
STUDIA POLITICÆ
07 ~ primavera/verano 2005-20068
tán sujetas a rápidos altibajos, son prósperas y, al mismo tiempo,
inseguras, y 3) los vastos valles, es decir, los lugares escasamente
conectados a la economía globalizada y con pocos prospectos in-
mediatos.
El dominio de las urbes más productivas es pasmoso. En produc-
ción económica, las 10 áreas metropolitanas más importantes de
América del Norte, combinadas, están sólo por debajo de Esta-
dos Unidos en su conjunto y de Japón. La economía de Nueva
York es casi del tamaño de la de Rusia o Brasil, y la de Chica-
go está a la par de la de Suecia. Juntas, las economías de Nueva
York, Los Ángeles, Chicago y Boston son más grandes que la de
China. Si las áreas metropolitanas estadounidenses fuesen países,
conformarían 47 % de las 100 economías más importantes del
mundo.
Sin embargo, la innovación tecnológica y científica, motor del
crecimiento económico, es la que presenta mayor concentración y,
por ende, desigualdad. De las 300.000 patentes de inventores re-
sidentes en más de 100 naciones registradas en 2002, dos terceras
partes se otorgaron a estadounidenses o japoneses, y 85 % a resi-
dentes en sólo cinco países (Alemania, Corea del Sur, Estados
Unidos, Japón y Rusia). El resto del mundo registró apenas 5 %
de todas las innovaciones patentadas en Estados Unidos.
A su vez, el historiador Paul Kennedy, de la Universidad de
Yale, tampoco cree que el mundo sea “plano”, o que se esté
aplanando. A su juicio, sigue siendo muy desigual. El mundo de
hoy —dice— es turbulento, como lo demuestran las ciénagas de
Irak, los graves problemas de Putin en Chechenia y el Cáucaso,
las tensiones en Irán y Corea del Norte, las recientes masacres
en Darfour, etc. Si bien es cierto que algunos países (entre ellos
China e India, en Asia, y Chile, en América Latina) están logran-
do avances importantes; otros, en cambio, se deslizan por la pen-
diente de la desintegración civil, la anarquía y el colapso. Hoy,
más de 60 estados (casi un tercio del total mundial) son conside-
rados “estados fallidos”, según un reciente estudio del Carnegie
Endowment for Peace, casi una docena de los cuales (a mi jui-
cio, de manera exagerada e incorrecta) son latinoamericanos.