
STUDIA POLITICÆ
06 ~ invierno 200522
enviado por el director del circo, trata de advertir al pueblo de la
situación para que lo ayuden. Sin embargo, no tiene éxito porque
todo el mundo, en el poblado, interpreta que lo que dice son parte
de las payasadas y bufonadas del espectáculo del circo. Ratzinger
compara el payaso con el teólogo moderno, en el sentido de que
la figura y el mensaje del teólogo no es tomada en serio. Y aun-
que se esfuerce en tomar el rol con toda seriedad, dice Ratzinger
(1982: 22) siempre será considerado, de antemano, como un paya-
so. Pero además de este juego de imágenes entre el payaso y teó-
logo, también aparece otra idea que, tal vez queda un poco retira-
da del primer plano en comparación con ésta, pero que sin duda
tiene importancia para Ratzinger. Y es la del escenario, la de la re-
presentación dramática y de la necesidad de actuar y de aparece
para enseñar; el teólogo, como maestro de la fe cristiana, cumple
una misión central relativa a la comunicación de la palabra y de
los actos que representan la fe, es decir, la razón divina. Realmen-
te es muy interesante que Ratzinger comience con esta imagen de
la enseñanza y de la comunicación y de sus problemas, como una
primera dificultad casi imposible de salvar. Y es una muy buena
metáfora del escenario público actual: un escenario en el que, para
tener cierta efectividad, es necesario representar un drama; un dra-
ma sobre el que muchos dudan, otros ni siquiera dudan racional-
mente, sino que tienen prejuicios equivocados acerca del compor-
tamiento de los actores; finalmente, por supuesto, se encuentran
los que, aprovechando la confusión general, actúan de mala fe,
engañando y produciendo sistemáticamente mentiras. Pero, como
también dice Ratzinger (1982: 23), el problema no se soluciona
con una simple muda de ropas del payaso: cambiar el lenguaje,
modificar el aspecto externo del creyente que habla y actúa para
dar un mensaje implica, por lo menos, una toma de conciencia
profunda acerca de las condiciones estructurales de la comunica-
ción del discurso y del conocimiento religioso dentro de una so-
ciedad de estructuras sociales y racionalidades seculares.
En relación con el debate con Habermas, el diagnóstico que pre-
senta Ratzinger como antecedente para su propuesta o prognosis,
está organizado en tres puntos: primero, considera que el mundo
actual se encuentra condicionado y definido por un proceso de