
NICOLÁS LEVENSON 147
De cualquier manera, este movimiento no puede ser leído como progresivo ni como lineal:
la causa no se separa nunca de su efecto, sino que se maniesta siempre también y de forma
inmanente en él. Pensar a la multitud, sostiene Ricci Cernadas, es pensarla necesariamente
con el cuerpo y con el Estado; y esto en tanto la multitud es ella misma cuerpo y también
Estado: la multitud se maniesta siendo cuerpo (un cuerpo compuesto por un afecto común)
y al mismo tiempo como si tuviera una sola mente; y, además, en la medida en que se en-
cuentra siempre ya socializada, es capaz de darse una estructura político-institucional cuyo
derecho sea su propia potencia.
El primer momento del acompasado movimiento general previamente mencionado es el del
estudio del cuerpo: el capítulo primero, “El cuerpo”, aborda la losofía de Spinoza desde su
importante (y poco estudiada) dimensión física haciendo foco en los Principios de losofía
de Descartes y la fundamental proposición 13 de la segunda parte de la Ética y se encuentra
orientado hacia la comprensión del concepto de cuerpo como fenómeno complejo. Si la
política es el campo donde el poder de los cuerpos se despliega, el abordaje del concepto de
cuerpo deviene fundamental: la interrelación entre los cuerpos, signada por el movimiento
o el reposo, permite avanzar hacia una conceptualización dinámica que separa a Spinoza
de la concepción estática de la materia cartesiana. La conceptualización de la extensión (y
no del cuerpo, como Ricci Cernadas le discute a Buyse) como algo dinámico, es lo que le
permite al lósofo holandés desteologizar el pensamiento cartesiano volviéndolo racional
e inmanente. Para continuar existiendo en sí, en cada cuerpo debe darse algo que lo oriente
a la existencia: un Dios voluntarista y trascendente ya no es el encargado de mover a los
cuerpos, sino que éstos perduran en la duración y la existencia; y esto en tanto que la causa
de su esencia se encuentra en Dios.
Este complejo despliegue deriva en la comprensión de los modos nitos qua modos nitos,
y de la causalidad como fenómeno inmanente: un cuerpo, expresión en la extensión de
la esencia divina, no aparece nunca aislado en la física spinoziana. Ergo, si la materia es
siempre una red de cuerpos interrelacionados, la física geométrica de Spinoza –sostiene
Ricci Cernadas– aborda a todos los cuerpos sin excepción. Toda estabilidad es siempre
provisoria, sujeta a la relatividad del movimiento corpóreo de la extensión: la forma del
individuo depende de su contexto, de su movimiento, y de los movimientos ajenos; la po-
lítica, aparece entonces como una forma de poner en juego esa disposición de cuerpos en
ejercicio de su potencia.
El segundo capítulo se encuentra dedicado al abordaje de la multitud como sujeto político,
para lo que recorre –entre contrapuntos con lecturas de reconocidos intérpretes como son
Étienne Balibar, Marilena Chaui o Antonio Negri– las dos obras centrales en la que Spinoza
dedica pasajes a este concepto: el Tratado Teológico-Político y el Tratado Político. La mul-
titud se asocia, reconstruye Ricci Cernadas, en torno a un afecto común: gracias a la pro-
yección de semejanza y desemejanza que los individuos anudan entre sí como resultado de
la relación física entre cuerpos, experimentan aquello que en la proposición 27 de la tercera
parte de la Ética es denido como el principio de imitación de los afectos. Y es ésta para
Spinoza la base del Estado: el derecho es su poder. La lectura de Ricci Cernadas recupera
una dimensión republicana del pensamiento spinozista (la obediencia es siempre a una ley
dada al súbdito por sí mismo, por el sujeto político al instaurar el orden de la comunidad),
permitiendo encontrar, en las coordenadas en donde la multitud y el Estado se fusionan, a
la obediencia: la multitud de esta forma se despega de la noción peyorativa de vulgus o la
plebs y gana una dimensión profundamente positiva e instituyente. En abierta polémica
con Negri, el autor de La multitud en Spinoza sostiene que el sujeto político spinoziano por
antonomasia puede actuar como si fuera una unidad, como si tuviera una sola mente: así,
Estado y multitud pueden ser recuperadas como dimensiones análogas y no necesariamente