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Hay un lenguaje de documento, un estilo literario, que está ago-
tado, que nadie entiende, endogámico e incestuoso que termina
siendo incomprensible por autorreferencial. Más aún, las palabras
están exhaustas. Tal vez sea hora de signos y gestos instituciona-
les concretos y no de declaraciones. Hay temas en los que ya no
queda mucho más por decir. Se describe la realidad con mayor o
menor acierto, pero la institución no se implica en la proyección
de un intento de solución. No es una lectura “desde dentro” del
problema, que implicaría un proceso interno de conversión.
La iglesia dejó de ser fuente de legitimidad de los gobiernos de
facto, al fortalecerse los gobiernos civiles. Pero sigue siendo una
institución de prestigio, creíble. Posiblemente la razón de esta as-
cendencia se puede entender por tres razones: primero, también
fue víctima de la represión, aunque el comportamiento de la jerar-
quía del momento no haya sido el esperable; segundo, frente al
“Estado Desertor” la iglesia asume el rol de la seguridad social
con Cáritas; tercero, frente a la crisis de representatividad, la igle-
sia es mediadora en conflictos sociales, en reclamos sindicales y
políticos, en pedidos de justicia, reclamos de tierras, asentamien-
tos marginales, etc.
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. La iglesia sigue teniendo un papel de “re-
serva moral” al cual se acude en momentos de crisis.
Que la iglesia siente a la dirigencia política y social a dialogar no
es poco; pero es “asistencialismo” político, el equivalente a dar de
comer al hambriento. La colaboración fecunda con la democrati-
zación efectiva tiene que pasar por una conversión en las propias
estructuras eclesiales: es allí en donde se pueden formar ciudada-
nos, los modos de participación laical en las estructuras pastorales
puede ser un semillero de actitudes democráticas. Mucha gente
participa en algún grupo de iglesia, algunos hablan de un 40 %
sobre el total de gente que participa, tal vez conformen la prime-
ra minoría de militantes de ONG. El problema está en el trato co-
tidiano que la gente recibe: la arbitrariedad del encargado, el pa-
ternalismo sacerdotal, la falta de memoria histórica de los que
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DI STEFANO, Roberto, ZANATTA, Loris; Historia de la Iglesia Argentina.
Desde la Conquista hasta fines del siglo XX, Grijalbo Mondadori, 2000, Bue-
nos Aires.
GUSTAVO MORELLO, S.J.