Reseña
RICCI CERNADAS, GONZALO. (2022). LA MULTITUD EN SPINOZA: DE LA
FÍSICA A LA POLÍTICA. RAGIF EDICIONES, CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS
AIRES. ISBN: 978-987-48149-5-1, 187 PÁGINAS.
Por: Nicolás Levenson1
La anomalía de Spinoza –para ponerlo en palabras de uno de sus grandes lectores, Antonio
Negri– es el vínculo entre la dimensión losóco-política de su obra y el pensamiento
acerca de la democracia, que encuentra un punto de convergencia en la gura de la mul-
titud. Este concepto previamente desatendido en las relecturas contemporáneas de Baruch
Spinoza (desde su retoma en la agitada Francia del 68’ hasta la irrupción del abordaje del
propio Negri en la década de 1980), es tan anómalo para el siglo XVII como fundamental
y actual para nuestro presente.
Pero si Negri lee en la multitud una potentia destituyente –es decir, siempre opuesta a la
potestas del Estado–, Ricci Cernadas encuentra en el movimiento de la multitud un despla-
zamiento necesariamente acompasado con la conformación de la institucionalidad estatal,
de la cual es ella misma su fundamento: Estado y multitud se complican de acuerdo con la
tesis desarrollada en La multitud en Spinoza: de la física a la política.
Alrededor de esta recuperación de la multitud, y sosteniendo su carácter de agente polí-
tico spinoziano, versa la presente obra de Gonzalo Ricci Cernadas: una muy sólida tesis
de maestría, adaptada en formato de libro para su publicación en la colección “Derivas
spinozistas” coordinada por María Jimena Solé en RAGIF Ediciones, que no solo aborda
sino que supera –complejiza, cuestiona y profundiza– la tesis de Negri de que esta gura
relegada en las lecturas de los comentaristas es la base para una democracia absoluta y no
representativa que es asimismo expresión de la propia multitud.
Si, como dice Ricci Cernadas en la introducción a su libro, la relectura del lósofo holandés
dice tanto de la forma hermenéutica especíca del abordaje de su obra como del momento
en que ésta es revisitada, la teoría política de Spinoza sigue siendo fundamental para el
abordaje de las preocupaciones y las disputas de nuestro tiempo. La pregunta sería, en todo
caso, por la retoma –o la forma en que deriva esta retoma– de problemas que la obra de
Spinoza abre y resuelve, pero no clausura; la respuesta, una evidencia de la complejidad
de la elaboración teórica que, dispuesta en las obras del lósofo holandés, funciona inma-
nentemente como modo de pensamiento (y praxis, siguiendo a Deleuze) para el abordaje
de problemas perennes: complejidades inherentes a la vida entre otros, con otros. Esa es
la deriva en la que se inscribe La multitud en Spinoza, una deriva ética que no es sólo
http://dx.doi.org/10.22529/sp.2025.66.05
1 Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad
de Buenos Aires. Correo electrónico de contacto: [email protected] ORCID:
https://orcid.org/0009-0000-0516-4328.
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moral porque además de reexión se vuelve práctica, encarna en la coyuntura: la prolíca
discusión spinozista que encontró un potente círculo de pensadores (en tanto modos nitos
pensantes) alrededor del desafío que abría la crisis del 2001. Desde el 2001, para el 2001,
pero también a partir del 2001 argentino siendo este el acontecimiento que abre, en nuestro
pasado reciente, una deriva spinoziana preocupada por la búsqueda de una losofía práctica
que piense e intervenga en el contexto de producción, que desafíe los límites impuestos por
el Estado y lo problematice, que piense desde la inmanencia de la situación, que desborde
los carriles “habilitados” para el pensamiento y la acción.
El 2001 es el movimiento en acto de la multitud, y es el escenario fecundo de discusión
spinozista en el que escriben Cecilia Abdo Ferez, Diego Tatián, Jimena Solé y Mariana de
Gainza, entre otros destacados intelectuales de la escena argentina contemporánea cuyos
ecos resuenan a lo largo del libro. Lecturas propias, pero también lecturas sobre las lectu-
ras de aquellos que previamente leyeron a Spinoza: de esta forma, se va conformando un
corpus respecto del cual la obra de Ricci Cernadas no es ajena, sino que además desborda y
construye a partir de él su argumento.
Esto evidencia la perennidad de la obra de un lósofo del siglo XVII que reaparece en la
coyuntura de efervescente sagacidad en la Francia del 68’ para problematizar, ahora desde
la inmanencia, la crisis del estructuralismo en una discusión interna a los marxismos, y que
llega con inclaudicable potencia a latitudes latinoamericanas en un momento en que, desde
1994 bajaban del norte los ecos de la Revolución Zapatista y para el 2001 ascenderían desde
el sur los golpes metálicos de lo que sería leído por algunos como una posible refundación
social, económica y política profunda. En el medio (entre el mayo francés y la contempo-
raneidad de nuestro continente, entre las tierras europeas y la geografía latinoamericana),
aparecería desde la coyuntura italiana la audaz lectura de Negri haciendo foco en el aspecto
multitudinario previamente desatendido en las lecturas de los comentaristas. Allí, pero aquí
también, estuvo Spinoza: tanto en el norte como en el sur, estos movimientos pudieron ser
abordados desde una nueva gura multitudinaria en acto. Potentia multitudinis.
Cuando en 1981 la publicación de La anomalía salvaje pusiera en el centro de la escena al
concepto de multitud, se abriría la deriva profunda y especíca del pensamiento político
de la obra de Spinoza en la que el libro de Ricci Cernadas se inscribe: pero ésta no queda
únicamente reducida a inmiscuirse al interior de ella (la deriva de la multitud), sino que
con profundidad analítica y una rigurosidad remarcable, el autor postula un nuevo modo de
recorrer la obra Spinoza en discusión con otros comentaristas. Si para Negri la potencia de
la multitud es inherentemente democrática y por lo tanto no puede ser representada ni me-
diada, La multitud en Spinoza abre una discusión acerca del sujeto político (el agente) de la
losofía spinoziana recuperando un universo conceptual más amplio que permite captar la
centralidad del cuerpo, de la multitud, y nalmente del Estado poniendo en juego también
el momento de la realidad institucional.
La multitud en Spinoza se constituye en la forma de un recorrido que evoca, como la lo-
sofía spinoziana en misma, un movimiento; articulado por el estudio de la multitud, en
este caso el movimiento es triple: el estudio del cuerpo por medio de la física en el primer
capítulo, el pasaje a la multitud como agente político explicitado en un movimiento desde la
física hacia los afectos (que buscará analizar la particularidad de la gura de la multitud en
dos de las obras centrales de Spinoza, el Tratado Político y el Tratado Teológico-Político)
en el segundo capítulo, abordando por último en un tercer capítulo el momento institucio-
nal y la complejidad del cuerpo estatal: su reposo y movimiento (es decir, su física) y las
potencias que lo constituyen (es decir, su política).
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De cualquier manera, este movimiento no puede ser leído como progresivo ni como lineal:
la causa no se separa nunca de su efecto, sino que se maniesta siempre también y de forma
inmanente en él. Pensar a la multitud, sostiene Ricci Cernadas, es pensarla necesariamente
con el cuerpo y con el Estado; y esto en tanto la multitud es ella misma cuerpo y también
Estado: la multitud se maniesta siendo cuerpo (un cuerpo compuesto por un afecto común)
y al mismo tiempo como si tuviera una sola mente; y, además, en la medida en que se en-
cuentra siempre ya socializada, es capaz de darse una estructura político-institucional cuyo
derecho sea su propia potencia.
El primer momento del acompasado movimiento general previamente mencionado es el del
estudio del cuerpo: el capítulo primero, “El cuerpo”, aborda la losofía de Spinoza desde su
importante (y poco estudiada) dimensión física haciendo foco en los Principios de losofía
de Descartes y la fundamental proposición 13 de la segunda parte de la Ética y se encuentra
orientado hacia la comprensión del concepto de cuerpo como fenómeno complejo. Si la
política es el campo donde el poder de los cuerpos se despliega, el abordaje del concepto de
cuerpo deviene fundamental: la interrelación entre los cuerpos, signada por el movimiento
o el reposo, permite avanzar hacia una conceptualización dinámica que separa a Spinoza
de la concepción estática de la materia cartesiana. La conceptualización de la extensión (y
no del cuerpo, como Ricci Cernadas le discute a Buyse) como algo dinámico, es lo que le
permite al lósofo holandés desteologizar el pensamiento cartesiano volviéndolo racional
e inmanente. Para continuar existiendo en sí, en cada cuerpo debe darse algo que lo oriente
a la existencia: un Dios voluntarista y trascendente ya no es el encargado de mover a los
cuerpos, sino que éstos perduran en la duración y la existencia; y esto en tanto que la causa
de su esencia se encuentra en Dios.
Este complejo despliegue deriva en la comprensión de los modos nitos qua modos nitos,
y de la causalidad como fenómeno inmanente: un cuerpo, expresión en la extensión de
la esencia divina, no aparece nunca aislado en la física spinoziana. Ergo, si la materia es
siempre una red de cuerpos interrelacionados, la física geométrica de Spinoza –sostiene
Ricci Cernadas– aborda a todos los cuerpos sin excepción. Toda estabilidad es siempre
provisoria, sujeta a la relatividad del movimiento corpóreo de la extensión: la forma del
individuo depende de su contexto, de su movimiento, y de los movimientos ajenos; la po-
lítica, aparece entonces como una forma de poner en juego esa disposición de cuerpos en
ejercicio de su potencia.
El segundo capítulo se encuentra dedicado al abordaje de la multitud como sujeto político,
para lo que recorre –entre contrapuntos con lecturas de reconocidos intérpretes como son
Étienne Balibar, Marilena Chaui o Antonio Negri– las dos obras centrales en la que Spinoza
dedica pasajes a este concepto: el Tratado Teológico-Político y el Tratado Político. La mul-
titud se asocia, reconstruye Ricci Cernadas, en torno a un afecto común: gracias a la pro-
yección de semejanza y desemejanza que los individuos anudan entre sí como resultado de
la relación física entre cuerpos, experimentan aquello que en la proposición 27 de la tercera
parte de la Ética es denido como el principio de imitación de los afectos. Y es ésta para
Spinoza la base del Estado: el derecho es su poder. La lectura de Ricci Cernadas recupera
una dimensión republicana del pensamiento spinozista (la obediencia es siempre a una ley
dada al súbdito por sí mismo, por el sujeto político al instaurar el orden de la comunidad),
permitiendo encontrar, en las coordenadas en donde la multitud y el Estado se fusionan, a
la obediencia: la multitud de esta forma se despega de la noción peyorativa de vulgus o la
plebs y gana una dimensión profundamente positiva e instituyente. En abierta polémica
con Negri, el autor de La multitud en Spinoza sostiene que el sujeto político spinoziano por
antonomasia puede actuar como si fuera una unidad, como si tuviera una sola mente: así,
Estado y multitud pueden ser recuperadas como dimensiones análogas y no necesariamente
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como una aporía entre unidad institucional y potentia siempre instituyente. La única forma
de que la multitud persevere, incluso anteponiéndose a su carácter polivalente, será en el
marco del Estado.
Empezar por el Estado resulta entonces la manera de ser evidente para el tercer capítulo. El
mismo se desenvuelve de esta forma como un recorrido que conduce a la clausura de la dis-
cusión acerca de la ontología del Estado –que para Ricci Cernadas es y debe ser considera-
do como un individuo (complejo y compuesto)– que en tanto totalidad nunca cerrada sobre
misma se consolida como fragilidad cristalizada por estadios en los que la ausencia de
conicto es más la excepción que la norma. Si el Estado debe actuar como si fuera un cuer-
po y tuviera una sola voluntad, su movimiento vuelve a esta máxima siempre un enunciado
condicional: todo ordenamiento político institucional no puede si no estar sujeto a cambio.
El corolario del capítulo se juega en el último “contra-Negri”, que es a su vez el denitivo:
partiendo de la recuperación que Abdo Férez hace del poder como potestas en términos de
la primacía de la concepción imaginativa en el vulgo –la manera nalista y teleológica en
que los hombres entienden el poder–, el autor rechaza la tesis del italiano de que potentia
y potestas son siempre y necesariamente opuestos. Incluso cuando esta relación no sea en
todo momento armónica, su estabilización supone la propia emergencia del Estado. Articu-
lar la relación entre la multitud y el diseño institucional del imperium es siempre una praxis
compleja, y de sus diferentes mediaciones surgen los tres regímenes que Spinoza aborda
en el Tratado político: la preocupación por la estabilidad en cada tipo de régimen es la que
aborda la última sección del tercer capítulo, centrándose especialmente en el rol de las
instituciones en la democracia.
Reconocer la ambivalencia de la multitud no es, en este sentido, un intento de quitarle a su
(in)coherencia interna sentido político, sino de tomar seriamente el adagio spinoziano que
supone no ridiculizar, no lamentar, no detestar, sino entender. De esta forma, Ricci Cer-
nadas postula, como cierre del recorrido del libro, que aparece una relación entre el diseño
institucional del imperii y la multitud: la misma se maniesta en la forma en la que se da el
ordenamiento institucional, que no es otra cosa que la forma especíca –y contingente– en
que el Estado arma y expresa la potencia de la multitud. Desde la física de los cuerpos
hacia la política del Estado, la multitud impregna el movimiento en su carácter de agente
político y subsume la estabilidad y la libertad del régimen a la convergencia entre su conte-
nido (el Estado, poder constituido) y su potentia (el poder constituyente).
Con el ocio de un pulidor de lentes, Ricci Cernadas construye en La multitud en Spinoza
una curvatura argumental que vuelve a la multitud (sujeto político del spinozismo), a la de-
mocracia (el régimen político más fuerte) y al Estado, un entramado complejo de relaciones
que se coimplican. Una lectura necesaria para evitar polaridades taxativas –quienes vuelcan
sus análisis partiendo el lente hacia un férreo institucionalismo, o hacia un autonomismo
sin fronteras institucionales delimitadas– en una época en la que recuperar tanto el rol del
Estado como el poder de la multitud para volverlo incólume resulta tan fundamental como
complejo.