Hegel y la cancelación de lo Real.
El "sujeto hegeliano-lacaniano"
visto desde una perspectiva
histórico-intelectual
Elias José Palti *
Resumen
El presente trabajo se propone revisar la lectura que Slavoj Zizek realiza
de la
obra^
de Hegel y, en particular, de su concepto de sujeto. En clave la-
caniana, Zizek se enfoca en la distinción establecida por Hegel en su Fe-
nomenología del espíritu entre Sustancia y Sujeto, y se propone demostrar
que lo que distingue a este último es su imposible coincidencia respecto de
sí mismo, su desfasaje constitutivo. Según se muestra aquí, tal interpreta-
ción lo lleva, en realidad, a violentar el pensamiento hegeliano proyectan-
do sobre el mismo categorías que eran por completo extrañas a su univer-
so concebible de discurso y que sólo se harían concebibles a partir de la
quiebra de algunos de los supuestos fundamentales en que el niismo se
sostenía. No obstante, el tipo de anacronismos en los que incurre Zizek se-
rían reveladores de una problemática epistemológica mayor, por lo tanto,
que atraviesa de conjunto la reflexión contemporánea acerca de la política!
Palabras Clave: Sujeto - Zizek - Hegel - Lo Real
Abstract
The present paper intends to reconsider Slavoj Zizek's reading of
Hegel's work, and, in particular, of his concept of Subject. In a Lacanian
UNQ/UBA/CONICET
Código de referato: SR109.XX/11
STUDIA POLITICO ^ Número 20 ~ otoño 2010
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
40 STUDIA POLITIC/E 20 ~ otoño 2010
key, he focuses on Hegel's distinction, in Phenomenology of
Mind,
bet-
ween Substance and Subject, trying to show that the distinguishing fea-
ture of the latter is its impossible coincidence with
itself,
its constitutive
disjunction. As this paper demonstrates, this interpretation leads Zizek to
inflict violence upon Hegel's thinking, projecting upon it categories that
were completely alien to the conceivable universe of his discourse. Ac-
tually, these categories would become available only after the break of
some of the fundamental assumptions on which Hegel's thinking rested.
At any rate, ¿izek's anachronism is revealing of a broader epistemologi-
cal problem, which, therefore, currently encompasses the entire philoso-
phical reflection on politics.
Keywords: Subject - ¿izek - Hegel - The Real
L
A
cuestión del sujeto ha sido objeto de interés renovado, colocándo-
se nuevamente, luego de un largo eclipse, en el centro de la reflexión
político-filosófica. Este resurgimiento esconde, sin embargo, una
reformulación radical de su mismo concepto. El sujeto al que ahora se bus-
ca pensar ya no sería el propio de la tradición cartesiana, sino otro muy
distinto. La idea lacaniana del sujeto escindido, el cual se hurta radical-
mente a toda inteligibilidad puesto que se encuentra situados allá del
ámbito simbólico, constituye su mejor expresión. Existiría, en fin, un vín-
culo estrecho entre ese sujeto anterior al proceso de subjetivacíón y lo
Real, según lo definiera Lacan.
Tal reformulación va a servir de motivo, a su vez, para revisar retrospecti-
vamente la historia del pensamiento occidental y hallar esbozos y anticipa-
ciones de dicho concepto del sujeto en el seno de esa misma tradición a la
que ahora se cuestiona. Distintos autores van así a descubrir ya tal asocia-
ción del sujeto con aquello que resiste a todo intento de simbolización en
la obra de pensadores que, como Kant o Hegel, hasta ahora habían sido
considerados los pilares de la visión "moderna" del mismo (una entidad
autotransparente, en completo control de sus propias condiciones de exis-
tencia).
Esta última interpretación se afirma ahora que resulta superficial,
perdiendo de vista todo aquello que se rebela en la obra de estos autores
contra esta visión aproblemática del sujeto, y que constituiría, precisamen-
te,
el núcleo de su pensamiento.
Quizás el mejor ejemplo de esta empresa de revisión filosófica sea la relec-
tura en clave lacaniana que ofrece Zizek del concepto hegeliano de sujeto.
En este trabajo nos proponemos, concretamente, analizar la interpretación
que ofrece Zizek de los escritos de Hegel acerca del sujeto. Y también los
problemas que dicha interpretación plantea desde un punto de vista históri-
co-intelectual. En definitiva, como veremos, la serie de anacronismos en
ELÍAS JOSÉ PALTI 41
los que incurre Zizek resulta reveladora de un problema epistemológico
s general, que atraviesa de conjunto a la reflexión filosófico-política
contemporánea.
Sujeto y Sustancia en Hegel: la lectura de ¿izek
En For they know not what they do Zizek ofrece su acercamientos sis-
temático a la obra de Hegel y su idea de sujeto. El punto de partida de su
reflexión es la famosa máxima con que Hegel abre su Fenomenología del
espíritu: "todo depende de que lo verdadero no se aprehenda y se exprese
como sustancia sino también, y en la misma medida como sujeto" (Hegel:
1985,
15). Lo que buscará Zizek en este libro es, precisamente, compren-
der el significado de esta distinción que establece Hegel entre sustancia y
sujeto (distinción que sus críticos o bien habrían ignorado o bien malinter-
pretado); qué es ese sujeto que ya no es meramente sustancia. Y la clave
para ello lo ofrece, entiende, Lacan. Su obra contendría la cifra para pene-
trar aquello que en Hegel se encontraría implícito pero soterrado, permane-
ciendo así oculto a sus lectores e intérpretes.
La sustancia, para Hegel, es una entidad siempre idéntica a sí misma, ex-
presiónn de un concepto carente de determinaciones, del que no puede
predicarse nada puesto que la adición de algún predicado (v.g.: la rosa es
roja) convertiría al sujeto en algo distinto de. El resultado es una pura
tautología, la pura afirmación de la propia existencia (como el "Soy el que
soy" de Dios). El sujeto, en cambio, sólo puede definirse poniéndose un
predicado, es decir, volviéndose algo distinto de. Lo que definiría al Su-
jeto y lo distinguiría de la Sustancia sería, en fin, este permanente desfase
respecto de, su imposible coincidencia consigo mismo.
El mejor remedio contra la mala comprensión de la tesis hegeliana
sobre la Sustancia como Sujeto es confiar en la noción cotidiana, co-
múnmente aceptada de lo "subjetivo", como cuando decimos de una
opinión que representa un visión "subjetiva" (distorsionada, parcial)
de la Cosa en cuestión: "Substancia como Sujeto" significa (también)
que la no-verdad, el error, es inherente a la Verdad misma —^para re-
tomar la aguda formula de Rose, que la Sustancia es "es no-verdade-
ra como Sujeto" (Zizek: 1991, 105).
En la Lógica de Hegel Zi:zek encuentra el fundamento conceptual para tal
distinción. Todo juicio, señala allí, es una relación entre lo universal del
predicado (un concepto genéríco que se aplica a infinidad de sujetos) y lo
particular del sujeto (un elemento singular). Lo particular se encontraría,
sin embargo, siempre simultáneamente en exceso y en defecto respecto dé
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lo universal del predicado, permaneciendo, por lo tanto, siempre al mismo
tiempo sub- y sobre-definido. Es decir, ningún particular se reduce a su ge-
nus,
lo que nos da una definición abstracta de la cosa en cuestión (v.g.: una
rosa es roja; indudablemente, hay muchas cosas rojas que no son rosas, es
decir, en el predicado hay siempre muchos de lo que corresponde al'
sujeto).
Inversamente, ningún conjunto de elementos particulares alcanza a
agotar el marco vacío de lo universal (es decir, en el sujeto hay, también,
muchos que lo que hay en cualquier conjunto finito de predicados).
Para Hegel, afirma Zizek, esta imposible correspondencia entre el sujeto y
los atributos que lo definen resulta ineliminable.
La discordia entre lo Universal y lo Particular podría "resolver-
se",
y alcanzarse el reposo de un encuentro afortunado, si la
disyunción, la división del genus universal, fuera exhaustiva, no
dejase ningún residuo. Sin embargo, la disyunción / división del
conjunto del significante nunca es exhaustiva, siempre permanece
un lugar vacío ocupado por el elemento excedente que es el con-
junto mismo en la forma de su opuesto, esto es, el conjunto vacío
(Zizek: 1991, 44).
A partir de esta comprobación surgen, sin embargo, dos interpretaciones
distintas. Ambas difieren, a su vez, del esquema estándar —claramente
simplista, para Zizek que cuestiona el concepto dialéctico hegeliano en
la medida en que, según entiende, conlleva un permanente regreso del Su-
jeto sobre (ignorando así esta distinción —crucial, para Zizek entre
Sujeto y Sustancia).
La primera crítica a esta visión estándar parte de la presencia de este des-
fase inevitable entre el sujeto y el predicado de todo juicio para señalar
que,
para Hegel, el Sujeto se situaria, en realidad,s allá del orden del
discurso, remitiría a aquella instancia que no puede nunca asirse mediante
categorías. La segunda crítica, que es la que sostiene el propio Zizek, se-
ñala, en cambio, que el Sujeto no es algo situados allá del orden del
discurso, no refiere a ninguna entidad que préexiste a las categorías con
las que busca definirse (siempre deficientemente) sino que es esa misma
imposibilidad de definición.
Volvemos aquí a los dos modos de leer la fórmula de la "metáfora
del sujeto": está claro que en la primera lectura (el sujeto como el
último, siempre elusivo punto de referencia) el sujeto esn inter-
pretado como una sustancia, como una entidad substancial tras-
cendental, mientras que en la segunda lectura (el sujeto como la
brecha que impide a nuestro discurso convertirse en un medio
neutral de designación) indica la dimensión propia del sujeto. En
ELIAS JOSE PALTI 43
Otras palabras, estas dos lecturas expresan, en el nivel de la comu-
nicación intuitiva, la dualidad misma entre Sustancia y Sujeto (Zi-
zek: 1991, 50).
La primera interpretación concibe, pues, al Sujeto hegeliano como una es-
pecie de residuo que resiste obstinadamente su conceptualización. Según
afirma Zizek:
Los críticos se apuran a agregar que la superación de las determina-
ciones externas contingentes nunca se producen sino con un cierto
residuo —que existe siempre un cierto remanente que resiste la supe-
ración-intemalización dialéctica, siendo al mismo tiempo su condi-
ción de posibilidad. En otras palabras, que el movimiento dialéctico
no puede dar cuenta de un cierto exceso que es simultáneamente la
condición de su posibilidad y de su imposibilidad (Zizek: 1991, 74).
Así,
sin embargo, sigue concibiendo al mismo como si se tratara de una en-
tidad trascendente, es decir, como una Sustancia.
¿Qué está errado en esta crítica? La clave la ofrece la gramática, en
el uso de Hegel del tiempo. El momento final del proceso dialéctico,
la "superación de la diferencia", consiste no en el acto de su supera-
ción, sino en la experiencia de cómo la diferencia/«e siempre ya su-
perada; de cómo, en un sentido, ella nunca existió efectivamente. La
superación dialéctica es así siempre una especie de desenmascara-
miento retroactivo; el punto no es superar el obstáculo a la Unidad
sino experimentar cómo el obstáculo nunca fue tal; cómo la aparien-
cia de un "obstáculo" se debe sólo a nuestra perspectiva errada "fini-
ta" (Zizek: 1991, 62-3).
Para decirlo de otro modo, el Sujeto hegeliano, en la interpretación de Zi-
zek, no es pre-simbólico, sino que indica una falla en el propio mecanismo
de su simbolización. Zizek remite aquí al concepto lacaniano de lalangue
como un impedimento inherente al campo simbólico para lograr su auto-
clausura y plena objetividad. En definitiva, el Sujeto hegeliano no es otra
cosa que lo que Derrida designara con el término de diffèrance. Irónica-
mente, la crítica deconstruccionista no haces que replicar los propios
términos utilizados por Hegel en su cuestionamiento del concepto de Sus-
tancia. Rodolphe Gasché, asegura Zizek, "refuta a Hegel por medio de He-
gel mismo".
Se trata, sin dudas, de una lectura de Hegel muchos rica y sugerente
que las tradicionales, pero que, lamentablemente, ilustras acerca del
concepto lacaniano de sujeto que del hegeliano. En realidad, Zizek confun-
44
STUDIA POLITICÍ 20 ~ otoño 2010
de allí tres nociones completamente distintas de la subjetividad. Llegado a
este punto, resulta necesario, pues, desenredar este enredo. Cuando aborda-
mos el tema desde una perspectiva histórico-conceptual, se descubre clara-
mente hasta qué punto ¿izek produce aquí un trastocamiento de los univer-
sos de discurso, proyectando retrospectivamente sobre Hegel conceptos y
categorías que eran, en realidad, por completo extrañas al régimen particu-
lar de saber en que su filosoña se inscribe. En definitiva, si queremos en-
tender qué estaba diciendo cuando estableció aquella distinción con que
abría su Fenomenología del espíritu debemos historizar el concepto de Su-
jeto reinsertando el mismo en los marcos del horizonte particular de discur-
so dentro de los cuales éste podía volverse concebible para Hegel, penetrar
el suelo categorial que éste tenía disponible para hacerlo.
De la Sustancia al Sujeto: evolución y preformación en el siglo XIX
El cuestionamiento que Hegel realiza a la concepción de lo absoluto como
sustancia tiene, en realidad, dos destinatarios distintos. El primero refiere
al ideal cartesiano, que en "La época de la imagen del mundo" Heidegger
identificara como el "sujeto modemo" sin más. Heidegger remonta allí el
concepto de sujeto a su raíz filológica: el subjectum, traducción latina del
hypokeimenon griego, indicaría aquello que se mantiene inalterable por de-
bajo de los cambios de forma que se le imponen. Antiguamente, todo aquello
de lo que pudiera predicarse un cambio de estado sería sujeto. Es sólo en la
edad modema que el Hombre deviene el fundamento último de la inteligi-
bilidad del mundo. ' La figura de Descartes marca aquí el punto de inflexión.
Ciertamente, en contra de lo que pensara Heidegger (para quien este con-
cepto subyace a toda la metafisica occidental desde Descartes en adelante)
no es ésta ya la idea de Sujeto de Hegel, sino, justamente, de lo que él de-
signa, en una primera instancia (como veremos luego, hay todavía una se-
gunda referencia al término), como Sustancia. Para comprender las trans-
formaciones conceptuales producidas en el siglo XIX es necesario, como
dijimos, rastrear el sustrato intelectual en que las respectivas nociones de
sujeto se fundaban.
La idea cartesiana de sujeto, a la que luego Hegel refiere en términos de
Sustancia, tiene su modelo en el ideal preformista de la historia natural de
' "El
hombre pasa
a ser
aquel existente
en el
cual
se
funda todo
lo
existente
a la mane-
ra de su ser y de su
verdad.
El
hombre
se
convierte
en
medio
de
referencia
de lo
existen-
te
como
tal.
Pero
eso
sólo
es
posible
si se
transforma
la
totalidad
de lo existente" (Hei-
degger:
1960, 79).
ELÍAS JOSÉ PALTI 45
la Ilustración, teoría primero formulada por Marcello Malpighi (1628-
1694).
Según ésta, si aislamos la hipótesis de tina intervención sobrenatural
continuada en el desarrollo de todo organismo, debemos suponer que todos
sus estados posteriores se contendrían ya, al menos como una posibilidad
potencial de desarrollo, en su germen. El desarrollo embríonal no serías
que un crecimiento de aquellos caracteres ya preformados en el germen. El
organismo, en fin, es pensado como sustancia, es decir, como un sustrato
que permanece inalterable por debajo de los cambios de forma a los que se
ve sometido por la acción del medio, carece de todo impulso o principio
formativo inherente.
Hacia fines del siglo dieciocho, dicha doctrína comenzaría a ser desafiada
por la reactualización de dos perspectivas, des antiguo orígen, opuestas
entre: el vitalismo y el epígenetismo. El concepto vitalista es reformula-
do por Georg Ernst Stahl y opuesto a las teorías materialistas que preten-
dían explicar los movimientos voluntarios, la sensación y el pensamiento
sobre la base de mecanismos estríctamente causales. Conocido por su teo-
a del flogisto, Stahl, en Theoria medica vera (1798), sostenía que el alma
o la vida {anima) era algo previo e independiente de la matería; una suerte
de substancia inmaterial que simplemente circula a través de los cuerpos,
en sus jugos orgánicos, evitando su descomposición (la que se produciría
tan pronto como tales cuerpos quedasen librados a fuerzas exclusivamente
fisicas). Esta teoría intentaba así dar cuenta del factor que distingue a los
organismos vivos de los mecanismos inanimados. Aunque influyente, rete-
an connotaciones místicas que minaban su credibilidad científica. Sin
embargo, pronto comenzaría el proceso de fisicalización de las qualítates
occultae. Los experímentos con patas crispadas de sapos de Galvani (en los
que lograría reactivar la materia muerta por medio de pequeños shocks
eléctricos)
^
dan un impulso decisivo en esta dirección. El principio vital
sería entonces identificado con ciertas sustancias físicas, volviéndose así
susceptible de análisis científico. El pensamiento occidental comenzaba de
este modo a definir un nuevo programa para: ya no se tratará simplemen-
te de descubrir el orden y estructura del universo sino el principio de su
formación; si el hombre quería emular a Dios debía ahora traspasar el pla-
no de las formas visibles y penetrar ese sustrato oculto que hace a las cosas
ser. Entramos aquí en un nuevo régimen de saber; una suerte de vuelta a lo
que Foucault llamó el sistema de las signaturas.
En el plano de la biología esto llevaría al redescubrimiento de la Theoria
Generationis propuesta por Wolfen 1759, y que permaneciera largamente
^ Éste es el contexto en el que nace el
Frankestein.
O el
nuevo Prometeo
de Mary
SHELLEY.
46
STUDIA POLITIC/E 20 ~ otoño 2010
olvidada. Éste había descubierto que, contra lo que afirmaban las teorías
del preformismo germinal, en el desarrollo del embrión surgen partes y ór-
ganos que no se encontraban presentes previamente. Él descríbió este desa-
rrollo como el resultado de un proceso de segregación y solidificación de
substancias orgánicas impulsado por una fuerza formativa o vis essentialis.
El problema que esta teoría no respondía aún, sin embargo, y que llevó a
descartar la misma, era cómo explicar que todos los órganos diversos co-
rrespondientes a un mismo ser pudieran mantenerse siempre perfectamente
correlacionados, trabajando armónicamente entre, siendo resultado de
una serie de transformaciones operadas sobre una sustancia originaríamen-
te inorganizada.
El redescubrimiento y reformulación de la teoría wolffiana se debe a J. F.
Meckel (1781-1833). Éste postula tin proceso formativo germinal en térmi-
nos de una cadena correlacionada de estadios progresivos. Para él, los ma-
míferos, incluido el hombre, padecen un desarrollo embrionario que
comienza por el estadio animals sencillo (el pólipo), y se eleva progre-
sivamente hacia estadios superiores de organización (gusano, crustáceo,
etc.),
hasta alcanzar aquellas formas que corresponden a su especie. En
Historía de ¡a evolución de los anímales (1828), von Baer sistematiza esta
idea de Meckel apelando para ello a la "teoría de la correlación" de Cuvier.
Dicha teoría, que le había permitido a este último convertirse en el paleon-
tólogo líder en la primera mitad del siglo pasado, explicaba la economía
animal sobre la base de la mutua correspondencia entre órganos y partes.
Como mostraba Cuvier en Leçons d'anatomíe comparée (1800-1805), sólo
algunos órganos pueden coexistir (el ejemplo estándar de Cuvier es el de
los mamíferos: a fin de poder sobrevivir, éstos requieren dientes filosos y
garras para atrapar a sus presas, así como un estómago e intestinos adecua-
dos para digerir came, etc.). Mediante esta combinación de las nociones de
finalidad y estmctura Cuvier introducía un nuevo giro en el desarrollo de la
fisiología modema. Su punto de vista fúncional-holístico demolía el princi-
pio de continuidad en que descansaba la "historia natural" de la Ilustración
(así como también las doctrinas vitalistas). Para él no todas las formas de
vida posibles eran funcionalmente viables; una vez que un órgano príncipal
se modifica, los demás deben también hacerlo de un modo acorde. Y ello
hacía insostenibles las teorías evolucionistas: según este concepto, sería
imposible pasar de una combinación de órganos a otra a través de una serie
de gradaciones insensibles. En consecuencia, Cuvier, en contra de
Geoffroy (con quien tuvo una sonada disputa) negaría la existencia de un
único plan de formación para todo el reino animal, postulando en cambio
la existencia de cuatro planes fundamentales, radicalmente discontinuos
entre.
ELIAS JOSE PALTI 47
Von Baer traslada este concepto al plano ontogenético (la formación del em-
bríón).
A la idea de gradación, correlato embríológico del transformismo de
Geoffroy, von Baer le opondría la deformación, es decir, procesos genéticos
que siguen "planes de desarrollo" específicos (von Baer distinguió, con Cu-
vier, cuatro fundamentales). Éste reinterpretaba asi el desarrollo embrional
como el pasaje sucesivo a través de formas diferentes pero flincionalmente
correlacionadas, es decir, como un proceso formativo progresivamente diver-
gente en el que en un prímer estadio aparecen en el embríón sólo los rasgos
s generales comunes que identifican a la clase respectiva, luego las de su
ordens específico, hasta que surgen aquellos correspondientes a su espe-
cie particular y, finalmente, sus características individuales. Mediante esta
síntesis entre las ideas de Cuvier y
Wolff,
von Baer pretendía discutir a am-
bos.
Contra las doctrínas preformistas (Cuvier), afirmaba la idea de un pro-
ceso formativo progresivo a nivel ontogenético. Contra las vitalistas (Wol-
ff),
rechazaba el concepto de "fuerzas motoras" primordiales distintas de
las formas en que éstas se manifestaban. El resultado será un concepto nue-
vo de la preformación, un modelo de formación progresiva en el que lo que
se encuentra preformado no sería ningún conjunto de rasgos definidos,
sino el principio que los conforma. El mismo, sin embargo, contra la idea
de los vitalistas, ya no sería ninguna "substancia" o "fuerza formativa sino
un orden lógico de transformaciones sucesivas, mutuamente correlaciona-
das —algo parecido a lo que hoy llamamos un 'programa genético'.
Esto producirá un desplazamiento conceptual fundamental. La vida, el
Ser, se trasladará al ámbito objetual, volviéndose así tematizable, susceti-
ble de tomarse objeto de un saber, deviene, en fin, en palabras de Foucault,
un "trascendental objetivo" (Foucault: 1984). Y esto nos conduce a la se-
gunda, ys específica, referencia de Hegel en su crítica a la idea de Sus-
tancia. El primer romanticismo alemán tomaría el concepto vitalista de
fuerza formativa {nissus formativus o Kraft) como base para pensar los
procesos orgánicos, tanto naturales como histórico-sociales. De este modo,
seguiría pensando lo absoluto, el ser (en tanto que organismo), como una
esencia desprendida de las formas en que la misma se manifiesta, y que las
préexiste. Las nuevas teorías biológicas le permitirían, en cambio, a Hegel,
pensar una idea de desarrollo orgánico en el cual se quiebra esta mutua al-
teridad. El nuevo concepto de organismo que entonces se impone indica
aquello que contiene dentro de sí el príncipio de sus propias transformacio-
nes,
es decir, que es Sujeto de sus atributos, puesto que emanan de si, y no
meramente una Sustancia a la que se le imponen o adicionan sus atributos
desde afuera. Esto supone una redefinición del concepto de desarrollo or-
gánico {bildung). Las nuevas teorías evolucionistas del desarrollo orgánico
permitirán combinar aquello hasta entonces inconcebible: las ideas de
transformación y preformación (lo que estaria ahora preformado en el em-
48 STUDIA POLITIC/E 20 ~ otoño 2010
brión, como señalamos, no seria ningún conjunto de caracteres fijos sino el
principio de su formación).n así, aunque introduce un principio de histo-
ricidad de los procesos genéticos, el supuesto en que este concepto se sostie-
ne sigue siendo que sin un elemento, aun que sea mínimo, de preformación
no podría explicarse la consistencia de los procesos generativos, salvo por la
introducción de la hipótesis de una guía trascendente, lo que convertiria nue-
vamente a los seres vivientes de sujetos en objetos de un intelecto arquitectó-
nico colocado por fuera de ellos que preside su desarrollo.
En definitiva, hay que decir que la visión estándar del concepto hegeliano
del sujeto como una vuelta sobre sí de lo que ya se encuentra preconfigura-
do en su germen, aunque algo simplista, no está del todo desencaminada.
Como afirma en la Lógica que Zizek toma como base para su lectura de
Hegel y su concepto de Sujeto:
En la naturaleza es la vida orgánica la que responde a la esfera de la
noción. Así, v. gr., la planta se desarrolla de su germen. Éste contiene
la planta entera, pero de un modo ideal y no se debe concebir su des-
envolvimiento como si las diferentes partes de la planta, la raíz, el ta-
llo,
las hojas, estuviesen ya contenidas realmente en la planta, sino
sólo en el estado de partes infinitamente pequeñas. Ésa es la hipótesis
del almacenamiento de los gérmenes cuyo defecto consiste en conside-
rar como teniendo existencia real lo que no existe sino ideahnente. Lo
que hay de cierto en esta hipótesis, es que en su processus la noción no
sale sino de sí misma, nada agrega de nuevo a su contenido y no se
produce en ella sino un cambio de forma (Hegel: 1984, § CLXI).
Cuando observamos esta perspectiva sobre el suelo conceptual particular a
partir del cual se levanta, se ve claramente que no hay modo de extraer de
allí nada parecido al concepto lacaniano de lo Real. Hacerlo obliga a violen-
tar dicho universo categorial para introducir en él conceptos que eran llana-
mente impensables dentro de los marcos intelectuales de su tiempo. El aná-
lisis de la estructura lógica de su planteo permite comprender cuál era,s
precisamente, el objeto particular que lleva a Hegel a establecer su distin-
ción medular entre Sujeto y Sustancia (y hasta qué punto difiere del que
Zizek le atribuye), concretamente contra qué noción de la subjetividad se
estaba rebelando, y qué lo llevó a ello, de qué modos podía hacerlo, dentro
de qué horizonte de pensamiento pudo desplegar su crítica de la misma.
La estructura lógica del concepto evolucionista y la negación de lo Real
El análisis de Zizek antes señalado retoma, en lo esencial, el argumento de-
sarrollado por Hegel en la tercera parte de la Lógica (que aparece original-
mente en 1817 como introducción a la Enciclopedia de las Ciencias filoso-
ELIAS JOSE PALTI 49
ficas y luego de su muerte se reedita, ampliada, bajo el título de Ciencia de
la Lógica), la cual se titula "Doctrina de la noción". En la noción, afirma
allí, se da ya la identidad entre lo individual y lo universal, entre sujeto y
predicado, pero se trata todavía de una unidad carente de mediaciones. El
resultado es una pura tautología; en el predicado sólo se encuentra lo ya
contenido de manera inmediata en la propia noción. Únicamente en el jui-
cio (i.e., la rosa es roja) la idea se muestra como algo distinto de; se re-
vela como processus (el movimiento de ponerse como lo otro de sí mante-
niéndose ella misma); en fin, se vuelve una idea determinada. Las
filosofias del entendimiento de la Ilustración, pero también las filosofias de
la vida del Romanticismo (y esto es lo que, para Hegel, une a ambas), con-
ciben el juicio como una relación puramente contingente entre dos térmi-
nos originalmente separados. En unas y otras el sujeto aparece como una
sustancia a la cual los diversos predicados vienen subsecuentemente a adi-
cionarse, no constituyenn un elemento inherente a su noción. Los adje-
tivos roja, amarilla, etc., califican un sujeto que existe con independencia
de ellos; que una rosa sea roja o amarilla es una circunstancia que no afec-
ta a su definición. En el juicio la cópula es superpone dos términos sin es-
tablecern un nexo de tipo conceptual entre ambos.
El punto, para Hegel, es que sólo el predicado nos dice lo que la cosa es.
"El predicado es, si se puede hablar así, el alma del sujeto, por el cual éste,
en cuanto cuerpo de esta alma, es completamente determinado" (Hegel:
1984, § CLXXII). Es decir, las partes de un juicio no designan entidades
que preexistan a su mutuo enlace. Una cosa es el modo en que se manifies-
ta; para decirlo en sus términos, ella no ess que el propio movimiento
de ponerse fuera de sí (volverse algo distinto de) permaneciendo, sin
embargo, ella misma. Este vínculo necesario (definicional) entre dos térmi-
nos diversos es, precisamente, lo que la noción de concepto viene a signifi-
car y que se encuentra en la base de toda relación dialéctica.
El perder de vista este vínculo lleva al entendimiento a reducir todo su sa-
ber a una pura grilla clasificatoria formal, en la que las nociones represen-
tan una clase de orden superior a los conceptos determinados, los que se
ven así degradados al rango de especies diversas en que aquellas se desglo-
san. De este modo, para construir la noción de un objeto el entendimiento
debe incluir en ella sólo aquellos rasgos comunes a todos los miembros de
su clase, despojándola de todo aquello que la misma comprende pero que
no pertenece propiamente a su definición, constituyendo un elemento pura-
mente contingente a la misma (es decir, la definición de la clase^rw/a sólo
puede abarcar aquellos rasgos comunes a manzanas, duraznos, peras, etc.,
excluyendo, justamente, todo lo que caracteriza y particulariza a cada uno
de los miembros de esa clase). Esa divergencia entre lo que pertenece con
50
STUDIA POLITIC/E 20 ~ otoño 2010
propiedad a una clase y lo que ella efectivamente incluye forma así una
suerte de residuo que aparece presentado pero que no puede ser re-presen-
tado en ella. A medida que avanzamos en generalidad, y pasamos de la cla-
se al orden, y así sucesivamente, las nociones deben en esa misma medida
empobrecerse de contenido para terminar, en su límite último, no definien-
do nada. Llegamos así a la paradoja de la identidad entre el Todo y la Nada
o de una totalidad vacía (puesto que, en los marcos de este modo de proce-
der intelectual, cualquier cosa que se atribuya del Todo llevaría a excluir
algo de, con lo que dejaría de ser tal). Su resultado es el acosmismo spi-
noziano; lo que el entendimiento excluye, lo que no puede aparecer re-pre-
sentado en él, es la entera realidad del mundo, con lo cual se termina redu-
ciendo su saber a una serie de nociones abstractas sin contenido
proposicional ninguno. De lo que se trata, en suma, para Hegel, es encon-
trar la forma de que todo aquello presentado en una categoría se encuentre
también re-presentado en ella.
Hegel encuentra en el silogismo la expresión lógica del modo del proceder
propio de la razón, en que la alteridad entre la idea y sus atributos se ve
trascendida revelando su unidad en la diferencia.
Es preciso, por consiguiente, que el sujeto sea puesto como predica-
do,
y éste como sujeto, para que la cópula sea acabada. Ésta es una
determinación ulterior que hace pasar, con ayuda de la cópula con-
creta, el juicio al silogismo. En su evolución el juicio va determinan-
dos ys lo universal abstracto y sensible, pasando al todo, al
género y la especie y a lo universal desarrollado de la noción (Hegel:
1984,
§ CLXXI).
El silogismo introduce un tercer término, originalmente ausente en el jui-
cio,
en que la oposición entre lo individual (el sujeto) y lo universal (el
predicado) se resuelve en lo particular del juicio determinado. Hegel inten-
ta señalar así que la unidad de los opuestos no es una relación simple Yo =
no Yo, como suele interpretarse. Y este punto es esencial para comprender
la diferencia entre concepto y noción (otra de las traducciones posibles de
la distinción entre Sujeto y Sustancia).
Siguiendo el apotegma de Spinoza de que "toda determinación es una ne-
gación" {ommis determinatio est negatio), para el entendimiento algo sólo
podría definirse por oposición a otra cosa distinta de ella, y esta otra, a su
vez, por oposición a una tercera, y así sucesivamente.
^
Por estaa Uega-
^ "La alguna cosa es alguna cosa de otro, pero éste es, análogamente, alguna cosa y, por
tanto,
es también alguna cosa de otro y así hasta lo infinito"
(HEGEL:
1984, § XCIII).
ELÍAS JOSÉ PALTI 51
mos a lo que Hegel llama el "infinito falso o negativo". La única forma de
evitar un deslizamiento al infinito, de poner un término a la serie de refe-
rencias recíprocas y fijar un sentido para toda la cadena de equivalencias,
es poniendo por detrás de ella un fundamento metañsico (la idea de Dios o
de algún motor inmóvil).
Un concepto, por el contrario, señala una relación entre lo que la cosa es y
aquello que la misma excluye de su noción; la posesión del concepto de
manzana, por ejemplo, presupone ya el conocimiento de todo lo que una
manzana no es. Sin embargo, esto ha dado lugar a malentendidos respecto
de su idea de una oposición dialéctica. Así planteada, la oposición manza-
na / no manzana (Yo / no Yo) agotaría por sí el universo de lo concebible
(evidentemente, todo lo existente es o no es manzana, no hay una tercera
alternativa posible). Por estaa llegamos nuevamente a un concepto no
mediado de la totalidad. Cuando Hegel afirma que "en la oposición, uno de
los términos no tiene enfrente solamente un contrario, sino su contrario"
(Hegel: 1984, § CXIX), esto debe entenderse en el sentido que lo que un
concepto excluye es siempre algo determinado; esto es, en una prímera ins-
tancia, las otras especies del orden del que él mismo forma parte. Encon-
tramos aquí la conclusión hacia la cual converge todo el argumento de He-
gel en esta obra: la expresión lógica del concepto es t\ juicio disyuntivo
(i.e.,
la rosa es o roja, o amarilla, o blanca, etc.; tiene una forma tal, tal, o
tal,
etc.). Sólo en él el concepto se revela de manera plena como una totali-
dad de determinaciones particulares, un universal concreto {Sittlichkeit).
Para llegar al juicio disyuntivo se requiere, no obstante, un doble movimien-
to conceptual: una dialéctica ascendente (que va de lo individual a lo univer-
sal pasando por el género, la especie, el orden, la clase, etc.) y una dialéctica
descendente inversa a la anterior. Sólo mediante este doble movimiento se
logra que todo aquello presentado en un concepto se encuentre también re-
presentado en él y llegar así a una noción de totalidad en la cual la ganancia
en generalidad no tenga como contrapartida su vaciamiento semántico sino
que sea paralela a un enríquecimiento progresivo de su contenido.
Así, Hegel, en clave lógica, introducía un elemento de contingencia en la
historia (aunque sólo como un momento en un proceso evolutivos ge-
neral).
Desde el punto de vista de la dialéctica ascendente, no se puede de-
terminar a priori los modos por los que el concepto habrá de desplegarse;
las diversas especies en que se desdobla una clase aparecen como una serie
abierta, a la que pueden eventualmente adicionarse otros predicados no
previstos en el punto de partida. Sólo el movimiento inverso produce el
efecto de clausura lógica que asegura la sistematicidad de la serie y garan-
tiza que todo lo incluido en ella pertenezca propiamente a su concepto, evi-
52
STUDIA POLITIC/E 20 ~ otoño 2010
tando así que permanezca como un residuo que tiñe de irracionalidad —in-
determinación, arbitrariedad a todo el sistema.
En definitiva, Hegel busca llevar el concepto preformista-evolucionista
hasta sus consecuencias últimas, a fin de erradicar cualquier elemento sus-
tancialista teológico e incorporar la idea de cambio sin quebrar el supuesto
del carácter autocontenido de los procesos formativos orgánicos, que es lo
que garantizaría su estabilidad y sistematicidad. Llegamos asi a una defini-
ción de Sujeto opuesta a la de Zizek. '' Para Hegel, afumar que el regreso del
sujeto sobre es imposible, que todo proceso evolutivo es contingente, re-
vela una concepción sustanciahsta (teológica) del sujeto; es decir, conlleva la
introducción de una instancia de trascendencia. Por el contrario, para él, la
quiebra de toda idea de trascendencia, al conferir un carácter autocontenido a
todo proceso auténticamente evolutivo es, justamente, lo que asegura la ple-
na determinabilidad del concepto. Para decirlo esquemáticamente, si descar-
tamos la existencia de un agente trascendente (Dios o alguna otra sustancia)
que pueda intervenir sobre un desarrollo orgánico desde fuera de él, hay que
suponer que en un estado B no hay nada que no se encuentre de algún modo
embríonalmente contenido en su estado antecedente A. Para Hegel, si, como
afirma Zizek, la división del genus universal en la pluralidad de especies
recogidas en el juicio disyuntivo no fliera exhaustiva, dejando siempre un
residuo inexpresable, ello supondría la existencia de algtin agente trascen-
dente que introdujera ese elemento inexpresable desde fuera de él, es decir,
llevaría nuevamente a reducir el universal a mera Sustancia. El pensamien-
to del Sujeto como asociado, precisamente, a aquello que impide su plena
constitución como tal nos remite ya a un universo de discurso completa-
mente distinto, y por completo extraño a lo que Foucault llamó la "Era de
la Historia", es decir, su surgimiento acompañará un desplazamiento epis-
témicos general que se produce sólo a fines del siglo XIX y que, en
tanto que tal, atraviesa de conjunto al pensamiento occidental. Y esto nos
lleva a la segunda de las definiciones de Sujeto (más sofisticada, pero, se-
n dice,n parcial e inadecuada) que Zizek discute (esto es, la idea del
mismo como una suerte de residuo inexpresable conceptualmente que pré-
existe al orden de lo simbólico).
"Tal concepción estándar de la 'astucia de la Razón'", dice TÁiéa, "implica, sin em-
bargo, una noción de la Razón como una entidad sustancial extema al proceso histórico,
colocada por sobre él, 'manipulando' sus agentes (los individuos activos), decepcionán-
dolos y preservándose al mismo tiempo sin daño por detrás de la escena, a una distancia
segura de la convulsión histórica, como el Dios de la teología tradicional que usa la his-
toria para realizar Sus designios incomprensibles. Si adherimos a esa lectura, asignamos
a los individuos la posición de un instrumento de la voluntad inconcebible divina —en
otras palabras, una 'sustancia' que no es efectivamente un 'sujeto', dado que los sujetos
se ven reducidos a medios de un Fin sustancial (Zizek: 1991, 167).
ELÍAS JOSÉ PALTI
53
La reformulación del Sujeto y la crisis de las concepciones
evolucionistas
En realidad, la falta de perspectiva histórica de Zizek, al impedirle distin-
guir claramente las diversas nociones de Sujeto que analiza, lo lleva a osci-
lar inadvertidamente entre una y otra. La referencia a la biología que hace
para ilustrar lo que considera la diferencia fundamental entre sustancia y
sujeto que aparece en Hegel es aquí ilustrativa. La misma, de hecho, nos re-
mite a aquella noción del mismo surgida a fines del siglo diecinueve a partir
del quiebre de la matriz teleológico-evolucionista en la que el concepto he-
geliano de sujeto hundía sus raíces conceptuales (difiriendo, por la tanto, tan-
to de una como de otra, es decir, de la hegeliana como de la lacaniana).
El caso del Burgess Shale que Stephen Jay Gould analiza en
Vida
maravi-
llosa asegura Zizek que...
...es único porque el fósil preservado en ella pertenece al momento
en que el desarrollo pudo haber tomado un curso completamente di-
ferente: captura la naturaleza, por decirlo de algún modo, en el punto
de su
indecidibilidad,
el punto en que coexiste una variedad de posi-
bilidades la cual, retrospectivamente, desde la perspectiva de la línea
de evolución establecida, nos parece hoy absurda, impensable; el
punto en que nos enfrentamos a una riqueza excesiva, formas (hoy)
impensables [...]. El Burgess Shale es el "síntoma" de la naturaleza:
un monumento que no puede localizarse dentro de la línea de evolu-
ción, tal como se ha desarrollado, dado que representa el esbozo de
una historia posible altemativa (Zizek: 1991, 130).
Está claro, sin embargo, que Jay Gould escribe esto en un contexto en que
el concepto evolucionista-preformista de la formación orgánica se había
quebrado. Los procesos orgánicos perdían entonces su carácter teleológico.
En suma, se había ya producido un nuevo "redescubrmiento", esta vez, el
de Mendel. La biología incorporará así el principio de que las mutaciones
embrionales se producen de un modo azaroso, sin una finalidad percepti-
ble,
abriendo de este modo el camino al surgimiento de lo que se conoce
como la
Teoria
sintética.
La idea de totalidad se desprenderá .así de
\&
finalidad. Desde el momento
en que los sistemas carecen ahora de toda dinámica inherente, que sólo
tienden a su autoconservación, a la preservación de su equilibrio intemo u
hosmeostasis, el cambio únicamente podrá provenir de fuera de ellos, de
una esfera de acción intencional, la instancia de constitución primitiva de
horizontes de sentido, el ámbito egológico trascendental tematizado por
Husserl. Es la época esta también en la que surgen la
Gestalt,
y la fisica de
54
STUDIA POLITIC« 20 ~ otoño 2010
los campos de Maxwell (que daría luego lugar a la teoría de la relatividad).
La "Era de la Historia" terminaba y comenzaba la "Era de la Formas". Las
diversas formaciones serán vistas ahora como arreglos singulares y únicos,
que surgen de reconfiguraciones súbitas globales de sentido, como ocurre
en los switches gestáltcos (ahora vemos pato, ahora vemos conejo), como
los golpes de calidoscopio de que hablaba Bergson. Entramos, en fin, en un
nuevo universo de discurso, ya completamente extraño al hegeliano. El Su-
jeto pasará entonces a asociarse a ese residuo inasible en el campo de la re-
presentación, que escapa a él, hurtándose a todo saber, puesto que lo funda.
Llegamos así a la segunda idea de subjetividad que aparece en Zizek. El
ego husserliano es, en realidad, ya un no-sujeto, es decir, indica aquella
instancia fenomenológica previa a la escisión entre sujeto y objeto, y en el
interior de la cual ambos pueden constituirse como tales.
^
Se produce así,
a fines del siglo XIX, una suerte de restauración de la metafisica (de la que
nacerán las filosofías neokantianas y fenomenológicas de fin del siglo
XIX).
El Sujeto es nuevamente arrancado del ámbito objetual para situarse
en un plano trascendental, en el de las condiciones de posibilidad de los
objetos.
Sin embargo, contra lo que pensaban los propios neokantianos,
este regreso a Kant y la ilustración es sólo aparente. Este sujeto ya no es el
hypokeimenon de que habla Heidegger, esto es, aquello que se mantiene in-
alterado por debajo de los cambios de forma que se le imponen, sino, por
el contrario, aquello que quiebra la linealidad de los procesos evolutivos, el
que introduce una radical novedad.
Ello dará lugar, a su vez, a la crítica estmcturalista y el cuestionamiento a
la idea "metafísica" de un sujeto (una esfera de acción intencional) que
préexista a sus propias condiciones de existencia. Aun entonces, quebrado
ya el supuesto de la existencia de una dinámica inherente a los propios sis-
temas,
la idea de cambio histórico obligará siempre a reintroducir una ins-
tancia tal, un significado trascendental, dando lugar así a aquella oscilación
característica de este régimen de discurso entre acción intencional y siste-
mas autointegrados, en fin, entre fenomenología y estructuralismo (lo que
revela, en última instancia, algo ya señalado por Derrida en La voz y el
fe-
nómeno,
que, a pesar de su oposición, ambos -fenomenología y estmctura-
lismo-
comparten un mismo suelo arqueológico de saber, que es el que
surge inmediatamente de la quiebra de las concepciones teleológico-evolu-
cionistas del siglo XIX).
' En
definitiva,
el
sujeto
no
sería
s que uno de sus
pro-yectos,
una de las
formas
en
que
éste puede eventualmente concebirse
a sí
mismo.
Aparece
aquí,
en fin, la
idea
de
Sartre
de que lo que
deñne
al
hombre
es no
tener
esencia,
de que "el
hombre
es el pro-
yecto
del
hombre".
La
pregunta,
sin
embargo,
que
esto hace surgir
qué o
quién
es ese
primer hombre para
el
cual
él es su
propio
proyecto.
ELIAS JOSE PALTI 55
Lo cierto, sin embargo, es que éste no logrará nunca responder aquella pre-
gunta que hereda de ellas (las concepciones teleológico-evolucionistas del
siglo XIX): cómo es que si un estado B nace necesariamente de un estado
A pueda haber en aquél algo que no se contuviera ya germinalmente en
éste.
Y ello terminará abriendo aquel impasse por el que emergerá un nue-
vo concepto de la subjetividad, el tercero de los mismos que en Zizek apa-
recen confundidos bajo la rúbríca común del "Sujeto hegeliano-lacaniano"),
y que podemos denominar, genérícamente, postestmcturalista, esto es, la idea
del mismo, no como tin residuo que precede al orden del discurso y resulta
inexpresable para él sino como esa misma imposibilidad de dicho orden de
constituirse plenamente como tal, el índice de su incompletitud inherente.
Ciertamente, nos encontramos ya en un universo intelectual completamente
extraño a aquél en que el concepto hegeliano de sujeto había surgido.
Lo Real como problema histérico-conceptual
Llegado a este punto es necesario introducir una nueva distinción. Lo seña-
lado hasta aquí no significa que,s allá de que éste fuera su objeto, He-
gel haya logrado, efectivamente, cancelar con su sistema la emergencia de
lo Real, eliminar todo residuo de irracionalidad. Bien podemos, en efecto,
encontrar en él elementos que no dejan reducirse completamente a su lógi-
ca inmanente y que lo dislocan, dando lugar así eventualmente a la quiebra
del régimen de saber en que se fundaba y a la emergencia de nuevos hori-
zontes conceptuales. Resulta absurdo, en cambio, atríbuirle a él un concep-
to de Sujeto que, como vimos, sólo un siglo y medios tarde se volvería
concebible.
^
En definitiva, la sagacidad intelectual de Zizek, que lo lleva a hacer lectu-
ras siempre sugestivas de los distintos autores que analiza, consiste en ha-
cer de ellos Lacan con otro nombre; tras Hegel, Kant, Descartes, etc., ter-
minamos siempre encontrando a Lacan sólo bajo distintos ropajes
filosóficos. El punto, sin embargo, es que esta apelación sistemática al ana-
cronismo que realiza Zizek no puede atribuirse simplemente a su inconti-
nencia intelectual, sino que es sintomática de un problema epistemológico
mayor.
^ Zizek, en última instancia, produce un deslizamiento subrepticio de una a otra afirma-
ción, como se observa en la cita que sigue: Hegel, dice, "sabe muy bien que todo inten-
to de una totalización racional termina fracasando, este fracaso es el ímpetu mismo para
el 'progreso dialéctico' [...] ¿Qué es la Fenomenología del espíritu sino la presentación
de una serie de intentos abortados por parte del sujeto de definir lo Absoluto y asi arribar
al tan ansiado sincronismo entre sujeto y objeto? (Zizek: 1991, 99-100).
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STUDIA POLITICO 20 ~ otoño 2010
Toda su filosofía se funda en el supuesto de que lo Real, como tal, no es
historizable, trasciende los universos particulares de discurso, puesto que
lo contrario supondría afirmar la posibilidad eventual de alcanzar la plena
objetividad de los sistemas; en fin, equivaldría a la cancelación (imposible)
de la historia (y la política). En efecto, al menos en los marcos de este pen-
samiento que definimos como postestructuralista, que es, en definitiva,
aquel en que hoy nos situamos, uno puedey aun debe afirmar esto.
Algo muy distinto, sin embargo, es afirmar que el concepto de lo Real no
sea historizable. Y esto ya nos confronta a un problema de graves conse-
cuencias teóricas.
En principio, dentro de este contexto de pensamiento, uno bien puedee
incluso, como señalamos, debe afirmar ambas cosas a la vez, esto es,
que lo Real no es historizable, pero que el concepto del mismo tiene una
historia que puede perfectamente trazarse en su origen y desarrollo. Sin
embargo, ambas afirmaciones resultan, al mismo tiempo, contradictorias
entre. En efecto, la necesaría historización del concepto de lo Real a fin
de evitar los anacronismos conceptuales tiene implícito, no obstante, que el
postuladoa la vez necesario, si no queremos caer en una postura mítica
que imagina la posible autoclausura de los sistemas discursivos, su plena
objetividad—, de lo Real como una suerte de Verdad que trasciende los ho-
rizontes particulares de sentido es, ella misma, una afirmación que tiene, a
su vez, sus propias condiciones de enunciación; que sólo resulta pensable
dentro los marcos de un determinado régimen de saber; en fin, que se sos-
tiene una serie de supuestos históricamente articulados y sólo resulta inteli-
gible en el interior de aquel horizonte dentro del cual dichos supuestos
conservan su eficacia; en suma, que lo Real no es sino una construcción
discursiva contingente (lo que resulta destructivo de su mismo concepto).
Lo cierto es que, llegado este punto, si aceptamos plenamente esta aporía
como tal, resuharía imposible pensar. Todo intento de articular un discurso
coherente dentro de los marcos de este régimen de saber se estrellaría per-
manentemente contra este límite último suyo. Es, en fin, en este sentido
que,
como decíamos, el anacronismo de Zizek resulta sintomático. De Zi-
zek puede decirse así lo que Lacan dijera de Descartes en su Seminario XL
Descartes, decía allí Lacan, se vería obligado a optar entre el ser y el pen-
samiento, entre la filosofia y la historia intelectual. Ante la disyuntiva, opta
por el pensar, y es eso lo que permite, a su vez, recobrar el ser, restaurar un
mínimo de ontología sobre cuyas bases fundar su filosoña. Lo mismo pue-
de decirse de Zizek. Confrontado a la alternativa entre el ser y el pensa-
miento, la filosofia y la historía intelectual, él también optará por el pensar,
lo que le permitirá así recobrar al menos un mínimo de ontología que le
abra las puertas para salir de ese impasse en que toda inteligibilidad se
ELIAS JOSE PALTI 57
hundiría (aunque,
es
cierto,
al
precio
de
convertir
lo
Real
en su
opuesto,
esto es,
una
suerte de point de capiton
que
anude
la
malla
de su
discurso,
y
le permita,
en
última instancia, pensar
la
realidad).
Sin embargo,
el
punto realmente escandaloso
de la
comprobación
de
esta
aporía
es que la
crítica
de las
categorías postestructuralista-postacanianas
en
que se
funda
el
discurso
de
Zizek parte también
de
ellas mismas, cuya
validez,
en
última instancia, presupone.
En
efecto,
se da
aquí
la
paradoja
de
que la
crítica
de las
mismas sólo resultará efectiva
en la
misma medida
en
que sus
categorías nucleares resulten válidas (siendo que,
en
caso
con-
trario,
ésta también pierde toda
su
eficacia).
En fin, nos
enfrentamos aquí
una aporía inherente
a
este universo particular
de
discurso,
que es, en
últi-
ma instancia, aquel
en que el
universo todo
de la
política
hoy se
instala,
y
frente
al
cual todo pensamiento
de la
misma habrá inevitablemente
de es-
trellarse.
En
todo caso, cabe aquí
la
afirmación retomar
la
expresión
que
Zizek aplicara
a
Hegel:
es
este mismo fracaso teórico
lo que lo
vuelve
al
mismo tiempo teóricamente productivo
e
históricamente significativo,
puesto
que
resulta indicativo
de una
problemáticas vasta,
que
atraviesa
al pensamiento contemporáneo
de la
política; resulta,
en fin,
expresivo
de
una condición epocal,
que es,
incidentalmente,
la
nuestra,
en
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COPYRIGHT INFORMATION
Author:
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Source:
ISSN:
Publisher:
Palti, Elías
Hegel y la cancelación de lo Real. El "sujeto hegeliano-lacaniano" visto
desde una perspectiva histórico-intelectual
Stud Polit 20 S 2010 p. 39-57
1669-7405
Universidad Catolica de Cordoba
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