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tán e Irak no cuentan los afganos y los iraquíes, y de Africa no
cuenta nada. El imperio genera polución del ambiente. Ese am-
biente, en suma, sofoca, asfixia, envenena al espíritu.
Todo esto asusta, y sin embargo, usando conceptos bíblicos, el im-
perio anuncia que el mundo que él gestiona ha llegado a ser bue-
na noticia, eu-aggelion. Proclama el advenimiento del fin de la
historia, el eschaton, y de la aldea globalizada, el reino de Dios,
la basileia tou Theou. El ser humano de hoy debe considerarse
afortunado de vivir en este mundo, que el imperio tiene la misión
divina de defender y extender.
Quizás todo esto parezca exagerado, pero en mi opinión éste es el
mensaje que comunica Estados Unidos desde hace años, y con
mayor contundencia —y también con mayor desfachatez—, en es-
tos años de Afganistán, de Irak, de la ignorada y silenciada Afri-
ca... Veamos ahora algunas concreciones de cómo el imperio so-
mete a los humanos más allá de lo que acabamos de analizar.
El imperio se considera dueño y señor del tiempo, de su densidad
y calidad. El calendario no es lo que es dado a todos por igual
para que cada quien deje constancia de su propia historia. El 11-S
es un hito en la historia, pero no lo es el 7-O (7 de octubre de
2001) y el 30-M (30 de marzo de 2003), días en que comenzaron
los bombardeos contra Afganistán e Irak. Ni siquiera existen. Sí
existe el 11-M, los atentados en Madrid, pues, dicho sin ninguna
ironía y con inmensa compasión hacia las víctimas, ocurrió en la
órbita imperial.
El comentario es obvio: ha habido muchos otros 11-, pero no exis-
ten porque no han sido registrados en el calendario imperial, como
otro 11-S, el 11 de septiembre de 1973, día en que ocurrió el ase-
sinato de Allende y la masacre en el Palacio de la Moneda, tras
todo lo cual estaba Estados Unidos.
Y permítaseme detenerme en otro ejemplo por ser muy cercano a
El Salvador y también a Estados Unidos. Un 11-D, 11 de diciembre
de 1981, alrededor de mil personas fueron asesinadas en El Mozo-
te, El Salvador, divididas en tres grupos: los hombres encerrados
en la iglesia, las mujeres en una casa, y los niños, unos 170, con
JON SOBRINO