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Helio Jaguaribe
T
enemos los subdesarrollados del mundo en gene-
ral, y estos dos subdesarrollados que hoy son Ar-
gentina y Brasil en particular, un futuro indefinido para
superar nuestro subdesarrollo y convertirnos en una sociedad
plenamente desarrollada, que pueda jugar un papel significativo
en la historia de nuestro tiempo, en este incipiente siglo XXI o,
al revés, la historia se está estrechando en relación a las posi-
bilidades de que disponemos y nos reserva un plazo histórica-
mente corto para que logremos hacer lo que queremos hacer?
Esa es la gran cuestión. Y ahora, evidentemente, vista en su to-
tal profundidad, no es fácil de contestar.
Desde luego, la idea de plazos históricos sólo se puede com-
prender si uno mira hacia atrás. Y si uno mira hacia atrás, o sea
hacia el pasado histórico, observará que, en determinadas situa-
ciones, algunas sociedades han sido capaces de hacer ciertas
cosas que otras no hicieron y que, al hacer cosas que las demás
no hicieron, esas sociedades se han adelantado en relación a las
otras. Podemos dar algunos ejemplos muy interesantes. Cuando
los occidentales inicialmente los españoles y los portugueses,
y después otros países de Europa empezaron los viajes marí-
timos del siglo XV y del siglo XVI y llegaron hasta tierras tan
lejanas como Japón, como India o China, estos países tenían un
MERCOSUR y ALCA
STUDIA POLITICÆ Número 01 ~ primavera/verano 2003.
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacio-
nales, de la Universidad Católica de Córdoba, República Argentina.
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01 ~ primavera/verano 200316
sistema, en cierto aspecto, superior a la Europa de aquel tiem-
po. China, por ejemplo, desde el siglo II d.C. tenía su elite for-
mada por concurso público: la nobleza china no era hereditaria,
era una nobleza meritocrática por concurso público. En el tem-
plo de Confucio (admirable pensador, sabio y estadista) hay
una gran cantidad de estelas con los nombres grabados de quie-
nes lograron su admisión al mandarinato por concurso público.
Esta extraordinaria situación, sin embargo, tenía retrasos técni-
cos, en virtud de los cuales los grupos europeos (portugueses,
después españoles, luego holandeses e ingleses) lograron esta-
blecer enclaves en los países orientales y sostenerlos por la su-
perioridad de su armamento y de su técnica bélica. Gradual-
mente, mediante el comercio intensivo, el comercio
transatlántico que se inicia con Colón y Vasco da Gama,
se abrió una nueva era en la historia de Europa con el desarro-
llo de esto que los economistas llaman mercantilismo, el cual,
con técnicas de maximizar exportaciones y minimizar importa-
ciones, enriqueció las naciones. Gracias a estos expedientes, la
relación de riqueza per capita entre los asiáticos y los euro-
peos, que era de 1 a 1 quizá un poco más se convierte en
1 a 2. Es decir, el hecho de que los asiáticos no comprendieran
ciertas técnicas militares y navales ni la ventaja del comercio
internacional, les produjo una pérdida del espacio histórico,
convirtiéndose en naciones menos importantes en relación a
Europa.
Un segundo salto gigantesco se va a observar con la revolución
industrial, empezando por Inglaterra y, más tarde, Francia y
Alemania. Los pueblos que acompañaron la revolución indus-
trial marcaron sobre los demás una extraordinaria superioridad.
Definitivamente, el mundo asiático se transformó en tercer
mundo; pero también dentro de Europa, los países no industria-
lizados (España, Portugal, Grecia) se tornaron países de segun-
da. Cuando uno piensa que España había hecho el más grande
imperio de occidente y se convierte en un país de tercer mundo
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en el siglo XIX, porque no tuvo la capacidad oportuna de pro-
ceder a su industrialización, entonces la cuestión es ésta: ¿son
o no son recuperables los plazos históricos perdidos? En algu-
nos casos hay que decir que sí: Japón, por ejemplo, empezó a
tener un principio de recuperación por la restauración Meiji,
luego aceleró de una manera espantosa después de su propia
derrota militar en la Segunda Guerra Mundial, y hoy es una
potencia tecnológica de primera calidad. El caso de España es
otro caso interesante: era un país del tercer mundo hasta hace
30 años y, gracias a un extraordinario esfuerzo de recuperación,
se convirtió en un país de alto nivel. Lo que le posibilita este
rápido ascenso es su integración en Europa, mientras que, en el
caso de Japón, ha sido la extraordinaria energía de este admira-
ble pueblo.
En Argentina y Brasil, países de desarrollo mediano, tenemos
una cultura occidental importante; hay personas de altísima ca-
lidad científica en nuestros países, hay industrias de buena ca-
lidad, servicios interesantes y, sin embargo, tenemos lagunas
terribles que nos mantienen en la condición de subdesarrolla-
dos. ¿Es posible, en un momento futuro, recuperarnos de ese
retraso o no?
Me parece que tenemos un plazo históricamente muy corto para
salir de nuestro subdesarrollo y alcanzar un nivel sustentable de
desarrollo comparable a un país del sur de Europa. El proceso
de globalización, fuertemente acentuado por el unilateralismo
imperialista del gobierno de Bush, está estrechando lo que yo
llamaría espacios de permisibilidad de los países emergentes.
¿Qué futuro nos aguarda? Con un grado de relatividad, porque
el absolutismo dogmático es ajeno a mi visión metodológica de
las ciencias sociales, diría que, si continuamos como estamos,
dentro de no más de pocos años nos convertiremos en segmen-
tos indiferenciados del mercado internacional y en provincias
del sistema americano. Desde Washington se nos dictará lo que
se puede hacer y lo que no se puede hacer. Domésticamente, las
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multinacionales se van a apoderar de nuestros mercados, y
nuestros dirigentes, aunque mantengamos los ritos democráti-
cos, van a ser electos para funcionar como gestores de los ne-
gocios de esas multinacionales y tendrán que actuar de manera
compatible con la eficiencia del mercado internacional, dentro
de límites fijados por Washington.
¿Tenemos salida a esta alternativa? Yo creo que sí, si realiza-
mos lo más prontamente posible un gran esfuerzo de desarrollo
económico, tecnológico, de dimensión social y de otras, for-
mando un sólido eje estratégico de alianza argentino-brasileña
para ofrecer una capacidad de resistencia histórica significativa-
mente superior a la que, aisladamente, disponemos. Dentro de
veinte años podremos lograr, si hacemos lo que podemos hacer,
un nivel social equivalente al de España de hoy, con un nivel
tecnológico equivalente a la Italia de hoy. Logrado esto, vamos
a lograr muchas más cosas.
A partir del eje argentino-brasileño, alcanzaremos la definitiva
consolidación del Mercosur, probablemente con la incorpora-
ción de otros países sudamericanos (Perú, Venezuela y, en su
momento, Bolivia y Chile). Por otra parte, lograremos hacer
un sistema sudamericano de cooperación y libre comercio que
nos va a proporcionar un espacio económico importante, el
cual nos promoverá a un nivel de interlocución internacional
significativo.
Tenemos, claramente, dos alternativas: 1) la satelización, la
conversión en segmentos indiferenciados del mercado interna-
cional (con los himnos, la bandera, etc., pero la efectividad del
poder ejercitado por multinacionales internamente y por Was-
hington externamente); 2) un sistema revestido de significativa
autonomía con capacidad de ser un interlocutor del mundo del
siglo XXI.
Llegados a este punto, es necesario examinar qué alternativas
probables se presentan al mundo. Una alternativa consiste en
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que se consolide de una manera globalizada la hegemonía
americana. Estados Unidos, después de la implosión de la
Unión Soviética, se convirtió en la única superpotencia y, gra-
dualmente, con el gobierno de Bush está exhibiendo, con total
desprecio por Naciones Unidas, una postura imperial. Este im-
perio está contenido por algunas barreras que todavía no logra
trasponer: la barrera china, la barrera india, la barrera rusa has-
ta cierto punto, e igualmente la barrera islámica. Este sistema
podrá consolidarse de manera total en un par de decenios y lle-
gar a los años 20 con un gran nuevo imperio americano.
La otra alternativa es la siguiente: un país como China, que lo-
gró salir del caos generado por las locuras de Mao Zedong a
través de esta figura increíblemente competente que ha sido
Deng Xiaoping, pudo alcanzar un ritmo continuado de 8 % de
crecimiento anual y, si mantiene este ritmo, se convertirá a me-
diados de siglo en una potencia equivalente a Estados Unidos.
Un país como Rusia, que sale de la conversión caótica de un
sistema de socialismo centralizado a un sistema capitalista do-
minado por mafias y bandidos de todo tipo, logra, a través de
la administración prudente de Vladimir Putin, recuperar su sen-
tido de ley, de orden y de progreso. No olvidemos que Rusia es
una sociedad de alto nivel educacional (superior en promedio a
la americana). Si esta sociedad educada, disponiendo de recur-
sos naturales, mantiene el ritmo que está imponiendo el presi-
dente Putin, estará en condiciones, dentro de dos o tres déca-
das, de recuperar su condición de superpotencia. Entonces,
alternativamente a un imperio americano o universal, existe la
posibilidad de una nueva polarización mundial, un nuevo mun-
do multipolar. EE.UU. conservará seguramente su importancia,
pero emergerán una superpotencia china, una superpotencia
rusa, y podrán emerger algunas otras cosas.
También hay que mencionar tres puntos interesantes.
1) Qué va a pasar con la Unión Europea, gigante cultural y ena-
no político-militar. En virtud de la incorporación de los países
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que proceden del antiguo mundo comunista, la unidad política
europea quedará más disminuida que actualmente, por lo que la
Unión Europea se va a caracterizar por ser una comunidad eco-
nómica operativa para la prosperidad de sus miembros, pero sin
ninguna capacidad de decisión política externa. Sin embargo,
hay indicaciones que tenderán a se formar dos subsistemas po-
líticos: uno atlántico, bajo el liderazgo británico y contando,
probablemente, con la participación de los países escandinavos
y de Holanda; y otro europeizante, bajo el liderazgo francoger-
mánico o latinogermánico, que aspirará a tener una política ex-
terna o de defensa propia.
2) La India (que va a tener una población superior a la de Chi-
na dentro de algunos decenios), a despecho de sus conflictos
internos entre el sector musulmán y el sector hinduista, posee
una tasa de crecimiento superior a la nuestra y un universo
científico superior al nuestro. Hay más científicos en China e
India que en Brasil y Argentina. India es uno de los principales
países del mundo en el desarrollo de softwares, y camina hacia
un destino propio, para no ser un satélite americano ni un seg-
mento del mercado internacional.
3) Hay posibilidades para que a partir del eje Argentina-Bra-
sil se forme un sistema sudamericano alrededor del Mercosur,
que tenga un protagonismo moderadamente autónomo. No va
a ser una superpotencia, pero un sistema de desarrollo au-
tosustentable y de satisfactorio margen de autonomía. En el
caso de que se formare el imperio americano, si nosotros lo-
gramos un desarrollo importante, entraremos con Europa como
provincia de primera clase; si, como yo creo, el mundo cami-
na hacia una nueva multipolaridad, un sistema sudamericano,
teniendo al Mercosur como núcleo, será un interlocutor signi-
ficativo.
Ahora hagamos una reflexión sobre el imperio americano. La
expresión imperio americano es corriente, e incluso actual-
mente es utilizada por escritores estadounidenses. ¿Qué tipo
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de imperio es éste, que está visible en muchas de sus dimen-
siones y podrá adquirir otras totalmente universales dentro de
un par de décadas o, quizá, una década? Es algo totalmente
distinto de los imperios convencionales. Hay conexiones entre
el imperio romano y el imperio británico, pero pasado ese lar-
guísimo plazo histórico, no hay ninguna conexión entre el im-
perio británico y el imperio americano. ¿Por qué? EE.UU. no
es un imperio, es un campo, como cuando se habla de campo
magnético o campo gravitacional. Es un sistema de condicio-
namientos económicos, financieros, tecnológicos y militares
que atrae distintas áreas hacia él. El campo americano va a
actuar de conformidad con lo que EE.UU. determine, funda-
mentalmente dos cosas: primero, la total supremacía militar, y
por eso se impiden las armas de destrucción masiva. Cualquier
amenaza, aun liviana, a la supremacía militar americana, es
objeto de intervención militar. Segundo, la total apertura del
mundo al ingreso de bienes y servicios originados en las em-
presas de EE.UU. Se pretende establecer un sistema de liber-
tad de mercado a partir de la ideología neoliberal que determi-
na esta doctrina a las periferias, caracterizada por el hecho de
que, en nombre de la supuesta optimización de la economía
local, se suprime la importancia intervencionista del estado y
se lo reduce al nivel de una administración municipal. Es de-
cir, el estado cuida de la educación, de la salud, de las carre-
teras y de la policía; lo demás es soberanía del mercado. Por
lo tanto, el estado es un agente protector del mercado, no lo
regula, sino que el mercado determina al estado lo que hay
que hacer; ésta es la ley.
Si los países adoptan esta doctrina neoliberal, la super compe-
titividad americana invade los mercados libres y la conduce a
su control. Con el pacto suicida de ALCA, simplemente firma-
mos nuestra acta de muerte. ALCA es una impostura en que se
suprimen las tarifas aduaneras, pero no se suprimen las barreras
no tarifarias. Nosotros tenemos una protección de nuestras in-
dustrias puramente tarifaria, en EE.UU. la verdadera protección
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son otras modalidades de barreras, que no se suprimirán por
ahora. Por otro lado, ALCA postula lo que yo llamo falsa reci-
procidad de servicios, o sea que todos los miembros de ALCA
están obligados a aceptar que cualquier empresa de cualquiera
de los países pueda concurrir a sus compras gubernamentales.
¿Qué empresa argentina o brasileña será concurrente para las
compras de Washington? En cambio, ¿qué empresa americana
será concurrente para América latina? Simplemente, casi todas.
La reciprocidad es meramente verbal. Por ahí sigue toda una lí-
nea de absoluta subordinación de nuestros países, que se con-
vierten, por estupidez propia o por traición, conforme los casos,
en segmentos del mercado internacional bajo el control ameri-
cano.
Ante esto, ¿qué podemos hacer de diferente? Lo que se puede
hacer presenta claramente dos facetas interrelacionadas, una
doméstica y otra externa. La faceta doméstica consiste en vol-
ver a los regímenes de crecimiento acelerado, a fin de lograr un
nivel social equivalente al de España y un nivel tecnológico
equivalente al de Italia. Para lograr estas cosas, necesitamos in-
crementar significativamente nuestra tasa de crecimiento anual,
la que actualmente es irrisoria, en promedio 2,3 %. Necesita-
mos crecer al mínimo 5 %, y necesitamos de una gigantesca
ampliación de nuestro ahorro doméstico. El ahorro brasileño es
del 18 %, en Argentina un poco menos; con esto no se marcha.
No es verdad que el capital extranjero o todos los acuerdos que
podamos firmar con el Fondo Monetario Internacional son im-
prescindibles. Aldo Ferrer, un ilustre economista argentino que,
entre tantas cosas, escribió un trabajo sobre la globalización
(Hechos, y ficciones), muestra, con total objetividad, que to-
dos los desarrollos existentes en el mundo se han hecho por
capital doméstico, con agregado internacional que puede llegar
al 5 %. Ningún país del mundo se desarrolló por el capital ex-
tranjero, sin el mayoritario concurso doméstico. El discurso de
si no viene capital extranjero estamos perdidos, es una men-
tira. El capital extranjero positivo es el que genera divisas o
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que introduce tecnología, pero la gran mayoría del capital ex-
tranjero que reciben nuestros países factura en moneda nacio-
nal, hace proyectos en moneda nacional y exporta dividendos
en dólares. Considerese, ahora, lo siguiente: los sectores altos
de la sociedad argentina y de la sociedad brasileña tienen nive-
les de vida superiores a sus equivalentes europeos, ¿por qué?
Porque erogan una masa monetaria excesiva para el tipo de so-
ciedad que estamos viviendo. Esta gente, en lugar de ahorro,
hace transferencia de capital hacia afuera, o transferencia de
whisky hacia adentro. Así, las cosas no marchan.
¿Cómo salir de este impasse? Si bien estoy a favor de medidas
legales, medidas moderadas, y no creo en los radicalismos utó-
picos, considero que un poco de rigor es necesario. Si no con-
seguimos en nuestros países inducir el elevamiento significati-
vo del ahorro nacional, tendremos que adoptar un ahorro
compulsivo, o sea que el empresario estará compelido a suscri-
bir papel de inversión en la infraestructura argentina, en la in-
fraestructura brasileña, etc. No se trata de una expropiación,
sino de un redireccionamiento del dinero hacia finalidades pro-
ductivas, manteniendo la propiedad de los empresarios. Si lo-
gramos volver en plazos no demasiado largos a un nivel de
ahorro del 25 % anual y a un nivel del mínimo de 5 % de cre-
cimiento, podremos alcanzar las metas que estoy definiendo en
los primeros veinte años del siglo XXI. Si no lo hacemos, en
mucho menos tiempo nos vamos a convertir en segmentos anó-
nimos del mercado internacional.
¿Bajo qué condiciones objetivas reales, no utópicas, se puede
establecer una seria alianza entre Argentina y Brasil? Edificar
un Mercosur importante y, alrededor del Mercosur, un sistema
sudamericano dotado de interlocución internacional significati-
va, ésa es la cuestión. Es indispensable que, por lo menos, los
sectores ilustrados de cada país tengan clara conciencia de que
no hay futuro si se está aislado en el mundo del siglo XXI. Una
Argentina aislada se convertirá implacablemente en un segmen-
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to del mercado internacional y una provincia de la esfera ame-
ricana. Esta Argentina tendrá mucho menos importancia relati-
va que Ucrania. Por el contrario, un sistema argentino-brasile-
ño sería como Canadá-EE.UU., es decir que nuestra capacidad
de interlocución internacional se multiplicaría, siempre y cuan-
do establezcamos una concertación seria a nivel operacional, no
simplemente retórica y de buenas intenciones, que nos permita
un crecimiento compartido y nos un creciente espacio de au-
tonomía internacional.
Dijimos que es necesario concientizar acerca de que no tene-
mos destino propio en condiciones de aislamiento. Esto es un
poco más difícil en Brasil, porque Brasil, un país de cerca de
180 millones de habitantes, tiene la ilusión de que puede hacer-
lo solo. Pero Argentina es indispensable, porque este gigante
brasileño padece de un bajísimo nivel de integración social: con
15 % de miserables y 30 % de personas extremadamente po-
bres. La pobreza brasileña no tiene nada que ver con la pobre-
za argentina, la cual es una pobreza coyuntural, debida a locu-
ras de dirección (Menem, Cavallo y otros) de los últimos 10
años, y porque bajo el desempleado argentino hay un hombre
capacitado para hacer cosas. Argentina dispone del más alto ni-
vel educacional y de la más civilizada sociedad de América
Latina, sólo que existe una brecha entre su nivel sociocultural
y su nivel económico: la deuda argentina es la mensuración de
la brecha. El bajo nivel de su economía es producto de la cons-
piración neoliberal, pero es un país que tiene condiciones ex-
cepcionales para una vigorosa y rápida recuperación. Mientras
el pobre argentino es un pobre coyuntural, víctima del neolibe-
ralismo, el pobre brasileño es un ciudadano de Calcuta, alguien
que no sabe nada, no tiene nada. La incorporación del desem-
pleado argentino a la cadena productiva se hace en un par de
años, o no más de 5, pero educar una masa gigantesca de per-
sonas que, por una larga tradición que viene de la colonia, son
excluidos, va a llevar tiempo, un tiempo superior al plazo his-
tórico que tenemos.
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Ahora bien, a pesar de que Brasil tiene un nivel social extrema-
damente precario, posee un gran nivel de integración nacional:
hay una brasilidad indiscutible. En cambio, este índice de in-
tegración nacional en Argentina no es tan grande, y esto moti-
va la fuga al exterior, tan peligrosa. Puede decirse que Brasil
sobrevive merced a su integración nacional, a despecho del mi-
serable índice de integración social; Argentina, con peligrosas
deficiencias de integración nacional, sobrevive gracias a su ele-
vada integración social. El acoplamiento argentino-brasileño
corregiría por reciprocidades apropiadas estas deficiencias, lo
que posibilitaría la velocidad necesaria para obtener un desarro-
llo autónomo y suficiente antes de que sea tarde.
Resumiendo: el plazo histórico es corto, aisladamente no tene-
mos chance, necesitamos desarrollo interno acentuado y un en-
tendimiento inteligente para que esta alianza no sea verbal, re-
tórica.
¿Cómo se puede hacer una alianza que no sea verbal entre Ar-
gentina y Brasil? A nivel operacional es necesario hacer una
distinción muy lúcida entre nuestra composición macro y nues-
tras situaciones micro. A medida que se integran dos o tres paí-
ses, más conflictos surgen a nivel micro, porque la integración
es armonizadora a nivel macro, pero no a nivel micro: quien
plante trigo en Río Grande, cuando se vea invadido por el trigo
argentino, más barato, reclamará contra el trigo argentino. Para
disminuir estas dificultades es necesaria una inteligente, lúcida
y ecuánime administración macro. Se precisa una política in-
dustrial para el Mercosur y establecer una forma de intercam-
bios preferenciales, a partir de un análisis objetivo determinado
por los flujos de mercado, que son el mejor indicador posible
de las optimidades económicas: qué se puede hacer en cada
caso y hacerlo.
Mercosur no resistirá por fuerza de tratados, Mercosur resistirá
por la equitativa optimización entre los partícipes, y esto es po-
sible hacerlo mediante algunos ingredientes institucionales,
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01 ~ primavera/verano 200326
como una justicia supranacional, una secretaría técnica, etc. Los
conflictos micro deben ser administrables, porque no es posible
que, si una empresa argentina se siente perjudicada por una em-
presa brasileña, los presidentes de ambos países tengan que re-
unirse. Es necesario despolitizar el inevitable micro conflicto y,
por otra parte, encontrar formas organizativas, inteligentes y
ecuánimes a través de las disposiciones macro, que permitan
que ese micro conflicto sea compensatorio de sus flujos funda-
mentales.
Los enemigos de nuestra integración magnifican la importancia
de ALCA en detrimento del Mercosur: ¡ustedes, en ALCA,
van a tener acceso al mercado americano!, ocultando las fala-
cias, las restricciones y el hecho de que una integración al
ALCA es simplemente una liquidación de nuestra capacidad in-
dustrial y un volver a las teorías neoliberales.
El neoliberalismo es la ideología de la satelitización, por lo tan-
to el estado no debe hacer nada. Sin embargo, el estado ameri-
cano ha sido profundamente antiliberal durante todo el siglo
XIX: la historia americana es la historia del más desenfrenado
proteccionismo, hasta que la competitividad americana se con-
virtió en superior. La misma cosa ha hecho la Gran Bretaña de
Elizabeth, un brutal proteccionismo hasta que, a fines del siglo
XVIII, logró una competitividad superior a la francesa, y enton-
ces se tornó liberal.
Nosotros tenemos que comprender que nuestra posibilidad de
desarrollo depende de la íntima articulación argentino-brasileña
en un sistema macro que permita el conflicto micro de manera
no destructiva, no provocadora de retraso y, por otra parte, que
tengamos un nivel de desarrollo propio considerable, que es
posible mediante una intervención inteligente: no volver a la
empresa pública, pero volver a la acción promocional del es-
tado, al financiamiento del estado, y a medidas que aumenten
significativamente la tasa nacional de ahorro, porque sin ahorro
doméstico no tenemos futuro.
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Mi conclusión es que tenemos la posibilidad de tornarnos inter-
locutores válidos del siglo XXI si logramos acoplar nuestras
estrategias de integración en el cono sur con medidas inteligen-
tes de desarrollo a nivel nacional; ahí tenemos un futuro muy
brillante. Al revés, si elegimos el aislamiento, nos vamos a con-
vertir en meros segmentos del mercado internacional, provin-
cias del imperio americano, en fin, basura de la historia.
HELIO JAGUARIBE