Orden mundial y hegemonía
compartida
Un sur global dividido y dos nortes
en disputa
World Order and Shared Hegemony
A Divided Global South and Two
Competing Norths
Juan Pablo Laporte*
* Juan Pablo Laporte. Posee un posdoctorado y un doctorado en Ciencias Sociales. Es pro-
fesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad
Austral, Buenos Aires, Argentina, https://orcid.org/0009-0003-3646-7032. Correo: juanpa-
http://dx.doi.org/10.22529/sp.2026.67.02
STUDIA POLITICÆ Número 67 primavera-verano 2026 pág. 60–104
Recibido: 12/04/2026 | Aceptado: 26/05/2026
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
Resumen
El artículo analiza la reconguración del orden global contemporáneo supe-
rando las visiones tradicionales de una transición geográca del poder hacia
el Asia Pacíco, la conformación de un mundo fragmentado o la aparición
de actores no estatales que dejan al Estado en un lugar secundario. Para
ello, introduce los conceptos de interdependencia hegemónica y hegemo-
nía compartida, argumentando que la preponderancia asimétrica en el sis-
tema internacional no ha desaparecido, sino que se encuentra distribuida.
Esta condición estructural se caracteriza por la existencia de dos grandes
constelaciones de poder que monopolizan de manera diferenciada, irreem-
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plazable y superpuesta los múltiples circuitos de interconexión global en
las dimensiones sociopolíticas, coalicionales, económicas, de seguridad,
tecnológicas e ideológicas.
Para operacionalizar esta dinámica, el trabajo propone una matriz cuadran-
gular del poder mundial estructurada en cuatro bloques dinámicos. Por un
lado, el norte occidental, liderado por Estados Unidos y Europa, que con-
serva la hegemonía nominal al controlar los circuitos nancieros e institu-
cionales establecidos. Por otro lado, el norte oriental, con China y Rusia a
la cabeza, concentra la mayor densidad de poder relativo y construye ace-
leradamente redes emergentes alternativas para desaar dicho monopolio.
A su vez, el sur global se divide en un sur oriental, compuesto por econo-
mías alineadas a la órbita sino-rusa con una postura crítica al orden unipo-
lar, y un sur occidental, donde se destaca la reclasicación de la India, la
cual ejerce un arbitraje activo entre ambos nortes para maximizar su propia
autonomía estratégica.
Finalmente, se concluye que este reconguración transicional se mantiene
estable no por falta de anidades normativas o la preponderancia de un
norte sobre el otro, sino por una profunda dependencia funcional recíproca
entre ambos, ya que una desconexión entre ellos resultaría excesivamente
costosa para el sistema. La resolución evolutiva de esta matriz de hege-
monía compartida, ya sea que derive en una restauración occidental, en un
dominio del norte oriental o en una multipolaridad genuina, no dependerá
exclusivamente de las potencias dominantes. Por el contrario, el rumbo del
orden global se denirá en los espacios del sur a través de sus decisiones
de alineamiento, su capacidad de agencia y la construcción de circuitos
propios de autonomía estratégica frente a ambos nortes.
Palabras clave: orden global, interdependencia hegemónica, hegemonía
compartida, matriz cuadrangular, sur global
Abstract
This article analyzes the reconguration of the contemporary global order,
moving beyond traditional views of a geographical shift of power toward
the Asia-Pacic region, the emergence of a fragmented world, or the rise
of non-state actors that relegate the state to a secondary role. To this end,
it introduces the concepts of hegemonic interdependence and shared hege-
mony, arguing that asymmetric preponderance in the international system
has not disappeared, but is instead distributed. This structural condition is
characterized by the existence of two major constellations of power that
monopolize, in distinct, irreplaceable, and overlapping ways, the multiple
circuits of global interconnection across the sociopolitical, coalitional, eco-
nomic, security, technological, and ideological dimensions.
To operationalize this dynamic, the study proposes a quadrangular matrix
of global power structured into four dynamic blocs. On the one hand, the
Western North, led by the United States and Europe, retains nominal hege-
mony by controlling established nancial and institutional circuits. On the
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other hand, the Eastern North, with China and Russia at the helm, concen-
trates the highest density of relative power and is rapidly building alternati-
ve emerging networks to challenge that monopoly.
In turn, the global South is divided into an Eastern South, composed of eco-
nomies aligned with the Sino-Russian orbit that are critical of the unipolar
order, and a Western South, where India’s reclassication stands out, as it
actively mediates between the two Norths to maximize its own strategic
autonomy.
Finally, it is concluded that this transitional reconguration remains stable
not because of a lack of normative afnities or the preponderance of one
“North” over the other, but because of a deep reciprocal functional depen-
dence between the two, since a disconnection between them would be ex-
cessively costly for the system. The evolutionary resolution of this matrix
of shared hegemony—whether it leads to a Western restoration, a dominan-
ce of the Northeast, or genuine multipolarity—will not depend exclusively
on the dominant powers. On the contrary, the course of the global order will
be dened in the spaces of the South through their decisions regarding alig-
nment, their capacity for agency, and the construction of their own circuits
of strategic autonomy vis-à-vis both Norths.
Keywords: Global Order, Hegemonic Interdependence, Shared Hegemony,
Quadrangular Matrix, Global South.
Introducción
El planteo de la reconguración del poder global actual, focalizada en
la aparición de nuevos actores en competencia con el Estado y la cen-
tral preocupación por la transición hegemónica hacia el Asia Pacíco,
como eje del debate académico presente, debe ser morigerada y tensionada
de manera argumental. Aquí sostendremos que esa transición geográca de
poder se desarrolla dentro de ese mismo orden en su globalidad. Esto es, el
orden internacional basado en los dos pilares de la dinámica de la concen-
tración política y de la concentración económica (Cox, 1981, 1997a, 1997b,
2013), que constituyen la lógica estructural de Occidente, se ha desplegado
en la totalidad planetaria durante los siglos XX y XXI. En estos momentos,
el dominio de esos dos pilares de poder se equilibran en una reclinación hacia
el oriente geográco.
Aunque este cambio de relocalización del poder es claro en esa relativa decli-
nación, se observa el desarrollo de un orden de proporciones cuadrangulares
y multidimensionales con una transición hacia el Asia-Pacíco, pero enmar-
cado en una totalidad estructural.
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Para comprender este planteo, consideramos que el orden global en transfor-
mación debe ser desagregado en dimensiones, variables e indicadores que
denan este cambio de manera analítica y empírica, sobre una sólida teo-
ría que lo interprete. Para ello, el concepto de interdependencia hegemónica
(Laporte, 2022) podría transformarse en el engranaje conceptual que permita
comprender la dinámica del poder global. Como hemos teorizado,
…la interdependencia hegemónica es la estructuración del orden global en
circuitos de interconexión múltiples, complejos y profundos. Esta conectivi-
dad, tiene actores que la monopolizan y generan una interrelación dinámica
de dimensiones internas y externas como condicionantes de las políticas
exteriores de los países. Estas dimensiones se desagregan en socio-políticas,
coalicionales, económicas, de defensa y seguridad, tecnológicas e ideológi-
cas. Todas ellas, se encuentran cohesionadas de manera sistémica a través
del Estado. Esto genera la preponderancia asimétrica de un actor estatal o
grupo de actores estatales por sobre el resto de los actores y los convierten
en hegemónicos dentro del sistema internacional (Laporte, 2022, p. 118).
Para tal n, entendemos que este orden mundial debe ser analizado como un
objeto de estudio en movimiento y, a partir de esta característica, se necesita
un paradigma estructural que comprenda la complejidad, la interdependencia
y las asimetrías de poder en una dinámica en transformación.
1. Los planteamientos teóricos del orden global
Este apartado describe el estado del debate sobre los diferentes paradigmas
y las miradas teóricas más signicativas sobre el orden internacional en el
contexto de la historia reciente. La hipótesis de todos ellos es que el orden
global está en un proceso de cambio y transición de poder (Gilpin, 1981).
Dentro del estado del arte, se pueden observar tres grandes ejes que estruc-
turan la discusión. Por un lado, aquellos que describen un traslado del centro
del poder de occidente hacia el Asia-Pacíco; por otro lado, los que observan
una fragmentación del orden internacional; nalmente, aquellos que analizan
una desaparición de los centros tradicionales de poder en actores decisio-
nales no estatales con capacidad de agencia global. Por cierto, en algunos
casos, estas teorizaciones se entrecruzan de manera consistente.
Entre ellos circula la incertidumbre sobre la naturaleza de las transforma-
ción: ¿es un cambio del orden global o un cambio dentro de ese orden estruc-
turalmente dado?
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Ante estos planteamientos que se analizarán —y adelantando hallazgos pos-
teriores como centro de este trabajo—, entendemos que esta pregunta no
siempre es respondida por el estado del debate. Consideramos que se teori-
zan escenarios sobre un orden global sin conocer y denir previamente cuál
es su lógica de funcionamiento matricial que precede a ese cambio.
En este marco, el centro de nuestra preocupación es esa explicación de cam-
bio estructural del orden global y cómo se estructura a partir de dimensiones
y variables con claras jerarquías de poder asimétricas. A partir de esto, resulta
necesario analizar los planteos más robustos para luego proponer un planteo
alternativo en diálogo con ellos y sobre sus pilares de gran valor explicativo.
En relación con los trabajos de un orden global en transición, podemos des-
tacar los planteos sobre un “mundo posoccidental” de Stuenkel (2016), quien
sostiene que Occidente ha tenido una posición dominante tanto en lo mili-
tar como en lo económico en los pasados doscientos cincuenta años (p. 1).
Para el autor, este proceso también se aplicó a la disciplina de las relaciones
internacionales bajo un Western-led process que le dio su basamento teóri-
co-conceptual, coincidiendo con el auge de su poderío material y político.
La contracara de este proceso implicó “socavar las contribuciones de los
pensadores y culturas no occidentales” (p. 3).
Para Stuenkel, esta centralidad de los paradigmas occidentales distorsiona la
claridad y neutralidad para analizar el orden internacional que se está con-
gurando. En este aspecto, a contrario sensu, consideramos, por un lado, que
el conocimiento disciplinar, por cierto siempre situado, puede estar centrado
en el espacio euroatlántico y contribuir a confeccionar una matriz metodoló-
gica de análisis sin esa limitación geográca, así como en los otros espacios
disciplinares, como América Latina. Por otro lado, y como el mismo autor
maniesta, más que un mundo posoccidental, se está construyendo —sobre
las bases de este— un mundo que refuerza sus dinámicas e instituciones in-
ternacionales y crea otras “paralelas” para sostenerlo en su dispositivo básico
de funcionamiento global más amplio de su centro geográco inicial.
Cercano a este concepto, encontramos la concepción de un “orden neooc-
cidental” en Josep Piqué (2018), quien entiende que la caída del Muro de
Berlín generó una universalización del basamento cultural y axiológico de
Occidente alrededor del mundo que, en paralelo, evidenciaba un surgimiento
de Asia-Pacíco como alternativa de poder. El autor refuerza esta idea al
sostener que “este repliegue anglosajón diculta pero no impide, sin embar-
go, que los valores que han encarnado y defendido históricamente Estados
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Unidos y el Reino Unido vayan a formar parte del nuevo orden mundial que
se está congurando” (Piqué, 2018, p. 45). Más bien, “este repliegue se ha
producido cuando esos valores son ya, en gran medida, globales” (Piqué,
2018, p. 45). Esto fundamenta nuestra concepción de un orden globalmente
occidental en sus basamentos de poder y de valores que lo sostienen, más allá
de su geo-localización en transición.
Otra mirada, en los estudios de Lin (2023), es aquella que sostiene que el
orden global se está estructurando entre una competencia preponderante
entre Estados Unidos y el eje euroasiático. Aquí, tanto China como Rusia
“comparten la misma visión de un Occidente hostil y reconocen las ventajas
estratégicas de una mayor alineación. Sin embargo, se mantienen recelosos
el uno del otro, ya que ninguno desea ser responsable ni subordinarse al otro”
(Lin, 2023, párr. 16).
Esta visión no es compartida por Bremmer y Roubini (2011), que desafían
el análisis al armar que nos encontramos en un orden global sin centro de
poder, al que llaman un G-Zero World. Según este punto de vista, “vivimos
en un mundo G-Zero, en el que ningún país o bloque de países tiene la in-
uencia política y económica —o la voluntad— de impulsar una verdadera
agenda internacional” (p. 3).
Un concepto con un nivel de complejidad más agudo sobre el orden global es
el que plantea Acharya (2017), quien lo describe como The Multiple World
Order o G-PlusWorld. Para el autor, nos encontramos en “un «mundo multi-
plex» en el que sobreviven elementos del orden liberal pero subsumidos en
un complejo de órdenes internacionales múltiples y transversales” (p. 272).
El artículo de este autor fue escrito durante la primera presidencia de Trump.
Al teorizar sobre el orden internacional liberal, sostenía que este se susten-
taba en cuatro pilares: el libre comercio, las instituciones multilaterales de
posguerra, el crecimiento de la democracia y los valores liberales. Como si
hablara también del mandato actual, en relación con ese orden establecido,
entiende —y coincidimos— que “más que ser la causa de su estancamiento,
Trump está simplemente apurando su descomposición” (p. 272) y destru-
yendo cada uno de sus fundamentos constitutivos en contra de los pilares
identitarios y de poder de Occidente.
Acharya introduce el término multiplexity. ¿Cuáles son las características de
este orden “multiplex” para él? Analicemos. 1) Está formado por una multi-
plicidad de actores con peso en el sistema internacional; 2) la interdependen-
cia es más densa que la anterior; 3) la interdependencia es global y no “in-
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traeuropea”; 4) existe una mayor densidad y durabilidad de las instituciones
regionales e internacionales; 5) los desafíos al orden internacional son más
complejos (pp. 276-277).
En denitiva, “un mundo multiplex es como un cine múltiple que ofrece a
su público la posibilidad de elegir entre varias películas, actores, directo-
res y argumentos, todo bajo el mismo techo” (p. 277). Este mundo refuerza
la interconectividad y la interdependencia, y Estados Unidos ya no domina
las variables sistémicas de manera unilateral y hegemónica. Asimismo, los
vínculos más consistentes se establecen entre el sur-sur y no tanto como nor-
te-sur.
A diferencia de Bremmer y Roubini (2011), este autor entiende que la go-
bernanza no es “G-Zero”, sino “G-Plus”, y esto no implica un desorden, sino
un orden diferente, en el cual el Estado se encuentra en interrelación con
muchos poderes como “instituciones y actores globales y regionales, estados,
movimientos, corporaciones, fundaciones privadas y muchos tipos de socios
entre ellos” (Acharya, 2017, p. 280).
¿Cómo debemos imaginar y manejar la transición a este nuevo orden? Para el
autor, esto debe considerarse en los siguientes aspectos (p. 282).
1. Dejar de anhelar el regreso de la hegemonía de los Estados Unidos.
2. El nal de esta hegemonía no es el regreso a la anarquía.
3. Existen muchos ejemplos y casos de éxito de crecimiento y estabilidad
global.
4. Darles crédito a los actores no occidentales en la cooperación global.
5. Fomentar el globalismo pragmático.
6. Abrazar esta gobernanza G-Plus.
7. Considerar el regionalismo de manera seria.
La clave nal para el autor es el liderazgo compartido con los nuevos actores
del orden internacional y la “renuncia a los privilegios exclusivos” de los
Estados Unidos y Occidente, en tanto “Keohane tenía razón: una hegemonía
no es necesaria ni suciente para el orden mundial, como tampoco lo es una
ideología liberal indiscutible” (p. 283).
¿Cuál es la debilidad en lo que podemos denominar “teorías de los G”, teo-
rías de la complementación de actores no estatales o ausencia de “Grupos
(G)”, siendo estos grupos la unión de Estados soberanos? En este sentido, los
autores ¿visualizan un mundo en el cual los Estados se debilitan o desapa-
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recen? Por cierto, en estos planteos, el foco está colocado en los actores no
estatales, y su debilidad es la siguiente:
1. No visializan que los Estados no solo no se han debilitado y menos des-
aparecido, sino que se han fortalecido.
2. La mirada está colocada en los no Estados y no en el orden sistémico que
los contiene, que es delimitado, regulado y controlado por las unidades
estatales con el monopolio de la fuerza legítima.
3. No se observa cómo estos actores no estatales están atravesados por ac-
ción u omisión por estas capacidades o regulaciones estatales.
Como alternativa a estas teorizaciones sobre las características sistémico-es-
tructurales del orden internacional, se inician las que hemos denominado las
“teorías de los nortes”, entendiendo claramente que se reeren al espacio
en donde se localiza el poder hegemónico en sus dimensiones económicas
y políticas, así como del conocimiento disciplinar que lo valida. Aquí, los
autores se preocupan por focalizar el lugar en donde se encuentran los polos
de poder como localización geográca, más que en visibilizar la dinámica
sistémico-estructural del orden global como un todo.
Dentro de estos análisis, encontramos el término de no polaridad (Haass,
2008) para comprender el orden global actual. Aquí, este autor analiza la
transición de un mundo unipolar dominado por los Estados Unidos hacia
un mundo no polar que se caracteriza por la difusión del poder global entre
diferentes y múltiples actores.
Dentro de este registro, encontramos el agudo análisis de Russell (2021), que
descarta la idea de no polaridad de los autores anteriores estudiados y analiza
en profundidad la nueva estructuración del mundo en una “bipolaridad no
polarizada” y “exible”. Para el autor, la primera característica de este orden
es la bipolaridad entre Estados Unidos y China, como las dos superpoten-
cias indiscutibles. En este esquema, “la única excepción podría ser la Unión
Europea en caso que lograra actuar de manera unicada en el campo de la
defensa y la política exterior” (p. 13).
Como mencionamos, esta bipolaridad tiene una segunda característica de no
polarizante —o “con un bajo grado de polarización” en una transición geo-
gráca de localización del poder global—.
La principal condición de posibilidad de la no polarización es la sincronía
de la transición hegemónica entre Estados Unidos y China con el proceso
apuntado de difusión del poder y la riqueza globales que se derrama en par-
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ticular en dirección a los países asiáticos y, con ello, da lugar al progresivo
traslado del centro de gravedad de la economía mundial desde el Atlántico
Norte al Asia, poniendo n al predominio ejercido por Occidente durante
casi tres siglos (Russell, 2021, pp. 14-15).
Como tercera característica —y apoyado en Raymond Aron—, el autor seña-
la la heterogeneidad del orden internacional en términos de las “ideas y los
valores” de ambas potencias como sistemas políticos diferentes y concepcio-
nes de lo sociocultural que podrían tener una dinámica tensional.
Esta estructuración dará lugar a una “competencia inevitable con una coope-
ración imprescindible”:
China y Estados Unidos se denen como principales rivales estratégicos
y, al mismo tiempo, están compelidos a cooperar y a buscar formas de
entendimiento bilateral y de acción colectiva ecaces para hacer frente a
los así llamados “problemas de orden global”, entre los que se destacan la
contaminación del medio ambiente, las pandemias y el peligro de la proli-
feración nuclear (Russell, 2021, p. 17).
En otra visión de la conguración de los nortes —en la que coincidimos
en parte como lógica explicativa estructural—, Ikenberry (2024) entiende
que la guerra en Ucrania desató un “debate mundial de gran alcance sobre
las normas y las instituciones fundamentales del orden” (p. 121). Sobre esta
discusión, entiende que se han congurado tres espacios de poder mundial:
el norte global, el este global y el sur global. El primero, liderado por Estados
Unidos y Europa; el segundo, por China, y al tercero, el Sur Global, lo consi-
dera como “una agrupación amorfa de Estados en desarrollo no occidentales,
encabezada por India, Brasil y otros” (pp. 121-122).
Por un lado, a partir de esta división, dentro de este esquema aparecen dos
consideraciones del autor que se destacan. En primer lugar, “estos tres mun-
dos no son bloques, ni siquiera grupos de negociación coherentes. Lo mejor
sería considerarlos facciones globales informales, construidas y en constante
evolución, y no como entidades políticas jas o formales” (p. 122). Esta
apreciación es importante en tanto capta la movilidad del proceso de trans-
formación en curso.
En segundo lugar, “la idea de «polaridad» no reeja plenamente la dinámica
del sistema de los Tres Mundos” ya que China estaría ocupando la posición
de un “polo” —y podría hablarse de una nueva bipolaridad con Estados Uni-
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dos, pero no podría estar bajo esta denominación el sur global—, “que no
constituye un polo en el sentido realista, pero que, no obstante, actúa como
una fuerza colectiva que abarca todo el sistema” (p. 122).
Por otro lado, esta división opera como un “sistema de tres mundos”. Aquí
resaltamos la noción de sistema —en tanto mecanismo lógico de funciona-
miento global— que para el autor tiene cuatro características: 1) ninguno de
los tres mundos ganará esta batalla; 2) el Occidente y el este global compe-
tirán por el apoyo del sur global; 3) estos tres mundos se sustentan en un re-
greso a los principios de soberanía territorial y no intervención; 4) Occidente
sigue ocupando una sólida posición para denir la estructuración del orden
mundial.
Al continuar argumentando sobre la irrelevancia del sur global, entiende que
el orden global se estructura en la disputa entre Occidente global y el este
global, que nalmente es una lucha entre una “visión liberal e iliberal del or-
den global” (p. 127). Para el autor, a pesar de esta tensión entre ellos, ambos
pueden coexistir y no necesitan eliminarse mutuamente.
Es importante en su visión, y relacionado con nuestro planteamiento, que
el norte occidental liderado por Estados Unidos no es un sistema denido
geográcamente, sino que se constituye sobre la base de principios y reglas
de funcionamiento. En este sentido, agregamos, esos principios y reglas han
sido globalmente extendidos y consolidados. De este modo, también serán
el basamento del otro norte, como ya es evidente en su constitución esta-
to-capitalista. Pero, de esta apreciación se distancia Ikenberry en tanto China
ofrece un orden alternativo a Occidente en lo que el autor denomina una
“triple transición”:
1. China se convertirá en un competidor par de los Estados Unidos.
2. Es la primera gran potencia no occidental que se convertirá en superpo-
tencia global.
3. Es una transición de una hegemonía de liderazgo liberal a uno iliberal.
Sobre estos tres introitos, podemos analizar críticamente que, en el prime-
ro, China aún no ha desarrollado todas las dimensiones de la interdepen-
dencia hegemónica ya explicitada (Laporte, 2022, 2023). En relación con el
segundo punto, sigue considerando el concepto geográco del orden global
y no sus principios de funcionamiento que según Ikenberry son justamente
“globales” y no localizados. En el tercer punto, más allá del liderazgo chino
enmarcado en el Partido Comunista en su sistema político interno, no se evi-
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dencia una intención de trasladar esta concepción al interior de los Estados
con los cuales se relaciona, ni de transformar el sistema internacional bajo
estos fundamentos ideológicos.
Por cierto, se advierte un discurso con intenciones por parte de China de
cambiar las reglas del sistema internacional sobre los valores de la potencia
asiática en sus discursos, como legitimación de su intención expansiva en
registro oriental. Pero esto es irrelevante en relación con la primacía de las
dos dinámicas estructurales de ese país dentro del orden internacional: el sis-
tema de producción capitalista y el poder político realista, ambos sostenidos
en la acumulación y la concentración que deriva, por cierto, en asimetrías
objetivas. En concreto, China no está cambiando el orden global, lo está
utilizando para su desarrollo expansivo propio.
El mismo autor parece no encontrar el argumento denitivo para explicar
el orden global actual y debilita algunos de sus postulados precedentes y se
acerca a lo que hemos planteado y desarrollaremos aún más en este trabajo.
No está claro si China tiene las ideas y capacidades necesarias para ofrecer
una alternativa a escala mundial al orden internacional liberal occidental.
No cabe duda de que China se ha beneciado de la economía mundial li-
beral y abierta. Es revelador que China se muestre menos entusiasta de la
“desglobalización” y el “desacoplamiento” de la economía mundial que los
Estados Unidos (Ikenberry, 2024, p. 129).
Para reforzar esta tensión argumental, que parece en algunos momentos con-
tradictoria, el autor entiende que hay dos características que enmarcan la
relación entre ambos nortes. La primera es el “carácter expansivo del norte
global”. La segunda es la doble característica de este: “un sistema global
organizado en torno a la apertura, las reglas basadas en normas y con nes
social liberales, así como un orden hegemónico liderado por los Estados Uni-
dos” (p. 130).
Ante esta armación, sostenemos que ya no hay más expansión de la lógica
del poder occidental en el orden internacional, precisamente porque alcanzó
su “globalidad”, y esas normas son su sustento no geográco de funciona-
miento internacional estructural.
Finalmente, el texto introduce el sur global con dos fuertes capacidades para
armarse en la lucha por el poder global. La capacidad, por un lado, de cons-
truir coaliciones con ambos nortes y, por otro lado, de darle legitimidad a
cada uno de ellos. Paradójicamente, para demostrar el peso de estos países
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unicados como sur global —que fueron denominados previamente como
una “agrupación amorfa”—, el autor sostiene que la “pesadilla” de ambos
nortes es que este espacio se alíe de manera sistémica y denitiva con uno de
los nortes y deje afuera al otro (p. 137).
Otra de las clasicaciones de este razonamiento de “geolocalización de los
nortes”, aparece en el robusto artículo de Hirst et al. (2024). En este texto,
los autores entienden que esta discusión debe precisarse cuestionando los
abordajes de “transición de poder e interregno” y consideran más adecuado
utilizar la “noción de orden no hegemónico”, denido como un “orden en
el que ningún Estado o coalición de Estados y fuerzas sociales estaría en
condiciones de establecer su hegemonía o dominio con alcance mundial” (p.
138). A su vez, en su crítica a la teoría de la transición de poder, subrayan
el nuevo rol de las potencias medias1 en la nueva conguración global y de
actores no estatales.
Para comprender este estado del mundo, proponen pensar el orden interna-
cional congurado en dos nortes en tensión y competencia —norte 1 y norte
2— sumados al sur global. En este sentido, denominamos a esta congura-
ción un “triángulo de tensión global”, como tirantez entre los nortes y tensión
entre ellos y el sur global.
Para los autores, el norte 1 está liderado por Estados Unidos, el norte 2 está
liderado por China, y al sur global lo denen como un “conglomerado de
países heterogéneo que carece de la unidad, la voz colectiva, los intereses
comunes y los activos necesarios para ofrecer un orden alternativo” (p. 143).
Consideran que esta conguración establece un “orden sin hegemonías”,
contrariamente a lo que desarrollaremos como nuestra propuesta de análisis,
en el cual ese orden consolida hegemonías interconectadas y estables pero
con fuertes asimetrías, que no garantizan ausencia de conictos y desequili-
brios, pero sí estabilidad sistémico-estructural del orden global.
Para ellos también se está conformando un “mundo posoccidental”, clivaje
que hemos discutido, en tanto consideramos que el mundo se ha constituido
como “globalmente occidental” en su lógica de funcionamiento sistémica
y lo que ha cambiado son los actores que lideran geográcamente algunas
dimensiones —quizás todas en el futuro— sobre ese dispositivo planetario.
1 Se recomienda especialmente la lectura de la publicación del Consejo Argentino para las
Relaciones Internacionales dedicada a este tema en su Número CARI (2024) Revista
Anual Asuntos Globales/Global Affairs Annual Review. Número 1, diciembre 2024, https://
cari.org.ar/views/releases/index.php?theme_id=13&asid=1
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Contrariamente a los autores anteriores, la noción de “interregno” (Babic,
2020; Stahl, 2019) se desarrolla de manera consistente en el texto de Sanahu-
ja (2022), que los autores toma de Antonio Gramsci (1930) en sus Quaderni
del carcere, y desarrolla el concepto de hegemonía —hasta ahora insuperable
para entender la doble dimensión fáctica y consensual del poder —. Así,
continúa describiendo una lógica muy sosticada para explicar el momento
actual: “La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere
y lo nuevo no puede nacer: en ese interregno se verican los fenómenos
morbosos más variado”2 (1977). Esta frase —convertida en un esquema
metodológico y explicativo general con ajustes conceptuales y empíricos—
puede interpretar momentos de crisis intermésticas de manera muy aguda
en diferentes momentos de la historia. Si bien fue aplicada al mundo de la
primera posguerra como surgimientos y contraposición de “nuevas formas
de cesarismo, al fascismo, al militarismo y a la guerra” (Sanahuja, 2022, p.
87), cobra vitalidad explicativa para este momento de cambio global hacia un
lugar desconocido o como una nueva fase del poder.
El autor, de manera valiosa, incorpora lo que conocemos como los condi-
cionantes internos de las políticas exteriores —precisamente el rol de las
elites— en el estudio de los cambios sociopolíticos que inuyen en la política
exterior. En el momento histórico mencionado y que se adecúa al presente,
nos encontramos con una erosión del consenso y el consentimiento de las
clases dirigentes nacionales y mundiales para la resolución de los problemas.
Esto deriva en la incapacidad de construir nuevas hegemonías totalizantes y
de plantear opciones de salida violenta de las crisis internas y su expresión
internacional con conictos que replantean los esquemas de gobernanza glo-
bal institucionalizada.
Para el autor, esto se inicia en la crisis de 2008 —y se entreteje con la di-
mensión política al interior de los países—, que se pensaba transitoria, pero
mostró características estructurales que perduran hasta el presente y mues-
tran “el frecuente éxito electoral de outsiders que medran en ese escenario de
desafección; y el ascenso de fuerzas iliberales y de extrema derecha, también
en países que parecían inmunizados por haber tenido traumáticas experien-
cias autoritarias” (Sanahuja, 2022, p. 88).
Estas dinámicas complejas y multifactoriales generan en el plano internacio-
nal que “las potencias establecidas no logran sostener el orden internacional
2 “La crisi consiste appunto nel fatto che il vecchio muore e il nuovo non può nascere: in
questo interregno si vericano i fenomeni morbosi più svariati” (Gramsci, 1977, p. 311).
JUAN PABLO LAPORTE 73
liberal, y cuando este es impugnado por actores revisionistas, estos últimos
tampoco parecen tener la voluntad o la capacidad de generar un orden mun-
dial alternativo” (p. 88).
Ante este desarrollo del concepto de interregno aparece la contrahipótesis
que ilumina parte de este trabajo: ¿es posible que las características transi-
torias del interregno sean las características permanentes del nuevo orden
mundial?
Finalmente, otro cuerpo de reexiones que no analizaremos en profundidad,
se preguntan si hay una fragmentación de poder geoeconómica (Gopinath,
Gourinchas, Presbítero y Topalova, 2024) o una bipolaridad estructurante
(Actis y Creus, 2020), pero no polarizada (Russell, 2021), o si estamos en
presencia de un minilateralismo (Panda y Park, 2024; Heiduk y Wilkins,
2024).
2. Un orden cuadrangular dentro de la interdependencia hegemónica
Si bien todas estas teorizaciones precedentes iluminan el debate y tienen ele-
mentos que nos permiten pensar sobre el orden internacional actual, reforza-
mos el argumento de la interdependencia hegemónica cuadrangular (Lapor-
te, 2023) que dio origen a una primera propuesta de ordenamiento del orden
mundial. En este planteo sostuvimos que
… se está congurando un sistema internacional con cuatro grandes espa-
cios globales, en un equilibrio en movimiento que estructura lo que pode-
mos denominar un Orden Global Cuadrangular: Estados Unidos, la Unión
Europea, el Asia-Pacíco liderada por China (…) y el sur global (p. 115).
El basamento empírico de esta armación se sustentó en las siguientes métri-
cas del año 2022 que luego se modican:
Los datos relevados para sustentar este esquema de poder indican que Esta-
dos Unidos representó el 18,48 % del producto interno bruto global (ajusta-
do por poder adquisitivo, PPA) en 2022, mientras que China lo hizo en un
15, 57 %. Ambos, entonces, participan en un 34,05 % de ese indicador. La
Unión Europea lo hace en un 14,56 % en ese mismo año. En total, Estados
Unidos, China y la Unión Europea participan en el producto bruto global en
un 48,61 %. El resto del mundo —al que consideramos como el sur global
— representa el 51,39 % del producto interno bruto total (p. 115).
74 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
En relación con el esquema nanciero y de ayuda al desarrollo, también se
mencionó este esquema:
un indicador que nos permite comprender este nuevo diseño cuadran-
gular del mundo, mencionamos los cuatro canales principales de nancia-
miento más importante del sistema internacional por espacio geopolítico
mencionado —que no dependen de los organismos multilaterales clásicos
de Bretton Woods —: el Build Back Better World (B3W) Partnership y el
Americas Partnership for Economic Prosperity de los Estados Unidos; el
Global Gateway de la Unión Europea; la Belt and Road Initiative y el Asian
Infrastructure Investment Bank de China y el New Development Bank de
los BRICS, que pretende transformarse en el banco del Sur Global (p. 117).
Si actualizamos a 2026 estos datos mencionados, según fuentes del Banco
Mundial (2026), OCDE (2026) y FMI (2026), se mantiene la proporcionali-
dad cuadrangular, pero con algunos ajustes, como los que siguen.
En 2026, China, Estados Unidos y la Unión Europea suman 48,22% del PIB
global en PPA, mientras que el sur global representa un 51,78% y China lide-
ra el bloque de grandes economías por primera vez:
Estados Unidos: 14,58%.
China: 19,84%.
Unión Europea: 13,8%.
EE. UU. + China + UE: 48,22%.
Sur global: 51,78%.
En 2026, China consolida su posición como la mayor economía individual
en términos de GDP/PPP, superando a Estados Unidos y a la Unión Europea.
El sur global mantiene la mayor parte del GDP/PPP, 51,78%, lo que sigue
reejando su importancia como espacio estratégico en cuanto a recursos ali-
mentarios y energéticos, aunque su institucionalización sea baja y sus voces
plurales se expresen crecientemente en organismos multilaterales.
Llegados hasta aquí, y fruto de la investigación que dio origen a este artículo,
se encontraron cinco aspectos que es necesario renar y profundizar.
En primer lugar, una renada y recongurada estructuración de la interde-
pendencia hegamónica cuadrangular en un norte occidental, un norte orien-
tal, un sur occidental y un sur oriental. Segundo, el planteo que sostiene que
el concepto de sur global es inconsistente en tanto se lo conciba como un
bloque unicado. En tercer lugar, la necesidad de dividirlo en dos espacios
JUAN PABLO LAPORTE 75
denidos pero en transformación. En cuarto lugar, la complementación de la
denición de interdependencia hegemónica con el concepto de hegemonía
compartida. En quinto lugar, una nueva estructuración en el cual un actor, la
India, funciona como un equilibrio de la balanza para la conguración exito-
sa de alguno de los dos sures que enunciaremos y, nalmente, en la batallas
geopolítica entre ambos nortes.
3. Un sur global fragmentado pero más competitivo
En relación con el sur global, planteado por varios autores como un concepto
geopolítico e histórico (Haug, Braveboy-Wagner y Maihold, 2021) y como
una totalidad identitaria de poder, es necesario analizarlo desde su realidad
conceptual y empírica. Luego, validar su proyección performativa, normati-
va y política y, por cierto, la ecacia concreta de crear poder real en los paí-
ses que lo integran si actúan como un bloque, o existen lógicas y dinámicas
que los dividen —incluso en benecio de los actores de algunos de los dos
nortes—.
Para comenzar, debemos centrar el análisis en un espacio geopolítico que
cobra una inicial identidad desde el propio norte con la enunciación de Carl
Oglesby, quien argumenta que siglos de “dominio de Estados Unidos sobre
el Sur Global… han convergido… para generar un orden social intolerable”
(Oglesby, 1969, p. 90). Este espacio que asciende de la marginalidad de los
bordes como “naciones oscuras y pobres” (Prashad, 2013, 2024) en búsque-
da de una narrativa que tiene su genealogía en la dinámica tercermundista
de la historia del siglo XX, pero que se interconecta con un sinnúmero de
variables más complejas en el siglo XXI.
Para profundizar este introito, los autores Mazzega et al. (2025) realizan un
metaanálisis sobre el concepto de sur global entre los años 1994 y 2024. En
este trabajo, se analizan aproximadamente 17.000 artículos de la base de datos
Scopus. Los autores demuestran que, a pesar de ser una categoría utilizada
frecuentemente por líderes políticos para exigir reformas en el orden multila-
teral, su conceptualización es dominada en la academia por instituciones del
norte global, especialmente de Estados Unidos y el Reino Unido. No obstante,
el texto resalta el creciente protagonismo de potencias emergentes como In-
dia, Sudáfrica, Brasil y China, quienes actúan como motores en temas críticos
como el cambio climático, el desarrollo sostenible y la gobernanza.
Si avanzamos en el análisis, coincidimos con Tokatlian y Merke (2024) en
que este espacio “representa un desafío fundamental para la concepción tra-
76 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
dicional del poder y la inuencia en los estudios internacionales” (p. 11),
aunque debemos desagregar sus desventajas a la hora de uniformar reali-
dades diferentes y destacar países que ya no se encuentran en esa categoría.
En nuestro análisis, analizamos de manera crítica la categoría de sur global,
argumentando que este concepto como “metacategoría” tiende a homoge-
neizar realidades diversas y heterogéneas, eliminando las especicidades de
cada país y reproduciendo la misma lógica de dominación euroatlántica que
intenta cuestionar.
En el análisis de este espacio ideacional y performativo —ciertamente po-
roso y con límites difusos— se observa la preocupación por su puesta en
escena tanto de la academia como de la enunciación de la política exterior
de algunos de los países. En este sentido, no hay acuerdo común sobre su
contenido ni sobre la conveniencia de su utilización por parte de ninguno de
ambos sectores. Al decir de los autores Haug et al. (2021),
la mayoría de las publicaciones que contienen referencias al “Sur Glo-
bal” dan por sentada esta categoría, sin denir explícitamente qué signica
el “Sur Global” o —quizás lo que es aún más importante en qué medida el
marco del “Sur Global” aporta realmente algo a su análisis (p. 4).
Esto se observa en muchos trabajos, que toman el concepto como algo dado
y sin dar cuenta de su genealogía y contexto histórico de surgimiento y, me-
nos aún, de su realidad cambiante y modicada en el momento presente.
De este modo, “el «Sur Global» se ha convertido, en gran medida, en una
categoría que se da por sentada. La mayoría utiliza el término sin dar más
explicaciones y da por hecho que los demás saben a qué se reere” (Haug,
Braveboy-Wagner y Maihold, 2021, p. 5).
Dentro de este estado del debate, un primer gran tema es el lugar de China
en este espacio, ya “que no existe un consenso general sobre su inclusión”,
esto “debido a su condición de país de renta media” y que “es vista como
una superpotencia nuclear, económica, tecnológica y nanciera, además de
ser miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”
(Malacalza, 2024, p. 40).
Frente a lo mencionado, enunciamos cinco plenteos teóricos.
Entendemos que el primer planteo en este debate es retirar a China de este
conjunto de Estados, que no solo no se equipara con las jerarquías y las di-
mensiones reales del poder global, sino que invisibiliza que dentro de ese sur
JUAN PABLO LAPORTE 77
global se producen las mismas asimetrías y estructuras de dominación que se
intentan emancipar del norte. Esto a pesar de las declaraciones públicas de
incluir a China en este lugar de pertenencia, tanto del ministro de Relaciones
Exteriores Wang Yi, quien expresó la pertenencia de China a este espacio en
julio de 2023, así como el presidente Xi Jinping, que hizo lo propio en agosto
de ese año.
El segundo planteo es que, si bien los países que lo integran pueden com-
partir percepciones y valores sobre el orden global, la dinámica de la com-
petencia entre Estados Unidos y China los obliga a generar alineamientos
con algunos de ellos, ya sean duros o exibles, activos o pasivos, que no les
permiten dinamizar acciones conjuntas.
Como tercer planteo, sostenemos que el nivel de institucionalización presen-
te y futuro será débil o inexistente como sur global, aunque se pueden esperar
acciones compartidas en temas muy generales, por ejemplo, en el G77 dentro
de la ONU. En este sentido, muchas veces se confunden acciones colectivas
coordinadas con múltiples acciones plurales con similitudes en sus intereses,
pero desconectadas de una estrategia común, como cuerpo colectivo, muchos
menos insistimos, institucionalizado.
El cuarto planteo es que, aunque se lo considere como un “sur geopolítico”
(Costa y Duarte, 2024), esto lo enmarca frente a otros actores internacionales
como un bloque monolítico, que le impide desarrollar particularidades de
cada país o de manera regional en sus benecio. Además,
la política de tratar al Sur Global como un grupo político es, en opinión de
China, una campaña occidental para politizar el término con el n de aislar
a sus adversarios a través de criterios geopolíticos, una estrategia que, a su
entender, apunta directamente hacia China (Sun, 2024, s.p.).
El quinto planteo es considerar si los logros o el mejoramiento de los indi-
cadores de los países que lo integran tienen que ver con su “pertenencia” al
sur global o responden a otras múltiples causas históricas que comienza a
dinamizar sus economías o a alineamientos, fuera de la estrategia de actuar
como un bloque único (Shidore, 2023)
Llegados a este punto, se presenta una hipótesis sustantiva para el análisis
académico: ¿puede este concepto performativo y espacio geopolítico fosili-
zar a sus actores en un eterno camino al desarrollo que sea funcional a los
dos nortes en pugna?
78 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
En este entendimiento, en su afán de construir una narrativa alternativa y
contestataria al orden mundial dominante —que visibilice las asimetrías de
la interdependencia hegemónica—, se transforma en un espacio endogámico
y autorreferenciante. Esto bloquea las dinámicas de inserción internacional
de los países que lo integran y quedan atrapados en alineamientos que no res-
ponden a su matriz de política exterior más ampliada, estratégica y compleja.
También es paradójico que, en algunos de sus contenidos y dinámicas en
contra del orden liberal internacional, se transforman en aliados silenciosos
de las nuevas derechas alternativas (Sanahuja y López Burian, 2020; de Ore-
llana y Michelsen, 2019; de Orellana, Michelsen y Costa Buranelli, 2023),
así como de los nativismos civilizatorios nacionalistas (Coker, 2019) con
claros actores dentro de esta categoría como China (Zhang, 2012), Rusia
(Tsygankov, 2016) e India (Srivastava, 2023).
A su vez, el desacople de China del resto de los países del sur, luego de sus
medidas adoptadas para salir de las crisis del 2008, generó -dentro del amplio
sur global- una nueva asimetría estructural que recrea patrones neocoloniales
de dominación en su lógica de inversiones y préstamos y su intercambio por
materias primas sin valor agregado. Ello se cristaliza en una nueva estructura
de reprimarización y desindustrialización que recongura una nueva relación
centro periférica dentro del sur global (Jenkins, 2012).
4. La nueva expresión de la interdependencia hegemónica: la hegemonía
compartida
Lo que el concepto de interdependencia hegemónica desarrolla con precisión
en la conguración del orden global actual es la condición de una hegemonía
compartida como la capacidad estructural de organizar interdependencias
pero con claras jerarquías de poder3. Así, el orden global tiene actores que
3 Un trabajo que se titula “Estados Unidos y China, hacia una hegemonía parcial o compar-
tida” de los autores Daniel David Jaime Camacho, Martín Esteban Seoane Salazar y Carlos
Gómez Chiñas (2022) intentan acercarse a este concepto pero de manera diferente a nuestro
planteo. Lo autores sostienen: “ Si bien no se puede concluir de manera determinante que
China sea una nueva hegemonía, si se encuentra en el camino para ser considerado como
potencia hegemónica en el futuro cercano, las trayectorias revisadas en el presente trabajo
así dan cuenta. Es cierto que aún quedan muchas incógnitas por descifrar en torno a este
tema, pero también es cierto que no son pocos los expertos que opinan que a este paso el
centro de gravedad de las relaciones internacionales (económicas, políticas, nancieras,
JUAN PABLO LAPORTE 79
monopolizan determinados circuitos (Estados Unios los establecidos, China
los emergentes), pero ninguno de ellos puede ejercer la preponderancia asi-
métrica de forma estable y sistémica como monopolio único.
En este sentido, la hegemonía compartida puede formularse en la siguiente
proposición:
La hegemonía compartida es la condición estructural de un orden global
en el que la preponderancia asimétrica existe y opera, pero está distribuida
entre dos constelaciones de poder que monopolizan de forma diferenciada
las distintas dimensiones de la interdependencia hegemónica. Su estabili-
dad no deriva del consenso entre ellas, sino de su dependencia funcional
recíproca, y cuya resolución —hacia una hegemonía consolidada o hacia
una hegemonía alternativa— depende de la capacidad de cada actor he-
gemónico de sustituir los circuitos que el rival controla, y de la decisión de
los actores del sur de alinearse, arbitrar o construir circuitos propios en
cada dimensión de la interdependencia hegemónica cuadrangular.
Este concepto profundiza y explicita el mecanismo de la interdependencia
hegemónica y la estructura en una matriz más operacionalizable. Si la in-
terdependencia hegemónica describe el mecanismo de funcionamiento del
orden global, la hegemonía compartida describe la forma que ese mecanismo
adopta cuando el monopolio de los circuitos se fractura entre dos actores sin
que ninguno pueda reconstituir la totalidad de la hegemonía.
Como validación nal argumental, armamos que este esquema sistémico no
es una taxonomía geográca en transición ni una categorización de regíme-
nes políticos o económicos. Esta matriz es la operacionalización espacial del
concepto de interdependencia hegemónica en tanto, cada espacio representa
una posición distinta dentro de los circuitos de interconexión que la hace
compleja, jerárquica, pero estructuralmente compartida.
La hegemonía compartida es la condición estructural del orden global en la
cual dos o más actores estatales o constelaciones de actores estatales mono-
polizan de manera diferenciada y superpuesta los distintos circuitos de inter-
conexión de la interdependencia hegemónica, sin que ninguno de ellos pueda
ejercer una preponderancia asimétrica sistémica de forma estable sobre la
totalidad de sus dimensiones. Esta condición no produce desorden ni vacío
etc.) se moverá hacia el continente asiático, lo que no había ocurrido jamás en la historia
moderna; las tensiones entre Washington y Beijín así parecen dar cuenta”. (p. 224).
80 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
hegemónico, sino una nueva lógica de funcionamiento sistémico en la que la
hegemonía existe, opera y condiciona las políticas exteriores de los estados,
pero está distribuida entre los actores que monopolizan circuitos distintos.
Llegados hasta aquí, son necesarias tres precisiones conceptuales para dis-
tinguir este concepto dentro del estado del debate recorrido. Entonces, la
hegemonía compartida:
En primer lugar, no es multipolaridad. La multipolaridad supone varios cen-
tros de poder relativamente equivalentes y sustituibles. La hegemonía com-
partida supone dos constelaciones principales con monopolios especializa-
dos e irreemplazables sobre circuitos distintos. No hay equivalencia entre los
polos, en tanto uno monopoliza los circuitos establecidos y el otro construye
los emergentes, y esa asimetría es precisamente lo que genera la dinámica
del sistema.
En segundo lugar, no es no-hegemonía. La no-hegemonía describe un orden
sin actores dominantes. La hegemonía compartida, en cambio, arma que
hay hegemonía —es decir, preponderancia asimétrica real que condiciona a
los demás actores—, pero esa hegemonía está ejercida por más de un actor
sobre dominios distintos. El sistema no carece de una estructura jerárquica,
sino que se estructura en dos jerarquías parciales que se solapan en los es-
pacios globales y dentro de los del sur global, al buscar su injerencia en las
diferentes dimensiones de la interdependencia hegemónica.
En tercer lugar, no es un interregno transitorio hacia otro tipo de orden.
El interregno gramsciano es una fase de tránsito entre un orden viejo y uno
nuevo. La hegemonía compartida puede ser una condición estructuralmente
estable, no una transición. Su estabilidad no deriva de la convergencia de va-
lores o instituciones entre los actores hegemónicos, sino de su dependencia
funcional recíproca. Ninguno puede prescindir de los circuitos que el otro
monopoliza sin costos sistémicos que excedan el benecio de la ruptura.
La interdependencia hegemónica teorizada previamente establece que el or-
den se estructura en circuitos de interconexión múltiples, complejos y profun-
dos, articulados en seis dimensiones: sociopolítica, coalicional, económica,
de defensa y seguridad, tecnológica e ideológica. La hegemonía compartida
emerge cuando esas seis dimensiones son monopolizadas de manera diferen-
ciada por distintos actores.
Para ampliar lo antedicho, argumentamos que la hegemonía compartida in-
terdependiente se sostiene en cuatro proposiciones.
JUAN PABLO LAPORTE 81
Primera proposición: la interdependencia funciona como un mecanismo de
estabilidad sistémica del orden global. La hegemonía compartida no se sos-
tiene por consenso normativo ni por equilibrio de poder en el sentido clásico.
Se sostiene porque los dos actores hegemónicos son funcionalmente depen-
dientes de los circuitos que el otro monopoliza. EE. UU. necesita la manu-
factura china para sostener su consumo interno y sus cadenas de suministro
tecnológico. China necesita el sistema nanciero dólar-SWIFT para liquidar
sus transacciones comerciales internacionales. Esta dependencia mutua no
elimina la rivalidad, pero le pone un piso estructural, en tanto la desconexión
total sería más costosa para ambos que la coexistencia en tensión.
Este mecanismo es lo que distingue la hegemonía compartida del dilema de
seguridad del realismo clásico. En el dilema de seguridad, la ganancia de uno
es pérdida del otro. En la hegemonía compartida, la destrucción de los circui-
tos del rival implicaría también la destrucción parcial de los propios, porque
están entrelazados en la totalidad del sistema de interconexión.
Segunda proposición: la asimetría como motor dinámico de la doble lógica
global. Uno de los dos actores monopoliza los circuitos establecidos —los
que estructuran el orden existente— y el otro monopoliza los circuitos emer-
gentes —los que podrían estructurar el orden futuro—. Así, esta asimetría
temporal es el motor de la dinámica del sistema.
El actor que monopoliza los circuitos establecidos tiene la ventaja de la iner-
cia institucional porque el cambiar las reglas del sistema requiere convencer
a todos sus participantes de adoptar alternativas que aún no tienen la misma
escala y conabilidad. El actor que monopoliza los circuitos emergentes tie-
ne la ventaja del crecimiento diferencial, ya que, como punto de partida bajo,
cualquier ganancia relativa en la participación de los circuitos alternativos
representa un avance en la correlación de fuerzas.
El resultado es que la hegemonía compartida tiene una dirección de paridad
de monopolios, no hacia la restauración de la hegemonía unipolar. Esa direc-
ción puede acelerarse (si el actor de circuitos emergentes consolida alternati-
vas sucientemente robustas), detenerse (si el actor de circuitos establecidos
logra incorporar a los rivales a su arquitectura en condiciones asimétricas
favorables) o revertirse (si una crisis sistémica destruye los circuitos emer-
gentes antes de que alcancen masa crítica).
Tercera proposición: el doble sur que enunciaremos se presenta como un
espacio de resolución del fortalecimiento de alguno de los dos nortes. En la
hegemonía unipolar, el sur global es el receptor pasivo de las condiciones del
82 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
orden. En la hegemonía compartida, el sur global se convierte en el espacio
activo donde esta es disputada. Los dos actores hegemónicos compiten por
los alineamientos del sur porque son esos alineamientos los que determinan
qué circuitos —establecidos o emergentes— alcanzan masa crítica suciente
para consolidarse como el andamiaje del próximo orden.
Esto genera una inversión estructural respecto del orden unipolar, ya que el
poder de negociación del sur aumenta precisamente porque ninguno de los
dos actores hegemónicos puede prescindir de su adhesión. Sin embargo, ese
poder de negociación no se traduce automáticamente en autonomía estratégi-
ca: los alineamientos del sur son captados por la lógica de la interdependen-
cia hegemónica, que los integra como nodos de los circuitos de quien ofrece
condiciones más ventajosas. La autonomía real requeriría construir circuitos
propios, lo que está fuera del alcance de los actores del sur de manera indivi-
dual o colectiva, al menos en el corto plazo.
Cuarta proposición: las condiciones de inestabilidad de la interdependencia
hegemónica. La hegemonía compartida puede mantenerse como condición
estructural estable o puede colapsar hacia alguna de sus tres salidas posibles.
A) Como ruptura de la interdependencia funcional. Si uno de los actores
logra desacoplar sus circuitos del rival a un costo tolerable —mediante susti-
tución tecnológica, reorientación comercial o construcción de alternativas -
nancieras con escala suciente—, la dependencia funcional que estabiliza el
sistema desaparece. La política de control de exportaciones de semiconduc-
tores de EE. UU. hacia China es el experimento más signicativo en curso.
Si China logra sustituir los chips avanzados occidentales, uno de los pilares
de la interdependencia funcional se rompe unilateralmente. B) Como esca-
lada en una dimensión de alineamiento duro. Las dimensiones de defensa y
seguridad son las menos exibles del sistema. Un conicto armado en Tai-
wán, el mar del Sur de China o el Indo-Pacíco no solo produciría pérdidas
directas, sino que forzaría alineamientos duros en actores que hoy mantienen
posiciones de equidistancia. Esos alineamientos forzados redistribuirían los
circuitos de interconexión de forma discontinua, y potencialmente rompe-
rían la estructura de interdependencia funcional que estabiliza la hegemonía
compartida. C) Como erosión interna de uno de los polos. La hegemonía
compartida supone que los dos actores hegemónicos mantienen cohesión
interna suciente para ejercer el monopolio de sus circuitos respectivos. Una
fragmentación interna del norte occidental —la tensión entre el unilateralis-
mo transaccional de Estados Unidos y el multilateralismo normativo europeo
es el caso más visible— podría fracturar el monopolio de los circuitos esta-
JUAN PABLO LAPORTE 83
blecidos. Una crisis de legitimidad interna del norte oriental —una desacele-
ración severa de la economía china o una ruptura del pacto sino-ruso— haría
lo propio con los circuitos emergentes.
5. Hacia una nueva conguración de la interdependencia hegemónica
cuadrangular
A partir de lo analizado en relación con la estructuración de claros bloques de
poder sobre el esquema matricial de la interdependencia hegemónica, apare-
ce un razonamiento a la luz de la nueva geopolítica en movimiento y sin un
claro horizonte de consolidación, pero con una dinámica cuadrangular de
reposicionamientos. En este sentido, al tomar las teorizaciones desarrolladas
y los alineamientos que se encuentran en proceso de reconguración, pode-
mos plantear hipotéticamente que el orden mundial se organiza en torno a
cuatro espacios de poder en base a la relación estructural analizada, los que
conguran una nueva polaridad cuadrangular. Asimismo, un orden mundial
que exige alineamientos duros en las líneas rojas de la defensa y la seguridad
internacional y alineamientos exibles en las demás dimensiones de la inter-
dependencia hegemónica.
Esto da como resultado un hallazgo estructural en una reformulación del
orden global cuadrangular en la siguiente conguración: un norte occidental
que incluye a Estados Unidos, Europa y sus aliados en Asia y Oceanía (Japón
y Australia, entre otros); un norte oriental liderado por China aliada a Rusia
(y en tensión con la India); un sur occidental constituido por los países del
sur global que se alinean con el occidente global, y un sur oriental que, a
contrario sensu, está formado por aquellos países que se alineen con el norte
oriental y son, en esencia, los miembros de los BRICS y sus aliados.
Si analizamos los países que componen los cuatro espacios enunciados con
los indicadores de PBI PPA, porcentaje del PIB mundial y tasa de crecimien-
to anual, se observan interesantes resultados en base los datos del Fondo Mo-
netario Internacional (2024), Grupo Banco Mundial (2024) y Organización
para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (s.f.).
Bajo estas premisas teóricas, realizaremos dos análisis. Un primer análisis
incluye a India dentro del sur oriental en el marco de los BRICS y sus países
aliados. Un segundo análisis incluye a India dentro del sur occidental dado
su alineamiento militar con Estados Unidos y su política de balanceo entre
los dos sures.
84 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
El primer análisis - con India dentro del sur oriental- da como resultado esta
conguración conceptual y empírica.
El norte occidental agrupa a las economías industrializadas avanzadas con
un número de países con una alineación en el bloque liderado por Estados
Unidos y Europa, que se articulan institucionalmente en torno a la OTAN, el
G7, la OCDE, Five Eyes, AUKUS y el Quad. Concentra aproximadamente
85 billones de dólares PPA, que equivale al 39% del PIB mundial. Estos paí-
ses crecen a un ritmo de entre el 1 y el 3% anual, el más lento de los cuatro
espacios. Su declive relativo es sostenido en tanto el G7 representaba el 52%
del PIB PPA mundial en 1990 y hoy representa el 29%.
El norte oriental (al medir PIB mundial, porcentaje en este y tasa de creci-
miento anual) es el espacio numéricamente más pequeño del sistema con
cinco países (China, Rusia, Bielorrusia, Corea del Norte e Irán), pero el de
mayor densidad de poder, ya que concentra las dos únicas potencias nuclea-
res con capacidad de rivalizar con Estados Unidos. Además de ser los dos
únicos Estados con asiento permanente en el Consejo de Seguridad fuera del
bloque occidental. Sumado a esto, China es la primera economía del mundo
en términos de paridad de poder adquisitivo. Este espacio suma aproximada-
mente 45 billones de dólares PPA, equivalentes al 21% del PIB mundial, y
crece al 4-5% anual. Sin China, el bloque no tiene existencia competitiva ya
que el gigante asiático representa el 82% de su masa económica total.
El sur oriental es el espacio de mayor dinamismo del sistema, en tanto agru-
pa a las economías emergentes y en desarrollo con alineación primaria hacia
el bloque China-Rusia, expresada mediante su membresía plena como socios
en los BRICS, su participación en la Iniciativa de la Franja y la Ruta, su inte-
gración en la Shanghai Cooperation Organisation (SCO) y con una conducta
marcadamente antioccidental predominante en los foros multilaterales. A su
vez, concentra aproximadamente 58 billones de dólares PPA, equivalentes
al 27% del PIB mundial, y crece a un promedio ponderado del 5-7% anual.
El sur occidental agrupa a las economías emergentes y en desarrollo con
alineación primaria hacia el norte occidental, articulada mediante acuerdos
de libre comercio con EE. UU. y/o la Unión Europea. Asimismo, forman
alianzas de seguridad formal o informal y hay, en algunos casos, una ausen-
cia de membresía en los BRICS plena y una conducta prooccidental predo-
minante en los foros multilaterales. Es el espacio de menor masa económica
del sistema (aproximadamente 14 billones de dólares PPA, equivalentes al
6% del PIB mundial), y el de mayor volatilidad de alineación. Ninguno de
JUAN PABLO LAPORTE 85
sus miembros sacrica sus vínculos económicos con China por razones de
alineamiento político, lo que convierte a varios de ellos en candidatos a mi-
grar hacia el sur oriental en el próximo quinquenio.
Este relevamiento se validó con un entrecruzamiento con la totalidad de los
193 Estados miembros de Naciones Unidas, más dos observadores perma-
nentes (la Santa Sede y Palestina) y cuatro entidades geopolíticamente rele-
vantes sin membresía en las Naciones Unidas (Taiwán, Kosovo, Islas Cook y
Niue). La distribución nal es que 56 entidades forman el norte occidental, 5
en el norte oriental, 66 el sur oriental y 66 el sur occidental.
El dato más elocuente del conjunto es la contradicción entre número de paí-
ses y peso económico: el norte occidental representa el 39% del PIB PPA con
56 entidades, mientras que el sur oriental concentra el 27% con 66 países.
El norte oriental, con apenas 5 países, acumula el 21%. Y el sur occidental,
representa solo el 6% del PIB PPA global con 66 entidades. La asimetría
entre número de Estados y peso económico es la expresión más precisa del
carácter profundamente desigual y asimétrico del orden global cuadrangular
que este esquema busca analizar.
Como señalamos al inicio de esta clasicación, es necesario colocarla en
tensión teórica y empírica con un actor central del nuevo orden mundial, que
es la India.
Esta reclasicación de la India en el sur occidental tiene una justicación
analítica sólida dentro del concepto de interdependencia hegemónica que
teorizamos. India participa en el Quad —la arquitectura de seguridad dise-
ñada por Estados Unidos para contener a China en el Indo-Pacíco—, tiene
relaciones de defensa profundas con Washington, compra armamento occi-
dental masivamente y su sistema judicial, universitario y nanciero está inte-
grado al marco institucional del norte occidental. Su membresía en BRICS es
reformista, no rupturista. La India usa el BRICS para ampliar su autonomía,
no para derribar el orden occidental. De este modo, reclasicarla como sur
occidental interpreta esa lógica con mayor precisión que ubicarla en el sur
oriental junto a Nicaragua o Mali.
A partir de esto, el impacto en los indicadores es signicativo. Aquí, India
($14,5B, 6,6% del PIB PPA mundial), al migrar del sur oriental al sur occi-
dental, eleva este último del 6% al 13% del PIB PPA mundial y lo convierte
en el segundo espacio más dinámico del sistema, desplazando al norte orien-
tal, en crecimiento relativo. Finalmente, el sur oriental cae del 27% al 20%
del PIB mundial.
86 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
Si volvemos a entrecruzar los datos en base a esta nueva categorización, se
observan cambios relevantes, estructurados en las dimensiones de la interde-
pendencia hegemónica.
El primer espacio, el norte occidental, agrupa a las economías industriali-
zadas avanzadas con alineación primaria en el orden liderado por Estados
Unidos y Europa. Con aproximadamente 85 billones de dólares en paridad
de poder adquisitivo —el 39% del PIB mundial—, es el espacio de mayor
masa económica absoluta del sistema. Lo integran 56 entidades, entre ellos:
Estados Unidos ($34,0B, 15,5% del PIB PPA mundial, crecimiento del 2,8%
anual), la Unión Europea como bloque ($30,2B, 13,8%), Japón ($6,5B,
3,0%), Alemania ($5,7B, 2,6%), Francia ($4,2B, 1,9%), el Reino Unido
($3,8B, 1,7%), Italia ($3,4B, 1,6%), Canadá ($2,8B, 1,3%), Corea del Sur
($3,1B, 1,4%), España ($2,5B, 1,1%), Singapur ($0,75B, 0,34%, crecimien-
to del 2,7% anual), Australia ($1,9B, 0,9%), Taiwán ($1,6B, 0,7%), Israel
($0,55B, 0,25%, crecimiento del 1,6% anual), Suiza ($0,72B) y el conjunto
de economías integradas a la OTAN, la UE o el sistema de alianzas de segu-
ridad occidental.
Su cohesión se articula en las seis dimensiones simultáneas de la interdepen-
dencia hegemónica. En la dimensión coalicional, la OTAN, con sus 32 miem-
bros, es la arquitectura de seguridad colectiva más poderosa de la historia.
En la dimensión económica, el sistema dólar —que opera como moneda de
reserva en el 58% de las reservas mundiales y en más del 80% del comercio
internacional— es el mecanismo de preponderancia asimétrica más potente
del sistema (Fondo Monetario Internacional, 2025). En la dimensión tec-
nológica, el norte occidental conserva ventajas críticas en semiconductores
avanzados, capacidad de cómputo, inteligencia articial de frontera y mar-
cos regulatorios digitales, aunque esa primacía se encuentra crecientemente
disputada por China. En la dimensión ideológica, el liberalismo democrático
y el orden internacional basado en reglas constituyen el marco normativo
que este bloque exporta como condición de participación en sus circuitos de
interconexión. Al momento de escribir este artículo, esta última dimensión
está en crisis tanto en su narrativa normativa como en los hechos diplomáti-
cos bajo un transaccionismo “depredador” por parte de la presidencia Trump
(Walt, 2026).
Sin embargo, el norte occidental exhibe una característica sustantiva en la
reconguración del orden mundial, en tanto es el espacio de crecimiento más
lento del sistema, con una tasa de entre el 1 y el 3% anual, frente al 5-7%
del sur oriental y el 4-5% del norte oriental. A su vez, como mencionamos,
JUAN PABLO LAPORTE 87
su participación en el PIB PPA mundial cayó del 52% si tomamos el núcleo
duro del G7 en 1990 al 39% actual. Esa erosión relativa no es una crisis, sino
la expresión aritmética de que el resto del mundo crece más rápido y acumula
poder económico relativo.
La fractura interna más relevante del bloque es la que opone el multilate-
ralismo institucional europeo al unilateralismo transaccional de la segunda
administración Trump. Por ejemplo, cuando los aliados de la OTAN recha-
zaron en marzo de 2026 participar en la operación contra Irán y cuando la
Comisión Europea comenzó a construir autonomía estratégica en defensa y
tecnología, quedó expuesta la tensión estructural del norte occidental. Su
cohesión depende de la convergencia entre el poder militar de Estados Uni-
dos y el poder normativo de Europa. Esta convergencia no puede darse por
garantizada en las actuales condiciones de la interdependencia hegemónica
cuadrangular.
El segundo espacio, el norte oriental, es el más pequeño en número de ac-
tores, con cinco países (Rusia, China, Bielorrusia,Corea del Norte e Irán), y
el de mayor densidad de poder relativo por actor. Con aproximadamente 45
billones de dólares PPA, equivalentes al 21% del PIB mundial, y una tasa de
crecimiento del 4-5% anual, este bloque concentra la primera economía del
mundo en paridad de poder adquisitivo, el mayor arsenal convencional nu-
clear en expansión sino-ruso, la mayor capacidad manufacturera del planeta
y dos asientos permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Si analizamos su composición, China ($37,0B, 16,9% del PIB PPA mundial,
crecimiento del 5,2% anual) es el actor denitorio del espacio en tanto su-
peró a Estados Unidos en PIB PPA en 2017 y ha ampliado esa brecha cada
año desde entonces. Actualmente, en 2026, la diferencia es de 11,7 billones
de dólares en términos de paridad adquisitiva y continúa creciendo. Ade-
más, produce el 28-30% de las manufacturas mundiales y tiene proyección
de alcanzar el 45% en 2030 según el informe UNIDO-ONU de octubre de
2024 (United Nations Industrial Development Organization, 2024). Entre
1990 y 2024 explicó el 30% del crecimiento económico global, partiendo de
una cuota de apenas el 2,3% del PIB PPA mundial en los años noventa, para
llegar al 19,7% actual. La Iniciativa de la Franja y la Ruta ha comprometido
más de un billón de dólares en infraestructura en más de 140 países - no
todos aliados plenos en las demás dimensiones- , construyendo circuitos de
dependencia que funcionan como mecanismo de captación de alineación
estratégica con una narrativa original entre teorizaciones milenarias y mo-
dernas.
88 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
En la dimensión tecnológica, la iniciativa “Hecho en China 2025” (MIC25)
produjo avances manufactureros y tecnológicos de escala histórica en sus
diez años de implementación. Según la United Nations Industrial Develo-
pment Organization (2025), China cumplió o superó sus metas en cinco de
los diez sectores estratégicos —vehículos de nuevas energías, equipamiento
eléctrico, biofarmacéutica, construcción naval y equipamiento espacial—;
con empresas de base china ha concentrado cerca de un cuarto del creci-
miento global de exportaciones en los diez sectores entre 2015 y 2023, y
la capacidad manufacturera de semiconductores fundacionales creció cuatro
veces más rápido que la demanda global en ese mismo período. Boullenois,
Black y Rosen (2025), documentan que los benecios scales orientados a
la innovación crecieron a una tasa anual promedio del 28,8% entre 2018 y
2022, que la participación de China en publicaciones cientícas del top mun-
dial aumentó en promedio 18 puntos porcentuales entre 2015 y 2023 y que
la cuota global de patentes chinas creció más de 4 puntos porcentuales en ve-
hículos eléctricos, nuevos materiales, electrónica y robótica. Ambas fuentes
coinciden en que, tras una década de apoyo estatal sostenido, China es hoy
más innovadora, ha escalado en la cadena global de valor y ha consolidado
su posición como potencia manufacturera mundial.
En relación con Rusia ($7,3B, 3,3% del PIB PPA mundial, crecimiento del
3,6% anual) es la cuarta economía del mundo en PPA, la mayor de Europa
en esa métrica, y la potencia que más directamente ha desaado el orden de
seguridad occidental desde 2022, con la invasión a Ucrania. Su valor sisté-
mico para el norte oriental no es económico sino estratégico-militar, en tanto
es el proveedor de energía del cuadrante y nancia la guerra de desgaste
contra Ucrania y la OTAN. Asimismo, Rusia es el actor que demostró que
las sanciones occidentales no producen un colapso cuando existen circuitos
alternativos de interdependencia hegemónica con otros actores aliados. Fi-
nalmente, consideramos a este país como el laboratorio donde China observa
en tiempo real la resistencia del sistema occidental frente a una potencia
nuclear desaante.
Corea del Norte y Bielorrusia completan el bloque con funciones asimétricas
pero de intensidad. La primera, como desaante nuclear que absorbe aten-
ción estratégica occidental sin costo para China; la segunda, como territorio
de integración total que extiende la frontera rusa al corazón de Europa sin
necesidad de una segunda invasión formal. Estos dos países se suman dada
la cercanía funcional directa, más que por su participación económica en
este bloque. Finalmente Irán, como estado teocrático y terrorista declarado,
JUAN PABLO LAPORTE 89
tensiona al máximo la legalidad, la legitimidad y la normatividad del orden
establecido y desafía parte de la provisión del petróleo mundial. Asimismo,
ensaya posibles teatros de guerra hipotéticos y testea respuestas y armamen-
tos analizados por China en su carrera armamentista frente a Estados Uni-
dos. Por cierto, por sus dimensiones e indicadores, estos tres países podrían
clasicarse perfectamente en el sur oriental pero su interrelacióin funcional
es tan cercana a China y Rusia que estarían en una posición intermedia entre
ambos cuadrantes.
La característica estructural más relevante del norte oriental es su asimetría
interna, que se profundiza al sumar al sur oriental. Sin China, el bloque no
tiene coherencia ni masa de poder suciente para constituirse en un polo he-
gemónico alternativo. Rusia aporta poder militar y nuclear, pero su economía
representa apenas el 20% de la de China en términos PPA.
Este norte oriental es, en términos de la interdependencia hegemónica, el
espacio que construye circuitos de interconexión alternativos a los del norte
occidental, y su éxito en esa construcción es la variable que determina di-
rectamente si el orden mundial se consolida como bipolaridad o evoluciona
hacia una multipolaridad genuina.
El tercer espacio, el sur oriental, agrupa a las economías emergentes y en
desarrollo con alineación primaria hacia el bloque China-Rusia, expresada
mediante una membresía plena o de socio en BRICS, una participación en la
BRI y una integración en la SCO, con una conducta antioccidental predomi-
nante en foros multilaterales. Con aproximadamente 44 billones de dólares
PPA —el 20% del PIB mundial en el nuevo esquema con India reclasica-
da— y una tasa de crecimiento del 5-7% anual, es el segundo espacio en
dinamismo del sistema.
Brasil ($4,5B, 2,1% del PIB PPA mundial, crecimiento del 2,9% anual) pre-
sidió los BRICS en 2025 y participó en la rma del histórico acuerdo de libre
comercio Mercosur-Unión Europea como una señal de que incluso el actor
más inuyente del sur oriental mantiene circuitos de interconexión activos
con el norte occidental. Indonesia ($4,5B, 2,1%, crecimiento del 5,0% anual)
ingresó formalmente a los BRICS en enero de 2025, y se convirtió en el
primer miembro del Sudeste Asiático y el décimo del bloque. Irán ($1,8B,
0,8%, crecimiento del 4,5% anual) es miembro pleno desde 2024 y el caso
más extremo de ruptura con el orden occidental en relación con el conicto
armado directo con Estados Unidos e Israel desde febrero de 2026, represen-
ta el polo más duro de la alineación oriental.
90 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
Los diez socios BRICS de 2025, que son Bielorrusia, Bolivia, Cuba, Kaza-
jistán ($0,68B), Malasia ($1,16B), Nigeria ($1,3B, 0,6%), Tailandia ($1,64B,
0,7%), Uganda, Uzbekistán ($0,34B), Vietnam ($1,3B, 0,6%) y como país
solicitante, Pakistán ($1,51B, 0,7%), amplían el bloque en número de Es-
tados, pero también en heterogeneidad. Nigeria es la mayor economía de
África subsahariana, Vietnam es uno de los actores de mayor crecimiento de
Asia-Pacíco, y Kazajistán mantiene simultáneamente acuerdos con Rusia,
China y Occidente.
El sur oriental contiene además un amplio conjunto de economías en de-
sarrollo africanas, asiáticas y latinoamericanas, cuya alineación con el blo-
que oriental se articula principalmente a través de la BRI y de los vacíos
de gobernanza que los actores occidentales no han llenado. La República
Democrática del Congo ($0,15B), Tanzania ($0,22B), Mozambique, Angola
($0,28B), Mali, Níger, la República Centroafricana y Zimbabue son la di-
mensión africana de ese espacio. Venezuela ($0,30B), Nicaragua y Honduras
representan su dimensión latinoamericana.
La paradoja estructural del sur oriental es que es el espacio más heterogéneo
del sistema y el que mayor tensión interna exhibe. No tiene arquitectura de
seguridad colectiva propia ya que los BRICS no son una alianza militar. No
tiene moneda común ni sistema nanciero integrado en tanto el intento de
desdolarización avanza lentamente porque incluso sus miembros más com-
prometidos —Brasil, India, Sudáfrica— tienen sistemas nancieros profun-
damente integrados al marco del norte occidental. Se observa, por ejemplo,
que Brasil y Venezuela competían por el liderazgo narrativo latinoamericano
hasta la intervención de Estados Unidos; Nigeria y Etiopía por el africano,
e Indonesia e Irán representan visiones radicalmente distintas de lo que el
bloque quiere ser en su normatividad internacional.
Lo que cohesiona al sur oriental no es una agenda positiva compartida, sino
una crítica funcional al orden unipolar occidental. Esto se traduce en la de-
manda de reforma de las instituciones de Bretton Woods, de representación
ampliada en el Consejo de Seguridad y de nanciamiento climático sin con-
dicionalidades políticas.
El cuarto espacio, el sur occidental, es el que más se transforma con la nueva
categorización que incluye a la India en este espacio. En el esquema ante-
rior, con apenas 14 billones de dólares PPA y una tasa de crecimiento del
2-4% anual, era el espacio más pequeño y más periférico del sistema. Con la
incorporación de India al bloque, el sur occidental asciende a aproximada-
JUAN PABLO LAPORTE 91
mente 28 billones de dólares PPA —el 13% del PIB mundial— y su tasa de
crecimiento promedio ponderada asciende al 5-7% anual, impulsada por la
economía que el FMI proyecta como la de mayor crecimiento sostenido entre
las grandes potencias en el horizonte 2025-2030.
India se transforma en el actor que justica y al mismo tiempo desafía
esta reclasicación. Con 14,5 billones de dólares PPA, el 6,6% del PIB
mundial y un crecimiento del 7,0% anual en 2024, es la tercera economía
del mundo en paridad adquisitiva, la más poblada del planeta con 1430
millones de habitantes, y el caso más potente de lo que la interdependencia
hegemónica produce como condicionante de la conguración del orden
global. Participa activamente en el QUAD como la arquitectura de seguri-
dad diseñada por Estados Unidos para contener a China en el Indo-Pací-
co, junto con EE. UU., Japón y Australia. Compra armamento de EE. UU.,
Francia, Israel y de la industria de defensa occidental en general. Como
mencionamos, su sistema jurídico, universitario, nanciero y de patentes
está integrado al marco institucional del norte occidental. Al mismo tiem-
po, es miembro fundador de los BRICS, integra la SCO, se abstuvo en las
votaciones de la ONU sobre la invasión rusa de Ucrania y rechaza las san-
ciones occidentales a Rusia comprando petróleo a este país con preferen-
cias. Su posición no es de neutralidad pasiva, sino de arbitraje activo. Usa
el QUAD como garantía de seguridad contra China, y los BRICS como
plataforma de reforma del orden global. De este modo, maximiza su auto-
nomía estratégica en la interdependencia hegemónica y su incorporación
al sur occidental muestra esa lógica con mayor delidad que ubicarla junto
a Irán, Venezuela o Mali.
Los demás actores del sur occidental articulan su alineación occidental a tra-
vés de mecanismos más directos, pero menos estratégicamente sosticados.
México ($3,62B, 1,7%, crecimiento del 2,3% anual) está anclado al norte
occidental por el T-MEC, aunque China es su segundo socio comercial. Ar-
gentina ($1,27B, 0,6%, crecimiento del 2 o 3% anual) rechazó formalmente
su candidatura a los BRICS en 2023 y adoptó una alineación explícita con
Estados Unidos e Israel, convirtiéndose en el único caso de retirada volun-
taria del bloque oriental dentro de los BRICS. Turquía ($4,0B, 1,8%, creci-
miento del 3,2% anual) es miembro pleno de la OTAN sin membresía BRICS
formal, lo que la ubica estructuralmente en este espacio pese a sus ambigüe-
dades. Filipinas ($1,24B, 0,6%, crecimiento del 6,0% anual), con alianza de
defensa formal con Estados Unidos el mar del Sur de China, Chile ($0,68B),
Colombia ($0,95B), Marruecos ($0,38B), Kenia ($0,35B) y el conjunto de
92 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
economías latinoamericanas, africanas y del Pacíco con orientación prima-
ria occidental completan el bloque.
Finalmente, la característica denitoria del sur occidental en el nuevo esque-
ma es que contiene el mayor potencial de transformación del sistema: India,
México, Turquía y Filipinas son actores cuya alineación es situacional antes
que estructural, y cuya migración hacia el sur oriental —si las condiciones
de interdependencia se modican— tendría consecuencias sistémicas de pri-
mer orden. Son los actores en los que la preponderancia asimétrica del norte
occidental es más visible como condicionante de política exterior, porque
su permanencia en el bloque occidental depende de que los circuitos de in-
terconexión que ese bloque ofrece continúen siendo más ventajosos que los
alternativos que el norte oriental construye.
Ante este análisis conceptual y empírico, el dato más revelador que emerge
de la comparación de los cuatro espacios no es el peso estático, sino la diná-
mica de convergencia de los bloques y los actores. El norte occidental crece
al 1-3% anual; el norte oriental, al 4-5%; el sur oriental y el sur occidental
—sumando a la India—, al 5-7%. A estas velocidades de crecimiento dife-
renciales, la participación del norte occidental en el PIB PPA mundial con-
tinuará erosionándose incluso si sus economías no experimentan recesión.
En una proyección lineal a diez años con esas tasas de crecimiento, el norte
occidental caería por debajo del 35% del PIB PPA mundial, el norte oriental
superaría el 23%, y el sur occidental —impulsado por India— se acercaría al
17%. El sur oriental, incluso sin India, mantendría su 20% por la dinámica
combinada de Brasil, Indonesia, Nigeria y Vietnam.
Esta proyección debe leerse como la expresión cuantitativa de las tendencias
estructurales que el concepto de interdependencia hegemónica describe. El
sistema no cambia porque un actor derrote militarmente a otro. Cambia por-
que los circuitos de interconexión que estructuran el orden se redistribuyen
lentamente, a través de la acumulación de ventajas en la dimensión económi-
ca, manufacturera, tecnológica y coalicional. China construyó esa redistribu-
ción en tres décadas de crecimiento sostenido al 9% anual promedio. India
lo hace ahora al 7%. Brasil, Indonesia y Nigeria lo harán en la próxima etapa
con tasas altas también.
En este escenario dinámico, el interregno como concepto de transición den-
tro de la lógica de la interdependencia hegemónica no tiene fecha cierta de
cierre y de aparición de una nueva conguración de poder. Esto es así porque
su resolución depende de si el norte occidental logra mantener los niveles
JUAN PABLO LAPORTE 93
de crecimiento sostenido y consolidar sus ventajas tecnológicas o si el norte
oriental consolida circuitos alternativos lo sucientemente robustos como
para ofrecer a los actores del sur una opción sistémica viable.
Lo que el esquema cuadrangular revela, en síntesis, es que el mundo actual
de 2026 es un sistema de preponderancias asimétricas en transición, donde el
actor hegemónico establecido, que es el norte occidental, conserva su posi-
ción por la inercia institucional y tecnológica de sus circuitos, mientras el ac-
tor hegemónico emergente —el norte oriental liderado por China— acumula
masa suciente para desaarlo sin tener aún la capacidad de reemplazarlo.
Entre esos dos polos, el sur occidental —reformulado con India como actor
central— y el sur oriental operan como los espacios donde esa transición
se tensiona. Sus decisiones de alineación, sus modelos de desarrollo y su
capacidad de construir autonomía dentro de la interdependencia hegemónica
determinarán si el interregno se cierra con una nueva bipolaridad, una mul-
tipolaridad genuina o una reconguración del orden que aún no tiene una
denominación disciplinar de consenso.
A partir de lo analizado como operacionalización de los cuatro espacios de
poder global, cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿cómo ordena y, a su vez se
valida, la teoría de la interdependencia hegemónica?
El concepto de interdependencia hegemónica (Laporte 2022) articula cuatro
introitos que podemos relacionar empíricamente con el esquema cuadran-
gular en la hegemonía compartida. Primero: el orden global se estructura
en circuitos de interconexión múltiple, compleja y profunda. Segundo: esa
conectividad tiene actores que la monopolizan. Tercero: la interrelación ope-
ra en seis dimensiones (sociopolítica, coalicional, económica, de defensa y
seguridad, tecnológica e ideológica) cohesionadas sistémicamente a través
del Estado. Cuarto: el resultado es la preponderancia asimétrica de un actor
o grupo de actores sobre el resto.
El esquema cuadrangular de los dos nortes y los dos sures no solo es compa-
tible con ese concepto, sino que la denición describe exactamente el meca-
nismo que produce los cuatro espacios. El orden global no es una red plana
de 193 actores equivalentes, sino que es una red jerarquizada en la que dos
constelaciones de poder concentran los nodos de mayor centralidad sistémi-
ca-estructural.
El norte occidental monopoliza los circuitos nancieros globales. El sistema
SWIFT conecta más de 11.000 instituciones nancieras en 200 países, y su
94 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
arquitectura de gobernanza está controlada por los bancos centrales del G10.
El dólar opera como moneda de reserva en el 58% de las reservas mundiales
y en más del 80% de las transacciones de comercio internacional. La arqui-
tectura de Bretton Woods (FMI, Banco Mundial, OMC) fue diseñada por y
para este bloque, y sus reglas de votación ponderada aseguran que Estados
Unidos y la Unión Europea conserven poder de veto efectivo sobre las deci-
siones más signicativas. Esto se observa claramente en el informe “Cuotas
y poder de veto en los Miembros del FMI y Junta de Gobernadores del FMI”
(Fondo Monetario Internacional, 2026).
El norte oriental, con China como actor central, monopoliza circuitos alter-
nativos en construcción acelerada. La Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI)
ha comprometido más de 1 billón de dólares en infraestructura en más de
140 países, creando dependencias de deuda que funcionan como mecanismo
de alineación. El sistema de pagos CIPS (Cross-Border Interbank Payment
System) procesa ya más de 12 billones de dólares anuales como alternativa
parcial a SWIFT. El yuan representa solo el 1,95% de las reservas mundiales
(Fondo Monetario Internacional, 2025); pero su uso en operaciones con so-
cios de la BRI viene creciendo a tasas de dos dígitos, con registros ociales
del 18% en Shanghái y del 43% en Jinhua (State Administration of Foreign
Exchange, 2025).
Lo que el esquema cuadrangular mapea es la geografía de esa monopoli-
zación, en tanto el norte occidental monopoliza los circuitos establecidos;
el norte oriental construye circuitos alternativos; el sur oriental se integra
preferentemente a los nuevos circuitos por necesidad o por elección, y el sur
occidental permanece en los circuitos establecidos, aunque negocia condi-
ciones dentro de ellos, en lo que hemos denominado un alineamiento activo
(Laporte y Schenoni, 2026). Esto es, aceptar un alineamiento estructural re-
gional no deseado e imposible de desarticular, pero condicionarlo para sumar
valor en cada dimensión del desarrollo en las exigencias frente a la potencia
dominante en esa región.
Ahora, llegados a este estado argumental, cabe preguntarse cómo se dina-
miza cada dimensión de la interdependencia hegemónica dentro y, a su vez,
formateando este esquema cuadrangular.
La dimensión socio-política, reere a los regímenes de gobernanza, los mo-
delos de legitimidad y las identidades políticas que estructuran la alineación.
El norte occidental construye su cohesión sobre el liberalismo democrático
como ideología de legitimación del orden. El norte oriental opone el princi-
pio de soberanía absoluta y no-injerencia como contranarrativa sistémica. El
JUAN PABLO LAPORTE 95
sur oriental contiene la mayor heterogeneidad sociopolítica del sistema, en
tanto, democracias consolidadas como Brasil coexisten con teocracias como
Irán - en su doble pertenencia también al norte oriental. Lo que los cohesiona
en ese espacio no es la anidad del régimen, sino la convergencia en el recha-
zo al orden de gobernanza liderado por Occidente, principalmente Estados
Unidos. El sur occidental replica esa heterogeneidad, pero orientada hacia un
desgastado liberalismo institucional como marco de referencia, aunque sin
adoptarlo como norma interna en todos los casos.
La dimensión coalicional es la que el esquema cuadrangular interpreta con
mayor precisión, porque las coaliciones son el indicador más observable de
alineación. El norte occidental articula su coalición en la OTAN (32 miem-
bros), el G7, Five Eyes, AUKUS, el Quad y la OCDE. El norte oriental lo
hace en el pacto entre China y Rusia (Andrieu, 2025) y la SCO y BRICS
como núcleo. El sur oriental se integra a la coalición oriental mediante
BRICS con 11 miembros plenos y los 9 países socios devenidos tales en 2024
(BRICS Brasil, 2025) , la Belt and Road Iniciatives formada por más de 150
países y 30 organizaciones internacionales (Portal de la Franja y la Ruta,
2024) y el G77 + China en su capacidad de agencia dentro de las Naciones
Unidas. El sur occidental mantiene sus coaliciones en el sistema occidental,
como el T-MEC (México, Estados Unidos y Canadá), la Alianza del Pacíco,
el Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación
entre México y la Unión Europea, los acuerdos bilaterales con EE. UU., sin
construir una arquitectura coalicional propia. Es decir, la distribución cua-
drangular es el mapa de la arquitectura de alianzas y coaliciones del sistema.
La dimensión económica es la que produce la tensión más explícita del es-
quema porque desafía la coherencia de los espacios. Como se documentó a
lo largo del análisis, el norte occidental y el norte oriental están económica-
mente integrados de forma profunda a pesar de su antagonismo geopolítico.
En 2023, el comercio bilateral total de bienes y servicios entre Estados Uni-
dos y China rondó los USD 641,9 mil millones, mientras que el comercio
total de bienes entre la Unión Europea y China alcanzó los €743,9 mil millo-
nes (Ofce of the United States Trade Representative, 2025; Eurostat, 2025).
En este sentido, la interdependencia económica es el mecanismo que impide
que la rivalidad geopolítica devenga en desconexión total porque ninguno
de los cuatro espacios puede permitirse la autarquía o el aislamiento pleno.
El sur occidental ilustra esta tensión con máxima claridad: México, Arabia
Saudita y Turquía son occidentales en seguridad y orientales en comercio de
manera simultánea. La dimensión económica es el circuito que más resiste
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la lógica de bloques estancos del esquema cuadrangular, y esa resistencia es
precisamente lo que el concepto de interdependencia hegemónica describe.
Esto es, la conectividad no respeta las fronteras de la alineación.
La dimensión de defensa y seguridad es aquella con mayor correspondencia
directa entre el concepto y el esquema matricial compartido. Las arquitec-
turas de seguridad denen los espacios con mayor precisión que cualquier
otro indicador. Por ejemplo, la membresía en la OTAN es el criterio más
claro para distinguir el norte occidental del resto. El norte oriental articula
su arquitectura de seguridad en el pacto sino-ruso, la SCO y los acuerdos
bilaterales de asistencia mutua. El sur oriental no tiene arquitectura de se-
guridad colectiva propia, en tanto los BRICS no es una alianza militar, lo
que lo distingue estructuralmente del norte oriental. El sur occidental tiene
arquitecturas de seguridad con el norte occidental, pero no entre sí: Filipi-
nas, México y Arabia Saudita tienen acuerdos bilaterales con EE. UU., pero
ningún sistema de defensa colectiva entre ellos. Esta asimetría entre inte-
gración económica y arquitectura de seguridad es la expresión más concreta
de la interdependencia hegemónica en tanto los circuitos de seguridad y los
circuitos económicos no coinciden perfectamente en ninguno de los cuatro
espacios.
La dimensión tecnológica es la de mayor aceleración en la conguración actual
del sistema y la que más directamente conecta la teoría de la interdependencia
hegemónica con la dinámica 2024-2026. La casi paridad tecnológica entre am-
bos nortes en semiconductores avanzados, la inteligencia articial de frontera,
los sistemas de comunicaciones 5G y computación cuántica es el indicador
de mayor competitividad en el marco de la interdependencia. La política de
control de exportaciones de semiconductores de EE. UU., que prohíbe la venta
de chips avanzados a China, es la expresión s nítida del uso de la dimensión
tecnológica como instrumento de bloqueo hacia el competidor estratégico. En
este aspecto, se usa la conectividad —por ejemplo, la dependencia de China de
los chips taiwaneses y holandeses— como presión sistémica.
El norte oriental responde con el programa Made in China 2025 (Blaugher et
al, 2025; Boullenois et al, 2025) que en 2026 ha alcanzado el 86% de sus ob-
jetivos según lo analizado previamente. El sur oriental es el espacio que más
se beneciaría de la transferencia tecnológica china vía la BRI y los acuerdos
bilaterales, pero también es el más dependiente de los estándares tecnológi-
cos occidentales en las telecomunicaciones, la banca y la educación superior.
El sur occidental enfrenta la misma tensión que en la dimensión económica
al usar la tecnología china como Huawei, TikTok, y la infraestructura de la
JUAN PABLO LAPORTE 97
BRI dentro de marcos institucionales occidentales.
Finalmente, la dimensión ideológica es la más difícil de operacionalizar y
medir, pero la que da coherencia sistémica al esquema. El norte occidental
articula su cohesión ideológica en torno al liberalismo democrático, la eco-
nomía de mercado y el orden internacional basado en reglas – por cierto, en
pleno cuestionamiento–. El norte oriental construye su contranarrativa sobre
la soberanía estatal irrestricta, el no-intervencionismo, el desarrollo como
prioridad sobre los derechos civiles y la multipolaridad como principio orga-
nizativo del sistema. El sur oriental no tiene ideología común ya que com-
parte una crítica funcional al orden unipolar occidental, expresada como una
demanda de reforma de las instituciones de Bretton Woods, la representación
ampliada en el Consejo de Seguridad y el nanciamiento climático sin con-
dicionalidades. El sur occidental adhiere ideológicamente al marco liberal
occidental, pero negocia sus condiciones desde adentro, lo que lo distingue
del sur oriental, en tanto negocia desde afuera.
La proposición que es que la interdependencia produce preponderancia asi-
métrica, es el punto de máxima tensión con el esquema cuadrangular, porque
la pregunta que el concepto obliga a responder es ¿quién es el actor o grupo
de actores hegemónico en orden mundial actual?
La respuesta que el análisis empírico produce es que no hay un actor o grupo
de actores cuya preponderancia sea sistémicamente estable y concentre la
totalidad de las dimensiones. Estados Unidos conserva la hegemonía nomi-
nal —en PIB nominal, en arquitectura institucional, en poder militar conven-
cional y en monopolio tecnológico de frontera—, pero su preponderancia se
erosiona en cada una de las seis dimensiones analizadas. China ha superado
a Estados Unidos en PIB PPA, en producción manufacturera y en la construc-
ción de circuitos alternativos de interconexión.
Ante esta realidad, cobra interés hipotetizar escenarios prospectivos con cier-
ta probabilidad en base a lo argumentado precedentemente.
6. Escenarios posibles de salida de la hegemonía compartida
Llegados a este punto, y colocando escenarios tensionales a nuestra argu-
mentación, cabría preguntarse: ¿cuáles son los desencadenantes posibles si
esta hegemonía compartida no se transforma en una estructuración perma-
nente del orden internacional? Esta pregunta se sustenta en que la hegemonía
compartida no es un estado nal del sistema, sino un mecanismo de concen-
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tración de dimensiones de poder global en transformación. Pero su resolu-
ción dinámica puede seguir tres trayectorias, determinadas por la evolución
de los circuitos de interconexión.
En primer lugar, podría ocurrir una restauración del norte occidental. Esto
requiere que el norte occidental logre sustituir la manufactura y las cade-
nas de suministro chinas a un costo tolerable, mientras consolida su ventaja
tecnológica en semiconductores e IA antes de que China alcance la autosu-
ciencia. Es la más improbable en el corto plazo porque requiere una rein-
dustrialización masiva en economías con costos laborales altos y una coordi-
nación entre Estados Unidos y Europa que la segunda administración Trump
hace políticamente difícil.
En segundo lugar, se puede consolidar la preponderancia en ascenso del
norte oriental. Para este escenario se requiere que China: 1) consolide el
yuan como moneda de reserva con masa crítica; 2) que refuerce y consolide
el sistema CIPS (Cross-Border Interbank Payment System) con la escala y
liquidez de SWIFT, y 3) que logre la autosuciencia en semiconductores
avanzados. A nuestro entender, ninguna de estas tres condiciones está cerca
de cumplirse en el horizonte de corto plazo. La más cercana es la autosu-
ciencia manufacturera en chips de rango medio; la más lejana es la interna-
cionalización del yuan, que requiere convertibilidad plena de la cuenta de
capital, algo que el Partido Comunista Chino no está dispuesto a conceder
porque implica pérdida de control sobre los ujos nancieros domésticos.
En tercer lugar, se puede establecer una multipolaridad de equilibrio como
un nuevo concierto entre naciones. Es la salida estructuralmente más intere-
sante y la menos atendida en la literatura. Para que esto suceda, se requiere
que actores del sur occidental y oriental, desarrollen circuitos de interco-
nexión propios con suciente masa como para constituirse en un tercer polo
de monopolio de poder global – quizás unicado. La condición no es el cre-
cimiento económico de esos países, que está ocurriendo, sino la construcción
de arquitecturas nancieras, tecnológicas y coalicionales propias que no de-
pendan ni del norte occidental ni del norte oriental. Esa construcción está en
sus etapas más embrionarias.
Conclusión
El artículo analiza cómo el orden global actual transita por una recongu-
ración del poder caracterizada no por un mero traslado geográco hacia
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el Asia-Pacíco, sino por una reconguración estructural enmarcada en el
concepto de interdependencia hegemónica. A través de este lente teórico, se
supera la visión tradicional de un mundo estrictamente bipolar, multipolar
o no polar, para revelar un sistema de preponderancias asimétricas. En este
sistema, la conectividad global y sus seis dimensiones —sociopolítica, coa-
licional, económica, de defensa y seguridad, tecnológica e ideológica— se
encuentran de manera cohesionada a través del Estado y son monopolizadas
por distintos actores de manera desigual.
Como hallazgo central, se propone una nueva matriz cuadrangular del poder
mundial dividida en cuatro grandes espacios dinámicos e interconectados:
el norte occidental, el norte oriental, el sur oriental y el sur occidental. Esta
clasicación muestra que el orden internacional se sostiene sobre la base
de alineamientos duros en materia de defensa y seguridad, y alineamientos
exibles en las demás dimensiones de la interdependencia. La reclasicación
analítica de actores clave de gran peso, como la India hacia el sur occidental,
ejemplica la dinámica de arbitraje activo de este país y resalta cómo las
fronteras de los alineamientos políticos y estratégicos no siempre coinciden
con los profundos circuitos de interconexión económica y comercial.
Este análisis valida que el sistema actual opera bajo la condición de una
hegemonía compartida. Mientras el norte occidental —liderado por Estados
Unidos y Europa— intenta sostener su preponderancia nominal basándose en
la inercia institucional y tecnológica de sus circuitos tradicionales, el norte
oriental —liderado por China y Rusia— construye y consolida acelerada-
mente redes alternativas para desaar dicho monopolio sin tener aún la capa-
cidad total de reemplazarlo.
El rumbo denitivo de esta reconguración global dependerá enteramente de
las decisiones de alineación, de los modelos de desarrollo y de la capacidad
de construir autonomía estratégica por parte de los espacios del sur, cuyo ar-
bitraje dictará si esta reconguración de poder se cierra con un mantenimien-
to del liderazgo occidental, un desacople a favor del liderazgo del oriente
global o una nueva multipolaridad genuina.
Finalmente, para futuras investigaciones desde la disciplina de las relaciones
internacionales, sostenemos que el desafío se concentra en diseñar una agen-
da de investigación que contemple esta lógica matricial y la confronte con
las demás teorías para enriquecerla o tensionarla para su mejoramiento.
100 STUDIA POLITICÆ Nº 67 primavera-verano 2026
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