39
1
Ian ROXBOROUGH indica esto en su excelente, por otros motivos, “Unity and
Diversity in Latin American History” in Journal of Latin American Studies 16
(1984), pp. 1-26.
Código de Referato: SP-10.II.educc/2004.
Alejandro Groppo
E
l tema del populismo tiene una larga tradición en la
ciencia política apareciendo de manera recurrente en los
estudios sobre América Latina. Parte de esta recurrencia e
insistencia en pensar un tema que se introduce en el glosario de
las ciencias sociales en la década del ’50 se debe a la insatisfac-
ción creciente de sociólogos, historiadores y politólogos con las
bondades explicativas del término ‘populismo’. Se ha afirmado, y
con razón, que este término ha sido usado de manera polisémica
y para referirse a una vasta y muchas veces disímiles experiencias
históricas concretas, al punto de llegar a postular su eliminación
lisa y llana de las ciencias sociales.
1
Mi punto de vista es, sin
embargo, que es necesario mantener como válido el término aun-
que esto dependa de una ampliación de los horizontes teóricos en
los que el populismo como lógica política se enmarca. Esto impli-
ca seguir el camino contrario que se ha seguido en los últimos
años en los trabajos sobre populismo. Este trabajo constará de tres
secciones. En la primera se discutirá lo que se denomina el mito
de la especificidad, sosteniendo que es esta búsqueda lo que lle-
El populismo y lo sublime
STUDIA POLITICÆ Número 02 ~ verano 2004.
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
STUDIA POLITICÆ
02 ~ verano 200440
2
SCHMITT, C. El Concepto de lo Político (Folios, 1985), p. 22.
vado al escepticismo en torno a la utilidad del concepto ‘populis-
mo’ En la segunda sección se incorporará la discusión sobre lo
sublime en la teoría política moderna, indicando que algunas ca-
racterísticas articulando un tipo de experiencia humana como es la
experiencia de lo sublime nos ayudan a dar cuenta del proceso de
identificación y/o creación de sujeto presente en la experiencia del
populismo. Y por último presentaré ejemplos de cómo operó la
identificación sublime en la configuración de una forma de iden-
tidad política típicamente populista como lo fue la del Peronismo.
1. El mito de la especificidad
El problemas de los trabajos sobre populismo es haber intentado
penetrar el significado inmanente del concepto, corriendo tras la
ilusión de un significado profundo, absoluto, significado que pue-
de ser traducido de manera transparente por el significante ‘popu-
lismo’. Esta búsqueda, a la que enseguida haremos referencia, ha
estado animada por una mala interpretación acerca de lo que con-
siste la ‘especificidad’ de un término y por la posibilidad misma de
que tal especificidad sea algo asequible al entendimiento. Este tra-
bajo discute que exista una ‘especificidad’ propia y no equivalente
del populismo. Por el contrario, sostiene que para comprender el
fenómeno del populismo es necesario abordarlo desde una perspec-
tiva que incorpore un marco teórico lo suficientemente sofisticado
como para entender que el populismo se instala en el vasto campo
de toda experiencia posible. No se intentará decir aquí que es el
populismo, que es lo que lo define de una vez y para siempre sino
que se escrutará que comparte el populismo con otro tipo de expe-
riencia social como es la experiencia de lo sublime.
Es Carl Schmitt quien suele ser puesto como ejemplo de concep-
tualización de lo político vía su especificidad. Schmitt afirma que
“se puede llegar a una definición conceptual de lo ‘político’ solo
mediante el descubrimiento y la fijación de las categorías especí-
ficamente políticas”.
2
La categoría específicamente política a la
41
que nos remite Schmitt es la distinción amigo-enemigo. Esta de-
finición, la mas importante en la teoría política schmittiana, es
presentada por el autor a finales de la década del ’20.
3
Lo intere-
sante es que ya en 1923, donde Schmitt plantea la contradicción
entre el parlamentarismo (o liberalismo) y democracia, el teórico
alemán acercaba conceptualmente a la política con la democracia.
Dicho de otra manera, cuando Schmitt define la democracia recu-
rre a una conceptualización acerca de lo político, y su visión del
reino de los intereses políticamente determinados es correlativa a
su idea de la democracia como homogeneidad. Veamos esto. Sch-
mitt sostiene:
[...] es propia de la democracia, en primer lugar, la homoge-
neidad y en segundo lugar, en caso de ser necesario, la des-
trucción de lo heterogéneo [...]. El poder político de una de-
mocracia estriba en saber eliminar o alejar lo extraño y
desigual, lo que amenaza la homogeneidad. Así pues, en la
cuestión de la igualdad no se trata de logarítmicos juegos
abstractos, sino de la sustancia misma de la igualdad.
4
Schmitt tiene claro que el liberalismo no puede pensar la demo-
cracia partiendo de una imagen de la humanidad reconciliada con-
sigo misma, de una igualdad y de derechos universalmente váli-
dos, de un régimen político global basado en la idea que una
“persona es igual a otra por el solo hecho de ser persona”. Tal
idea de democracia global es para Schmitt lógica y empíricamen-
te inviable, y esto por dos motivos. Primero, porque el derecho de
voto universal, institución central en una democracia, solo es pen-
sable como tal, como un derecho atribuido a personas sobre la
base de algo que lo precede que no puede ser otra cosa que una
igualdad sustancial previa y constituyente, una igualdad que solo
es atribuible a un pueblo, esto es a un sujeto colectivo ya demar-
cado. Es en este sentido que Schmitt usa el término ‘homogenei-
dad’, como correlativo a la idea de igualdad y ambos términos, a
ALEJANDRO GROPPO
3
La obra El Concepto de lo Político data originariamente de 1927 con ediciones
de 1932 y 1939.
4
SCHMITT, C. Sobre el Parlamentarismo (Tecnos, 1990), p. 12.
STUDIA POLITICÆ
02 ~ verano 200442
5
SCHMITT (1990), p. 16.
6
SCHMITT (1990), p. 16, énfasis agregado.
su vez, como los dos pilares de la democracia. Para que el sufra-
gio tenga sentido debe presuponer un círculo de iguales (comuni-
dad). El segundo motivo que plantea Schmitt es que presuponer
una comunidad de iguales, una igualdad sustancial, es también
presuponer sus fronteras, lo que queda afuera de tal comunidad y
es definido como lo desigual. No es posible pensar una comuni-
dad si no se piensan sus propios límites, lo que no pertenece a
ella. Dice Schmitt
la absoluta igualdad humana sería una igualdad comprendida
en sí misma y sin riesgos, una igualdad sin el necesario co-
rrelato de la desigualdad, y en consecuencia una igualdad in-
diferente y carente de sentido [...] tal igualdad absoluta no
existe en ninguna parte [...] mientras los Estados de la tierra
distinguen políticamente a sus ciudadanos de otras personas.
5
Hasta aquí he mostrado como la idea de igualdad y comunidad
son centrales para la democracia en el pensamiento Schmittiano y
como estas no pueden ser sostenidas sin su respectivo correlato
antagónico, la desigualdad y la heterogeneidad. Ahora veamos
como ya en 1923 Schmitt avizoraba a lo político como la demar-
cación de fronteras, como la construcción de algún tipo de cate-
gorización por oposición a la tabula rasa liberal:
En el terreno político no se enfrentan de forma abstracta las
personas como tales, sino en su calidad de personas intere-
sadas en la política y políticamente determinadas como ciu-
dadanos, ya sean gobernantes o gobernados, aliados políticos
o adversarios, pero, en cualquier caso divididos en catego-
rías políticas.
6
Para Carl Schmitt la democracia no puede ser definida en abstrac-
ción a lo político. Si democracia implica un conjunto de iguales y
esto no puede ser inteligible sin la idea misma de desigualdad,
esto es, sin la demarcación de fronteras, sin la distinción amigo-
enemigo, en última instancia, la democracia y la política se en-
43
7
Es la teoría política postanalítica la que postula que el significado de los térmi-
nos —y por lo tanto de las ideologías políticas— se estructuran sobre tres dimen-
siones: central, adyacente y periférica. Ver F
REEDEN, M. Ideology and Political
Theory (Oxford, 1996).
8
GERMANI, G. Política y Sociedad en una Epoca de Transición (Buenos Aires:
Paidós, 1971).
9
DI TELLA, T. “Populismo y Reformismo” en IANNI, O. Populismo y Contradic-
ciones de Clase en Latinoamérica (México: Era, 1973) pp. 38-83.
trecruzan contaminándose una a otra perdiendo ambas todo tipo
de ‘especificidad’ constitutiva que la defina de manera absoluta
y esencial. Mi punto de vista es que, para Carl Schmitt, ‘demo-
cracia’ y ‘política’ son lo mismo por oposición a la abstracción
vacua del universalismo liberal. Pero para llegar a esta conclu-
sión hay que leer a Schmitt en perspectiva, esto es, cruzando el
Schmitt de 1932 con el otro mas temprano de 1923. Su propio
proyecto de lograr un ‘concepto de lo específicamente político’
se demitifica al ver que lo que lo define en 1932, estaba ya pre-
sente en 1923 en su mirada sobre la democracia.
Como vemos, el proyecto de búsqueda de una especificidad de los
términos políticos se diluye en un campo de ambigüedad donde
los significados adyacentes de los términos se yuxtaponen
7
y la
teoría política deviene retórica. El desarrollo de la teoría política
del populismo no es ajena a la búsqueda de lo ‘específicamente
populista’. Precisamente a esto se debe la multiplicidad de defini-
ciones que se han proporcionado sobre el término, y que se po-
drían organizar de la siguiente manera:
1. una forma de movilización sociopolítica por la cual las ‘masas
atrasadas’ son sometidas a prácticas manipulatorias y de engaño
por ‘líderes carsimáticos’ a través de un programa ‘demagógico’.
8
2. un movimiento social complejo, multiclasista y socialmente
heterogéneo, sostenido en un liderazgo heterónomo proveniente
de las clases medias y altas y con apoyo popular hacia un proyec-
to de tipo reformista.
9
3. una fase histórica en el desarrollo dependiente de la región ca-
racterizado por características ideológicas particulares, como el
ALEJANDRO GROPPO
STUDIA POLITICÆ
02 ~ verano 200444
10
CARDOSO y FALETTO afirman: “una ideología como el populismo desarrollis-
ta, en la cual pueden coexistir objetivos contradictorios, fue un intento de alcan-
zar un consenso razonable y legitimar un nuevo sistema de poder basado en un
programa de industrialización que ofrecía beneficios para todos” en C
ARDOSO, F.
H. & F
ALETTO, E. Dependency and Development in Latin America (University of
California Press, 1979), p. 130.
11
MALLOY, J. “Authoritarianism and Corporatism in Latin America: The Modal
Pattern” in M
ALLOY, J. (ed.) Authoritarianism and Corporatism in Latin America
(University of Pittsburg Press, 1977). Malloy afirma que “el populismo fue un
producto ideológico de una altamente burocratizada y largamente dependiente
clase media latinoamericana que ve amenazada su posición social, que antes era
segura, por los efectos múltiples del derrumbe del modelo de crecimiento orien-
tado al mercado externo”, p. 8.
12
ANGELL, A. “Party Systems in Latin America” en VÉLIZ, C. (ed.) Latin Ame-
rica and the Caribbean: A Handbook (London, 1968), pp. 356-364.
13
TOURAINE, A. América Latina Política y Sociedad (Madrid: Espasa-Calpe,
1989).
14
Ambas visiones proporcionadas por Ernesto LACLAU. La primera en Política
e Ideología en la Teoría Marxista (Ed. Siglo XXI, 1978) y la segunda, correlati-
nacionalismo desarrollista (Cardozo-Faletto) o como un estadio
intermedio e híbrido en el proceso de modernización o transición
a la modernidad (Germani, O’Donnell, Ianni).
10
4. un conjunto de políticas macroeconómicas de tipo redistributi-
vo, nacionalistas en contenido y altamente intervencionistas que
se oponen a las políticas orientadas al mercado externo, concen-
tran recursos económicos y reprimen las demandas populares.
11
5. un tipo determinado de partido político caracterizado por su
base popular, conducido por elites medias y/o altas, liderazgo ca-
rismático y sin ideología precisa.
12
6. un modelo político para frenar la internacionalización de la
economía a través del protagonismo del estado en la construcción
de la identidad nacional, promover la integración de la nación y el
desarrollo económico.
13
7. un tipo de discurso o ideología que divide a la sociedad en dos
campos anatagónicos i.e. el pueblo vs. la oligarquía o como ‘un
modo específico de articulación política —la prevalencia de cade-
nas de equivalencia sobre la lógica de la diferencia.’
14
45
va y completando teóricamente la anterior, en LACLAU, E. “Populism: What’s in
a name?” en P
ANIZZA, F. (ed.) Populism and the Shadow of Democracy (London:
Verso, 2004).
15
BURKE, E. A Philosophical Inquiry into the Beautiful and the Sublime [1757]
(London: Penguin) p. 86-7.
16
BURKE, p. 86
No es este el lugar para discutir cada una de estas interpretacio-
nes. Todas ellas intentan atrapar conceptualmente el fenómeno del
populismo dejando de lado lo que este comparte con otros fenó-
menos sociales. En la siguiente sección analizaré un tipo de expe-
riencia estética socialmente extendida, la experiencia de lo subli-
me, para argumentar luego que en el populismo se haya implicada
una forma de experiencia subliminal, propia de momentos políti-
cos históricamente excepcionales y de una alta potencialidad sub-
jetivadora, esto es, de formación de identidad.
2. Lo sublime entre la filosofía y la política
Uno de los teóricos políticos modernos mas preocupados por con-
ceptualizar lo sublime fue Edmund Burke. Para Burke hay dos ti-
pos básicos de ideas, las de autopreservación y las de sociedad.
Cada una de ellas esta unida a pasiones de una determinada cali-
dad. Así, las ideas de autopreservación están sostenidas por las
pasiones que involucran dolor o peligro, mientras que la ideas de
sociedad está conectada a las pasiones que implican un grado de
placer.
15
Segun Burke, lo sublime es la “emoción mas fuerte que
se puede sentir” y la define así:
Cualquier cosa que excite las ideas de dolor y peligro, es
decir, cualquier cosa que sea terrible o verse sobre objetos
terribles u opere de una manera análoga al terror, es fuente
de lo sublime.
16
De esta cita se podría concluir que lo sublime en Burke esta ca-
racterizado de una manera directa y transparente, relacionado con
el terror o lo desagradable. Pero esto no es así. Según el filósofo
ALEJANDRO GROPPO
STUDIA POLITICÆ
02 ~ verano 200446
17
BURKE, ibid.
18
NANCY, J-L. “La Ofrenda Sublime” en NANCY, J-L.Un Pensamiento Finito
(Antropós, 2002), p. 128.
irlandés lo sublime es en sí mismo algo opaco, que puede estar
sujeto a una representación distorsionada y/o ambigua:
Cuando el peligro o el dolor presionan demasiado cerca son
incapaces de causar algún placer, siendo allí simplemente te-
rribles; pero a cierta distancia y con ciertas modificaciones
ellos pueden ser y son algo encantador […]
17
Es precisamente la distancia con el objeto lo que genera la ambi-
güedad de su representación y de su efecto como placer o displa-
cer, como encantador o doloroso. Ese lugar ambiguamente inter-
medio del objeto sublime entre las pasiones de placer y de dolor
es correlativo a su lugar indecidible entre la sociedad y la auto-
preservación. Lo sublime no pertenece exclusivamente ni al orden
de lo socialmente regulado ni al registro de la intervención huma-
na individual que escapa a un control externo. Es un experiencia
que nombra un espacio entre lo universal y lo particular sin ser
estrictamente de uno de esos órdenes sino mostrando el límite de
ambos a la vez. Para hacer evidente el límite de ambos órdenes de
sentido, para hacer visible ese límite, lo sublime esta mas allá del
mismo, no es el punto exacto del límite sino mas allá de él. Es en
este sentido que Nancy sostiene que ‘la forma, el contorno, que es
la limitación, es asunto de lo bello; lo ilimitado es el asunto de lo
sublime.’
18
Vemos entonces que ya tempranamente en el pensa-
miento de Burke lo sublime esta asociado a un tipo representación
que en si misma es paradojal.
Esta misma idea de lo sublime como paradojal esta presente en
Kant, quien sigue al pie de la letra las observaciones burkeanas
sobre el tema, y que en la Critica del Juicio sostiene:
El sentimiento de lo sublime es, por lo tanto, la vez un sen-
timiento de displacer, que surge de la insuficiencia de la
imaginación en la estimación estética de la magnitud para
alcanzar su estimación mediante la razón y un placer que
47
19
KANT, I. Critique of Judgement (Oxford: Blackwell), p. 132
20
Citado en JOWERS, P. “Towards the Politics of the Lesser Evil” en WEEKS, J.
(ed.) The Lesser Evil and the Greater Good (Rivers Oram Press, 1994), p. 192.
despierta simultáneamente y que surge de este juicio de la
insuficiencia de la mayor facultad del sentido para estar de
acuerdo con las ideas de la razón, en la medida en que el
esfuerzo por lograr estas es para nosotros ley.
19
El placer paradójico de lo sublime esta dado por la insuperabilidad
de la brecha que separa lo fenoménico, lo empírico, con la idea-
ción de la cosa-en-sí. Esta brecha insuperable, la inconmensurabi-
lidad entre lo dado y la idea, es lo que estructura toda la filosofía
kantiana y es precisamente lo que Burke denominaba como la dis-
tancia necesaria a los fines de que lo sublime muestre toda su am-
bigüedad. Lo sublime no es un sentimiento de la armonía, de la
proximidad que evoca la Idea suprasensible cuando aparece, cuan-
do se manifiesta en un medio material, sensible. Eso es precisa-
mente lo contrario de lo sublime y es lo que tanto Burke como
Kant llaman “lo Bello”. La belleza evoca a la armonía, la certeza,
el placer, lo no-conflictivo, lo no-antagónico. La forma del enun-
ciado sobre lo bello es, como afirma Lyotard, la siguiente: “si tu
dejas todo autointerés y todas las circunstancias particulares con-
tingentes de lado, tu debes acordar con mi juicio concerniente a la
belleza de esta x”.
20
Es por ello que para Lyotard lo bello apunta
al acuerdo público, a lo que es comunicable a través de la fusión
de percepciones, a lo compartido, a lo que es sostenido por deseo
de un consenso libre de coerción. Sobre esto volveré mas adelante.
Por el contrario, lo sublime es lo que evoca un ‘mas allá del pla-
cer.’ Lo sublime es lo opuesto de lo bello y por tanto, es lo caóti-
co, lo que irrumpe con la armonía y la disloca, lo que limita la cer-
teza y subvierte el placer. No hay ningún objeto sensible, del orden
de las cosas, que pueda representar y encarnar adecuadamente a la
Cosa (la idea suprasensible), por lo tanto, en Kant lo sublime es la
experiencia del fracaso de la representación, la experiencia de la
imposibilidad de una representación pura y auténtica de la Cosa-
en-si. No es la armonía lo que sostiene a lo sublime sino la impo-
ALEJANDRO GROPPO
STUDIA POLITICÆ
02 ~ verano 200448
21
ZIZEK, S. El Sublime Objeto de la Ideología (Siglo XXI, 1992), p. 259.
sibilidad de una armonía sensible en relación a lo que la excede.
La Cosa-en-si, su dimensión y grandeza, se aprehende pero a tra-
vés de la imposibilidad de ser plenamente representada. Este es el
rol de la inevitable ambigüedad de lo sublime, que designa la ex-
periencia de tal imposibilidad. Como afirma Zizek:
un objeto que evoca en nosotros el sentimiento de sublimi-
dad nos da simultáneamente placer y displacer: nos da dis-
placer por el carácter inadecuado que tiene en relación a la
Idea, a la Cosa, pero precisamente a través de esta inadecua-
ción nos da placer indicando la incomparable grandeza de la
cosa [...]
21
Podemos trasladar esta lógica implícita en el objeto sublime hacia
la lógica que estructura uno de los objetos conceptuales presentes
en el discurso populista: el pueblo. El ‘pueblo’ es precisamente
uno de los términos políticos que mas claramente alude a un ob-
jeto de representación total imposible. En el discurso populista, la
idea de ‘pueblo’ nos traslada a una experiencia de lo sublime.
‘Pueblo’ como objeto de discurso es un objeto sublime. El pueblo,
siguiendo los términos de la discusión sobre lo sublime que esta-
mos proponiendo aquí, es la presentación del todo, la noción de
‘pueblo’ lleva la marca de ser la presentación de la Idea (placer),
pero cada enunciación del pueblo implica una partición de ese
todo. Esto se ve claramente cuando se analiza un determinado dis-
curso político y se constata los diferentes equivalentes a los que
se refiere con la idea de ‘pueblo’, por ejemplo, el ‘pueblo’ como
la ‘clase obrera’, el ‘pueblo’ como los ‘desposeídos’, el ‘pueblo’
como los ‘pobres’ o simplemente ‘pueblo’ como igual a ‘los de
abajo’. Ese todo, ese universal que es el pueblo solo puede ser
nombrado a través de ciertas características particulares o, mejor
dicho, sólo puede ser significado a través de un particular social
que lo especifica y le da sentido. En la brecha inerradicable entre
lo inmenso e inconmensurable de lo universal (la Idea) y lo poco,
lo parcial de su representación o instanciación concreta radica la
sublimidad del objeto populista. El ‘pueblo’ del discurso populis-
49
22
KANT, I. Critique of Judgement (Indianápolis: Hackett, 1987), p. 120. Énfasis
agregado.
ta como objeto sublime nos deja en una aporía/paradoja: aporía
entre el deseo de presentar la totalidad tal como es y la imposibi-
lidad de hacerlo sino a través de un particular determinado. Es por
ello que el objeto sublime esta siempre estructurado en base a una
falta constitutiva que la noción de pueblo viene a encarnar.
La ambigüedad, el no-lugar, el mas allá del límite son expresio-
nes que nos ayudan a rodear, a circunscribir la lógica de lo subli-
me. En la Crítica del Juicio Kant describe el sentimiento de lo
sublime con las famosas imágenes de eventos naturales caóticos y
magníficos. Esto podría llevarnos a la conclusión que las imáge-
nes en sí mismas de una naturaleza que nos impresiona es lo que
en la opinión de Kant se acerca a la grandiosidad de la experien-
cia sublime. Vamos al párrafo respectivo y veamos que es impor-
tante en él a los fines de este trabajo. Kant afirma:
Nubarrones acumulándose en los cielos y moviéndose acom-
pañados por rayos y truenos, volcanes con su todo su poder
destructivo, huracanes con toda la devastación que dejan
consigo [...] comparado con el poderío de todo esto, nuestra
habilidad de resistir se convierte en una insignificante ni-
miedad. Aún así la mirada de todo esto deviene mucho mas
atractiva a medida que es mas aterradora, dado que noso-
tros estamos en un lugar seguro.
22
Aquí no nos interesa tanto la experiencia fenomenológica de la
grandiosidad de una naturaleza equiparable a lo sublime, lo subli-
me todopoderoso e irresistible, lo sublime que nos reduce a una
‘insignificante nimiedad’, sin fuerzas ni resistencia. La constela-
ción que aquí se nos presenta nos dibuja si como juguetes en ma-
nos de fuerzas enormemente mas poderosas que nosotros, pero
también nos presenta como espectadores de todo esto, como dis-
tanciados y seguros observadores de los que ocurre ante nuestros
ojos. Esta distancia, ya presente en Burke como mostrábamos arri-
ba, sostiene la ambigüedad de la experiencia (atractiva-aterradora)
y sostiene además la ambigüedad del sujeto que emerge de la ex-
ALEJANDRO GROPPO
STUDIA POLITICÆ
02 ~ verano 200450
23
BURKE, p. 101.
periencia sublime. El sujeto es ambiguo en el sentido que estamos
al mismo tiempo ‘dentro’ y ‘afuera’, que somos tanto una ‘nimie-
dad’, un pequeño grano de arena en la playa como observadores
‘seguros’ de este espectáculo. Como veremos en la última sección
de este trabajo, la experiencia subjetivadora del peronismo nos
muestra un ejemplo de este doble movimiento, donde el sujeto po-
lítico emerge por una parte como una nimiedad constituida desde
afuera, ex novo y por otra parte, este sujeto mantiene un distancia-
miento necesario, una capacidad de reacción, frente al primer mo-
mento instituyente. Este es el doble movimiento o los dos mo-
mentos de la subjetividad que resultan de la experiencia de lo
sublime, que como decíamos arriba, se ubica en el derrotero am-
biguo entre la lógica de la sociedad y la de la autopreservación.
En Burke, la ambigüedad constitutiva de lo sublime, que deriva
de algo que ni puede ser aprehendido desde la preexistencia de un
concepto o una realidad ni es tampoco la Idea misma, es lo que
causa asombro. Lo sublime esta presente siempre como asombro,
como algo que ni es puramente fenoménico ni es puramente una
Idea-en-sí. Esta ubicuidad de lo sublime es lo que lo ata a su prin-
cipal efecto: la sorpresa. Dice Burke:
La pasión causada por lo grande y lo sublime [...] es el asom-
bro; y el asombro es ese estado del alma en el cual todos sus
movimientos se suspenden, con el mismo grado de horror. En
tal caso la razón esta tan ocupada con su objeto que no pue-
de abarcar otro [...] de ahí el gran poder de lo sublime que
lejos de ser producto de nuestros razonamientos, los anticipa
y nos conmina con una fuerza irresistible. El asombro es el
efecto de lo sublime en su mas alta expresión, sus efectos
menores son la admiración, la reverencia y el respeto.
23
Porqué lo sublime es asombroso? Porque es indecidible tanto des-
de el punto de vista del conocimiento de lo fenoménico como des-
de el punto de vista de la imaginación de la Idea. Es una expe-
riencia sobre la cual no hay recursos normales para inteligir, así,
lo fenoménico no basta por ser demasiado poco y la imaginación
51
24
BURKE, E. Reflections on the Revolution in France (Penguin, 1968), p. 92-3.
25
RORTY, R. Ensayos Sobre Heidegger. Escritos Filosóficos 2 (Paidós, 1999), p.
244. En otro texto el filósofo norteamericano afirma: “los habermasianos piensan
que todo intento de ir mas allá del consenso —el intento de situar algo mas allá de
la razón— es tan inútil como a los davidsonianos nos parece el intento de ir mas
allá de la coherencia” en R
ORTY, R. “La belleza racional, lo sublime no discursivo
y la comunidad de filósofas y filósofos” en Revista Logos 3 (2001), p. 58.
nos proporciona un objeto al cual nunca podemos acceder. Lo sor-
presivo de lo sublime tiene que ver con esta su ambigüedad.
Ahora bien, para ejemplificar este carácter asombroso de lo subli-
me Edmund Burke recurre a una experiencia de lo asombroso par
excellance, que es precisamente una experiencia política: la revo-
lución francesa.
La Revolución Francesa es lo mas asombroso que ha sucedido en
el mundo [...] Todo parece estar afuera de la naturaleza en este
extraño caos de ferocidad y ligereza, y todo tipo de crímenes se
hermanaban con todo tipo de locuras. Al ver esta monstruosa es-
cena tragicómica, las mas opuestas pasiones comienzan a emerger
y, a veces, se mezclan unas a otras en nuestra mente, alternan des-
precio e indignación, alternan risas y lágrimas, alternan el menos-
precio y el horror.
24
Es claro pues que de lo bello y lo sublime se derivan posturas po-
líticas antagónicas. Para Richard Rorty, lo sublime es lo ‘recalci-
trante’ que debe ser relegado a la esfera del ironista privado. En
el debate Lyotard-Habermas, Rorty toma partida por este último
por ser la habermasiana una teoría política de lo Bello y no de lo
sublime-caótico, estética esta que domina el pensamiento de Lyo-
tard. Para Rorty lo sublime es correlativo de ‘lo inefable’, ‘de lo
que esta mas allá de los límites’, ‘de la utilización de palabras que
no forman parte del juego de lenguaje de nadie, de ninguna insti-
tución social’. Si esto es lo sublime,
las finalidades sociales se sirven, como afirma Habermas,
hallando formas hermosas de armonizar intereses en vez
de formas sublimes de distanciarse de los intereses de los
demás [...]
25
ALEJANDRO GROPPO
STUDIA POLITICÆ
02 ~ verano 200452
26
RORTY, p. 245.
27
BATAILLE, G. Visions of Excess (Minesotta University Press, 1985), p. 141.
La ‘estética de lo bello’, que Rorty ve como correctamente ar-
ticulando en el pensamiento de Habermas, es la mejor forma de
poner fin a la tradición de las metanarrativas. Así Rorty justi-
fica su elección por lo bello y su correlativo rechazo por lo su-
blime:
El deseo de comunicación, de armonía, intercambio, con-
versación, solidaridad social, y de lo meramente bello de-
sea poner fin a la tradición filosófica, porque considera el
deseo de proporcionar metanarrativas como una distracción
inútil de lo que Dewey llama el “significado del detalle
cotidiano”.
26
La ambigüedad constitutiva de lo sublime como opuesta al orden
de la vida cotidiana, cara al mundo de lo ordinario de los pragma-
tistas, es similar a lo que Georges Bataille llama ‘una experiencia
de lo heterogéneo’.
violencia, exceso, delirio, locura, caracterizan los elementos
heterogéneos [...] estos, por su fuerza o shock, resultan en
una ruptura con las leyes de la homogeneidad social [...]
comparado con la vida cotidiana, la existencia heterogénea
puede ser representada como lo otro, como lo inconmensu-
rable.
27
Lo bello remite a lo homogéneo tanto como lo sublime nos in-
troduce en la dislocación de toda homogeneidad a través de un
elemento nuevo, heterogéneo con ese orden. Esta claro a partir
de lo que hemos venido planteando que lo sublime es una expe-
riencia excesiva, que no puede ser inteligida desde el orden dado
de cosas sino que remite a la precariedad de todo orden. Lo
identificación sublime es una identificación por el asombro,
asombro que genera un tipo de sujeto ambiguamente ubicado a
la vez ‘adentro’ y ‘afuera’ de una discurso político. Como mos-
traré en la siguiente sección, estamos ya en el terreno mismo del
populismo.
53
28
J. C. TORRE (comp.) La formación del sindicalismo peronista (Buenos Aires,
Editorial Legasa, 1988), p. 157.
3. Lo sublime en el populismo: el caso del Peronismo.
Hemos dicho que la experiencia de lo sublime remite a la emer-
gencia sorpresiva, a la irrupción de lo heterogéneo en un orden
dado. La experiencia del peronismo es representada por los pro-
pios sujetos en esos mismos términos evidenciando una articula-
ción sublime de esa ideología política. Veamos esto.
En la reunión del Comité Central Confederal de la CGT del 16 de
Octubre de 1945, un dirigente sindical de la Unión Tranviarios,
Bruno Arpesella, expresó en relación a la liberación del encarce-
lado Coronel Perón y a la declaración de la Huelga General
Hace falta que se declare un paro general por un tiempo de-
terminado, el que será no contra el gobierno sino contra la
reacción de la clase capitalista. La clase patronal ha declara-
do la guerra al Coronel Perón, no por Perón mismo, sino por
lo que Perón hace por los trabajadores a los que ha otorga-
do las mejoras que venían reclamando y les ha dado otras
que ni ellos siquiera soñaban, como el Estatuto del Peón y
otras más.
28
Es la sorpresa articulada en una oferta política sin precedentes, en
una oferta para la cual no existía demanda previa, una oferta cons-
titutiva, lo que destacan los dirigentes sindicales en la propuesta de
Perón. Es a través de la aparición de una oferta que excede lo que
hasta ese momento se consideraba como ‘justo’ —podríamos de-
cir— que los sujetos, retroactivamente, desplazan y repiensan sus
previos puntos de vistas y demandas. Es precisamente por que se
nos ofrece algo que no habíamos imaginado que lo que efectiva-
mente habíamos imaginado no era suficiente. Ese es el efecto dislo-
cador y reconstitutivo a la vez de la oferta de Perón, que desidenti-
fica a los sujetos de sus previos marcos ideológicos y los relocaliza
en un marco discursivo nuevo. Es el factor sorpresa encarnado en
proyecto político lo que genera un estado de movilización social no
fácilmente encausable por las instituciones existentes:
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TORRE, p. 161.
30
GHIOLDI, A. “La Democracia Argentina en 1945” en Anuario Socialista 1946
(Buenos Aires: La Vanguardia), p. 7.
Ninguno de Uds. ignora que el momento es sumamente gra-
ve pues corremos el riesgo de perder el control del movi-
miento obrero que tanto trabajo nos ha costado organizar.
Las masas obreras, para qué vamos a negarlo, nos están
arrollando en una forma desordenada. Si nosotros no tene-
mos el control del movimiento que ya se está produciendo,
este en sus consecuencias se perderá y terminará en un de-
sastre para la clase trabajadora porque será un movimiento
sin control y sin dirección.
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La sorpresa estructurando la oferta constitutiva, la oferta sublime,
generó dos gramáticas diferentes en recepción. Primero, a lo su-
blime se le niega toda posibilidad, toda racionalidad. El objeto su-
blime tiene un carácter abyecto, típico del objeto irrepresentable,
visible en las diversas manifestaciones de negación de racionali-
dad al peronismo. El peronismo es visto como una monstruosidad
política. Esta modalidad de recepción fue particularmente caracte-
rística de los sectores que se oponían al peronismo:
Hemos sufrido una profunda conmoción, una revolución que
puede ser descripta como disruptiva y desestabilizante. Las
estructuras mismas formadas por mucho años de evolución
social han sido derribadas [...] el país enfrenta una situación
sumamente seria, porque mas que un gobierno constituido
nosotros tenemos caos constituido en poder [...] el ignomino-
so fuego del caos ha engendrado un régimen del nihilismo. En
su proceso de devastación y destrucción, la dictadura niega lo
constituido, niega lo negativo, niega lo afirmativo, niega la
negación, es puramente negativa y nihilista.
30
A las palabras de este dirigente socialista, la Unión Industrial Ar-
gentina agregaba otras líneas concordantemente críticas al surgi-
miento del peronismo:
el salario es el precio equitativo del esfuerzo productivo del
trabajador y debe fijarse en consonancia con las posibilida-
55
31
Revista Unión Industrial Argentina, n. 925, Enero 1946, p. 4-5.
32
Revista UIA, ibidem.
33
Citado en AUYERO, J. “(Re) membering Peronism: an ethnographic account of
the relational Character of Political memory”, Paper presentado en la Latin Ame-
rican Studies Association, U.S.A, 1998, p. 15. Énfasis agregado.
des económicas de la empresa considerándose ambos aspec-
tos en relación a las condiciones generales de una actividad
dada o las de una zona determinada [...] toda intervención
universal y coactiva perturba el equilibrio y destruye las ba-
ses de la economía.
31
Los grupos económicamente dominantes se oponen al proyecto
peronista porque este implicaba una intervención de tipo univer-
sal, disruptiva, sorpresiva —sublime—, que rompe el orden de la
vida cotidiana y disloca las estructuras elementales del orden so-
cial micro. Seguía afirmando la UIA en este sentido:
La crisis esta en el ambiente. Se la percibe en el hogar, en
el templo, en el aula, en la calle, en los sitios de trabajo en
los lugares de esparcimiento. Una misma inquietud lo domi-
na todo, una sola preocupación absorbe los pensamientos,
hállase perturbada la paz social y se han generado odios que
no conocía nuestra historia [...] el reciente decreto viene a
producir una total subversión de la vida social y económica
del país.
32
En segundo lugar, los trabajadores, en sus relatos e historias de
vida, verbalizan el factor sorpresa de una manera muy particular:
el peronismo es construido desde el sentido común como un even-
to nuevo, como la introducción de un acontecimiento, de una dis-
locación. Esta modalidad de recepción de un evento sublime asu-
me la forma de un ‘despertar’, del ‘amanecer’ de algo que no
pertenece hasta ese momento al sistema normal de decodificación
de la realidad con que los actores sociales se manejaban y consi-
deraban como obvio:
Perón se c... a la oligarquía. Cuando él llego al poder todo
cambió ya que el trabajador dejó de ser un esclavo de la
gente rica. Perón despertó a los trabajadores.
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Citado en JAMES, D. (2000) Doña Maria’s Story. Life, History, Memory and Po-
litical Identity (Durham, London: Duke University Press), p. 47. Énfasis agregado.
Aquí vemos el rol que juega lo sublime en la configuración de
una experiencia política, generando el despertar a un nuevo hori-
zonte imaginario, produciendo la emergencia de una identidad
política nueva. En el último y excelente libro de Daniel James so-
bre el peronismo, basado totalmente en una entrevista de vida a
Doña María, una vieja militante peronista de 1945, ella expresa lo
que significó este fenómeno político de la siguiente manera:
Ellos [los patrones] dejaron de tratarnos como animales…
como algo que uno usa. Comenzamos a ser tratados de la
manera en que se debía tratar a otro ser humano. Estos cam-
bios los comenzamos a sentir gradualmente, pero los nota-
mos definitivamente luego del 17 de Octubre de 1945 [...]
desde ese momento notamos la diferencia.
34
Si bien aquí notamos claramente el poder constituyente de subje-
tividad —por así decirlo— de la experiencia de lo sublime, a tra-
vés de la oferta de algo que lo sujetos no habían siquiera llegado
a imaginar, de un exceso implícito presente en la oferta del pero-
nismo, también será posible entrever los efectos del distancia-
miento, del ‘afuera’ que involucra también la experiencia humana
de lo sublime, tal como señalábamos arriba. Este distanciamiento
se percibe en la resistencia que pone en juego el sujeto, sujeto
este que fue, paradojalmente, producto de una oferta constitutiva
previa. Es en este juego de ‘adentro’ y ‘afuera’, necesarias para la
constitución ambigua de lo sublime, que la respuesta del sujeto a
la oferta sorpresiva, dislocante del discurso populista es desenca-
denar una particular y específica forma de resistencia, tal como la
que observamos en los ejemplos que siguen.
En Mayo de 1946 Perón manda a ‘institucionalizar la revolución’
para que esta adoptara, a través de la forma partido, un formato
apropiado para la competencia electoral de la democracia repre-
sentativa. Se crea así el PURN (Partido Unificado de la Revolu-
ción Nacional), que funciona como el partido oficialista y que co-
mienza a extenderse progresivamente a nivel nacional. Ahora
57
35
El Laborista, 9/7/1946.
bien, no sería descabellado esperar de esta formación una lealtad
homogénea y litúrgica al líder. Sin embargo, en el contexto de la
pelea entre laboristas bonaerenses (díscolos y críticos a Perón
bajo el liderazgo de Reyes) y el PURN, este último sostiene:
Es inaceptable que a la vez que se manifiesta apoyo público
al General Perón por otro lado se desobedecen sus órdenes
y no se acata su palabra... es necesario que quede bien claro
que la única autoridad existente hoy que puede arrogarse tal
atribución es este Comité Ejecutivo Nacional.
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El Comité Ejecutivo de la formación política creada por Perón para
institucionalizar la revolución que el mismo Perón había efectuado,
esto es, su misma creación institucional antagoniza con una rama
disidente en base a quien tiene precisamente ultima potestad para
oponerse a Perón. Lo que esta el última instancia en disputa entre
el PURN (oficial) y el laborismo disidente no es la lealtad religio-
sa al líder sino la legitimidad de disputarle la palabra de Perón... al
mismo Perón. Este es un ejemplo, entre los tantos, en que la rela-
ción entre el líder populista y su creación o entre la enunciación
populista y su recepción social, por así decirlo, esta estructurada
sobre una dehiscencia, sobre un clivaje fundamental, sobre una dis-
tancia ineliminable y problemática. Hemos, al o largo de este tra-
bajo, intentado brindar una teorización lo suficientemente sofisti-
cada como para explicar este fenómeno y lo hemos hallado en la
estructura misma de la experiencia de lo sublime.
4. Conclusiones
A lo largo de este trabajo no fue nuestra intención afirmar que lo
sublime es populista sino mas bien algo diferente y que es precisa-
mente que lo populista tiene una dimensión sublime que es impres-
cindible de aprehender para comprender su complejidad. A lo largo
de este trabajo no se intento ‘ir aguas abajo’ desde el concepto de
populismo sino ‘ir hacia arriba’ e intentar mostrar lo que comparte
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este tipo de experiencia política, tan denostada y tan extendida en la
época contemporánea, con un tipo mas amplia de experiencia hu-
mana como es la experiencia de lo sublime. Sostener que la especi-
ficidad misma del discurso populista es su sublimidad y que el ob-
jeto de su ideología es en si mismo un objeto sublime solamente es
algo que por ahora no podemos concluir. Queda pues el desafío de
seguir ampliando el campo semántico de los conceptos a los fines
de mantener siempre vigente la pregunta por su utilidad.
Resumen
La mayoría de los textos sobre el populismo ha partido del
supuesto que este tipo de experiencia política tiene una espe-
cificidad que le es propia y que la define por contraposición
a otro tipo de lógica política. Así han proliferado una vasta
gama de definiciones sobre el populismo hasta el punto en
que algunos autores han proclamado su total inviabilidad
teórica y su inutilidad empírica. Esto es precisamente lo que
en este trabajo se intenta rebatir. Para esto se coloca al popu-
lismo en una dimensión más amplia, la dimensión de lo su-
blime, y se trata de mostrar hasta que punto en ejemplos es-
pecíficos de procesos de identificación populista, como fue
el peronismo en Argentina, el tipo de subjetividad que emer-
ge puede ser explicada a partir de la lógica de lo sublime.
Abstract
The texts about populism assume the specificity of this
political experience and they usually posit this specificity
as different from the one implied in another political
experience. Thus, a wide proliferation of definitions of
populism emerged in the context of progressive scepticism
of the term´s both theoretical and empirical value. This is
precisely what this work intends to contest. In order to do
this, I place populism within the wider dimension of the
sublime and I intend to show to what extent in specific
historical examples that the literature has taken as populist
–i.e. Peronism in Argentina- the type of subjectivity
involved can be illuminated from the point of view of the
implicit logic of the sublime.