29
Multilateralismo y
política exterior argentina
Código de Referato: SP-01.I.educc/2003.
Eduardo D. Oviedo
Introducción
E
l término multilateral se emplea en diversas ramas de las
ciencias sociales. En derecho internacional adjetiva los
sustantivos diplomacia, convenio, tratado y organiza-
ción. En economía internacional se aplica a los regímenes y or-
ganismos comerciales y financieros.
La adjetivación de todos
estos conceptos tiene en común la existencia de muchas volun-
tades que coadyuvan a conformar decisiones colectivas en me-
dios formales.
En la bibliografía de relaciones internacionales adjetiva los
conceptos de sistema y régimen, al igual que la cooperación,
los conflictos y la diplomacia. A fines del siglo XX y princi-
pios del XXI, la primacía axial de los Estados Unidos en el
sistema internacional hace que los internacionalistas mencio-
nen el concepto de liderazgo unilateral, en oposición al li-
derazgo multilateral, como manifestación estratégica de la lu-
cha por el poder a escala ecuménica. Pero mientras se observa
STUDIA POLITICÆ Número 01 ~ primavera/verano 2003.
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacio-
nales, de la Universidad Católica de Córdoba, República Argentina.
STUDIA POLITICÆ
01 ~ primavera/verano 200330
cierto grado de convencionalidad en el uso del adjetivo multi-
lateral, la bibliografía específica carece de una definición uní-
voca del sustantivo multilateralismo (Oviedo: 2003b).
El estado de los estudios
Robert Keohane es quien inicia el estudio sistemático del térmi-
no con su célebre artículo Multilateralism: an agenda for re-
search (Keohane: 1990). Artículo citado mundialmente, que
expresa el estado de los estudios a principios de la década del
noventa, y constituye el principal y primer referente de todo
aquel que quiere ingresar en el análisis de esta cuestión.
Dos años después, la revista International Organization publicó,
en número especial, las ponencias presentadas en el Workshop de
la Costa Oeste sobre Multilateralismo, organizado por John Ge-
rald Ruggie bajo el auspicio de la Fundación Ford. Los diversos
trabajos allí presentados tuvieron como eje central el estudio de
Keohane y los artículos de Ruggie, James Caporaso, Lisa Martín
y Miles Kahles aportaron mayor conocimiento sobre el tema.
A mediados de la década del noventa aparece la reacción al
neorrealismo cuando Robert Cox vinculó el multilateralismo
con el orden mundial y creó el controvertido concepto de nue-
vo multilateralismo (Cox: 1996). Según la visión de Sonia de
Camargo, es la expresión de la teoría crítica neomarxista que
surge al igual que el constructivismo, como reacción a los pa-
radigmas ortodoxos y dominantes del neorrealismo y el neolibe-
ral institucionalista (Camargo: 2000, ps. 55-76). Por eso, todo
análisis del tema desde la óptica de la teoría crítica tiene su
punto de partida en el pensamiento de Cox.
En América Latina los aportes son escasos en estricto sentido,
observándose numerosos trabajos que se titulan sobre el mul-
tilateralismo pero, al igual que ocurre mundialmente, refieren
a las organizaciones internacionales, principalmente la OMC.
31
Una expresión clara de la teoría crítica en la región es la com-
pilación dirigida por Francisco Rojas Aravena publicada bajo
el título Multilateralismo. Perspectivas latinoamerticanas.
Obra cuyos autores no tienen en cuenta los escritos de Keoha-
ne, ni el debate publicado en International Organization, y se
concentran sólo en el pensamiento de Robert Cox. Incluso al-
gunos capítulos del libro, como el de Luis Maira, se alejan to-
talmente del eje temático, mientras que el más focalizado en
la cuestión es el de Sonia de Camargo, que analiza los aspec-
tos teóricos desde la teoría crítica. Lejos de esta incompleta
obra, aparecen artículos dispersos. A mi entender, sobre la
materia se destaca el trabajo del colombiano Andrés Franco,
publicado en Internet que, sin aspirar a realizar grandes apor-
tes sobre el tema, precisa ciertos aspectos que vale la pena re-
saltar sobre la agenda de los países de América del Sur en las
Naciones Unidas.
En Argentina también existen numerosas publicaciones pero
acotadas al análisis de las organizaciones internacionales, espe-
cialmente el GATT/OMC y la ONU. Pero, en nuestro país el
impacto del concepto (y de la realidad que representa) ha sido
de gran importancia ya que del plano académico se ha pasado
al ámbito gubernamental, y el multilateralismo parece ser uno
de los aspectos centrales del discurso de presidente Néstor Kir-
chner en sus primeros cinco meses de gobierno. Sin embargo,
no se puede expresar lo mismo respecto de la práctica de la
política exterior, fuertemente condicionada por la realidad inter-
nacional.
La teoría crítica y la multilateralidad
La teoría crítica entiende el multilateralismo como una tenden-
cia a la democratización del sistema internacional que se con-
solida en el nuevo multilateralismo. Los cambios sobre la pro-
pia base donde se asienta la acción multilateral ha hecho
EDUARDO D. OVIEDO
STUDIA POLITICÆ
01 ~ primavera/verano 200332
transitar, en la década del ochenta, desde lo que cabría llamar
multilateralismo hegemónico, cuyo origen está en la inmediata
postguerra, a un multilateralismo difuso, propio de los años
más recientes. Pero las carencias de este sistema reclaman un
nuevo multilateralismo, hoy incipientemente insinuado en cier-
tas tendencias de cambio y en determinadas demandas sociales
(Alonso: 32).
El multilateralismo hegemónico viene centralmente determi-
nado por la conformación bipolar del mundo que se instituye
en la postguerra, con la constitución de dos bloques capita-
lista y socialista, cuya pugna alcanza a todos los ordenes de
la vida social. En cada uno de los dos bloques se mantiene
una muy definida jerarquía internacional, verticalmente inte-
grada con su centro, semiperiferia y periferia, arbitrándo-
se mecanismos para facilitar el reclutamiento de los países y
para promover la cohesión en el interior de cada grupo...
(Alonso, p. 33-34).
El multilateralismo difuso es caracterizada por dos notas bási-
cas: la primera es que la hegemonía de los Estados Unidos
no está garantizada, no es como en el pasado el resultado
espontáneo de la propia lógica del sistema internacional; la se-
gunda es que el sistema requiere extender al conjunto de sus
componentes y no sólo a un reducido grupos de países he-
gemónicos las tareas de coordinación internacional. (Alon-
so, p. 35)
Por su parte el nuevo multilateralismo tiene cinco grandes
principios constituyentes: a) una base incluyente y democráti-
ca; b) integra tanto a los estados como a las fuerzas y secto-
res sociales no estatales; c) se asienta sobre una carta de de-
rechos de la persona que trascienda las fronteras y condiciones
sociales de la persona; d) plantea una amplia y multidimensio-
nal agenda y; e) está basado en el principio de subsidiariedad
de instituciones internacionales capaces de administrar aque-
llos ámbitos que el Estado no puede absorber. (Alonso, p. 37)
33
El nuevo multilateralismo: irrealidad internacional.
El nuevo multilateralismo, dicho por sus propios mentores, es
una propuesta futura de gobernabilidad de las relaciones inter-
nacionales (Alonso, p. 36). Por lo tanto, no es empíricamente
contrastable con la realidad política, contradice la estructura de
la política internacional y fuerza la realidad para demostrar la
validez de una supuesta teoría.
Democratizar el sistema internacional implicaría mayor partici-
pación en la toma de decisiones y gobierno de la mayoría
1
.
Produciendo la modificación radical de su estructura, caracteri-
zada por la descentralización de las unidades y la inexistencia
de un estado mundial. Sin embargo, el nuevo multilateralis-
mo plantea la instauración de un poder político global configu-
rado por instituciones internacionales capaces de administrar
aquellos ámbitos que el Estado no puede abordar. Estas insti-
tuciones no serían internacionales propiamente dicha sino su-
pra-estatales, al estilo de la Unión Europea. Pero, aventurar un
cambio de estas características en la actualidad no sólo implica
un retroceso en la evolución del sistema internacional, donde
los estados se convertirían en vasallos del poder global, sino
avanzar sobre bases no empíricas, máxime cuando la desinte-
gración de la Unión Soviética reafirmó el carácter interestatal
del sistema, al generar una nueva ola de estados nacionales
emancipados en pleno contexto de globalización. Aún hoy, la
globalización del poder político es una irrealidad.
1
Es curioso observar que dos estados sin tradición democrática, como la
República Popular China y la Federación Rusa, planteen la democratiza-
ción del sistema internacional. Estos dos estados poseen una amplia tra-
yectoria autoritaria y ninguno de los dos implementó fases completas de
instauración de régimen político democrático. Sin embargo, en declaracio-
nes y comunicados conjuntos firmados por ambos gobiernos plantean la
democratización del sistema internacional como una cuestión de la agen-
da contemporánea.
EDUARDO D. OVIEDO
STUDIA POLITICÆ
01 ~ primavera/verano 200334
El sistema internacional, por su estructura descentralizada y las
funciones que le competen a los estados, tiene mayor descon-
centración que la que pretende el nuevo multilateralismo, ya
que el estado sólo se compromete al otorgar su consentimiento
y reserva para un amplio cúmulo de facultades que no dele-
ga en ninguna institución. Desde este punto de vista, el sistema
internacional no puede ser más democrático de como lo es en
actualidad.
Orden y multilateralidad
El sistema internacional, tal como se lo conoce desde su confi-
guración, no tuvo características multipolares en más de tres si-
glos y medio de implementación. Desde la paz de Wetfalia a
nuestros días, un escaso número de Estados, las grandes poten-
cias, ha estado capacitado para configurar los recurrentes orde-
nes políticos, más allá de comportamientos atribuibles a las
medianas y pequeñas potencias en cuestiones y momentos his-
tóricos específicos. Si se aplica a su evolución la definición del
término multipolar de la Real Academia Española como que
tiene más de dos polos evidentemente el orden bipolar de
1945 a 1991 queda excluido de esta visión. Plantear este orden
como multilateralismo hegemónico significa realizar una inocua
abstracción teórica.
La interpretación multipolar del orden internacional no se
ciñe a la realidad política externa y, por lo tanto, es incontras-
table empíricamente. Los órdenes internacionales son configu-
raciones oligopólicas, no monopólicas ni multipolares. En el
pináculo del poder se posicionan sólo las grandes potencias y
éstas configuran las pautas generales que regulan las relaciones
internacionales. Un club de potencias que tiene la misión de
establecer las reglas del juego político internacional a partir de
los principios del equilibrio de poderes y del derecho interna-
cional. Pero es dable aclarar que el oligopolio es respecto del
35
poder que ostentan las unidades y no sobre el número de las
mismas y sus funciones. El aspecto cuantitativo de las unidades
puede ser importante para el derecho internacional público pero
no para la ciencia política. A su vez, el poder político se insti-
tucionaliza en el derecho internacional y suele escapar a sus
normas y principios, moralmente condenables, pero parte de la
realidad política.
El término multipolar (muchos polos) es tan cuestionable como
el uso de la noción multilateral (muchos lados). La supuesta
igualdad ab initio de las unidades es tamizada por la estructura
del sistema internacional, producto de la coordinación de los
estados y la inexistencia de un poder global, que hace que las
potencias se estratifiquen por sus capacidades, pero no por sus
funciones, puesto que todas, grandes o pequeñas, tienen la mis-
ma misión de organizar la sociedad en el territorio que efecti-
vamente controlan.
La noción multilateral, empero, no está excluida de las relacio-
nes internacionales. Organizaciones y otras instituciones son
consideradas multilaterales, aunque este calificativo distorsiona
el análisis político, en un proceso de toma de decisiones carac-
terizado por desigualdad de presiones, liderazgos o habilidad en
la negociación, que hunde su raíz en el poder del estados y sus
capacidades para obtener los resultados más favorables.
El gobierno de Kirchner y la multilateralidad
En su discurso ante la Asamblea Legislativa el presidente Kir-
chner declaró ser partidario de la multilateralidad.
...Partidarios en la política mundial de la multilateralidad
como somos, no debe esperarse de nosotros alineamientos
automáticos sino relaciones serias, maduras y racionales que
respeten las dignidades que los países tienen. (Kirchner:
marzo de 2003).
EDUARDO D. OVIEDO
STUDIA POLITICÆ
01 ~ primavera/verano 200336
Según este análisis, ser partidario de la multilateralidad es an-
tagónico con el alineamiento automático o acríticos que se lle-
a cabo durante las presidencias de Carlos Menem y Fernan-
do De la Rúa. En el libro Argentina y el Este Asiático (Oviedo:
2001) y otros escritos (Oviedo: 1994) afirmamos la existencia
de tal alineamiento, pero no acrítico, siendo la relación con la
República Popular China clara expresión de una política exte-
rior distante de los Estados Unidos, especialmente en el mo-
mento clave que debió afrontar China ante las sanciones de la
comunidad internacional tras la crisis de Tiananmen. Acción
externa que debe entenderse en el marco de una de las pocas
políticas de Estado con que cuenta la Argentina y que expresa
una continuidad desde 1972 hasta el presente.
Esta falsa dicotomía entre multilateralidad y alineamiento auto-
mático con la potencia hegemónica expresa la opción seleccio-
nada por el gobierno frente al debate ideológico (o estratégico
en el mejor de los casos) entre multilateralismo y unilateralis-
mo, encarnado también en la dicotomía multipolar-unipolar.
Posición que hace que los gobiernos sean proclives a imprimir
giros realistas cuando descubren que su visión del mundo no
explica, y menos aun describe, la política internacional. El po-
der y los intereses de los Estados presionan sobre las afinidades
ideológicas y la heterogeneidad económica, política y cultural
del sistema internacional aflora demostrando la existencia de
grandes, medianas y pequeñas potencias, rechazando la visión
fragmentada de la realidad que corta a las grandes potencias en
aquellas defensoras del multilateralismo y las partidarias de la
supuesta unilateralidad. (Oviedo: 2003) Corroborado a cinco
meses de gobierno de Kirchner, cuando su accionar continuó el
alineamiento con los Estados Unidos más que profundizar la
vinculación con las potencias defensoras de la multilateralidad
(léase Francia, Alemania o Rusia). Ampliamente demostrado
con la participación de la potencia hegemónica en el proceso de
negociación llevado a cabo por Argentina y el Fondo Moneta-
rio Internacional sobre la deuda externa.
37
Posteriormente el presidente Kirchner dedicó a la multilaterali-
dad casi un tercio del discurso de inauguración de la 58ª Asam-
blea de las Naciones Unidas. La importancia del análisis obliga
a la trascripción de los párrafos dedicados al tema:
Cierto es, que en la multilateralidad se basó la creación de
esta organización. Pero resulta insoslayable señalar que la
guerra fría y la bipolaridad que caracterizó al mundo desde
Yalta hasta la caída del muro de Berlín, condicionó de ma-
nera innegable los instrumentos y la legislación que en su
marco se adoptaron.
Hoy, objetivamente y más allá de la valoración que a cada
uno de los señores miembros le merezca estamos ante la
existencia de una supremacía tecnológica, militar y econó-
mica de un país sobre el resto, que es lo que caracteriza la
actual situación mundial.
Creemos entonces necesario reafirmar una profunda adhe-
sión a los propósitos y principios que animan a las Naciones
Unidas tanto para contar con una organización con activa
participación en pro de la paz como en la promoción del de-
sarrollo social y económico de la humanidad.
Pero reafirmar la multilateralidad no puede agotarse en un
mero ejercicio discursivo, sino que requiere una doble estra-
tegia: por un lado, apertura intelectual que permita compren-
der en toda su dimensión el nuevo escenario, que es objeti-
vo. Por el otro, reformulación de instrumentos y de normas
que permitan operar sobre esta nueva realidad del mismo
modo que se operó durante la bipolaridad para evitar que el
mundo saltara por los aires.
Multilateralidad y seguridad son elementos inseparables,
pero no únicos en esta nueva ecuación. [...]
En la integración económica y en la multilateralidad políti-
ca está la clave de un porvenir donde el mundo sea un lugar
más seguro. Necesitamos construir instituciones mundiales y
asociaciones efectivas, en el marco de un comercio justo y
abierto, además de fortalecer el apoyo para el desarrollo de
los postergados.[...]
En síntesis, resulta imprescindible advertir la íntima co-
nexión existente entre seguridad, multilateralidad y econo-
mía. (Kirchner: septiembre 2003)
EDUARDO D. OVIEDO
STUDIA POLITICÆ
01 ~ primavera/verano 200338
El núcleo central de la posición del gobierno sobre la multila-
teralidad sintéticamente puede expresarse de la siguiente ma-
nera:
a) La ONU es una institución multilateral;
b) La bipolaridad condicionó sus decisiones y recomenda-
ciones;
c) La nueva realidad es la supremacía tecnológica, militar y
económica de los Estados Unidos sobre el resto de los
países,
d) Argentina adhiere a los propósitos y principios de la
ONU;
e) La multilateralidad no debe ser un ejercicio discursivo
f) Requiere una doble estrategia: apertura intelectual para
entender el nuevo escenario y reformulación de los instru-
mentos y normas de la ONU para administrar la nueva
realidad.
g) Conexión entre seguridad, multilateralidad y economía.
Del discurso en Naciones Unidas queda claro que el presidente
distingue entre las organizaciones internacionales y la nueva
realidad. No es un dato menor ya que, como viene sucediendo
en el plano teórico, los autores asimilan multilateralismo con
organizaciones internacionales.
Recientemente, los presidentes de Argentina y Brasil incorpora-
ron a la declaración denominada Consenso de Buenos Aires
los dos siguientes párrafos:
Enfatizamos nuestro compromiso histórico con el fortaleci-
miento de un orden multilateral basado en la igualdad sobe-
rana de todos los Estados y rechazamos todo ejercicio de
poder unilateral incompatible con los principios y propósitos
consagrados por la Organización de Naciones Unidas.[...]
Entendemos que el multilateralismo y el respeto a las nor-
mas y principios del derecho internacional deben permane-
cer en el primer plano en todos los esfuerzos relacionados
39
con la seguridad internacional y, particularmente, en rela-
ción a los objetivos de desarme y no proliferación. (Con-
senso de Buenos Aires, octubre de 2003).
El primer párrafo es sustantivo ya que retoma la idea de un or-
den multilateral. Hemos explicado en extenso la falacia que re-
presenta dividir el orden internacional en multilateral o unilate-
ral (Oviedo: 2003a y b). El orden internacional no tiene estas
características, a pesar que la moda de ambos conceptos haya
llegado a incorporarlos a declaraciones y tratados entre Estados,
por ejemplo, los firmados entre China y Rusia. Solo representa
una visión estratégica o ideológica de oposición a los Estados
Unidos que no tiene sustentación teórica, por lo menos aquella
que requiere la contrastación empírica que sólo puede hallarse
en la evolución histórica del sistema internacional. Precisamen-
te la teoría crítica evade dicha contrastación bajo la idea de la
inconmensurabilidad de los paradigmas.
El segundo párrafo vincula multilateralismo, normas y princi-
pios del derecho internacional y seguridad. Si añadimos que
en la misma declaración las partes, basados en la Ronda Doha,
aspiran a consolidar un sistema multilateral de comercio
abierto, queda claro que se reitera la conexión entre seguri-
dad, multilateralidad y economía marcada por el presidente en
la ONU.
A nuestro entender, la multilateralidad del presidente Kirchner
oscila sin tener anclaje lógico. Ante la Asamblea Legislativa se
proclamó partidario de la multilateralidad en oposición al ali-
neamiento automático con los Estados Unidos, criticando la
unilateralidad de su política. En las Naciones Unidas, arenga
a los Estados a establecer las normas e instrumentos para regu-
lar una nueva realidad. ¿Cuál es esta nueva realidad? No es el
multilateralismo difuso ni el nuevo multilateralismo de los
partidarios de la teoría crítica, sino la existencia de una supre-
macía tecnológica, militar y económica de un país sobre el res-
to. Pero en el Consenso de Buenos Aires retoma nuevamente
EDUARDO D. OVIEDO
STUDIA POLITICÆ
01 ~ primavera/verano 200340
la teoría crítica y aboga por el fortalecimiento de un orden mul-
tilateral.
¿Cómo se explica este vaivén conceptual de ser partidario de la
multilateralidad a reconocer la hegemonía mundial estadouni-
dense para luego retomar el fortalecimiento de un orden multi-
lateral? Dos causas vienen a responder esta inquietud. Primero,
entre los dos iniciales discursos la Argentina normalizó las de-
terioradas relaciones con los Estados Unidos y el gobierno de
George W. Bush apoyó, incluso hasta ser factor indispensable,
todo el proceso de negociación con el FMI. Segundo, inconsis-
tencia en la base de sustentación teórica de los postulados bá-
sicos del multilateralismo, por persuasión ideológica que se en-
frenta con una realidad distinta.
El multilateralismo como realidad histórica distinta a
las organizaciones internacionales
El multilateralismo es un nuevo concepto pero no una nueva
realidad. Desde las interacciones de las comunidades primitivas
hasta la actualidad se ha considerado que el hombre no ha es-
tado nunca aislado sino en relación con sus semejantes. La ma-
yor intensidad del flujo económico, cultural y político entre na-
ciones a través del paso del tiempo generó una trama de
intereses, deseos, anhelos y voluntades que fue tejiéndose a lo
largo de los siglos.
El mundo previo a la conformación de las organizaciones inter-
nacionales, e incluso anterior a la formación del sistema de
conferencias periódicas, como el estatuido durante el Congreso
de Viena de 1815, conocía de relaciones multilaterales en el
ámbito del comercio, la cultura y la política. La fase histórica
del colonialismo, con el tráfico de esclavos, y la reacción anti-
colonial fue, sin duda, un proceso multilateral, al igual que el
sistema de comercio internacional sin OMC, GATT, Banco
41
Mundial o Fondo Monetario Internacional, regulado por la
mano invisible de Adams Smith y las reacciones proteccio-
nistas contra las potencias librecambistas del siglo XIX.
Los grandes conflictos del siglo XX, que involucraron distintas
áreas geográficas y gran número de estados, son también ejem-
plos del multilateralismo. La primera guerra mundial se desa-
rrolló al margen de las organizaciones internacionales. La se-
gunda escapó a la administración de la Sociedad de Naciones y,
excepto los períodos de distensión, el conflicto Este-Oeste aco-
la cooperación de las Naciones Unidas a los bloques confor-
mados. Mas aun, las Naciones Unidas eran la expresión de la
alianza multilateral contra estados enemigos: el nazismo ale-
mán, el fascismo italiano y el militarismo japonés.
Las organizaciones internacionales son instituciones derivadas
de los estados y fundan su poder en las relaciones políticas
existentes al momento de su conformación, que se alteran con
la dinámica política. Estas relaciones se basan en intereses con-
cretos regulados por el equilibrio o balanza de poder, principio
político del sistema que crea ordenes internacionales recurren-
tes. Por eso, como realidad histórica, el ámbito más importante
del multilateralismo es el sistema internacional, donde se susci-
tan las alianzas formales o informales, los entendimientos im-
plícitos o las políticas y acciones colectivas que son parte de la
esfera discrecional de los gobiernos. El principio de nación más
favorecida es claro ejemplo del multilateralismo en el ámbito
económico mientras que la seguridad colectiva lo es en el pla-
no político.
Las instituciones del multilateralismo
El multilateralismo se configura en el derecho y crea las insti-
tuciones y normas que regulan aspectos parciales de las relacio-
nes multilaterales. Por eso resulta común asociarlo con las po-
EDUARDO D. OVIEDO
STUDIA POLITICÆ
01 ~ primavera/verano 200342
líticas de los estados en las organizaciones internacionales.
Muy acertadamente, Andrés Franco plantea que ...en el plano
político, la tendencia ha sido evitar definiciones del multilatera-
lismo y, en su lugar, tratar el fenómeno como si fuera idéntico
al de las organizaciones internacionales.. Sin embargo no se
ciñe a éstas, puesto que el multilateralismo abarca sólo las in-
teracciones no institucionalizadas. Así se conforman dos tipos
analíticos: el multilateralismo propiamente dicho, que es pro-
ducto de la cooperación histórica concreta, y las instituciones
del multilateralismo, que dan vida a la diplomacia multilateral,
vinculada a las organizaciones internacionales, tratados y acuer-
dos que encauzan dicha realidad.
Las instituciones multilaterales, entre ellas las organizaciones
internacionales, son el medio formal que regula o trata de admi-
nistrar una parte del multilateralismo, mientras que el multila-
teralismo informal o no institucionalizado carece de dicho mar-
co. Esta distinción suele no ser tenida en cuenta y por eso se
intercambian comúnmente los conceptos de multilateralismo y
organizaciones internacionales. ¿Se puede afirmar que China no
estaba dentro del régimen multilateral de comercio antes de su
adhesión a la OMC en diciembre de 2001? En realidad, la ad-
hesión implicó la institucionalización de acciones comerciales
que ya realizaba por vía bilateral y la generación de otras esta-
tuidas en el protocolo de acceso.
En tal sentido, es preciso definir al multilateralismo no como
sinónimo de organización internacional sino como una realidad
de la política internacional que lo distingue de sus instituciones.
Es decir, la vinculación multilateral es más amplia que las in-
terrelaciones mantenidas por los estados en las organizaciones
internacionales, aunque, sin dudas, el multilateralismo histórico
y concreto tiene reflejo parcial en sus instituciones.
Las instituciones del multilateralismo también pueden escapar-
se a su realidad. La burocratización del G-7 ha llevado a la ex-
pansión de la institución, con la incorporación de Rusia y el
43
deseo de España de ser el número nueve. Pero, mientras que la
institución G-7 tiende a multilateralizarse, la realidad económi-
ca mundial tiende a la concentración. Si la institución fuese un
fiel reflejo de su realidad en la actualidad se debería llamar G-
6 manteniendo la participación de los Estados Unidos, Japón,
Alemania, Gran Bretaña y Francia, se debería excluir a Italia y
Canadá e incorporar a China. Es decir, mientras la organización
tiende a la burocratización y aparenta ser cada vez más multi-
lateral y participativa la realidad que representa tiende a la
concentración y exclusión.
Claramente Andrés Franco considera que ...el multilateralis-
mo es diferente del concepto de organizaciones multilaterales
o internacionales (OIs). Si bien es cierto que en las OIs es en
donde se da una parte del multilateralismo, la importancia de
aquellas en el ámbito global es aún limitada. Las OIs son en-
tidades físicas claramente identificables por su papelería, su
burocracia y procedimientos de trabajo. El multilateralismo,
por su parte, es una forma de interacción que puede o no dar-
se en medios institucionalizados. La tendencia actual que
equipara el multilateralismo con las organizaciones internacio-
nales y la diplomacia es inexacta pues existen OIs multilatera-
les y OIs que no lo son.
Un párrafo aparte merece su relación con la globalización. Cro-
nológicamente, el multilateralismo es posterior a la globaliza-
ción y se desarrolla bajo su ámbito. Las unidades principales
del sistema internacional los estados- son creaciones posterio-
res al descubrimiento de América, hito que marca el comienzo
del proceso de globalización. Si bien la tendencia a asociarse
entre tres o más unidades políticas es una conducta que puede
encontrarse en el medioevo y la antigüedad, la asociación de
tres o más estados es una práctica moderna, posterior al descu-
brimiento, que se ejecuta luego de concluida la formación del
sistema internacional. Por eso, el multilateralismo interestatal
aparece en el marco del proceso de globalización, sin negar que
EDUARDO D. OVIEDO
STUDIA POLITICÆ
01 ~ primavera/verano 200344
otras unidades, distintas al estado, hayan mantenido relaciones
multilaterales con anterioridad al comienzo del proceso.
De la noción multilateral al multilateralismo
La falta de definición unívoca conduce a profundizar el estudio
semántico del término.
La Real Academia Española define el término multilateral
como perteneciente o relativo a varios lados, partes o aspec-
tos (Real Academia Española: 2001). Una segunda definición,
también de la Academia, expresa que concierne a varios esta-
dos o afecta a las relaciones entre ellos.
En ambas definiciones, el término varios genera polémica.
Definido como algunos, unos cuantos, está en desacuerdo con
el significado etimológico del término multilateral, cuyo prefi-
jo multi, del latín multi, la misma Academia lo define como
muchos. Uso etimológico que se emplea en la definición del
término unilateral, que refiere o circunscribe solamente a una
parte o a un aspecto de algo. Nuevamente corroborado en la
definición del término bilateral, es decir, perteneciente o rela-
tivo a los dos lados, partes o aspectos que se consideran. Por
eso, es apropiado definir el término multilateral como pertene-
ciente o relativo a muchos lados, partes o aspectos. Lo mul-
ti implica muchos y no varios, siendo más preciso el término
plurilateral para expresar este último significado.
El término multilateralismo es un neologismo que sustantiva el
adjetivo multilateral. Se trata de algo o cosa y no una cualidad,
aunque se confunden el sustantivo y el adjetivo, y al definir el
multilateralismo siempre aparece el adjetivo multilateral.
En relaciones internacionales el multilateralismo está asociado
a la cooperación que, como el bilateralismo, presupone la nego-
ciación, sin descartar otras relaciones de poder.
45
Por eso, definir el multilateralismo implica necesariamente re-
currir al adjetivo multilateral y éste, a su vez, depende del sus-
tantivo aplicado. La práctica de las relaciones internacionales lo
describe como una especie de cooperación entre tres o más sis-
temas políticos que construyen acciones colectivas indivisibles
subordinando intereses nacionales a los intereses compartidos.
Es decir, consta de los siguientes elementos:
1. Es una de las dos especies genéricas de cooperación. La
otra corresponde al bilateralismo, que también expresa una for-
ma de cooperación a través de tratados, acuerdos, entendimien-
tos y otros mecanismos formales y no formales alcanzados en-
tre dos unidades políticas. Una conjunción de ambas se
encuentra en la cooperación multi-bilateral, que es la que reali-
zan dos sistemas políticos por medio de organismos multilate-
rales. Por ejemplo, la ayuda financiera otorgada por el gobier-
no del Japón a un determinado país centroamericano a través
del Banco Mundial.
Por cooperación se entiende la colaboración de las uniones
cooperantes manteniendo su estructura, con el fin de intensifi-
car las relaciones (Monsanto: 1996, p. 7). En consecuencia, el
proceso de integración de la Unión Europea no es expresión de
la cooperación multilateral, al implicar la pérdida de las estruc-
turas de las unidades, por lo menos respecto de las atribuciones
delegadas al órgano supra-estatal. Se trata, pues, en este caso,
de un proceso de integración y no de cooperación. Por eso, la
integración económica en sentido estricto no es parte del mul-
tilateralismo. El MERCOSUR es expresión de la cooperación
internacional y no de la integración pues carece de órganos co-
munitarios supra-estatales. De poseerlos, las decisiones del o
los órganos supra-estatales serán reguladas por el derecho co-
munitario mientras que las facultades no otorgadas seguirán re-
gidas por el derecho internacional. Esta es una clara diferencia
entre la cooperación e integración. Mientras tanto el MERCO-
SUR permanece en el ámbito de la cooperación internacional.
EDUARDO D. OVIEDO
STUDIA POLITICÆ
01 ~ primavera/verano 200346
2. Involucra a tres o más sistemas políticos. El uso del
concepto de sistema político en lugar del estado es un avance
aplicable al pensamiento neorrealista, que introdujo el análisis
sistémico al realismo pero cometiendo la omisión de intercam-
biar automáticamente estado por sistema político. El tér-
mino sistema político involucra a aquellas unidades que no
son estados pero participan en organizaciones internacionales;
o entidades políticas que no son estados pero cumple de facto
con sus funciones, a pesar de no ser reconocida como tal por
la comunidad internacional. Por ejemplo, la presencia de
Taiwan, Hong Kong y Macao junto a la República Popular
China en la OMC;
3. Construyen acciones colectivas indivisibles. El objeto del
multilateralismo es construir acciones colectivas indivisibles, es
decir, imposibles de ser analizadas, que no dependen del resul-
tado obtenido, debido a que su fracaso, no implica que no se
haya cumplido con las propiedades del proceso de cooperación
multilateral. La derrota de una alianza militar multilateral en el
campo de batalla no niega la cooperación entre las partes y la
acción colectiva.
La indivisibilidad no permite el análisis de la participación de
las unidades en la decisión colectiva ya que ésta es una cons-
trucción independiente de la acción de cada una de las partes.
De igual manera ocurre con el sistema y sus unidades.
4. Las unidades subordinan los intereses nacionales a los
intereses compartidos: Es decir, creen alcanzar mayores bene-
ficios a través de la defensa común de los intereses. Friedrich
los clasifica en compartidos y conflictivos. Los compartidos
pueden ser comunes o complementarios; los conflictivos pue-
den ser, divergentes o contradictorios, o bien mutuamente ex-
cluyentes (Friedrich: 1968). Esta predisposición a la defensa de
los intereses compartidos requiere de dos premisas: la existen-
cia de discordia y la carencia de armonía (Keohane: 1988).
47
Este concepto es diferente de la diplomacia multilateral, que es
la acción que realiza el Estado en conferencias y organizaciones
internacionales. Sin duda que en el ámbito de las organizacio-
nes internacionales también se construyen acciones colectivas,
indivisibles, subordinando intereses nacionales a los intereses
compartidos, pero ésta cooperación es un reflejo parcial del
multilateralismo y numerosos hechos y acontecimientos, de ca-
rácter multilateral, escapan a dichas organizaciones.
El presidente Kirchner, al referirse a la multilateralidad, está
pensando en las instituciones del multilateralismo y no en el
multilateralismo propiamente dicho. Aunque queda claro que
intenta aproximarse cuando plantea a la organización reformu-
lar los instrumentos y normas que permitan operar sobre la nue-
va realidad y, más precisamente, cuando entrelazar los concep-
tos de seguridad, multilateralidad y economía, y dentro de ésta,
a la integración económica. Pero como se ha observado, la in-
tegración económica no implica una relación multilateral, de-
biendo ser más preciso mencionar la cooperación económica y
al MERCOSUR como su ejemplo.
Tendencia histórica de la política exterior argentina a la
oposición y aceptación de las organizaciones internacionales
En el siglo XIX, Argentina rechazó participar de todas las con-
ferencias convocados ante las amenazas europeas de reconquis-
ta. El peligro que cernía sobre las emancipadas repúblicas fue
debatido en los congresos de Panamá, en 1826; Lima, en 1847;
Santiago, en 1856 y el Segundo Congreso de Lima, en 1864. Al
concluir los mismos, los representantes firmaron tratados de
alianzas, que los gobiernos negaron ratificar cuando el peligro
inmediato desapareció. Argentina no estuvo representada en
ninguno, salvo la asistencia de Sarmiento al Segundo Congreso
de Lima, aunque no en carácter
oficial.
EDUARDO D. OVIEDO
STUDIA POLITICÆ
01 ~ primavera/verano 200348
Su accionar ante la Primera Conferencia Panamericana constitu-
la más acabada expresión de oposición a la diplomacia mul-
tilateral en este siglo. Por entonces, Argentina tenía potenciali-
dades concretas de ser gran potencia y su comportamiento hizo
fracasar la propuesta estadounidense, de conformar una unión
aduanera hemisférica y un sistema de arbitraje obligatorio para
resolver las disputas, opuestos al universalismo declamado por
Roque Sáenz Peña. La participación argentina a la misma, más
que en defensa de los principios que la convocaban, fue a los
efectos de evitar el aislamiento de los otros Estados americanos
y gran parte del fracaso de la reunión se debió a su postura.
En el siglo XX, el rechazo a la diplomacia multilateral continuó
con la política del presidente Hipólito Yrigoyen hacia la Socie-
dad de Naciones, la inasistencia a la Conferencia de Concilia-
ción y Arbitraje (1928-1929) y el rechazo a suscribir el pacto
Briand-Kellogg.
La historiografía confirma esta constante de oposición. Whi-
taker seguido por Gilbert menciona la oposición a las
alianzas multilaterales como una de las más persistentes tra-
diciones de la política exterior argentina (Gilbert: 1995). Satas
considera que las presidencias de Mitre, Sarmiento y Avellane-
da llevaron a cabo una política exterior desconfiada de la mul-
tilateralidad (Satas: 1987, ps. 204-205). Para Sergio Bagú, Yri-
goyen ...No quiso utilizar ninguno de esos organismos
internacionales
2
como tribuna. Ni él ni su régimen tenían, evi-
dentemente, marcada vocación ni habilidad para la diplomacia
multilateral... (Bagú: 1971, p. 83).
Existen, empero, excepciones a esta constante. Tras el golpe de
Estado del 6 de septiembre de 1930, el ministro Saavedra Lamas
cambió la orientación del Palacio San Martín con el Pacto An-
2
Se refiere a la Unión Panamericana y la Sociedad de Naciones. Nota del
autor.
49
tibélico, y al obtener la ratificación estadounidense, motivó la
adhesión de Argentina al Pacto Briand-Kellogg. A estas iniciati-
vas se añaden la asistencia a las reuniones del sistema interame-
ricano, la Conferencia de la Paz realizada en La Haya en 1907 y
la participación como Estado garante del protocolo de Paz,
Amistad y Límites, de 1942, que resuelve el conflicto limítrofe
entre Ecuador y Perú. Otra excepción aparece durante la presi-
dencia de Alvear, quien atribuyó importancia a la Sociedad de
Naciones, aunque no obtuvo del Congreso la aprobación para el
reingreso. Recién en 1933, durante el gobierno de Justo, el mi-
nistro Saavedra Lamas será quien promoverá el regreso, poste-
riormente designado en 1935 presidente de la Asamblea.
Aunque Saavedra Lamas había impreso una orientación distin-
ta a la tradición diplomática, la aceptación de las organizacio-
nes internacionales comienza a ser tendencia más firme con el
ingreso a las Naciones Unidas. Continúa contradictoriamente
durante el gobierno de Perón, se expande con la Revolución
Libertadora, las presidencias de Illia y Onganía, acelerándose
tras la derrota en el Atlántico Sur. Es decir, la importancia de
las instituciones del multilateralismo para la política exterior es
concomitante al período de decadencia, recurriendo cada vez
más a los organismos internacionales a medida que se agudiza
la pérdida de poder. Por eso, coincidimos con Carina J. Miller
cuando expresa
...Argentina esperaba que las decisiones y normas internacio-
nales funcionaran como una fuente de influencia a nivel sis-
témico que supliera su falta de poder. (Miller: 2000, p. 39).
La fase previa a la incorporación a la ONU está marcada por
una serie de conferencias interamericanas que culminaron con
la decisión del ingreso. La presión ejercida por los Estados
Unidos llegó aislar a la Argentina, que fue resistido hasta que
la guerra marcó una tendencia sobre su resultado. Por eso, la
incorporación a la organización fue impuesta por el marcado
aislamiento en el que se encontraba el país.
EDUARDO D. OVIEDO
STUDIA POLITICÆ
01 ~ primavera/verano 200350
El gobierno de Perón rompió la tradición argentina de rechazo
a la conformación de un sistema de seguridad colectiva con las
ratificaciones del Acta de Chapultepec y el TIAR. Tendencia
contradictoria con la posición adoptada ante la constitución de
la OEA, los acuerdos de Bretton Woods y el marcado bilatera-
lismo en el ámbito de las relaciones económicas externas.
La Revolución Libertadora reinsertó la economía argentina en
el multilateralismo institucional. Al romper con la política bila-
teral, la reacción liberal tendía a desperonizar la política ex-
terior más que demostrar un apego estricto al multilateralismo.
Se ratificó la Carta de la OEA, los acuerdos de Bretton Woods
y el Acta de París. Por eso, su participación en estas institucio-
nes no es la expresión de una voluntad pura de adherir a partir
del claro convencimiento de las normas que la vinculan sino
que surge de la clara enemistad con el gobierno anterior.
El gobierno de Illia llevó la cuestión Malvinas al ámbito de la
ONU e ingresó como miembro observador del movimiento No
Alineados. Tras ser derrocado, el gobierno de Onganía adhirió
al GATT, promovió la reforma a la Carta de la OEA y firmó el
Tratado de la Cuenca del Plata. Mientras que durante el tercer
gobierno peronista Argentina ingresó como miembro pleno en
No Alineados.
El gobierno británico y sus aliados aislaron a la Argentina en la
ONU, especialmente en el Consejo de Seguridad, durante el
conflicto de Malvinas. La expresión paria internacional, acu-
ñada por Carlos Escudé, expresa el estado de aislamiento de la
Argentina, que sólo contó con expresiones de deseo de la ma-
yoría de los miembros de la OEA y del movimiento de países
No Alineados, cuyas resoluciones no alteraban la relación de
fuerzas en desequilibrio para nuestro país. Los presidentes Big-
none y Alfonsín pusieron énfasis en el ámbito multilateral para
el planteamiento de la cuestión, ya que los recursos de poder y
la acción externa estaban totalmente debilitados. Fue también
Alfonsín el promotor de otras iniciativas como el Grupo de
51
Apoyo a Contadora y el Grupo de los Seis para la paz y el
desarme.
Menem, por el contrario, sin rechazar el ámbito multilateral
(salvo el retiro de No Alineados), puso hincapié en las relacio-
nes bilaterales, tendencia que nuevamente fue alterada por Fer-
nando De la Rúa donde lo multilateral tendrá prioridad. Duran-
te su gobierno, como también frente a la crisis institucional
producida tras su dimisión, al igual que en los gobiernos de
Alfonsín y Menem, quedará clara la creciente importancia de
los organismos financieros internacionales. Por último, la parti-
cipación argentina en el MERCOSUR expresa la inserción plu-
rilateral que aparece como escala intermedia hacia el universa-
lismo. El temor a la apertura global es un síndrome que
proviene de la tendencia histórica de la escasa importancia que
el país asignó a las instancias multilaterales institucionalizadas.
El multilateralismo en la historia de las relaciones externas
de Argentina
A los casos que ejemplifican la diplomacia multilateral se aña-
den los pertenecientes al multilateralismo propiamente dicho,
no institucionalizado.
La inserción más clara de Argentina en este ámbito surge de su
participación en la red de acuerdos bilaterales basados en el
principio de nación más favorecida que estableció el libre co-
mercio sin organizaciones internacionales que lo regularan.
Desde mediados del siglo XIX hasta la crisis de 1929, la Ar-
gentina fue un país abierto, orientando su mercado hacia Euro-
pa y resolviendo las cuestiones de límites territoriales que man-
tenía la interacción con los Estados vecinos. La Argentina no
estuvo aislada más allá que por sus condiciones geográficas,
confundiéndose aislamiento con oposición a las instancias mul-
tilaterales formales, en un tiempo donde las organizaciones in-
EDUARDO D. OVIEDO
STUDIA POLITICÆ
01 ~ primavera/verano 200352
ternacionales comenzaban, con escasa intensidad, a tener pre-
sencia. Por eso, los gobiernos negaron la diplomacia multilate-
ral, aunque no la diplomacia bilateral y, a partir de ésta, el mul-
tilateralismo, que contradice el mentado aislamiento de su
política exterior.
En esta apreciación incurren varios autores cuando analizan el
gobierno de Yrigoyen, considerándose que practicó el aisla-
miento al rechazar su ingreso a la Sociedad de Naciones. El re-
chazo no implicó el aislamiento del país tal como se llegó en
1944, bajo presión de los Estados Unidos, o durante el proceso
de transición a la redemocratización (1982-1983), tras la derro-
ta en Malvinas. En ambos casos el aislamiento provino del ex-
terior y no de una decisión propia, como la experiencia de las
fronteras ideológicas durante el gobierno de Onganía, que
restringía el ámbito de acción de una política exterior que se
consideraba tradicionalmente universalista.
La mediación de Argentina, Brasil y Chile (ABC) en el conflic-
to entre los Estados Unidos y México desatado por la revolu-
ción mejicana es un claro ejemplo de distinción entre el multi-
lateralismo y sus instituciones. Tras su formación espontánea,
el 25 de mayo de 1915 intentó institucionalizarse en un tratado,
aunque la Argentina nunca lo ratificó. El intento del paso al
multilateralismo formal no tuvo la importancia que adquirió
como expresión factual de una entente ante un conflicto que
ponía en jaque la paz interamericana. Esta práctica esporádica
de consulta entre tres cancillerías (Bagú: 1971, p. 72) es un
clásico ejemplo de entendimiento estratégico tácito que corres-
ponde al multilateralismo informal.
Previamente, actos unilaterales como las doctrinas Calvo (1868)
y Drago (1902) se multilateralizaron y conformaron concretos
enunciados que fortalecieron el principio de no intervención.
Carlos Calvo planteó que los inversores extranjeros no podían
apelar a tribunales que no fueran los de la nación en donde es-
taban radicados. Luis María Drago trató de mantener el princi-
53
pio de que la deuda pública no puede dar lugar a la interven-
ción armada, ni menos a la ocupación material del suelo de las
naciones americanas por una potencia europea (Drago: 1938,
citado por Lanús: 2001, p. 284). La idea de Drago coincidía
con la doctrina Monroe y, por último, fue aceptada por el pro-
pio Estados Unidos en la conferencia de La Haya de 1907 y en
la declaración de solidaridad en Buenos Aires de 1936 (Peter-
son: 1986, p. 308). Pero más importante para este estudio es
que la doctrina se multilateralizó
Al proponer para el hemisferio occidental una política de
resistencia multilateral a cualquier intervención europea
destinada a cobrar las deudas públicas, Luis Drago acercó
más a su país al concepto de regionalismo americano que
ningún otro de sus predecesores o sucesores. (Peterson:
1986, p. 308)
Las crisis financiera y comercial de 1929 forzó a las grandes
potencias a abandonar el multilateralismo económico. La crisis
impactó en Argentina por su alianza con las potencias europeas
y el polémico pacto Roca-Runciman, encarnación del naciente
bilateralismo que se extenderá con mayor ímpetu durante las
décadas siguientes, ocultaba el intento por mantener relaciones
multilaterales con la Comunidad Británica de Naciones.
El multilateralismo también se observó en la mediación argen-
tina en la guerra del Chaco paraguayo. Aquí se conjugan una
serie de instituciones (Comisión de Neutrales, la gestión del
ABCP
3
y la Sociedad de Naciones), los buenos oficios, media-
ción y los vínculos bilaterales con las partes en disputa que en-
riquece al multilateralismo y la diplomacia multilateral, dado
que, por el tiempo prolongado del conflicto, la cuestión se tra-
en diversos ámbitos y bajo distintas condiciones. El ministro
Saavedra Lamas logra generar un liderazgo hemisférico fruto de
3
Argentina, Brasil, Chile y Perú.
EDUARDO D. OVIEDO
STUDIA POLITICÆ
01 ~ primavera/verano 200354
la habilidad diplomática y de los recursos con los cuales conta-
ba el país por entonces.
El problema del reconocimiento del golpe de Estado de 1943 y
el gobierno de Guido generaron una acción multilateral prove-
niente de países extranjeros. La descolonización de los países
afroasiáticos es cuestión multilateral que obligó a la Argentina
a adoptar posición desde la primera presidencia de Perón. En-
tre los conflictos multilaterales, en el marco de la bipolaridad,
Frondizi buscó mediar en la cuestión de Cuba y Guido colabo-
con efectivos navales y aéreos durante la cuarentena de bu-
ques ante la crisis de los misiles cubanos. Arturo Illia decidió
no enviar tropas a Santo Domingo e, incluso, debió adoptar po-
sición frente a la guerra de Vietnam, a pesar de no ser tratada
en la ONU. Como se expresó, el golpe de Estado de Onganía
limitó las relaciones exteriores a los países capitalistas bajo el
concepto de barreras ideológicas, posteriormente ampliadas
por Lanusse. Pero, es dable aclarar que la realidad política su-
peró la ideología y el gobierno de Onganía, aunque no deseaba
el contacto con países de régimen comunista, debía adoptar de-
cisiones que los involucraban en distintos foros. Durante el lla-
mado Proceso de Reorganización Nacional se planteó el con-
flicto por las represas hidroeléctricas con Paraguay y Brasil. La
guerra de Malvinas fue un conflicto bilateral pero con amplia
incidencia multilateral, formal e informal. El retorno a la demo-
cracia con Alfonsín dejó escaso margen al multilateralismo in-
formal a partir de la férrea adhesión a las organizaciones inter-
nacionales.
Conclusión
El impacto del multilateralismo en Argentina se observa en el
paso del plano académico al ámbito gubernamental. La diplo-
macia presidencial, concepto empleado para separar a la canci-
llería que es el órgano burocrático asesor, adopta la teoría críti-
55
ca neomarxista para el análisis de multilateralismo en las rela-
ciones internacionales. Pero, el fracaso tanto teórico como prác-
tico del marxismo permite detectar contradicciones lógicas en-
tre la orientación ideológica del gobierno, su propio discurso y
la realidad política. Añadiéndose a la confusión académica en-
tre multilateralismo, sus instituciones y el accionar de los Esta-
dos en estas últimas. Por eso, al margen de la problemática
ideológica de fondo, resulta clave como punto de partida para
ordenar las ideas, reiterar que diplomacia multilateral, multila-
teralismo y organizaciones internacionales no son conceptos
intercambiables y que el multilateralismo pertenece a la esfera
de la cooperación internacional.
El rechazo y aceptación a participar en las organizaciones inter-
nacionales son dos tendencias que caracterizan a la política ex-
terior argentina. El rechazo resulta constante desde la confor-
mación del Estado nacional hasta el ingreso a la ONU, sin ser
de carácter absoluto y teniendo en cuenta las mencionadas ex-
cepciones que nos alejan de la tendencia general. Al margen de
tener en cuenta la diplomacia de Saavedra Lamas, a partir de
1945 comienza el proceso de cambio, pasando del rechazo a la
aceptación de las instituciones del multilateralismo, constante
profundizada a medida que se deprecia el poder nacional y
avanza la globalización. Tras la Segunda Guerra Mundial, la
República Argentina avanzó en las instituciones del multilatera-
lismo sin la convicción de que de dichas instituciones podrían
favorecer al interés nacional, ya que éstas constituyen una mí-
nima expresión de la política mundial.
Diferente es el caso del multilateralismo propiamente dicho, es
decir, como realidad histórica concreta. Argentina fue proclive
a la cooperación entre tres o más Estados a través de entendi-
mientos tácitos, acuerdos bilaterales que se multilateralizaron,
resolución de conflictos o doctrinas, como la Calvo o Drago,
que tuvieron impacto multilateral. Como expresa Bagú ...Ar-
gentina, tan distante geográficamente de Europa como de Esta-
EDUARDO D. OVIEDO
STUDIA POLITICÆ
01 ~ primavera/verano 200356
dos Unidos, parecía destinada a ser, entre los países no indus-
triales, la cuna de la multilateralidad y la escuela de la op-
ción.. De hecho lo fue, a pesar de excepciones a la regla y la
oposición a las organizaciones internacionales.
Resumen
Tras introducir al estado de los estudios a nivel mundial y
regional, el autor analiza el impacto del multilateralismo
en la política exterior argentina. En este ámbito, observa
el paso del plano académico al ámbito gubernamental a
partir del análisis del discurso del presidente Néstor Kir-
chner y su accionar en los primeros cinco meses de go-
bierno. Detecta incongruencias entre el plano ideológico,
el discurso y la práctica política que se suman a la confu-
sión académica de indiferenciar entre el multilateralismo,
sus instituciones y la acción de los Estados en éstas. Por
eso, el autor como lo viene realizando en otros estu-
dios entiende el multilateralismo como una especie de
cooperación entre tres o más sistemas políticos, que cons-
truyen acciones colectivas, indivisibles, subordinando in-
tereses nacionales a los intereses compartidos. Totalmente
distinto de sus instituciones y la diplomacia multilateral.
Pero, para facilitar la comprensión de la tradición argenti-
na realiza una evolución histórica de la política exterior,
detectando la tendencia de oposición y posterior acepta-
ción de la participación en las organizaciones internacio-
nales. La misma evolución la lleva a cabo con el multila-
teralismo propiamente dicho, afirmando que la Argentina
siempre fue proclive al mismo. Siendo principal ejemplo
su participación en el libre comercio mundial, desde me-
diados del siglo XIX hasta la década del treinta del siglo
XX, a través de una red multilateral de tratados bilatera-
les basados en el principio de nación más favorecida. Sin
obviar que otro importante ejemplo, como la seguridad
colectiva, no ha sido tratado en el presente artículo. Cabe
resaltar que ambas tendencias poseen excepciones, que-
dando el camino abierto a la profundización de esta temá-
tica.
57
Abstract
After introduce the research situation at world and
regional levels, the author analyzes the impact of
multilateralism to Argentina foreign policy. In this field,
observe the passage from academic circle to government
structure from analyze of president Néstor Kirchners
speech and his practices at the former five months of
government. Detects no congruence between the
ideology, discourse and political reality in addition to
academic confusion between multilateralism, his
institutions and multilateral diplomacy. Consequently, the
author as equal he has coming realize in another
studies understands the multilateralism as a specie of
cooperation between three o more political systems, than
construct indivisible and collective actions, subordinating
the national interests to the common interests. This
concept is totally different from his institutions and
multilateral diplomacy. But, in order to facility the
Argentina tradition compression, Oviedo realizes a brief
history of evolution of the opposition tendency and, then,
acceptation tendency on participates in international
organizations. The same evolution is realizes with
multilateralism, observing than Argentina always is
proactive to cooperation, with many exception. The
principal example is the participation in the world free
trade, from middle of XIX century to the third decade of
XX century, across a multilateral network in base of
bilateral treaty under the principle of most favored nation.
Without obviate another important example, as the
collective security, dont explain in this present article.
There is no doubt, both tendency have exceptions, in
remaining open the discussion to deepen this thematic.
EDUARDO D. OVIEDO
STUDIA POLITICÆ
01 ~ primavera/verano 200358
Bibliografía
A
LONSO, José Antonio. Instituciones multilaterales y gobernabilidad
del sistema internacional, Instituto Complutense de Estudios Inter-
nacionales, http://www.ucm.es/info/icei/publica/multilateral/pdf.
B
AGÚ, Sergio. (1971), Argentina en el mundo. (Buenos Aires: Fondo
de Cultural Económica).
C
AMARGO, Sonia de. (2000) Orden mundial, multilateralismo, regio-
nalismo. Perspectivas clásicas y perspectivas críticas. Rojas Ara-
vena, Francisco (editor). Multilateralismo. Perspectivas latinoame-
ricanas, (Caracas: Nueva Sociedad).
CAPORASO JAMES, A. (1992) International relations theory and multi-
lateralism: the search for foundations, en International Organiza-
tion, Vol. 46, 3 (University of Southern California).
C
ISNEROS, Andrés y ESCUDÉ, Carlos (comp.). Historia de las Relacio-
nes Exteriores de la República Argentina, en http://argentina-
rree.com/8/8-015.htm.
Consenso de Buenos Aires, en http://www.estadao.com.br/economia/
noticias/2003/out/16/76.htm
C
OX, Robert W. (1996) Multilateralism and World Order, en COX R.
T. y S
IDAIR, T. S. (ed.). Approachs to World Order. (Cambridge
University Press).
. (1996) Reconsiderations. C
OX, Robert W. The multilatera-
lism and World Order. (Nueva York: United Nations University
Press).
D
RAGO, Luis María. (1938) Discursos y Ensayos, Tomo III. (Buenos
Aires: El Ateneo.
D
URÁN, Roberto. (1988) Las organizaciones internacionales, en
W
ILHELMY, Manfred. Política internacional: enfoques y realidades.
(Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano)
F
RANCO, Andrés. América del Sur y multilateralismo, http://
www.adenauer.com.br/PDF/Cad_7/espan/Franco.PDF
F
RIEDRICH, C. J. (1968) El hombre y el Gobierno. Una teoría empíri-
ca de la política. (Madrid: Tecnos).
G
ILBERT, John H. (1995) Argentina en Naciones Unidas 1946-1962.
(Córdoba: Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales y
la Asociación Argentina de Derecho Internacional).
59
KAHLER, Miles (1992) Multilateralism with small and large num-
bers, en International Organization, Vol. 46, 3. (University of
Southern California).
K
EOHANE, Robert. (1988) Después de la hegemonía. Cooperación y
discordia en la política económica mundial (Buenos Aires: Grupo
Editor Latinoamericano)
. (1990) Multilateralim: an agenda for research, XLV (Cana-
dá: International Journal).
K
IRCHNER, Néstor. Discurso ante la Asamblea Legislativa, Buenos
Aires, de marzo de 2003.
. Discurso ante la 58ª Asamblea Anual de la ONU, Nueva
York, 25 de septiembre de 2003.
L
ANÚS, Juan A. (2001) Aquel apogeo. Política internacional argenti-
na 1910-1939, (Buenos Aires: Emecé).
M
AIRA, Luis. (2000) América Latina en el último tercio del siglo
XX: proyectos políticos e inserción internacional. R
OJAS ARAVE-
NA, Francisco (editor). Multilateralismo. Perspectivas latinoameri-
canas (Caracas: Nueva Sociedad).
M
ARTIN, Lisa L. (1992) Interests, power, and multilateralism, en In-
ternational Organization, Vol. 46, N° 3 (University of Southern Ca-
lifornia).
M
ILLER, Carina J. (2000) Influencia sin poder. El desafío argentino
ante los foros internacionales (Buenos Aires: Grupo Editor Latino-
americano).
M
ONSANTO, Eduardo A. (1996) Derecho internacional y derecho de
la integración (a propósito del derecho comunitario), en Ponen-
cias, IEZEI, Año II, 5 (Rosario: Cerider).
O
VIEDO, Eduardo D. (1994) Las relaciones argentino-chinas bajo la
administración Menem. Sus perspectivas para los años noventa,
en Ponencias, Año I, 2 (Rosario: Cerider).
. (2001) Argentina y el Este Asiático. Política Exterior de 1945
a 1999. (Rosario: Editorial de la Universidad Nacional de Rosario).
. (2003a) El error del «multilateralismo», en diario La Na-
ción, suplemento Enfoques, Buenos Aires, 8 de junio.
. (2003b) Análisis del concepto multilateralismo en la políti-
ca internacional, en Diplomacia, 94 (Santiago de Chile: Aca-
demia Diplomática de Chile).
EDUARDO D. OVIEDO
STUDIA POLITICÆ
01 ~ primavera/verano 200360
PETERSON, Harold F. (1986) La Argentina y los Estados Unidos.
Tomo I 1810-1914 (Buenos Aires: Hispamérica).
R
EAL ACADEMIA ESPAÑOLA, Diccionario 2001, en http://rae.es.
RUGGIE, John Gerald. (1992) Multilateralism: the anatomy of an ins-
titution en International Organization, Vol. 46, 3 (University
of
Southern California).
SATAS, Hugo Raúl. (1987) Una política exterior argentina (Buenos Ai-
res: Hispamérica).