
STUDIA POLITICÆ
05 ~ otoño 2005184
En este panorama cobran significación las categorizaciones de amigo y enemi-
go, que son tan propias de los personajes infantiles, conjuntamente con polariza-
ciones extremas de una situación y la otra: mientras que por un lado en el mundo
del protagonista —el ‘bueno’— todo es belleza y amor, las praderas son verdes,
las flores coronan su perfecto castillo, la bondad es extrema, el coraje el máximo,
la luz y la pureza todo lo invaden y la felicidad es la regla; por el otro, en el
mundo de los malvados la crueldad reina con el odio, todo es oscuro y deficien-
te, el terror y la desolación se perciben en el contaminado aire, las tinieblas y la
noche envuelven un castillo negro y tenebroso (recuerdo que los nombres de los
enemigos eran sumamente negativos: Destructor, Skelletor). El punto es que es-
tas simplificaciones —que encuentran un campo muy fértil en torno a la fantasía
infantil— nada tienen que ver con la vida real, porque su maniqueísmo es total:
está el mundo de lo bueno y lindo, donde todo es bueno y lindo, y el de lo malo
y feo, donde todo es malo y feo.
Pero pretendo llegar a una situación bien puntual. Hay ocasiones en que los au-
tores de este tipo de historias, con cierto aire irónico, llevan tan hasta las últimas
consecuencias la mencionada polarización que quitan toda posibilidad de manifes-
tación de lo que es propio de un mundo en el otro, esto es: nada es malo en el
“mundo bueno”, ahí no hay lugar para el odio... Y lo más pintoresco se da en
cuanto a los personajes afines al “polo negativo”, su radicalización llega a tales
extremos que la negación de todo lo bueno en su órbita llega al absurdo: a los ma-
los no les gusta que les digan que su atuendo les queda bellísimo, esto es un insul-
to para ellos, un verdadero halago es que les digan que les queda horripilante o
espantoso, y entonces sus rostros se llenan de regocijo. Esta situación es propia de
varios personajes populares infantiles, pero su mayor exponente parece ser la anti-
gua serie y película norteamericana “T
HE ADDAMS FAMILY” (“LOS LOCOS ADDA-
MS”, en la versión en español), por la sencilla razón de que centra absolutamente
toda su temática en torno a la paradoja recién descripta: para los Addams es bueno
lo ‘malo’ (“Somos Addams y pueden retorcernos, destriparnos, enterrarnos vivos
o descuartizarnos; aún así seguiremos siendo felices! ¿Y quieren saber por qué?”
—inquiere en tono drástico Morticia— “—¡Porque nos gusta!!!” —sentencia el
resto de la familia).
Hemos llegado al punto en que usted exigirá, con razón, que precise el objeti-
vo con el que me he aventurado a profundizar in extenso acerca de personajes in-
fantiles fantásticos y series de televisión en un escrito que pretende modestamen-
te plantear una discusión sobre ciertas cuestiones de ética. Pues bien, para
redondear la crítica a su ‘cláusula de salvaguarda’ (nº 5) que estuve intentando
perfilar, he decidido sintetizar mi planteo refiriéndome a ella como “Cláusula
contra los Locos Addams”, en clara alusión a una situación ficticia que acabo de
describir y en representación de la cual he optado por los personajes de la cono-
Como habrá advertido, el planteamiento no tiene mayor trascen-
dencia y se resuelve en una cuestión meramente expositiva. Por
más que creo que el enunciado se encuentra en una suerte de so-