
STUDIA POLITICÆ
09 ~ invierno 2006102
el sujeto a su goce, realizando así la verdad que en ello se cifra,
rechazo puro entonces de la castración, como operación de regu-
lación subjetiva” (Waisman, 2004:79).
Nos encontramos hoy, por tanto, con generaciones completamen-
te escindidas y amparadas bajo el título de diversos goces autoi-
dentificatorios (gays, lésbicos, héteros, toxicómanos, alcohólicos,
yuppies, anoréxicos, bulímicos, depresivos, naturistas, canibalís-
tas, etc.) que fragmentan el tejido social en una especie de “revo-
lución de átomos”. Sobre el brutal goce “canibalistico” me gusta-
ría dar un ejemplo: en Alemania (2001), Armin Miewes, analista
computacional de 42 años publicó un aviso por Internet convocan-
do a otros usuarios para efectuar un ritual exótico: comerlos vivos.
A pocos días del aviso, se presentaron en su casa cinco sujetos, de
los cuales quedó seleccionado uno (Bernd-Juergen Brandes). Los
nuevos amigos, después de despedir a quienes resultaron rechaza-
dos, tuvieron sexo y comenzaron, con el total beneplácito de la
victima, a cortar el pene de Brandes para cocinarlo en la parrilla
y comerlo juntos mientras se filmaban. Posteriormente, Armin ter-
minó su trabajo y congeló los restos del cuerpo de Brandes para
mantenerlos frescos y comerlos en los días subsiguientes. Este
acto pone en evidencia ese retorno de violencia (sin mediación
simbólica alguna) antes mencionado, favorecido, esta vez, por el
medio de comunicación posmoderno por antonomasia: Internet.
Medio ilimitado de información y posibilidades de contacto, que
sin embargo podría pensarse como un real de la comunicación.
Como diría Gustavo Dessals, “Nunca antes la humanidad había
podido sortear las fronteras, y extender los lazos y los intercam-
bios con todos los confines de la tierra. Preguntémonos, sin em-
bargo, si la posibilidad real de hablar con todo el mundo no es un
modo disfrazado de la imposibilidad de hablar con alguien, si la
capacidad de verlo todo no está al servicio de impedirnos ver
nada, en un mundo donde las fronteras son en realidad cada vez
más infranqueables” (Dessals, 2002:15).
Zizek se refiere a esta globalización capitalista, de la que Inter-
net es una resultante entre otras, del siguiente modo: “El capita-
lismo es el primer orden socio-económico que desunifica el sen-
tido: no es global a nivel del sentido (no hay una ‘visión del