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Cynthia Alejandra Pizarro
Resumen
En este trabajo se desarrolla un enfoque teórico-metodoló-
gico cualitativo utilizado para realizar un estudio de caso
concreto. Siendo el objetivo de la investigación el estudio
de la lógica con la que los habitantes de una localidad ru-
ral articularon una estrategia subalterna de lucha hegemó-
nica por la definición del sentido de la propiedad de la tie-
rra, se explicita en esta ocasión el conjunto de decisiones
metodológicas pertinentes para poder concretar dicho obje-
tivo. En pos de ello, se desarrolla el concepto de narrativas
locales. Este concepto permitió no sólo interpretar el punto
de vista de los agentes, sino también atender a los aspectos
de la relación social entre “observadora” y “observados” y
de sus condiciones estructurales, así como a las implican-
cias políticas de la re-presentación etnográfica de las “vo-
ces subalternas”.
Representar a las narrativas
locales.
Los efectos políticos de las
etnografías acerca de los subalternos.
STUDIA POLITICÆ Número 06 ~ invierno 2005.
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
Código de Referato: SP-28.VI.educc/2005.
STUDIA POLITICÆ
06 ~ invierno 200592
Abstract
This paper displays a cualitative theorical and methodological
approach of a case study. The objective of the research was to
study the way in which the inhabitants of a rural village
developed a subaltern strategy of hegemonic struggle around
the definition of land property. The methodological decisions
adopted in order to fulfill the objective are explicated in this
occasion. Thus, the concept of local narratives is explained.
This concept made possible not only to interpret the agent’s
points of view, but also to examine several aspects of the
social relationship between “observer” and “observed” as
well as its structural conditions, together with the political
consequences of the ethnographic re-presentation of
“subaltern voices”
Introducción
C
uál es el efecto político de estudiar la racionalidad de
las estrategias subalternas de lucha por la definición
del sentido hegemónico? ¿Acaso esta empresa no re-
dunda en dejar al descubierto las lógicas locales de resistencia a la
opresión frente justamente a quienes son los opresores? ¿El cien-
tífico que interpreta la poética de los “sin voz”, “subalternos” o
“colonizados” no se convierte macabramente en un “facilitador” o
“aliado” del proceso de “dominación” o “colonización”?
Estas preguntas retoman las reflexiones de algunos investigadores
sobre el rol de la antropología, y de los antropólogos, como agen-
tes de la dominación política. Said (1996) cuestiona la asepsia po-
lítica que implican los enfoques interpretativos y hermenéuticos
sobre la perspectiva del actor, asumiendo una postura crítica (en el
sentido de la relación teoría-praxis de raigambre marxista):
“...es necesario subrayar que la moda de las descripciones
densas y los géneros confusos cierra y bloquea el clamor de
voces que, desde el exterior, pide que se consideren sus re-
clamos contra el imperialismo y la dominación. El punto de
vista nativo, a diferencia de la forma en que a menudo ha
¿
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sido retratado, no es un hecho sólo etnográfico, no es un
constructo sólo hermenéutico; es en gran medida una resis-
tencia continua y controversial, prolongada y sostenida, a la
disciplina y a la praxis de la antropología misma (como re-
presentativa del poder «de afuera»), la antropología no como
textualidad sino como un agente, por lo general directo, de la
dominación política.” (Said 1996, 48-9; entrecomillado en el
original).
Por otra parte también plantea que aún los intentos etnográficos de
James Scott y de Richard Price por demostrar que es imposible
“transcribir completamente” la resistencia campesina contra los
abusos del exterior ya que la estrategia campesina es no obrar de
acuerdo con el poder, son paradójicamente socavadores de la efi-
cacia de estas resistencias en la medida en que revelan los secre-
tos de su fuerza.
Con estas preocupaciones en mente desarrollaré el enfoque teóri-
co-metodológico a través del cual abordé el estudio de la lógica
con que los habitantes de Palenque
1
articularon una estrategia
subalterna en la lucha hegemónica por la definición del sentido de
la propiedad de la tierra. Para ello, construí el concepto de narra-
tivas locales con el objeto de evitar un análisis meramente in-
terpretativo de los relatos sobre la lucha por la tierra, que me per-
mitiera atender a los aspectos de la relación social entre
“observadora” y “observados” y de sus condiciones socio-estruc-
turales, así como a las implicancias políticas de la re-presentación
etnográfica de las “voces subalternas”.
1
Palenque es el seudónimo de una localidad ubicada en el Valle Central de la
provincia de Catamarca. Según los datos de una encuesta realizadas durante el
trabajo de campo, hacia 1997 su población estaba compuesta por aproximada-
mente 27 hogares campesinos. Aproximadamente el 50 % de las explotaciones te-
nía una superficie menor a 5 has, con una marcada concentración en el intervalo
de menos de 1 ha. Por otra parte, más del 70 % de los pobladores eran poseedo-
res sin título de dichas explotaciones. Hasta hace alrededor de 30 años, las prin-
cipales actividades productivas consistieron en la cría de caprinos y la quema de
leña para carbón. La importancia de las mismas en los ingresos prediales fue de-
creciendo por diversos motivos, a medida que fue incrementando el trabajo en la
administración pública tanto provincial como nacional.
CYNTHIA ALEJANDRA PIZARRO
STUDIA POLITICÆ
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Las narrativas locales sobre la lucha: construcción y
representación del corpus
El concepto de narrativas utilizado durante la investigación sobre
la lucha por las tierras en Palenque hace referencia a las represen-
taciones-construcciones de eventos pasados en donde los narrado-
res entextualizan elementos provenientes de distintos discursos to-
mando una posición, es decir, dando pistas metadiscursivas que
orientan a sus interlocutores sobre cómo interpretar los eventos
narrados (Bauman 1986; Briones y Golluscio 1994; Carranza
1997; Fairclough 1982; Tonkin 1992).
Fue necesario que durante la investigación se produjeran narrati-
vas sobre la lucha por parte de los sujetos involucrados en la lu-
cha, ya que ésta sólo había sido documentada en acuerdos legales
y expedientes, no habiendo llegado a los medios de comunicación.
Para ello se utilizó un enfoque metodológico orientado hacia la
perspectiva del actor (Guber 1991). Una vez construido el corpus
de narrativas, las técnicas utilizadas para su análisis debieron ser
afinadas para poder dar cuenta de los elementos de sentido prove-
nientes de distintos discursos que fueron articulados en las narra-
ciones, así como del posicionamiento de los narradores y de las
pistas metadiscursivas que utilizaron para orientar la interpretación
de los eventos narrados.
A continuación esbozaré el enfoque metodológico con que se
construyeron los datos y los procedimientos utilizados para inter-
pretarlos, haciendo referencia al método etnográfico y su interés
por la perspectiva del actor. También reflexionaré sobre el empleo
de algunas técnicas provenientes del análisis del discurso que
apuntan tanto a la identificación de los elementos discursivos ar-
ticulados en las narraciones, como a la manera en que los narra-
dores toman una posición argumentativa en las prácticas discursi-
vas en las que producen sus narraciones.
La relación entre eventos narrados, narrativas y prácticas narrati-
vas requiere de un enfoque metodológico que ilumine la densidad
de relaciones (Geertz 1992) a partir de las cuales los sujetos se
construyen a sí mismos y, en esta construcción, construyen a los
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otros. La perspectiva del actor enriquece el estudio de los proce-
sos sociales ya que apunta a las particularidades y complejidades
mediante las cuales los sujetos estudiados, en tanto agentes, mo-
difican el mundo social y las determinaciones estructurales
(Giddens 1995). Esto no implica adoptar un individualismo meto-
dológico ya que se parte del presupuesto de que los agentes están
condicionados por y reproducen a la estructura, es decir son, a la
vez, sus portadores y sus productores.
El objeto de la investigación no fue sólo interpretar los relatos lo-
cales, sino comprender la manera en que los narradores entextua-
lizan elementos provenientes de distintos discursos, tomando una
posición con respecto a lo narrado y orientando a sus interlocuto-
res sobre cómo interpretarlo. Por lo tanto, la construcción de los
datos pertinentes requirió de dos tipos de información. Por un
lado, la investigación se basó en el estudio del corpus de narrati-
vas que fueron producidas por los sujetos involucrados en la lucha
durante 1997. Pero este análisis no habría sido posible de no ha-
ber realizado trabajos de campo en la zona en distintos períodos
de tiempo desde agosto de 1992, tales como encuestas, entrevistas,
talleres de historia oral, observación participante y análisis de
fuentes documentales tales como expedientes, planos y gráficos.
Con respecto al corpus de narrativas producido en 1997, la técni-
ca de recolección de datos utilizada fue la de entrevistas semi-es-
tructuradas a los sujetos involucrados en la lucha: habitantes de la
localidad, abogados litigantes, técnicos y funcionarios de distintas
reparticiones estatales (Municipalidad, Dirección Provincial de
Catastro, Dirección Provincial de Saneamiento de Títulos), así
como a una técnica de la Universidad que les brindó su asesora-
miento mientras era auxiliar de nuestro equipo de investigación.
El tema de las entrevistas giró sobre «el problema de las tierras en
dicha localidad», lo que disparó la narración de los eventos por
parte de los entrevistados quienes, en la medida en que participa-
ron de la lucha, no construyeron narrativas ficcionales sino narra-
ciones de experiencias de vida. Por otra parte, en virtud del traba-
jo de campo que había realizado en la zona antes de 1995, aun
cuando no estuve presente en los eventos narrados sabía de ellos
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por distintas fuentes y la mayoría de mis interlocutores conocían
mi interés por los habitantes locales y mis investigaciones en el
área, así como el hecho de que la técnica que los asesoró sobre
sus derechos a la propiedad de la tierra había sido alumna mía. De
allí que yo no era una extraña para los entrevistados sino que
compartía parte de su experiencia de vida con respecto a la lucha.
La presentación que realiza Carranza del corpus de entrevistas que
analiza en su trabajo es pertinente para describir el de este estudio:
“Los textos producidos en las entrevistas tienen registro in-
formal y carácter conversacional. El formato fue el resultado
de la negociación conversacional en la que yo cedía el con-
trol sobre el desarrollo de la entrevista cada vez que los en-
trevistados decidían expandirse sobre algunos temas, elaborar
sus opiniones, o cambiar de tópico” (Carranza 1997, 2).
El análisis de este corpus no se limitó al estudio de los relatos.
Carranza explica la diferencia entre éstos y las narraciones seña-
lando que:
“Relato es un tipo particular de narrativa en el que se mani-
fiestan plenamente elementos tales como la secuencia tempo-
ral, las acciones específicas, la caracterización y el conflicto.
Entendemos por narración a la actividad conversacional glo-
bal en la que se produce un relato” (Carranza 1997, 3).
En la medida en que el foco del análisis apuntó a las relaciones
entre las narrativas, los sucesos narrados y la práctica narrativa
(Bauman 1986), consideré los aportes provenientes de la teoría de
la ejecución y de la aproximación a la cultura centrada en el dis-
curso, junto con aquellos provenientes de la teoría de la enuncia-
ción (Briones y Gollluscio 1994). Para ello, utilicé información de
diversos niveles (Carranza 1997):
a) el examen de la forma lingüística y las operaciones retó-
ricas,
b) la interacción como un hecho de habla y al entrevistador
como un coparticipante en la construcción del discurso,
c) las condiciones socioestructurales en las que se da la in-
teracción verbal a fin de dar cuenta de los repertorios
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ideológicos a los que se recurre para interpretar la expe-
riencia.
Las entrevistas del corpus construido para este estudio constituyen
“textos argumentativo-narrativos (que) se producen para presentar
y defender una opinión o posición” (Carranza 1997, 4). Este tipo
particular de combinación entre narrativa y argumentación consis-
te en una narrativa que incorpora y dramatiza discurso argumen-
tativo. Por lo tanto el análisis ahondó en dos dimensiones con el
fin de identificar el tipo de intersecciones entre narrativa y argu-
mentación.
Analicé todas las entrevistas teniendo en cuenta la secuenciación
de las narraciones: la definición del conflicto, de los personajes, la
resolución del conflicto y la evaluación de las estrategias.
En primer lugar analicé la definición del problema o marco de in-
justicia (Klandermans 1994). Esto lleva a comprender la manera
en que se define el problema y se interpreta el conflicto estructu-
ral y sus causas. También incluye el estudio de la definición de las
reivindicaciones y de la argumentación sobre la legitimidad de los
derechos.
Luego, analicé la construcción de los personajes, es decir, la cons-
trucción del campo de identidad (Hunt, Benford y Snow 1994).
Esto supone la identificación tanto de los protagonistas y antago-
nistas, así como de sus aliados; y la atribución de significados so-
bre la naturaleza del grupo, su estrategia y sus principios morales.
En tercer lugar analicé la orientación de la acción (Hunt, Benford
y Snow 1994). Aquí apunto a comprender la manera en que se
define la acción y se (des)movilizan recursos preexistentes. Para
ello, presto atención a la interacción entre actores internos y exter-
nos y a la valoración de su (des)movilización para la resolución
del conflicto.
Finalmente, estudié la evaluación de las estrategias de lucha y los
efectos de la misma. El hecho de evaluar las estrategias de lucha
da cuenta de la doble relación de estructuración entre narrativas y
eventos narrados. Bauman (1986) señala que las narrativas no sólo
representan icónicamente a las estructuras de acción, sino que
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también las construyen. En este punto se manifiesta la potenciali-
dad orientadora de la acción de las narrativas en la medida en que,
al establecer un parámetro acerca de la manera en que las luchas
funcionan y aquello que las vuelve efectivas, también prescriben
pautas sobre cómo encarar futuras acciones.
En cada uno de estos momentos narrativos tomé en cuenta las
operaciones retóricas realizadas por los narradores: relación entre
relato y argumentación; relación entre proponentes y oponentes y
protagonistas y antagonistas; e, identificación de la tesis del rela-
to (Carranza 1997). Por otra parte, analicé la interdiscursividad
presente en las narrativas (Fairclough 1982). Los discursos buro-
crático-legal, técnico, consuetudinario, desarrollista, universalista,
cooperativista, estratégico, entre otros, tematizan de diversos mo-
dos los conflictos rurales por la tierra. Elementos provenientes de
estos discursos se manifiestan en presupuestos y/o naturalizacio-
nes que son entextualizadas por los narradores para definir la le-
gitimidad de las reivindicaciones, las modalidades de marcación
de colectivos de identificación, la movilización de recursos estra-
tégicos y la evaluación del éxito de las acciones colectivas. Para
poder relacionar las tesis o posicionamiento de los narradores con
el re-centramiento que realizan de estos elementos provenientes de
diversos discursos tomé en cuenta: el uso del discurso directo e
indirecto, el énfasis y repeticiones, y las generalizaciones.
Como lo he planteado más arriba, esta investigación fue posible
gracias a la coproducción de narrativas por parte tanto de los en-
trevistados como mía en tanto que entrevistadora. Por otra parte,
la interpretación científica en sí misma constituye una narrativa en
la que la secuenciación de los eventos narrados es realizada desde
mi propia posición como autora. Así, la re-presentación de las na-
rrativas mediatiza los efectos prácticos de las mismas. Esto remi-
te a los problemas vinculados con la reflexividad de la ciencia y
los efectos políticos de la construcción de conocimiento científico.
La auto-reflexión implica la objetivación de la producción cientí-
fica como práctica social. Esta auto-reflexión apunta a dejar en
claro la intervención de las narrativas que el investigador pone en
juego en la producción de conocimiento. Ello implica la necesidad
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de analizar los tamices por los que se escuchan las voces de los
sujetos y los filtros a través de los cuales se re-significa el objeto
de estudio para producir los textos sociológicos.
Sobre la potencialidad emancipatoria de las etnografías sobre
los subalternos
Los efectos políticos del conocimiento científico (Pizarro 1998) se
ponen de manifiesto en las consecuencias que conlleva la articu-
lación de un discurso legitimado socialmente. Dicho discurso ilu-
mina ciertos aspectos densos de la vida social re-significando (re-
presentando, con todas las implicancias reduccionistas que ello
conlleva) a las voces de los “sin voz”, articulándolas en un tipo de
narrativa que circula en los lugares donde no sólo se disputa la
nominación de la realidad sino en los que también se diseñan e
implementan políticas de intervención.
Los efectos de la interpretación científica acerca de la acción co-
lectiva de un grupo de agentes subalternos complementa, respon-
diendo a otras reglas de juego, los efectos de la propia acción. La
acción colectiva en sí misma constituye, en términos de la lógica
práctica, un mensaje al sistema que cuestiona sus pretensiones de
universalidad (Escobar y Alvarez 1992). Es una forma local de
disputar la definición de la realidad que posee una racionalidad
propia y una articulación político/cultural particular.
La interpretación científica surgida de nuestra investigación apun-
ta a mostrar la perspectiva local a través de una narrativa que tam-
bién pretende cuestionar lo naturalizado por la construcción hege-
mónica de la realidad. Si bien esta narrativa es particular, cuenta
con recursos de poder diferenciales: su racionalidad constituye la
forma legitimada en nuestra sociedad para definir la realidad.
Esto último llevaría a pensar, tal como lo plantea Said (1996) con
respecto a la Antropología, en la ciencia como una herramienta
privilegiada en la definición de la realidad en el contexto de la
modernidad, y en la violencia simbólica que ejerce en la medida
en que no realice un proceso de autorreflexión sobre la definición
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de sus problemas y establezca los vínculos entre sus presuposicio-
nes y las naturalizaciones hegemónicas del sentido común.
Pero cabe señalar el peligro de la radicalidad de tal argumento.
Plantear a las narrativas científicas o etnografías sobre los subal-
ternos como aliadas concientes o inconscientes del los grupos do-
minantes implica olvidar que los sujetos oprimidos, aún cuando
gozan de escasos recursos de poder, tienen capacidad de agencia.
El concepto de relaciones hegemónicas es mucho más complejo y
no tan mecanicista como el de relaciones de dominación. El pri-
mero implica que los sujetos subalternos pueden hacer uso, en la
medida en que tengan acceso, de los elementos del sentido del
discurso hegemónico. Y muchas veces este acceso es posible gra-
cias a la «intervención» de los científicos sociales.
Las prácticas sociológicas (relaciones sociales que se entablan en
el marco de las investigaciones en ciencias sociales), si bien se
dan dentro de un marco de desigualdad entre el sujeto que conoce
y el investigado, no conllevan necesariamente el acrecentamiento
de la alienación de los oprimidos. Existe la posibilidad de que sus
efectos políticos sean emancipatorios.
Tal es el caso en el que, merced a que la investigación tematiza
ciertos aspectos de la vida social que hasta ese momento quizá
habían pasado desapercibidos para los sujetos, los mismos co-
miencen a problematizar o cuestionar aquello que hasta el momen-
to daban por sentado. Esto fue manifestado por uno de los entre-
vistados en el contexto de nuestra investigación con respecto a los
profesionales que “vienen de afuera” a hablar con ellos “desinte-
resadamente”, a ayudarles, a enseñarles cosas que no sabían. Cabe
recordar que la técnica que los ayudó a iniciar el trámite por la
prescripción adquisitiva de las tierras se acercó, en un primer mo-
mento, como alumna y auxiliar de nuestro equipo de investigación
que venía realizando trabajos en la zona desde 1992. Aun cuando
existen otros factores que coadyuvaron a la estrategia de la acción
social que los habitantes de Palenque implementaron para defen-
der sus tierras, tales como los particulares recursos retóricos con
los que contaban algunos de ellos en virtud de su trayectoria so-
cial que les permitieron re-centrar elementos discursivos hege-
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mónicos en sus argumentos, el legado simbólico de la técnica re-
sultó indispensable para la lucha, tal como los propios sujetos lo-
cales lo señalan.
Por otra parte, considerar a los investigados como inocentes suje-
tos pasivos a quienes los investigadores les extraemos información
o cuyos secretos estratégicos revelamos presupone menospreciar
sus habilidades para interactuar creativamente aún cuando cuenten
con menores recursos de poder en el contexto de la práctica socio-
lógica. También implica considerar a las narrativas científicas
como reflejo de la realidad. Antes bien, el conocimiento sobre lo
social es el resultado de un proceso de construcción que re-presen-
ta un evento social. En dicho proceso intervienen tanto el investi-
gador, sesgado por sus propios supuestos y prenociones, así como
los investigados, cuyos testimonios re-presentan la realidad para el
investigador como destinatario. Eso también influye en la manera
particular en que articulan su discurso a través de distintas estra-
tegias: omisión, énfasis, generalización, etc.
Así, las re-presentaciones sobre los subalternos constituyen meta-
narrativas en las que el científico propone un argumento fundado,
a través del método científico, en las narrativas locales. Estas
meta-narrativas científicas no sólo son representaciones culturales
del mundo sino que también son políticas, ya que, a la vez, repre-
sentan y tienen efectos en las condiciones materiales de vida. Los
efectos políticos tanto de las meta-narrativas como de la práctica
sociológica en sí misma no necesariamente serán reaccionarios
sino que pueden coadyuvar a procesos emancipatorios en la medi-
da en que los elementos de sentido provenientes del discurso cien-
tífico pueden ser re-centrados por los sujetos subalternos.
Agradecimientos
Una versión preliminar de este trabajo fue presentada en el V Encuentro de
la Red de Teoría y Filosofía Social, organizado por la Universidad Nacional
de Catamarca entre el 3 y 4 de diciembre de 1999. Fue elaborado en base
al capítulo 2 del libro de mi autoría: “La política cultural de las moviliza-
ciones campesinas. Las narrativas sobre un conflicto por la tierra en una lo-
calidad rural de Catamarca”, publicado en el año 2000 por la Secretaría de
CYNTHIA ALEJANDRA PIZARRO
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Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de Catamarca. Agradezco
las sugerencias y comentarios de Claudia Briones, Norma Giarracca y de
quienes participaron de dicho Encuentro. Cabe señalar que este escrito no
podría haber sido producido sin la co-participación de los habitantes de Pa-
lenque, quienes abrieron sus puertas, sus corazones y su memoria para par-
ticipar en el proceso de construcción de conocimiento científico. También
quiero agradecer el interés y participación activa de los alumnos que cursa-
ron durante el año 2003 la materia Metodología 3 de la Licenciatura en
Ciencia Política, de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacio-
nales de la Universidad Católica de Córdoba. Finalmente, no puedo dejar de
mencionar los enriquecedores diálogos mantenidos con los alumnos de la
Maestría en Antropología de la Universidad Nacional de Córdoba durante
los años 2002 y 2003, y con los alumnos de la Especialización en Metodo-
logía de la Investigación en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de
Catamarca desde el 2001 hasta el 2003.
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