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Silvia Esther Fontana
1
Resumen
El principal objetivo del presente ensayo es dar un marco
teórico que permita mostrar los desarrollos hechos en la te-
mática relacionada con la solidaridad y que sirven de ante-
cedentes para el avance que, actualmente, se lleva a cabo en
el tema como consecuencia del surgimiento y fortalecimien-
to del llamado “Tercer Sector”.
La idea es la elaboración de un contexto, a partir del cual se
pueda reflexionar sobre el “don” planteado por Marcel
Mauss y retomado por Maurice Godelier, y que permita
ofrecer un panorama sobre el papel que en la actual socie-
dad juega la solidaridad puesta en marcha a través de diver-
sas Organizaciones No Gubernamentales.
Se pone de manifiesto que en las últimas décadas se han
producido grandes cambios y situaciones poco previstas
La importancia del don en
la sociedad occidental
contemporánea
STUDIA POLITICÆ Número 09 ~ invierno 2006.
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
Código de Referato: SP.34.VIII-IX.educc/2006.
1
Docente y Coordinadora del Área de Graduados y Formación Continua de la
Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Ca-
tólica de Córdoba.
STUDIA POLITICÆ
09 ~ invierno 200640
dentro de los procesos sociales, lo que llevó a transforma-
ciones tanto de la sociedad como del Estado, requiriendo de
respuestas urgentes.
También se analizan la incidencia de los medios de comunica-
ción en la promoción de la solidaridad, los cuales son utiliza-
dos por las organizaciones dedicadas a la caridad como instru-
mentos para concientizar a la población, en especial, sobre los
efectos y necesidades que aparecen durante una crisis.
Abstract
The main goal of this essay is to give a theoretic framework
showing the developments performed in the issue of solida-
rity. These developments are also the antecedents for the im-
provements made nowadays due to the emergence and deve-
lopment of the so called “Third Sector”.
The idea is to elaborate a context from which to start thin-
king about the “gift” set by Marcel Mauss and continued by
Maurice Godellier, and to be able to offer a scenario for the
actual role of solidarity in our society, managed through se-
veral Non Governmental Organizations.
In the last decades, very big changes and unexpected situa-
tions have occurred in the social processes, provoking social
and State transformations that called for urgent responses.
Finally, we analyze the media influence in the promotion of
solidarity, which is used by the charity organizations as an
instrument to make the population aware of the consequen-
ces and requirements that arise during a crisis.
Introducción
E
l objetivo del presente ensayo es dar un marco teórico que
permita mostrar los desarrollos hechos en la temática rela-
cionada con la solidaridad y que sirven de antecedentes para el
avance que, actualmente, se lleva a cabo en el tema como consecuen-
cia del surgimiento y fortalecimiento del llamado “Tercer Sector”.
Desde las ciencias sociales, y sus diversas disciplinas, se han desarro-
llado aportes sobre la temática de la solidaridad a partir de diferentes
41
análisis, así cada una de ellas ha transitado por distintos procesos en
cuanto a la recurrencia de la solidaridad como categoría analítica.
La idea aquí es la elaboración de un contexto, a partir del cual se
pueda reflexionar sobre el don y que permita ofrecer un panorama
sobre el papel que en la actual sociedad juega la solidaridad puesta
en marcha a través de diversas Organizaciones No Gubernamentales.
En un primer momento se presentan los planteos hechos, a través
de sus obras, por Marcel Mauss y Maurice Godelier acerca del
lugar que ocupa el don y los intercambios que se dan en las diver-
sas sociedades en las que desarrollan sus trabajos. Para así avan-
zar en la comprensión del lugar que en las sociedades actuales
ocupa el don, al que denominamos como “solidaridad”, con el fin
de responder a uno de los objetivos específicos que se planteó, es
decir, identificar las situaciones que originan la solidaridad entre
los miembros de una sociedad.
También se pone de manifiesto que en las últimas décadas se han
producido grandes cambios y situaciones poco previstas dentro de
los procesos sociales. Así puede observarse que el surgimiento de
este nuevo sector, conocido como “tercer sector”, llevó a transfor-
maciones tanto de la sociedad como del Estado, requiriendo de
respuestas urgentes para poder comprenderlo.
Finalmente, se precisará la incidencia de los medios de comunica-
ción en la promoción de la solidaridad, los cuales son utilizados
por las organizaciones dedicadas a la caridad como instrumentos
para concientizar a la población, en especial, sobre los efectos y
necesidades que aparecen durante una crisis.
El “don” para Mauss y Godelier
En su clásico texto “Ensayo sobre los dones. Razón y forma del
cambio en las sociedades primitivas”
2
—resultado del análisis de
2
En MAUSS, Marcel. Sociología y Antropología. Editorial Tecnos. Madrid, 1971,
pág. 153 a 263. Quizás sea uno de los textos más importantes y comentado de la
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investigaciones realizadas por antropólogos entre los indios del
noroeste americano y los aborígenes de las islas Trobiand en el
Pacífico—, Marcel Mauss (1971) plantea el lugar que ocupa el
don y como se producen los intercambios en diversas sociedades
llamadas primitivas.
El objetivo, del trabajo de Mauss, era doble: por un lado hacer
una especie de arqueología sobre la naturaleza de las transaccio-
nes humanas, por medio de la descripción de fenómenos de in-
tercambio y de contrato, así como encontrar una moral y una
economía solidaria; del otro, mostrar que esta moral y economía
funcionan aun en nuestras sociedades de manera constante, y ex-
traer conclusiones de orden moral sobre problemas causados por
la crisis de nuestro derecho y de nuestra economía (S
IGAUD,
1999: 92).
El don, para él, concentra cuestiones de orden social e individual,
político, económico, jurídico, religioso, etc. Así vemos que,
los hechos que hemos estudiado son todos, permítasenos la
expresión, hechos sociales totales o si se prefiere generales,
pero nos gusta menos esta palabra. En algunos casos ponen,
en juego a la totalidad de la sociedad y de sus instituciones
(potlach, clanes enfrentados, tribus que se visitan, etc.) en
otros casos, sólo a un vasto número de instituciones, sobre
todo cuando los cambios y los contratos conciernen más es-
pecialmente a individuos.
Estos problemas son al mismo tiempo jurídicos, económicos,
religiosos, e incluso estéticos y morfológicos, etc. Son jurídi-
cos de derecho público y de derecho privado, de una mora-
lidad organizada y difundida, estrictamente obligatorios o
simplemente alabados y censurados. Son políticos y domés-
ticos al mismos tiempo, afectando tanto a las clases sociales
Antropología Social y de la Sociología ya que existen sobre él numerosas y di-
vergentes interpretaciones. A raíz del mismo, el don ha sido objeto de diversos
estudios planteando su lógica, principios y mecanismos aplicados a diversas y di-
ferentes sociedades. Han escrito sobre el don: Jacques Derrida (Dar el tiempo),
Maurice Godelier (El enigma del don), Marsall Sahlins (El espíritu del don), en-
tre otros.
43
como a los clanes y a las familias. Son religiosos, de reli-
gión, estrictamente hablando, de magia, de animismo y de
mentalidad religiosa difusa. Son económicos, porque la idea
de valor, de utilidad, de interés, de lujo de riqueza, de ad-
quisición, de acumulación y por otra parte de consumo, de
puro gasto, puramente suntuario, están presentes continua-
mente, aunque se entiendan con otro significado del de nues-
tros días. Por otra parte, estas instituciones tienen una ver-
tiente estética importante de las que hemos hecho
abstracción, intencionadamente en este trabajo. (...) Por úl-
timo, son también fenómenos morfológicos pues todo tiene
lugar durante las asambleas, ferias y mercados o al menos
durante las fiestas que se celebran (M
AUSS, 1971: 258-259).
El don presenta un aspecto de carácter voluntario, aunque ambiva-
lente ya que es al mismo tiempo libre y gratuito pero a la vez
obligatorio e interesado. Mauss plantea que estas prestaciones que
se han manifestado bajo la forma de regalo ofrecido generosamen-
te, es una ficción ejercida por un formalismo, ya que en el fondo
lo que existe es una obligación y un interés económico.
Para Mauss, el don no solo refiere al hecho de dar y recibir pre-
sentes materiales sino también el intercambio de festines, danzas,
gentilezas y diversas formas de “respeto”. El intercambio no co-
mienza, como parece, mediante el trueque, sino mediante la prác-
tica ceremonial del don. La ceremonia del don obliga a los parti-
cipantes que reciben los regalos a realizar otra fiesta en la que se
retribuirá ampliamente lo recibido. El don no pone en juego tanto
el valor del objeto como la circulación ya que el don pone en cir-
culación dones, antes que cosas. Es un acto que propicia la circu-
lación de otros dones. Es decir que donar encadena tres obligacio-
nes: dar – recibir – devolver.
El acto de donar, en la medida en que los dones representan
tanto a las personas como a sus relaciones trasciende lo perso-
nal, responde como diría Mauss a un “hecho social total”
3
ex-
3
Esta denominación hace referencia a aquellos hechos que ponen en juego a la
sociedad completa y sus instituciones o a una parte importante de ellas, porque
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son a la vez problemas económico, jurídicos, religiosos, etc. Tal como se planteó
al principio del ensayo.
4
“Se trata del contexto de una sociedad occidental en la que se multiplican los
excluidos, de un sistema económico que, para mantenerse dinámico y competiti-
vo, debe ´desengrasar´ las empresas, reducir los costes, aumentar la productividad
del trabajo y, con ello, disminuir el número de los que trabajan y arrastrarlos ma-
sivamente al desempleo, un desempleo que se espera sea transitorio y que, para
muchos, resulte permanente. (G
ODELIER,1996: 11).
presando relaciones sociales que constituyen la base de la co-
munidad.
El don existe en todas partes pero no es el mismo en todas partes,
en el planteo de Maurice Godelier, ya que no jugará el mismo pa-
pel en las sociedades occidentales contemporáneas que en aquellas
sociedades donde predominaban las relaciones personales y era un
medio necesario para producir y reproducir las estructuras básicas
de la sociedad.
En su texto “El enigma del don”, Godelier (1996) manifiesta que
la función del don en las sociedades occidentales contemporá-
neas
4
no cumple la misma función que en las sociedades primiti-
vas, que daban argumento y sentido a la tesis sostenida por
Mauss. Actualmente son las interacciones continuas las que hacen
posible la reciprocidad estable y éstas permiten la aparición de las
redes sociales. La reciprocidad también edifica la comunidad y
crea identidades de pertenencia reforzando las interacciones que se
extenderán en el futuro permitiendo que se establezcan lazos,
construyan proyectos, etc.
Esta reciprocidad no está ausente en las diversas crisis que se ma-
nifiestan en la actualidad donde se recurre a la solidaridad como
mecanismo capaz de reforzar las interacciones en la comunidad.
Las actuales sociedades recurren a este tipo de relación ante el
hecho que su mecanismo de poder no parece funcionar.
Habida cuenta del lugar que ocupa el Estado en esta socie-
dad, es a éste a quien corresponde recomponer la sociedad,
salvar el abismo, reducir las fracturas. Ahora bien, el Esta-
do no se basta para asumir una tarea semejante. Este nudo
45
de contradicciones y de impotencias es el que constituye el
contexto en el que hoy día se convoca nuevamente al don,
cada vez en mayor medida y desde todos los lugares. Don
forzoso cuando el Estado decreta nuevos impuestos llamados
de “solidaridad”, obligando a la mayoría a compartir con
los que sufren mayores necesidades, para intentar así relle-
nar las fracturas que la economía abre sin cesar en la socie-
dad (G
ODELIER, 1996:13).
No obstante, la práctica de donar establece una doble relación en-
tre el donante y el donatario, por un lado una relación de solida-
ridad y por otro una relación de superioridad. En el sentido de la
solidaridad se debe al hecho de que el que dona comparte lo que
tiene y en el sentido de la relación de superioridad se debe a que
el que recibe contrae una deuda con aquel que dona, reforzando
así lo que actualmente viven las sociedades occidentales que es la
distancia social entre clases. Esta afirmación es válida si conside-
ramos que las sociedades que describe Mauss están regidas por
una economía y moral del don
5
, mientras que las sociedades oc-
cidentales se rigen por una economía y moral de la ganancia
6
.
Para Godelier quien analiza, como lo vimos anteriormente, el don
desde el comportamiento de las sociedades occidentales contem-
poráneas, el enfoque de Mauss puede resumirse en el siguiente
cuestionamiento:
¿Qué es lo que hace que en sociedades, épocas y contextos
tan diferentes, los individuos y/o los grupos se sienten obli-
5
Para Mauss (1971), las sociedades que describe estaban regidas por la moral
del don ya que existían espacios sociales donde las relaciones personales desem-
peñaban un papel importante y cada uno de los individuos y grupos involucrados
promovían este tipo de relaciones como base primordial de la sociedad.
6
Godelier plantea que las sociedades actuales presentan condiciones sociales dis-
tintas a las planteadas por Mauss ya que vivimos en sociedades donde el tejido
social se ha desmembrado y donde el fenómeno de exclusión social tiene dimen-
siones alarmantes. La existencia social de los individuos depende de la economía.
“La paradoja propia de las sociedades capitalistas estriba en que la economía es
la principal fuente de exclusión de los individuos, aunque dicha exclusión no los
aparte solamente de la economía; finalmente los excluye (o amenaza con hacerlo)
de la propia sociedad” (G
ODELIER, 1996: 12).
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gados, no solamente a donar o, cuando se les dona, a reci-
bir, sino también se sienten obligados cuando han recibido,
a devolver lo que se les ha donado, y a devolver, ya sea la
misma cosa (o su equivalente), ya sea alguna cosa mayor o
mejor? (G
ODELIER,1996:23).
En la sociedad occidental contemporánea, y en el contexto de las
campañas masivas e internacionales de ayuda y acopio,
el don se ha convertido en un acto que vincula a sujetos
abstractos, a un donante que ama a la humanidad y a un do-
natario que encarna, durante algunos meses (el tiempo que
dura una campaña de dones), la miseria del mundo (G
ODE-
LIER,1996:16).
Frente a una situación límite, la reacción solidaria se hace mucho
más clara y manifiesta en la sociedad. Lo que sucede es que en la
crisis se hace más obvio el dolor y, por lo tanto, se torna más fá-
cil la identificación emocional con aquel que sufre las consecuen-
cias de la crisis.
La solidaridad frente al “don”
Antes de continuar es importante significar el término “solidari-
dad”. Cuando nos referimos a la solidaridad podemos ver que el
uso frecuente que se le da a este término tiene tres sentidos. El
primero de ellos, cuando asociamos “solidaridad” a “altruismo”
refiriéndonos a ella como caridad. Otra acepción nos lleva a unir
a la “solidaridad” con “obligación” pensándose como imperativo
o deber social que logrará la consecución de la igualdad, justicia
y libertad. Una tercera idea nos lleva a ver el término “solidari-
dad” como “sociabilidad” como expresión del vínculo social
(G
UALDA, 2000: 21), utilizando en el presente trabajo esta última
acepción.
Es por lo tanto en la vida cotidiana, en las relaciones de la
vida de todos los días, más allá de ideologías y de roles,
donde ante todo se practica la solidaridad (C
ACCIARI y
M
ARTÍN, 1997:23).
47
7
Godelier manifiesta que “La existencia social de los individuos depende de la
economía y los individuos pierden mucho más que un empleo cuando pierden su
trabajo o bien cuando no lo encuentran”. (G
ODELIER, 1996: 12).
8
Se entiende por red social en este contexto a “un sistema abierto, multicéntri-
co, que, a través de un intercambio dinámico entre sus integrantes y con los de
otros sistemas organizados, posibilitan la potenciación de los recursos y la crea-
ción de alternativas novedosas para la resolución de problemas y satisfacción de
necesidades” (D
ABAS, 1993).
Ya aclarado a qué nos referimos cuando hablamos de solidaridad y
de don, cabría preguntarnos ¿cuáles son las causas de una crecida
solidaria ante una situación de necesidad o emergencia social?
Podemos considerar como una de las causas de la crecida solida-
ria ante situaciones de esta índole, es el hecho de que la solidari-
dad no garantiza continuidad, certidumbre, seguridad y como tal
no puede ser suficiente para resolver los problemas estructurales
de necesidad y reproducción de los grupos sociales. Tomando
como ejemplo la pobreza económica de ciertos sectores argenti-
nos, es una situación crónica con la cual se convive desde hace
años pero que no ofrece contraste que sí aparece cuando entra en
escena una catástrofe como lo es una inundación, terremoto, etc.
Es en este contexto de exclusión
7
, en donde hoy se aloja nueva-
mente el “don” planteado por Mauss, que promueve más allá de
las creencias religiosas, los gestos de solidaridad entre los indivi-
duos, que ayudaron a formar un tejido social que permita hacer
frente a las diversas demandas de la vida cotidiana.
Tal vez, la práctica del don ayude a llevar adelante nuevas formas
de solidaridad en la sociedad actual, colaborando con el senti-
miento de ser parte de una nación en la que las prácticas solida-
rias son necesarias para sentirnos ciudadanos.
Las redes sociales
8
de contacto y ayuda mutua tratan de desper-
tar el sentimiento solidario de la sociedad con la idea de que no
sólo es beneficiario quien padece directamente la necesidad sino
que ofrecerá a muchos la oportunidad de reencontrarse con la ca-
pacidad de ayudarse a través del acto generoso de ayudar.
En palabras de Mauss,
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Por otra parte, el Estado y estos subgrupos quieren ocupar-
se del individuo, la sociedad quiere volver a la célula social,
busca crear en el individuo un estado de ánimo en que jun-
to a los sentimientos de los derechos que posee, se den otros
sentimientos más puros; el de caridad, de “servicio social”,
de solidaridad. El tema de los dones, de la libertad y la obli-
gación de los dones, el de la liberalidad y el del interés en
dar, vuelve a darse como motivo dominante, olvidado hacía
mucho tiempo (Mauss, 1971:249).
La red social se constituye a partir de la vinculación de diferentes
actores sociales. Para Bourdieu (1998) un actor no es aquel que
actúa conforme al lugar que ocupa en la organización social, sino
aquel que modifica su entorno material y sobre todo social. Que
transforma los modos de decisión, las relaciones de dominación y
las orientaciones culturales.
Ante esta reflexión se puede sostener que una red se constituye en
una metodología para la acción, para la producción de alternativas
válidas y para la reflexión sobre lo social como totalidad, estable-
ciéndose en un referente para la sociedad cuya lógica de acción es
a través de la solidaridad.
Andrés Thompson, en una nota realizada para la Revista Tercer
Sector (Diciembre 1997 / Enero 1998: 12), manifestaba lo siguien-
te respecto a la constitución de redes solidarias,
Para crear estas sinergias colectivas es que la práctica ha im-
puesto la creación y el desarrollo de redes. La idea es muy
simple y parte también de una pregunta esencial: más allá de
mi propia identidad, ¿qué es lo que otros (personas, institu-
ciones) tienen en común con lo que yo pienso o hago? ¿Dón-
de hay un punto de encuentro a pesar de las diferencias?
Un elemento central para la conformación y el sostenimiento de
una red social es la reciprocidad entre los individuos que forman
parte de este tejido social ya que permitirá la continuidad y la per-
manencia de las relaciones sociales.
En esta realidad, en donde los problemas se han magnificado y ni
el mercado ni el Estado se han mostrado eficientes para resolver-
49
9
La caridad religiosa había sido la institución de control sobre los pobres que
eran sujetos legítimos de asistencia, es decir aquellos imposibilitados de trabajar
e inscritos en las comunidades locales como el convento, primero, y la parroquia
luego. (Á
LVAREZ LEGUIZAMÓN, 2002: 57 - 89).
los, el don reaparece con una nueva institucionalización, en el cual
ese don caritativo no pretende, por su imposibilidad de hacerlo,
ser devuelto por el donatario. Esta institucionalización del don se
la relaciona con la necesidad y la emergencia social.
Sin embargo, cabe la posibilidad de que la práctica del don
contribuya a imaginar nuevas formas de solidaridad, socia-
bilidad y sensibilidad entre los seres humanos, según quiénes
sean los protagonistas, recreando un sentido del ´nosotros´
como ciudadanos de una nación siempre en construcción y,
quizá, poniendo en evidencia que así como es insuficiente la
solidaridad y el don para constituir ciudadanos tampoco so-
mos ciudadanos completos por el solo hecho de tener traba-
jo” (FERRUCCI, 2002: 4).
Actualmente estamos insertos en un mundo en el que se ha gene-
ralizado el donar, multiplicándose las organizaciones no guberna-
mentales complementando a lo que, en otros tiempos, sostenían
las diversas iglesias confesionales
9
. Las viejas instituciones de la
beneficencia, de la filantropía y de la caridad cristiana adquieren
hoy nuevas modalidades de existencia ya que la sociedad se ha
laicizado percibiendo a la caridad como gesto de solidaridad entre
seres humanos.
Los representantes de las diversas instituciones son quienes se
comprometen a representar al donante en el momento en que se
produce la entrega de lo donado.
La acción solidaria del Tercer Sector
El fenómeno de la solidaridad es un fenómeno complejo y aunque
la solidaridad no es algo nuevo, este fenómeno ha adquirido, en
especial en nuestro país en estos últimos tiempos, diversas formas
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Argentina viene sufriendo desde los últimos años de la década de los ´90 una
creciente crisis económica, social y política. Debido a las transformaciones im-
puestas a lo largo de los ´90 se ha producido una crisis estructural en las dimen-
siones señaladas. Pero ¿qué es lo que sucedió?. Sintetizando podemos decir que
Argentina tuvo que ingresar en una devaluación forzada de su moneda, debido a
la reestructuración productiva en el país se produjo una desindustrialización y a
su vez una parte importante de la población trabajadora y de la clase media vivió
un proceso de empobrecimiento y exclusión con niveles de desempleo récord.
(M
IZRAHI, 2002).
de manifestación como consecuencia de la crisis socio – económi-
ca que se está sufriendo
10
.
Así es importante tener en cuenta que toda reflexión que busque
explicar y comprender, de manera integral, la emergencia del Ter-
cer Sector en América Latina particularmente, debe considerar la
diversidad de escenarios que se le presentan a este sector de la
sociedad. Existen legislaciones, grados de legitimidad del Estado,
esquemas más o menos estructurados de sistemas de partidos, tra-
diciones asociativas históricas y culturales, participación social y
formas de representación.
Un nuevo modelo de articulación social está en el trasfondo de
los fenómenos de emergencia del tercer sector. Dicho modelo
es entendido como una nueva matriz o diseño societal, esto es,
las grandes instituciones que vertebran las sociedades redefinen
roles y espacios de acción, produciéndose superposiciones, con-
tradicciones y convergencias, que señalan nuevas tendencias. El
reconocimiento de los factores movilizadores del tercer sector
surge precisamente de esta nueva realidad en movimiento: com-
plementariedad de acciones estado - sociedad civil, visibiliza-
ción de los nuevos actores sociales, constitución de una nueva
autopercepción y valoración con un discurso fundante de iden-
tidad.
Por otra parte, los obstáculos que son la contrapartida de los pri-
meros, como la fragmentación social, las identidades móviles y
múltiples, el apoliticismo, etc., son a la vez oportunidades y op-
ciones para el cambio en el marco de este nuevo modelo de arti-
culación social (G
ARCÍA DELGADO, 1997).
51
Con el fin del siglo XX, un ciclo histórico llegó a su fin en Amé-
rica Latina. Un modelo de articulación social da señales de des-
gaste y crisis y comienza a gestarse uno nuevo resultante de la cri-
sis de sentidos que vive la política. Se asiste a una pérdida de la
capacidad conductora de las ideologías. Afloran los términos de
sociedad civil, de ciudadanía, de actores emergentes, nuevos mo-
vimientos sociales, tercer sector; proceso acompañado a una críti-
ca a los estilos de hacer política y en general, de desencanto con
el orden económico, cultural y social que se expande.
En Argentina el Sector No Lucrativo ha crecido en influencia, ta-
maño y número. El desarrollo de este sector en nuestro país se
asocia a: la búsqueda de nuevas formas de representación y acción
ciudadana, nuevas formas de intervención institucional en la pro-
blemática social y la práctica afirmativa de la ciudadanía, la soli-
daridad y la democracia.
En los últimos años, el accionar de las organizaciones voluntarias
se ha incrementado y diversificado, estimando que en la Argenti-
na más de tres millones de personas adultas participan en organi-
zaciones sin fines de lucro y sin dependencia gubernamental. La
confianza en el Estado ha disminuido y la representación a través
de los partidos políticos se ha debilitado por lo que entre merca-
do y estado se ha abierto un espacio donde se ha desarrollado el
llamado tercer sector.
Hoy vemos que, mientras antes se estaba parado en un sistema
sociopolítico a cargo del Estado y las ONGs trabajaban para que
sus beneficiarios sean incluidos dentro de ese sistema —teniendo
el papel único de subsidiario o solidario—, actualmente, tal de-
manda carece de significado, ya que es precisamente esa situación
la que está en crisis.
Es en este contexto en el que se convoca y reaparece el don,
ese don que se había refugiado en los espacios de la vida
privada y las relaciones personales debido al avance del
mercado y del Estado. La demanda de dones se realiza des-
de diferentes ámbitos, tanto desde el propio Estado (muchas
veces bajo la forma de impuestos «solidarios»), como desde
las propias organizaciones de la sociedad civil, empresas e
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individuos particulares, muchas veces difundida e incluso
organizada desde los medios de comunicación social; éstos
últimos cumplen un papel crucial para sensibilizar a la po-
blación de manera que el despliegue de la solidaridad y la
generosidad sea más efectivo, asemejándose muchas veces a
los potlach estudiados por la antropología ... (F
ERRUCCI,
2002: 2).
La historia muestra que la justicia social de los años ‘40 desplazó
a la caridad, dándole un estatuto legal a los derechos y prestacio-
nes sociales, mientras que a principios del siglo XXI el Estado no
puede garantizar que esos derechos sean efectivos ni que las injus-
ticias disminuyan, llevando a que reaparezca nuevamente la cari-
dad o esos dones conocidos con el nombre de solidaridad (F
E-
RRUCCI, 2002: 2).
El cambio que permite pensarnos dentro de esta nueva configu-
ración de organización se articula bajo el concepto de la solida-
ridad, operativamente definido con un nuevo sentido, que pro-
mueve una articulación en un sistema compartido por derechos y
deberes. Esta no es una mera forma de adherir a alguien a algu-
na causa, sino sobre una acción común de intereses y de respon-
sabilidades.
Cada ser humano, desde su cultura y su escala de valores, le da a
la palabra solidaridad contenidos significativos como justicia, ayu-
da, adhesión, compasión. Así también como otro conjunto de va-
lores como son la comprensión, la tolerancia, la posibilidad de
compartir, de dar y de recibir.
La solidaridad implica comprender las necesidades de las personas
y hacer algo por ellas, cada uno de acuerdo con sus posibilidades,
colaborando de forma generosa y desinteresada.
Ante situaciones límites que se le presentan a la humanidad hay
dos maneras antagónicas a través de las cuales los seres humanos
reaccionan: ya sea con la indiferencia y el silencio ó con una acti-
tud abierta y generosa que se materializa en forma de solidaridad.
La razón de ser de las redes solidarias está en su propia acción,
como constructoras de un sistema solidario. La asociación de in-
53
dividuos con organizaciones es lo que construye lo que denomina-
mos operativamente Sociedad Civil, que no está intentando cons-
truir un caso de mediación entre el sector privado y el estado, pero
si crear un área pública común. Las redes sociales están compues-
tas por un conjunto de relaciones que el ser humano entreteje para
actuar como agentes protectores frente al dolor, a la adversidad, a
la emergencia social, entre otros determinantes.
La mediatización del “don” en la sociedad occidental
contemporánea
Godelier (1996:297) manifiesta que, en la actualidad, las organiza-
ciones caritativas se multiplican y utilizan los medios de comuni-
cación para canalizar la caridad, empleando especialmente las
imágenes de la televisión para mostrar todos los males, coyuntu-
rales o permanentes, que suceden en el mundo.
Y así vemos que,
Los riesgos de catástrofes pueden ser muchos y muy comple-
jos, pero los medios de comunicación colaboran para que
sean percibidos como algo único y generalizable (L
OZANO
ASCENCIO, 2002).
Es así como se ha producido una adecuación institucional de la
demanda y entrega de la caridad, invocando a la generosidad de
los donantes a través de los medios de comunicación social (M
E-
COS). Estos medios han aparecido, en la escena solidaria, con el
fin de sensibilizar a la opinión pública de manera que el desplie-
gue de la solidaridad sea más efectivo. Se participa en muchas
ocasiones de la “solidaridad como espectáculo” (A
RANGUREN
GONZALO, 1998: 39-53), que tiene como fin provocar reacciones
emocionales en la audiencia soliendo organizar programas de va-
rias horas de duración con presencia de famosos, en los que se
solicita una ayuda con motivo de alguna catástrofe humanitaria.
Al laicizarse la caridad la sociedad comenzó a utilizar los M
ECOS,
transformando a las donaciones en un juego televisivo, en
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... un fenómeno que imprime a la colecta de dones ciertas
características propias del potlatch. En efecto, del potlatch
encontramos la invocación a donar cada vez más, a donar
más en una ciudad que en otra, más en una empresa que en
otra, y el deseo de que el total de los dones sobrepase cada
año la cifra alcanzada el año precedente. Y como en el pot-
latch, también se anuncia el nombre de aquellas personas,
ciudades y empresas que se han mostrado más generosas
(GODELIER, 1998:27).
Aunque sabemos que los MECOS tienen como función principal
informar, hoy vemos que no se puede negar el hecho de que los
medios se han convertido en intermediarios entre los que sufren
necesidades y quienes serán, tal vez, sus posibles benefactores.
Estos MECOS (radio, prensa, televisión) realizan una tarea de
mediación entre la realidad y la sociedad y muchas veces al pre-
tender mostrarla la distorsionan, la disfrazan o la enriquecen debi-
do a que la objetividad informativa no existe y se utilizan los
MECOS según intereses.
Los MECOS también son transmisores de cultura por lo que algu-
nos medios tienen la capacidad de transmitir la cultura solidaria en
una sociedad.
A partir de la década de 1990 la televisión se convirtió en una he-
rramienta para que quienes necesitaban algún tipo de ayuda soli-
daria la utilizaran para encontrar cierta solución. El objetivo es el
mismo para todas las emisoras “saciar la necesidad de la gente o
instituciones que carecen, que demandan, que han sido abandona-
dos o relegados en las prioridades del Estado” (Revista Tercer
Sector, octubre / noviembre 1997: 7). La televisión es, actualmen-
te, un medio poderoso e influyente que tiene la capacidad de ins-
talar en la sociedad su mensaje.
Aparte de la televisión, hoy vemos que internet se ha convertido
en una herramienta de comunicación a través de la cual se pueden
satisfacer todo tipo de necesidades. En estos últimos años en el
mundo se ha multiplicado el “. com”.
Y a esta explosión no han escapado las organizaciones sociales
que han adquirido un papel protagónico en la Web, no solo difun-
55
diendo las actividades que organizan sino también convirtiéndola
en un medio importante para captar donaciones, recaudar fondos y
relacionarse con otras organizaciones. También a través de la web
se logra atraer nuevos voluntarios para desarrollar actividades
dentro de la organización convocante y es una herramienta útil en
situaciones de guerras y catástrofes (Razon y Palabra, agosto-se-
tiembre 2002).
Así hemos sido testigos que los medios masivos de comunicación
argentinos, a través de diversas campañas solidarias, logran que la
ayuda brindada desde todos los rincones del país, como así tam-
bién la de algunos países, llegue a los afectados.
La solidaridad materializada en forma de campaña, comienza y
termina con la ayuda concreta para paliar las consecuencias de las
necesidades que suceden, muchas veces sin llegar a cuestionarse
las causas que la originaron.
En la realidad actual y a través de las campañas solidarias de ayu-
da, el acto del don conecta a individuos abstractos, es decir, por
un lado a donantes que expresan su solidaridad a través de ayudas
y por otro lado a donatarios que representan la necesidad de los
individuos afectados.
Esta solidaridad promovida por “campañas” se une a lo que se
conoce como “ayuda humanitaria” que no resuelve los proble-
mas pero sí atiende la urgencia. En este caso, la solidaridad co-
mienza y termina en la ayuda específica de una catástrofe en
particular, cuyo horizonte es paliar las consecuencias inmedia-
tas. Las campañas que organizan algunas Organizaciones No
Gubernamentales, muchas veces, conjuntamente con algún me-
dio de comunicación social buscan una respuesta emotiva, en
fin solidaria.
La lógica del don establece lazos sociales de identidad, de perte-
nencia, de solidaridad y de confianza entre miembros que se sien-
ten vinculados al mismo bien común, promoviendo la cohesión
social.
Godelier (1998:295) se pregunta, ¿qué espacio le queda al don en
nuestras sociedades occidentales?
SILVIA ESTHER FONTANA
STUDIA POLITICÆ
09 ~ invierno 200656
Ante este interrogante, el autor plantea que el don en este tipo de
sociedades se ha convertido en un instrumento de relaciones per-
sonales que se sitúan más allá del mercado y del Estado. En estas
épocas el don tiene la misión de ayudar a resolver problemas de
la sociedad. Es por ello que,
... hoy en día, ante la amplitud de los problemas sociales y
la manifiesta incapacidad del mercado y del Estado para re-
solverlas, el don está en situación de volver a convertirse en
una condición objetiva, socialmente necesaria, de la repro-
ducción de la sociedad. No se tratará del don recíproco de
cosas equivalentes. Tampoco se tratará del don potlatch, ya
que a los destinatarios de los dones les pesaría mucho el
´devolver´, y aún más el devolver con creces (G
ODELIER,
1998: 298).
Es en este contexto en el que, hoy, el don se ha convertido nuevamen-
te en algo que la sociedad demanda y la misma lo va imponiendo a
través de la difusión de una cultura solidaria, convirtiéndose esto en
uno de los hechos sociales totales actuales a través de los cuales la
sociedad se manifiesta mediante el ejercicio de la solidaridad.
¿Qué papel juegan los MECOS en la promoción de una solidari-
dad que implique un cambio en la sociedad?
Dos son los roles que le podrían competer a los medios en este
sentido: uno el de mostrar las realidades que nos circundan y el
otro, es el de educar a la población en la medida en que fomente
un compromiso y no tan solo la compasión hacia el que sufre.
Hoy, los medios son capaces de incidir en la percepción que tiene
el ser humano del entorno, de sí mismo y de los demás contribu-
yendo a la creación de una realidad colectiva, no tan solo de la
realidad que nos circunda inmediatamente sino también de aque-
llas realidades lejanas (V
ÁZQUEZ AGUADO, 2000: 12).
A modo de reflexión
Lo que ahora está ocurriendo en nuestra sociedad es el paso hacia
convertirse en una parte de algo más en la cual los miembros de
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esta Sociedad Civil, más que constituir el dúo típico formado por
los que dan y por los que reciben, se proyectan en una clase de
acción guiada por la solidaridad. Algunos en la necesidad del ali-
mento y del trabajo, otros que buscan fundamento para significar
su trabajo o estudio.
La solidaridad —entendida como sentimiento y acción común—
no puede ser tomada como el mero acto de darse a otros que lo
necesitan, por el contrario, un sistema solidario debe ser conside-
rado como el lugar en donde, a la vez, unos dan y otros reciben
diversas cosas y experiencias. Si estas acciones se ponen de ma-
nifiesto en la sociedad y como tal significan la mejora, sería un
espacio digno en el cual vivir.
Los miles de gestos de solidaridad que observamos, en especial a
través de los MECOS, expresados en todo el mundo confirman,
una vez más, que no somos indiferentes ante el dolor de aquellos
que nos necesitan, y que podemos privilegiar los valores funda-
mentales tanto para la vida comunitaria como para la personal.
Hoy vemos que se justifica el accionar solidario de los MECOS
debido al desmerecimiento de instituciones tradicionales, en espe-
cial ante la incapacidad, en la mayoría del los casos, del Estado
para hacer frente a las necesidades de su sociedad. Es por ello que
los MECOS están asumiendo nuevos roles que hoy se constituyen
en una herramienta para acercar soluciones a los problemas de la
gente, mediando a través de las ONGs para que las donaciones
que reciben lleguen a los verdaderos afectados y necesitados.
Somos conscientes que la solidaridad no tiene límites, día a día se le-
vantan miles de manos anónimas que junto a la ayuda desinteresada
de la población y la gran solidaridad de un sin número de voluntarios
miembros de distintas ONGs ayudan en todo aspecto y hacen posible
la asistencia a quienes se ven afectados por diversas necesidades.
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