9
¿Mucho ruido y pocas nueces?
El cambio de régimen político
en Cuba
Eusebio Mujal-León y Joshua W. Busby
Introducción
R
esulta difícil situar entre las categorías tradicionales de
régimen político al régimen cubano, una dictadura ca-
rismática y personalista con una idiosincrática mezcla de
elementos nacional-militares, igualitarios, antiamericanos y anti-
capitalistas, así como de elementos comunistas residuales. Aunque
el régimen ha atravesado diferentes fases durante los pasados cua-
renta años, una dialéctica ha sido constante la presencia dominan-
te de su líder y fundador, Fidel Castro. Otros actores instituciona-
les responden directamente ante él. Aún cuando el régimen
cubano es descrito con frecuencia como “uno de los últimos regí-
menes comunistas”, el Partido Comunista Cubano (PCC) está dé-
bilmente institucionalizado y ninguno de sus líderes tiene una
base social o política independiente de Fidel Castro. El régimen
cubano presenta además un fuerte componente militar. Aunque las
FAR se encuentran ostensiblemente bajo el control del Partido
Comunista, se podría dudar o especular acerca de cuán efectivos
son esos mecanismos de control. Sus líderes han sido incorpora-
dos en los más altos órganos del Partido, o purgados (como la eje-
cución del General Arnaldo Ochoa en 1989), o se les ha acomo-
STUDIA POLITICÆ Número 02 ~ verano 2004.
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
STUDIA POLITICÆ
02 ~ verano 200410
1
Para una primera aproximación a este tema, ver Eusebio MUJAL-LEÓN y Jorge
S
AAVEDRA, “El post-totalitarismo carismático y el cambio de régimen: Cuba en
perspectiva comparada”, Encuentro 6/7 (Otoño/Invierno 1997): 115. Para una
opinión coincidente, ver también L
INZ y STEPAN, Problems of Democratic Tran-
sition and Consolidation: Southern Europe, South America, and Post-Communist
Europe (Baltimore: The John Hopkins University Press, 1996), 55.
dado dándoles acceso a los lucrativos beneficios de empresas mix-
tas, inversiones conjuntas con capital extranjero (joint ventures), y
del turismo.
Nuestro objetivo en este artículo es discernir la naturaleza del ré-
gimen cubano contemporáneo. No es éste un ejercicio académico
o meramente retrospectivo. El régimen (antes y ahora) es el pun-
to de partida para cualquier futuro desarrollo y condicionará las
posibilidades y la dirección de la evolución política del país
1
. La
parte I de este artículo explorará la que creemos fue la fallida
transición cubana al postotalitarismo a mediados de los años
ochenta y la (parcial) confirmación del totalitarismo al entrar en
los noventa. La parte II examina a continuación la naturaleza de
los cambios experimentados por el régimen y la sociedad durante
la década de los noventa, lo que nos lleva a caracterizar el régi-
men en su período más reciente como “carismático y postotalita-
rio temprano”. La conclusión analiza las implicaciones de esta
caracterización para el cambio de régimen y el futuro después de
Castro.
Parte I
El régimen castrista tiene ya más de cuarenta años. Ha sobrevivi-
do a una miríada de dificultades, incluyendo el dramático colapso
de sus patrocinadores de la Unión Soviética. Pero el régimen per-
dura. ¿Quién no recuerda las premonitorias predicciones acerca de
su inminente colapso desde finales de los ochenta y comienzos de
los noventa? Pero aún si el régimen ha sobrevivido en el nuevo
siglo no es porque haya permanecido inalterado. De hecho, la
continuidad que la presencia de su fundador ha proporcionado al
11
régimen ha servido con frecuencia para enmascarar los cambios
dinámicos que han ocurrido en el sistema político cubano durante
las pasadas décadas. La sociedad cubana ha cambiado significati-
vamente. A pesar del uso repetido del slogan “socialismo o muer-
te”, cuando Fidel Castro haga una salida definitiva de la escena
cubana o no sea capaz de dirigir el régimen por más tiempo se
producirá un profundo reajuste (y crisis) del régimen.
Nuestro intento de explorar los caminos hacia y las condiciones
de un futuro posCastro nos llevan en primer lugar al pasado y,
más concretamente, al período 1971-1985, cuando el régimen cu-
bano llegó a estar estrechamente vinculado a la Unión Soviética.
Durante este período, el régimen cubano había alcanzado ya una
profunda acomodación con su contraparte soviética y, asumiendo
su papel en la “división socialista del trabajo”, comenzó a experi-
mentar una transición hacia el postotalitarismo. El nuevo partena-
riado supuso una activa colaboración entre Cuba y la Unión So-
viética en la esfera internacional, incluyendo el despliegue de
tropas cubanas en distintas partes del Tercer Mundo. Ambas par-
tes negociaron las directrices para la transferencia de subsidios a
la economía cubana y la institucionalización de mecanismos de
“planificación socialista” en Cuba. En una vertiente más política,
el liderazgo cubano se orientó hacia la institucionalización de las
funciones y la estructura del Partido Comunista (PCC) así como
la ratificación de una nueva Constitución que se asemejaba en
mucho a la soviética. Al compás de estas iniciativas se crearon los
mercados de agricultores y se llevaron a cabo otras reformas que,
junto a las favorables condiciones comerciales y otras formas de
apoyo, sacaron a Cuba del estancamiento de sus fallidos experi-
mentos de movilización
2
.
En este artículo intentamos situar nuestra interpretación del régi-
men cubano contemporáneo dentro del contexto específico de la
literatura sobre regímenes postotalitarios. Nos gustaría revisar bre-
vemente las principales caracterizaciones del tipo de régimen
EUSEBIO MUJAL-LEÓN
2
Carmelo MESA-LAGO, “¿Cambio de régimen o cambios en el régimen? Aspec-
tos políticos y económicos.” Encuentro 6/7 (Otoño/Invierno, 1997):37-40.
STUDIA POLITICÆ
02 ~ verano 200412
3
LINZ y STEPAN, 48.
postotalitario, utilizando las cuatro características —liderazgo,
ideología, movilización, y pluralismo— propuestos por Juan Linz
y Alfred Stepan. Bajo el postotalitarismo, la política adquiere una
forma más institucionalizada dentro de las organizaciones del Es-
tado, en contraste al impredecible ejercicio de poder de un orden
totalitario. Aunque el liderazgo es todavía ejercido por el partido
gobernante, éste comienza a demostrar mayores tendencias buro-
cráticas y está menos sujeto a la discreción arbitraria del líder. En
términos ideológicos, hay un creciente desajuste entre los deseos
y la capacidad del régimen. La ideología requiere un menor com-
promiso, y se convierte en un elemento más en un ritual obligato-
rio. La movilización también se transforma. Más que demandar
apoyo abierto al régimen, los líderes de un régimen postotalitario
comienzan a rebajar sus expectativas y la ausencia de abierta opo-
sición se acepta como tácita aprobación. Se tolera el pluralismo
de naturaleza social y económica, mientras el pluralismo político
permanece aún prohibido. Manifestaciones culturales y artísticas
alternativas, y mercados paralelos, comienzan a coexistir junto
con los oficialmente autorizados, aunque incluso el grado de plu-
ralismo posible o tolerado podría ser menor que bajo un régimen
autoritario
3
.
Al aplicar esta perspectiva analítica al régimen cubano, presenta-
mos el siguiente argumento. Durante el período 1971-85, el régi-
men experimentó el inicio de una transición hacia el postotalita-
rismo. Este proceso reflejaba una coincidencia estratégica entre
los liderazgos soviético y cubano que sacaba a Cuba de su relati-
va autarquía. La integración de Cuba en el bloque soviético esti-
muló y reforzó las transformaciones económicas e institucionales
domésticas antes señaladas.
Sin embargo, a comienzos de los años ochenta, cuando la admi-
nistración Reagan se posicionó de manera más firme en política
exterior y se produjo en la Unión Soviética la sucesión Andro-
pov-Chernenko-Gorbachev, Fidel Castro comenzó de manera
creciente (y con buenas razones para ello) a dudar de la fiabili-
13
4
Carmelo MESA-LAGO, Market, Socialist, and Mixed Economies (Baltimore: The
John Hopkins University Press, 2000), 312. Mesa-Lago documenta el cambio en
términos de la ayuda de la Unión Soviética cuando la USSR hizo frente al decli-
nar económico del período 1986-1990, cuyos términos, aunque todavía favora-
bles, desfavorecieron crecientemente a Cuba.
5
Marifeli PÉREZ-STABLE, “Caught in a Contradiction: Cuban Socialism between
Mobilization and Normalization”, Comparative Politics vol. 32, nº 1 (October
1999): 70.
6
La producción de azúcar y casi cualquier otro producto agrícola disminuyó de
modo importante en este período. M
ESA-LAGO, Market, Socialist, and Mixed Eco-
nomies, 281-288.
dad y las consecuencias del compromiso soviético. Una vez que
Gorbachev alcanzó el poder en 1985, las señales se tornaron in-
equívocas.
4
Castro respondió anunciando el proceso de rectifica-
ción. Ésta fue una respuesta dura a la perestroika que supuso que
las reformas de la era previa fueran claramente invertidas y que
reformistas, como el ministro de Planificación Humberto Pérez,
fueran privados de su posición. Los mercados de agricultores
cubanos fueron clausurados en mayo de 1986, anuncio que fue
acompañado por una severa invectiva acerca de la nociva expan-
sión del individualismo y de las fuerzas del mercado
5
. Esta re-
tórica señaló el fin de la transición hacia el postotalitarismo e
inauguró (y condujo a ) un incompleto retorno al radicalismo de
movilización de finales de los sesenta, siendo reemplazadas las
anteriores aperturas al mercado por apelativos a la conciencia
nacional, la resistencia, y el espíritu revolucionario. Después de
desplazar los modelos de planificación de inspiración soviética
de la era anterior, Castro estableció ambiciosos objetivos nacio-
nales de autosuficiencia alimentaria, construcción de viviendas y
otras necesidades sociales, mediante el uso de brigadas de traba-
jo voluntarias
6
.
¿Qué factores explican la truncada transición al postotalitarismo
en Cuba durante los ochenta? (1) El primero gira en torno a Fidel
Castro. Cuando Gorbachev llegó al poder en 1985 y anunció su
programa de perestroika y glas’nost, él podría sin duda haber an-
ticipado cómo esas reformas debilitarían y socavarían su propio
EUSEBIO MUJAL-LEÓN
STUDIA POLITICÆ
02 ~ verano 200414
sistema de gobierno. Aunque otros dentro de la órbita soviética
hubieran podido pensar algo semejante, Cuba y Fidel Castro te-
nían una posición mucho menos dependiente. No sólo porque la
relación cubano-soviética no había sido simplemente una rela-
ción patrón-cliente (Castro después de todo había alcanzado el
poder por sus propios medios), sino porque la propia presencia
y permanencia de su fundador fortaleció la autonomía del régi-
men cubano. Él tenía una autoridad y un prestigio dentro del ré-
gimen que le daban margen de maniobra para definir y redefinir
el régimen, algo de lo que cualquier sucesor carecería. En este
sentido, aún cuando el régimen cubano inició una transición ha-
cia el postotalitarismo en los años 1971-1985, su situación en
términos de liderazgo era muy diferente a la de la mayoría de
los regímenes de la Europa del Este o incluso de la propia Unión
Soviética.
(2) Un segundo factor fue la continuada vitalidad de la ideolo-
gía (la mezcla de nacionalismo, antiamericanismo y anticapita-
lismo elaborada por Fidel Castro). A fines de los setenta e ini-
cios de los ochenta el régimen no había perdido todavía sus
prácticas ideológicas establecidas. Aunque el éxodo del Mariel
en 1980 debilitó el régimen y demostró cuánta gente dejaría la
isla si tuviese la oportunidad, permanecía la cohesión de la éli-
te y entre importantes sectores de la sociedad acerca de que el
modelo ideológico (y los programas sociales que éste generaba)
era viable. La ideología pudo haber sido reforzada también por
una política exterior activista y nacionalista, que convirtió a
Cuba en uno de los principales protagonistas en el movimiento
de países no-alineados y un (parcial) substituto para la Unión
Soviética en lugares tales como Angola y Nicaragua. Además,
el régimen no había perdido ni su capacidad represiva ni de
movilización a finales de los setenta y principios de los ochen-
ta. En el otro lado de la ecuación, el bajo nivel del pluralismo
social y económico en Cuba facilitaron el que se viese trunca-
da la transición al postotalitarismo. La introducción de refor-
mas de mercado había sido muy limitada y, a excepción de los
mercados de agricultores, apenas había otros actores sociales o
económicos independientes.
15
(3) Finalmente, la debilidad institucional del Partido Comunista
y la correspondiente fortaleza de las Fuerzas Armadas Revolu-
cionarias (FAR) explican también la truncada transición al pos-
totalitarismo durante este período. La lógica “normal” de la con-
solidación totalitaria y postotalitaria atribuye un papel central al
partido. Bajo el totalitarismo, el Partido establece su hegemonía
sobre las fuerzas armadas y los servicios de seguridad; bajo el
postotalitarismo, retiene un papel central pero adquiere crecien-
temente una función managerial o de vigilante dentro del apara-
to del estado.
Ninguno de estos desarrollos se produjo en el caso de Cuba. El
régimen nació de un conflicto militar y, como antes se señaló, la
organización militar y su relación con el régimen impidieron el
establecimiento del Partido Comunista. Ambas organizaciones es-
taban bajo el control y la autoridad de Fidel Castro. Incluso con
la institucionalización de finales de los setenta y comienzos de los
ochenta, no cabía duda de que los cuadros del PCC respondían al
deseo del máximo líder. Éste no estaba constreñido por sus prác-
ticas o burocracia, y no respondía ante nadie en el liderazgo del
partido
7
.
El papel de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) aumen-
taba aún más las dificultades de un débilmente institucionalizado
Partido Comunista. Atendiendo a las relaciones civil-militares se
ha avanzado la noción de un “soldado cívico” cubano una perso-
na que, absorbida por el idealismo revolucionario, realizaría cual-
quier tarea que el régimen demandase, implicase ésta la defensa
de la patria o tareas administrativas relativas a la administración
de empresas gestionadas por el Estado o por burocracias guberna-
mentales
8
. Esta interpretación ve la relación en términos de equi-
EUSEBIO MUJAL-LEÓN
7
Julia PRESTON, “The Trial that Shook Cuba”, The New York Review of Books
(diciembre 7, 1989): 24-31.
8
La clásica formulación se encuentra en Jorge I. DOMÍNGUEZ, “The Civic Soldier
in Cuba” en Armies and Politics in Latin America, eds. Abraham Lowenthal and
J. Samuel Fitch (New York: Holmes and Meier, 1986), 263.
STUDIA POLITICÆ
02 ~ verano 200416
9
Domingo AMUCHÁSTEGUI, “Cuba’s Armed Forces: Power and Reforms,” pa-
per presentado como parte de la conferencia Cuba en Transición: Actas de la
Reunión Anual de la ASSCE, vol. 9, Coral Gables, Florida, 12-14 agosto,
1999: 110.
librio. Otra línea de interpretación más incisiva ha sido avanzada
por Domingo Amuchastegui, quien ha argumentado que la distin-
ción entre civiles y militares tiene poca validez en el caso cubano
el Partido Comunista está en una posición subordinada en relación
a los militares
9
.
Los analistas han enfatizado tradicionalmente el carácter protomi-
litar de los Partidos Comunistas. El colapso del bloque soviético
y la trasformación managerial de los pocos partidos comunistas
que permanecen en el poder ha convertido tal análisis en anacró-
nico. Sin embargo, esa noción necesita ser resucitada con respec-
to a Cuba, aunque no en el tradicional sentido Leninista en el que
el partido ocupa una posición dominante y otras organizaciones
sirven como su correa de transmisión. En el caso cubano, es el
Partido Comunista el que ha sido imbuido por el espíritu “jerár-
quico” y “militar” de la Revolución, y Fidel Castro es su y el co-
mandante en jefe de las FAR.
No compartimos sin embargo la insistencia de Amuchastegui en
una unidad “unicelular” civil-militar. En torno al tiempo en que el
partenariado cubano-soviético comenzó a congelarse a principios
y mediados de los setenta, hubo un reparto de labores entre las
FAR y el PCC. Mientras el PCC monopolizaba la arena política
doméstica y, en particular, las agencias económicas y de planifi-
cación, las fuerzas armadas se concentraron en misiones interna-
cionalistas con una maestría tal que reforzó el prestigio y legiti-
midad nacionales además de los propios. Ese reparto se mantuvo
hasta la interrupción de la transición al postotalitarismo a media-
dos y finales de los años ochenta. En ese momento los “expertos”
dentro del PCC fueron purgados y, en su lugar, el Partido asumió
crecientemente un papel de vigilante y tribuno ideológico. Simul-
táneamente las FAR también experimentaron un cambio en sus
órdenes. Cuando la nueva administración soviética se había em-
17
10
Greene Walker estima que 300.000 cubanos sirvieron en el extranjero duran-
te un período de 16 años. Phyllis Greene W
ALKER, “Challenges Facing the Cuban
Military,” Georgetown University, Cuba Briefing Paper Series nº 12, (octubre
1996). <http://www. georgetown.edu/sfs/programs/clas/caribe/bp12.htm. >
11
Enrique A. BALOYRA, “Twelve Monkeys: Cuban National Defense and the
Military.” Cuban Studies Association, Occasional Paper Series, vol. 1, nº 4, (no-
viembre 15, 1996):13.
12
Frank O. MORA, “From Fidelismo to Raulismo: Civilian Control of the Mili-
tary in Cuba”, Problems of Post-Communism vol. 46, nº 4 (noviembre 15,
1996):13.
13
Para uno de los mejores tratamientos del asunto Ochoa, ver PRESTON, 24-31.
14
Aparentemente, muchos MININT oficiales fueron purgados o bien porque no
habían investigado en profundidad las actividades del General Ochoa o, más pro-
barcado en negociaciones globales con los Estados Unidos y la
Guerra Fría perdía vitalidad, el papel cubano en Angola y otros
enclaves conflictivos del Tercer Mundo tocaba a su fin. Unas
FAR reorganizadas regresaban a casa con nuevos deberes y un
papel transformado.
Durante los setenta y hasta mediados de los ochenta, las FAR ha-
bían sido una institución privilegiada pero externamente orienta-
da, cuyo servicio como guardia pretoriana del movimiento revolu-
cionario internacional le proporcionó recompensas,
reconocimiento, e influencia
10
. En opinión de algunos autores, su
preeminencia podría haber intensificado también la inquietud
acerca de su lealtad. Un perceptivo estudioso de la política cuba-
na y de los militares (que ha entrevistado a muchos militares de-
sertores) ha argumentado que Castro desarrolló el concepto de
Guerra de todo el Pueblo no tanto para movilizar a la población
en un esfuerzo de autodefensa contra una potencial invasión de
los Estados Unidos, como para diluir la influencia de las FAR
creando un contra-equilibrio de “varios cuerpos redundantes de la
gente de uniforme”
11
. Los temores de deslealtad podrían haber
sido alentados por informes sobre la deserción de unos 56.000
soldados durante el período 1983-87
12
.
La ejecución del General Arnaldo Ochoa en junio de 1989
13
y las
subsiguientes purgas del Ministerio del Interior (MININT)
14
así
EUSEBIO MUJAL-LEÓN
STUDIA POLITICÆ
02 ~ verano 200418
bablemente, porque Fidel no estaba seguro de la lealtad de MININT al régimen.
Greene Walker señala que “en la reorganización de ...que siguió, casi todos los
oficiales del ministerio antes independiente fueron destituidos y reemplazados
por personal con carrera militar.”
15
Richard Millet indica que hasta el 70 % de los oficiales del Ejército Occiden-
tal fueron siguiendo al juicio de Ochoa. Richard Millett, “Cuba’s Armed Forces:
From Triumph to Survival.” Georgetown University, Cuba Briefing Paper Series
nº 4 (septiembre 1993). <http://www.georgetown.edu/sfs/programs/clas/Caribe/
bp4.htm>
como del Ejército Occidental
15
subrayan la existencia de tensio-
nes asociadas con el retorno de combatientes exhaustos y vetera-
nos entrenados por los soviéticos. Se desconoce, y probablemente
nunca llegará a saberse, si Ochoa tenía contactos con Mihail Gor-
bachev u otros reformistas soviéticos, o si había decidido retar a
Fidel Castro. Lo que es más que improbable es que los cargos de
droga y corrupción en su contra fueran la única o principal razón
para su enjuiciamiento y ejecución. Independientemente de la pre-
cisa combinación de razones que explique su eliminación, no cabe
duda que, a través de su ejecución (y de la de Antonio de la Guar-
dia), Castro envió una señal inequívoca a aquellos que pudieran
albergar y expresar pensamientos de deslealtad. Este golpe de
mano no sólo permitió a Castro reafirmar su autoridad última,
sino que también permitió a la facción de oficiales cercanos a
Raúl Castro (el llamado grupo raulista) consolidar y extender su
control sobre las fuerzas armadas y los servicios de seguridad.
El final de los ochenta presenció el fin de la primera transición
cubana al postotalitarismo. La reafirmación de la autoridad perso-
nalista y fundacional de Fidel Castro derroto la incipiente institu-
cionalización de las estructuras del régimen. La continuada vitali-
dad de la ideología del régimen, su capacidad sostenida para la
movilización, la debilidad institucional del PCC, y la ausencia de
un significativo pluralismo social o económico contribuyeron al
retorno a los esquemas totalitarios y a la política de movilización
del pasado. A estos elementos domésticos de la explicación se
puede añadir los efectos de la profunda crisis generada por los
cambios en las relaciones cubano-soviéticas en un primer momen-
to, y el colapso de la Unión Soviética con posterioridad.
19
Parte II
El régimen cubano se enfrentó a una crisis política y económica
de proporciones sin precedentes a comienzos de los años noven-
ta. Esto originó un amplio paquete de medidas de reforma eco-
nómica que incluían la legalización de la posesión y el uso de
dólares (incluyendo las remesas enviadas desde el extranjero), la
autorización de ciertos tipos de autoempleo, la conversión de las
explotaciones agrícolas estatales en cooperativas, y el estableci-
miento de mercados agrícolas (ahora llamados “artesanos”). El
gobierno implementó también medidas de reforma fiscal y mone-
taria que recortaron notablemente el déficit presupuestario y li-
mitaron los subsidios a aquellas empresas estatales con pérdidas.
El elemento final en el programa de emergencia económica fue
la promulgación de leyes que permitían mayor inversión extran-
jera, alentando joint ventures, y estableciendo zonas de libre co-
mercio
16
.
Existe un vivo debate en círculos académicos acerca de lo que
estos cambios han significado para la naturaleza del régimen cu-
bano. Una línea de interpretación afirma que el régimen actual es
un ejemplar de “autoritarismo de movilización” cuya débil insti-
tucionalización presagia lo peor para una transición pacífica
17
.
Otra línea de argumentación insiste en que los cambios produci-
dos durante los noventa han creado un incipiente régimen autori-
tario en Cuba
18
. Una tercera aproximación insiste en que el actual
régimen cubano es una mezcla de “sultanismo” y “postotalitaris-
mo congelado”. Para esta interpretación, aunque el régimen ha
permitido reformas de mercado limitadas, no ofrece espacio para
EUSEBIO MUJAL-LEÓN
16
MESA-LAGO, Market, Socialist, and Mixed Economies, 293. Marta Beatriz
R
OQUE CABELLO y Manuel SÁNCHEZ HERRERO, “Background: Cuba’s Economic
Reforms: An Overview” in Perspectives on Cuban Economic Reforms, eds., Pé-
rez-López y Travieso-Díaz (Tempe: Arizona State University Center for Latin
American Studies Press, 1998), 9-11.
17
Marifeli PÉREZ-STABLE, 67.
18
Jorge I. DOMÍNGUEZ, “Comienza una transición hacia el autoritarismo en
Cuba”, Encuentro 6/7 (otoño/invierno 1997): 9.
STUDIA POLITICÆ
02 ~ verano 200420
19
Juan J. LÓPEZ, “Implication of the U.S. Economic embargo for a Political
Transition in Cuba”, paper presentado como parte de la conferencia Cuba en
Transición: vol. 7, documentos y actas de la Séptima Reunión Anual de la Aso-
ciación para el Estudio de la Economía Cubana (ASCE). Miami, Florida, 7-9
agosto 1997: 250.
alternativas políticas y margina rápidamente a los reformistas que
aparecen. Atendiendo a la libertad que Fidel Castro tiene para
manipular el cuerpo político, Juan López adscribe también carac-
terísticas sultanísticas al líder cubano. Las implicaciones del aná-
lisis de López son claras. No hay posibilidad de reforma, y la úni-
ca transición posible en Cuba es mediante una rebelión desde
abajo similar a la que ocurrió en Rumanía con Ceausescu. Para
apoyar este argumento, López pone como ejemplo que el número
de disidentes en Cuba es tan numeroso o aún mayor que en Ru-
mania, Alemania del Este, y Checoslovaquia
19
. No nos desagra-
dan muchos de los elementos del argumento que López presenta,
y estamos de acuerdo con su caracterización postotalitaria del ré-
gimen cubano. Creemos también que podría haber elementos “sul-
tanísticos” en el régimen cubano o, al menos, que el alcance de la
autoridad de Fidel Castro es amplia y discrecional en un grado
poco común. Podrían existir así similitudes entre cómo Fidel Cas-
tro ejerce su autoridad en Cuba y las pautas evidenciadas por Ni-
colae Ceausescu en Rumanía y Kim Il-Sung en Corea del Norte.
En última instancia, sin embargo, no denominaríamos el régimen
cubano como “sultanístico,” dada su dependencia de la ideología
y la movilización.
Estos cambios dieron paso a la fase más reciente del régimen cu-
bano, aquella que definimos como carismática y postotalitaria
temprana. Característica de esta fase ha sido una profunda ten-
sión. Por un lado, hay todavía una visible capacidad del fundador
revolucionario para limitar el cambio, para movilizar a la pobla-
ción, y para afirmar la validez de su ideología igualitaria ante las
élites y la sociedad. El Estado combate a los grupos pro-derechos
humanos y a la Iglesia Católica en cada cambio y por cada espa-
cio en la sociedad. La oposición es débil, desorganizada, e intimi-
dada. Por otro lado, hay creciente evidencia de que la ideología
21
del régimen ha sido socavada, y hay signos de incipiente pluralis-
mo social y económico en una sociedad crecientemente estratifi-
cada.
Pero no se trata tan sólo de que la erosionada capacidad de trans-
formación de la sociedad complique el pleno retorno a los mode-
los del pasado, sino que son otros factores sobre los que el régi-
men y Fidel Castro tienen menor control. Factores externos, tales
como las variadas presiones de la globalización y la obvia dificul-
tad para encontrar un aliado internacional dispuesto a subsidiar el
experimento económico cubano Cuba, hacen que la autarquía y el
retorno a un pleno totalitarismo sean problemáticos. Está también
la distorsionada crisis de sucesión. Guste o no, la transición a la
era posCastro ya ha comenzado y avanzará inexorablemente.
Como ocurriera en España durante el declinar de la era franquis-
ta, la cuestión emergente en Cuba es “¿después de Castro, qué?”
Aunque la respuesta no es ni mucho menos clara, hay un plazo
inexorable que ha puesto a otras fuerzas (dentro y fuera del régi-
men) en movimiento. Este proceso es irreversible, aunque paradó-
jicamente, refuerza el papel desempeñado por Fidel Castro en el
corto plazo.
A continuación examinaremos la naturaleza del régimen cubano
carismático y postotalitario temprano en los noventa desde la
perspectiva de los componentes del régimen: liderazgo, ideología,
movilización y pluralismo.
Liderazgo
La versión cubana del postotalitarismo no se adecua exactamente
al tipo ideal. La primera y más importante diferencia es la conti-
nuada presencia de Fidel Castro quien, como fundador carismáti-
co del régimen revolucionario, retiene amplio poder e influencia.
Nadie dentro de la élite cuestiona su papel ni sus decisiones. In-
cluso los reformistas del régimen se adhieren a la invocación de
“con Fidel todo; contra Fidel nada”. La autoridad de Castro deri-
va de varias fuentes. No sólo es el fundador del régimen, sino que
también ha establecido y conformado su ideología. Él ha guiado
EUSEBIO MUJAL-LEÓN
STUDIA POLITICÆ
02 ~ verano 200422
20
PÉREZ-STABLE, 73.
el régimen a través de diferentes crisis durante las pasadas cuatro
décadas, incluyendo el muy peligroso período de turbulencia que
siguió a la pérdida de soberanía de la Unión Soviética. Su caris-
ma es prototípico, y su importancia para el régimen exacerbada
por el alcance de la crisis en los noventa. Castro continúa ejer-
ciendo también una forma de autoridad de tipo militar sobre las
instituciones del régimen, especialmente el PCC y las FAR. Ha
utilizado ambas instituciones para movilizar a la población cuba-
na y para transmitir directivas ideológicas. En sistemas más tradi-
cionales de partido de Estado, es el partido Comunista el que ge-
nera y transmite tal ideología pero, en el contexto cubano, el
partido (y los militares) son correas de transmisión para el ejerci-
cio del liderazgo por el líder revolucionario y carismático.
Sin embargo, si bien el régimen cubano se ha caracterizado por su
estabilidad en la cumbre, cuando se desciende en la escala jerár-
quica la fluidez ha sido más característica, especialmente desde
finales de los ochenta. Algunos líderes han sido purgados, y mu-
chos líderes mayores se han retirado o han sido retirados. Como
Marifeli Pérez-Stable ha señalado
20
, algunos de los cuadros más
jóvenes que alcanzaron posiciones de liderazgo en los ministerios
económicos son “presumiblemente más proclives a la reforma”
que sus predecesores. Pero incluso si esto fuera así, podemos su-
poner que, mientras Fidel Castro sea una presencia activa en la
política cubana, serán muy cuidadosos a la hora de expresar sus
opiniones y preferencias.
De nuevo las FAR (y los servicios de seguridad bajo su supervi-
sión) se presentan como una excepción a esa tendencia a la flui-
dez que ha caracterizado el liderazgo en la instituciones del régi-
men. La ejecución del General Ochoa y la consiguiente purga del
Ministerio del Interior consolidó la influencia de la facción raulis-
ta dentro de las FAR. Durante la pasada década los militares se
han caracterizado no sólo por su cohesión, sino por el modo en
que el régimen ha dependido de ellos para proporcionar liderazgo
en los ámbitos económico y administrativo. En su papel dual
23
como guardianes de la seguridad y tempranos protagonistas en el
proceso de perfeccionamiento empresarial, los diversos elementos
de las FAR tienen virtualmente asegurado el ir a desempeñar un
importante papel, no sólo como fuente de conocimiento especiali-
zado en la gestión y reforma de la economía, sino en conformar
la transición hacia un futuro después de Castro.
Ideología
¿Por qué las reformas —sociales, políticas y económicas— han
sido tan limitadas en la Cuba contemporánea? ¿Por qué no ha se-
guido Cuba el ejemplo de China o Vietnam al emprender refor-
mas de mercado más comprehensivas que pudieran galvanizar la
economía?
21
La duradera vitalidad de la ideología ofrece en bue-
na medida una respuesta a estas cuestiones. Fidel Castro es, des-
pués de todo, el ideólogo del régimen cubano. Como un agudo
observador de los portentos ideológicos que son los debates en la
intelligentsia internacional, y de su potencial significación para
Cuba, ha desarrollado consistentemente estrategias retóricas para
el consumo doméstico e internacional atendiendo a la defensa de
los ideales y logros del proyecto nacional.
La caída de la Unión Soviética y sus aliados privó al régimen cu-
bano de un importante componente de sus fundamentos ideológi-
cos. La Revolución dejó de ser parte de un proyecto utópico más
amplio. Desde inicios de los noventa en adelante, el régimen y Fi-
del Castro han buscado principalmente revigorizar la ideología del
régimen apelando a los otros elementos nucleares de sus construc-
tos ideológicos, entre ellos el nacionalismo, la justicia social, y la
solidaridad regional. Así, por ejemplo, en julio de 1992, la Asam-
blea Nacional Cubana aprobó unánimemente la reforma constitu-
cional que desmanteló de la Constitución sus referentes de la era
EUSEBIO MUJAL-LEÓN
21
En general se puede decir que las reformas económicas cubanas han sido mo-
deradas comparadas con aquellas puestas en práctica en China o Vietnam. Ver
Edward G
ONZÁLEZ, Cuba: Clearing Perilous Waters (Santa Monica: Rand,
1996), 9.
STUDIA POLITICÆ
02 ~ verano 200424
22
Josep COLOMER, “After Fidel, What? Forecasting Institutional Changes in
Cuba,” artículo presentado como parte de la conferencia Derecho Constitucional
en una Cuba Post-Castro, New York University School of Law, 21 abril 1997:9.
23
En la última sesión del 8º Congreso de la Federación de Periodistas Latinoa-
mericanos (FELAP) celebrado en la Universidad de La Habana el 12 de noviem-
bre de 1999, Castro atacó el sistema político norteamericano calificándolo de
imitación. “Nosotros preferimos”, dijo, “nuestro socialismo con todas sus imper-
fecciones; preferimos el totalitarismo de la verdad, la justicia, la sinceridad, la
autenticidad; el totalitarismo de los sentimientos verdaderamente humanitarios; el
totalitarismo del tipo de sistema multipartidista que nosotros practicamos.” Fidel
Castro, discurso ante la Federación de Periodistas Latinoamericanos (FELAP) 8º
Congreso en la Universidad de La Habana, 12 de noviembre 1999. <http://
www2.ceniai.inf.cu/gobiero/discursos/1999/ing/f121199i.html>
Soviética a “la comunidad de países socialistas”, al “internaciona-
lismo proletario”, “el liderazgo de la clase trabajadora”, y el “ma-
terialismo científico”. Reemplazando estos y otros enunciados se
introdujeron referencias a América Latina y el Caribe, José Mar-
tí, la nación cubana, y la educación patriótica
22
. Aunque no todas
las referencias fueron eliminadas, la significación estaba clara. La
Constitución enmendada había sido cubanizada para reflejar la
nueva situación. De manera paralela, el régimen ha mostrado ma-
yor cuidado en defender sus logros en las áreas de la salud y la
educación, porque es en estas áreas en las que el proyecto nacio-
nal retiene una mayor legitimidad doméstica e internacional. Los
ataques que el Partido Comunista lanzó el año pasado contra las
actividades sociales (cocinas económicas, centros de atención in-
fantil, distribución de medicinas) que la Iglesia Católica ha orga-
nizado resultan sintomáticos de esta defensa de su proyecto social.
Como hizo en los setenta con el Movimiento No-Alineado, Fidel
Castro ha intentado también posicionarse él mismo y a Cuba en la
vanguardia del conflicto en contra de la globalización, y emplear
esto como un vehículo para la relegitimación del régimen.
La presencia de Fidel Castro y sus constantes exhortaciones al
conflicto revolucionario y la ideología sitúan estrictos, aunque
formalmente mal definidos, límites sobre cuánto pueden los fun-
cionarios del partido y del gobierno desviarse del canon oficial
de anticapitalismo, nacionalismo, y antiamericanismo
23
. Como
25
24
GONZÁLEZ, 9, 25. Juan J. LINZ, “Totalitarian and Authoritarian Regimes,” en
Handbook of Political Science (vol. 3) eds. Fred I. Greenstein y Nelson Polsby
(Reading, Massachussets: Addison-Wesley, 1975), 197-98.
25
Gianfranco POGGI, The State: Its Nature, Development and Prospects (Stan-
ford: Stanford University Press, 1990), 168. Para una discusión similar de la le-
gitimidad del proceso versus la legitimidad de los resultados, ver Alan C. L
AM-
BORN, “Theory and Politics in World Politics,” International Studies Quarterly
41 (1997): 193-194.
Edward González ha argumentado, la búsqueda de una reforma
más profunda tendría “elevados costes políticos e ideológicos
para el régimen, que socavarían su control sobre la sociedad...
(y) tenderían a desmoralizar a los cuadros del régimen”
24
.
Aunque Castro intenta mantener la transformación ideológica
dentro de estrechos márgenes, son visibles signos de erosión
dentro de la sociedad cubana. Las acomodaciones diarias que los
cubanos de a pie han tenido que hacer durante la pasada década
para resolver los problemas económicos cotidianos han tenido
sin duda un alto precio. Sobrevivir en la Cuba contemporánea
requiere violar constantemente la ley y sus fundamentos norma-
tivos (o ideológicos). Los cubanos podrían haber estado dispues-
tos a aceptar restricciones sobre las libertades civiles en tanto
que los resultados fueran percibidos como justos y deseables. Si,
por el contrario, el régimen resulta incapaz de garantizar las ne-
cesidades básicas así como las “ganancias sociales de la Revolu-
ción” durante un período sostenido, se acentúa la crisis de legi-
timidad. Regímenes que asumen completa responsabilidad por el
bienestar económico y social de sus ciudadanos son especial-
mente vulnerables a este cálculo
25
.
Movilización
Bajo el postotalitarismo la disponibilidad y capacidad de un régi-
men para movilizar a la población declina. El período 1991-2001
se adecua, al menos en parte, a esta caracterización. La moviliza-
ción es un instrumento que puede ser empleado para afirmar la
EUSEBIO MUJAL-LEÓN
STUDIA POLITICÆ
02 ~ verano 200426
26
PÉREZ-STABLE, 64.
27
PÉREZ-STABLE, 68.
legitimidad y generar entusiasmo en torno a un proyecto nacional.
Es también un instrumento para intimidar y controlar a la pobla-
ción que, como tal, funciona en tándem con la represión. Movili-
zación y represión reflejan la visión absolutista y “estatalista” del
síndrome totalitario cubano y sus variantes, aunque es analítica y
políticamente importante entender —como Marifeli Pérez-Stable
ha señalado— que el régimen “no puede ser entendido exclusiva-
mente en términos de su componente represivo”
26
. A pesar de
que es muy difícil y arriesgado discernir exactamente cuáles son
las actitudes y la opinión pública reales bajo condiciones dictato-
riales, no se puede descartar que un régimen autocrático pueda ser
visto por importantes sectores de la población como legítimo o
con “derecho a gobernar”. Obviamente, tal sentimiento puede va-
riar en su alcance así como a lo largo del tiempo.
Entre los años 1993 y 1996 se produjo una evidente disminución
de los esfuerzos del régimen para movilizar y reprimir a la pobla-
ción
27
. Este declinar reflejó, indudablemente, un ajuste táctico
ante la crisis económica y la decisión de centrarse en la estabili-
zación de la economía. El cambio hacia una respuesta más enér-
gica (especialmente en términos de establecer claros límites sobre
la liberalización política) se produjo a comienzos de 1996. El aba-
timiento del avión de Hermanos al Rescate, el arresto de los
miembros del Concilio Cubano que se habían organizado para re-
unirse en La Habana ese mismo fin de semana, y el discurso de
Raúl Castro en abril de 1996 ante el pleno del Comité Central del
PCC (donde fustigó a los intelectuales reformistas y sus conexio-
nes externas) envió claras e inequívocas señales en este sentido.
Esta inflexión política tuvo también su correspondencia en la es-
fera económica, donde el régimen reforzó los controles sobre los
actores económicos informales que habían aparecido después de
la dolarización de 1993, e introdujo modernas técnicas de gestión
(perfeccionamiento) en las empresas, en un intento de mejorar su
eficiencia y de reforzar su carácter “socialista”.
27
28
Economist Intelligence Unit (EIU). EIU Cuba Country Profile 1999-2000
(1999), 10. Ann W
ROE. “Survey of Cuba: Heroic Illusions: Oranges and Le-
mons”, The Economist (abril 6, 1996). Mientras en 1992 las explotaciones agrí-
cola estatales controlaban aproximadamente el 75 % de la tierra cultivada, tres
años más tarde sólo era el 27 %.
Los esfuerzos para intensificar la movilización se han acentuado
aún más durante los pasados dos años. El caso Elián González
proporcionó una gran oportunidad en este sentido. En lo que fue
casi un rechazo a la generación “perdida” que había alcanzado la
madurez política en los ochenta e inicios de los noventa, Fidel
Castro concentró toda su atención sobre la nueva y más joven ge-
neración. Aunque los ejercicios de movilización fueron menos in-
tensos que los de pasadas décadas, la capacidad para reunir miles
de personas, sea para demandar el retorno de Elián o para protes-
tar contra el embargo, sugiere una duradera y, en nuestra opinión,
muy personal capacidad de Fidel Castro.
Pluralismo
El pluralismo en sus distintas dimensiones es incipiente y todavía
muy vulnerable en el caso cubano un hecho que corresponde con
la caracterización del régimen como postotalitario temprano. Cier-
tamente el pluralismo económico ha aumentado desde comienzos
de los noventa. El autoempleo se ha incrementado significativa-
mente. Entre 1989 y 1999 el porcentaje de trabajos no estatales
(principalmente en cooperativas agrícolas y en negocios familia-
res) aumentó de un 5 % a casi un 25 % de la fuerza de trabajo. El
sector agrícola experimentó cambios dramáticos, especialmente en
la extensión de tierra cultivable bajo control del Estado
28
. Las
reformas económicas de los noventa abrieron importantes espacios
para el “capitalismo de enclave” en sectores como la agricultura,
la biotecnología, y el turismo. La dolarización de la economía ha
ayudado también a aquellos sectores de la sociedad que reciben
remesas de parientes fuera del país o que regentan pequeños ne-
gocios para satisfacer las necesidades de los turistas extranjeros.
EUSEBIO MUJAL-LEÓN
STUDIA POLITICÆ
02 ~ verano 200428
29
En relación a las distinas restricciones del auto-empleo, ver Phillip PETERS,
“Cuba’s Small Business Experiment: Two Steps Forward, One Step Back”, Geor-
getown University, Cuba Briefing Paper Series, nº 17 (Marzo 1998) <http://
sfswww.georgetown.edu/sfs/programs/clas/Caribe/paper 17.pdf>. Ver también
Tom G
JELTEN, “Entrepreneurs in Cuba”, Radio report on National Public Radio,
julio 24, 2000.
30
EIU, 8.
31
El alcance de este cambio de orientación es evidente en el juicio expresado
por el General norteamericano Charles W
ILHELM: “tenemos evidencia convincen-
te de que el 70 % de la fuerza existente está siendo empleada actividades agríco-
las y otras actividades de auto-subsistencia”. En Anthony B
ROADLE, “Cuban mi-
litary no threat, turns to farming-U.S.”, Reuters. (Marzo 31 1998). Mora y
Greene walker discuten las actividades de Gaviota con más detalle. Ver también
la página web de Gaviota, http://www.gaviota.cubaweb.cu/index.asp
La importancia presente y futura de estos cambios económicos no
debería subestimarse. Estas medidas abrieron espacio para nuevos
actores en la arena económica y corresponden a lo que sería espe-
rable durante una transición al postotalitarismo, en la que el plu-
ralismo económico precede al pluralismo político. Ha habido, no
obstante, limitaciones importantes a estas reformas. El Estado re-
tuvo el control sobre las mayores empresas y situó estrictos con-
troles sobre las actividades de microempresas privadas
29
.
Ninguna discusión del pluralismo económico en la Cuba contem-
poránea estaría completa sin abordar el papel substancial de las
FAR en la economía. Para los militares, el colapso de los regí-
menes comunistas de la Europa del Este y la Unión Soviética
aceleró un declinar presupuestario ya en progreso
30
. Cuando los
presupuestos y los soldados en activo disminuyeron, el régimen
abrió nuevas oportunidades económicas para miembros leales de
las FAR, extendiendo el papel del “soldado cívico” desde el sec-
tor tradicional de la producción agrícola a la gestión de joint
ventures con inversores extranjeros. Un significativo ejemplo de
esta estrategia fue la creación del grupo Gaviota, una entidad
que desde entonces ha diversificado sus actividades en numero-
sos sectores, incluyendo restaurantes, instalaciones de recreo, e
incluso tecnología de la información y grandes almacenes
31
. La
entrada de los militares en la arena económica tiene obvios be-
29
neficios: ofrece a los militares un nivel de vida privilegiado a
través de su participación en la economía dolarizada y asegura
presumiblemente su lealtad al régimen
32
. Por el contrario, este
papel económico podría tener también consecuencias más nega-
tivas, al generar mayores oportunidades para la corrupción así
como estimular un creciente resentimiento, debido a la diferen-
cia económica entre algunos oficiales y el resto de las fuerzas
armadas y de la sociedad
33
.
Sin embargo, lo que puede tener una relevancia política más in-
mediata, es la emergencia de un cuadro de tecnócratas y expertos
de gestión dentro de la cúpula militar. En contextos postotalitarios
tales “expertos” emergen típicamente dentro del aparato del par-
tido
34
. Puede ser una de las particularidades del caso cubano que
tal característica no sólo no se mantenga, sino que se vea inverti-
da. La fuente principal de influencia “roja” podría eventualmente
originarse dentro del PCC (que ha sido el principal tribuno y de-
fensor de la ideología del régimen desde los años ochenta), mien-
tras los “expertos” podrían emerger dentro de las fuerzas armadas.
Como discutiremos en la conclusión, la aparición de tales tensio-
nes puede ser una de las claves para entender la dinámica de la
era post-Castro.
El pluralismo económico es frágil en la Cuba contemporánea pero
bastante más vigoroso que en la esfera social. El totalitarismo ha
tenido un impacto profundamente adverso sobre la sociedad cuba-
EUSEBIO MUJAL-LEÓN
32
“Casi se podría asegurar que los altos administradores y gestores selecciona-
dos en las empresas tienen acceso a cuentas en dólares, ganan altos salarios y re-
ciben otros beneficios como parte de su trabajo”. Juan M.
DEL ÁGUILA, Louis
H
OROWITZ y Jaime SUCHLICKI (New Brunswick: Transaction Publishers, 1998),
668-670.
33
Las diferencias entre aquellos que podrían ganar dólares y aquellos con sala-
rios dependientes del Estado fueron humorísticamente retratas en la película
Guántanamera. Estimaciones más formales han sido presentadas por Philip P
E-
TERS, “Where Capitalists and Socialists May Agree: Future Issues in Cuban Eco-
nomic Policy”, conferencia del Proyecto Caribe de la Universidad de George-
town, Washington D.C., marzo 20, 2000. <www.lexingtoninstitute. org/cuba/
cubaeconpol.htm>
34
LINZ, 204.
STUDIA POLITICÆ
02 ~ verano 200430
35
Existe poca evidencia para apoyar la idea de Jorge Domínguez de que la Igle-
sia Católica cubana juega un papel comparable al ejercido “bajo regímenes auto-
ritarios en otras latitudes.” Domínguez, “Comienza una transición hacia el auto-
ritarismo en Cuba,” 16.
36
Para un tratamiento inusualmente bueno de la Iglesia en Cuba, ver el volumen
editado por Dagoberto V
ALDÉS HERNÁNDEZ, ed. Reconstruir la Sociedad Civil:
Un Proyecto de Educación Cívica, Pluralismo y Participación para Cuba (Cara-
cas, Fundación Konrad Adenauer, 1997).
na. Organizaciones estatales monopolizan y dirigen a la ciudada-
nía, mientras la sociedad civil es todavía relativamente débil y
está desorganizada. La Iglesia Católica es sin duda la organiza-
ción más importante de la sociedad civil en Cuba. Su red de
apoyo internacional, ideología bien definida, y estructura de
creencias, así como su permanente organización de cuadros, la
diferencian de cualquier otro de los actores sociales cubanos.
Aún así, la Iglesia cubana es una pálida sombra de lo que la po-
laca, la húngara (e incluso la chilena) fueron en los setenta y
ochenta
35
. Aquellos que confiaban en que, siguiendo la estela
de la visita del Papa Juan Pablo II en enero de 1998, la Iglesia
experimentaría una dramática expansión en su presencia social
se han visto frustrados. Sin embargo, hay evidencia de que la
Iglesia se ha revitalizado y ha comenzado a desarrollar una pre-
sencia más importante en la sociedad cubana. Existen informes
relativos al aumento de asistencia a misa (especialmente entre
los jóvenes) e, incluso, y aunque haya habido alguna disminu-
ción desde el período inmediatamente posterior a la visita papal,
hay un compromiso más intensamente visible por parte de los
nuevos miembros que han continuado participando en las activi-
dades de la Iglesia. La visita papal también infundió a la jerar-
quía y al clero con un nuevo sentido de energía y autoconfian-
za. Más aún, revistas como Vitral y Palabra Nueva presionan
para ampliar los márgenes de tolerancia y, como mencionamos
con anterioridad en este artículo, Cáritas y otras organizaciones
vinculadas a la Iglesia han intentado ser más activas en la pro-
visión de comida, medicinas, y otros servicios sociales a los ciu-
dadanos cubanos
36
. El Estado cubano ha reaccionado enérgica y
negativamente, poniendo obstáculos burocráticos y barreras a
31
37
“Agencia Fides Denuncia Persecución Religiosa en Cuba.” Radio Vaticano E-
mail nº 133- IIIº (noviembre 24-30, 2000). <http://www.vaticanradio. org/ispano/
isparchi/noti133.htm >
38
Velia Cecilia BOBES LEÓN, Los laberintos de la imaginación: repertorio sim-
bólico, identidades y actores del cambio social en Cuba (México: El Colegio de
México, Centro de Estudios Sociológicos, 2000), 222.
39
Rafael ROJAS, “Políticas Invisibles”. Encuentro 6/7 (otoño/invierno 1997): 33.
Para una opinión similar desde una perspectiva simpatética al régimen, ver H
ER-
NÁNDEZ, Rafael, “¿Hacia una nueva sociedad socialista? Cambios, crisis y confi-
guraciones sociales en Cuba”, Nueva Sociedad 157 (septiembre-octubre 1998):
2717-2818.
estos esfuerzos
37
. Más recientemente, un documento interno del
PCC acusó a la Iglesia por sus esfuerzos en proporcionar tales
servicios sociales, y urgió a los cuadros del partido a combatir
cualquier erosión de la presencia del Estado en este ámbito.
Desde los años ochenta, ha habido una perceptible expansión en
el espacio que la Iglesia Católica y otras organizaciones de la
sociedad civil ocupan, aunque operan bajo condiciones muy di-
fíciles. Todavía más si se trata de grupos de derechos humanos,
un compromiso que requiere la disponibilidad a ser privado del
trabajo y a aceptar hostigamiento y/o la cárcel. Estos grupos al-
ternativos incluyen círculos culturales y literarios, redes de gru-
pos gay y travestis, así como organizaciones culturales y religio-
sas afrocubanas. La vasta mayoría de estos grupos no están
explícitamente interesados en la política, pero su propia presen-
cia y esfuerzos por afirmar una identidad sugieren la creciente
fragmentación de la monolítica versión de “cubanidad” que el
Estado había impuesto con éxito durante los pasados cuarenta
años
38
. Sin la menor duda, el régimen toma muy en serio esta
amenaza a su hegemonía en la esfera social. El régimen ha pa-
trocinado su propio grupo de organizaciones de la sociedad civil
(los llamados gongos organizaciones no gubernamentales, guber-
namentales), y sus líderes e intelectuales se esfuerzan en insistir
en que no hay contradicción entre el predominio del Estado y la
existencia de (el tipo apropiado de) organizaciones de la socie-
dad civil
39
.
EUSEBIO MUJAL-LEÓN
STUDIA POLITICÆ
02 ~ verano 200432
40
Freedom House Ranking muestra un 7 en la clasificación de “falta de libertades”
en relación a los derechos políticos y 7 para las libertades civiles desde 1972 a
1976, a continuación un declinar a 6.6 entre 1978 y 1988, y una proyección ascen-
dente hasta 7.7 para la última década. Http://www.freedomhouse.org/survey99/
country/cuba.html. Varias organizaciones de defensa de los derechos humanos (Am-
nistía Internacional y Human Rights Watch, entre otras) han informado sobre el
continuado acoso y persecución de disidentes, junto a un constante rechazo a amnis-
tiar a cientos de presos políticos. La última ola de represión es cubierta por Pedro
B
ETANCUR en “Cuba: Repression by Harassment”, The Economist (18 marzo 2000).
41
Josep Colomer, “Watching Neighbors: The cuban Model of Social control”,
Cuban Studies nº 31 (forthcoming).
42
WEIGLE, Marcia A. y Jim BUTTERFIELD, “Civil Society in Reforming Commu-
nist Regimes”, Comparative Politics vol. 25, nº1 (octubre 1992):1-23.
43
Juan Carlos ESPINOSA, “Civil Society in Cuba: The Logic of Emergence in
Comparative Perspective”, presentado como parte de la conferencia Cuba en
Transición: Actas de la Reunión Anual de la ASCE, vol. 9, Coral Gables, Flori-
da, 12-14 agosto 1999:346-367.
Si hay algún ámbito de pluralismo social en la Cuba contemporá-
nea, el pluralismo político sigue siendo anatema. Aunque han he-
cho su aparición en la escena cubana sindicatos, organizaciones
agrarias, asociaciones de prensa, e incluso partidos políticos, es
importante recordar las rígidas limitaciones bajo las que operan
40
.
En el mejor de los casos se trata de organizaciones inmaduras,
mantenidas bajo la constante vigilancia y acoso de la policía y los
ubicuos Comités de Defensa de la Revolución (CDRs)
41
.
La sociedad cubana contemporánea exhibe signos de un pluralis-
mo inimaginable en fases más tempranas de la Revolución. Un in-
fluyente artículo ha categorizado cada una de las distintas etapas
en el desarrollo de la sociedad civil como defensiva, emergente,
de movilización, e institucional
42
. Cuba se sitúa claramente en la
primera o en la segunda etapa, y manifiesta una sociedad civil
defensiva o emergente
43
. Los actores no estatales (organizaciones
no gubernamentales, grupos de la iglesia, redes de artistas, agri-
cultores, autoempleados, etc.) están todavía intentando defender
su autonomía frente a un Estado cuyas pretensiones son todavía
las de controlar cada aspecto de su comportamiento. Lo que ha
cambiado en los pasados quince años es la capacidad del Estado
para controlar estos actores no estatales. El Estado reconoció en
33
cierta medida esta incapacidad a comienzos de los noventa, y
puso en práctica reformas que permitieron a tales grupos ampliar
su ámbito de actividades. Más recientemente, la (relativa) estabi-
lización económica ha permitido al régimen recuperar algo de su
anterior capacidad. Acciones disciplinarias sobre los disidentes y
mayores restricciones sobre los autoempleados atestiguan la dis-
ponibilidad y capacidad del régimen para circunscribir las activi-
dades de la sociedad civil.
Conclusión
La transición hacia el poscastrismo ha comenzado. El cambio es
inevitable en Cuba, y la única cuestión es qué dirección ha de to-
mar. Este artículo ha caracterizado el régimen actual como caris-
mático y postotalitario temprano. Al hacerlo hemos enfatizado va-
rios aspectos. El primero ha sido el papel crucial de la autoridad
carismática de Fidel Castro. Aunque el régimen cubano ha sido
siempre de una manera muy especial su régimen, nosotros soste-
nemos que la crisis generada por el colapso de la Unión Soviéti-
ca y la distorsionada realidad de la era post-Castro le han hecho
una figura aún más indispensable. Hemos destacado también otros
aspectos de la realidad cubana contemporánea. En la esfera eco-
nómica observamos una disminuida capacidad del Estado, muy li-
mitadas y débilmente institucionalizadas reformas económicas, un
mayor número de actores económicos, y una creciente estratifica-
ción social y económica. También enfatizamos el papel económi-
co de los miembros de las FAR y planteamos, en este sentido, dos
posibilidades. A nivel social, creemos que estos oficiales podrían
llegar a ser el embrión de una clase protocapitalista. A nivel de la
élite, especulamos que los militares podrían generar una clase tec-
nocrática de “expertos” que, en contraposición a los “rojos” del
Partido Comunista, podrían presionar en favor de una agenda de
reforma económica más profunda en la era posCastro. La Iglesia
Católica ha ganado espacio y autoconfianza en los pasados años,
y ha habido un marcado incremento en el número de organizacio-
nes sociales, religiosas y culturales, formales e informales. Aun-
EUSEBIO MUJAL-LEÓN
STUDIA POLITICÆ
02 ~ verano 200434
44
Betancur. Ver también Pax Christi Netherlands, Report on Humanitarian and
Social Work of Catholic Church Institutions in Cuba (febrero 13, 2001).
que el número de grupos de derechos humanos y de activistas au-
mentó durante los años noventa, el régimen continúa acosándolos
e intimidándolos. Esa presión se ha intensificado durante los dos
pasados años
44
.
¿Qué implicación tiene nuestra caracterización para analizar la
dirección del cambio en Cuba? Visionamos cuatro posibles desa-
rrollos del régimen cubano tras la muerte o incapacidad de Fidel
Castro. Un primer desarrollo pondría a Cuba en la dirección de un
retorno al pasado totalitario. Esto conllevaría una reafirmación de
la ideología, un retorno a la movilización, el fin de las reformas
e incentivos de mercado, restricciones sobre el pluralismo social
y económico, y enérgica medidas disciplinarias sobre la actividad
disidente. Un segundo desarrollo es el de un escenario de colap-
so, implicando una transición desde abajo y una revuelta popular
que se extendería a sectores de las fuerzas armadas. El tercer de-
sarrollo conduciría a Cuba hacia la estabilización del régimen
postotalitario. El postotalitarismo sería la zona de tránsito para el
cuarto desarrollo, bajo el cual el régimen evolucionaría hacia la
adopción de reformas institucionales y económicas más profundas
y significativas que, a su vez, podrían conducir a una transición a
la democracia.
De estos desarrollos, consideramos los escenarios de retorno al
totalitarismo y colapso como los menos probables. El camino ha-
cia la reafirmación totalitaria es problemático por varias razones.
Sin Fidel castro, los ejercicios de movilización y vigor ideológico
no serían fácilmente sostenibles, tanto dentro de la élite como en-
tre los miembros de la sociedad. Es más, es muy difícil imaginar
cualquier actor en el sistema internacional contemporáneo que es-
tuviera dispuesto a financiar un proyecto totalitario autárquico.
El escenario de colapso requeriría probablemente una enérgica
ruptura dentro de la élite del régimen y una quiebra de su capaci-
dad represiva. No creemos que, a corto plazo, vayan a producirse
brechas importantes dentro de la élite gobernante. Ni es probable
35
que haya una quiebra de la capacidad represiva. Es más, como la
experiencia cubana de inicios de los años noventa demuestra, una
crisis social y económica no es condición suficiente para que sur-
jan protestas de masas y se produzca una transformación del régi-
men
45
. Dicho esto, sin embargo, un shock exógeno —una crisis
económica, un desastre natural, una crisis de inmigración, etc.—,
que condujese a un rápido deterioro de las condiciones de vida o
a inestabilidad social, todavía podría desencadenar protestas de
masas, colocando a los militares y a los aparatos de seguridad en
la necesidad de optar entre la represión o la desobediencia a las
órdenes
46
. Aunque esta situación de tipo rumano podría ocurrir,
el régimen ha sido muy cuidadoso en atajar la protesta para evi-
tar tales tests de lealtad. En la era posFidel Castro, sin embargo,
después de que fisuras en la élite hayan emergido, tales protestas
espontáneas podrían adquirir una nueva significación.
En su lugar, la inmediata era posCastro presentará alguna variación
sobre los escenarios tres y cuatro en los cuales la política de cohe-
sión y conflicto de la élite predominará. Al decir esto, no queremos
minimizar la importancia a largo plazo o la significación de cam-
bios económicos estructurales. Creemos que la naturaleza del régi-
men cubano (y las “lesiones antropológicas”
47
que ha inflingido
sobre la sociedad) refuerza nuestras razones para concentrarnos
sobre la élite. La sociedad civil cubana es débil y está desorganiza-
da y, por una variedad de razones, todavía no ha sido capaz de ar-
ticular un proyecto nacional alternativo y creíble en torno al cual
EUSEBIO MUJAL-LEÓN
45
Una explicación metodológica del trabajo de Theda Skocpol discute como la
“privación relativa” no es una causa suficiente para la revolución. James M
AHO-
NEY, “Nominal, Ordinal, and Narrative appraisal in Macrocausal Analysis,” Ame-
rican Journal of Sociology, vol. 104, nº 4 (enero 1999): 1160.
46
Para una escéptica perspectiva sobre el colapso del régimen ver Juan M. DEL
ÁGUILA, “Reflections on a Non-Transition in Cuba: Comments on Elites”, pre-
sentado como parte de la conferencia Cuba en Transición: vol. 7, actas y docu-
mentos de la Séptima Conferencia Anual de la Asociación para el Estudio de la
Economía Cubana (ASCE), Miami, Florida, 7-9 agosto 1997:192.
47
Arzobispo Pedro MEURICE, “Present and Future of the Church in Cuba,” dis-
curso de aceptación del Doctorado Honoris Causa por la Universidad de George-
town, Washington, D.C., 29 de mayo, 1999.
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LÓPEZ, 250.
tanto el público de masas como las élites pudieran movilizarse. La
sociedad civil no será fácilmente resucitada, y, al menos a corto
plazo, no podría jugar un papel tan importante como algunos ana-
listas de transiciones sugieren
48
. Nosotros identificamos varios
grupos dentro del régimen y otros fuera de él que podrían desem-
peñar roles cruciales en nuestros dos escenarios más probables. Por
el lado del régimen, los militares, el Partido Comunista, y “tecnó-
cratas” dentro de la burocracia. Por el otro lado, la Iglesia Católi-
ca, grupos de derechos humanos, y la comunidad en el exilio.
Los grupos de dentro del régimen estarán en el epicentro de la di-
námica política del temprano período posCastro. Entre estos, y
como los más ajustados a la trayectoria del régimen, los militares
emergerán como el eje de la política del régimen. Parte de su in-
fluencia (su núcleo irreductible quizás) derivará de su monopolio
sobre los instrumentos de violencia. Además, desde su posición en
el control de las empresas con capital extranjero, los oficiales han
sido, tanto antes como ahora, los principales interlocutores con los
inversores internacionales, lo que fortalecerá sus recursos y su in-
fluencia. Es más, aunque todavía no hay un veredicto final respec-
to al perfeccionamiento empresarial, la década pasada ha visto
como los militares se han convertido en el último recurso de ges-
tión para el proyecto de Estado socialista en Cuba. El control mi-
litar del aparato represivo y su presencia en las esferas económicas
podría dejar al Partido Comunista como el ejecutor trasero de la
ideología y el guía ostensible de los Comités de Defensa de la Re-
volución. Cuando el proyecto ideológico del régimen se mueva
hacia una redefinición, el PCC incluso podría encontrar su legiti-
midad más debilitada aún. Esto es menos probable que ocurra con
respecto a los militares, que pueden apelar más fácilmente a su
papel de defensores de la patria. En contraste con los militares y el
PCC, la élite civil tecnocrática posee escasos recursos. Sospecha-
mos que, sin la autoridad y la disponibilidad de recursos de Castro,
las fisuras entre los líderes militares y el partido podrían aparecer
entre las más desestabilizadoras fuerzas del orden posCastro.
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Una vez que estas brechas se desarrollen, actores de la élite fuera
del régimen pueden desempeñar un papel más importante y con-
quistar un mayor espacio en la política cubana. La Iglesia proba-
blemente no tomará un abierto papel político, pero sus llamadas a
la justicia y la reconciliación nacional ayudarán indudablemente a
conformar la agenda política y proporcionarán un puente entre los
reformistas del régimen y una emergente oposición. Desde sectores
cercanos a la Iglesia probablemente emergerán también grupos
Demócrata-cristianos cuyo programa social podría resultar atracti-
vo para aquellos elementos moderados de dentro del régimen que
están buscando su lugar. Los grupos de derechos humanos se verán
estimulados, crecerán en número, y aumentará su ámbito de activi-
dad. Algunos podrían transformarse en organizaciones políticas.
Por su parte, la diáspora se convertirá en una fuerza de importan-
cia creciente, no sólo en términos económicos sino también como
protagonistas en la construcción de una nueva identidad y sistema
político cubanos. Quizás porque la muerte de Castro abrirá nuevas
oportunidades para el cambio político en Cuba, permitirá así a los
exiliados centrarse menos en ganar una “guerra civil de cuarenta
años” que en explotar las oportunidades políticas dentro de la isla.
El fin de la era de Castro señalará la conclusión de un proyecto
para Cuba y el inicio de uno nuevo. Cuando el centenario de su
independencia se aproxima, Cuba enfrenta retos políticos, econó-
micos, sociales y culturales coincidentes que, dejando a un lado la
retórica, distan de estar resueltos. Los dilemas de construcción del
Estado y de la nación están tan presentes como siempre en la agen-
da, y supondrán un enorme reto para cualquier régimen que emer-
ja en Cuba durante la próxima década. Mientras tanto, concluimos
con la esperanza de que este artículo haya podido capturar las ca-
racterísticas esenciales del régimen cubano, pasado y presente, y
esbozado algunas de las direcciones posibles de cambio.
Resumen
Nuestro objetivo en este artículo es discernir la naturaleza
del régimen cubano contemporáneo. No es éste un ejercicio
académico o meramente retrospectivo. El régimen (antes y
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ahora) es el punto de partida para cualquier futuro desarro-
llo y condicionará las posibilidades y la dirección de la evo-
lución política del país. La parte I de este artículo explora la
que creemos fue la fallida transición cubana al post-totalita-
rismo a mediados de los años ochenta y la (parcial) confir-
mación del totalitarismo al entrar en los noventa. La parte II
examina a continuación la naturaleza de los cambios experi-
mentados por el régimen y la sociedad durante la década de
los noventa, lo que nos lleva a caracterizar el régimen en su
período más reciente como “carismático y post-totalitario
temprano”. La conclusión analiza las implicaciones de esta
caracterización para el cambio de régimen y el futuro des-
pués de Castro.
Abstract
The purpose of this paper is to analyze the nature of the
contemporary Cuban regime. It is not meant to be a mere
retrospective or academic exercise. The regime (in the past
and nowadays) is the starting point for any future
development and will condition both the possibilities and
direction of the political evolution of the country. Part I in
this paper deals with what we believe was the failed Cuban
transition to post-totalitarianism in the mid-80s and the
(partial) confirmation of totalitarianism at the beginning of
the 90s. Part II examines the nature of the changes
undergone by the regime and society during the 90s, what
makes us characterise the regime as “charismatic and early
post-totalitarian” in the most recent period. The conclusion
analyzes what this characterization implies for the change of
regime and the future after Castro.