
PROF.ª DRA. MARÍA CRISTINA DI GREGORI 119
idea de revolución[,] ambas postuladas por Karl Marx. Dicho de modo muy
breve[,] ninguna de las tres ideas le parece a Joas adecuada en función de
dar cuenta de la creatividad de un modo lo sucientemente amplio, inero
que tampoco de la idea misma de acción que Joas quiere defender. Las obje
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ciones que dispara contra las mismas son las siguientes[:] la idea de expre-
sión (como actividad) circunscribe primariamente la creatividad al ámbito
subjetivo o mundo subjetivo del actor[;] [l]a idea de producción vincula la
creatividad con el mundo objetivo, vale decir el mundo de objetos materiales
que son las condiciones y nes de la propia acción[;] y por último la idea de
revolución le parece cuestionable dado que se asume que el proceso creativo
es relativo al mundo social pero especícamente orientado a reorganizar las
instituciones sociales que gobiernan la convivencia humana.
En opinión de Joas ninguna de las tres posiciones ofrece una teoría de la
creatividad asociada a la acción humana que resulte satisfactoria. Son ideas
limitadas, incapaces de cubrir en sentido amplio la noción de creatividad
ya que dicha potencialidad se vincula exclusivamente con algunos tipos de
acción humana, vale decir con algunos modos de relacionarse con el mundo
pero no con otros. En palabras de Joas: “Una consecuencia inevitable de
estas posiciones es que a otros tipos de acción concretas se les niega todo
vestigio de creatividad y hasta son percibidas como radicalmente opuestas a
la creatividad” (1996, p. 116).
La teoría de la acción, sostiene, debe ser reconstruida de tal manera que sea
capaz de incorporar la dimensión creativa de la acción como cuestión intrín
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seca a su propia estructura y devenir.
Recordemos que en The Creativity of Action Joas se encarga de señalar que el
pragmatismo clásico apuntó con sus críticas al corazón mismo de la losofía
cartesiana, decisiva para el desarrollo de la Filosofía Moderna. En su concep
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ción, Descartes fue quien erradicó cualquier noción de mundo como tomado
por supuesto, como punto de partida genuino para el quehacer losóco, al
mismo tiempo que también expulsó la condición encarnada, situada y corpo-
ral del ego pensante y de otros sujetos pensantes en el mundo. La estrategia
de Descartes, piensa, encontró problemas de difícil o imposible solución,
esto es, la tarea de constituir el mundo, el cuerpo y el tú sobre la base del ego
pensante. El pragmatismo, sostiene Joas, va contra esta idea central. Atribuye
con justicia a Charles Peirce el reclamo emancipatorio del ego pensante, de-
ende la duda real, frente a la duda metódica y articial, en denitiva, inter-
preta Joas, Peirce sale en defensa del anclaje del conocimiento en situaciones
problemáticas de la vida real. Así, coherente con sus intuiciones iniciales, el