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Daniel Groisman
1
Resumen
Este ensayo, subdividido en cuatro breves apartados, explora
algunos significantes actuales. En orden a delinear con más
precisión el campo analítico, diría que se aboca a poner de
manifiesto ciertos síntomas que contribuyen a pensar la sub-
jetividad de época. Para esto, he tomado como autor de refe-
rencia a Slavoj Zizek. Desde su marco teórico y trayendo
categorías del psicoanálisis, pretendí evidenciar cómo cier-
tos aspectos del Malestar en la Cultura (Unbehagen in der
Kultur) que hubo escrito Freud en mil novecientos treinta, se
metamorfosearon manteniendo, al mismo tiempo, una estruc-
tura similar. Malestar en la cultura que tiene sus notas carac-
terísticas, dentro del capitalismo contemporáneo, en la apatía
política y la supuesta era posideológica, las nuevas formas
decadentes y autísticas de relaciones sociales, el horizonte
científico de eternizar al hombre, la paradójica lucha para
que la naturaleza posea un lugar en el mundo, entre otras.
El punto de partida son los lenitivos (modos de mitigar el
sufrimiento) que Freud encuentra al alcance del hombre en
¡Mercado de goces, goce de
mercado!
STUDIA POLITICÆ Número 09 ~ invierno 2006.
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
Código de Referato: SP.33.VIII-IX.educc/2006.
1
Estudiante de Ciencia Política en la Universidad Católica de Córdoba.
STUDIA POLITICÆ
09 ~ invierno 200696
general. Porque el sufrimiento, dice Freud, nos acosa por
tres lados: por el propio cuerpo y su envejecimiento progre-
sivo, por el mundo exterior (la inexorable e impredecible
naturaleza) y a través de las relaciones sociales, muchas ve-
ces traumáticas. La cuestión, entonces, es pensar cómo estos
lenitivos (mencionados a posteriori) que Freud detectó en su
tiempo, se fueron actualizando, y qué consecuencias subjeti-
vas están dejando a su paso. El punto de encuentro más sig-
nificativo y problemático es la encarnación de la ciencia
como lenitivo y dispositivo redentor. De hecho, a partir de
esta relación inextricable, surgen preguntas tales como ¿has-
ta dónde pretende llegar el hombre con la ciencia? ¿Sería
posible, acaso, una discriminación entre un uso positivo y
negativo de su aplicación técnica? ¿Qué rol debería cumplir
en esto el Estado? Estas preguntas no pretenden ser respon-
didas aquí categóricamente. No obstante, me propongo ex-
plorar la categoría de goce (jouissance) como factor políti-
co, en su ruptura del lazo social y automatismo de-
sencadenado, para intentar dar cuenta del peligro que signi-
fica, entre otras cosas, una ciencia-sin-límites. Porque tal
como lo dice Lacan, se piensa que se gana porque no se
sabe lo que se pierde.
1) El primer apartado funciona como una suerte de introduc-
ción a la subjetividad de época. Se describen, a partir de la
categoría de goce, algunos rasgos de las sociedades capita-
listas y el individuo que emerge de los lazos sociales allí
gestados.
2) El segundo apartado intenta dar a conocer cómo se orga-
nizan los discursos sociales en términos lacanianos (cuatros
discursos subjetivos) y qué nuevo significado reside en el
actual “discurso del amo” (significante amo), quien se sitúa,
como explicaré allí, en un lugar privilegiado de la “matriz
discursiva”.
3) En el tercer apartado interpreto retroactivamente una no-
vela de Oscar Wilde a la luz de la relación directa que se
establece, en el capitalismo contemporáneo, entre el merca-
do y el cuerpo.
4) En el cuarto apartado, al igual que en el resto de los apar-
tados aunque de forma más explícita, otorgo al discurso
científico-técnico el carácter de demiúrgico y propongo una
lectura que invita a pensar qué consecuencias podría traer su
desenfreno en la conquista de lo real.
97
Abstract
These short essays try to examine some signifiers of the pre-
sent time. In order to delimit the analytic field, I would say
that they intend to reveal symptoms that may help to eluci-
date predominant characteristics of the political and social
world. For this, I have taken Slavoj Zizek as a referent au-
thor. Through his “cognitive world” and using some psy-
choanalytical categories I intended to show how some as-
pects of the Freudian Unbehagen in der Kultur (civilization
and its discontents) written in 1930 have metamorphosized
but, at the same time, have kept the same structure. Discon-
tents that have their characteristical notes (within contempo-
rary capitalism) in the political apathy, the new decadent
and autistic ways of social relations, the scientific horizon
to eternize men, the paradoxical struggle to leave a place for
nature, among others.
My starting point are the lenitives that Freud attributes to
men in general. Because suffering, he says, grieves us at
three levels: Through the own body and its progressive
aging, through the external world (the unpredictable nature)
and through social relations (many times traumatic). The
question here is, then, to think how this lenitives (complete-
ly mentioned in the essays) that Freud detected in his times
have undergone metamorphosis and which political-anthro-
pological and social consequences are provoking. The most
significant and problematic encounter point is the one bet-
ween science and lenitives. In fact, many questions emerge
from this encounter: Where are men trying to get at with
science? Would it be possible to discriminate between a po-
sitive and a negative use of science? Which roll should poli-
tics and the state play on this? None of these questions have
been answered clearly. Nevertheless, I proposed myself to
explore the “jouissance” category as a political factor in the
breaking-off social ties, to try to give account for the danger
it signifies, among other things, a no-limited science. Be-
cause, as Lacan said, “what is gained on the one hand is lost
on the other. As one is not aware of the loss, one believes
that has gained”
2
.
2
Traducción propia.
DANIEL GROISMAN
STUDIA POLITICÆ
09 ~ invierno 200698
“El saber es lo que hace que la vida se detenga en un cierto límite
frente al goce. Puesto que el camino hacia la muerte —de eso se trata,
de un discurso sobre el masoquismo—, el camino hacia la muerte
no es nada más que lo que llamamos el goce”
(Jaques Lacan, El reverso del psicoanálisis, seminario 17)
“¿cuáles son las implicaciones políticas de la búsqueda psicoanalítica?
En todo caso, que no hay progreso. Lo que se gana de un lado se pierde
del otro. Como uno no sabe lo que se ha perdido, cree que se ha ganado”
(Jaques Lacan, 1975, conferencia dictada en la Universidad de Yale)
Es innegable, al menos genéricamente, que los hombres pretenden
alcanzar bienestar. Entre el placer y el displacer, la búsqueda del
primero es, desde un punto de vista freudiano, un principio que
rige las operaciones del aparato psíquico desde su mismo origen.
Podría decirse que esta aspiración tiene dos fases: una negativa y
otra positiva. Por un lado, evitar el dolor y el displacer; por el otro
experimentar intensas sensaciones placenteras. Sin embargo, esta
programación del principio del placer encuentra óbices, generan-
do en el individuo una imposibilidad constitutiva para perpetuarse
en el goce de la felicidad. “[...] el intruso que perturba el armonio-
so circuito del aparato psíquico manejado por el ‘principio del pla-
cer no es algo externo sino estrictamente inherente a él: en el
propio funcionamiento inmanente de la psique, no obstante la pre-
sión de la ‘realidad externa’, hay algo que se resiste a la satisfac-
ción plena. En otras palabras, aun si el aparato psíquico es com-
pletamente abandonado a sí mismo, no alcanzará el equilibrio por
el cual se esfuerza el “principio del placer”, sino que continuará
circulando alrededor de un intruso traumático en su interior [...] El
matema lacaniano para este cuerpo extraño, para este límite inter-
no es, por supuesto, el objeto a: el objeto a es el escollo, el obs-
táculo que interrumpe el circuito cerrado del principio del placer”
(Zizek, 1994:67). Por ello, Lacan llama al objeto a objeto causa
de deseo. Ya que el deseo está en estricta correlación con un otro
externo a uno.
Por el contrario, el sentido trágico y patético de la vida nos es
mucho menos difícil de experimentar. “El sufrimiento nos amena-
za por tres lados: desde el propio cuerpo que, condenado a la de-
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cadencia y a la aniquilación, ni siquiera puede prescindir de los
signos de alarma que representan el dolor y la angustia; del mun-
do exterior, capaz de encarnizarse en nosotros con fuerzas destruc-
toras omnipotentes e implacables; por fin, de las relaciones con
otros seres humanos” (Freud, 1930:3025). Para atenuar, neutralizar
o eliminar el sufrimiento Freud propone que los seres humanos
podemos tomar diversos caminos. 1) El aislamiento voluntario;
esto es, el alejamiento de los demás en procura de protección con-
tra el sufrimiento que conllevan las relaciones humanas 2) La uti-
lización de la técnica científica, activando el dominio y someti-
miento de la naturaleza 3) Las drogas, que también pueden ser un
crudo y efectivo método para moldear una coraza de protección
contra el medio. 4) Los desplazamientos de la libido tales como la
sublimación de los instintos, acrecentando el placer por el trabajo
psíquico e intelectual. 5) Y last but not least, el apartado privile-
giado del amor. Éste, según Freud, es el vínculo afectivo más im-
portante para alcanzar la felicidad, aunque a su vez presenta un
reverso indeseado: la posibilidad de un agudo sufrimiento por la
pérdida del objeto de amor.
Uno podría tentarse a pensar estos lenitivos y búsquedas de placer
de un modo ahistórico. Considerarlos connaturales al hombre. Sin
embargo, no podríamos ceder a la simplificación de homologarlos
en su forma y uso en el transcurso de los tiempos. El uso del pla-
cer, en épocas premodernas, signado por la represión, era cuantita-
tiva y cualitativamente diverso. La vigencia del mandato paterno,
el “constreñimiento teológico ejercido sobre el cuerpo, promovían
un cierto límite al uso de los placeres. Esto es, existía una Ley que
imponía un coto. “El pasado, en definitiva, basaba su existencia en
el principio de la represión, el sojuzgamiento y la domesticación de
las tendencias libidinales del individuo, a fin de convertirlo en un
elemento adaptable y propicio para el vínculo social [...] Durante
siglos, la elevada misión de la figura paterna consistió en favore-
cer el pasaje del sujeto de la naturaleza a la cultura, y se estudió y
puso de relieve esta función decisiva en los fenómenos clínicos
derivados del Complejo de Edipo. Surgió así un concepto clave
para el psicoanálisis, el concepto de castración, que se refiere a la
satisfacción que debe serle sustraída al sujeto a fin de desprender-
DANIEL GROISMAN
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09 ~ invierno 2006100
lo de su tendencia natural al autoerotismo. Como veremos, la posi-
bilidad de obtener un goce de su propio cuerpo, de prescindir de
todo interés en lo que puede ser aportado por el mundo exterior, es
una propiedad inherente al ser hablante, cuya satisfacción origina-
ria se desentiende del Otro” (Dessals, 2002:14).
En la actualidad, y para dar paso a lo que aquí nos convoca, con-
trariamente a aquello que sucedía en el pasado, estamos frente a
una sociedad en alto grado forcluida de la ley
3
que responde,
cada vez más, al imperativo superyoico del gozar sin límites. A
decir de Zizek, el imperativo del superyó de gozar funciona como
una inversión del “du kannst, denn du sollst!” kantiano, (¡tu pue-
des, porque tu debes!); es decir se basa en el “¡tu debes porque tu
puedes! (...) Lo que sería que el aspecto superyoico del hedonis-
mo ‘no-represivo’ actual (la constante provocación a la que esta-
mos expuestos, que nos ordena a llegar hasta el final explorando
todas las formas del goce) reside en la manera en que el goce per-
mitido se transforma necesariamente en goce obligatorio” (Zizek,
2004:4). Lo que se pregunta Zizek es si este mandato capitalista
se convierte en una incitación al goce extremo, o estamos frente a
un principio del placer (o sea una búsqueda de homeostasis, “jus-
to medio”, mandato de pasarla bien) universalizado. A esto res-
ponde que deberíamos hacer una diferenciación entre el mandato
abstracto (¡gozad!), que convoca a la regla del principio del pla-
cer, y su funcionamiento real y efectivo que nos lleva, indefecti-
blemente, a los extremos más destructivos. “El problema con el
mandato del Superyo de gozar, es que en contraste a los modos
previos de interpelación ideológica, este no abre ningún mundo
propiamente dicho, sino que sólo se refiere a un oscuro innombra-
ble [...] privando a la mayoría de las personas de un ‘mapa cogni-
tivo’ significativo” (Zizek, 2004:5).
Jacques Lacan se interesó en las transformaciones de la cultura, y
el modo en que la incidencia del discurso científico en la vida hu-
3
Esta afirmación viene a connotar una psicosis generalizada (una tendencia ma-
nifiesta al “autoerotismo”), ya que la psicosis designa el corte mismo del lazo so-
cial simbólico.
101
mana transformaría las estructuras sociales. En su obra “Los com-
plejos familiares en la formación del individuo”, hizo la observa-
ción de que la modernidad se caracterizaba por la declinación de
la imago paterna como una crisis psicológica cuyas consecuencias
podían ser leídas tanto en el plano de los trastornos neuróticos y
psicóticos, como en el seno mismo de la política. Es así como una
disolución perversa del concepto de autoridad muestra sus reper-
cusiones en el debilitamiento de la transmisión de las insignias del
ideal del yo, y acaba por generar efectos de retorno de una bruta-
lidad impensada. Esa imago paterna condensa un mundo de sím-
bolos que durante siglos han mantenido la ficción de un Otro ga-
rante de la ley, el sentido y la verdad, un mundo de símbolos a los
que se atribuía el poder de domesticar las pulsiones del sujeto, y
ponerlas al servicio del deseo, del amor, del lazo social y la subli-
mación. El problema, ahora, es qué instancia podrá suplir la fun-
ción de la castración para el sujeto, en un mundo en el que cada
vez más se intenta eludir la castración.
El capitalismo contemporáneo, bajo el nombre del mercado como
significante amo, es el paradigma de los goces solipsistas, autísti-
co-masturbatorios, segregacionistas, “asociales”. El goce mortifi-
cante, ilimitado en sí mismo, conducente a la muerte del sujeto y
a la ruptura de los lazos sociales es hoy, entonces, una problemá-
tica social inexorable. Como lo refiere Ana Waisman en la revista
de filosofía y psicoanálisis Dispar: “Estas nuevas formas, de sín-
tomas sociales, se explican a partir de esa potencia nunca antes
realizada, del capitalismo de hacer surgir en lo Real
4
el objeto
mismo, sin velos, sin mediación simbólica, un objeto de satisfac-
ción, engendrando así una relación entre el individuo y el plus de
gozar que no pasa ya por la dialéctica de los lazos sociales; en
otras palabras, que no existe barrera posible que impida conectar
DANIEL GROISMAN
4
Escuetamente enunciado, lo real es para Lacan, en una parte de su enseñanza,
aquello que resiste a la simbolización, el “grano duro” del orden simbólico que
regresa al mismo lugar a pesar de cualquier intento de neutralizarlo. En palabras
de Joan Copjec, lo real es la negación intrínseca al lenguaje de cualquier posibi-
lidad de metalenguaje y obliga al significante a replegarse sobre sí mismo. “Por-
que, a falta de metalenguaje, el significante sólo puede significar refiriendo a otro
significante”. Nota propia.
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el sujeto a su goce, realizando así la verdad que en ello se cifra,
rechazo puro entonces de la castración, como operación de regu-
lación subjetiva” (Waisman, 2004:79).
Nos encontramos hoy, por tanto, con generaciones completamen-
te escindidas y amparadas bajo el título de diversos goces autoi-
dentificatorios (gays, lésbicos, héteros, toxicómanos, alcohólicos,
yuppies, anoréxicos, bulímicos, depresivos, naturistas, canibalís-
tas, etc.) que fragmentan el tejido social en una especie de “revo-
lución de átomos”. Sobre el brutal goce “canibalistico” me gusta-
ría dar un ejemplo: en Alemania (2001), Armin Miewes, analista
computacional de 42 años publicó un aviso por Internet convocan-
do a otros usuarios para efectuar un ritual exótico: comerlos vivos.
A pocos días del aviso, se presentaron en su casa cinco sujetos, de
los cuales quedó seleccionado uno (Bernd-Juergen Brandes). Los
nuevos amigos, después de despedir a quienes resultaron rechaza-
dos, tuvieron sexo y comenzaron, con el total beneplácito de la
victima, a cortar el pene de Brandes para cocinarlo en la parrilla
y comerlo juntos mientras se filmaban. Posteriormente, Armin ter-
minó su trabajo y congeló los restos del cuerpo de Brandes para
mantenerlos frescos y comerlos en los días subsiguientes. Este
acto pone en evidencia ese retorno de violencia (sin mediación
simbólica alguna) antes mencionado, favorecido, esta vez, por el
medio de comunicación posmoderno por antonomasia: Internet.
Medio ilimitado de información y posibilidades de contacto, que
sin embargo podría pensarse como un real de la comunicación.
Como diría Gustavo Dessals, “Nunca antes la humanidad había
podido sortear las fronteras, y extender los lazos y los intercam-
bios con todos los confines de la tierra. Preguntémonos, sin em-
bargo, si la posibilidad real de hablar con todo el mundo no es un
modo disfrazado de la imposibilidad de hablar con alguien, si la
capacidad de verlo todo no está al servicio de impedirnos ver
nada, en un mundo donde las fronteras son en realidad cada vez
más infranqueables” (Dessals, 2002:15).
Zizek se refiere a esta globalización capitalista, de la que Inter-
net es una resultante entre otras, del siguiente modo: “El capita-
lismo es el primer orden socio-económico que desunifica el sen-
tido: no es global a nivel del sentido (no hay una ‘visión del
103
mundo capitalista’ global, no hay una ‘civilización capitalista’
propiamente dicha, la lección fundamental de la globalización es
precisamente que el capitalismo puede contener a todas las civi-
lizaciones, desde la cristiana hasta la hindú y la budista), su di-
mensión global sólo puede ser formulada a nivel de una verdad-
sin-sentido, como lo ‘real’ del mecanismo de mercado global.
Consecuentemente, en la medida en que el capitalismo represen-
ta la ruptura entre sentido y verdad, puede ser contrapuesto en
dos niveles: a nivel del sentido (reacciones conservadoras para
reencuadrar al capitalismo en algún campo de sentido social, que
contenga su movimiento auto propulsor dentro de los confines de
un sistema de ‘valores’ compartidos que den base a una ‘comu-
nidad’ en su ‘unidad orgánica’), o cuestionar lo real del capita-
lismo respecto de su verdad-sentido-exterior (lo que hizo Marx
básicamente)” (Zizek, 2004:10).
El discurso del Amo capitalista
Ese gesto que nunca puede estar completamente basado en razo-
nes es el del amo (Slavoj Zizek, violencia en acto)
Lacan en el seminario diecisiete distinguió el discurso como “una
estructura necesaria que excede con mucho a la palabra, siempre
más o menos ocasional” y explicó que “mediante el instrumento
del lenguaje se instaura cierto número de relaciones estables, en
las que puede ciertamente inscribirse algo mucho más amplio,
algo que va mucho más lejos que las enunciaciones efectivas”
(Lacán, 1992:10). Patricio Alvarez explica: “hay dos elementos
que para Lacan definen un discurso: 1- el discurso es el lazo so-
cial; 2- el discurso es un modo de tramitar el goce. Si tomamos el
lazo social como la cultura, y el goce como el equivalente del
malestar, podemos decir que los discursos son los modos en que
la cultura tramita su malestar estructural” (Alvarez, 2004:45).
Los esquemas de los cuatro discursos están formalizados en el
seminario diecisiete y forman parte de una articulación de “las
cuatro posiciones subjetivas dentro de un lazo social discursivo
DANIEL GROISMAN
STUDIA POLITICÆ
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[...] Toda la construcción se basa en el hecho de la reduplicatio
simbólica
5
, la duplicación de una entidad en sí misma y el lugar
que ocupa en la estructura” (Zizek, 2004:67). Zizek explica que
“el discurso mismo es, en su estructura fundamental, ‘autoritario’
(por ese motivo, el ‘discurso del Amo’ es el primero, ‘el fundan-
te’, en la matriz lacaniana de los cuatro discursos) [...] De la dis-
persión de los significantes que flotan en libertad emerge un
campo coherente de significado a través de la intervención de un
significante Amo; ¿por qué? La respuesta está contenida en la
paradoja de la ‘infinidad/totalidad finita’ que, como se sabe des-
de Claude Lévi-Strauss en adelante, corresponde a la noción mis-
ma del significante: el orden simbólico en el cual está encastra-
do el sujeto es, al mismo tiempo, ‘finito’ (consiste en una red
limitada y en última instancia contingente que nunca se superpo-
ne con lo Real) e ‘infinito’ o, para usar un término sartreano,
‘totalizador (en cualquier lenguaje, ‘todo puede ser dicho’, no
hay un punto de vista externo desde el cual uno pueda juzgar sus
limitaciones). A causa de esta tensión intrínseca, todo lenguaje
contiene un elemento paradójico que, dentro de su campo, reem-
plaza a lo que lo elude —en ‘lacanés’, en todo conjunto de sig-
nificantes hay siempre ‘al menos uno’ que funciona como el sig-
nificante de la falta misma de significante—. Este es el
significante Amo: el significante vacío que totaliza (‘acolcha’) el
campo disperso; en él, la cadena infinita de causas (‘conocimien-
to’) es interrumpida por un acto abismal, no fundado y fundante
de violencia”.
Como lo refiere Juan Carlos Indart: “las formas del amo han cam-
biado muchísimo. Pero Lacan diría que esos cambios no han va-
riado el mantenimiento de lo que escribe ese discurso y que en
todos los casos —desde el amo griego y los esclavos hasta el se-
ñor feudal y los siervos, o hasta el presidente y los ciudadanos—
todos esos cambios no cambian que eso se organiza con S1, S2, S
barrado, producción del objeto ‘a’ (plus de goce) [...] el discurso
hipermoderno puede ser entendido como el discurso del amo con
5
“reduplicatio” significa que un elemento nunca se ‘ajusta’ a su lugar: nunca soy
totalmente lo que mi mandato me dice que soy” (Zizek, 2004).
105
una vestimenta nueva, pero sigue siendo el discurso del amo” (In-
dart, 2004:89).
La propuesta alternativa que aquí me interesa tomar es la de
Marie-Helene Brousse, psicoanalista francesa, trabajada por el
mismo Indart. El nuevo esquema del discurso del amo, mante-
niendo las estructuras lacanianas originales, que formula es el
siguiente:
S1 S2
(Significante amo)
6
(Saber)
Mercado protocolo
$a
(Sujeto) (Goce)
En red segregativo
Podría decirse que el S1 se reduce a un verbo en imperativo. Es un
enunciado performativo que pone orden en el conjunto de significan-
tes a partir de un mandato. Una ejemplificación de esto puede ser to-
mada de la discusión de Lacan sobre la noción de revolución, y cómo
las revoluciones del poder político siempre giraron en redondo (sin
poder destituir nunca al Amo). Esto es decir que el discurso que se
instaura en el momento “posrevolucionario” sigue siendo el del
amo
7
. El significante que aparece para poner orden después de la
anarquía es el nuevo significante amo, que es: ¡a trabajar! Todo el ba-
rullo y el cambio de poder termina con ese significante amo que
ejemplifica estructuralmente lo que es el significante amo: ¡a trabajar!
¿Cuál sería entonces para M.H Brousse el S1 actual? “Es difícil
en castellano situarlo como un verbo pero digámoslo en sustan-
tivo: es mercado [...] de algún lado viene la orden por la cual
todo el mundo tiene que hacer algo para el mercado [...] Es el
amo más fuerte evidentemente y se globaliza, mundializa y sig-
nifica que todo aquello que pudiese ser una traba o un obstáculo
DANIEL GROISMAN
6
Los paréntesis fueron agregados por mí para denotar la posición que ocupa
cada letra. Lo extraje del seminario 17 de Jaques Lacan, pág. 97.
7
Para ampliar esta noción Vid. ZIZEK, Violencia en acto, pág. 108.
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09 ~ invierno 2006106
a la orden de este amo- abrir, abrir, abrir, abrir, mercados y mer-
cados y mercados, todo eso es eliminado. Lo que indica hasta
qué punto se trata efectivamente de un significante amo. ¿Cuál
sería el saber? “Tampoco hay una palabra pero son manuales,
protocolos, textos, que se saben que son los textos de las empre-
sas, no sólo privadas, y que ya lo son también crecientemente
para el aparato político en general”. ¿Y el sujeto? “podríamos
decir justamente un sujeto de las puras redes de intercambio de
información. Ya no un sujeto del Nombre del padre, pero hay el
sujeto y hay el sujeto que habla, que escribe, que piensa pero
que es un sujeto a quien lo representa un significante de la ale-
tósfera, un significante de la planetaria red de comunicación”. Es
en definitiva el sujeto en red. ¿Y qué pasa con la producción del
objeto, el plus de goce? “en cuanto al objeto plus de goce, el
énfasis está puesto en que el modo de gozar de este mismo suje-
to de la red es segregacionista y es segregación [...] No hay otra
socialización que esas bandas unificadas por un modo de goce.
Ahora funciona así el objeto plus de goce. Y se van viendo la
aparición de comunidades y comunidades”.
“En este nuevo discurso del amo no se aplica una ley como casti-
go ni tampoco de corrección. Lo que se hace es una evaluación. Si
Uds. no pasan la evaluación, quedan afuera, pero no como el pa-
dre que los manda de castigo a la habitación y a estudiar a ver si
Uds. se dan una segunda chance y se reinsertan en la sociedad.
No. Protocolos, mediciones; del resultado de la evaluación este
sector no ha llegado al nivel tres, por lo tanto repentina suplanta-
ción y sustitución por otros [...] Un S1 que ya no funciona como
la ley pero tiene una normativa nueva que hay que estudiar con la
noción de evaluación”.
Un ejemplo del funcionamiento del S1 “evaluador” es el modo en
que la academia organiza su estructura. La proliferación absurda
de “oferta” educativa, que implica un aliento a la formación con-
tinua e ininterrumpida (grados, posgrados, maestrías, doctorados,
posdoctorados, etc.), pone sobre el tapete el modo en que el cono-
cimiento universitario está colonizando el ámbito del saber y
cómo éste establece mecanismos de exclusión formal cristalizados
en las evaluaciones de currículum. Es sintomático, a este respec-
107
to, que antes de ser personas, los académicos son Magíster, Licen-
ciados, Doctores... o nada. Para decirlo en pocas palabras, un cu-
rrículum vale hoy más que mil palabras.
Un cuerpo mØrcado
Nowadays people know the price of everything,
and the value of nothing
(Lord Henry, the picture of Dorian Gray)
Ya en el siglo XIX Oscar Wilde escribió una genial novela, The
picture of Dorian Gray, que connota, entre otras cosas, el pro-
blema que puede causar el deseo o la necesidad de perpetuarse
en la eterna juventud. Dorian Gray, el protagonista de la novela,
un joven que como lo describe Lord Henry (personaje excéntri-
co, hedonista refinado) was ceirtainly wonderfully handsome
[...]. All the candour of youth was there, as well as all youth’s
passionate purity, es retratado, en un cuadro tamaño real, por
Basil Hallward (quien comparte una amistad con ambos y permi-
te que se conozcan). Dorian con el transcurso del tiempo, y
siempre más o menos influenciado por los sutiles, aunque peli-
grosos, pensamientos de Lord Henry comienza a sentir envidia
por el cuadro que con gran deleite había pintado su amigo. Cada
instante que pasaba era para él una pérdida que la imagen fulgu-
rante del retrato no sufría. Y así se refería a él: If it were I who
was to be always young, and the picture that was to grow old!
For that- for that – I would give everything! Yes there is nothing
in the whole world I would not give! I would give my soul for
that! Deseo pedido... deseo cumplido. Dorian se convierte en un
personaje frío, preocupado por su apariencia, obstinado por su
deseo de juventud, y es el retrato quien comienza a sufrir las
modificaciones de su alma, cambiando constantemente su morfo-
logía. Dorian es puro cuerpo, puro goce. El desenlace de la no-
vela describe cómo Dorian, a partir de esto, se pierde en diver-
sas tragedias y no hace más que sufrir por su violento estado de
DANIEL GROISMAN
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09 ~ invierno 2006108
ánimo. En hacia al final, en la escena de su muerte, donde se
revela el sentido. Allí Dorian se atraviesa un cuchillo en el co-
razón y el retrato recupera la juventud que había perdido. Cuan-
do los sirvientes y la policía entran al cuarto donde yacía muer-
to, el cadáver era casi irreconocible, ya que había envejecido
notablemente.
¿Qué ilustra esta novela, entre otras cosas, sino un goce mortifi-
cante de Dorian por el anhelo de una juventud fosilizada que ter-
mina por “envejecerlo y reducirlo a la muerte”? Esta caracterís-
tica del sufrimiento humano por la decadencia del cuerpo, antes
citada del “malestar en la cultura” de Freud, nunca había toma-
do tanta actualidad como hoy. La ciencia, abocada al conoci-
miento (y no la verdad subjetiva) del cuerpo, está a la orden del
día en las necesidades de “restauración corporal”. Cirugías esté-
ticas y centros de belleza conquistaron un cuantiosísimo merca-
do de mujeres y hombres, que masivamente se someten a los bis-
turís con el afán de ganarle la carrera al tiempo. Como si se
tratara de neutralizar su paso dejando sin efecto las huellas de la
experiencia. Así, cual hormigas en fila cediendo al deseo del
Otro (que demanda cuerpos bellos) se van desdibujando las sin-
gularidades, y el mercado va imprimiendo su sello sobre los
cuerpos.
“Bienaventurados los olvidados pues superan aun sus errores”
(Friedrich Nietzsche)
Sentido de su ausencia
si yo me atrevo / a mirar y a decir / es por su sombra / unida tan
suave / a mi nombre / allá lejos / en la lluvia / en mi memoria / por
su rostro / que ardiendo en mi poema / dispersa hermosamente / un
perfume / a amado rostro desaparecido
(Alejandra Pizarnik, 1965)
“La norteamericana Kathleen Logue decidió presentarse como vo-
luntaria de un experimento para probar si a través de la ingesta de
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una píldora, inmediatamente después de sufrir una experiencia ate-
rradora, se logra reducir el riesgo de sufrir lo que se conoce como
estrés post traumático. El estudio forma parte de un promisorio
pero controvertido campo de investigaciones que busca modificar,
o borrar de ser posible, el impacto de los recuerdos dolorosos,
concepto bautizado como ‘olvido terapéutico’ por algunos” (Rob
Stein, The Washington Post, 20/10/04).
Me siento tentado a afirmar que, en una época donde “todo-pue-
de-suceder”, la ciencia ficción como género narrativo es levemen-
te arriesgada; que ya no requiere de una inteligencia prodigiosa
que pueda entrever los hilos subrepticios que se tejen en lo social
para aventurarse en una hipótesis sobre el futuro. Puesto que hoy,
la sensación predominante es la de un futuro cristalizado en una
ciencia real que no deja casi espacio a lo ficcional. Es así que,
quien hoy esté pensando, impelido por algún influjo de narrativa,
en la posibilidad de eliminar la angustia, los recuerdos “pesados”,
los traumas y el sufrimiento con una simple pastilla, puede pasar
de ser un “futurista” a un columnista de alguna science review o,
simplemente, un Rob Stein del Washington Post.
La película “the eternal sunshine of a spotless mind” (eterno res-
plandor de una mente sin recuerdos), bajo la dirección y guión de
la dupla Gondry-Kaufman, comenzó a abordar la temática. El pro-
tagonista, Joel (Jim Carrey) queda desecho al enterarse que Cle-
mentine, su ex-novia, ha borrado mediante un proceso científico,
todo recuerdo que tuvo de él. Atormentado por esta idea, Joel de-
cide someterse al mismo tratamiento; pero en él se encarna una lu-
cha entre su deseo inconsciente de no olvidar el amor por Clemen-
tine y la máquina que, mientras él duerme, rastrea todos sus
recuerdos de ella e intenta borrarlos. Batalla librada entre máqui-
na/hombre que puede ser extensible a la de un mundo sometido
por la parafernalia científica y quienes no ceden a la reducción de
sí mismos a simple vida.
La noción de simple vida (primum vivere) puede ser un contra-
punto con el significante “morir de vergüenza” tomado por Lacan
en el seminario del reverso del psicoanálisis. Allí Lacan dice que
“morir de vergüenza es un efecto que rara vez se consigue”.
DANIEL GROISMAN
STUDIA POLITICÆ
09 ~ invierno 2006110
“Quizá podemos formular que la vergüenza es un afecto prima-
rio de la relación al Otro. Decir que este afecto es primario es
sin dudas querer diferenciarlo de la culpabilidad. Si quisiésemos
adentrarnos en esta vía, diríamos que la culpabilidad es el efecto
sobre el sujeto de un Otro que juzga, por lo tanto Otro que pro-
tege los valores que el sujeto habría transgredido. Diríamos de la
misma manera que la vergüenza tiene relación con Otro anterior
al Otro que juzga, Otro primordial no que juzga sino que sola-
mente ve o da a ver” (Miller, 2003:7) Ya no hay vergüenza dirá
Lacan en la última lección del seminario El reverso del psicoa-
nálisis. Y con eso nos quiere decir que estamos en la época del
eclipse de la mirada del Otro como portadora de vergüenza. “La
mirada que se incita hoy haciendo espectáculo de la realidad —y
toda la televisión es un reality show— es una mirada castrada de
su potencia de provocar vergüenza, y lo demuestra constantemen-
te. Como si esta captura del espectáculo televisivo tuviera como
misión, en todo caso como consecuencia inconsciente, demostrar
que la vergüenza está muerta [...] La desaparición de la vergüen-
za instaura el primum vivere como valor supremo, la vida igno-
miniosa, la vida innoble, la vida sin honor [...] La desaparición
de la vergüenza quiere decir que el sujeto cesa de ser representa-
do por un significante que valga” (Ibíd.:9-10). En consonancia
con esto, surge la pregunta ¿qué concepción acarrea la ciencia
hoy sino la de tener un objeto de estudio que puede ser reducido
a pura vida, a una sumatoria de procesos químicos neuronales a
través de los cuales es posible modificar la estructura de un su-
jeto casi en su totalidad? Destituir los recuerdos de la memoria
es homologable a la posibilidad de programar un ordenador, de
insertar códigos para que responda de una cierta manera. Es con-
cebir al hombre como un sistema de imputs y outputs pasible de
responder psíquicamente a la voluntad de un científico que expe-
rimenta con él. Porque... ¿Qué habría sucedido si Clementine o
Joel cuando intentaban borrar sus recuerdos, hubiesen sido vícti-
mas de un científico-psicópata que borrara no sólo los recuerdos
del otro sino de una gran parte de sus vidas? Es evidente que ya
no serían los mismos. Y eso porque sólo a través de un pasado
medianamente inteligible es posible concebirse subjetivamente en
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un presente. Freud decía que una sola palabra puede cambiar el
destino de un hombre. ¿Qué sucedería, entonces, si pudiéramos
borrar de la existencia las palabras que nos constituyen? ¿Qué
ocurriría si “las sombras unidas a nuestros nombres” se desvane-
cieran?
No debemos olvidar que estos métodos existen y seguirán exis-
tiendo; pero paradójicamente lo harán mientras nos sigamos pre-
guntando por su significado y objeto. De lo contrario, es probable
que pasen a formar parte de una sociedad somnífera, emplazada
en el “eterno resplandor de mentes sin recuerdos”.
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