173
ROBERTO ESPOSITO. Desde fuera. Una filosofía para Europa. Amorrortu, Buenos
Aires, 2018.
Por Bruno Vendramin
*
Desde fuera. Una filosofía para Europa, publicado originalmente en Italia en el año
2016 y traducido en abril de 2018 al castellano,tiene por objetivo pensar a Europa en
el marco de la grave crisis que la asola. los flujos migratorios y el terrorismo islámico
(acontecimientos provenientes del exterior), sumado a la recesión económica y la se-
paración interna de algunos países (el proceso de Brexit es el caso paradigmático),
han producido que grupos humanos se encuentren bajo la miseria, el hambre y las
guerras: o se mantienen con vida o mueren.Considerando estos hechos, según Esposi-
to, estamos ante una crisis de carácter biopolítico, por el inescindible vínculo que
existe entre política, vida y muerte. Ante el carácter y magnitud de tal crisis, las expli-
caciones de la economía, la sociología o la politología no alcanzan. Pareciera que la
reflexión filosófica puede abrir pasajes inéditos y creadores —en particular, él piensa
en la biopolítica— que ayuden a identificar la tarea europea en el mundo global: “El
destino de nuestro continente, de manera similar al del resto del mundo, se juega en
el margen incierto que, en la implicación directa entre la política y la vida biológica,
separa una biopolítica afirmativa de una crisis tanatopolítica de dimensiones descono-
cidas.” (p. 12).
El interés de Esposito —de ahí el título del texto— es mirar el continente no instropec-
tivamente, autorrepresentativamente, centrado en sí mismo (como lo han hecho varias
filosofías y, sobre todo, por la corriente que el filósofo napolitano denomina, en la In-
troducción y en el primer capítulo, “el dispositivo de la crisis”, ideado en las primeras
décadas del siglo XX por Valéry, Husserl y Heidegger que, en líneas generales, sostu-
vieron que al viejo continente lo acechaba una enfermedad moral y espiritual de carác-
ter terminal, más bien, una crisis eminentemente metafísica, por lo que para curarla se
necesitaba regresar al origen olvidado, es decir, Grecia y la filosofía), sino desde el
afuera: “lo exterior siempre ilumina lo interior, y no a la inversa” (p.15). Para esto, se
apoya en tres grandes pasajes desterritorializadores —y que, consecutivamente, desarro-
lla en el capítulo segundo, tercero y cuarto del libro: la German Philosophy, la French
Theory y el ItalianThougth. Estos tres momentos ponen en entredicho el constitutivo e
histórico vínculo entre Europa y la filosofía. Son giros geográficos y biográficos, a la
vez que filosóficos y políticos.
Reseñas
* Abogado, Facultad de Derecho Universidad Nacional de Córdoba, Especialista en De-
recho Constitucional, Universidad de Salamanca, España.
http://dx.doi.org/10.22529/sp.2018.46.07
46 primavera/verano 2018--2019
174
STUDIA POLITICÆ
En primer lugar, la German Philosophy: desde 1930 a 1950, importantes intelectuales
alemanes desembarcan —exiliados— en los Estados Unidos: Fromm, Lowenthal,
Arendt, y, fundamentalmente, los representantes de la Escuela de Fráncfort: Adorno,
Horkheimer, Marcuse. Estos pensadores se convierten en ciudadanos estadounidenses,
comienzan a dar clases en prestigiosas universidades norteamericanas y producen sus
más fecundas obras en inglés (aquí vemos el vínculo del lenguaje con el pensamiento:
como la lengua alemana ha sido la lengua filosófica por excelencia, hija preferida de
la lengua griega, pierde su primacía). Es ilustrativo lo que escribió Horkheimeren esos
años: “América, y en especial Estados Unidos, es el continente en el cual es posible
continuar con la vida científica.” Ahora bien, a más de las circunstancias biográficas,
el afuera es definido por razones teóricas: la particularidad de la German Philosophy
viene dada por el fenómeno de lo “social”, esto es, distintos saberes —política, econo-
mía, arte y psicoanálisis— penetran de lleno en el discurso filosófico. Discursos exter-
nos obtienen un rango central en el pensamiento. Estos discursos irrumpen críticamen-
te en la filosofía; ésta ya no se concibe de manera autónoma y autoreferencial. La
crítica —y, en particular, el concepto de negación— hacen expulsar la filosofía fuera
de sí. Un ejemplo que confirma esta tesis es el caso del psicoanálisis: todos los auto-
res de la teoría crítica alemana leyeron minuciosamente a Freud, y cada uno de ellos
asumió determinada postura respecto del psicoanálisis, ya sea rechazándolo o utilizán-
dolo para sus análisis filosóficos.
El segundo momento del desplazamiento hacia el afuera es el de la French Theory: el
ingreso de la filosofía francesa desde los años 70 en los campus universitarios estado-
unidenses. Los nombres —convertidos en verdaderas estrellas con un éxito de difusión
extraordinario y consiguiendo una importante hegemonía cultural en el discurso filosó-
fico— son conocidos: Derrida, Deleuze, Foucault, Lyotard, Baudrillard, Barthes. La
singularidad de la French Theory lo constituyó la “literalización” de la filosofía. La es-
critura se convierte en el objeto principal del quehacer filosófico. La teoría —que toma
su forma concreta con la escritura— reflexiona sobre sí misma: la autorreferencialidad
absoluta del texto, ella misma se da sus propias normas y presupuestos: su “elemento
peculiar estriba precisamente en la ausencia de presupuestos teóricos a favor de una
práctica de escritura que dicta, ella misma, sus reglas” (p. 135). Nada hay fuera del tex-
to. El momento más alto de este movimiento es la deconstrucción derrideana. Ahora
bien, lo que le interesa señalar a Esposito es cómo el carácter literario de las obras de
los autores de la French Theory fue causa y efecto, precisamente,de la “neutralización
de la política”, escritura que “no niega ni afirma”, que “abandona toda tonalidad crítica”
y que “termina por extraviar toda confrontación con lo real” (p. 18). Así, pues, los prin-
cipales intereses de la teoría francesa son la lingüística, el análisis del discurso y sus
contextos, la deconstrucción de la metafísica, el problema de la identidad y la diferen-
cia, los cultural studies y la literatura comparada. En el caso de la teoría francesa, el
afuera está constituido por la escritura (para Derrida) y por la exterioridad del pensa-
miento (para Foucault, que critica fuertemente la tradición que hizo del pensar una acti-
vidad interna, autoconciente, sobre todo en su texto El pensamiento del afuera, de junio
de 1966).
El último desplazamiento hacia el afuera que marca Esposito es el Italian Thought.
Varios factores filosóficos y geográficos son los que lo generaron: en primer lugar, el
agotamiento del modelo posmoderno y deconstruccionista en Estados Unidos y en el
panorama filosófico internacional. En segundo lugar, nace ligado a la noción de bio-
175
política. Es así que en el cruce entre la deconstrucción (Derrida, con matriz heidegge-
riana) y la biopolítica (Foucault, con matriz nietzscheana), nace el pensamiento italia-
no, produciéndose un “desplazamiento de intereses desde el ámbito del lenguaje hacia
el horizonte de la vida.” (p. 175). Con sus orígenes en la década del sesenta con el
operaismo de Tronti —aunque su genealogía se puede rastrear en Maquiavelo y Vico,
Gramsci y Gentile—, el Italian Thought presenta dos claras aristas: una, la reflexión
sobre la biopolítica; y la otra, la crítica de la teología política. En cuanto a la primera,
la filosofía italiana contrae una deuda con Foucault, que fue el primero en esbozarla
en los años 70 en los cursos impartidos en el College de France, mas fue un proyecto
que dejó desarticulado e incompleto. Los autores italianos retoman el trayecto
foucaultiano y lo utilizan para sus propios intereses filosóficos: Esposito para las ca-
tegorías inmunidad y comunidad, Agamben para develar el trasfondo teológico econó-
mico del pensamiento occidental y la crítica al derecho, Negri para pensar la econo-
mía política y la posibilidad de prácticas emancipadoras en el siglo XXI. Así, estamos
en presencia de un biological turn.
La especificidad de la filosofía italiana —y que, al mismo tiempo, constituye su afue-
ra— está dada por el fenómeno de lo político. Lo que define al pensamiento italiano “es
la relación, históricamente significativa, con un proceso colectivo que trasciende los lí-
mites de lo filosófico y de lo teórico, para instalarse en las dinámicas y en los conflictos
políticos” (p. 189). Si la teoría crítica alemana hizo hincapié en lo social y en la negati-
vidad, y la filosofía francesa en la escritura basada en lo neutro, el italiano lo hace en lo
político. Específicamente, en la postulación de una biopolítica afirmativa —con sus
máximos exponentes en Agamben, Negri y el mismo Esposito— que pretende afirmar
“su propia subjetividad de forma directa, no como oposición a algo más.” (p. 190). La
vida biológica es el sujeto y el objeto de la política . Aquí Esposito incluye su propio
aporte filosófico, conjugando las dos categorías centrales que viene trabajando hace
años: inmunitas y communitas. Para él, es preciso lograr la “desactivación de los apara-
tos de inmunización negativa y de activación de nuevos espacios comunes” (p.
218).Ahora bien, la política está signada por el conflicto: “en la filosofía italiana preva-
lece una concepción bipolar de la competencia entre fuerzas” (p. 202). Inscribiéndose
en la tradición realista de la política —la que tiene sus antecedentes en Tucídides y Nie-
tzsche, Weber y Schmitt—, el conflicto es constitutivo de la política, el que fue históri-
camente neutralizado, excluido y silenciado del canon de la filosofía política (a través
de Hobbes, Rosseau, Kant y Hegel). En este sentido, Esposito mantiene y continúa su
perspectiva “impolítica”, la que viene edificando desde los años 80 con Categorías de
lo impolítico.
Por otro lado, el otro aspecto que caracteriza al Italian Thought es su intento de pensar
la vida fuera de la tradición teológico-política de Occidente. Retomando los trabajos de
Schmitt y su célebre tesis de que “todos los conceptos significativos de la moderna teo-
ría del Estado son conceptos teológicos secularízados”,los filósofos italianos han busca-
do, a través de distintas operaciones e interpretaciones de lectura, desactivar el lenguaje
teológico de la política y de la economía, entendiendo no ya a la secularización de la
Modernidad como su disolución “sino como la transmutación del núcleo teológico en el
mundo moderno” (p. 220), ya que la teología política se muestra como “la figura mile-
naria que asumió la metafísica desde el momento en que las religiones monoteístas col-
maron nuestro espacio de pensamiento.” (p. 230). En la actualidad, y como ha demos-
trado sutilmente Agamben en sus investigaciones, la máquina teológico-política también
RESEÑA
46 primavera/verano 2018--2019
176
STUDIA POLITICÆ
hizo pie en la economía capitalista. Desde la perspectiva de Esposito, escapar de la tra-
dición teológico-política es destruir la metafísica que “piensa lo positivo solo como re-
sultado de la negación de su contrario. Si se reflexiona sobre esto, toda categoría políti-
ca moderna —soberanía, propiedad, libertad— es el producto contrastante de otra
elaborada solamente para ser negada.” (p. 203). Por ejemplo, en Hobbes el estado civil
es el producto de eliminar el estado de naturaleza, así como en Locke la propiedad pri-
vada se hace a costa de privatizar los espacios comunes. Los conceptos de la teoría po-
lítica son el resultado de la negación de su contrario, haciendo del Dos un Uno median-
te la negación del otro, es decir, incluir excluyendo. El revelamiento del funcionamiento
del nudo bipolar de las categorías políticas occidentales fue llevada a cabo por Esposito
en sus libros Dos. La máquina de la teología política y el lugar del pensamiento y Po-
litica e negazione. Per una filosofia affermativa.
Pese a su desarrollo, todavía el ItalianTougth “se halla en una fase constitutiva y por lo
tanto largamente incompleta” (p. 188), y su perfil filosófico aún está por delinearse de-
finitivamente. No obstante, ahí radica su virtud: un planteo promisorio que arroja una
teoría política emancipadora para el futuro.
El libro de Esposito constituye un valioso aporte para la filosofía política actual en su
vertiente continental, porque, al tiempo que constituye una apuesta por una biopolítica
afirmativa y escapa de la tradición teológica-política de Occidente, debate con los prin-
cipales autores vivos de la filosofía europea: alemanes, como Habermas y Grimm; fran-
ceses, como Nancy, Balibar, Gauchet y otros; e italianos, con los que mantiene una cer-
canía biográfica y comparten intereses filosóficos comunes: Negri, Agamben, Cacciari,
Marramao, Galli, Vattimo. Al mismo tiempo, reconstruye y describe con gran claridad
expositiva —esto sólo para el lector especializado en filosofía, ya que el libro es denso
teóricamente y desarrolla de forma erudita los argumentos, sumado a que maneja, como
lo viene haciendo desde sus primeros libros, un lenguaje técnico que al lector no fami-
liarizado lo abruma— las principales líneas de la filosofía continental del siglo XX, las
que, como se vio, reagrupa en tres grandes grupos que desterritorializaron el pensa-
miento: la German Philosophy, la French Theory y el Italian Thought. De hecho, de la
fusión y el intercambio de estas líneas teóricas es que Esposito arriba a una de sus tesis
principales: “una filosofía de Europa, o para Europa, como reza el subtítulo de este li-
bro, no puede nacer más que del cruce entre sus tradiciones de pensamiento.” (p. 22), la
que desarrolla en el último capítulo, “Una filosofía para Europa.”
Luego del recorrido expositivo del libro, en el último capítulo presenta el proyecto filo-
sófico-político —que plantea incipiente, prematuro, pero con objetivos claros— la
construcción de un “popolo europeo”, una “potencia civil”, de carácter heterogénea y
plural. Retomando la tesis maquiaveliana de que las clases dominantes —en la actuali-
dad, representadas en las altas finanzas globales— buscan oprimir al pueblo y el pueblo
busca no ser oprimido, una potencia civil sólo puede generarse desde la confrontación
entre estas dos clases —el desarrollo de esta división lo hace en el último punto del li-
bro, bajo el título “Los dos pueblos de Europa”. Los intereses populares deben predo-
minar por sobre los “grandes”. Sólo del conflicto puede crearse un nuevo orden, una
nueva unidad. Aquí converge su pensamiento con la tradición conflictual del Italian
Thoguth. Sólo de esta división fundamental y “cuando se produzca una verdadera alian-
za entre los estamentos populares que forman la gran mayoría de los pueblos europeos,
podrá Europa encontrar la motivación profunda de su propia unión.” (p. 25). Así pues,
177
esas “masas ingentes que se multiplican en las plazas de medio mundo” —pensemos,
rápidamente, en el Movimiento del 15-M o Movimiento de los Indignados en España en
2011, el Occupy Wall Street en Estados Unidos, el NuitDeboit en Francia, o más cerca
nuestro, en las jornadas de diciembre del año 2001 en Argentina, las asambleas popula-
res que se reunieron en las calles de Buenos Aires bajo el lema “que se vayan todos”—
hacen tambalear el sistema democrático-representativo clásico, empujándolo hacia sus
confines, a su afuera, dejando al desnudo el agotamiento del paradigma soberanista es-
tatal. La unificación de Europa sólo se realizará si las multitudes que habitan sus calles
consiguen unificarse y lograr eso que denomina “potencia civil”. Este “popolo europeo”
no “nacerá de tratados o acuerdos. No será el resultado de largas mediaciones entre go-
biernos”, “no será fruto de acuerdos entre cúpulas” (p. 282), sino que, en el medio de la
dialéctica política real resultante de la división de clases, este proceso de unificación
“ya no responderá a los mandos de la máquina teológico-política que aprisiona nuestras
vidas, sino que trabajará para su desmantelamiento también a través de las categorías
que el pensamiento italiano le ha confiado a la filosofía europea como su efecto más in-
tenso.” (p. 282).
RESEÑA