
86 STUDIA POLITICÆ Nº 65 otoño 2025
corriente en que viven. Sin embargo, la realización mediante representa-
ción lleva también, en todos sus aspectos, los caracteres formales del jue-
go. Se «juega», se lleva a cabo la representación, dentro de un campo de
juego propio, efectivamente delimitado como esta, es decir, con alegría y
libertad. Para ello se ha creado un mundo de temporada. Su efecto no cesa
con el término del juego, sino que su esplendor ilumina el mundo de todos
los días y proporciona al grupo que ha celebrado la esta, seguridad, orden
y bienestar, hasta que vuelve de nuevo [sic] la temporada de los juegos
sagrados. (Huizinga, 1998, pp. 52-53)
En este modelo de la acción como juego, y no en la acción comunicativa, es
donde Joas (2023) cree encontrar el posible “enlace entre el pragmatismo y la
tardía teoría de la religión de Durkheim” (p. 432), puesto que, en el modelo
racionalizador de la acción comunicativa al estilo de Habermas, se tiende a
sustituir —por “arcaico”— el rito y la sacralidad por el debate y la justica
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ción racional. Por tanto, si se pretende comprender adecuadamente el juego
y el rito como fenómenos humanos, lo que se requiere es una revisión más
radical de los modelos de la acción humana. Aunque, a mi juicio, no es ne-
cesario entenderlos como “formas no racionales de comunicación humana”
(Joas, 2023, p. 164), ¿o es que se debe situar la creatividad humana com-
pletamente fuera del ámbito racional? De este modo, la concepción de una
razón experiencial y sentiente, vital, poética y cordial (Conill, 2006, 2019,
2021; Cortina, 1986, 2007) podría englobar más adecuadamente los fenóme-
nos creativos de las diversas actividades humanas, que probablemente son
los que incluso hacen emerger el lenguaje humano y la creación de símbolos.
Precisamente en esta dimensión experiencial de la acción y de la razón es
donde cabe situar la experiencia de “autotrascendencia” a la que nos conduce
la reexión ulterior del propio Joas en su esbozo de una teoría de la sacrali
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zación. Según su explicación, se trata de “experiencias” que maniestan una
dimensión pasiva y tienen que ver con el “hecho” de que personas o ideales
“se apoderan de uno” y al mismo tiempo vivican las capacidades de acción
humana (2023). Llaman la atención los términos empleados en esta explica-
ción de la autotrascendencia por su semejanza con los que encontramos en el
análisis de la religación en Zubiri (1987, 2012) y Gracia (1986). Y, a su vez,
resulta curioso que Joas remita como ejemplo de este fenómeno al “redes-
cubrimiento de Dionisos” en Nietzsche, como si la recuperación de lo dioni-
síaco pudiera presentarse como “la solución a las aporías de la modernidad”.
Aun cuando con esta alusión solo pretende mostrar que la teoría del rito de
Durkheim “se mueve enteramente en el mismo terreno”, es decir, en el nivel