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*
Director del doctorado en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de
Rosario (2002-2005). Investigador CONICET.
Luis Dallanegra Pedraza
*
Resumen
Si uno desea diseñar una política exterior, primero debe entender el fun-
cionamiento del sistema mundial en el que está inserto el país. No se
pueden tomar decisiones en el marco de un sistema de cuyo funciona-
miento se tiene un “espejismo”. Para conocer el sistema mundial, uno
debe ubicarse desde una perspectiva que le permita observarlo tal cual
es; tener una “cosmovisión” de la realidad. El “realismo” aporta esa
perspectiva. Hay “teorías realistas”, pero el realismo no es una teoría, el
“realismo” es una cosmovisión, y como toda cosmovisión es universal.
Hay una exaltación de la visión de que nuevas teorías superan al realis-
mo, y eso es no comprender qué es el realismo y qué es una teoría. Se
demuestra esto a partir de un estudio epistemológico.
Abstract
If one wants to design a foreign policy, first one has to understand the
functioning of the world system in which that country plays his part.
One cannot make decisions in the frame of a system of which function-
ing we only have an “ilusion”. To know the world system, one needs to
have a perspective that allow us to observe it as it is, to have a world
view of the reality. The “realism” contributes to that perspective. There
Realismo sistémico estructural.
La política exterior como
construcción de poder
STUDIA POLITICÆ Número 15 ~ invierno 2008.
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
Código de referato: SP.59.XV/08.
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STUDIA POLITICÆ
15 ~ invierno 2008
2
Hay decisores que desarrollan políticas, pensando que el sistema mundial reaccionará
de una forma que no tiene que ver con la realidad. Un ejemplo de ello lo dio la élite diri-
gente de Argentina de la post Primera Guerra Mundial que siguió actuando como si el
eje del poder mundial continuara en Europa, cuando éste se había desplazado fuera de
ella, hacía EUA principalmente y otros países del orbe. Ver P
UIG, Juan Carlos; IRURETA,
Hugo; COLOMBO de IMAZ, Delia, Historia política contemporánea (1914-1939), Buenos
Aires, Edic. de los Autores, 1968. También P
UIG, Juan Carlos, Doctrinas internacionales
y autonomía latinoamericana, Caracas, Univ. Simón Bolívar, 1980.
3
La creación de la Sociedad de Naciones después de la Primera Guerra Mundial
muestra que quienes la diseñaron, no tenían un conocimiento cabal del funcionamien-
to del sistema mundial. Aspiraban a que la realidad se comportara de forma tal que
“nunca más la guerra” y establecer pautas de orden, que la realidad no consideraba.
Resultado: la crisis del ’30 y la Segunda Guerra Mundial, además de una buena canti-
dad de situaciones conflictivas y/o expansivas que la S de N no pudo resolver por su
propia incapacidad.
are “realistic theories”, but the realism is not a theory; the “realism” is a
world view, and as every world view it is universal. There is an enphasis
made on the belief that new theories have overcome realism, but that is a
misunderstanding of what the realism is and what a theory is. The latter
is demonstrated with an epistemological study.
Introducción
S
I uno desea diseñar una política exterior o tomar cualquier deci-
sión en la que el factor externo esté presente, primero debe entender
el funcionamiento del sistema mundial en el que está inserto el país
—en términos temporales—. No se pueden tomar decisiones en el marco
de un sistema que se desconoce o no se comprende, o de cuyo funciona-
miento se tiene un “espejismo”.
2
Para conocer el funcionamiento del sis-
tema mundial, describirlo o explicarlo, uno debe ubicarse desde una pers-
pectiva que le permita observarlo tal cual es; tener una “cosmovisión” de
la realidad. La realidad no es lo que nosotros creemos que es, o lo que
nosotros queremos que sea. En ningún caso se va a comportar según
nuestras aspiraciones o intereses si no tenemos en cuenta su forma de fun-
cionamiento.
3
A partir de la cosmovisión, podemos crear una teoría, que
llevará la impronta de esa cosmovisión, dependiendo de la corriente domi-
nante.
Una teoría debe tener en cuenta a la realidad y no basarse en preconceptos,
sin importar cuáles sean y de donde provengan o quién los dicte, que la
desconozcan y pretendan que se comporte según los lineamientos de quien
o quienes quieran sacar ventaja. La naturaleza humana y de la sociedad y
por ende de la política, muestra una forma de funcionamiento que debe ser
33
4
John Locke es un ejemplo.
5
El behaviorismo o conductismo es un ejemplo.
6
El pensamiento de Theodore Roosevelt, ex presidente de EUA, es un ejemplo, entre
otros; particularmente con su discurso al Congreso (6/XII/1904), donde dice: “Aquellos
países cuyos pueblos se conduzcan bien pueden contar con nuestra calurosa amistad... El
mal comportamiento crónico o una impotencia que resultara en un debilitamiento gene-
ral de los lazos de la sociedad civilizada, puede en América, como en cualquier otro lu-
gar, requerir en última instancia la intervención de una Nación Civilizada, y en el He-
misferio Occidental, la adhesión a la Doctrina Monroe puede obligar a Estados Unidos,
aunque a regañadientes, en casos flagrantes de mal comportamiento o impotencia, a ejer-
cer un poder de policía internacional”. Ver A History of United States Foreign Policy
(Englewood Cliffs, N.J., Prentice Hall, 1965), Second Edition, págs. 228-229. Otro
ejemplo lo da el concepto del presidente George W. Bush (hijo) sobre países que consti-
tuyen el “Eje del Mal”, la lucha contra los denominados “Estados Canallas”, Estados
“malhechores” (rogue states). Ver Discurso de Bush sobre “La estrategia de Seguridad
Nacional de EUA”, 20 de septiembre del 2002. Theodore Roosevelt, Woodrow Wilson o
George Bush llevan a cabo discursos idealistas y políticas realistas. El factor central que
permite que esto sea posible es el “poder”. Sin un poder irresistible, esto jamás podría
haberse dado de esta manera.
7
Thomas Hobbes es un ejemplo.
contemplada por la teoría. Desconocerla o forzarla ideológicamente hace
que actuemos erróneamente sobre la realidad.
Realismo e idealismo y Teoría de las relaciones internacionales
Las escuelas del pensamiento sobre el funcionamiento de la realidad, están
divididas en dos corrientes principales en pugna:
1) Una opina que se puede instituir un orden político derivado de principios
abstractos e ideales y de carácter universal. Presupone la bondad esencial
de la naturaleza humana.
4
Establece que la causa de que el orden social no
llegue a operar con estos conceptos racionales es la resultante del mal fun-
cionamiento de instituciones o la perversión de ciertas personas o grupos.
La alternativa es reformar esto mediante la educación y la modificación de
pautas culturales
5
y utilizar la fuerza si es necesario.
6
La realidad carece
de vida y leyes propias, es amorfa y anárquica; entonces la teoría procura-
diseñar herramientas para modificarla y generar pautas de orden para
organizarla. Esta corriente es conocida como “idealismo”.
2) La otra considera que la realidad, imperfecta desde el punto de vista ra-
cional, es la resultante de fuerzas que surgen de la naturaleza humana.
Que la realidad mejore, depende del entendimiento que se tenga de estas
fuerzas, no de ir contra ellas.
7
El mundo está basado en intereses diferen-
LUIS DALLANEGRA PEDRAZA
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8
La expansión de la iglesia católica a lo largo de la historia es un ejemplo del esta-
blecimiento de una ética mediante un esquema de poder; en este caso la ética del cato-
licismo. La colonización española en América acompañada por la iglesia católica que
vino a mostrar la “verdadera” religión frente a las existentes, muestra cómo funciona
el poder en el establecimiento de una ética. Desde el punto de vista político, la forma
en que la expansión europea favoreció la expansión del Estado-Nación, frente a otras
formas de organización en el planeta. Ver F
OUCAULT, Michel, Un diálogo sobre el po-
der, Buenos Aires, Alianza, 1981, especialmente lo que él denomina “régimen de la
verdad”.
tes, muchas veces opuestos y de conflictos entre estos intereses; por ello
los principios morales no alcanzan a realizarse totalmente. Hay que buscar
un equilibrio temporal entre intereses. Esta escuela ve en un sistema de re-
presiones mutuas y equilibrios un principio universal. No se puede aspirar
a un bien absoluto, sólo a una convivencia razonable en un contexto natu-
ralmente conflictivo. La realidad tiene vida y leyes propias indiferentes a
las preferencias humanas, tiene una lógica de funcionamiento. La teoría
tratará de comprender esas leyes y la lógica del funcionamiento y operará
en consecuencia, no tratando de modificar la realidad —no es posible mo-
dificar lo esencial—, sino procurando que las decisiones saquen el mayor
provecho de sus características, con el objeto de obtener el máximo bene-
ficio con el mínimo costo. Esta corriente o cosmovisión, es conocida como
“realismo”.
Hay “teorías realistas”, pero el realismo no es una teoría. El “realismo” es
una cosmovisión, y como toda cosmovisión es universal. Más allá de que la
“realidad” puede ser diferente en distintas partes del mundo, en el “centro”
o en la “periferia”, el “realismo” no es diferente en el centro o en la perife-
ria. Cuando uno habla de realismo hace referencia a temas esenciales inde-
pendientes de las circunstancias de tiempo y de lugar, a las que está someti-
da la realidad.
Una teoría es realista porque se crea en función de los parámetros estable-
cidos por la cosmovisión realista, no porque habla sobre la realidad. Tiene
en cuenta las fuerzas que surgen de la naturaleza humana tal como es y al
proceso histórico tal como se ha venido desarrollando atendiendo a esque-
mas de poder aun cuando se pretendió establecer una moral.
8
Cuando uno se plantea procesos epistemológicos, está yendo a lo esencial.
No hay que confundir “realismo” desde el punto de vista epistemológico,
con “realidad” como una situación vivida por los países denominados del
“centro” en relación a la realidad que viven los países de la “periferia”. Hay
realidades distintas, pero el realismo como cosmovisión no hace referencia
a una o algunas o todas las realidades, sino que las “corta” a todas ellas
35
9
Cuando se hace referencia a lo ético, no sólo se quiere expresar temas vinculados a la
moral o la religión, sino también a la ideología.
mostrando algo que, independientemente de sus diferencias, como realida-
des, tienen en común esencialmente.
Realismo: ¿céntrico o periférico?
La diferencia entre el realismo político y otras escuelas de pensamiento, es
profunda. Ha habido mucha confusión y malentendido y mala interpreta-
ción respecto del realismo.
En primer lugar, queda en claro que no es una teoría sino una cosmovisión.
En segundo lugar, el realismo se maneja en función de los intereses domi-
nantes en la media de los poderes que permiten alcanzarlos. El interés es el
motor y el “poder” la “variable crítica”. Del mismo modo en que el interés
requiere del poder para hacerse posible, no existen normas, ética, orden o
justicia sin poder, en términos de que los valores dominantes, la adopción de
normas, su exigibilidad en cuanto a cumplimiento o sanción por incumpli-
miento, la posibilidad de un orden y su mantenimiento, así como el estable-
cimiento de justicia, requieren de poder; per sé no se alcanzan. En tercer lu-
gar, el realismo político no ignora la existencia y aplicabilidad de normas de
pensamiento diferentes a las de la política; pero abandona a las otras escue-
las cuando imponen o subordinan a la política a las normas de pensamiento
apropiadas a otras esferas. El realismo político se niega a pensar en términos
jurídicos o éticos
9
en temas que tienen que ver con lo político. Es sólo la
prudencia la que le pone límites. Atendiendo a la situación de la “periferia”,
la “prudencia” no sólo es para los gobiernos o decisores que tienen conduc-
tas o políticas “opositoras” o de “confrontación” hacia el “hegemón”, sino
también para los que las tienen “subordinadas”. No existen “alianzas” entre
desiguales. Uno es el que domina y el otro es el subordinado. Una manera
de carecer de prudencia política, es la “ingenuidad” política; salvo que el
propósito del decisor esté orientado no hacia el interés nacional, sino hacia
el beneficio personal, entonces no es ingenuidad sino corrupción.
El realismo está en desacuerdo con las corrientes que pretenden imponer la
idea de que el papel del poder en la sociedad —o en cualquier sistema— es
nefasto, fundándose en argumentos que desconocen la esencia de la natura-
leza humana y del funcionamiento de la sociedad.
El realismo se diferencia de otras escuelas sobre cómo el mundo debe
transformarse. Para el realismo, las transformaciones no vienen de la con-
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frontación de un ideal abstracto y la realidad política —que tiene leyes pro-
pias—. Sólo se logran a través de la eficaz manipulación de las fuerzas per-
manentes que representaron el pasado tal y como encarnarán el futuro.
Porque está preocupado por la necesidad de transformaciones, teniendo en
cuenta las leyes propias de la realidad política, el realismo tiene conciencia
del significado moral de la acción política, de la misma manera que tiene
conciencia de la inevitable tensión entre la disposición moral y los requisi-
tos de una acción política que tenga éxito. No puede haber moralidad sin
“prudencia” entendiéndola cómo la consideración de las consecuencias
políticas de una acción aparentemente moral. La ética, juzga las acciones
humanas de acuerdo a cómo se ajustan con la moral vigente; la “ética polí-
tica” las juzga de acuerdo con sus consecuencias políticas.
Interés y poder
Es el concepto de interés considerado en términos de la medida del poder
—y las limitaciones— de que se dispone, lo que permite abstenernos de lle-
var a cabo políticas erróneas. Para el realismo, el interés forma parte de las
constantes del relacionamiento entre los individuos o grupos. La idea del
interés es inmutable, lo que se modifica es su contenido con las circunstan-
cias de tiempo y de lugar. Igualmente, dependiendo de las circunstancias de
tiempo y de lugar, el poder puede consistir en cualquier cosa que establezca
y mantenga el control del hombre sobre el hombre o entre los grupos.
37
10
TUCÍDIDES, Historia de la Guerra del Peloponeso, Madrid, Editorial Gredos, 1992.
11
El pensamiento de Lord Salisbury, el de George Washington, así como el de Max
Weber, fue extraído en su esencia de M
ORGENTHAU, Hans, La Lucha por el Poder y por
la Paz, Buenos Aires, Sudamericana, 1961, págs. 20-21, aunque se ha buscado informa-
ción en otras fuentes.
12
Quien hace referencia a este concepto es NIETZSCHE, Friedrich, en Así Habló Zara-
tustra, Madrid, Alianza Editorial, 1972. También, NIETZSCHE, Friedrich, “Voluntad de
Poder”, en BARRIOS CASARES, M., La voluntad de poder como amor, Barcelona, Edicio-
nes del Serbal, 1990.
Tucídides en la Historia de la guerra del Peloponeso, decía que lo único
duradero entre los individuos o los grupos es la identidad de intereses o la
ausencia de conflicto entre ellos. Se refiere a las causas naturales y a la
conducta del hombre para explicar el devenir histórico, antes que como
producto de la fatalidad o la intervención de los dioses.
10
Lord de Salis-
bury, Secretario de Estado para Asuntos Externos y de la Commonwealth
del gobierno británico (1878-1889), tomó de Tucídides la idea y dijo:
“Gran Bretaña no tiene amigos ni enemigos permanentes. Sólo sus intere-
ses son permanentes”. El Reino Unido venía manteniendo una política ex-
terior que aplicaba el “principio del equilibrio” recogido en el Congreso de
Viena de 1815. George Washington, erigió al concepto de los intereses per-
manentes, como principio general de su gobierno, convencido de que el in-
terés era el principio rector y que casi todos los hombres, en mayor o me-
nor medida, estaban bajo su influencia. Para él, causas de orden público
pueden hacer que los hombres actúen, momentáneamente, en forma desin-
teresada, pero esto no modifica las conductas esenciales. Habría que cam-
biar la esencia humana antes de poder cambiar de ruta y cambiar la esencia
no es posible. Para Max Weber, las acciones de los hombres, están domina-
das por intereses materiales e ideales más que por ideas, aunque las imáge-
nes del mundo creadas por estas ideas han servido de incentivo para deter-
minar las vías donde el dinamismo de los intereses continua impulsando a
las acciones.
11
El poder como variable central
La naturaleza humana, que constituye la raíz de las leyes que manejan a
la política, no ha variado a lo largo de la historia de la humanidad, inde-
pendientemente de los factores culturales y los acontecimientos civilizato-
rios. Su existencia y su vigencia, dependen de la “voluntad de poder”.
12
No hago referencia al poder o a la voluntad en el sentido “competitivo”
que se les da en la época moderna, sino a la idea de “autorrealización” y
LUIS DALLANEGRA PEDRAZA
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13
MAY, Rollo, Fuentes de la violencia, Buenos Aires, Emece, 1972, traducción de Ma-
ría Isabel Guastavino, pág. 22.
14
Ibidem, págs. 21-23.
al alcance y logro de las propias potencialidades. Lo mismo ocurre con
las naciones, que requieren del poder para “ser” y autoafirmarse y lograr
sus propios objetivos. Lejos de considerar al poder como un término
“insultante”, que ha de ser aplicado a nuestros enemigos —en términos
de que ellos están movidos por el poder, en tanto que a nosotros nos mo-
tivan únicamente la benevolencia, la razón y la moralidad— empleo la
palabra como descripción de un aspecto fundamental del proceso vital. Si
desdeñamos el factor de poder, tal como se lo hace como reacción contra
los efectos destructivos del abuso de poder, perderemos valores esenciales
para la existencia.
13
En este sentido, el “poder”, tiene que ver con la
“existencia”.
La palabra poder deriva del latín “potere”, que significa “ser capaz”. Al
nacer, emergen en nosotros los aspectos cooperativos y de amor de la
existencia, junto con los aspectos competitivos y de poder. No es median-
te la abdicación de nuestros poderes, sino usándolos de manera cooperati-
va, como llegamos a ganar un lugar en el mundo. Buena parte de la vida
humana puede ser considerada como el conflicto entre el poder, en térmi-
nos de formas efectivas de influir sobre los otros, logrando así en las re-
laciones interpersonales la sensación de la propia significación, y la im-
potencia
14
.
39
15
En el caso de que no tengan conductas subordinadas a sus intereses personales, trai-
cionando el motivo para el cual fueron elegidos administradores y decisores y se mane-
jen de manera corrupta. En ese caso, es el pueblo el que debe entender qué hacer; aun-
que muy pocas veces entiende y actúa.
No sólo hay que ser, sino también afirmar el ser, alcanzar un desarrollo
adecuado. Ya no se trata de la supervivencia sino de alcanzar un nivel deter-
minado en un contexto social o dentro de un sistema, como el internacional.
Pero el concepto de poder no sólo se aplica al ser y la vigencia de los acto-
res, sino también a su posibilidad de acción y relacionamiento. Como men-
cioné más arriba, no existen normas, ética, orden o justicia sin poder. Pre-
tender la autonomía de aquéllas del poder, es considerar que existen y se
sostienen per sé. Desde el punto de vista del realismo, esta visión genera
una falsa imagen de cómo funciona un sistema, cómo se ordena o cómo se
alcanza la justicia. Los miembros del sistema se manejan en función de sus
propios intereses, y los procuran o respaldan en función del poder de que
disponen. Esto nos muestra un sistema que no tiende naturalmente hacia el
bien común ni al orden, sino hacia los intereses de cada miembro en forma
asimétrica. Esta es la idea básica de “anarquía” del sistema, en el que cada
miembro tiende hacia sus propios intereses, en vez de “converger” hacia un
orden acordado.
Poder y Política
Esto también hace inteligible a la política exterior. El interés de los deciso-
res está, en primer lugar con los del país,
15
más que con el bien común o el
orden mundial. No hay motivos éticos —en términos de moral— en la ela-
boración de la política, sino de interés nacional para el Estado-Nación o de
interés corporativo para el de empresas, banca, organizaciones de la socie-
dad civil, etc.
Pensando en términos de interés, lo que importa es el “poder” para lograr
obtener lo que buscamos o necesitamos y la “regla” es que “otro” no dis-
ponga de ese poder para imponernos, impedirnos o alcanzarnos sacando
ventajas. Caso contrario, debemos competir o confrontar —pugnar—. La
“guerra fría” es un modelo de pugna entre intereses y poderes, en la que se
privilegió la “seguridad” entre los polos enfrentados, subordinando a sus
intereses a los países “periféricos” en forma asimétrica. La seguridad es
uno de los intereses privilegiados; de ella, junto al concepto de territoriali-
dad e imperium es que se establece la idea de “soberanía”. EUA identificó
política externa con seguridad nacional. Tal vez los países periféricos de-
LUIS DALLANEGRA PEDRAZA
40
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16
Este interés también entra dentro del concepto de “seguridad”.
17
Mister “X”, The Sources of Soviet Conduct, “Foreign Affairs”, July 1947.
18
Ver HOFFMANN, Stanley, Primacy or World Order: American Foreign Policy since
the Cold War, New York, McGraw Hill, 1978, págs. 17-21.
19
MAY, Rollo, Fuentes de la violencia, Buenos Aires, Emece, 1972, traducción de Ma-
ría Isabel Guastavino, págs. 44-49.
berían identificar su política externa con “desarrollo”. Otro interés privi-
legiado es el de no carecer de recursos estratégicos y quedar a merced de
quienes los tienen.
16
Muchos conflictos tienen que ver con el control de
recursos estratégicos. Parte de la expansión y colonización europea en el
siglo XIX, especialmente en África, tuvo que ver con el control de recur-
sos estratégicos y mano de obra barata o esclava, así como con el dominio
de las rutas marítimas para obtener esos recursos y esclavos y poder ex-
portar sus manufacturas; razón por la cual el “liberalismo” era la ideología
privilegiada. Lo mismo se puede decir, en el siglo XX, de la presencia de
EUA en el Medio Oriente y sus intervenciones y/o presiones sobre países
como Afganistán, Irak, Irán, etc., o el interés en controlar gobiernos en
América Latina bajo el lema de defensa de la democracia. En este caso, el
intervencionismo fue legitimado por EUA a través de una moral, que en la
“guerra fría” fue la cruzada anticomunista de Harry Truman y George
Kennan. Para Truman la política de contención al comunismo —esbozada
por Kennan—
17
fue la forma de satisfacer la seguridad y encontrar una
vía, o bien de acrecentar su poder, o al menos, de mantener un equilibrio
de poderes. Para George W. Bush, la lucha contra el terrorismo. Así, la
“moral” de la política exterior de EUA ha sido “nosotros” y “ellos”, los
“buenos” y los “malos”, los “libres” y los “opresores” y EUA como el
único que puede salvar al mundo.
18
La integración europea ha sido la forma, en la post Segunda Guerra Mun-
dial, de dar pasos progresivos hacia la “construcción de poder” frente al
superpoder de EUA que les impedía participar activamente en las decisio-
nes del mundo occidental y frente al peligro soviético; a posteriori, para ha-
cer frente a la crisis petrolera generada por el “impacto” OPEP en 1973,
atendiendo a las propias debilidades por carecer de recursos estratégicos
como el petróleo.
Niveles de poder
De acuerdo con Rollo May,
19
hay cinco niveles de poder que se hallan pre-
sentes como potencialidades:
41
20
MORGENTHAU, Hans, “Otro «gran debate»: El Interés Nacional de Estados Unidos,
American Political Science Review, Vol. LXVI, Nº 4, Dic. 1952, págs. 961-968. El tema
del interés nacional desde el punto de vista de aquellos que carecen de poder lo he estu-
diado en D
ALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Un tema «no debatido»: El Interés Nacional de
los Países Subdesarrollados”, Revista Argentina de Relaciones Internacionales, Buenos
Aires, CEINAR, Vol. II, Nº 6, Sept.-Dic. 1976, págs. 23-28.
1) El “poder de ser”, que tiene que ver con la “existencia”. Este poder es
básico para la supervivencia y la satisfacción de las necesidades. Hans
Morgenthau habla en términos del “interés nacional mínimo” que tiene que
ver con la “supervivencia”.
20
2) El “poder de la autoafirmación”. No sólo hay que ser, sino también afir-
mar el ser, alcanzar un desarrollo adecuado. Ya no se trata de la superviven-
cia, sino de alcanzar un nivel determinado en un contexto social o dentro de
un sistema como el internacional. El reconocimiento es importante y no se
obtiene, para el caso de los Estados, meramente en forma diplomática, sino
en función del poder que se tenga para operar en un contexto competitivo y
conflictivo. En el caso de las sociedades, recibir la atención para sus de-
mandas de parte de quienes los gobiernan. La insatisfacción en estos casos
genera reacciones, con frecuencia, violentas.
3) El “poder de la autoaserción”. Cuando la autoafirmación no produce
los resultados buscados, se actúa de forma tal de que sea irresistible que los
demás entiendan qué se busca.
4) La “agresión”. Cuando la autoaserción es bloqueada, como pasa con
muchas minorías —v.gr. los judíos, los palestinos, los negros en Sudáfrica,
los indígenas en América Latina, etc.— surge una forma más enérgica de
reacción. A diferencia de la aserción, que traza una línea y se orienta en la
dirección de lo que pertenece, la agresión es una forma de “penetración” en
las posiciones de poder o en el territorio de otro y una toma de posesión de
parte de esos territorios por el agresor.
5) Cuando todos los esfuerzos dirigidos hacia la agresión son ineficaces, se
produce la explosión primaria que se conoce como “violencia”. La situa-
ción se hace trágica, cuando muchos pueblos se ven colocados en una situa-
ción en la que se les hace imposible lograr significación. Los negros en
EUA o en la Sudáfrica del apartheid son ejemplos conocidos en los que la
autoafirmación resultaba prácticamente imposible; también la situación de
los indígenas en América Latina.
La fuente de la violencia debe ser vista como respuesta a una situación que
se percibe que está bloqueando y excluyendo toda otra forma de reacción.
El mantenimiento de la “ley y el orden”, en muchos casos, son formas de
LUIS DALLANEGRA PEDRAZA
42
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15 ~ invierno 2008
21
NIETZSCHE, Friedrich, Así habló Zaratustra, Madrid, Alianza Editorial, 1972. Tam-
bién, NIETZSCHE, Friedrich, “Voluntad de Poder”, en BARRIOS CASARES, M., La voluntad
de poder como amor, Barcelona, Ediciones del Serbal, 1990.
22
Ver, FOUCAULT, Michel, “Un Diálogo sobre el Poder”, Madrid, Alianza Editorial,
1981, Verdad y Poder: Diálogo con M. Fontana, págs. 136-138. También GOLDSCHMIDT,
Werner, Introducción al derecho: La teoría trialista del mundo jurídico y sus horizontes,
Bs. As., Depalma, 1968.
mostrar que no es dado ningún tipo de reacción “fuera de la ley” ya que
sólo el Estado tiene el monopolio “legítimo” de la violencia; al menos de la
coerción, pero esto esconde situaciones de injusticia que derivarán necesa-
riamente en una explosión de violencia. El abuso del mantenimiento de la
ley y el orden bajo el justificativo de que se debe operar dentro de paráme-
tros aceptables —lo que comúnmente se esconde bajo el término de “gober-
nabilidad”, sin perjuicio de la legitimidad del concepto—, es un motor de
desorden.
El poder de la autoafirmación
Friedrich Nietzsche dice: “allí donde encontré seres vivos, encontré la vo-
luntad de poder”.
21
Las naciones, requieren del poder para “ser” y au-
toafirmarse como tales frente a otras, a la vez que lograr sus propios objeti-
vos. Para Nietzsche el poder es una expresión del proceso vital.
Hay un poder “positivo” y uno “negativo”. El poder positivo se entendería
como “potencia”, como posibilidad de afirmación, de logro; se transforma-
ría en “resistencia” en algunos casos de reclamo o demanda por situacio-
nes de insatisfacción o de injusticia. El poder negativo se entendería como
el “represivo”, poder de policía. Tiende a impedir.
22
También podría ha-
blarse del “antipoder” que es el desarrollado por aquellos que forman par-
te del establishment o se benefician de él o sus políticas y que no permiten
que haya “resistencia” o la rechazan de forma tal que aparezca como un
“delito”.
Poder como dominación
En muchos casos, se hace uso del poder para alcanzar el objetivo de domi-
nación total, y para ello se esgrimen principios o una ideología que justifi-
quen la aspiración de dominación. En el proceso, la ideología permite la
conformación de una contradicción entre principios y realidades. El trato
dispensado en América a los indígenas, con el genocidio cometido para
43
23
Símbolo, del griego sun: “con” y bsllen:“arrojar” que literalmente significa “lo
que acerca uniendo”.
24
Lo contrario de simbólico es “diabólico”: “lo que separa desgarrando”.
25
MAY, Rollo, Fuentes de la violencia, Buenos Aires, Emece, 1972, traducción de Ma-
ría Isabel Guastavino, Capítulo 3.
26
Ibidem, págs. 64-66.
27
TILLICH, Paul, Love, Power and Justice: Ontological Analyses and Ethical Applica-
tions, Nueva York, Oxford University Press, 1960, pág. 4.
28
Sobre este tema ver también, GALBRAITH, John Kenneth, The Culture of Content-
ment, edición del autor. Hay versión en español, La cultura de la satisfacción, Bs. As.,
EMECE, 1992.
quedarse con sus tierras, es un buen ejemplo. Hay una negación del poder o
un disfraz de su uso, a partir de hitos históricos de formación del Estado,
donde pareciera que era necesario llegar a eso.
La ideología es interpretada en términos de “símbolo”,
23
que en griego
significa “lo que acerca uniendo” y es lo que establece el vínculo entre los
humanos.
24
Una sociedad requiere un lenguaje común y conceptos comu-
nes. Cuando no se hablan los mismos “lenguajes” ni existe la misma com-
prensión conceptual, se da el conflicto y la violencia.
25
El concepto de ley
y orden es manejado de forma tal que “mi orden” se convierte en “dere-
cho”, sea éste la supremacía del blanco, de occidente, etc. La ley y el or-
den se transforman así en un instrumento de expansión y a la vez en una
justificación del mantenimiento del status quo. Esto es lo que genera in-
justicia y provoca situaciones de inflexibilidad, ya que impide el cambio
necesario como para que ocurran los reacomodamientos que satisfagan a
los que tienen demandas. Esto, por su parte, contribuye a exacerbar la vio-
lencia desde el lado de los insatisfechos y a provocar actitudes revolucio-
narias.
26
Poder y “contrapoder” o resistencia
El poder básico surge de la necesidad de un individuo o un grupo de “ha-
cerse valer”. El hombre no se convierte en un “sí mismo” sino en la medi-
da en que puede saberlo, afirmarlo, hacerlo valer; lo mismo pasa con una
Nación. A menos que se dé un verdadero enfrentamiento o la posibilidad de
un verdadero enfrentamiento, como destaca Paul Tillich,
27
el poder de ser
permanece oculto. El poder de ser se pone de manifiesto en las continuas
luchas del ser contra el no-ser, como lo expresa Tillich, que considera como
no-ser todos aquellos aspectos que niegan y destruyen el ser.
28
LUIS DALLANEGRA PEDRAZA
44
STUDIA POLITICÆ
15 ~ invierno 2008
29
MAY, Rollo, Fuentes de la violencia, Buenos Aires, Emece, 1972, traducción de Ma-
ría Isabel Guastavino, pág. 23.
30
ARENDT, Hannah, On Violence, Nueva York, Harcourt Brace Jovanovich, 1969,
págs. 7-14.
31
El estudio de estas situaciones y cómo surgen es uno de los ejes centrales del libro
de MAY, Rollo, Fuentes de la violencia, Buenos Aires, Emece, 1972, traducción de Ma-
ría Isabel Guastavino.
El monstruo arrollador del Estado sigue su marcha sin prestarle atención al
pueblo.
29
Hans Morgenthau decía que: “El gobierno de las mayorías, por
el cual los hombres han luchado durante siglos, ha creado una situación en
la cual se encuentran más impotentes, más ineficaces que hace 150 años
para influir sobre su gobierno.” Al despojar de poder a la gente, se pro-
mueve la violencia y no su control. Se la despoja de poder, al impedirle el
logro de sus necesidades básicas, al reprimirla por sus reclamos. La violen-
cia es la expresión de la impotencia.
30
Hay situaciones más graves aún, que son el resultado de la violencia del
prejuicio y la marginación que genera el racismo u otro tipo de prejuicios
humanos, utilizados como política, como el “Apartheid” en el caso suda-
fricano o el “racismo contra los negros”, o el “muro fronterizo” con
México en el caso de EUA o el “muro” de Israel con los palestinos, sin
dejar de lado otras situaciones como los crímenes de lesa humanidad en el
caso de los armenios por los Turcos o de los judíos por la Alemania nazi.
Mucha de estas situaciones fueron o son “políticas” o búsquedas para la
dominación; como mínimo, políticas de mantenimiento de un status quo
para que impere la “ley y el orden”. En algunos casos son situaciones cul-
turalmente aceptadas, como el racismo resultante de un supuesto naciona-
lismo que otorga derechos que favorecen la violencia.
31
Este es un tema
importante para entender los procesos de dominación y también los proce-
sos de resistencia. Ambos tienen que ver, desde perspectivas diferentes,
con el tema del poder.
Una situación peor que la violencia que se puede dar en una sociedad, la
constituye el hecho de que sus miembros se encuentren en la condición ge-
neralizada de falta de poder de expresión o de logro de las aspiraciones o
de satisfacción de las necesidades básicas sin encontrar la forma de resol-
verlo. La sensación de no tener un lugar en su propia sociedad genera una
explosión de violencia, como la dada en EUA por movimientos negros o en
Sudáfrica por grupos anti Apartheid. También, muchas de las movilizacio-
nes de resistencia que se han dado en países de América Latina, como el
sandinismo en Nicaragua, el FMLN-FDR en El Salvador o las FARC y el
ELN —entre otros— en Colombia, tienen que ver con esto.
45
32
El sistema internacional es naturalmente asimétrico, toda vez que existen algunos
Estados que tienen ciertas ventajas comparativas y competitivas sobre otros, sean éstas
recursos naturales estratégicos, desarrollos tecnológicos o capacidad militar, que les per-
miten imponerse por sobre el resto. El turno de los que estén “arriba” y los que se en-
cuentren “abajo” puede variar con las circunstancias de tiempo y de lugar, si no estaría-
mos perpetuados y congelados en una estructura única e inamovible. Ver D
ALLANEGRA
PEDRAZA, Luis, El orden mundial del siglo XXI, Buenos Aires, Ediciones de la Universi-
dad, 1998, Capítulo VIII.
33
La configuración de poder constituye la “estructura” del sistema. Es en la estructu-
ra donde está la información sobre el tipo y funcionamiento del sistema y sus caracterís-
ticas; las “líneas de control intra-hegemónicas”. Ver D
ALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El or-
den mundial del siglo XXI, Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998, págs.
139-170.
34
Sobre la estructura y la funcionalidad en las relaciones de los miembros, ver DALLA-
NEGRA PEDRAZA, Luis, El orden mundial del siglo XXI, Buenos Aires, Ediciones de la
Universidad, 1998, Capítulo X. También, HOFFMANN, Stanley, Primacy or World Order,
New York, McGraw Hill, 1978, págs. 111-146.
35
Hans Morgenthau es uno de los pocos que ha pensado en su desarrollo teórico en la
forma en que los países periféricos pueden modificar su status quo. Ver MORGENTHAU,
Poder y Orden
El orden, visto desde la perspectiva idealista, debe ser dado por normas
que el hombre genera a partir de una “convergencia de voluntades”. Para el
realismo no es así; el orden, es la resultante de mutuas represiones “en for-
ma asimétrica”.
32
Está subordinado a la “configuración de poder”.
33
La
tendencia entre los miembros polares del sistema, es a la búsqueda de la
“supremacía” sobre el resto en la medida de lo posible; si no se puede o en
caso de que las ventajas del otro u otros sean importantes, se busca el
“equilibrio” a fin de lograr el “status quo”: que el otro u otros no avancen
más de lo que lo hicieron a la vez que uno no deba retroceder más de lo
que ha debido hacerlo. Por “abajo”, los miembros “periféricos” del sistema
tratan de acomodarse de forma tal de evitar los procesos de dominación, o
al menos que éstos no los limiten en sus capacidades y aspiraciones y, en la
medida de lo posible, buscan modificar su status quo de forma tal de “as-
cender” dentro de la estructura del sistema. Las potencias polares o las do-
minantes no polares, tratarán de evitar por todos los medios las conductas
de “resistencia” o “desobediencia” y cualquier aspiración de modificar el
status quo vigente.
34
Como vivimos en un sistema cuya configuración es-
tructural es asimétrica y en la que hay una gran mayoría de miembros “pe-
riféricos”, entonces, éstos sólo tienen la alternativa de subordinarse, al me-
nos en el corto o mediano plazo y buscar medios —alianzas maximizadoras
u otras vías, como por ejemplo, el desarrollo de tecnologías— en el largo
plazo que les permitan modificar su status quo.
35
Las conductas de “des-
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Hans, La lucha por el poder y por la paz, Buenos Aires, Sudamericana, 1961, Cuarta
Parte, Capítulo XI. Otro que ha hecho esto, pero desde el punto de vista de la conforma-
ción o modificación del régimen internacional ha sido K
RASNER, Stephen, Structural
Conflict: The Third World Against Liberalism, California, University of California,
1985. Hay una traducción al español: Conflicto estructural: El tercer mundo contra el li-
beralismo global, Bs. As., GEL, 1989. Algunos otros consideran que los Estados de la
periferia están prácticamente “condenados” al subdesarrollo y la dependencia. Autores
como Karl Deutsch opinan que aquellos miembros del sistema que carecen de poder
para generar o al menos modificar reglas, son “despreciables” desde el punto de vista
del análisis teórico. D
EUTSCH, Karl y BURTON, John, International Relations: a General
Theory, Londres, Cambridge University Press, 1965. Ver también D
EUTSCH, Karl, The
Nerves of Government. Models of Political Communication and Control, New York, The
Free Press, 1966.
36
Johan Galtung estudió en profundidad esta problemática. GALTUNG, Johan, La Co-
munidad Europea: Una superpotencia en marcha, Buenos Aires, Nueva Visión, 1973.
También, GALTUNG, Johan estudió muy bien este tema en “Una Teoría Estructural de la
Integración”, en Revista de la Integración, BID/INTAL, Nov. 1969, Nº 5. Igualmente,
O’D
ONNELL, Guillermo y LINK, Delfina, Dependencia y autonomía, Buenos Aires, Amo-
rrortu, 1973.
37
Muchos Estados (gobiernos de turno) no se plantean objetivos. En general, su políti-
ca exterior es el resultado de una “reacción” frente a situaciones externas que “impac-
tan”, más que una “acción” en función de un proyecto explícito o implícito. Hay casos
en que el establecimiento de un vínculo dependiente, hace que los decisores establezcan
su política exterior siguiendo los lineamientos de la potencia hegemónica. Uno se cues-
tiona hasta qué punto esto puede ser considerado una política externa. Al menos no lo es
desde el punto de vista de la “acción” externa; más bien lo es desde el punto de vista de
la “reacción frente a demandas o imposiciones externas” o a la “resolución de pro-
blemas”.
obediencia” o “resistencia” no son la “regla”, ya que muchos decisores con-
sideran que los costos de la subordinación son menores a los de las actitu-
des “autonómicas”. O, por otra parte, los decisores, por corrupción o con-
veniencia personal o de clase, responden más a los interesases del
“dominante” que a los de la Nación.
36
La racionalidad en la política
Una política exterior racional, trata de llevar al mínimo los riesgos y
maximizar los beneficios para los objetivos que se están planteando.
37
Esto requiere de la “prudencia” política, o la consideración de las conse-
cuencias políticas de una acción aparentemente moral o excesivamente te-
ñida de la ideología que se ostenta. La ética política considera actuar
acorde con la limitación y la necesidad. Consiste por lo tanto en saber
medir los obstáculos, las dificultades, los peligros; en conocer las causas
de los hechos, procesos o fenómenos y actuar teniéndolas en considera-
47
38
USCATECU, George, Maquiavelo y la pasión por el poder, Madrid, Guadarrama,
1969, “Libertad en Acto”, págs. 123-124; “Nuevas Perspectivas”, pág. 128.
39
El caso de las “relaciones carnales” con EUA en el gobierno de Carlos Menem con
su Canciller Guido Di Tella es un buen ejemplo.
ción. Las acciones serán “morales” políticamente en cuanto quien decida,
adquiera o conserve poder no en beneficio propio, sino en beneficio de
aquellos a quienes representa legítimamente.
38
Lo opuesto a prudencia en
este caso sería “ingenuidad” o “puerilidad política”, esa incapacidad
para ver la realidad en su dimensión; y en el caso de gran parte de la élite
de la periferia que tiene poder de decisión o para instalar y/o controlar a
los que van a gobernar, la ingenuidad de que el poderoso los va a consi-
derar y a tratar como a un igual.
39
Muchas veces no se trata de ingenui-
dad, sino de corrupción. El decisor simplemente se “vende” y traiciona
los intereses de la Nación, bajo el disfraz de llevar a cabo políticas que,
presuntamente, beneficiarán al país. En la historia de la humanidad no
existió un solo caso en el que una potencia tratara en pie de igualdad a un
Estado periférico. Siempre se ha servido de él, de su lealtad y fidelidad,
para sus fines propios.
Muchos decisores —y también intelectuales— de países periféricos, obser-
van un “espejismo” de la realidad y toda política es apuntada al espejis-
mo, no a la realidad. Este tipo de ingenuidad política es “autodestructiva”
ya que desconoce a la realidad tal como es, y se opera tal como “debería”
ser. Es la típica actitud de los “idealistas”, “institucionalistas”, “juridicis-
tas”, que consideran que la realidad es algo amorfo y que sólo tendrá or-
den y orientación en la medida en que se cree un entramado jurídico-insti-
tucional adecuado, a la vez que suponen que todos están dispuestos a
“subordinarse” pasivamente a ese entramado jurídico-institucional. Esta
perspectiva desconoce que es sólo el poder el que permite la vigencia de
ese entramado jurídico-institucional y no que se sostiene por sí mismo. Un
ejemplo es la forma en que el gobierno de EUA decidió desconocer al CS
de la ONU en el caso Irak II (2003). También se podrían citar ejemplos
anteriores, como el de la Resolución “Unión Pro Paz”, para el caso Corea
(1950), promovida por el representante del gobierno de EUA en la Asam-
blea General (AG) de la ONU, modificando la Carta a su conveniencia sin
seguir los procedimientos establecidos por la Carta misma, para llevar a
cabo actividades que la Carta le otorga exclusivamente al CS de la ONU.
Se han escrito miles de páginas sobre el tema, pero la respuesta estuvo
siempre en el “poder” —en este caso, el de EUA— y no en otro lugar. Fue
el poder de EUA el que “legitimó” una conducta que había sido considera-
da “ilegal”.
LUIS DALLANEGRA PEDRAZA
48
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40
Para un mayor desarrollo y profundización del tema ver, DALLANEGRA PEDRAZA,
Luis, Tendencias del orden mundial: Régimen internacional, Buenos Aires, Edic. del
Autor, 2001, Capítulo XIV.
La “norma” no tiene vida propia. Surge de una “sociedad” o “comunidad”
que tiene “valores” resultante del entramado de poder vigente, y en función
de los mismos, la norma es generada y aplicada. Para que pueda ser creada,
exigida en su cumplimiento y sancionarse a quienes no la cumplan, se re-
quiere de poder, caso contrario, carece de vigencia real.
40
Esto no hace al
poder ni bueno ni malo, sólo muestra cómo funciona la realidad. Para los
que son “periféricos” en la toma de decisiones mundiales, no les queda otra
alternativa que obtener poder por medios “encubiertos”, “subrepticios” o
“solapados”. Si bien los intereses sólo se alcanzan con poder, los que no
tienen poder —que son más de los dos tercios de los Estados del planeta—
deben tratar de “construirlo”. La idea de construcción de poder debe pasar
por la prudencia. Conviene que sea una conducta “subrepticia”, para evitar
que aquellos que disponen de poder consideren que su seguridad está en pe-
ligro y reaccionen en consecuencia. Japón o la República Federal Alemana
en la post Segunda Guerra Mundial, durante la Guerra Fría, lo hicieron por
la vía individual y fundamentalmente en un área en la que el gobierno de
y que
49
41
Primero la CECA y luego la Europa de los 6 que fue creciendo hasta la Europa (UE)
de los 24 de hoy.
EUA no podía considerar que fuera peligrosa, el desarrollo de capacidades
tecno-industriales y no en el área estratégico-militar, como pretenden países
como Corea del Norte o Irán por ejemplo. Los países de Europa occiden-
tal
41
lo hicieron por la vía conjunta bajo un criterio sencillo: “la unión hace
la fuerza”. No les quedaba otra alternativa. El objetivo de estos países des-
pués de la destrucción resultante de la Segunda Guerra Mundial era:
1) No a una tercera guerra mundial.
2) Evitar que Alemania quedara afuera de cualquier proceso y volviera
a generar otra guerra.
3) Tratar de recuperar espacio en un contexto en el que EUA era el que
controlaba el poder en el mundo occidental, a la vez que estaban en la fron-
tera del “enemigo”: la URSS.
4) Evitar que el Plan Marshall dejara de ser un instrumento de recons-
trucción y ayuda y se transformara en uno de control y dominación por par-
te de EUA.
En adelante fueron agregándose nuevos desafíos para fortalecer la unión,
como por ejemplo, el que se dio a principios de la década de los ’70 cuan-
do la OPEP decidió disminuir el flujo petrolero y aumentar su precio, sien-
do países industrializados dependientes de la importación de petróleo. Sólo
la “integración” en términos de “alianza estratégica” o “maximizadora” po-
día permitir que lograran objetivos que individualmente no hubieran alcan-
zado y mucho menos “dependiendo” de EUA, al menos en lo industrial y
tecnológico. Sus dirigentes fueron prudentes, pero no “ingenuos”.
Críticas a la Teoría de Hans Morgenthau
El principal problema de la teoría de Hans Morgenthau, no es que sea rea-
lista —las críticas de la mayoría de los teóricos y académicos se centran
en que el realismo está “perimido” y no permite explicar la realidad, pro-
poniendo su reemplazo por otras teorías—, sino que es “atomista”.
Morgenthau no escribió una teoría “sobre el realismo”, sino una teoría so-
bre el poder “parado” desde una “cosmovisión” realista. Quiso crear un
“mapa” del poder mundial partiendo de la visión de los intereses definidos
en términos de poder. La etapa en que la escribió, el Estado-Nación aún era
LUIS DALLANEGRA PEDRAZA
50
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42
DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Reformulación del orden mundial: El fin de una “Ma-
cro-etapa”, Buenos Aires, Edición del Autor, 2003, ISBN: 987-43-6266-9.
43
Ver MORGENTHAU, Hans, La lucha por el poder y por la paz, Buenos Aires, Sudame-
ricana, 1961, pág. 22. También, “Los cambios en el Estado Nación”, en D
ALLANEGRA
PEDRAZA, Luis, Tendencias del Orden Mundial: Régimen internacional, Buenos Aires,
Edición del Autor, 2001, Capítulos II y III, además de los cambios, se analizan seis hipó-
tesis de trabajo sobre el futuro del Estado.
44
KAPLAN, Morton, System and Process in International Politics, New York, John Wiley
and Sons, 1957.
el actor más significativo en el sistema mundial, a la vez que decidió anali-
zar la toma de decisiones y el poder desde una perspectiva fundamental-
mente interestatal, dejando de lado, o ignorando la importancia de la inci-
dencia de la variable “contexto internacional” en el comportamiento de los
actores y en la toma de decisiones; por lo que su teoría perdió la perspecti-
va “holista” o totalizadora del funcionamiento del sistema, razón por la
que se lo ubica dentro de las corrientes “atomistas”, junto a otros teóricos,
como Raymond Aron: realista-sociológico-histórico.
Si bien el realismo considera que el interés es la medida constante con la
que debe ser juzgada y dirigida la acción política, la conexión entre el inte-
rés y el Estado-Nación, durante la “macro-etapa” en la que este actor es el
dominante,
42
es producto de la historia. Nada hay en el realismo que vaya
en contra de la presunción de que la división del mundo en Estados-Nación
no pueda verse modificada o superada por otro u otros actores que lo
acompañen o lo reemplacen.
43
La Corriente Sistémica en Relaciones Internacionales
La perspectiva sistémica no vino a reemplazar al realismo, sino a aportar
una visión “holista” a las relaciones internacionales, frente a la denominada
“atomista”. No es que los “sistémicos” son una cosa y los “realistas” otra.
La perspectiva sistémica tiene que ver con aspectos metodológicos: puede
ser una perspectiva sistémica-realista o idealista. La exaltación de la visión
de que nuevas teorías superan al realismo, es no comprender qué es el rea-
lismo y qué es una teoría.
Quien introdujo la perspectiva sistémica en las relaciones internacionales
fue Morton Kaplan,
44
aunque él reconoce que ha desarrollado una teoría
desde esa perspectiva, pero que no ha podido hacer una “teoría sistémica”
sobre las relaciones internacionales. No obstante, hizo aportes muy impor-
tantes. Es uno de los pocos teóricos de las relaciones internacionales que le
51
45
Puig “castellaniza” el término inglés “border line”, “frontera”. PUIG, Juan Carlos,
Doctrinas internacionales y autonomía latinoamericana, Caracas, Univ. Simón Bolívar,
1980, pág. 148. También, D
ALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “La Problemática del Orden”, en
(et al) Geopolítica y relaciones internacionales, Buenos Aires, Pleamar, 1981, pág. 15.
Igualmente DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El orden mundial del siglo XXI, Buenos Aires,
Ediciones de la Universidad, 1998, págs. 166-168.
da un valor a la “dinámica” del sistema. En teoría política y particularmen-
te en teoría de las relaciones internacionales, existe una gran preocupación
por el cambio, ya que se lo considera un factor “desordenador”, de forma tal
que se genera una gran confusión entre el concepto de mantenimiento del
orden y la necesidad de la “inmutabilidad” del sistema. El sistema, frente al
“cambio”, genera automáticamente mecanismos “reequilibradores” de for-
ma tal de conservarse a sí mismo y al orden. En el ámbito de lo internacio-
nal, esto se da a través de los “direccionadores” del sistema, que son los más
poderosos y que operan como “árbitros supremos” del mismo. Todos aque-
llos que están disconformes con el status quo vigente, se transforman en de-
mandantes y en potenciales “desordenadores”; de forma tal que el sistema
siempre está sujeto a “impactos” que tienden a “modificarlo”. Morton Ka-
plan ha contemplado esto y a tal efecto, habla de las “normas transforman-
tes”, que son los parámetros dentro de los cuales el sistema —quienes lo
conducen y controlan— tolera algún tipo de cambio. Todo sistema, para Ka-
plan, tiene características esenciales de funcionamiento, en consideración
de las cuales, se dan “parámetros de cambio” o “normas transformantes”. A
éstas, las denomino “líneas de control intrahegemónicas” y Juan Carlos Puig
las llama “líneas de ‘borde’ intrahegemónicas”.
45
LUIS DALLANEGRA PEDRAZA
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46
El mundo industrializado, frente al “impacto” producido por los países miembros de
la OPEP en 1973 muestra que, en este caso, son los países “céntricos” los que tienen que
considerar los “parámetros de cambio” para evitar perder sus posiciones.
47
Queda en claro el funcionamiento del poder. Nadie se atrevería a demandar a EUA
que no prolifere, pero el Gobierno de esta país se atribuye el derecho de sancionar a
quienes considera perjudiciales para su Seguridad.
Hans Morgenthau también habla de las situaciones de disconformismo con
el status quo vigente que lleva a políticas exteriores “reformuladoras” del
orden vigente.
Es importante tener en cuenta los “parámetros de cambio”, especialmente
para los países periféricos —aunque no necesariamente en todos los ca-
sos—
46
, ya que su política exterior debe considerar alcanzar los objetivos
con los mínimos costos y evitar toda posibilidad de presiones o sanciones
por parte de los que “conducen” el sistema.
Ejemplos de falsa apreciación o desprecio sobre la relevancia de los “pará-
metros de cambio” son las conductas de países como Corea del Norte o
Irán que buscan “mostrar” poder por una vía que visiblemente provoca sen-
sibilidad y rechazo a los “direccionadores” y “conductores” del sistema,
particularmente EUA, quien no obedece al CS de la ONU para invadir Irak
(2003) pero lo utiliza para sancionar a quienes desea subordinar
47
; la Vene-
zuela de Hugo Chávez que confronta abiertamente con el gobierno de
EUA; o el caso cubano, cuyo líder Fidel Castro, se apoyó en el poder de la
URSS, pero una vez finalizado el apoyo —desintegración de la URSS en
1991—, los costos aumentaron considerablemente.
53
48
La diferencia entre Guido Di Tella, Canciller de Carlos Menem y Rufino de Elizal-
de, Canciller de Mitre (1862-68), fue tan solo que este último mantuvo vínculos raciona-
les dependientes de la esfera de influencia de Gran Bretaña, mientras que aquél de EUA.
Hay países en América Latina que actúan en el otro extremo. Argentina es
un ejemplo de ello, ya que durante el siglo XIX y principios del XX ha te-
nido una política de “subordinación” o “dependencia racional” de la esfera
de influencia de Gran Bretaña, y cuando ésta dejó de ser potencia de primer
orden después de la Primera G.M., la elite dirigente y pensante continuó ac-
tuando en función de un “espejismo” sobre las características del funciona-
miento del sistema mundial. Otro caso evidente es la etapa de gobierno de
Carlos Menem (1989-1999), que con su Canciller Guido Di Tella, llevaron
a cabo lo que definieron como “relaciones carnales” (?) con el gobierno
de EUA, implementando una “dependencia o subordinación racional” ha-
cia la principal potencia de rango mundial, con los costos que eso significa,
pero sin ningún beneficio más allá de toda la publicidad política que el go-
bierno hizo de haber llevado al país a abandonar el Tercer Mundo e inser-
tarlo en el “primer mundo” (?). El resultado fue atar al país al carro de las
decisiones y el interés nacional de EUA en todos los aspectos de la política
mundial, a la vez que desnacionalizarlo en su toma de decisiones. En vez
de celebrar una “alianza estratégica” con las empresas y banca, como histó-
ricamente lo han hecho los países industrializados, permitió que éstas traje-
ran dinero para obtener rentabilidad mientras la obtuvieran. Cuando dejaron
de recibirla, partieron hacia otros países. Las empresas nacionales fueron
compradas, aun las estratégicas como la petrolera YPF, por otras extranje-
ras —en el caso de esta última, fue comprada por otra empresa estatal ex-
tranjera—, que dejaron a cargo del Estado el pago de las deudas a la vez
que generaron, en nombre de la productividad, un gran desempleo, y lle-
vándose además las utilidades sin hacer ninguna inversión. Carlos Menem
decía haber hecho una “revolución”, pero en realidad llevó a cabo una in-
volución.
48
Llevar a cabo tal política exterior, diseñada bajo el lema de
“realismo periférico”, nombre dado al viejo esquema de “dependencia ra-
cional” implementado por la élite gobernante y pensante del siglo XIX y
principios del XX, si de algo careció fue de “realismo”.
Pensar que el desarrollo de un país pasa por subordinarse a las variables
económicas vigentes, abandonando la direccionalidad de la política como
eje conductor de un sistema, es caer en la ingenuidad de que quienes contro-
lan los factores de la producción y las finanzas están pensando en el desarro-
llo del Estado o en el bienestar de la población. La economía tiene como ob-
jeto central la rentabilidad, y las empresas, al igual que los Estados con la
idea de soberanía, están pensando en su propio interés —idea de anarquía:
LUIS DALLANEGRA PEDRAZA
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Del latín, intelligentia: personas comprometidas en el trabajo mental y creativo com-
plejo dirigido al desarrollo de ideas.
tender hacia sus propios intereses—, con la diferencia de que los Estados
están compuestos por todos, incluyendo empresas y banca, mientras que es-
tas últimas sólo consideran el interés de sus socios o accionistas. ¿Cuál es
el eje desde el que se mira la realidad y la política? Si se lo hace desde el
Estado, independientemente de un mundo altamente transnacionalizado, se
considera a las personas y su bienestar como uno de sus ejes centrales, a la
vez que la rentabilidad de empresas y banca, en tanto exista una “alianza es-
tratégica” entre Estado y sectores económico-financieros, como ocurre en
los países altamente industrializados; pero si uno lo mira desde el interés
empresarial o bancario, las personas son sólo clientes y consumidores, inde-
pendientemente de su bienestar, y el Estado sólo un gestor de esos intereses.
El realismo como cosmovisión, a través de teorías “clásicas” o “modernas”
—¿neorrealismo?— sigue siendo realismo. Porque cambien los actores, au-
mente su número o sean heterogéneos, el realismo como cosmovisión no va
a cambiar. Rechaza toda política de subordinación gratuita. La prudencia
política, es la manera de actuar “estratégicamente” en un mundo complejo,
donde el poder es una de las variables más difíciles de obtener y manejar.
Una cosa es la “prudencia” política y el evitar “confrontar” con la potencia
hegemónica u otros actores como empresas y banca (para evitar los costos
de ese tipo de política) y otra es someterse servilmente. No debe confundir-
se el “realismo” político con determinismo. Los países periféricos deben
llevar a cabo políticas teniendo a la prudencia como un principio central,
pero deben abocarse a “construir poder” en busca de una autonomía de des-
empeño. Esto requiere de una inteligencia política y también de una “inte-
lligentsia”
49
que a veces —ambas— faltan en estos países.
55
50
BRAILLARD, Philippe, Théorie des Systèmes et Relations Internationales, Bruxelles,
Bruilant, 1977.
51
DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El orden mundial del siglo XXI, Buenos Aires, Edicio-
nes de la Universidad, 1998, pág. 136. También, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tenden-
cias del orden mundial: Régimen internacional, Buenos Aires, Edición del Autor, 2001,
pág. 138.
Otro autor, que diseñó instrumentos para elaborar una teoría sistémica so-
bre las relaciones internacionales es Philippe Braillard.
50
Su aporte es la
construcción de taxonomías que permitirían generar una teoría sistémica.
Ambos autores, abordaron la concepción sistémica en forma genérica y
desde una perspectiva “realista”, atribuyéndole a la realidad leyes propias,
mostrando cómo opera el poder en la estructura.
De esta forma observamos que de un sistema simple como el del siglo XIX,
se fue progresivamente pasando a un sistema cada vez más complejo, no
sólo por la cantidad sino también por la heterogeneidad de los actores.
51
Esta evolución es resultante de la dinámica del poder. Los organismos inter-
nacionales creados desde fines del siglo XIX hasta la actualidad, no tuvie-
ron que ver con la generación de orden; fueron el resultado de la “institu-
cionalización” del orden vigente, generado por los sistemas —quienes los
conducen— que fueron emergiendo.
LUIS DALLANEGRA PEDRAZA
e
e
56
STUDIA POLITICÆ
15 ~ invierno 2008
52
DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del orden mundial: Régimen internacional,
Buenos Aires, Edición del Autor, 2001, Capítulos II y III.
53
DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del orden mundial: Régimen internacional,
Buenos Aires, Edición del Autor, 2001, págs. 28-36.
54
WALTZ, Kenneth, Teoría de la política internacional, Buenos Aires, GEL, 1988,
pág. 63.
A mediados del siglo XX, la incidencia de los actores transnacionales, con
y sin fines de lucro, como empresas, banca y organizaciones no guberna-
mentales (ONG’s) y de la sociedad civil, comenzaron a proliferar, tomando
para sí porciones de poder y de espacio en la toma de decisiones, a través
de presiones, en áreas que antes ocupaba el Estado en forma prácticamen-
te excluyente.
52
Esto generó que cambiara progresivamente la estructura
de poder, la configuración sistémica, pero el realismo no cambió; sigue
manteniendo los mismos principios, frente a una configuración sistémica
más compleja. La teoría —no el realismo— debió adaptarse y comprender
estas nuevas variables y configuración. Es más, todo este fenómeno con-
lleva el posible inicio de una nueva “macro-etapa”, en el que el Estado y
sus características será diverso del “westfaliano”;
53
a la vez que el sistema
ya no será —prácticamente ya no lo es, al menos en forma exclusiva y ex-
cluyente como lo fue históricamente— “interestatal”, toda vez que concu-
rren, en la generación de reglas, una diversidad de actores no estatales,
muchos de ellos, con mayor poder que varios Estados juntos. Esto trae
como consecuencia cambios necesarios en el Derecho “Internacional”, ya
que los actores transnacionales empujan la generación de reglas en direc-
ción diversa a la de los Estados, pero no pueden participar de la creación
de este tipo de derecho, así como de organismos internacionales en los que
tienen status de observadores, al menos las ONG’s, pero sin voz ni voto.
El mundo tal como está “institucionalizado” actualmente, refleja una con-
figuración histórica, pero no representa la estructura real.
Evolución epistemológica del debate sobre el tema
Un sistema, según Kenneth Waltz,
54
es un conjunto de unidades interac-
tuantes:
a) En un nivel, un sistema consiste en una estructura, y ésta es el com-
ponente que posibilita pensar en las unidades como un conjunto que
sea diferente de una mera reunión.
b) En otro nivel, el sistema consiste en unidades interactuantes.
57
55
Es importante ver qué significación le da a “atributo” de las unidades Kenneth
Waltz.
56
WALTZ, Kenneth, Teoría de la política internacional, Buenos Aires, GEL, 1988,
págs. 63-64.
El propósito de la teoría de los sistemas para Waltz es demostrar cómo ope-
ran e interactúan estos dos niveles, y eso requiere diferenciarlos entre sí.
Las definiciones de la estructura deben omitir —para Waltz— los atribu-
tos
55
y las relaciones de las unidades. Sólo por ese medio es posible distin-
guir los cambios de estructura y los cambios que se llevan a cabo al interior
de esa estructura.
56
Para Richard Rosencrance, el sistema político internacional tiene un marco
de referencia compuesto por cuatro elementos:
1) una fuente disruptiva o entrada;
2) un regulador y
3) una tabla de limitaciones contextuales que traducen a los dos elemen-
tos anteriores en
4) resultados.
LUIS DALLANEGRA PEDRAZA
58
STUDIA POLITICÆ
15 ~ invierno 2008
57
Citado en WALTZ, Kenneth, Teoría de la política internacional, Buenos Aires, GEL,
1988, pág. 65.
58
Ver HOFFMANN, Stanley, Primacy or World Order, New York, McGraw Hill, 1978,
pág. 111.
Los Estados son los disruptores. Más (+) aún si sus élites son revoluciona-
rias y controlan inestablemente una buena cantidad de recursos disponibles,
y menos (-) si sus élites son conservadoras y tienen asegurado el control de
un suministro restringido de recursos.
57
El regulador aparece en diferentes períodos históricos como una institución
tal como el Consejo de Europa, la Sociedad de Naciones, Naciones Unidas,
etc., o como un proceso informal por el que algunos Estados se oponen a la
acción perturbadora de otros Estados, tal vez por medio de alianzas y de
políticas de equilibrio de poder. El contexto es el conjunto de limitaciones
físicas que influye sobre la política —por ejemplo, cantidad de territorio
colonizable en una etapa imperialista—.
Stanley Hoffmann —que difiere con su antiguo discípulo Richard Rosencran-
ce y también con Kenneth Waltz— define a un sistema internacional como un
esquema de estructuras entre las unidades básicas de la política mundial.
Para Hoffmann, el análisis puramente “estructural” del sistema internacional
que hace Waltz, que se enfoca sólo sobre el número de “grandes” poderes y
sobre la “distribución de capacidades entre las unidades”, dice muy poco.
58
Yo me pregunto ¿qué pasa con el rol de los menos poderosos o los que
ofrecen resistencia, porque carecen de poder suficiente para generar reglas
y no se encuentran, por su condición, en el “tope” de la estructura del sis-
tema? Hoy hay más de 200 Estados, lo que significa que el grupo que com-
59
59
Ibidem, pág. 111.
60
Ibidem, pág. 146, nota 9.
61
Ibidem, pág. 135.
62
Aron tiene una visión “atomista” del sistema mundial ya que considera al sistema,
no como una totalidad, sino desde las características —sociológico-históricas— de cada
uno de sus componentes individualmente. Por ello utiliza el método inductivo-empírico.
63
Críticas de Waltz a Hoffmann. WALTZ, Kenneth, Teoría de la política internacional,
Buenos Aires, GEL, 1988, pág. 72.
prende a los principales actores, o que el grupo de principales sujetos bene-
ficiarios de derechos y obligaciones es aún menor que en el caso de las so-
ciedades intra-estatales.
La estructura para Hoffmann,
59
está determinada por la estructura del
mundo —no como para Waltz que es sólo en el “tope” del sistema—. Com-
prender la estructura, según Hoffmann, requiere que uno sepa, no sólo el
principio por el cual un sistema es ordenado, “coordinación de las unida-
des versus súper y sub-ordinación de las mismas, y los arreglos entre las
partes”, sino también saber cuáles son los atributos de las unidades.
60
Para
Hoffmann, todo sistema internacional tiene tres dimensiones: 1) horizontal,
de relaciones entre los principales actores; 2) vertical, contempla los aspec-
tos jerárquicos y 3) funcional, los temas y formas que se consideran en las
transacciones políticas internacionales. Las dimensiones se mueven conjun-
tamente y dentro del resto.
61
Hoffmann sigue la sociología histórica desa-
rrollada por Montesquieu, Alexis de Tocqueville y utilizada por Raymond
Aron, que se guía por el método inductivo-empírico.
62
La inducción no co-
noce la totalidad del sistema, tiene una visión “atomizada”.
Hoffmann sitúa todo dentro de la estructura. Para cada efecto inventa una
causa estructural. Como los atributos y la conducta de las unidades son ele-
mentos estructurales, las causas a nivel sistémico terminan por entremezclar-
se con las causas a nivel de la unidad, y estas últimas tienden a ser dominan-
tes. Define a la estructura según la disposición de las partes (estructura de
poder), y además, según las características de esas partes (homogeneidad o
heterogeneidad de los Estados). Para Waltz, situar la configuración de poder
y la homogeneidad o heterogeneidad de los Estados en una única definición
de estructura, como lo hace Hoffmann, es combinar los elementos situados
en distintos niveles de abstracción. Esto impide responder preguntas como:
1) ¿de qué modo la estructura definida como configuración de poder
afecta las características de los Estados? y a la inversa,
2) ¿hasta qué punto son sensibles las diferentes estructuras internacio-
nales a las variaciones de la organización interna y de la conducta de
los Estados independientes?
63
LUIS DALLANEGRA PEDRAZA
60
STUDIA POLITICÆ
15 ~ invierno 2008
64
Ibidem, pág. 75.
65
Habla de seis sistemas y cuatro subsistemas. Véase, La Problemática del Orden, en
DALLANEGRA PEDRAZA, Luis (et al), Geopolítica y relaciones internacionales, Buenos
Aires, Pleamar, 1981. Allí analizo cada uno de ellos.
66
HOFFMANN, Stanley, Teorías contemporáneas sobre las relaciones internacionales,
Madrid, Tecnos, 1963, Parte II, A). Sin embargo, entre los “elementos para el análisis de
los sistemas” Kaplan considera las variables clasificatorias que especifican las caracte-
rísticas de los actores, las variables de capacidad que especifican la capacidad física de
los mismos y las variables de información que consideran lo que un actor puede o no ha-
cer y conoce, sobre lo que puede hacer o no. Ver K
APLAN, Morton, “Sistema y proceso
en política internacional”, en H
OFFMANN, Stanley, Teorías..., op. cit., págs. 153-154.
Para Hoffmann, lo que es un sistema o eso en lo que se convierte, no de-
pende de la configuración de poder de los Estados, sino de sus políticas y
conductas.
64
Los modelos sistémicos de Morton Kaplan
65
reflejan la suposición de que
la estructura de un sistema complejo tiende a determinar el desempeño ca-
racterístico de ese sistema. Hoffmann lo condena por pasar por alto la di-
versidad de los Estados, dotar a los sistemas de voluntad propia, suponer
que los sistemas asignan los roles a los actores, creer que las estructuras
plantean las necesidades y determinan los objetivos, e ignorar las fuerzas
domésticas.
66
61
67
Ver KAPLAN, Morton, “Sistema y...”, en HOFFMANN, Stanley, Teorías contemporá-
neas sobre las relaciones internacionales, Madrid, Tecnos, 1963, págs. 148-149.
68
Críticas de Waltz a Kaplan. WALTZ, Kenneth, Teoría de la política internacional,
Buenos Aires, GEL, 1988, pág. 82.
69
Ibidem, pág. 83.
70
WALTZ, Kenneth, Teoría de la política internacional, Buenos Aires, GEL, 1988,
pág. 89.
71
Son “atomistas”.
72
WALTZ, Kenneth, Teoría de la política internacional, Buenos Aires, GEL, 1988,
págs. 92-93.
Kaplan define a un sistema de acción como un conjunto de variables tan rela-
cionadas en contraste con su contexto, que las regularidades de conducta des-
criptibles caracterizan las relaciones internas de las variables individuales con
las combinaciones de variables externas.
67
Waltz critica de esta definición, el
hecho de que no queda en claro dónde está el límite entre un sistema interna-
cional y el contexto.
68
Entiende a las condiciones “contextuales” como el
contexto de los Estados, y no como el contexto del sistema. El contexto de
los Estados es el sistema internacional,
69
que permanece en equilibrio mien-
tras los Estados respeten las “reglas esenciales” del funcionamiento del siste-
ma indicadas por Morton Kaplan en sus “elementos para el análisis”.
Sin embargo, cuando se analiza un subsistema, como la crisis centroameri-
cana o del Medio Oriente, etc., el contexto en el que está inserto el sistema
es el “sistema mayor”, y no necesariamente el mundo. Puede ser, para el
caso centroamericano, el bloque occidental.
Para Waltz, la estructura de un sistema actúa como límite de sus unidades.
Las dispone a comportarse de cierta manera y no de otra, por eso el sistema
se mantiene.
70
La anarquía como característica sistémica para Waltz
Los teóricos “tradicionalistas” como los de orientación “moderna” codifican
sus teorías reduciéndolas a las partes interactuantes.
71
Los “tradicionalistas”
siguen insistiendo en que el carácter “anárquico” de la política internacional
es el que marca la distinción entre los campos “interno” —estatal— y “ex-
terno” —internacional-, y los “modernistas” lo niegan.
72
En realidad no hay
anarquía, sino falta de un “gobierno central” —hay una tendencia al pre-
dominio de la soberanía por sobre la imposición de reglas supranacionales
o la coordinación para la generación de un orden global—. Las estructuras,
pese a que se mantienen durante largo tiempo —hablo en los términos de di-
LUIS DALLANEGRA PEDRAZA
62
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15 ~ invierno 2008
73
Me imagino que cuando hace referencia a “estructura” quiere decir el “sistema como
estructura” en el contexto de la “estructura internacional” a diferencia del “sistema como
las unidades interactuantes”.
74
Pese a las críticas que Waltz le hace a Kaplan, es este último quien explica con clari-
dad el cambio y no aquél, que resulta confuso.
75
Imagino que hace referencia a la integración que actualmente alcanzó la Unión Eu-
ropea (UE).
76
WALTZ, KENNETH, Teoría de la política internacional, Buenos Aires, GEL, 1988,
págs. 105-106.
77
Ibidem, pág. 107.
78
Ver Kaplan, Morton, “Sistema y Proceso en Política Internacional”, en HOFFMANN,
Stanley, Teorías contemporáneas sobre las relaciones internacionales, Madrid, Tecnos,
1963, op. cit., págs. 149-155. También ver mi trabajo, donde trato la problemática de los
mensión “horizontal” de Hoffmann no son estáticas, sino dinámicas, ya
que alteran la conducta de los actores y afectan el resultado de sus interac-
ciones. Las estructuras según Waltz pueden cambiar de modo súbito (?).
73
Un cambio estructural —dice es una revolución, porque da lugar a nuevas
expectativas acerca de los resultados que se producirán a partir de los actos
y las interacciones de unidades cuya colocación dentro del sistema varía
junto con los cambios de estructura. Entre sistemas diferentes, una teoría ex-
plica el cambio.
74
La distinción entre estructuras anárquicas de diferente
tipo permite producir definiciones más estrechas y precisas de los resultados
esperados. Por ejemplo, los efectos sufridos por los Estados europeos a par-
tir del cambio de un sistema multipolar a uno bipolar. Durante la etapa en
que el multipolarismo fue manejado por las grandes potencias europeas, no
se podía pensar en términos de integración,
75
como se lo hace a partir de
que el poder pasó a manos de otros actores extra-europeos.
76
No comprendo cómo pueden cambiar de modo súbito las estructuras sin
que cambie el sistema; en el entendimiento de que éste es variable depen-
diente de aquéllas. Desde ya, se producen cambios en la inserción de los
actores al producirse cambios en la estructura. También coincido con que
cuando se habla de sistema se hace referencia al interrelacionamiento e in-
tercondicionamiento entre las unidades y esto no presume qué tipo de es-
tructura está vigente —para ello es necesario conocer la configuración de
poder—, aunque la forma en que las unidades se interrelacionan e intercon-
dicionan está “condicionada” por la estructura vigente.
Una teoría sistémica dice Waltz— explica los cambios entre sistemas, no
dentro de ellos (?).
77
Pese a las críticas de Waltz a Kaplan, se podría decir
que éste sí ha encontrado la forma de explicar, no sólo describir, los cam-
bios dentro de los sistemas a partir de sus “normas de transformación”.
78
63
cambios “en” y “de” sistema en La Problemática del Orden, en “Geopolítica y Relacio-
nes Internacionales”, Buenos Aires, Pleamar, 1981, págs. 21-24.
79
Cada cuál debe valerse por sí mismo, no hay gobierno central. Característica de un
sistema internacional “anárquico” ya que todos tienden a la defensa soberana y no a la
coordinación de voluntades.
80
WALTZ, Kenneth, Teoría de la política internacional, Buenos Aires, GEL, 1988, pág. 109.
81
Parece que para Waltz, no es relevante la “resistencia” que los actores menores pro-
ducen hacia los mayores. En estos casos, sus interacciones no están aisladas. Casos
OPEP, crisis de la deuda, crisis de los rehenes de Irán, etc.
82
WALTZ, Kenneth, Teoría de la política internacional, Buenos Aires, GEL, 1988, pág. 109.
El hecho de que la estructura para Waltz tenga que ver exclusivamente con
la configuración de poder vigente en la “cúpula” del sistema, se debe a que
considera que, en política internacional, al igual que en cualquier sistema
de auto-ayuda,
79
las unidades de mayor capacidad plantean la escena de
la acción para las otras, y para sí mismas. Sería tan ridículo afirma—
construir una teoría política internacional basada en Malasia y Costa Rica
como construir una teoría económica de la competencia oligopólica basada
en las empresas menores de la economía. Los destinos de todos los Estados
y de todas las empresas de un sistema están mucho más afectados por las
acciones e interacciones de los mayores que por las de los menores.
80
No
obstante, creo que ningún teórico caería en tal ridiculez. Mala la suposi-
ción de Waltz. Sí es importante contabilizar el efecto de la “resistencia” de
este tipo de Estados sobre la estructura y el sistema, si no caeríamos en la
“ridiculez” de que el mundo es sólo lo que pasa en su “tope”. A la vez afir-
ma Waltz, la preocupación por la política internacional como sistema impli-
ca la concentración en los Estados que causan las mayores diferencias (?).
Una teoría general de la política internacional se basa necesariamente (?) en
los grandes poderes. La teoría, una vez escrita, también se aplica a los Esta-
dos menores que interactúan, en tanto sus interacciones estén aisladas
81
de
los grandes poderes de un sistema, ya sea por la relativa indiferencia de es-
tos últimos o por dificultades de comunicación y de transporte.
82
No cabe
duda que las verdades de Waltz son de perogrullo, a la vez que su visión es
demasiado simplista respecto del rol que le cabe a los Estados menores.
Como si estos fueran meros objetos pasivos, que no reaccionan ni resisten
en lo más mínimo. Como si los Estados mayores no tuvieran que tratar de
atraerlos a sus esferas de influencia, de alguna manera, como para poder es-
tablecer un dominio sobre ellos y un predominio por sobre los otros Esta-
dos o actores mayores. Puede ser que las resistencias y las reacciones de los
Estados menores no sean significativas —el caso OPEP o la crisis de los
rehenes de Irán y sus efectos, el proceso masivo de descolonización en Asia
y en Africa, muestra que pueden serlo—, pero eso no significa que una teo-
LUIS DALLANEGRA PEDRAZA
64
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83
WALTZ, Kenneth, Teoría de la política internacional, Buenos Aires, GEL, 1988,
pág. 155.
84
WALTZ, Kenneth, Teoría de la política internacional, Buenos Aires, GEL, 1988,
pág. 155.
85
Unirse al bando más fuerte, no necesariamente da fortaleza. La UE o la OPEP mues-
tran lo contrario.
86
WALTZ, Kenneth, Teoría de la política internacional, Buenos Aires, GEL, 1988,
pág. 186.
ría de la política mundial —sistémica o no— deba concentrarse en los Esta-
dos mayores, sin considerar el significado —dentro del marco de la teo-
ría— de los Estados menores. Es cierto que la teoría, una vez escrita, tam-
bién se aplica a los Estados menores, pero puede ser una concepción
errónea basada en el rol de los Estados mayores, como si estuvieran solos y
totalmente libres de la influencia, resistencia y reacción de los Estados me-
nores, en sus decisiones, pugnas y orientaciones de lo internacional. Preten-
diendo ser sistémico Waltz, termina teniendo una visión “atomista”.
Interdependencia e integración
En un sistema de auto-ayuda las unidades utilizan sus esfuerzos para prote-
gerse de las otras. En un sistema de división de trabajo y la economía, la
especialización funciona para beneficio de todos aunque no igualitariamen-
te.
83
OTAN, TIAR, en lo militar, la UE, ALADI, NAFTA, MERCOSUR en
lo económico, visto formalmente institucionalizado, o la producción de ma-
nufacturas y tecnología por el mundo industrializado y la de materias pri-
mas por el subdesarrollado y en vías de desarrollo, desde una perspectiva
no institucionalizada formalmente, son ejemplos de sistemas de división del
trabajo y la economía. La interdependencia existente a nivel internacional
hace que la división de tareas sea más laxa.
84
Si los Estados desean maximizar el poder —dice Waltzse unirán al ban-
do más fuerte (?)
85
lo que favorecerá la aparición de una hegemonía. Y
agrega, los Estados más débiles, si están libres para elegir, se apiñan al lado
más débil pues el más fuerte es el que los amenaza.
86
Se trata de un concepto equívoco, ya que tiene que tratarse de una élite
“funcional” a los intereses hegemónicos del más fuerte, para favorecer esa
hegemonía; salvo que considere que en el corto plazo esa es la única alter-
nativa, pero que en el mediano y largo plazo puede ir despegándose y al-
canzando una inserción más autónoma. Por otra parte, también depende de
la funcionalidad de la élite gobernante a los intereses autonómicos, para
65
87
Esta era la opinión de Guido Di Tella, Canciller de Carlos Menem, razón por la cual
hablaba de “aliarse” (?) con EUA (“relaciones carnales”) y no con América Latina o paí-
ses de la “periferia”.
88
WALTZ, KENNETH, Teoría de la política internacional, Buenos Aires, GEL, 1988,
pág. 187.
89
El caso de la OPEP o el de la crisis de los rehenes de Irán, que tuvo en vilo al go-
bierno norteamericano de Carter, costándole su reelección, e incluso la continuidad en el
poder al Partido Demócrata, son ejemplos claros de lo dicho.
que realice alianzas con los co-débiles, de manera tal de “maximizar” las
posibilidades de desempeño —OPEP es un ejemplo. En muchos casos, la
élite no es funcional a este tipo de alternativas —América Latina tiene un
historial de gobiernos con estas características, incluso hoy en día—; por
el contrario, considera que juntarse con débiles, “debilita” (!).
87
Los Estados —dice Waltz— equilibran el poder antes que maximizarlo.
88
Se trata de una de esas afirmaciones, al estilo de qué es lo que está primero,
el huevo o la gallina. Los Estados hacen lo que pueden. Si pueden maximi-
zar sus posibilidades lo van a hacer hasta que algo los frene, entonces ten-
derán al equilibrio, a fin de no perder lo que lograron. La historia está llena
de ejemplos de “expansionismo indiscriminado”, así como también de
“equilibrios prudentes y statuquistas”. No es necesario usar la imaginación,
basta con la memoria histórica.
Antes, los grandes poderes eran definidos según sus capacidades. Ahora se
considera a la capacidad o incapacidad de los Estados para resolver sus pro-
blemas, el elemento para considerar su posición internacional. El poder ya
no es homogéneo. Hay actores militarmente preponderantes, pero no eco-
nómicamente —EUA hoy—. Las capacidades de una Nación no se refuer-
zan militarmente.
89
El Idealismo-Sistémico-Funcional
El “Buen gobierno” del mundo
La perspectiva sistémica ha tenido dos vertientes, la idealista, que la ha
orientado hacia el “funcionalismo” y la realista, que la orientó hacia el “es-
tructuralismo”.
El idealismo sistémico se plantea la posibilidad de orden mundial, a partir
de la conformación y perfeccionamiento de organismos internacionales y,
observando el creciente transnacionalismo, la posibilidad a partir de la
“convergencia” entre los miembros del sistema en forma cooperativa. Se-
LUIS DALLANEGRA PEDRAZA
4689787 4712933 4733945
66
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90
COMISIÓN DEL GOBIERNO MUNDIAL, Our Global Neighborhood: the Report of the
Commission on global Governance, Oxford, Oxford University Press, 1995, pág. 14.
91
Que sería el poder de policía capaz de operar como “árbitro supremo”, independien-
te de los más poderosos, con capacidad de mantener o restablecer el orden.
92
Oran R. YOUNG, “The Effectiveness of International Institutions: Hard Cases and
Critical Variables”, en R
OSENAU y CZEMPIEL, Governance without Government: Or-
der and Change in World Politics, Cambridge, Cambridge University Press, 1995,
pág. 160.
gún la “Comisión del Gobierno Mundial”, la acción llevada a cabo por las
ONG’s, los movimientos de ciudadanos, las empresas transnacionales y los
mercados de capitales integrados, contribuye al buen gobierno. El buen go-
bierno implicaría modalidades de cooperación y de solución de conflictos
con protagonistas múltiples, aunque la jerarquía de éstos no se precisa.
90
Esta “Comisión” rechaza algunos de los postulados del realismo, al hacer
hincapié en la importancia de las instituciones en la política internacional.
Esta perspectiva tiene una larga tradición doctrinal, que se remonta a David
Hume y que trata de determinar científicamente la influencia de las institu-
ciones en la vida de las sociedades. Entre sus postulados, con una visión
institucionalista anti-realista, se establece que la sociedad internacional no
es anárquica —de acuerdo con esto, no tiende hacia los intereses naciona-
les y/o soberanos—. A pesar de la ausencia de poder coercitivo legítimo,
91
los protagonistas internacionales reconocen la existencia de reglas de jue-
go, aceptan obligaciones, practican la cooperación y actúan de forma pre-
visible a causa de la existencia de mecanismos de regulación formales e in-
formales.
¿Quién cumpliría con la función de “árbitro supremo”, independiente de
los más poderosos y con capacidad de mantener o restablecer el orden?
Está visto que organismos como la ONU no tienen esa capacidad, sino a
través del CS, lo que implica que es a través de los “más poderosos”.
Oran Young,
92
un neo-institucionalista, con una visión “voluntarista”, con-
sidera que la base del buen gobierno la constituye el conjunto de institucio-
nes, leyes, procedimientos y normas que permiten a las personas expresar
sus preocupaciones y luchar en defensa de sus intereses en un contexto re-
lativamente previsible y equitativo. De esta manera, las estructuras interna-
cionales no reflejan exclusivamente las jerarquías de poder, porque las ins-
tituciones influyen en la política de los Estados provocando esperanzas,
delimitando objetivos, orientando intereses y preferencias. Encuentra nive-
les de “igualdad” en el relacionamiento global, difíciles de observar en la
realidad. ¿De qué manera se lograría la “democracia” en las relaciones in-
ternacionales, en un mundo con una estructura asimétrica?
67
93
James N. ROSENAU, “Governance: Order, and Change in World Politics”, en James
N. ROSENAU y Ernst-Otto CZEMPEL, Governance without Government: Order and Chan-
ge in World Politics, Cambridge, Cambridge University Press, 1995, págs. 3-4.
94
Ver sobre el tema, TÖNNIES, Ferdinand, Comunidad y sociedad, Buenos Aires, Edit.
Losada, 1947. Esto fue bien desarrollado por PUIG, Juan Carlos, Derecho de la Comuni-
dad Internacional, Bs. As., Depalma, 1974, Vol. I, Parte General. También lo he analiza-
do en D
ALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del orden mundial: Régimen internacio-
nal, Buenos Aires, Edición del Autor, 2001, Cap. VI.
James Rosenau utiliza el término “buen gobierno” para expresar un siste-
ma de normas. Sostiene la idea de un “buen gobierno sin gobierno” para
referirse a las funciones que ha de asumir todo sistema social, pero de las
que no se hacen cargo los gobiernos.
93
La sociedad internacional, dice, im-
plica un índice cada vez mayor de institucionalización e innumerables me-
canismos de regulación, aunque esté desprovista al mismo tiempo de un ór-
gano de poder supranacional.
Rosenau ignora que los organismos internacionales, al carecer de poder
propio, ya que el que tienen es provisto por sus miembros en forma asi-
métrica, son cooptados por los más poderosos. En última instancia, son
“funcionales” al orden vigente, resultante de una estructura de poder y no
de una convergencia de voluntades surgida de una supuesta “igualdad ju-
rídica”. Ya falla al hablar de “sociedad internacional” que implica un alto
índice de “racionalidad” en las relaciones, cuando en el sistema mundial
predominan los lazos basados en el interés y el poder, mostrando caracte-
rísticas mucho más primitivas, presentes en la “comunidad”.
94
Toda la
institucionalización alcanzada durante el siglo XX no alcanza para hacer
mínimamente una “sociedad internacional”.
Para Rosenau, un ejemplo típico de “buen gobierno sin gobierno”, es un
sistema de gestión dirigido por valores y empresas comunes, que se impone
a partir de una lógica consensual que no exige necesariamente medios coer-
citivos.
La pregunta que uno se hace frente a esta afirmación, es si hay tal grado de
convergencia de voluntades como para que haya un orden mundial descen-
tralizado. Por otra parte, cómo se logra una convergencia de voluntades en
un mundo asimétrico. Rosenau dice que si las acciones de los gobiernos
consideran apoyarse en una autoridad formal y en poderes de policía —¿ár-
bitro supremo?—, las acciones del buen gobierno parecen surgir de iniciati-
vas que expresan objetivos comunes. Entonces la pregunta es ¿quiénes esta-
blecen o imponen los objetivos comunes? Ya que no surgen de la
comunidad total, sino de aquellos que tiene capacidad de “direccionamien-
to”. Rosenau insiste en que en la esfera de las relaciones internacionales, el
LUIS DALLANEGRA PEDRAZA
68
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95
Este es un tema muy bien estudiado por PUIG, Juan Carlos, Derecho de la comuni-
dad internacional, Bs. As., Depalma, 1974, Vol. I, Parte General.
96
El concepto ha sido creado y desarrollado por GOLDSCHMIDT, Werner, Introducción
al derecho: La teoría trialista del mundo jurídico y sus horizontes, Bs. As., Depalma,
1968. Puig Juan Carlos, lo continuó en el marco del Derecho Internacional Público en su
Derecho de la Comunidad Internacional, Bs. As., Depalma, 1974. El hecho de que con-
sideren estos conceptos en el derecho, se debe a su visión sociológica de la justicia, en
vez de puramente normológica como la concepción de Hans K
ELSEN en su Teoría pura
del derecho.
97
Un caso en el que generalmente se confunde al regulador con un repartidor, es el FMI.
buen gobierno se lleva a cabo, antes que nada, por acuerdos y prácticas de
los Estados, sobre todo de las grandes potencias. El buen gobierno sería un
sistema de normas realizadas por acuerdo de la mayoría, y permitiría que
los proyectos colectivos se concretasen sin la autoridad formal y la sanción
de los gobiernos. Insisto con las preguntas: ¿cuántos Estados son “la ma-
yoría”? En un mundo con cerca de 200 Estados al menos, la cuarta parte
debería tener esa capacidad como para ser representativos. Para Rosenau,
las organizaciones intergubernamentales, así como las formas de regulación
informal o dinamizadas por ONG’s o empresas transnacionales, también
formarían parte integrante del buen gobierno. En general hace una gran
mezcla. Una cosa son los “repartidores supremos de poder”, como los
grandes Estados, ciertos actores transnacionales, etc., y otra son los “regu-
ladores” de los “repartos” establecidos, como las organizaciones intergu-
bernamentales.
95
Realismo-Sistémico-Estructural
El realismo-sistémico-estructural, considera a las instituciones internacio-
nales como el producto de una estructura de poder que las implementa para
cristalizar un orden alcanzado de hecho, resultado de un proceso de “pug-
na” entre los actores del sistema, en forma asimétrica, y no como las gene-
radoras de ese orden. Los actores son los que, a través de su poder —asi-
métrico— y voluntad, asignan a los recipiendarios —los que carecen de
poder suficiente— lo que “pueden” y lo que “no pueden”, generando “prin-
cipios supremos de reparto” o regímenes; mientras que las instituciones in-
ternacionales son las “reguladoras” de los principios de reparto, se encargan
de que se cumpla lo que generan los repartidores,
96
pero no tienen capaci-
dad de generación de reglas más allá de que en algunos casos así parezca.
97
Los repartidores son los “árbitros supremos” ya que, al no haber un Estado
mundial, la capacidad de “gobierno” del sistema la ejercen de forma arbi-
traria los más poderosos, en forma competitiva y, en ciertos casos, conflic-
69
98
Atendiendo a la configuración de poder emergente o vigente. DALLANEGRA PEDRA-
ZA, Luis, El orden mundial del siglo XXI, Buenos Aires, Ediciones de la Universidad,
1998, Capítulo VIII.
99
DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El orden mundial del siglo XXI, Buenos Aires, Edicio-
nes de la Universidad, 1998, págs. 6-9.
tiva —v.gr. la “Guerra Fría”— tendiendo a dominar hacia “abajo”, gene-
rando esferas de influencia, con la consecuente “resistencia” de “abajo ha-
cia arriba”. Esto se da dentro de parámetros establecidos por la estructura.
Los que están “arriba” tienden al status quo, mientras que los de “abajo”
buscan metodologías para cambiarlo. Esto último es lo que llamo “cons-
trucción de poder” o realización de alianzas estratégicas, dependiendo de la
metodología que se busque para modificar el status quo propio con los mí-
nimos costos. En este contexto aparecieron dentro de la “macro-etapa” del
Estado-Nación, como signo de cambios substantivos de la macro-etapa, di-
ferentes actores no estatales que intervienen con metodologías diversas a
las utilizadas por los Estados-Nación, para generar reglas, mantenerlas, o
modificarlas.
En ciertos países altamente industrializados como EUA, algunos europeos
o el caso particular de Japón, en el que existe una “comunión” entre Estado
y grupos privados japoneses, se han dado alianzas estratégicas Estado-cor-
poraciones, de forma tal que mutuamente se apoyan y benefician; hecho
que no se da en la periferia, en la que Estados poderosos y directivos de
grupos empresariales y de la banca buscan cooptar a los gobiernos, o impo-
ner gobiernos “funcionales” a sus intereses, de forma tal de poder controlar
los recursos de esos países, la mano de obra, el mercado, etc. Los gobiernos
de la periferia que resultan funcionales, cumplen con una función “procon-
sular”, más que de administradores de los asuntos de Estado. Cuando se
niegan a cumplir con tal función, son marginados, bloqueados y hasta “gol-
peados” bajo diferentes justificativos de forma tal que caigan para que su
puesto lo ocupe otro que sea funcional. Esto hace sumamente compleja la
posibilidad de que entre los países periféricos se celebren alianzas estratégi-
cas, que les permita fortalecer la capacidad negociadora y tener un mayor
margen de maniobra, no sólo frente a países poderosos sino también en un
contexto mundial altamente transnacionalizado.
El circuito histórico en la macro-etapa del Estado-Nación, para la genera-
ción de sistemas internacionales y el orden, estuvo dado por un “proceso de
polarización” entre los miembros del sistema en forma “asimétrica” si-
guiendo criterios estructurales,
98
de forma tal de ir generando reglas —ré-
gimen— en el marco de los “ejes” básicos de relacionamiento: el económi-
co, el estratégico-militar y el político.
99
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La forma que adoptará el sistema, está condicionada por la estructura, de
manera tal que los miembros del sistema no se interrelacionan e intercondi-
cionan de cualquier manera, sino que siguen los “criterios estructurales”. Es
en la estructura donde el decisor debe “leer” cuáles son las características
del funcionamiento del sistema, así como cuáles son los “parámetros de
cambio” dentro de los cuales su política exterior es razonable, obteniendo
más beneficios que costos.
De esta manera, se va generando el régimen, que también condiciona al sis-
tema de manera “institucional”, pero que es condicionado a su vez por la
estructura. La “cristalización” de la estructura —cuando el proceso de pola-
rización llega a un punto de saturación: nadie pueda avanzar más de lo
que avanzó o retroceder más de lo que lo hizo— y la existencia de régimen,
permiten la generación de un orden relativamente estable.
71
100
DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El orden mundial del siglo XXI, Buenos Aires, Edicio-
nes de la Universidad, 1998, págs. 108-110.
Dentro de esa configuración sistémica y el orden correspondiente, se dan
cambios, pero “entre parámetros”.
100
Esta es la resultante natural de los
movimientos de reacomodación dentro del sistema. Los que están discon-
formes con el status quo vigente, tenderán a transformarse en “desordena-
dores”, ya que buscan, de alguna manera, cambiar el status que les ha toca-
do por uno mejor. En estos casos, el sistema —quienes lo conducen—
genera procesos homeostáticos que buscan restaurar el equilibrio.
Entender la “inteligencia” del funcionamiento del sistema —que está en la
“estructura” y no en los sistemas institucionales creados como consecuen-
cia—, permite llevar a cabo políticas racionales que resultarán en una maxi-
mización de beneficios con mínimos costos.
A esto lleva la perspectiva realista-sistémica-estructural, y no a la creencia
de que “aliarse” con el hegemón —dependencia racional— otorga ventajas
que los que no lo hacen pierden.
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