terminado la lucha; hemos dejado los palos a un lado para tomar el
violin; hay que empezar a ser tolerantes". En 1953 invitaba a los trabajado-
res a comprar alambre de fardo y a dar leña. En 1954 decía: "A todo el que
no quiera vivir tranquilo en el orden, hay que sacarlo de circulación y po-
nerlo en un lugar donde no pueda alterar el orden. Y en esto vamos a ser
absolutamente radicales". La lista sería interminable, siempre mostrando a
Perón en una tendencia constante de resignificación de su propia ruptura, y,
a la vez, nunca pudiendo superarla.
En la presentación ante el Congreso, en 1955, Perón decía: "La revolu-
ción no ha terminado aún. En tiempos de crisis universales, como las que
atravesamos, todo gobierno debe sentirse en permanente tensión revolu-
cionaría."s adelante, el 15 de juho de aquel mismoo decía: "La re-
volución peronista ha finalizado; comienza ahora una nueva etapa que es
de carácter constitucional, sin revoluciones, porque el estado permanente
de un país no puede ser la revolución". ¿Un signo de torpeza? ¿Un guiño
a la oposición en su pico de beligerancia?s bien, queremos ver allí la
dificultad de un orden para clausurarse a sí mismo. No obstante, ¿indica
esto el pasaje a la institucionalidad, a un sistema predominantemente di-
ferencial?
La pluralidad de significantes estructurantes es evidente. Pero algos
merodea estas breves citas: la propia flotación de significantes al interior
de una pretendida totalidad. No se trata ya de la dificultad de temporalizar
un pasaje de lógicas sino también de ver cómo se inscriben en un discurso
que no logra hacerlas predominar, que no puede superar la indecidibilidad
de la que hablamos previamente.
A modo de conclusión
El 12 de agosto de 1944, Perón decía:
"Aspiramos, por consiguiente, a contar con la incorporación de la
clase pudiente para realizar el milagro de que en la sociedad argenti-
116
STUDIA POLITlC/E 20 ~ otoño 2010
na cada uno dé de lo que posea para el bien común: el obrero, sus
músculos; la clase media, su inteligencia y su actividad; los ríeos, su
dinero, si fuese necesario."
Dos díass tarde, decía:
"Dejaríamos tmnca la tarea de la Secretaría de Trabajo y Previsión
en la fijación de la política social argentina, si atendiéramos sola-
mente los problemas de la clase obrera, como algunos suponen. La
Secretaría de Trabajo y Previsión tiene el anhelo de abarcar con su
acción a todos los argentinos, sean, de la clase trabajadora, de la cla-
se media o de la clase capitalista. Cada uno ha de entrar dentro de
esa armonización para que ningún valor se pierda."
Nuevamente, esto revela la complejidad de una intervención populista
como la de Perón. La armonía comunitaria aparece como superando la
fractura popular, como si la Comunidad Organizada ya estuviera presente
en la huella de la mptura en tanto promesa y horizonte, encaramando a la
parte (el pueblo trabajador) en el todo (la armonía comtmitaria). Pensando
en 1944, cabrá preguntarse entonces por la idea de progresividad.
Será entonces por la propia tensión entre la parte y el todo que el populis-
mo aparece pretendiendo gestionarla de un modo singular. Populismo no
sólo incluye y desafia el principio de contabilización como tal (a la Ran-
ciere) sino que promueve un nuevo príncipio de constitución de la contabi-
lidad comunitaria. En octubre de 1944, Perón decía:
"Quizás el fundamento y el principios importante de la Revolu-
ción consiste en lo que nosotros en nuestra proclama llamamos sim-
bólicamente: 'la unión de todos los argentinos'. No hay solución
para ninguno de nuestros grandes problemas, si antes no realizamos
palmaría y prácticamente la trnión de nuestro pueblo, que a través de
tantos años ha venido disociándose en banderías ficticias y por la
mala acción de sus dirigentes".
Pueblo no será sólo el significante de la inclusión, de la esperada redención
social, sino que será también el significante de la organización. Pueblo es
el nombre de la parte que se redime y recobra los derechos conculcados
por la oligarquía, pero además es el nombre de la totalidad adoctrínada, ca-
rente de disociaciones ficticias. Dirá Perón en 1950:
"Nosotros hemos entregado nuestro movimiento al pueblo; y mien-
tras ellos no se conviertan en pueblo, es decir, mientras no aprendan
a trabajar, mientras no sientan en sus cames mismas el dolor de sus
hermanos y el dolor de la patria como si fuese su propio dolor, no
podrán volver a gobernar, puesto que desde nosotros en adelante
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para gobemar se necesita como única y excluyente condición tener
came y alma de pueblo."
Carne
y alma
de
pueblo son las condiciones de una Comunidad Organiza-
da.s allá de la aceptación y la tolerancia, o no, de las divergencias.
Pueblo es el propio y nuevo significante de la contabilización. Principio de
contabilización que funda la idea de la armonía, presente como vimos des-
de el comienzo, pero que además funda el límite mismo de la exclusión: es
la condición de ingreso del enemigo en ese propio horizonte. ''* Comunidad
Organizada podrá ser comprendida en los mismos términos de algo que
está presente como aquello que está ausente. Comunidad organizada será
el nombre del camino a seguir, el nombre de la fundación sistémica misma,
porque es Pueblo, came y ahna de la argentinidad, un horízonte último im-
posible y necesario porque estmctura el juego político, porque sirve como
espacio contingente de limitación entre aquellos redimidos y aquellos que
alguna vez lo serán.
Nuestra idea es, como ya se viene perfilando, preguntar si es posible ver en
el populismo una traza de fiotación entre espacios de radical inclusión y
exclusión que, por redefinirse en el mismo juego de la flotación, desplaza
las fronterass firmes que suponen la equivalencia popular y la institu-
cionalización comunitaria, y las fundes de una vez. La Comunidad Or-
ganizada podrá ser pensada no sólo como una promesa de orden puramen-
te diferencial sino, y a la vez, como una pura equivalencia (el Pueblo
realizado en la médula nacional). Populismo será entonces el nombre de
una fundación política y de sus propios fantasmas, anclada siempre en la
irresoluble tensión de tratar de superarse a sí misma a partir de su irreduc-
tible heterogeneidad y de la heterogeneidad de aquellos que no se dejan re-
presentar, que son elusivos aun a la categoría de enemigos. Populismo será
una lógica con el ahna partida, herída desde el orígen porque no encuentra
nunca su origen, reticente a la agonía, pero agónica al fin. S)
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Melo, Julián A.
El 0tro de sí mismo. Notas sobre populismo y heterogeneidad
Stud Polit 20 S 2010 p. 105-119
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