Historia mineral.
Ezequiel Martínez Estrada y los
sentidos del telurismo.
Interrogaciones sobre el método.
Gisela
Catanzaro*
Resumen
A partir de una comprensión de los términos de esta convocatoria como
una oportunidad para volver a plantear la cuestión del método en las
Ciencias Sociales —más específicamente: como una chance para inte-
rrogamos, una vez más, por el tipo de relaciones que nuestras lecturas,
nuestra escritura y pensamiento mantienen con lo real—, en este ensayo
comenzamos por retomar, brevemente, algunos elementos de la crítica
del conocimiento en las formulaciones de Walter Benjamin y Theodor
Adorno, para luego pasar a analizar el potencial crítico de los términos y
las imágenes —así como del modo en el que éstos emergen y se meta-
morfosean a los que apela Ezequiel Martinez Estrada en la interpreta-
ción de la historia argentina que nos ofrece su Radiografía de la pampa.
Palabras Clave: Lo Real - Crítica - Adorno - Benjamin - Martínez Es-
trada
Abstract
Undestanding the terms propossed in this wokshop as an opportunity to
look over again the methodological question in Social Sciences —more
Investigadora asistente del CONICET.
Código de referato: SP.118.XX/1I.
STUDIA POLITIC JE ^ Número 20 ~ otoño 2010
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
; STUDIA POLITICE 20 ~ otoño 2010
specifically: as a chance to interrogate once more the kind of relation-
ship our reading, writing and thinking manteins with the real-—, in the
following essay we focus, in the first place, on some topics of the critic
of knowledge displayed by Walter Benjamin and Theodor Adorno; to
analyse, further on, the critical potetitial associated to the terms and im-
ages —as well as to the ways in which those terms and images emerge
and metamorphose themselves Ezequiel Martinez Estrada employs in
the interpretation of the argentínían history offered in his "Radiografía
de la pampa".
Keywords: The Real - Critique - Adorno - Benjamín - Martínez Estrada
A
modo introductorio querría referirme con cierto grado de generali
dad al sentido en el que yo interpreté esta convocatoria, para luego
intentar avanzar en el análisis de un caso concreto que, a mi enten-
der, concieme profundamente al presente de las Ciencias Sociales en nues-
tro país. Me adelanto a señalar que esa cuestión, en la que pretendo con-
centrarme, es la cuestión metodológica, la pregunta por el método, pero
formulada en el horizonte de una interrogación sobre la relación entre pen-
samiento y violencia; y que el caso concreto en el que querría pensar ese
problema es la obra de Ezequiel Martínez Estrada y, en particular, el traba-
jo de interpretación de la realidad argentina que lleva a cabo en Radiogra-
fía de
¡a
pampa.
I
Creo que en los términos de la convocatoria, que no apelan a los modos
de aprehensión de la realidad por parte de las Ciencias Sociales sino que
preguntan por el rol de lo real y la heterogeneidad en ellas, se pueden
leer una serie de desplazamientos que anuncian una cierta incomodidad
en relación a la definición tradicional, y todavía dominantea pesar de
los múltiples cuestionamientos que ha recibido a lo largo de la historia
del pensamiento—, del método científico. Precisamente debido a que esa
incomodidad no es nueva, son muchos los autores a los que podríamos
apelar para plantearla, pero me interesan particularmente los términos
propuestos por el filósofo chileno Pablo Oyarzún, en su estudio prelimi-
nar a una compilación de escritos de Walter Benjamin. "La idea dominan-
te del método propia de una filosofía asimismo dominante —dice Oyar-
zún se limita a preconcebir la verdad a la medida de su representación,
es decir, de su intención, de su voluntad de verdad, olvidando precisa-
mente aquello que una vezy otra, y otra ha despertado esa inten-
ción: un azar, un peligro, un presentimiento, una obstinada aspereza de lo
GISELA CATANZARO 89
real"; y agrega: "En ese olvido prevalece, flagrante, la injusticia." (Oyar-
n Robles, 2001)
A esta injusticia que, por una parte, es injusticia en relación al objeto, con-
denado al círculo identitario del concepto trazado por el sujeto, y por otra
parte lo es en relación al sujeto, cuya potencia reflexiva queda —como di-
a Adomo limitada en los áridos confines del saber implícito, Oyarzún
contrapone la peculiar comprensión benjaminiana del método entendido
como una reivindicación de los fueros de la materia cognoscible, y en la
cual la pretensión de verdad del conocimiento queda inexorablemente aso-
ciada a la tarea de hacerle justicia a lo conocido.
No es mi intención detenerme en las complejidades que esa tarea conlleva
en el modo benjaminiano de lectura y cuyo análisis llevaría muchos
tiempo del que podríamos dispensarle aquí. Me limitaré a recordar aquel
conocido fragmento de la Obra de los
Pasajes
en el que Benjamin redefine
el giro copemicano reclamado por Kant para la Filosofia, poniendo el énfa-
sis en la transmutación de la definición de la "materia cognoscible" que,
incorporando planteos del psicoanálisis y de las vanguardias estéticas,
Benjamin realiza. "El giro copernicano de la visión histórica" es —dice
Benjamin éste: "se consideró que el punto fijo era lo 'sido' y se vio al
presente empeñado en dirigir el conocimiento, por tanteos, a esta fijeza.
Ahora debe invertirse esta relación y volverse lo sido inversión dialéctica,
ocurrencia invasora de la conciencia despertada. La política obtiene el pri-
mado por sobre la historia. Los hechos se convierten en algo que acaba de
salimos al paso, establecerlos es un asunto del recuerdo. Y de hecho el des-
pertar es el caso ejemplar del recuerdo: el caso en que nos cae en suerte
acordamos de los próximo, los banal, lo que estás cerca. Lo que
tiene Proust en mente con el experimento del cambio de los muebles en la
duermevela matutina, lo que Bloch reconoce como la oscurídad del instan-
te vivido, no es otra cosa lo que aqui debe ser asegurado en el plano de lo
histórico, y colectivamente." (Benjamin, 2005) '
Apartándose de la definición dominante de la materia cognoscible como
material en disponibilidad, incualificado, pasivo, y a apropiar como una
identidad por el sujeto cognoscente, Benjamin propone aquí una redefini-
ción de esa materia como algo que no constituye una identidad aprehensi-
' Este fragmento pertenece al Libro de los pasajes, publicado en castellano por Akal
(2005) con traducción de Luis Fernandez Castañeda. No obstante, en este caso seguimos
la traducción propuesta por Pablo OYARZtJN en "Cuatro señas sobre experiencia, historia
y facticidad". De lenguaje, historia y poder. Nueve ensayos sobre filosofía contemporá-
nea, Santiago de Chile, Departamento de Teoría de las Artes, Facultad de Artes, Univer-
sidad de Chile, 2001, p. 217.
90 STUDIA POLITIC/E 20 ~ otoño 2010
ble por la conciencia, sino que —en todo caso le exige un trabajo de in-
terpretación, y, por ello mismo, como algo que, al mismo tiempo, interrum-
pe y suscita al pensamiento, obligándolo constantemente a reiniciarse. Ese
algo es heterogéneo al pensamiento; le sale al paso, no se encuentra en su
ámbito, y esa heterogeneidad es retenida por el trabajo de rememoración,
trabajo de la conciencia que Benjamin tiene en mente como un modo de
relación con los objetos y, en particular, como un modo del conocer, diver-
so a los modos predominantes, y en el cual se hace visible la violencia per-
petuada, metodológicamente ys allá de sus intencionalidades políticas
particulares, por aquellos.
Pues bien, creo que no es disparatado imaginar que la pregunta por "el rol
de lo real y la heterogeneidad en las ciencias sociales hoy" constituya una
ocasión propicia para suscitar una interrogación metodológica de este tipo,
una interrogación que no podría sino ser, al mismo tiempo, critica de los
modos dominantes de la práctica cognitiva y académica. En efecto, mien-
tras la realidad hace tiempo que carga con la impronta de lo idéntico apre-
hensible y, aun tendencialmente, dominable por la conciencia, lo real trae a
la memoria, y muchos después del psicoanálisis, todas las opacidades,
los olvidos, los desconocimientos y la violencia inherentes a la utopía de
una conciencia autotransparente y capaz de dar cuenta plena y adecuada-
mente de la complejidad del mundo.
Dicho esto, querría hacer, no obstante, dos señalamientos.
Por una parte, insistir en el hecho de que esa impronta crítica que trae el
término no puede constituir, en ningún caso, una suerte de garantía para el
pensamiento actual, es decir, sustituir a una práctica crítica que es preciso
producir y que dificilmente pueda dejar intactos los modos académicos vi-
gentes, o, dicho de otro modo, los modoss visibles y estabilizados del
presente del pensamiento. Si lo hace, su "rol" —para apelar al término
muy académico y actual que se invoca en la convocatoria podria limitar-
se a ser el de darle un bamiz jergozo a una práctica científica que en lo
esencial permanece invariada.
Pero,
por otra parte, querría decir que sólo en el sentido de constituir un
elemento del discurso del pensamiento contemporáneo que juega un papel
determinado en el modo en que esas prácticas se configuran, yo me atreve-
a a hablar de un "rol de lo real". Me resultaría diflcil, por el contrario,
imaginar que cosas tan distintas (pero que sin embargo no son ajenas las
unas de las otras) como lo no-fenoménico de Kant, lo que nos "sale al
paso"
en la teoría del conocimiento de Benjamin, o eso que para Lacan
"habla" en el discurso del inconciente y dice una verdad, me resultaría difi-
cil,
digo, pensar que eso que en todos estos casos aparece como negativo e
GISELA CATANZARO 91
inintencional, como límite o exceso, pueda ser positivizado y encargado de
una misión o finalidad, es decir: que se pueda adscribir a eso un rol, como
por ejemplo el de "intermmpir", "exceder", "anunciar" o "fmstrar" las pre-
tensiones de totalidad y plenitud de la conciencia. En lugar de hacer esto,
yo insistiría en la idea anti antropocéntrica y anti antropomórfica de que
"Interrumpir", "suscitar", "exceder", "distorsionar", etc.. no son "roles" de
lo real o de lo heterogéneo; no constituyen ni su finalidad ni su sentido; no
son tareas que ellos realicen y que podríamos comparar/confrontar con las
funciones de lo imaginario, de la ideología, de la conciencia, etc.. De lo
que se trataría, en todo caso, es de que, cada tanto, la conciencia "normal"
es interrumpida/extrañada por el roce con una aspereza (como dice Oyar-
zún) que no se le somete y que sin embargo la afecta, la urge; o bien, de
que cada tanto esa conciencia es interrumpida y extrañada por la emergen-
cia de una palabra que no le pertenece. Pero sin suponer que esta emergen-
cia le esté dedicada a la conciencia; que aquella aspereza de lo real está
allí para el hombre, como si éste constituyera la referencia absoluta en re-
lación a la cual, únicamente, todo lo demás pudiera comenzar a existir y
cobrar significación.
II
Paso ahora a mi "caso", al caso Martínez Estrada, que me parece un caso
singularmente potente para analizar las relaciones entre pensamiento y vio-
lencia tanto como los modos de una reflexión crítica que no confia en el
sentido preestablecido de los términos que —no obstante tampoco se
propone abandonar o superar, poniendo en práctica una peculiar exigencia
de autointerrogación del lenguaje de la crítica; y que, por otra parte, en esa
práctica de lectura, práctica interpretativa, muestra una enorme sensibilidad
para dar expresión al dolor de los cuerposa lo históríco-real sin ceder
a tentaciones antropomórficas, sin dignificar a los cadáveres, o, como diría
Benjamin, sin prestarle a las calaveras la gracia simbólica del sentido ni la
vitalidad del rostro.
Este último rasgo, la perseverancia en dar expresión a lo dolorido y fallido
de la historia argentina y latinoamericana, y de hacerlo a la intemperie,
despojado de toda tonalidad épica, me pareció el rasgos peculiar de su
obra y, en particular, de Radiograßa de la pampa, de allí el título de mi tra-
bajo —"Historia mineral" que se enlaza con una interpretación de "lo ra-
diográfico" menos como un método de investigación que indaga en las
profiindidades ocultas de una superficie, que como una imagen de esa mis-
ma superficie tal como ésta irrumpe en la conciencia en un momento deter-
minado.
92 STUDIA POLITIC/E 20 ~ otoño 2010
En otros términos: si lo que una radiografia muestra son los huesos, habi-
tualmente entendidos como el basamento estructural, el soporte de una
vida orgánica, al mismo tiempo, en la radiografia, esa vida aparece como
hueso, y mi hipótesis es que en esa aparición, mejor, en la instantánea que
capta la inexpresividad del hueso como la verdad del rostro, Martínez Es-
trada produjo una reflexión sobre la Argentina y una conceptualización de
la historía muchos compleja y verdadera que las que fueron capaces de
producir muchos cientistas sociales del último siglo que asumieron de una
vez y al principio del razonamiento la dicotomía naturaleza/historía, y, con
ella, la idea dominante de lo histórico como dinamismo, definido por opo-
sición a la inmutabilidad del orden natural.
Enseguida me voy a detener brevemente en una de las imágenes de Radio-
grafla de la pampa que me parece particularmente potente en cuanto a su
capacidad crítica y expresiva: la imagen de una naturaleza siniestra en la
cual un horror históricamente producido retoma al hombre bajo la doble fi-
gura de la tierra-tumba y la tierra-cadáver, cargando la impronta paradójica
e insoportable de lo real.
Pero antes querría observar que esa imagen, que no ilustra un concepto, no
surge tampoco de otra noción de historicidad -de una noción diferente, di-
gamos, a la de una historia humanista y progresiva que habría sido descar-
tada al comienzo de la investigación como inherentemente falsa-, sino de
las transmutaciones que van sufriendo los conceptos en una reflexión a la
que la realidad se le presentas como una problemática que como el ob-
jeto inerte de una sistemática. Creo que allí se cifra una de las peculiarida-
des metodológicas de Martínez Estrada y también una de las peculiaridades
de Radiografla de la pampa, reflexión donde los términos "Naturaleza" e
"Historia", "Civilización" y "Barbarie", no aparecen como conceptos ar-
quitectónicos, sistemáticamente establecidos en un inicio y a partir de los
cuales se despliega la argumentación, sino como partes de un rompecabe-
zas que la interpretación va componiendo de diversos modos hasta que en-
cajen en una figura legible; una figura en la cual, a la inversa, se retienen
los sentidos muchas veces contradictorios sedimentados en cada uno de
aquellos términos.
Salvo pocas excepciones, la Naturaleza porta, en Radiografla de la pampa,
la impronta de lo negativo, de la destmcción, de la muerte. Esa negatividad
no es, no obstante, siempre la misma. Ella señala, a veces, lo "todavía no"
mediado por el hombre, lo anterior a la Historia, lo in-cultivado atrapado
en el fijismo de lo siempre igual, de lo idéntico, opuesto al devenir del
mundo histórico y que amenaza con avasallar a eso propiamente histórico.
Otras veces, esa negatividad de la naturaleza, no aparece ya como un factor
simplemente ajeno, exterior a la historia, sino que menta la regresión/invo-
GISELA CATANZARO 93
lución de la misma historia, que degeneraría en lugar de progresar en la
conquista de niveles cada vezs elevados de espiritualización y cultura.
Y, finalmente, la negatividad de la naturaleza aparece como revancha o
venganza de una naturaleza vencida, una naturaleza que no es ya ajena a la
conquista sino que aparece como plenamente conquistada, como el produc-
to de una historia que, en lugar de decaer, ha alcanzado un nivel máximo
de desarrollo.
La imagen de esta naturaleza y, en particular, de la tierra, revela, dice Mar-
tínez Estrada, una verdad; y esa verdad es, como en los otros dos casos, la
muerte. Pero esa muerte no proviene de uns allá de la historia, ni de
una historia degenerada o impotente, sino de una historia triunfal, la histo-
ria de la conquista de América, que convirtió a la tierra, a toda la tierra, en
primer lugar, en la gran tumba del aborigen aniquilado, que no ha cesado
de morir a su interior, y cuya muerte se prolonga verticahnente en los pue-
blos que se fundaron siguiendo su fuga. Las tierras pampeanas son la tum-
ba de cadáveres sepultados, insepultos e insepultables; esta es la primera
verdad que, en una máxima abreviatura históríca, anuncia la naturaleza si-
niestra en Radiografia de la pampa. La segunda, e indisociable de la ante-
rior, es que esta tierra-tumba es también, ella misma, tierra-cadáver. Como
cuerpo en el que el conquistador ejerció su afán de dominio y propiedad, la
tierra no ess que un despojo, huella de la huida de los perseguidos y
aniquilados, gran cadáver ella misma, inexpresiva tierra baldía que sólo
contaría como el botín ques tarde podría ostentarse en calidad de trofeo
y que, como abstracto y homogéneo "espacio", adquiríría valor metafisico.
Martínez Estrada lee con miedo esa naturaleza siniestra que anuncia la
ominosa presencia de la muerte, pero no la lee —aquí como un mero
factor superior en fuerza, ni como un difuso exceso frente a la ideación,
sino como encamación del horror racionalmente organizado y sistemática-
mente implementado por la lógica de conquista que guió el poblamiento de
estas tierras, y que la historia sucesiva no ha hechos que perfeccionar.
Y es porque muestra el perfil cadavérico de las fantasías positivas alimen-
tadas por la razón conquistadora —riqueza, dominio, progreso que la
"llanura destructora de ilusiones" anuncia una verdad. Esa verdad, la ver-
dad que revela la tierra al imponerse como muerte, no es ni una verdad na-
tural, ni la de un suceso por-venir, sino la de la actualidad de lo humano;
pero esa verdad no compete exclusivamente al hombre sino también a
aquello que el hombre ha desocultado en modos singulares de relacionarse
con objetos que ahora se le presentan como cifi^as en las que es posible leer
el propio horror.
Ahora bien, esa lectura no exige únicamente que dispongamos de concep-
tos con los cuales elaborar la crítica, sino que exige también un trabajo
94 STUDIA POLITIC/E 20 ~ otoño 2010
critico sobre los conceptos disponibles; conceptos que, si no son indiferen-
tes al roce con una materialidad heterogénea al concepto, tienen que reve-
larse,
al mismo tiempo como necesarios e insuficientes para nombrar lo
que es preciso nombrar: las múltiples y cambiantes formas en que una vio-
lencia, que no es nueva, se perpetúa en el presente, en este presente, que,
por cierto, es también el presente del pensamiento.
El modo de la reflexión estradiana no es lisa y llanamente ajeno a esa vio-
lencia, pero creo que nos permite pensar una inflexión en las relaciones en-
tre pensamiento y violencia, a la que él mismo se refirió muchos añoss
tarde en tin prólogo a una antología de su obra, en términos de la distinción
entre pensamiento y deporte. Aquél sufre y realiza violencias, éste sólo las
ejecuta. El pensamiento es descolocado por las revelaciones que le salen al
paso y lo obligan a tomar cursos insospechados hasta entonces, pero tam-
bién es descolocado por su propio avance contradictorío o paradójico. Am-
bos factores -porque son dos, irreductibles a una unidad- no son, sin em-
bargo, independientes, como sugeriría la imagen de un viraje de
cosmovisiones subjetivas. Entre ellos se establece una determinada rela-
ción de solidaridad que podríamos llamar la solidaridad de la discontinui-
dad entre un pensamiento que se reconoce como asaltado, afectado por tma
revelación y, al mismo tiempo, como procediendo él mismo a saltos para
persistir en su empeño de producir un conocimiento verdadero. Como el
que busca los huesos detrás de la carne, el decurso del pensamiento de
Martínez Estrada tiene una lógica propia, irreductible a la matería en la que
trabaja, y está orientado por una intencionalidad cognitiva. Y, sin embargo,
a diferencia del científico sistemático, ese pensamiento retiene, guarda,
cuida sus paradojas y contradicciones; es contradictorio y paradójico por-
que renuncia, cada vez, a corregir la frase anterior en busca de adecuación,
sistematicidad y continuidad armónica del sentido, y no tanto porque haya
hecho de la contradicción y de la paradoja un método positivo que a partir
de allí se dedique a aplicar.
Martínez Estrada no busca la contradicción, la acepta; y si es evidente que
tal aceptación es toda una decisión metodológica, se trata, a la inversa, de
la decisión de no borrar las huellas de los desmayos de la intención y de la
vulnerabilidad de un pensamiento afectado por la realidad y por sus pro-
pias discontinuidades internas. Esa decisión supone una violencia que
parafraseando a Adomo podríamos llamar la violencia extraordinaria del
pensamiento requerida para suspender su violencia ordinaria; sin embargo.
^ Coincidimos con Liliana Irene Weinberg de Magis cuando afirma que Radiografía de
la pampa "sólo se vuelve accesible al lector puesta en clave paradójica", pero a nuestro
entender es necesario matizar la idea de que lo paradojal constituya exclusivamente un
GISELA CATANZARO
95
me resistiria
a
intentar comprenderia
en la
terminología
de los
"recursos"
^,
los "dispositivos"
y los
"programas", debido
a
que
tal
léxico vuelve impen-
sable
la
sutil diferencia entre ambas, reduciendo
el
problema
del
método
a
un conjunto
de
aplicaciones
de
programas diversos pero todos igualmente
continuos
al
interior,
e
indiferentes
a la
materialidad
en la
que trabajan.
Ese
modo
de
abordaje
de la
cuestión metodológica auspicia
la
intelección
de
las discontinuidades
en una
obra como traducciones
s o
menos literales
de
las
mutaciones
en las
perspectivas
de
análisis debidas
a los
virajes
de
una intencionalidad analítica —psicológica
o
socialmente determinada
que,
en
cualquier caso, aparece como autosuficiente
y que
—como decía
Pablo Oyarzún tiende
a
olvidar "precisamente aquello
que una
vezy
otra,
y
otra
ha
despertado
esa
intención:
un
azar,
un
peligro,
un
presenti-
miento,
una
obstinada aspereza
de lo
real", identificando
el
conocimiento
con
el
ejercicio
de esa
violencia dominante
que
reduce
la
complejidad
de
la realidad
a los
términos
de su
intelección subjetiva.
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de
¡apampa. Edición critica,
Leo
Pollman coordinador,
T
edición, Madrid/Bs. As., ALLCAXX,
1996
recurso,
una
herramienta, empleada
por
Martínez Estrada ensayista sugerida
en la si-
guiente afirmación
de la
autora: "Radiografia
de la
pampa
se
convierte
en el
primer gran
proyecto
de
Martínez Estrada
en el que el
empleo
de la
paradoja
se
vuelve programático
(...)
la
paradoja
se
vuelve
en
manos
de
Martínez Estrada herramienta
de
trabajo
y
arma
de combate".
WEINBERG
de
MAGIS,
L.:
"Radiografia
de la
pampa
en
clave paradójica",
en
MARTÍNEZ ESTRADA,
E.:
Radiografía
de
la pampa. Edición crítica,
Leo
Pollman coor-
dinador, 2" edición, Madrid/Bs. As., ALLCAXX, 1996, páginas 471
y
473 respectiva-
mente.
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Catanzaro, Gisela
Historia mineral. Ezequiel Martinez Estrada y los sentidos del telurismo.
Interrogaciones sobre el método
Stud Polit 20 S 2010 p. 87-95
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