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STUDIA POLITICÆ
17 ~ otoño 2009
las diferencias de esta perspectiva de raíz constructivista con otros enfoques de la polí-
tica pública, Roggero presenta los elementos de la visión argumentativa más vinculados
con la cuestión de la estabilidad de las políticas públicas. Desarrolla, así, la distinción
efectuada por Majone entre el núcleo y la periferia de una política pública, distinción
que pasa a ser un elemento clave en el argumento del libro sobre el largo plazo de las
políticas. Mientras el núcleo refiere a aquellos supuestos, métodos y metas básicos que
definen, de algún modo, la identidad de una política pública, la periferia remite a aque-
llos elementos que se desprenden o se derivan del núcleo y que, por lo tanto, pueden
abandonarse sin afectar a aquél. Esta distinción es básica para entender la estabilidad de
la política pública, en tanto es la periferia la que dota de flexibilidad a aquélla en la me-
dida que muchos (si no todos) de sus elementos constitutivos pueden cambiarse sin
afectar de modo sustancial los aspectos distintivos de la misma. Es aquí donde Roggero
introduce un aporte analítico fundamental: la posibilidad de que haya una nítida distin-
ción entre núcleo y periferia —habilitando con ello la flexibilidad de la política públi-
ca— depende de lo que el autor llama la solidez con que el problema ha sido especifi-
cado. En efecto, el autor postula que la definición del problema comprende tres
elementos constituyentes: la teoría de entrada (o teoría causal), las líneas de acción y
los indicadores de evaluación de impacto. Estos tres elementos definen el núcleo de la
política pública y son los que, en la medida que estén clara y consistentemente estable-
cidos, permiten definir los aspectos administrativos, organizacionales e incluso institu-
cionales que dan forma a su periferia de la que, a su vez, depende su adaptabilidad fren-
te a los cambios que puedan ocurrir en el ambiente.
En los dos siguientes capítulos, que constituyen la segunda parte del libro, el autor apli-
ca este esquema analítico al caso de una importantísima política social, destacada a ni-
vel mundial, como es el programa social mexicano de combate a la extrema pobreza di-
señado e implementado desde 1997 por un gobierno del Partido Revolucionario
Institucional (1994-2000) bajo el nombre de Programa de Educación, Salud y Educa-
ción (Progresa). Este programa fue continuado y reformulado por los gobiernos subsi-
guientes del Partido Acción Nacional (2000-2006 y 2006-2012) bajo el nombre de Pro-
grama de Desarrollo Humano Oportunidades.
En estos capítulos, el autor argumenta y muestra evidencia de que la continuidad de
Progresa-Oportunidades se debe a la solidez de la definición del problema y la consi-
guiente flexibilidad de la periferia. La definición del problema, desagregada en la teoría
de entrada, las líneas de acción y los indicadores de evaluación de impacto, se mantuvo
sólida a lo largo de los años estudiados. Asimismo, la periferia mostró la flexibilidad
que permitió a la política adaptarse a las contingencias del ambiente y reacomodar las
inconsistencias internas.
Las modificaciones de las reglas de operación ocurrieron en varias dimensiones (entre
las cuales se encuentran coordinación institucional, transición y complementariedad de
programas, focalización, incorporación de las familias beneficiarias). Sin embargo,
hubo un modelo de operación de Progresa-Oportunidades que se mantuvo invariable,
entre cuyos elementos más destacables están la verificación de accesibilidad y capaci-
dad de los centros de educación y salud, la descentralización de las responsabilidades
en salud y educación, la participación de varias secretarías y sus implicaciones sobre la
programación del gasto. La permanencia de tal modelo de operación impidió un cambio
periférico mayor o que se produjera una “fuerza combinada” de las modificaciones pe-