El Estado en cuestión. Ecos del
discurso neoliberal en los debates
intelectuales de los años noventa
The Questioned State. Echoes
of Neoliberal Discourse in the
Intellectual Debates of the Nineties
Ariana Reano*
Nicolás Barrios**
Gustavo Fernández***
* Investigadora independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Ciencas y Técni-
cas (CONICET-Argentina). Investigadora docente en la Licenciatura en Estudios Políticos
de la Universidad Nacional de General Sarmiento (IDH-UNGS). Correo electrónico: aria-
** Estudiante de Licenciatura en Estudios Políticos de la Universidad Nacional de General
Sarmiento (UNGS). Adscripto en investigación del proyecto “La democracia como lengua-
je político. Debates político-intelectuales en Argentina y sus conexiones con América Latina
(1979-2001)”, PICT 2021-GRF-TramoI-00394, FONCYT-ANPCYT.
*** Estudiante de Licenciatura en Estudios Políticos de la Universidad Nacional de General
Sarmiento (UNGS). Adscripto en investigación del proyecto “La democracia como lengua-
je político. Debates político-intelectuales en Argentina y sus conexiones con América Lati-
na (1979-2001)”, PICT 2021-GRF-TramoI-00394, FONCYT-ANPCYT. Becario del progra-
ma EVC-CIN (2025-2026).
http://dx.doi.org/10.22529/sp.2026.67.04
STUDIA POLITICÆ Número 67 primavera-verano 2026 pág. 127–153
Recibido: 22/08/2025 | Aceptado: 12/11/2025
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
128 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
Resumen
Este trabajo se propone mostrar de qué modo el discurso de la reforma
económica –discurso que comenzó a proliferar en la etapa nal del gobier-
no de Raúl Alfonsín y se enfocó en resolver la hiperinación– (re)creó las
condiciones de posibilidad para que la idea del Estado como “obstáculo” o
como “problema” recobrara centralidad en el debate público. Nuestro obje-
tivo es mostrar cómo el discurso en torno al cuestionamiento del Estado y
su injerencia en la economía propiciaron la instalación de un sentido común
neoliberal en la sociedad argentina hacia nes de los años ochenta, median-
te la recuperación de sentidos del pasado. Para ello, el trabajo se propone
construir el mapa de conceptos y temas que se debatían en la coyuntura
marcada por el período 1989-1991. Con el n de dar cuenta de cómo la
“veta condenatoria” hacia la gura del Estado formaba parte de un discurso
más general (no solo atribuible al discurso tecnocrático de los economistas
y expertos), recuperamos las voces del peronismo renovador, expresadas
en la revista Unidos, y de la izquierda intelectual argentina, plasmadas en
las revistas La Ciudad Futura y Punto de Vista, a la vez que retomamos
diversas declaraciones presidenciales.
Palabras clave: Estado - neoliberalismo - discurso - debate político-inte-
lectual
Abstract
This paper aims to show how the discourse of economic reform —a dis-
course that began to proliferate in the nal stage of Raúl Alfonsín’s go-
vernment and was focused on resolving hyperination— (re)created the
conditions of possibility for the discourse around the State as an “obstacle”
or a “problem” to regain centrality in public debate. Our goal is to show
how the discourse surrounding the questioning of the State and its inter-
ference in the economy favored the establishment of a neoliberal common
sense in Argentine society towards the end of the 80s, recovering meanings
from the past. To do this, the paper seeks to construct a map of concepts
and themes that were debated during the period marked by the years 1989-
1991. To account for how the “condemnatory vein” toward the gure of
the State was part of a more general discourse (not only attributable to the
technocratic discourse of economists and experts), we recover the voices of
the renovative peronism, expressed in the political magazine Unidos, and
the Argentine intellectual left, reected in La Ciudad Futura and Punto de
Vista, while also recovering presidential statements.
Keywords: State - neoliberalism - discourse - political-intellectual debate
ARIANA REANO, NICOLÁS BARRIOS Y GUSTAVO FERNÁNDEZ 129
Introducción
¿Cómo fue que se instaló con la fuerza del sentido común la narrativa
que identica lo estatal con lo parasitario y lo improductivo? Con esta
pregunta, Ana Cacopardo (2024) cierra el episodio 2, “Las narrativas
triunfantes”, de Los monstruos andan sueltos. Un podcast sobre nuevas de-
rechas.1 Si bien el presente escrito no tiene por objetivo analizar el fenóme-
no de la nueva derecha en Argentina, la pregunta que plantea la periodista
resulta, sin duda, relevante para este trabajo. Lo que proponemos aquí es
un ejercicio de análisis que nos remite a otro momento de nuestra historia
reciente –los inicios de los años noventa–, para mostrar cómo, desde la recu-
peración democrática, el discurso peyorativo en torno al Estado formó parte
de los debates sobre la democracia durante la transición.2 En este sentido,
intentaremos demostrar que ese discurso estaba en circulación; es decir, se
encontraba disponible, y que se activó hacia el nal del gobierno de Raúl
Alfonsín (1983-1989), a partir de la crisis hiperinacionaria que comenzó
en 1989. Sin proponernos establecer un parangón con la situación actual –en
particular, la signada por el año 2023, que coincide con el registro de los
índices inacionarios más altos de la última década y con el triunfo electoral
de Javier Milei, mediante un discurso anti estatista que anunciaba que era
un topo que venía a destruir el Estado desde adentro–, efectivamente se deja
entrever la construcción de una memoria reciente sobre el “triunfo” de estos
discursos, lo cual nos exige volver la mirada para entender y tratar de dar
respuesta a la pregunta que genuinamente plantea Cacopardo (2024): ¿cómo
es que el discurso antiestado se vuelve sentido común?
Partiremos de la hipótesis de que, hacia nes de la década de los ochenta
y principios de los noventa, la democracia deja de ser el signicante aglu-
tinador de los debates político-ideológicos que marcaron los inicios de la
transición democrática. En este contexto, las preguntas que inmediatamente
1 Podcast producido por CLACSO, en alianza con DiarioAR.
2 En otro trabajo (Reano, 2019) mostramos que, lejos de haber estado completamente despla-
zado de las tematizaciones, el debate acerca de la gura del Estado “acompañó” la discusión
sobre la democracia en el contexto de transición al menos de dos formas: 1) en una clave
de discusión político-intelectual, como crítica del socialismo al populismo como tradiciones
políticas, y 2) a partir de un ejercicio de revisión conceptual en el que el socialismo comien-
za a pensar el Estado como lugar privilegiado para el ejercicio de la política democrática.
De este modo, en aquel trabajo analizamos las modulaciones en la que el Estado aparecía
como problema, como obstáculo y como campo de disputa para la democracia al calor de la
polémica político-intelectual entre socialismo y peronismo en el contexto de la transición.
130 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
podemos plantearnos son: ¿qué otros signicantes emergen en la escena -
blica? ¿Tuvieron esos signicantes la misma impronta que la democracia en
la posdictadura? ¿En torno a qué problemáticas se ordenan? Para tratar de
responder a estos interrogantes, retomaremos parte del trabajo de Sebastián
Barros (2002), quien arma que el discurso de la reforma económica co-
mienza a establecerse como la precondición necesaria para la consolidación
democrática hacia el nal del gobierno de Alfonsín. A partir de esta idea, el
presente trabajo apunta a mostrar cómo la proliferación del discurso de la
reforma –fundamentalmente orientado a pensar soluciones para afrontar la
cuestión de la hiperinación– (re)creó las condiciones de posibilidad para
que (re)cobrara centralidad un discurso en torno al Estado como “obstáculo”
o como “problema”.3
Esta “veta condenatoria” (Reano, 2019) hacia la gura del Estado no solo
formaba parte del discurso tecnocrático de los economistas y expertos, sino
también de un discurso político más general, presente tanto en las vertien-
tes conservadoras del Partido Justicialista (PJ) y de la Unión Cívica Radical
(UCR) como en las líneas más progresistas y heterodoxas, expresadas, por
ejemplo, en las voces del peronismo renovador y de la nueva izquierda inte-
lectual.
En este marco, y dado que este trabajo se inscribe en un proyecto colectivo de
mayor alcance4, en las páginas siguientes nos proponemos hacer el ejercicio
3 Decimos (re)cr y (re)instaló porque entendemos que no se trata de un discurso que surge
ex nihilo, sino que se hace eco de cierto espíritu de época que se venía construyendo por lo
menos desde mediados de la década del setenta, y al que Michel Foucault (2005), en sus
estudios sobre el neoliberalismo, identicó como “la gran fobia al Estado” (p. 225). Pode-
mos sostener que, en nuestro país, la rearmación de ese discurso antiestado fue puesta en
práctica por la dictadura cívico-militar y que su programa económico y sus consecuencias
contribuyeron a sedimentarlo, incluso durante la transición democrática.
4 Nos referimos al proyecto de investigación de Ariana Reano: “La democracia como len-
guaje político. Debates político-intelectuales en Argentina y sus conexiones con América
Latina (1979-2001)”, PICT 2021-GRF-TramoI-00394, FONCYT-ANPCYT, con sede en
el IDH-UNGS. Esta investigación propone recuperar, sistematizar y analizar los debates
político-intelectuales acontecidos en Argentina entre 1979 y 2001 sobre los que se cons-
truyó el lenguaje de la de la democracia. Para ello, nos proponemos indagar cuáles fueron
las particularidades de dicho lenguaje político en un período de fuertes cambios y trans-
formaciones políticas y conceptuales en el país y en la región. Pretendemos construir una
matriz de lectura que permita interpretar una serie de discusiones emprendidas por políticos
e intelectuales en una clave analítica multidisciplinar, que combine los aportes de la nueva
historia intelectual y conceptual, la teoría política contemporánea y la teoría política del
discurso. El corpus de nuestro trabajo está constituido por artículos publicados en revis-
ARIANA REANO, NICOLÁS BARRIOS Y GUSTAVO FERNÁNDEZ 131
de indagar en las discusiones en torno a la derrota del peronismo renovador
y el triunfo del programa conservador expresado por el menemismo; en las
reexiones sobre el problema de la inación y la necesidad de recuperar el
orden y la estabilidad económica; y en las formas en que aparece connotada
la gura del Estado en esos debates.
Uno de los objetivos que orienta nuestro análisis es demostrar que buena
parte de los sentidos que aparecen hoy ligados a la necesidad de recuperar
la estabilidad económica y terminar con el agelo de la inación –entendido
como ese fantasma que pone en jaque el orden no solo económico y político,
sino también el sentido de los lazos sociales y la vida comunitaria– estaban
ya presentes a principios de los años noventa. Para ello, trataremos de re-
construir el mapa de los conceptos y temas que se debatían en aquella coyun-
tura y explorar cómo se fueron construyendo determinadas interpretaciones
sobre lo político que sedimentaron en un cierto sentido común neoliberal que
(re)aparece en la actualidad, aunque con sus matices y especicidades.
Como objetivo más general, nuestro trabajo se propone dar cuenta de la
construcción de un “horizonte de época neoliberal y fóbico al Estado” (Tzei-
man, 2021, p. 15), centrando la mirada en una coyuntura de debates muy
especíca de nuestra historia reciente: la de nes de los años ochenta y prin-
cipio de los noventa en torno a la crisis hiperinacionaria, a la reforma del
Estado (fundamentalmente a partir del proceso de privatizaciones) y al plan
de convertibilidad. Un panorama que, como arma Barros (2009), “marcó el
comienzo de una nueva era en la política argentina” porque el “cambio de
gobierno en elecciones libres se realizó con el traspaso de mando a un go-
bierno de signo opositor” (p. 351). Además, nos permite marcar el momento
en el que ciertos sentidos sobre el orden y la estabilidad vuelven a recuperar
protagonismo frente a la propia democracia. En ese contexto, resurge con
fuerza la vieja idea liberal de que para superar la crisis y derrotar la inación
era necesario reducir la injerencia del Estado en la economía.
tas político-culturales y académicas, documentos y papeles de trabajo que circularon en
mesas redondas, y también papers y ponencias (publicados en compilaciones e inéditos)
discutidos en diversas instancias de intercambio (mesas redondas, congresos y jornadas,
seminarios internos, etc.). Nuestra metodología de análisis consiste en identicar las prin-
cipales polémicas que circularon en sus páginas y construir un mapa de los conceptos en
disputa como clave de interpretación del presente y del pasado reciente. Es en este sentido
que nuestro trabajo retoma las contribuciones de la nueva historia intelectual que se ocupa
de “desenterrar archivos” antes que detenerse en tratados losócos de grandes autores y se
enfoca en el análisis de lo que han sido considerados “escritos menores”, pero que recupera
el papel de los “pequeños intelectuales” (Darnton, 2003),
132 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
Frente a este diagnóstico –que, a la luz de la escalada hiperinacionaria de la
última etapa del gobierno de Alfonsín, volvía verosímil la problematización
de la gura del Estado–, es preciso distinguir entre las voces que “deenden”
la idea del Estado como problema, lo cual contribuye a justicar ciertas de-
cisiones políticas (fundamentalmente la reforma estatal y el plan de conver-
tibilidad), y aquellas voces (como las de los intelectuales) que la tematizan
críticamente, aun cuando entiendan que se debe repensar el rol del Estado sin
que esto implique necesariamente reducirlo a su mínima expresión. En este
marco general, queremos recuperar las advertencias que se formulan desde el
campo intelectual de la izquierda y de la renovación peronista sobre el pro-
ceso de reforma. Advertencias, críticas y reexiones están atravesadas, en un
caso, por la derrota –no solo electoral sino también ideológica– del proyecto
de la renovación peronista y, en el otro, por la imposibilidad de llevar adelan-
te el proyecto de un socialismo democrático que se había imaginado como
posibilidad durante los años de la transición y que volvería a emerger como
expectativa para hacer frente al neoconservadurismo liberal menemista.
A continuación, recuperaremos parte del debate político-intelectual en el
marco de la coyuntura antes mencionada, expresado en las voces del pero-
nismo renovador a partir del análisis de la revista Unidos5, así como en los
discursos de la nueva izquierda intelectual que se reejaron en las revistas La
5 “La revista Unidos estuvo dirigida desde sus inicios en 1983 y hasta 1989 por Carlos “Cha-
cho” Álvarez. Publicó 23 números y nucleó a un amplio grupo de intelectuales, académicos
y militantes identicados con el movimiento peronista, entre los cuales cabe mencionar a
Mario Wainfeld (su último director, entre 1989 y 1991), Horacio González, Arturo Armada,
Roberto Maraotti, Norberto Ivancich, Salvador Ferla, Enrique Martínez, Vicente Palermo,
José Pablo Feinmann, Alcira Argumedo, Hugo Chumbita, Alvaro Abós y Oscar Landi, entre
otros. Este grupo acompañó el derrotero del peronismo y después de la inesperada derrota
electoral en 1983 inició un camino de transformaciones en el que se propuso, a partir de la
discusión de ideas, articular el movimiento peronista con la democracia y sus instituciones.
En este sentido, Unidos fue “un actor relevante en la escena pública y un espacio en el que
se escenicaron las polémicas y disputas centrarles que estructuraron la política y las ideas
en la ‘vuelta a la democracia’” (Reano y Garategaray, 2021, p. 76).
ARIANA REANO, NICOLÁS BARRIOS Y GUSTAVO FERNÁNDEZ 133
Ciudad Futura6 (en adelante, LCF) y Punto de Vista7(en adelante, PV). En el
apartado 1, reconstruiremos la antesala de las elecciones en las que Carlos
Saúl Menem gana, en primera instancia, la interna del peronismo, y luego, la
elección general, para mostrar cómo se fue congurando lo que, siguiendo a
Foucault (2005), podemos denir como “el odio al Estado como parte de la
gubernamentalidad liberal” (pp. 225-226). En el apartado 2 nos proponemos
mostrar en qué claves aparece tematizado “el Estado como problema” en
los debates publicados en Unidos –debates atravesados por la derrota de la
renovación y la necesidad de pensar qué posición se tomará frente al mene-
mismo–. Finalmente, en el apartado 3, recuperaremos los modos en que se
aborda el Estado en el campo de la izquierda intelectual, fundamentalmente
a través de las páginas de LCF y de PV. Veremos cómo la problemática es-
tatal aparece tanto en la crítica al plan económico del menemismo como en
la apuesta por la construcción de una centroizquierda democrática que no se
limita a congurar solo una oposición antimenemista sino, antes bien, una
alternativa progresista.
6La Ciudad Futura. Revista de Cultura Socialista nace en 1986 y estuvo dirigida por
José Aricó, Juan Carlos Portantiero y Jorge Tula. Fue un espacio en el que conuyeron
intelectuales de izquierda que propiciaban una intervención en el mundo de la política y un
espacio de formación de opinión en un momento fundamental de la transición. Entre los
integrantes del comité de redacción se encontraban Sergio Bufano, Jorge Dotti, Ricardo
Ibarlucía, Héctor Leis y Osvaldo Pedroso. El consejo editorial estaba compuesto por Carlos
Altamirano, Emilio de Ípola, Rafael Filippelli, Julio Godio, Oscar R. González, Jorge Kors,
Carlos Kreimer, Jorge Liernur, Marcelo Lozada, Ricardo Nudelman, José Nun, Juan Pablo
Renzi, Sergio Rodríguez, Daniel Samoilovich, Beatriz Sarlo y Hugo Vezzetti. Oscar Terán
y Héctor Schmucler estuvieron presentes desde los primeros números. Varios de ellos es-
taban vinculados al Club de Cultura Socialista. En 1998, La Ciudad Futura interrumpe su
publicación, la cual es retomada en la primavera de 2001 y llega hasta el otoño de 2004 con
su último número (Reano y Garategaray, 2021).
7 Punto de Vista comenzó a publicarse en 1978 y reunió a intelectuales de la izquierda ar-
gentina. La revista surgió de modo oposicional a la dictadura militar. Sus primeros números
estaban escritos entre líneas y rmados con seudónimos, pero esta práctica se abandonó
en el número 12, de julio-octubre de 1981, frente a la distensión del régimen militar en
que se explicitó la presencia de Beatriz Sarlo en la dirección de la revista y la nómina de
colaboradores. El consejo de redacción estuvo integrado, en distintas etapas, por Carlos
Altamirano, Ricardo Piglia, Beatriz Sarlo, Hugo Vezzetti, Hilda Sábato, José Aricó, Juan
Carlos Portantiero y Adrián Gorelik. Por el consejo asesor pasaron Raúl Beceyro, Jorge
Dotti, Rafael Filippelli, Federico Monjeau y Oscar Terán. La revista dejó de publicarse en
2008 (Garategaray, 2013; Mercader, 2024).
134 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
1. La antesala
La transformación de la economía a través de la liberalización del mercado y
la reforma del Estado fue presentada por el gobierno de Alfonsín, en un pri-
mer momento, como una necesidad para desactivar la “bomba inacionaria”.
Luego de referirse a las medidas económicas y políticas que se tomarían para
sobrellevar la crisis –entre las que se destacaban el congelamiento de precios
y salarios y la reforma tributaria–, el propio presidente advertía: “Pero todo
esto podría ser inútil si la mayor recaudación sólo sirviera para alimentar al
Estado ineciente” (Alfonsín, 1987).8 Parte del trabajo para evitar esa ine-
ciencia estructural consistía en comenzar a generar espacios de inversión del
capital privado en áreas que hasta el momento estaban reservadas al sector
público (en particular, petróleo y telecomunicaciones). Las medidas anuncia-
das por el entonces presidente estaban inspiradas en un diagnóstico común
acerca de la necesidad de las reformas (económica y del Estado).
Como sostiene Barros (2002), el discurso de la reforma económica no fue
exclusivo del alfonsinismo, sino que logró una diseminación productiva en
la mayoría de los grupos políticos, que ya no discutían sobre la pertinencia o
no de la reforma, sino sobre cómo repartir sus costos; es decir, cómo negociar
el necesario –e “inevitable”, decían algunos peronistas renovadores– ajuste
económico. Así, con diferentes matices, tanto Antonio Caero como Carlos
Menem –los principales contrincantes en la interna peronista para las eleccio-
nes presidenciales de 1989–, hasta Eduardo Angeloz, pasando por el sector
sindical liderado por Jorge Triacca, sostuvieron la necesidad de efectuar el
ajuste económico (Barros, 2002, pp. 150-151). Esta tesis fue también suscrita
por Carlos “Chacho” Álvarez, quien, al reexionar sobre la imposibilidad
de la renovación peronista para diferenciarse del alfonsinismo, sostuvo que
uno de los puntos en el que esto más se evidenciaba era el plano económico,
puesto que no se proponía un proyecto alternativo, ni tampoco se observaba
una voluntad política para confrontar con los planes de ajustes regresivos in-
dicados por los organismos nancieros internacionales y refrendados por los
grupos dominantes de la economía nacional (Álvarez, 1988, pp. 5-6).
La larga crisis económica, la ausencia de crecimiento, las disparadas ina-
cionarias y el décit real del Estado crearon un contexto de verosimilitud
para que este discurso liberal-económico sobredeterminara una democracia
8 Mensaje del Sr. Presidente de la Nación, Raúl Alfonsín, referido a las nuevas medidas
económicas, difundido por radio y televisión, 14/10/1987.
ARIANA REANO, NICOLÁS BARRIOS Y GUSTAVO FERNÁNDEZ 135
cuya construcción y sentidos habían hegemonizado el debate público du-
rante la transición, congurándose como “lo otro” del discurso liberal de la
dictadura (Barros, 2002, pp. 140-141). Esta reversión de los polos del anta-
gonismo entre reforma liberal y democracia, en la que la democracia deja de
ser “lo otro” del liberalismo, comienza en poco tiempo a encontrar adeptos
provenientes de distintos sectores de la política y del espectro ideológico que
no necesariamente estaban ligados a la dictadura. Tanto es así que el máximo
referente de la derecha por aquellos años, el ingeniero Álvaro Alsogaray, po-
día darse el lujo de parafrasear a Perón, al expresar que en la Argentina “hay
peronistas, radicales, conservadores, ¿y liberales?; liberales somos todos”
(Alsogaray, citado en Álvarez, 1989, p. 9).
Lo cierto es que, luego de los fracasos de los planes económicos Austral y
Primavera9, la democracia mostraba los primeros indicios de que no podía
garantizar condiciones sociales de vida más justas para la mayoría del pueblo
argentino y, al mismo tiempo, habilitaba la (re)emergencia del discurso de la
reforma económica como la solución a esa imposibilidad. Esto contribuyó
a la pronta consolidación de un discurso público consecuente con la idea de
que el Estado era un problema, pero la solución no radicaba en tomarlo por la
fuerza ni en destruirlo, sino que bastaba con “achicarlo”.10 Como armamos
9 Implementado por el ministro Sourrouille en agosto de 1988, el Plan Primavera fue pensa-
do para estabilizar los precios mediante un acuerdo con los grupos empresarios representa-
dos por la UIA, pero sucumbió ante la escalada inacionaria ocasionada por un verdadero
“furor especulativo” de los grandes grupos de la economía. Este fenómeno, conocido como
“golpe de mercado”, provocó la desestabilización política del gobierno por parte de dichos
grupos a través de la especulación nanciera y el incremento acelerado de los precios. En
mayo de ese año, el índice inacionario llegaba al 78,5 %. A este porcentaje se sumaba la
sucesión de saqueos a almacenes y supermercados en las principales ciudades del país,
junto a una escalada de violencia social que llevó al gobierno a declarar el estado de sitio
(Barros, 2002, pp. 152-154). La desmesura del proceso se condensó en la hiperinación de
febrero de 1989, que aceleró los tiempos para la culminación anticipada del mandato de
Alfonsín.
10 Cabe mencionar que este conjunto de ideas en torno a la necesidad de reducir el Estado
comenzó a difundirse en un contexto internacional atravesado por el declive de las políticas
de intervención estatal en el marco del Estado de Bienestar. A raíz de la inuencia inglesa y
norteamericana, y bajo las corrientes conservadoras de Ronald Reagan y Margaret Tatcher,
las ideas neoliberales comenzaron a diseminarse con fuerza en América Latina. El caso
chileno fue el más radical: a partir de la inuencia de la Escuela de Chicago, sirvió como
uno de los pilares intelectuales de lo que se llamó “la revolución conservadora de los 80”
(Moncada, 1988, pp. 118-119). Este proceso continúa y se aanza en el marco del “Consen-
so de Washington”, un conjunto de recomendaciones de reformas económicas promovidas
por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial entre las décadas de 1980 y
136 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
en los párrafos precedentes, el neoliberalismo vino a reponer una idea conde-
natoria del Estado que no es novedosa en la historia argentina reciente, pero
cuyo despliegue había permanecido “latente” durante los años de la transi-
ción, cuando persistía una preocupación mayor por defender la democracia y
debatir su(s) sentido(s) y contenidos.
Las inecaces iniciativas del gobierno de Alfonsín en materia económica
(negociación de la deuda externa y la sustentabilidad de una política antin-
acionaria), “obligaron al Poder Ejecutivo a dar un violento golpe de timón
destinado a construir una base social de sustentación, acercándose al sector
empresarial y a un sector importante de la cúpula militar” (Pucciarelli, 2011,
p. 25), mediante la creación de condiciones de posibilidad para que el dis-
curso crítico sobre la gura del Estado recuperara centralidad en la escena
pública. Esta operación se estructuró, ideológica y discursivamente, de un
modo muy efectivo: “El nuevo liberalismo conservador es dogmático, pa-
radójicamente porque no cree, porque se presenta escéptica y cínicamente,
como una no ideología, que no necesita confrontar ni luchar, ya que es el
despliegue del poder triunfante” (Reigadas, 1990, p. 97). Esto resulta de es-
pecial interés porque muestra cómo se sostiene la idea de “la inevitabilidad
del rumbo elegido” en el plan económico que implementaría el gobierno de
Menem, la cual ya se había comenzado a plantear y discutir en la antesala de
su mandato.
La revista Unidos es una de las plataformas en las que el ala renovadora y no
menemista del peronismo impulsa su debate sobre la situación del Estado y
la crítica a su funcionamiento. El relevamiento realizado nos permitió iden-
ticar que ese debate aparece, al menos, de dos modos. Por un lado, a través
de un diagnóstico más general sobre el avance del neoliberalismo a nivel
mundial, no solo como modelo económico, sino también como ideología
que contribuye a la construcción de un sentido común determinado. Por otro
lado, como una lectura crítica de esa diseminación ideológica en el marco
de la coyuntura nacional, y en tono de advertencia sobre las posibles conse-
cuencias de adoptar o apoyar un programa político y económico neoliberal.
Frente al mérito que tuvo el neoconservadurismo al instalar en el temario de
la sociedad la idea del Estado como un obstáculo para el crecimiento eco-
nómico y para la estabilidad institucional del país, desde Unidos se advertía
1990, supuestamente destinadas a palear las crisis económicas que la mayoría de los países
latinoamericanos habían heredado de las dictaduras, y que los procesos de transición a la
democracia no habían podido revertir.
ARIANA REANO, NICOLÁS BARRIOS Y GUSTAVO FERNÁNDEZ 137
acerca de la trampa de las falsas disyuntivas liberales y se resaltaba la nece-
sidad de elaborar una explicación más profunda, junto con una alternativa
que no exigiera la reducción estatal como única salida. Tal necesidad se vio
reforzada tras el triunfo de Carlos Menem en las internas del PJ, lo que exi-
gió, además, revisar el rol de la renovación y su lugar dentro del peronismo.11
En esta clave, Carlos “Chacho” Álvarez advertía:
Estas contradicciones entre un modelo de acumulación de signo recesivo
y reglas y procedimientos, entre la concentración del poder económico y
competencia política, entre el lobby y representación popular, como seña-
la García Delgado, no ha sido sucientemente discutida por el peronismo
(…).
La continuidad del esquema actual profundiza la exclusión y la fragmen-
tación social, lo que hace inviable el proyecto peronista que siempre ha
intentado asociar crecimiento económico e integración social (…).
Si existe esta predisposición se puede enfrentar los viejos temas del li-
beralismo que hoy se presentan en forma renovada: el ciudadano contra
el estado, la libertad en su exclusiva dimensión individual utilitarista, el
antiestatismo junto a falacias de tipo privado-eciente, estatal-ineciente
y la exclusiva resolución de los problemas nacionales por el mercado. Una
ofensiva liberal en la que la privatización más que un elemento de política
económica aparece como consigna central de una salida a la crisis, la clave
de su superación. Si, por el contrario, la decisión política es encontrar una
modalidad de un ajuste positivo a las tesis centrales del neoliberalismo, la
opción será el fracaso. (Álvarez, 1989, p. 17)
El dilema consistía, por un lado, reconocer que la desarticulación estatal,
su fragmentación y el sometimiento a intereses particulares eran muy am-
plios en la Argentina, pero que ello no debería implicar que, como armaba
Vicente Palermo (1988), “el Estado pierda valor simbólico como referente
universal”, es decir, “su capacidad de ser reconocido imaginariamente como
sintetizador del ‘bien común’” (p. 28). Por otro lado, debía ser capaz de esta-
blecer políticas conforme a intereses generales. Precisamente, como señala-
ba el autor, “por esa sura penetra corrosivamente el discurso neoliberal en
las creencias de la gente” (1988, p. 28).
11 Buena parte de estos debates internos pueden leerse en el número 19 de Unidos, titulado
“El menómeno peronista”, publicado en octubre de 1988.
138 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
Ante semejante diagnóstico, algunas voces advertían lo problemático que re-
sultaba no poder organizar un discurso que, aun reconociendo los problemas,
pudiera plantear alternativas diferentes:
Las críticas –legítimas y necesarias– al Estado, suelen confundir las con-
secuencias con las causas. La crisis del Estado, lejos de ser planteada en
términos históricos y globales, se limita a cuestionar su operatividad y e-
cacia en términos del propio subsistema estatal, planteándose, a lo sumo, la
necesidad de su modernización –en términos de privatización y tecnocra-
tización en sus estructuras–, con lo cual cabe pensar que no solo ayudará a
remontar la crisis global, sino que, por el contrario, contribuirá a reciclarla.
(Reigadas, 1990, p. 94)
En esta misma clave, armaba Oscar Landi (1988):
Centrar el remedio a estos problemas en la reducción del personal estatal y
en una genérica y acrítica privatización, no sólo es querer vender la insu-
ciencia como el saber, sino también bloquear el verdadero debate a realizar
sobre el carácter del capitalismo argentino. (p. 54)
Esto implicaba reconocer los problemas de la economía argentina y sostener,
desde una posición incómoda para el peronismo, “que hoy resulta inevitable
transitar por el cauce del ajuste” (López, 1988, pp. 40-41). Pero también, y
sobre todo, suponía “plantear cómo y qué se hará para pilotear una navega-
ción distinta a la que se ha desarrollado hasta ahora”, dado que, siguiendo a
López, “el ajuste se ha navegado hasta ahora, por derecha. Lo que cualquier
dirigencia nacional-popular que se precie de tal debería proponer es cómo se
hace para navegarlo por izquierda” (pp. 40-41).
Esta última cuestión fue especialmente preocupante, porque, a la inversa,
y tal como advertían Eduardo Jozami y Claudio Lozano (1989), los linea-
mientos de la plataforma económica del peronismo12 “recogen en buena me-
dida la demanda neoliberal de reducción del rol del Estado y privatización
de empresas públicas, mientras ubican al empresario privado como agente
principal del proceso de acumulación de capital” (pp. 34-35). El documento,
insistían, “acoge ‘cuidadosamente’ la propuesta de exibilización laboral,
12 Se trata del documento “Propuesta económica del peronismo”, elaborado como parte de
la plataforma electoral de cara a las elecciones presidenciales de 1989, rmado por Carlos
Menem y Eduardo Duhalde.
ARIANA REANO, NICOLÁS BARRIOS Y GUSTAVO FERNÁNDEZ 139
descarta cualquier reforma tributaria que vaya más allá de la simplicación
del sistema y no hace referencia a las tradicionales posiciones peronistas de
intervención estatal en los mercados cambiario y nanciero y en la gestión
del comercio exterior” (pp. 34-35).
Como vemos, esta preocupación por el plan económico, las implicancias del
ajuste y la reducción del Estado en la economía ya se advertía en la antesala
del inicio del gobierno de Menem. Se trataba de un conjunto de ideas que
circulaban en el debate público-político13 y que prepararon el terreno para
que leyes como las de emergencia económica y de reforma del Estado fue-
ran aprobadas con acuerdo entre ocialismo y oposición, lo que posibilitó
adelantar el traspaso del mando presidencial de Alfonsín a Menem. De algún
modo, ese acuerdo no solo fue interpretado como un pacto entre élites diri-
genciales para garantizar la gobernabilidad, sino también como un acuerdo
general en torno a las ideas acerca del rumbo a seguir para afrontar la crisis,
y que marcaría un punto de inexión en la política a partir de 1989-1990.
2. La escena (del triunfo)
Luego de la celebración de los comicios electorales en los que Menem triun-
con el 48,51 % de los votos, la situación económica no parecía mejo-
rar: corrida cambiaria, progresión inacionaria y crisis social generalizada
constituían un escenario que parecía no poder sostenerse mediante un simple
“consenso progubernamental”. Inmerso en un “mar de imposibilidades e in-
deniciones”, algunos políticos neoliberales y empresarios de su entorno le
sugirieron al nuevo presidente “poner en marcha una estrategia diferente”
que prescindiera de las burocracias partidarias y se apoyara en las élites em-
presariales (Pucciarelli, 2011, p. 35). Frente a este panorama LCF publicaba
en su nota editorial:
Dentro de las cosas que la imaginación colectiva podía suponer que habrían
de ocurrir con el triunfo electoral del justicialismo, una parecía descartada:
la coalición ideológica con el neoconservadurismo, que en la argentina se
llama liberal. Sin embargo, esa alternativa, bendecida por los grandes gru-
13 Aunque no es el tema central de este trabajo, no debemos perder de vista el rol fundamen-
tal de los medios de comunicación en la difusión de estas ideas y, fundamentalmente, el rol
de periodistas como Bernardo Neustadt y Mariano Grondona como operadores mediáticos
del neoliberalismo menemista en la Argentina. Al respecto, sugerimos la lectura de la obra
de Vommaro (2008) y Morresi (2011).
140 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
pos económicos que nunca habían desembarcado tan ostentosamente en el
estado como lo han hecho hoy, es la vencedora de los comicios. (Editorial,
1989, p.3)
En el mismo número de la revista, Antonio Marimón sintetizaba la serie ver-
tiginosa de acontecimientos inéditos generados por el gobierno del (enton-
ces) presidente Menem:
(…) a pocos días de contar con la investidura de jefe electo de estado, él
en persona –sí, él en persona– concurrió a las ocinas del grupo Bunge y
Born, de las que se llevó públicamente, aunque ya estuviese pactado antes,
un programa de ajuste económico y los funcionarios para aplicarlo…
Este gesto vale para dos reexiones: que una vinculación tan despejada de
mediaciones entre un gobierno y una empresa es de una particularidad a
la que no se animan ni siquiera las dictaduras, cualquiera sea su latitud. Y
segundo, que la evidencia de que ese holding es Bunge y Born abre grietas
en otros tiempos impensables para el peronismo. Si se recuerda el pasado
se verá que dicho grupo ocupaba el segundo puesto, después del embajador
norteamericano Braden, en la escala de los enemigos del general Perón.
(Marimón, 1989, p. 32)
Con el mismo tono, mezcla de sorpresa y desazón, desde las páginas de Uni-
dos, Mario Wainfeld armaba:
Menem llegó al gobierno enancado en la esperanza popular, en la promesa
de salariazo y revolución productiva. Y la defraudó. Así de simple. Así de
terrible.
Reconocer los límites de lo posible no impide notar que las lamentables
decisiones del actual ocialismo son consecuencia de su voluntad…
Es distinto advertir que la Argentina estaba en julio del 89 frisando la des-
integración, que aceptar que la única solución era entregar (sin contrapres-
tación ni control) el manejo de poder estatal a los responsables principales
de esa desintegración. Es sensato detectar la existencia (y la hegemonía)
de los grandes grupos económicos cuyos intereses son difíciles de contra-
riar. Pero registrar la existencia de tales intereses no puede implicar (como
implicó) aceptar y endiosar sus tradiciones comportamientos antisociales,
su voluntad especulativa, su desaprensión a la hora de pagar impuestos.
(Wainfeld, 1990, pp. 8-9)
ARIANA REANO, NICOLÁS BARRIOS Y GUSTAVO FERNÁNDEZ 141
En PV, las preocupaciones suscitadas por los cambios que se estaban produ-
ciendo en la Argentina se sintetizaban en la siguiente nota editorial, rmada
por el Consejo de Dirección:
(…) el país está al borde de cambios que se anuncian fundamentales; la
convocatoria, libre de toda epicidad, es a achicar el estado, reestructurar
la economía y enfrentar las causas que han conducido a la actual situa-
ción. Para encarar esas tareas el doctor Menem ha llamado a guras que,
de acuerdo con las divisiones clásicas, podrían ubicarse fácilmente en la
derecha.
(...) la ciudadanía (estupefacta por la hiperinación que devora a la política
misma) puede descubrir que el contenido de su opción electoral, que los
deseos y las esperanzas presentes en el voto que consagró a Menem, no
serán correspondidos por la acción del gobierno. (Consejo de Dirección,
1989, p.1)
Lo cierto es que, frente a la inestable situación durante los primeros meses de
su gobierno, Menem decidió enfrentar la escalada inacionaria mediante un
severo plan de ajuste –denominado Erman III–, cuyas consecuencias fueron
la consolidación de la recesión, el aumento de la desocupación, la redistribu-
ción regresiva del ingreso y, por tanto, el crecimiento del descontento social
y el enfrentamiento con parte de la dirigencia sindical (Pucciarelli, 2011).
Con la crisis hiperinacionaria de 1989, la gravedad de la situación alcanzó
tal nivel que “la sociedad se encontró al borde del abismo y estuvo dispuesta
a aceptar la solución neoliberal que hacía años había estado publicitándose y
que, según sus impulsores, traería soluciones sencillas y rápidas” (Morresi,
2011, p. 77). En este marco, el discurso neoliberal cobró la fuerza legitima-
dora necesaria para que, en 1990, Domingo Cavallo asumiera como ministro
de Economía y, un año después, impulsara el plan de convertibilidad14 como
la única salida posible para combatir la inestabilidad endémica de Argentina.
En su número especial, publicado en 1992 y titulado “La fe de los conversos.
14 miradas sobre el plan de convertibilidad”, Unidos incluyó las intervencio-
14 Recordemos que dicho plan estuvo respaldado por la Ley de Convertibilidad del Austral,
aprobada por el Congreso de la Nación, la cual jaba la paridad de la moneda nacional
(peso) con el dólar y prohibía al Banco Central emitir dinero para cubrir décit presupues-
tario. Como puede observarse, este esquema establecía un sistema en el que la autoridad
política perdía capacidad de control sobre la economía, puesto que también perdía injeren-
cia sobre la política monetaria.
142 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
nes de los panelistas que participaron en el seminario “¿Un plan económico
o un modelo de país?”15, cuyo objetivo fue problematizar las consecuencias
políticas del modelo económico. A los nes del presente trabajo, nos interesa
recuperar aquí cómo se tematiza la cuestión del Estado, no solo en el marco
de un modelo económico ya en marcha y consolidado a partir de la sanción
de la ley de convertibilidad, sino en el del modelo político que se desprende
de él. Sobre esto, García Delgado (1992) señalaba:
Se trata de un nuevo modelo Estado-sociedad no denido exactamente
por el plan de convertibilidad pero que éste termina de conrmarlo. En
lo económico se trata del pasaje de un modelo de economía semi-cerrada,
industrialista, sustitutivo, neocorporativo (...) al modelo de acumulación
orientado al mercado externo. Es el n del pacto keynesiano, redistributivo,
del círculo virtuoso entre demanda interna y producción donde el Estado
tenía un papel central de impulsor y planicador del desarrollo (...). Pero
también es otro modelo en lo político (…) que viene a quebrar la racionali-
dad del modelo anterior, donde la política agregaba intereses a los distintos
sectores nacionales –sean sindicalistas, e industrialistas de mercado-inter-
nistas, o agroexportadores–. (pp. 63-65)
La importancia de preguntarse por las implicancias políticas del modelo eco-
nómico radicaba en su planteo de un cambio radical en el rol del Estado.
Este se convierte, por ejemplo, en el actor que crea las condiciones para las
privatizaciones y otorga las garantías a partir de la legislación necesaria, de
manera que solo unos pocos grupos económicos se benecien de la descon-
centración de la propiedad pública.16 Por ello, Wainfeld advertía que no se
debía interpretar este proceso como el resultado de una pura instrumentali-
15 En este seminario participaron Mario Wainfeld, Juan Carlos del Bello, Claudi Lozano,
Enrique Martínez, Bernardo Lischinsky y Daniel García Delgado. Fue uno de los dos semi-
narios convocados por Unidos: el primero se realizó en noviembre de 1991 y el segundo,
en mayo de 1992. Ambos contaron con el apoyo y la cooperación de la Fundación Friedrich
Ebert, se desarrollaron a puertas cerradas y se reservó la participación a economistas y
miembros del Consejo de Redacción. Las desgrabaciones fueron publicadas en el número
especial de la revista que estamos analizando.
16 Esto muestra, de algún modo, que la aplicación de las medidas sugeridas por el Consenso
de Washington no implicó en Argentina la disminución del rol del Estado ni su retirada de
la escena política, sino una resignicación de su relación con la economía, una redenición
de sus nes y una reorientación de su accionar. El hecho de que la mayoría de las reformas
neoliberales se produjeran en el “marco de una compleja reformulación de las instituciones
claramente orientada por ideas neoliberales” (Morresi, 2007, pp. 133-134) rebate la idea de
un Estado ausente o un Estado mínimo.
ARIANA REANO, NICOLÁS BARRIOS Y GUSTAVO FERNÁNDEZ 143
dad económica, sino como una decisión política e ideológica: “Es apuntalar
un modelo: transmitir los bienes del Estado corrupto al capital que lo co-
rrompió [énfasis en el original]” (Wainfeld, 1992, p. 27).
Este interrogante, que cuestionaba si la implementación del programa econó-
mico del menemismo era parte de las reformas “necesarias” o una decisión
en la que existía algún margen de maniobra posible, atraviesa el debate sobre
la mirada crítica al funcionamiento del Estado, como así también la viabili-
dad del modelo elegido por el (entonces) ocialismo. Analicemos cómo lo
planteaba Palermo (1992) en el debate que estamos considerando:
Para todo el mundo era evidente que las reformas eran hijas de la necesi-
dad, y esa es una razón más para no creer, pues las cosas no se hacen por
convicción sino por necesidad (...). El otro tema es por qué estas reformas
pudieron hacerse, pese a los costos sociales que tienen (...). El apoyo a
determinadas políticas, puede entenderse en este contexto, en que en gran
parte de los costos se están pagando por anticipado, y en el cual, el control
de la hiperinación genera por mismo un efecto positivo sobre la capa-
cidad adquisitiva de la gente, que relaciona la salida de la hiperinación
con las privatizaciones y las apoya porque no quiere perder esa pequeña
recuperación (pp. 91-92).
A este respecto, Wainfeld (1992) respondía: “Una cosa es registrar las con-
diciones históricas; muy otra es ver si uno trata de protegerse del viento o
sopla a su favor”. Porque, si bien es probable que “no se pueda evitar hacer
parte de lo que [se] hizo”, eso “no implica que sea inexorable ni valioso todo
lo que [se] hizo”. Asimismo, para el autor existen otros modelos capitalistas
posibles, “menos duros, con menos abismos sociales, más integradores, con
menos irritante distribución de la riqueza” (pp. 33-34).
Una lectura general de los planteos realizados en el seminario nos permite
advertir que ni en el diagnóstico más moderado ni en el más crítico podía
leerse el logro de la estabilidad como garantía de una recuperación econó-
mica a nivel estructural. Por ejemplo, Roberto Lavagna (1992) sostenía que
el “reordenamiento va a ser insuciente como para generar un horizonte de
crecimiento que atienda cuestiones que van desde la estructura ocupacional
hasta la vulnerabilidad, pasando por el tema de la distribución del ingreso”
(p. 109). Por su parte, Claudio Lozano (1992) advertía:
El presente plan económico continúa la senda abierta por los diferentes
planes de estabilización inaugurados en 1976, que orientaron la reestruc-
144 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
turación capitalista argentina en un sentido regresivo, concentrador, deva-
luador del espacio de “lo público” y con efectos complicados respecto a la
inserción internacional presente y futura de nuestro país. (p. 43)
Como se puede observar, el debate sobre el programa de estabilización ele-
gido por el menemismo17 y sus consecuencias a mediano plazo, junto con
la forma en que fueron implementadas, consolida un universo de ideas en
combate que vuelve a poner en cuestión el rol del Estado en la economía, en
el marco de una democracia aún en vías de desarrollo.
3. La izquierda democrática y el desafío de pensar una alternativa al
neoliberalismo
¿Cómo aparece tematizado el Estado en el campo de la izquierda intelectual?
¿Qué modulaciones especícas asume en función de su revisión teórico-con-
ceptual y en su posicionamiento frente al plan económico impulsado por el
menemismo?
Nuestra revisión de los debates de la izquierda intelectual democrática, pu-
blicados en Punto de Vista y La Ciudad Futura, nos muestra que se destacan
al menos dos posturas en relación con la cuestión del Estado, que no resultan
contradictorias entre sí, sino complementarias. Una de ellas, de índole más
teórica, se vincula con un viejo debate entre socialismo y populismo, en el
17 Frente al plan de estabilización iniciado a través de la ley de convertibilidad, y tal como
había ocurrido desde las páginas de Unidos, en el número 28 de LCF se publicaron tres en-
trevistas a economistas –Claudio Lozano, Héctor Gambarotta y Adolfo Canitrot–, quienes
presentaron interpretaciones muy variadas con respecto al “plan”. Como en su participación
previa en Unidos, Lozano lo asociaba con la necesidad de profundizar el “ajuste” para con-
tinuar con el pago del servicio de deuda. En su lectura, se trataba de una continuidad del
plan Austral, primero, y del plan Bonex, después (Lozano, 1991, p. 13). Los diagnósticos
de Gambarotta y Canitrot contenían más matices. Para el primero, el plan estaba dando
señales de reactivación y recomposición luego de un año 1989 al borde del abismo y de
un 1990 tratando de no ahogarse; en 1991, el país “pudo respirar” y estaba “empezando a
nadar” (Gambarotta, 1991, p. 14). Para el segundo, el plan de Cavallo estaba haciendo “lo
posible” en un marco de restricciones muy agudas y tratando de evitar consecuencias más
severas como podrían ser el aumento desmedido del desempleo y la recesión de la actividad
económica (Canitrot,1991, p. 15). Con sus diferencias, los tres economistas coincidían en
que el fenómeno hiperinacionario –que terminó con el gobierno de Alfonsín y creó las
condiciones de posibilidad para el plan de estabilización de la convertibilidad menemis-
ta– fue el resultado de un proceso de larga data, que excedía la cuestión económica y se
convertía en un problema político y social.
ARIANA REANO, NICOLÁS BARRIOS Y GUSTAVO FERNÁNDEZ 145
que el rechazo a la gura omnipresente del Estado y su reicación en la -
gura del líder constituye un eje central en la crítica hacia el carácter hegemo-
nista y antipluralista del populismo peronista.18 Esta crítica vuelve a emerger
hacia nes de los ochenta, pero para reivindicar una concepción de la política
ligada a una sociedad civil más empoderada y que apelaba a la construcción
de un espacio público más plural y democrático. La otra posición se asocia
principalmente con la necesidad de sostener, fortalecer y reivindicar una idea
de democracia social y participativa, que va más allá de la mera formalidad
de las elecciones y la participación electoral, y que supone tensionar la re-
lación entre capitalismo y democracia. Allí, la gura de un Estado capaz de
recuperar cierto nivel de autonomía en materia de decisiones económicas
surge como un tema a discutir y, una vez que asume Menem y despliega su
política económica, se consolida como un problema a afrontar.
En el artículo “La izquierda en tres tiempos”, publicado en el número 11 de
LCF, Emilio de Ípola traza una distinción entre una “izquierda anacrónica”
y lo que propone llamar una “izquierda moderna”, un concepto que intenta
promover de cara a la discusión sobre el fracaso de la experiencia alfonsinista
y el posicionamiento frente al menemismo. En lo referente a la relación entre
Estado y sociedad, esta izquierda moderna promueve la esfera de lo público,
entendida como instancia diferenciada del Estado y el mercado: “En vez de
la concentración estatista de las decisiones económicas preere la promoción
de instancias autogestionarias (…), y, en general, allí donde es posible la
democracia directa preere la democracia directa” (de Ípola, 1988, p. 12).
En el mismo número, Portantiero aportaba su reexión sobre esta cuestión.
Para el autor, el eje clave residía en la crítica a la centralidad de la gura del
Estado y en la propuesta socialista de una democracia distinta que valorizara
su dimensión social:
Por nuestra parte, reivindicamos la otra vertiente cultural del socialismo:
la descentralizadora y autogestionaria: la que piensa que socialismo y es-
tatismo no son sinónimos, sino en el límite, opuestos. La verdad es que el
intervencionismo estatal concebido como programa político de la izquierda
bajo el capitalismo, lo que hace es vaciar a la sociedad de contenido políti-
18 La referencia indiscutida de este debate es el artículo escrito en coautoría por de Ípola y
Portantiero “Lo nacional popular y los populismos realmente existentes”, publicado en el
número 14 de la revista Controversia, para el examen de la realidad argentina, en 1981.
Un análisis focalizado en esta polémica puede leerse en Reano y Garategaray (2021, pp.
78-88).
146 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
co, haciendo que los conictos económicos dejen de ser conictos sociales
entre las clases para transformarse, como sucede desde hace décadas en la
Argentina, en reclamos sobre el estado. (Portantiero, 1988, p. 3)
En términos generales, la crítica de parte de la izquierda intelectual al neo-
liberalismo recupera la tradicional veta condenatoria hacia el Estado, cuya
gura omnipresente terminaba fagocitando el potencial de las distintas fuer-
zas sociales para construir una verdadera democracia social y participativa.
Esta alternativa dicotómica, que anteponía la sociedad civil al Estado, dejaba
fuera la posibilidad de pensarlo como una institución capaz de cuestionar la
legitimidad de las propias fuerzas, la distribución del poder y la justicia de
las demandas. Así lo señalaba la propia Beatriz Sarlo, en una polémica con
las armaciones tanto de de Ípola como de Portantiero:
No necesitamos menos Estado sino formas diferentes de intervención del
Estado y de promoción de las iniciativas societales. En la Argentina de los
últimos años se han acentuado desigualdades de todo tipo y al Estado le
caben funciones irrenunciables de regulación y reparación (…).
Porque “promover “instancias autogestionarias”, como aconseja de Ípola,
supone la intervención del estado para el resguardo de las áreas donde éstas
se desarrollen y el diseño de especiales cauciones que les permitan sobre-
vivir. (Sarlo, 1988, p. 10)
Pareciera ser, pues, que el debate político en torno al Estado quedaba atra-
pado en una oposición entre Estado y sociedad civil. Para un sector de la
izquierda, la opción por el Estado no redundaría en una mayor presencia
de la sociedad civil ni en un modo de hacer política más horizontal. Por su
parte, para el ocialismo gobernante, el Estado obstaculizaba al mercado y al
sector privado, impidiéndoles que pudieran desplegar su potencial ahí donde
ya el propio Estado había mostrado sus fallas. En esta línea, lo que queremos
mostrar es cómo ambas posiciones conuyen irremediablemente en el desa-
pego hacia la idea de que el Estado puede, al menos, disciplinar a los sectores
fraccionados del capital, a n de constituirlos en los actores del modelo.
Dentro de este debate, más lejanas aún, aparecen posiciones como las de Car-
los Auyero (1989), quien, desde las páginas de LCF, abogaba por recuperar
la “autonomía en materia de decisiones económicas”, proponiendo “la refor-
mulación del Estado en función no solamente de parámetros de eciencia,
ni principalmente por parámetros de eciencia, sino fundamentalmente por
parámetros de autogestión” (p. 13). Lo que había hecho el menemismo era
ARIANA REANO, NICOLÁS BARRIOS Y GUSTAVO FERNÁNDEZ 147
más bien lo contrario: al favorecer la dominación de la economía por parte
de las corporaciones, terminaron sometiendo al Estado e imponiéndoles sus
políticas. Entonces, frente a un discurso muy potente acerca de la ineciencia
del Estado –sustentado, si se quiere, en su propia inoperancia–, la necesidad
de su reducción y de limitar su injerencia se volvía verosímil para vastos sec-
tores, no solo de la sociedad, sino también del sistema político. No obstante,
según Auyero (1989), lo que la diseminación de este sentido común oculta es
que “después de haberle sacado todo lo que se puso al Estado a través de los
subsidios, de los contratos y de las ventas, ahora se saca al Estado del medio
para terminar de dominar a la sociedad” (p. 13). Esto daba la pauta de que el
menemismo no solo estaba impulsando un plan de estabilización económica,
sino que expresaba un proyecto de fondo y a largo plazo, en el que, además,
la democracia quedaba inerte frente a las corporaciones y a los capitales con-
centrados. En sintonía con esta lectura, Alberto Quevedo (1988) expresaba
lo siguiente en PV:
En la Argentina sobran corporaciones y faltan partidos políticos (o siste-
mas de partidos). En nuestro país, el presente está signado por una larga
decadencia del régimen social de acumulación que se mezcla con el escaso
arraigo histórico de prácticas democráticas, con la debilidad del sistema de
partidos y del parlamento, con una cultura política proclive al autoritarismo
y a la estadolatría, con la fuerza de las grandes corporaciones. (p. 31)
Para Quevedo (1988), el desafío era doble: “transformar a un régimen autori-
tario en uno democrático y poner los basamentos de un nuevo régimen social
de acumulación”. Se trataba de una “doble tarea, obligada por una doble
crisis” (p. 32): una política y otra económica, que el sistema de estabilización
del menemismo intentaba desarticular con un programa regresivo, que, en la
mirada de PV, no hacía más que “consolidar procesos que vienen desarro-
llándose ya hace varios años en la Argentina: la polarización creciente de la
sociedad, la legitimación de los mecanismos más salvajes de redistribución
del ingreso, el fortalecimiento de sectores económicos cada vez más concen-
trados” (Consejo de Dirección, 1989, p. 1). Para ello, se acudía a guras que
“podrían ubicarse fácilmente en la derecha” (p. 1) y cuya ideología antiesta-
tista “enfatiza la hegemonía empresarial, concibe al consumo popular como
perjudicial para los intereses nacionales, y está basada en la creencia de la
moneda como variable autónoma” (Przeworski y Wallerstein, 1989, p. 36).
Como vemos, frente al programa conservador del menemismo, la izquierda
intelectual democrática retomaba la necesidad de afrontar la crisis del -
148 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
gimen social de acumulación19, dejando atrás el “viejo estatismo” pero sin
recaer en el endiosamiento del mercado que pregonaba el neoliberalismo
triunfante. Esta superación del “viejo estatismo” se articulaba con la crítica al
“populismo”, comprendido como “la utilización de recursos extraordinarios
para nanciar el desarrollo de la vida cotidiana, desentendiéndose de los pro-
blemas que esto genere en el futuro” (Lietti y Vasiliadis, 1991, p. 10). Esto
marcaba una continuidad con el “distribucionismo peronista de la primera
época”, nanciado con recursos extraordinarios (como la venta de activos
públicos). En esta línea, en PV ya se había advertido que Menem podía ser
considerado el iniciador de una “propuesta original de derecha populista”
(Consejo de Dirección, 1989, p. 1).
Simultáneamente, desde LCF, se guardaba cierta esperanza sobre la factibi-
lidad de construir un Estado con capacidad de acción para reducir los niveles
de desigualdad social, y también para recuperar un cierto poder político fren-
te a las corporaciones. Esta propuesta, a través de la implementación de una
reforma impositiva, fue presentada en un artículo titulado “Democratización
del Estado y reforma impositiva”, cuyo diagnóstico ponía sobre la mesa las
características de la situación económica del país: “Mientras las clases po-
pulares resisten como pueden los efectos devastadores de la crisis, las clases
dominantes especulan nancieramente con un hegemonía lograda fuera de
las tradiciones del trabajo y la producción” (Bocco y Repetto, 1991, p. 7).
Al mismo tiempo, se advierte que este modus operandi tiene en la Argentina
un rasgo bastante endémico que hace a la relación histórica entre el Estado
y las clases dominantes, donde “el Estado convalida procesos especulativos
y no disciplina la acumulación reproductiva” (p. 7). Para los autores, surgía
el interrogante sobre si este diagnóstico era compartido por las fuerzas po-
pulares argentinas, dado que, de manera reiterada, “la expresión del poder
hegemónico ha señalado que la crisis es el resultado de un Estado superabul-
tado y para destruirlo, no encontró mejor alternativa que reducir su ámbito
de intervención y regulación” (p. 7). Esto se pudo llevar a cabo gracias a que
se instaló en la sociedad la idea de que lo fundamental es “achicar el estado
para agrandar la nación [énfasis en el original]” (p. 7). En cambio, para
Bocco y Repetto, el desafío pasaba por construir un Estado nancieramente
sólido (a través de una reforma impositiva) que garantizara un modelo inclu-
yente y una democracia estable.
19 Como señala Martínez Mazzola (2021), se trataba de la crisis de un modelo de acumu-
lación nacido en los años treinta y caracterizado por la sustitución de importaciones y la
centralidad del Estado como actor principal.
ARIANA REANO, NICOLÁS BARRIOS Y GUSTAVO FERNÁNDEZ 149
La crítica al plan de convertibilidad servía a la izquierda para reavivar su
tradicional cuestionamiento al peronismo (esta vez, mediante la relación de
continuidad planteada entre menemismo y peronismo en su veta “populis-
ta”). En LCF se subrayaba que, para lograr esos objetivos, el menemismo
utilizaba los mecanismos político-institucionales del viejo peronismo: con-
centración autoritaria del poder, desdén por el parlamento y avasallamiento
de la justicia. La combinación de “nuevos contenidos” con “viejos métodos”
y de la “nueva economía” con la “vieja política” creaba una fusión arrollado-
ra que, si bien consolidaba una lectura pesimista sobre la coyuntura, también
creaba las condiciones para articular los “muchos focos” de una “oposición
social”, que existía pero que debía organizarse “en torno a un proyecto que
propusiera una mirada al futuro” (Editorial, 1991-1992, p. 3). El necesario
diálogo entre las distintas tradiciones parecía ser la opción más sensata para
enfrentar la ofensiva neoconservadora; por ello, el esfuerzo por construir un
espacio y una identidad progresista iría ganando centralidad al consolidarse
la hegemonía neoliberal menemista (Martínez Mazzola, 2021). La construc-
ción de una alternativa progresista empezaría a ser motivo de intenso debate
–no exento de críticas, cruces y pases de factura–, pero también de acerca-
miento de posiciones, de apuestas y propuestas, en las que el tema del Estado
–de su reforma y, sobre todo, del sentido de esa reforma– seguiría ocupando
un lugar central.
Reexiones nales
En los debates político-intelectuales que hemos analizado, la tesis que seña-
laba que la crisis que transitaba Argentina era una crisis de sentido contaba
con una amplia aceptación. La reducción de la política a los criterios de la
eciencia y la técnica comenzaba a diseminarse desde la última etapa de la
gestión alfonsinista, y se convertía en el nuevo sentido común que vendría a
instaurar ciertas “verdades” que terminarían congurando “justicadoras de
prácticas” (Morresi, 2011, p. 72). Es allí donde el ataque a la gura del Es-
tado cobra especial relevancia a partir de la insistencia de antinomias tales
como “el ciudadano contra el Estado” o falacias del tipo “privado=eciente
vs. estatal=ineciente” (Álvarez, 1989, p. 17). Estas antinomias comenza-
ron a convivir con valores que pronto serían indiscutibles: el sentido de la
libertad ciudadana comparable con la libertad de los mercados; la preocupa-
ción por la gobernabilidad económica como sinónimo de ajuste; las políticas
económicas de corte monetarista y las privatizaciones como única solución
a la crisis económica y a la ineciencia del Estado y, como corolario, la de-
150 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
mocracia como juego de mercado donde prima la elección racional, conso-
lidando así una concepción “mínima de la democracia” (Reano, 2024) que
sucumbió ante las reglas del método y pasó a convertirse en una “rutina”
(Rinesi, 2023).
Como hemos intentado mostrar a lo largo de estas páginas, el discurso neo-
liberal no es un discurso netamente técnico, sino que se asienta sobre un
núcleo básico de ideas que fue permeando distintos espacios políticos y de la
sociedad civil. Y, como pudimos notar, tampoco fue un discurso que escapó a
la crítica y al debate político-intelectual. El cuestionamiento al autoritarismo
estatista efectuado por un sector de la nueva izquierda no generó un nuevo
modo de pensar el Estado, sino que desembocó en una concepción antiesta-
tista de la política que no quedó muy alejada del lenguaje que el neoliberalis-
mo utilizaba para justicar sus políticas.
De esta manera, el discurso antiestado y prosociedad civil generó una nueva
dicotomía entre Estado y sociedad civil que terminó siendo funcional al dis-
curso neoliberal contra el cual la propia izquierda pretendió combatir. En el
peronismo, la cuestión atravesaba la interna entre “ortodoxos” (conservado-
res) y “renovadores” y el rol de la renovación en relación con el gobierno de
Alfonsín, la defensa de la democracia y la garantía de gobernabilidad (sobre
todo en la etapa nal y ante la crisis hiperinacionaria) de cara al traspaso
del mando presidencial. El triunfo de Menem y la posterior consolidación del
plan de estabilidad marcaron la victoria de la hegemonía neoliberal, que no
fue solo el logro de un modelo económico, sino, y por sobre todas las cosas,
una hegemonía de sentido que produjo una transformación profunda del len-
guaje de la democracia.
En Hegemonía y estrategia socialista, y a partir de la recuperación del concep-
to de hegemonía de Gramsci, Ernesto Laclau y Chantal Mouffe (1985/2004)
armaban que la construcción hegemónica radica en un proceso a través del
cual se condensan ciertos sentidos, mientras se expulsan del campo político
otros imaginarios posibles. Esta tarea –que es política– supone un juego de
articulaciones y exclusiones que implica momentos de mayor estabilidad y
otros de puesta en crisis de dichos sentidos. Podríamos decir que el ejercicio
que propusimos en este trabajo consiste en poner el foco en una coyuntura
particular de nuestra historia argentina reciente para identicar uno de esos
momentos de condensación de sentido, que puede ubicarse en un proceso
más largo en la construcción de la hegemonía neoliberal. La etapa que ana-
lizamos se corresponde con un momento en el que el concepto de Estado y
su cuestionamiento vuelven a ocupar un lugar central en el debate público,
ARIANA REANO, NICOLÁS BARRIOS Y GUSTAVO FERNÁNDEZ 151
al mismo tiempo que desplaza el “debate sobre el sentido de la democracia”
(Reano y Garategaray, 2021) que había caracterizado los inicios de la tran-
sición.
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